Luis Merino Zamorano: Legado antipoeta

Por Alberto Gulppiz

06 de Septiembre, 2019

Hablar con Luis Merino Zamorano en Las Cruces es conectarse con la historia, el presente y el futuro de ese pueblo costero situado en medio de la Provincia de San Antonio (también conocida como Litoral de los Poetas), hogar de antiguas civilizaciones autóctonas y marcado a fuego por la residencia del connotado físico y antipoeta Nicanor Parra, pero también por otros grandes personajes como el escritor Gustavo Frías o el pintor Arturo Pacheco Altamirano, por mencionar algunos.

Luis es el bibliotecario de la pequeña, pero ordenada biblioteca municipal de Las Cruces, ubicada en la calle Ignacio Carrera Pinto 496, al frente de la Casa de la Cultura Gustavo Frías Reyes, personaje también fallecido hace poco más de tres años, y con quien Merino estableció una fuerte relación de amistad, como la que de alguna manera también hizo con Nicanor Parra, a quien el antipoeta llegó a confiarle parte su intimidad, y digo parte porque todos saben lo receloso que era Parra con todo el mundo. El Lucho -como todos lo conocen- es uno de los delfines de Parra y sin duda quien más sabe del antipoeta.

Para hacer esta entrevista nos juntamos en un lugar entre la naturaleza, ubicado en la Punta del Lacho, dentro del barrio Vaticano, con una privilegiada vista al mar, a los pies de lo que fue la antigua caleta de pescadores de Las Cruces, lugar al que acude religiosamente casi todos los días desde hace más de 30 años. El spot se trata de una roca en la cual él se sienta durante largas horas, divagando, leyendo y generando gran parte de una obra que avanza con el sigilo de la vida costera fuera del periodo estival, y nada más que con los chaguales como testigos.

¿Qué pasa hoy con Nicanor en Las Cruces?

Todavía es un recuerdo nomás. Ahora falta que llegue la Fundación para que empiece su desarrollo. Alguien tiene que gestionar su obra.

¿En qué están topando?

Están con el problema de la herencia todavía. Los dos hijos mayores no se convencen de que lo que hizo don Nicanor era lo que se tenía que hacer: dejar el 50% para la Fundación y la otra mitad para la familia, para los seis herederos. El tema es que ellos (los mayores) se están basando en que se lo dejó a la Colombina y don Nica lo hizo así para que fuera más rápido todo.

¿Y por qué todavía no funciona la Fundación Nicanor Parra?

Ya existe, es decir, ya cuenta con una constitución legal, pero resulta que todavía no tiene fondos, porque están retenidos. Estos dos hermanos se oponen a la forma de reparto. En el fondo don Nicanor no le dejó a la Colombina el 50%, ella tiene el 8,3% como todos los herederos, lo que pasa es que a ella le dejó el trabajo de ser la albacea y una vez que exista la Fundación, será ésta la que administrará el 50% del patrimonio del antipoeta, y ahí cada hijo tendrá algo que decir.

¿Cómo te imaginas eso funcionando?

En la casa tendría que haber un centro de desarrollo de la antipoesía, como lo que hay en Isla Negra, en donde se supone que hay una centro de desarrollo de la poesía de Neruda. En este caso la obra de Parra tiene otras implicancias, no es tan solo literaria, hay temas que tienen que ver con el desarrollo de las artes, de las vanguardias, porque don Nicanor aparte de la escritura, estuvo abocado en los últimos años a las artes plásticas, a expandir el espacio de la poesía, porque se supone que la poesía ha sido siempre solamente literatura, pero en el caso de Nicanor, éste empezó en el ’72 a mezclar el lenguaje poético con los artefactos y después siguió con lo que se conoce como los trabajos prácticos o las obras públicas.

A propósito de los artefactos y los trabajos prácticos, tú tienes una visión muy particular con respecto a ellos, los ves más bien como piezas comunes.

En el caso de los trabajos prácticos, que podríamos decir son las esculturas o las instalaciones, en donde él toma un objeto (que es tridimensional, porque si no fuera así estaríamos hablando de un artefacto) y lo transforma en una instalación, a la cual le pone un letrerito y junta el objeto con una palabra o un concepto. Por ejemplo, él elige un tomate, lo atraviesa con un clavo, con la connotación que tienen los clavos de Cristo y todo eso, y él escribe un papel que dice: “naturaleza muerta”. Entonces el tomate con el clavo adquieren una vida común y se transforman en un objeto, y finalmente lo que tiene de particular es que el tomate está destinado a perecer, de tal manera que no existiría un tomate único, de tal manera que tú podrías tener en tu casa un tomate atravesado por un clavo y tendrías la escultura de Parra, es decir, tú la puedes construir.

¿Todavía no se entiende a Parra?

Como esto es algo nuevo, no hay mucha gente que investigue. Por ejemplo los expertos en literatura y los expertos en artes visuales están en campos separados y no mezclan ambas cosas. Entonces este tipo de arte o poesía expandida, está súper poco criticada en Chile. Por eso el estudio de la obra de Parra se puede decir que está en desarrollo. Por ejemplo en la exposición que se hizo en el Museo de Bellas Artes de Santiago, que se llamó “Poesía en Expansión”, donde por primera vez se juntó la historia de este tipo de trabajos, que juntan la palabra con las artes visuales…

… En el cual por cierto entra Vicente Huidobro.

Claro. Huidobro habría sido el primer chileno que creó, a través de los caligramas, esta unión entre lo escrito y lo visual. Él sería el padre. Luego habían como cuarenta exponentes, entre ellos la Carmen Berenguer, José Luis Martinez, Bertoni, la Cecilia Vicuña, Millán. Y de Parra lo único que pusieron fue una caja con artefactos del ’72, sin incluir los del ’85 (son 244 y 244 piezas), y como tres o cuatro abiertos, entremedio de otras cosas. Entonces lo que yo veo es que el legado de Parra está súper poco explorado por los entendidos, y cuando hablo con alguien y le cuento que no existe un tomate original, se interesan. Parra demostró esto que digo en la Universidad de Concepción, cuando pide una ampolleta -está grabado-, la rompe y le pone “el insecto de Edison”. Finalmente es una obra muy proletaria, porque cualquiera podría tener una escultura de Parra, está al alcance de todos.

La nota completa acá.


“Zurita, verás no ver” (trailer oficial)

Dirigida por Alejandra Carmona Cannobbio. Raúl Zurita, escritor, artista y activista político, ha plasmado su poesía en acciones de arte que impregna en papel, la geografía chilena e incluso su propio cuerpo. Hace 17 años padece de Parkinson, pero a pesar de su deterioro, mantiene una intensa vitalidad y emprende nuevos desafíos como el rock, demostrando que no se rinde ante la muerte.

Ficha Técnica Dirección: Alejandra Carmona Cannobbio

Producción: Eduardo Lobos

Casa productora: Ginkofilms

Guión: Alejandra Carmona Cannobbio

Fotografía: Enrique Stindt, Pablo Valdés, Alejandra Carmona

Montaje: Andrés Fuentes y Valeria Valenzuela

Sonido: Boris Herrera

Duración: 75 minutos.


#Poesía: “Mientras tomo una taza de café…” (Óscar Oliva)

 

Mientras tomo una taza de café…

 

Mientras tomo una taza de café repaso los poemas

que he escrito

¡Cuánta confusión! ¡Cuántas palabras perdidas!

¿Bajo qué impulso lancé mi pecho mis descomposturas

a la búsqueda de ese mar que no es claro ni habitable?

SI he dicho soledad árbol o cieno

fueron palabras imprecisas para extender mis brazos

para darle un vuelco al reloj y mostrar su desnudez

y sus caminos

He tomado conciencia de mis obligaciones

y he querido dar a los hombres nada más un relámpago

 

Debajo de una imagen ahora me duermo

ahora la doblo ahora la subrayo

 

Mañana despertaré en un mundo nuevo

 

 

Óscar Oliva, poema de Áspera cicatriz, en Ocupación de la palabra (1965), reproducido en AA.VV., Poesía en movimiento. México 1915-1966, Selecciones y notas de Octavio Paz, Alí Chumacero, José Emilio Pacheco y Homero Ardijis, Prólogo de Octavio Paz, México D.F., [1° ed.] 1966, p. 65.


“La mesa está servida” (sobre Darío Canton, en “Radar libros”)

El pasado domingo se publicó en el suplemento “Radar libros” de Página/12 una versión adaptada del prólogo que hice para la merecidísima reedición de La mesa, poema de Darío Canton, próxima a salir de imprenta por la editorial Zindo & Gafuri. (Además, se publicaron fragmentos del largo poema.)

Escrito hace cincuenta años –la redacción del poema, tal como está fechado, se terminó el 28 de junio de 1969–, La mesa es el cuarto libro de poesía que publicó Darío Canton, en 1972, por una recién fundada editorial Siglo XXI de Argentina. Antes, habían aparecido en otros sellos La saga del peronismo, Corrupción de la naranja y Poamorio, en 1964, 1968 y 1969, respectivamente. Como ocurre en amplias áreas o zonas del arte, la literatura y la poesía, y como relata Canton en el segundo tomo de su monumental autobiografía De la misma llama, Los años en el Di Tella (1963-1971), el libro “nació de un sueño”: “Una noche, la del sábado 26 de junio (de 1967), después de haber terminado el trabajo, me fui a acostar, supongo que no más allá de las 24. Al rato me desperté diciéndome internamente, a oscuras, unas líneas sobre la mesa. Sonaba de lo más extraño pero igual encendí el velador (…) tomé papel y bolígrafo (‘birome’) y escribí durante algo más de una hora. (…) Al terminar puse la hora, 2.30 a.m., y la fecha, que anoté mal y corregí días después, inicialmente sólo había puesto el mes. Apagué la luz y me dormí”. Y continúa el relato: “A la mañana siguiente releí lo que había escrito y me fui hasta la salita, habitación contigua al comedor (…), para consultar el tomo correspondiente del Diccionario Enciclopédico Espasa. Encontré muchas referencias vinculadas con la palabra mesa, voces afines, etc. Estoy seguro de que pensé que tenía un filón, la punta de un ovillo a desenrollar. Nada hice con él, sin embargo, en lo inmediato, puesto que estaba demasiado ocupado. Ese manuscrito original  tenía unas 160 líneas aproximadamente, sin contar la mayoría de las interpolaciones”.

Luego se reproducen en el tomo autobiográfico esas líneas primigenias y otros manuscritos, y más narraciones en torno a un trabajo ininterrumpido –aun con vaivenes– durante dos años.

Finalmente, La mesa tendrá 2604 versos, con listados de descripciones, comparaciones, parentescos, asociaciones y “deformaciones” (masa, misa, mosa –por moza–, musa…); “catalogando”, “historiando”. Con versos con “definiciones” sorprendentes, paradojales, como aquellos que hablan de la muerte y el catafalco que sostiene el ataúd como algo que sería “el comienzo/ de la vida subterránea”. También, tipos de mesas: “mesas de dibujo/ mesas de operaciones/ mesas de torturas/ mesas de saldos/ mesas de correos”, entre muchas más. Y originales hallazgos: “mesántropo/ híbrido de mesa y hombre”; con todo tipo de paráfrasis irónicas y humorísticas; en varios casos, tomando frases célebres, como las de Mahoma, Heráclito, Galileo Galilei, Ortega y Gasset (“¡Argentinos, a las mesas!”). Es un trabajo imaginativo y proliferante, abarcador y amplio, potente.

Tras varios intentos y propuestas de publicación en instituciones y editoriales de Argentina y de otros países, desde México, el mítico editor Arnaldo Orfila Reynal responderá al envío de Canton (poema y carta fechada el 13 de agosto de 1970) favorablemente, quedando en manos de la filial argentina de Siglo XXI la concreción de la publicación, ocurrida finalmente en 1972. El autor, a posteriori, hizo un descubrimiento: “sólo siete años más tarde supe que aquél lo había dado a leer en México a Gabriel Zaid, quien había recomendado su publicación”.

Consultado por e-mail, Gabriel Zaid tuvo la gentileza de responder. Esto escribió el poeta y ensayista: “Me alegra que La mesa se reedite, y lamento no recordar si presenté un dictamen escrito. Pero sí recuerdo mi argumento central: Es una poesía completamente distinta de la que se está haciendo”. Estas son palabras recientes, de comienzos de 2019, producidas por una impresión todavía viva en el recuerdo, tras casi medio siglo transcurrido; y –un detalle a señalar– coinciden con la autoevaluación que hiciera Canton en su momento. En la carta a Orfila Reynal le dijo respecto al libro: “Creo que es algo que vale, bastante insólito y experimental y que apunta a una renovación en muchos terrenos”.

Como parte de la colección “Mínima”, el libro contó con una peculiaridad que llamó la atención y generó preguntas y cuestionamientos (públicos y privados) por entonces: no llevó el nombre del autor, ni en la tapa ni dentro del volumen. La portada, además, reproducía tres naranjas, en alusión (muy deliberada) a un libro anterior. Pese al anonimato, poco tiempo después, comenzarían a llegarle a Canton –por distintas vías– valiosas repercusiones.

RECEPCIONES Y REACCIONES

Entre las lecturas, reacciones y comunicaciones que generó La mesa tras su aparición  –recopiladas en el tercer tomo de De la misma llama, De plomo y poesía (1972-1979), alojadas también en http://www.dariocanton. com–, se pueden destacar algunas:

La de la crítica y ensayista Josefina Ludmer, publicada en junio de 1973 en la revista Latinoamericana: “se suscita, mediante una extraordinaria parodia del pensamiento universitario, una relación cognoscitiva que trabaja sobre la afirmación-negación permanente de lo ya sabido, que ‘sabe’ porque ‘rememora’ no una entidad (la mesa como objeto) sino un sintagma: ‘la mesa’, y convoca a la totalidad del ‘saber’ para construir un tipo de ciencia materna que es poesía, negando específicamente la escisión que practicaba la sociedad burguesa entre lo poético y lo prosaico, lo culto y lo popular, lo divertido y lo instructivo”.

La del poeta y periodista Efraín Huerta, en el Diario de México, en dos entregas, el 21 y 22 de marzo de 1973. En la primera dice de La mesa: “es un librito en versos libérrimos cortitos, certeros y absolutamente lógicos”. “Pero fue el epígrafe el que me dejó lelo. Es un texto sociológico, filosófico y económico, firmado por ¡Carlos Marx! La última relación entre El Capital y una mesa”. En la segunda, luego de la cita correspondiente de El capital, prometida en la nota anterior, afirma sobre Canton y su libro: “armado hasta los dientes de la lógica, el autor juega de maravilla con el vocablo mesa; lo exprime, deshace, rehace, como cuando habla de los científicos mexicanos que descubrieron el mesomerismo, o teoría de la mera mesa… Hay que leer este librito, al amparo de la sabia y simpática santa de habla española del siglo XVI: Santa Mesita de Luz. Y reír: hasta el paroxismo humorístico”.

La del poeta y escritor José Emilio Pacheco, vía carta personal, fechada en México D.F. el 20 de abril de 1973. Allí le dice: “Es un libro que me hubiera gustado escribir y que por desgracia no podré hacer nunca”. A lo que agrega: “El despliegue de imaginación, de inteligencia, de vocabulario me deja atónito. No sé si es prosa o poesía o algo más, pero me doy cuenta perfectamente que sólo podría existir en esta forma. Me sorprende y me agrada que el libro sea anónimo”.

La del crítico David Musselwhite desde Kingston, Jamaica, también como comunicación personal, ese mismo año 1973, fechada el 2 de febrero. Haciendo asociaciones con Derrida, Saussure y Freud, le recuerda también que Foucault, en Las palabras y las cosas, utilizó el mismo objeto, una mesa, en pasajes de su libro. Concluye: “creo que implícita en La mesa está la idea de que todo puede ser derivado de una palabra original y nuclear”.

La nota completa acá.

Y acá, los fragmentos y secciones de La mesa.


Video: Entrevista al poeta Darío Canton

Demian Paredes

Publicado el 22 jun. 2019

Entrevista al poeta y sociólogo Darío Canton, en base a “Nue-Car-Bue (1928-1960). De hijo a padre”, tomo VI de su monumental autobiografía “De la misma llama”.

La ciudad de Buenos Aires en la década de 1950, sus costumbres y cultura, y las propias experiencias y vivencias de Canton son motivo de charla aquí: Gardel y Piazzolla, los tranvías y librerías, su educación y estudios, viajes y proyectos poéticos.

Luego de la entrevista el Darío Canton comentó y leyó sus poemas. El registro audiovisual de los mismos se encuentra en los siguientes links:

El poeta Darío Canton lee “Beckettiana”: https://youtu.be/cJ2MPFyjlOo

 

El poeta Darío Canton lee “Pavana”: https://youtu.be/pO9alR_nq20

 

El poeta Darío Canton lee “Muerte de un justo”: https://youtu.be/B6IIlnac3qo

 

El poeta Darío Canton lee “Plegarias”: https://youtu.be/KIrIVmn_B_Q

 

Darío Canton comenta la historia de “ASEMAL. Tentempié de poesía” (1975-1979) y lee un poema del suplemento: https://youtu.be/Q0VDdavrzKM

 

El poeta Darío Canton muestra y comenta los volúmenes de “La yapa II (2007-2016)”, última entrega de su autobiografía “De la misma llama” (última parte de la presente entrevista): https://youtu.be/VzVatOwJkI8

 

Darío Canton lee y comenta sus poemas: https://youtu.be/6A5bGwZm65E

 

Su página web: http://dariocanton.com/

 

Entrevista: Bruno Delbecchi

Edición: Romina Migueles

Cámara: Juliette Igier

Coordinación general: Demian Paredes

 

Monserrat – Buenos Aires 2017


#Fotos: entrevista al poeta Darío Canton

A modo de anticipo, se postean algunas capturas del registro audiovisual (actualmente en proceso de edición) de una entrevista realizada al poeta Darío Canton.

En él, Canton contesta preguntas relacionadas a su biografía y obra literaria, explica y comenta el último tomo (dos volúmenes), el octavo, de su magna obra autobiográfica De la misma llama –publicado y presentado en dos ocasiones, en 2017–, y luego lee algunos poemas.

 

(hacer clic en las fotos para agrandarlas)

 


#Poesía: “El gran mínimo” (G. K. Chesterton)

 

El gran mínimo

 

No ha sido poca cosa llorar como lloramos,

no ha sido poca cosa hacer lo que hemos hecho,

no ha sido poca cosa mantenerse despierto

mientras todos los hombres dormían,

o contemplar estrellas que nunca han visto el sol.

 

No ha sido poca cosa oler la rosa mística,

aunque se haya tronchado

y solamente queden las espinas,

no ha sido poca cosa sentir un hambre igual

a la de quienes probaron el pan que hacen los dioses.

 

Haberte visto a ti, tu rostro inolvidable

–valiente como el solo de clarines

que llama a la lucha,

puro cual lirio blanco junto al agua–,

no ha sido poca cosa, aunque de mí

te separaras hoy, ya para siempre.

 

Aprender los asuntos, cerrados a los débiles,

pasiones milenarias, arriesgadas,

altas y misteriosas,

no es poco ser más sabio que este mundo,

no es poco ser más viejo que los cielos.

 

En un tiempo de escépticas polillas

y de cínicos óxidos,

y de vidas cebadas y hastiadas de dulzor,

en un mundo de amores huidizos

y ansias que se diluyeron,

no es poco estar seguro de un deseo.

 

Benditos sean nuestros oídos pues ellos escucharon,

benditos sean nuestros ojos pues también ellos vieron.

Dejemos que el relámpago y el trueno

descarguen sobre el hombre, y la bestia, y el pájaro.

No ha sido poca cosa haber vivido.

 

G. K. Chesterton, El gran mínimo. Antología poética, Salto de página, 2014, [Selección, traducción y prólogo de Miguel Sala Díaz], pp. 131-132.