Capitalismo y terrorismo (Terry Eagleton)

“Resulta llamativo que avatares actuales de la Ilustración liberal como Hitchens, Dawkins, Martin Amis, Salman Rushdie o Ian McEwan tengan mucho menos que decir acerca de los males del capitalismo global que de los del islam radical. De hecho, la mayoría de ellos no mencionan casi nunca la palabra ‘capitalismo’, pese a que, de vez en cuando, se quejen de algún que otro exceso de ese sistema. Tampoco he notado que muchos de ellos se pronuncien contra los atroces regímenes auspiciados por Estados Unidos en Arabia Saudí o Pakistán.

Es de sobra conocido (aunque no tanto, al parecer, para los medios de comunicación estadounidenses) que, treinta años justos antes del atentado contra las Torres Gemelas, el gobierno de Washington derrocó por vía violenta al gobierno democráticamente elegido de Chile e instauró en su lugar a un detestable dictador títere que terminaría masacrando a muchas más personas de las que fallecieron en el World Trade Center […].

Hay sobradas razones para creer que, entre otras cosas, la intolerable violencia del terrorismo islamista es una reacción a esa historia imperial. Según Aijaz Ahmad, los islamista extremos son elementos en cuya calenturienta imaginación puritana Occidente no es más que un antro de corrupción y libertinaje, y que, habiendo emigrado a lo que ellos consideran (y, con frecuencia, es) un entorno occidental hostil, ‘se imaginan para sí mismos un pasado permanente y compartido que, en realidad, jamás existió’. Es un espejismo que comparten con otras muchas comunidades de emigrantes, entre las que se destacan los irlandeses americanos. Aun así, como bien señala Ahmad, todos estos miembros potenciales de Al Qaeda proceden de países que arrastran largas y vergonzosas historias de dominación europea o de ocupación colonial. En el mundo árabe, estos disidentes han considerado que sus gobernantes ‘hipotecan sus recursos nacionales a Occidente; malgastan su riqueza de rentistas en lujos para sí mismos y para los de su clase, y construyen ejércitos que tal vez se enfrenten entre sí, pero jamás contra el invasor ni contra el ocupante’. Al no hallar un ejército creíble en el que enrolarse, optan por fabricarse uno propio: secreto, sin Estado, dedicado a aplicar la doctrina de la propaganda por los hechos. ‘Han visto a tantos y tantos miembros de la población civil asesinados por los estadounidenses y los israelíes –añade Ahmad– que no les parece que sus propios asesinatos de civiles sean terrorismo; ni siquiera los consideran comparables a lo que su propio pueblo ha sufrido. Si acaso, se definirían a sí mismos como contraterroristas’.

Para quienes sospechen que tales afirmaciones pudieran constituir propaganda islamista, sepan que el autor que las formula homologa la violencia de tales grupos con la de los terroristas revolucionarios en la Rusia zarista, y equipara el ‘régimen terriblemente punitivo y dogmático’ de los talibanes al de la Camboya de Pol Pot”.

Terry Eagleton, Razón, fe y revolución, Barcelona, Paidós, 2012, pp. 127, 128 y 129.


Periodistas y literatos “liberales” británicos, a la derecha (Terry Eagleton)

“Hitchens, Martin Amis, Salman Rushdie, Ian McEwan y otros miembros de la intelectualidad liberal se han pronunciado con admirable elocuencia a favor de la libertad de expresión y en contra de un islamismo que denuncian (y con razón) por fanático e ignorante. Esto es muy de agradecer, aunque no sin matices. Para empezar, Rushdie ha anunciado recientemente que él está en estos momentos muy alejado de la política (y es curioso que él admita esto en un momento en el que su propio pueblo se halla sometido en Occidente a un ataque feroz y a un insulto y un desprecio hirientes como no se conocían desde hacía mucho tiempo). También ha defendido las detestables recomendaciones de Amis de acoso y discriminación contra los musulmanes de a pie, recogidas en una entrevista que concedió tras el 11-S y con las que simplemente pretendía (según él) dar voz a los temores populares, como si Amis estuviera llevando realmente a cabo un valioso servicio público con esa invectiva suya dictada por el miedo. Rushdie niega igualmente que Amis estuviera propugnando discriminación alguna, pese a que, en su carta, este último mencionaba explícitamente la implementación de ‘medidas discriminatorias’. Christopher Hitchens ha defendido también los comentarios de Amis en los términos más manidos imaginables, justificándolos como un mero ejercicio mental. Es de admirar lo apasionados que pueden ser algunos analistas en su búsqueda desinteresada de la justicia y la opinión verdadera hasta que quienes están en entredicho son sus amigos”.

 Terry Eagleton, Razón, fe y revolución, Barcelona, Paidós, 2012, p. 56.


Rushdie para tod@s

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Además de la nota del pasado domingo de Rodrigo Fresán comentando las Memorias de Joseph Anton, de Salman Rushdie, en Radar libros (además de algunos breves fragmentos de las Memorias…), hoy salieron notas en tres diarios españoles (vean acá, acá y acá), y el ABC promete una entrevista mañana.

Además, acá está el capítulo 1 del libro, del escritor anglo-indio… que trata de hacer alguna clase de equilibrio entre los “fundamentalismos” contemporáneos: el islámico y el norteamericano.