Fredric Jameson: elogio y crítica a la Escuela de Frankfurt; dialéctica entre “alta cultura” y “cultura popular”

“[…] considero de máximo interés el análisis que hace la Escuela de Frankfurt acerca de la estructura mercantil de la cultura de masas. Si más adelante propongo una forma algo diferente de considerar el mismo fenómeno, no es porque sienta que su enfoque se ha agotado. Al contrario, apenas si hemos comenzado a extraer todas las consecuencias de tales descripciones, y no digamos formular un inventario exhaustivo de modelos variables y de otras características –además de la reificación mercantil– en cuyos términos tales artefactos podrían ser analizados.

Lo que resulta insatisfactorio de la posición de la Escuela de Frankfurt no es su aparato negativo y crítico, sino más bien el valor positivo del cual este último depende, o sea la valorización del tradicional arte alto modernista como locus de cierta producción estética ‘autónoma’, genuinamente crítica y subversiva. En este punto, la obra posterior de Adorno (así como La dimensión estética, de Marcuse) señala un retroceso respecto de la evaluación dialécticamente ambivalente del logro de Arnold Schoenberg formulada en La filosofía de la música moderna: lo que se ha omitido en los juicios posteriores es precisamente el descubrimiento fundamental de Adorno de la historicidad, y en particular del irreversible proceso de envejecimiento de las más grandes formas modernistas. Pero si ello es así, entonces la gran obra de la alta cultura moderna –ya se trate de Schoenberg, Beckett o aun el propio Brecht– no puede servir como un punto fijo o un criterio eterno con el cual medir el status ‘degradado’ de la cultura de masas. Por cierto, algunas tendencias en la producción artística reciente –el hiper-realismo o el foto-realismo en las artes visuales; la ‘nueva música’ al estilo de Lamonte Young, Terry Riley o Philip Glass; textos literarios posmodernistas, como los de Pynchon–, fragmentarias o todavía no desarrolladas, sugieren una creciente interpenetración entre la cultura alta y la de masas.

Por todas estas razones, me parece que debemos repensar la oposición entre alta cultura y cultura de masas, de manera tal que el énfasis en la evaluación al que tradicionalmente ha dado lugar, y el que comoquiera que el sistema binario de valores opere (la cultura de masas es popular y por lo tanto más auténtica que la alta cultura, la alta cultura es autónoma y por consiguiente es cabalmente inconmensurable con una degradada cultura de masas) tiende a funcionar en un reino intemporal de juicio estético absoluto, sea reemplazado por un enfoque genuinamente histórico y dialéctico de esos fenómenos. Tal enfoque exige que consideremos la cultura alta y la de masas como fenómenos objetivamente relacionados y dialécticamente interdependientes, como formas gemelas e inseparables de la fisión de la producción estética bajo el capitalismo. En ésta, la etapa tercera o multinacional del capitalismo, el dilema del doble criterio de la alta cultura y la cultura de masas sin embargo se mantiene, pero ha dejado de ser el problema subjetivo de nuestros propios criterios de juicio para convertirse en una contradicción objetiva que tiene sus propios fundamentos sociales.”

 

IMAG0866Fredric Jameson, Signaturas de lo visible, Bs. As., Prometeo, 2012 (ed. original 1992), pp. 48 y 49.


Reportaje a Susan Buck-Morss (en ADN-LaNación)

Leemos: “En 1970, cuando fui a estudiar a Alemania, no sabía nada de él (de Adorno) -cuenta Buck-Morss, muy simpática y hablando a alta velocidad-. Yo quería dedicarme a Jung, nada político; y toda la gente que conocí en Fráncfort estudiaba a Lenin, a Adorno, a Marcuse. Tenía la sensación horrible de que debía estar estudiando lo que se suponía que tenía que estudiar pero que no me interesaba. Así que cambié. Entonces llegué un poco tarde a Adorno. Él murió en 1969 y no pude a conocerlo. Tal vez fue mejor así, porque he oído muchas veces que no era confiable con las mujeres. Lo que me atrajo inmediatamente de sus libros fue el vínculo entre filosofía y vida cotidiana.”

“(…) ellos (Adorno  y Benjamin) eran sin duda parte de una generación. Tanto para Adorno como para Benjamin, la Primera Guerra Mundial fue una experiencia extraordinariamente significativa, lo mismo que la Revolución Rusa, la crisis económica de la década de 1930, y por supuesto, la Segunda Guerra y Hitler. Estos acontecimientos no pertenecieron a una única biografía. Eran una experiencia generacional”.

* Reportaje a Susan Buck-Morss en ADN Cultura hoy, a propósito de su libro reeditado por Eterna Cadencia, Origen de la dialéctica negativa.