Video: Briski: teatro, exilio y política (anticipo de reportaje en La Izquierda Diario)

* Video-anticipo de la entrevista al actor, director, dramaturgo y militante que saldrá mañana para leer completa en La Izquierda Diario

Entrevista realizada a Norman Briski, para La Izquierda Diario, en octubre de 2014 en el teatro Caliban.


Fulero (con plata) busca amor…

Teatro: Pompeyo Audivert con una obra de Armando Discépolo

Fulero (con plata) busca amor…

 
 
Por Demian Paredes
 
 
muneca-t_19756chEl tradicional género europeo, el sainete, trasplantado a nuestras tierras, a comienzos del siglo XX –se sabe– dio como resultado el grotesco criollo. Y Armando Discépolo, con una quincena de obras escritas y estrenadas durante las décadas de 1920 y 1930, (nos) dejó una singular expresión dramática.
¿Qué ocurre cuando se toma una de esas obras y se la re-presenta en pleno siglo XXI? ¿Y qué ocurre si, a ese “berenjenal” (social, idiomático, temperamental, surgido de las diversas “corrientes” inmigratorias europeas en las ciudades de América), se le suman sorprendentes discusiones políticas que no están en el texto original –provenientes del radicalismo, del peronismo… y hasta de León Trotsky– junto a escritos poéticos? La respuesta puede hallarse en el reciente estreno de la versión de Muñeca (1924), de Discépolo, que dirige Pompeyo Audivert junto a Andrés Mangone.
Allí, Anselmo (interpretado por el mismo Audivert), padece, sufre, por una “percanta que lo amuró”: no tiene problemas de dinero –todo contrario: tiene un muy buen pasar, es estanciero, vive en un palacete–, tiene amigos fieles –se verá cuánto y cómo lo son– y una vida social con “diversiones”. Y sin embargo…
El amor que no le corresponde Muñeca a Anselmo, y una relación (oculta) de aquélla serán parte del núcleo dramático, acompañado por las “incrustaciones” (concepto del propio Audivert) de textos poéticos de la uruguaya Marosa di Giorgio (1932-2004), que dan mayor entidad a Muñeca –tal como lo explicó el mismo director y actor–. Junto a esto, matrimonios y amigos discuten algunos momentos sobre el carácter “demócrata” del “Peludo” Yrigoyen –gobierno bajo el cual se fusiló a mil quinientos obreros patagónicos luchadores, en 1920-21– y la ausencia de derecho al voto para las mujeres; se mencionan a Uriburu, a Rosa Luxemburg y los postulados de Trotsky, en su Historia de la Revolución Rusa, sobre del rol de dirigentes y caudillos y su importancia (relativa) frente a la movilización de las masas: “Sin una organización dirigente, la energía de las masas se disiparía, como se disipa el vapor no contenido en una caldera. Pero sea como fuere, lo que impulsa el movimiento no es la caldera ni el pistón, sino el vapor”, lanza un personaje.
Además de la “tragedia” del amor, ¿se insinúa entonces otra, la de la democracia como sistema político? Sí, y también hay más: el valor y sentido de la amistad; la existencia de la mujer (y de su belleza –contracara del protagonista–) como bien preciado (bajo una cultura machista: “son así…”); el paso del tiempo, la enfermedad y la vejez… la muerte, en un interrogante (cuasi metafísico) sobre la esencia de la identidad: el rostro, la apariencia y los “contenidos”. “Qué” somos.
Hay un gran trabajo actoral de Mosquito Sancineto, Abel Ledesma, Fernando Khabie, Diego Veggezzi, Ivana Zacharski, Pablo Díaz, Carlos Correa y Gustavo Durán; musical y escenográfico; y destaca, por sobre todos, Audivert, quien encarna, desde el primer momento en que aparece, a un poderoso torturado por no conseguir lo que quiere; por portar una “condena de rostro”.
Este “ensamble” entre el libro original y agregados, junto a la interpretación de cada actor y actriz, para crear las “atmósferas” de cada escena, en general está muy bien logrado, y la “fiesta” –cuando Muñeca regresa con Anselmo y llega la troupe de amigos del ricacho–, cerca del final, se convierte en un divertidísimo “circo” (criollo) pulsional/pasional.
La obra se da en el Centro Cultural de la Cooperación, de viernes a domingo.

Sueños y esperanzas (libertarios) condenados

La historia de Sacco y Vanzetti representada en el teatro

Sueños y esperanzas (libertarios) condenados

 

Por Demian Paredes

 

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Más viejo que la injusticia”, suele decirse.

Pues bien: hace más de 90 años, en Estados Unidos, no un hombre, sino dos, eran encarcelados, enjuiciados, condenados y ejecutados. Hombres acusados de crímenes que no cometieron.

Un drama.

Dos trabajadores, de origen italiano, de filiación anarquista.

Sus nombres: Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti.

El drama histórico ocurrió en medio de la continuación de la política de EE.UU. durante la Primera Guerra Mundial (donde toda la clase política, sus instituciones y la prensa capitalista fueron claves para reclutar masivamente a la juventud para enviarla al conflicto bélico interimperialista –por supuesto, con “bajas de guerra”, y con millonarias ganancias para la industria yanqui, como relata el historiador Howard Zinn en su libro La otra historia de los Estados Unidos(1)–), consistente en el mantenimiento de un marco de histeria colectiva, “alarmas” y “peligros”, aplicando duras medidas contra el sindicalismo y los opositores de izquierda –muy activos esos años, contando además con la influencia del triunfo de la Revolución Rusa de 1917–. En ese marco caen falsamente acusados Sacco y Vanzetti.

(El mismo Vanzetti, en un texto que se tituló “Un linchamiento periodístico”, de 1926, recordaría cómo actuaron los medios cuando los apresaron, en 1920: “La prensa capitalista, temerosa de Dios y acatadora de la ley, estaba excitando sádicamente, provocando locamente contra nosotros, y eso se creía a ciencia cierta por una población conmovida hasta el pánico por una serie de robos y de asesinatos, histérica ya contra los ‘rojos’ y los extranjeros, con el instinto de la propia defensa, las morbosidades psicopáticas, los impulsos primitivos, degeneración, miedo, odio, prejuicio, patriotismo, celos; y se estaba haciendo todo eso con un martilleo tan violento y persistente que hubiera echado abajo una montaña. Y todo ello en el segundo día de nuestra detención”(2).)

Los siete años del proceso (1920-1927) generaron protestas y movilizaciones en todo el mundo, y luego una cantidad de materiales: libros, películas (como la “obra-documento”de Giuliano Montaldo, de 1971, y la de Peter Miller, de 2006), música (la “Balada de Sacco y Vanzetti”, de Ennio Morricone interpretada por Joan Baez) y obras de teatro.

En nuestro país, el dramaturgo Mauricio Kartun hizo su propia versión de la historia, estrenada a comienzos de la década de 1990, en un teatro de la calle Corrientes (el Metropolitan), generando, en tiempos de avance del neoliberalismo, insólitas e inesperadas reacciones (sobre esta obra hay interesantes anécdotas relatadas por el mismo Kartun en un reportaje en la revista Ideas de Izquierda nro. 6). La obra se tradujo a varios idiomas, se siguió representando en todo el país durante los ‘90 y los 2000, y hoy está, con la dirección de Mariano Dossena, en el Teatro Nacional Cervantes.

La obra de Kartun destaca núcleos espaciales y temporales, trata momentos particulares: el arresto e interrogatorio a Sacco y Vanzetti, el juicio, los alegatos finales de ellos tras la condena (un momento de clímax, cuando Vanzetti dice: “su nombre, Nicola Sacco, seguirá viviendo en el corazón de la gente cuando sus huesos, señor Katzmann, y los suyos, señor juez, ya estén hechos polvo por el tiempo, y sus nombres y sus leyes y sus tristes instituciones no sean más que un oscuro recuerdo”(3)), y otros momentos más “íntimos”: la humanidad de los condenados con su familia (el hijo de Nicola, el padre y la hermana de Bartolomeo), además de una discusión entre el juez Thayer y el abogado defensor Thompson, acerca de la oposición irreductible que hay entre los opositores al sistema y sus defensores (como “engranajes del sistema”): el juez se asume no sólo como representante, sino como parte integrante (con sus hijos y nietos) de la clase dominante; de ahí la inmisericordia para con los anarquistas. Es una obra fuerte, potente, de intensa denuncia ante la injusticia.

El elenco –bien ajustado a la obra, fiel a los parlamentos– lo componen Fabián Vena, Walter Quiroz, Magela Zanotta, Maia Francia, Ricardo Díaz Mourelle, Jorge D’Elía, Luis Ziembrowski, Cristina Fernández, Daniel Toppino, Gustavo Pardi, Horacio Roca y Agustín Rittano. Con ellos, una pequeña banda de música (cello, guitarra, piano, flauta, acordeón) toca en vivo.

Con entradas a precios accesibles, la obra continúa –de jueves a domingo– hasta mediados de agosto.

 

Notas:

(1) Ver Howard Zinn, La otra historia de los Estados Unidos, México D.F., Siglo XXI, 2010, capítulo “La guerra es la salud del Estado”.

(2) Sacco y Vanzetti, Sus vidas. Sus alegatos. Sus cartas, Montevideo-Buenos Aires, Editorial acción directa, 1972 p. 48.

(3) La obra de Kartun tiene un diálogo, un momento a solas entre el fiscal Katzman y el juez Thayer. Éste le recrimina no contar con pruebas sólidas para condenar a Sacco y a Vanzetti. Katzman le dice: “¿No ha declarado usted siempre que cada una de nuestras acciones debe tener como fin el bien de nuestro país…? Nuestra gente está esperando esta condena. Y usted sabe a quién me refiero cuando digo ‘nuestra gente’. Hay un solo magistrado en todo el país capaz de dar una lección ejemplar a la subversión. Las elecciones están encima. La distribución de cargos en la Suprema Corte también. (Tiempo. THAYER calla.) No los defraude, Thayer. Puede estar tranquilo. Nuestra gente no lo va a defraudar a usted.”


“Una persona amplia y generosa” (Alejandro Urdapilleta)

[…]
ELLA: (Entrando.) –¡Apague la música! ¡Apague esa música de una vez! ¡Apague el combinado! ¡Es un Ranser último modelo! (Mariluz apaga.) ¡No soporto la música, la odio! ¡No me deja escuchar si suena el teléfono! ¡No necesito musiquitas! Lo que necesito es un ser humano, una persona coherente, simpática, bien vestida, con buen aliento… Alguien con un poco de cultura… Alguien con quien mantener una charla… Un tête à tête. ¡Eso es lo que necesito! ¡Un buen tête à tête! ¡Pero claro! ¡Es lo mismo que pedirle peras al olmo! ¡Si por lo menos sonara el teléfono! Una vez nada más, que sonara y se cortara… Pero noooo… No va a llamar nunca más… ¡Y usted lo sabe bien! Y yo aquí tan sola, con este agujero afectivo que me ha dejado, con este buraco en el pecho. ¿Quién va a pagar las deudas? ¿Quién va a poner a andar el motor? Soy desgraciada, qué desgraciada soy.
(Ella apaga el habano y toma otro y lo sostiene entre los dedos. Mariluz se acerca con un encendedor y le ofrece fuego.)
¿Usted no sabe que dejé de fumar? ¿Qué quiere? ¿Que me muera de un cáncer de pulmón? ¿Eso es lo que quiere…? Para heredar mi fortuna, seguramente. Pues sepa que ya está todo testamentado, muebles, alhajas, escobillones, obras de arte, electrodomésticos, pares de medias… Todo testamentado por escribano… Y no precisamente a su favor… Le dejaré todo a una Academia de Artes Marciales que hay en Caballito. Amo el Kung Fu. Creo que todos los ciudadanos argentinos deberíamos aprender Kung Fu en algún momento de nuestras vidas. ¡Y no me conteste, eh!
(Mariluz se acerca con unas enormes planillas y demás papeles y libros de contabilidad y una lapicera y se la entrega a Ella, que empieza a firmar.)
¿Qué me mira, está aburrida? Vaya a Plaza Italia y levántese a un negro asqueroso y después venga a pedirme plata para el aborto. ¡Le voy a decir que no, por supuesto, porque estoy a favor de la vida, no de la muerte!
(Mariluz retira todos los papeles firmados y vuelve a su lugar, de pie.)
¿Suena al teléfono? ¿Sí? No. Sí. No, qué va a sonar… Estoy sola como una perra. ¡No me mire así! Usted no tiene nada que achacarme en nada, nada. Ese es su problema. Nada que achacarme. Usted sabe bien que soy una persona amplia y generosa. Yo me desvivo por el prójimo, por el demás. Soy filantrópica a más no poder. Lo sabe muy bien. Hay dos cosas solamente que no soporto en el ser humano: ¡que agarren mal los cubiertos para comer y que no se pongan de pie para escuchar el Himno Nacional!

IMAG0276Alejandro Urdapilleta, vagones transportan humo, Bs. As., Adriana Hidalgo, 2008 (ed. original 2000), pp. 33, 34 y 35: “Las fabricantes de tortas”: Texto teatral estrenado en el marco de la I Bienal de Arte Joven (1989). Intérpretes: Batato Barea (Mariluz) y Alejandro Urdapilleta (Ella). Más tarde representada en el Parakultural y en la apertura de la Sala Cancha del Centro Cultural Rector Ricardo Rojas (UBA).


Video: Alejandro Urdapilleta: “Bebeto” (Recuerdos son Recuerdos)

Subido el 19/11/2009

Alejandro Urdapilleta, uno de los mas importantes artistas del Teatro Argentino siglo XX.Aqui , con un maravilloso monologo de la obra Recuerdos son Recuerdos en La Trastienda.en Buenos Aires,Argentina
Registro hugoMARviggiano, artistas audiovisual independiente


Alejandro Urdapilleta: “Autorretrete”

* A modo de homenaje por la triste noticia

AlejandroUrdapilleta Autorretrete

* Tomado de vagones transportan humo, Bs. As., Adriana Hidalgo, 3ra. edición, 2008 (ed. original 2000), p. 7.


Conversa con Mauricio Kartun

A modo de “anticipo” de lo que traerá –entre muchas cosas interesantes– el número de diciembre de Ideas de Izquierda, les comento que estuvimos con Mauricio Kartun, quien contó el origen y argumento de su nueva obra –una que a su manera continúa la “trilogía patronal” de El niño Argentino, Ala de criados y Salomé de chacra–, llamada Terrenal, y, también, de gran parte de su historia como dramaturgo: anécdotas sobre su Sacco y Vanzetti, de comienzos de la década del ‘90, la experiencia de Teatro Abierto (con observaciones muy agudas, interesantes y que invitan a la reflexión y al debate), sus maestros –especialmente su experiencia con Augusto Boal (quien está siendo reeditado en su Brasil natal), Oscar Fessler, Juan Carlos Gené, Ricardo Monti, Jaime Kogan–, y su ubicación actual, su rol –como dramaturgo y maestro de dramaturgos– ante las nuevas generaciones del teatro…

* Van abajo algunas fotos. Lo mejor de esta charla con Kartún, en Ideas de Izquierda de diciembre.

** Las fotos fueron hechas por Fernando Lendoiro, de Pum Pum Press: http://pumpumpress.wordpress.com/

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