[Documental] “Roberto Bolaño: el último maldito”

(Pese a VargasLlosa posteo esta producción dela televisión española… ¡Volvé, Vila-Matas!)

Documental emitido en el programa “Imprescindibles” de La 2 de TVE sobre la vida itinerante de Bolaño a través de entrevistas con las gentes más cercanas a su entorno, centrándose sobre todo en sus últimos años en España, cuando paralelo al comienzo de un cierto respeto en los entornos literarios, siguió llevando una vida de austeridad cercana a la pobreza. Con las opiniones de Jorge Herralde, Vargas Llosa o Pere Gimferrer sobre la obra de Bolaño.


Affaire Vargas Llosa: ¿Se reunifica el conformismo?

La intelectualidad y el affaire Vargas Llosa

Por Ariane Díaz y Demian Paredes

En el artículo de Vargas Llosa “Piqueteros intelectuales” (La Nación, 13/3), el neoliberal ex izquierdista se alegra de coincidir con la presidenta que ordenó “retirar” la carta de “censura”[1], y da su visión de la política latinoamericana en clave del cliché “civilización o barbarie”. Criticando al populismo, acusa a la intelectualidad K de un “nacionalismo primitivo”. De sus dichos, lo más insólito es quizás que busque correr “por izquierda” a los intelectuales K recordándoles el internacionalismo del Che Guevara. Aleccionando, también opone a este supuesto nacionalismo “una izquierda genuinamente democrática” que se habría encarnado en Chile, Brasil y Uruguay, donde ex izquierdistas renunciaron “no sólo a sus tradicionales convicciones revolucionarias” y aceptaron “la alternancia en el poder, el mercado, la empresa y la inversión privadas, y las instituciones formales que antes llamaban burguesas”. El Nobel sigue pifiando: los gobiernos K fueron aliados en todos esos puntos de los gobiernos de Bachelet, Lula y Mujica, y los intelectuales K hace rato han aceptando los valores de la institucionalidad burguesa. Que pagar puntualmente a los organismos multinacionales y mandar tropas a Haití pueda llamarse “nacionalismo”, o que los intelectuales que vienen tragando estos sapos sean considerados “de izquierda”, muestra tanto el derechismo de Vargas Llosa como la adaptación de los intelectuales K, y no los intereses de quienes efectivamente pierden en esa ecuación: los trabajadores y el pueblo son los que soportan la “barbarie” capitalista.

Pero por si quedaban dudas, en lo últimos meses el gobierno de Cristina ha girado a la derecha en sus alianzas, en sus políticas (seguridad, buenos negocios, amenazas a la acción directa) y en su discurso (como el de la apertura de la Asamblea legislativa); los intelectuales K no han estado haciendo más que cubrirle sus espaldas en ese giro. La referencia a los intelectuales K como piqueteros[2], a la que nos referimos la semana pasada, sería casi graciosa si no fuera porque el gobierno no sólo ha amenazado a quienes recurran a la acción directa para defender sus derechos: ha metido sendas causas judiciales a decenas de luchadores, avanzando en la represión, policial o judicial, de la protesta social.

En respuesta, terminada la penitencia que le impuso la presidenta y fortalecido con el apoyo de distintos intelectuales que reivindicaron el derecho a criticar al neoliberal, González escribió a Vargas Llosa[3]. Aclara que “no intentaba dar ninguna indicación a las autoridades de la Feria contrapuestas a la presencia” del Nobel, sino a seguir “interpretando la inauguración como el espacio de la voz de escritores”, aunque su “primera carta se prestaba a interpretaciones de diversa intencionalidad”. Haciendo gárgaras con Alberdi, Sarmiento, Borges, Jauretche y más, discute contra Vargas Llosa que quiere “confundir a las buenas conciencias sobre los gobiernos populares que usted busca debilitar”.

El contraataque de González muestra incluso así qué tibio es un intelectual que se pretende crítico pero trabaja de excelso degustador de sapos. Su carta inicial no tuvo que ver con un ataque al neoliberalismo, sino con la defensa por las críticas a su gobierno; algo que le indigna más que la continuidad de funcionarios y armados políticos que se mantuvieron desde el menemato hasta los K. Es González y los intelectuales K los que confunden sobre las políticas de lo que llaman “gobiernos populares”, encubriendo con palabrería de izquierda los giros a derecha.

Pero, ¿no era no sólo legítima sino necesaria la disputa política e ideológica con semejante representante de la derecha? Tibias excusas y mínimas defensas. Todo el affaire Vargas Llosa no hace más que dejar en evidencia que los integrantes de Carta Abierta, que se vanagloriaron de apoyar este gobierno en lo “bueno” y criticar lo “malo”, no sólo no critica al gobierno sino que ya no puede, en virtud de sus compromisos, ni siquiera criticar a un neoliberal declarado. Lo impide la “razón de Estado sin más”, de la que González quiso separarse cuando muchos fanáticos K la esgrimían para tapar nada menos que la muerte de Mariano Ferreyra a manos de la patota de Pedraza (aliada al gobierno aunque éste ahora le haya soltado la mano).

Esos compromisos con la “razón de Estado” son los que criticara el fallecido Viñas, cuya figura, sin embargo, la intelectualidad progre parece estar tratando de usar para reunificarse después de años de disputas entre oficialistas y opositores. En el acto homenaje en la Biblioteca, González se preguntaba si tal escenario sería del agrado de Viñas, a lo que muchos contestaron “no” porque el desaparecido escritor no era afecto a los homenajes y pompas. Pero seguramente el escritor tendría motivos más importantes para ese “no”: que su figura, reivindicada por “polémica”, “comprometida”, “de izquierda”, fuera utilizada para que el homenaje se convirtiera en un acto político de reunificación de la intelectualidad progresista y acomodaticia tras las banderas de un nuevo conformismo. Que tal reunión pueda significar un aporte al pensamiento crítico, a las causas justas y a un proyecto de liberación latinoamericano, es lo que la mojigatería intelectual de Carta Abierta acaba de negar en todo el affaire Vargas Llosa: a lo sumo conseguiremos un berrinche en una mesa de feria. Más probablemente, sólo están adobando nuevos sapos que prepara Cristina para tragar.

Una nueva juventud militante y una intelectualidad que se ubique del lado de los que efectivamente pagan las consecuencias de la derrota de la dictadura y el neoliberalismo, tendrá que hacerse no a la vera de esta intelectualidad sino en disputa con ella.


NOTAS:

[1] Analizamos este debate en las dos ediciones anteriores de este periódico (“En ‘carta cerrada’ no entran moscas“, y “Escriba se busca, con o sin prurito“).

[2] El “ataque” del que habla Vargas Llosa fue una manifestación en repudio a un “seminario” que reunía a derechistas latinoamericanos como Roger Noriega, Aznar, Fox y Macri. No fue llamada por una agrupación cercana al gobierno sino por partidos de izquierda y organizaciones sindicales no alineadas con el mismo. Los “incidentes” comenzaron cuando el micro que transportaba a varios asistentes al seminario se metió entre los manifestantes.

[3] “Largas a Vargas”, Página/12, 14/3.

 

* Esta nota apareció el día de la fecha en La Verdad Obrera, semanario del PTS.

 


Escriba se busca, con o sin pruritos

* A continuación, una nota que aparece hoy en la edición on line de La Verdad Obrera.

La discusión sobre literatos e intelectuales, y la situación política del gobierno en la coyuntura y sus escribas, ha sido tratada en la peronósfera (Abel –acáacá-, ArtepolíticaSoplar y hacer botellasDerekDice), y en la troskósfera (Fernando de CórdobaEl Observatorio marxista de medios y, respecto a Verbitsky, hace un tiempito ya, El Diablo).

Por su parte, el blog colectivo Nación Apache viene compilando los últimos días prácticamente todo lo que está saliendo (diarios provinciales, nacionales y extranjeros) respecto a la polémica sobre Vargas Llosa y las cartas de Horacio González (tema que hemos tratado en La Verdad Obrerala semana pasada-, reproducido acá, en Artemuros).

Después de este sucinto racconto, vamos con el artículo.

 

Por Ariane Díaz y Demian Paredes

El “affaire Vargas Llosa”, al que nos referimos la semana pasada[1], continúa. El escritor dijo que la polémica “me confirma en mis ideas a favor de la democracia, del liberalismo… De la tolerancia, básicamente”. A lo que agregó este “tolerante” escritor: “claramente hay un espíritu piquetero que no acaba de desaparecer y que incluso contamina a cierto medio intelectual”[2].

Después del retroceso de González y de la aceptación del veto presidencial en cuanto a una acción más rotunda contra Vargas Llosa, los intelectuales K se han recompuesto e intentan ahora machacar con su supuesto rol de “intelectuales críticos” del neoliberalismo, del gorilismo, de las corporaciones, incluso de los negocios que mueven la propia Feria del Libro que hasta ayer era ese lugar sagrado de expresión de la cultura nacional mancillado por el Nobel. Como nos tienen acostumbrados, todo el procedimiento se dirige a enaltecer a su mentora Cristina, que en la peronósfera ha sido incluso catalogada como la “verdadera intelectual orgánica”[3], apelando a Gramsci y despegándose del gafe de los Carta Abierta.

En sintonía, Horacio Verbitsky se despachó en el oficialista Página/12 disfrazando el cada vez más evidente giro a la derecha del gobierno como una serie de “batallas culturales” ganadas a los medios opositores, ClarínLa Nación. Señalando las pifiadas de Diana Conti –quien pidió la “reelección indefinida” de Cristina– y el del González de “cavilación depresiva”, Verbitsky habla de problemas provocados por “fuego amigo”, que sin embargo no habrían debilitado al gobierno, que está tan bien que “Reutemann se compromete a apoyar al candidato a la presidencia que decida el PJ nacional”, y que “José Manuel de la Sota pondera el desempeño del gobierno nacional”[4]. No es que el kirchnerismo, en su necesidad de ganar las elecciones y seguir gobernando (para el FMI, Club de París, “burguesía nacional” y demás corporaciones patronales) mantiene el “armado” con los viejos y corruptos aparatos políticos (en el PJ y en la CGT). Para Verbitsky sería al revés: hay una fortaleza tal del “progresismo” K, que los ex menemistas neoliberales sojeros de Córdoba y Santa Fe tienen que ir al pie. Quizá parezca un poco sorprendente que se nos proponga que semejantes aliados sean un buen ingrediente para una política progresista, pero debe ser que no captamos los refinamientos estéticos de un relato donde no hay “buenos y malos” sino personajes “multifacéticos”: mercenarios dispuestos a ir para donde sopla el viento y progres dispuestos a tragarse cualquier sapo.

Pero para mantener el espíritu progre en alto, Verbitsky apela a que la presidenta tiene un “orgullo”: el de “garantizar más derechos para más sectores, no cercenarlos”. Suponemos que no se refiere a los millones que ven cómo mes a mes se les licúa el salario, o están en negro sin que los aliados K de la burocracia sindical muevan un pelo salvo para mandar sus patotas, o a los que no tienen vivienda y son corridos a tiros de un parque, o son desplazados de la propia tierra para plantar más soja. Porque para esos el derecho otorgado fueron balas y la amenaza, en boca de los nuevos organismos de “seguridad” y de la propia presidenta en caso de que decidan reclamar en las calles por esos derechos cercenados: después de reprimir en el Indoamericano, el gobierno extorsionó con “el que toma tierras se queda sin plan social”; el mismo discurso de Cristina a la Asamblea Legislativa, que le parece una “excelente pieza” a Verbitsky, fustigó la acción directa de los trabajadores; y contra sus luchas, la presidenta dijo: “Los sectores sindicalmente organizados, vinculados a servicios y a tareas, no pueden someter de rehenes a usuarios y consumidores”. Para hacer de esa realidad una ficción verosímil de un gobierno progresista, haría sí falta un muy buen escritor urgente.

Para el neoliberal peruano, “piquetero” evoca el 2001 argentino en que el modelo que él defiende se vino abajo, y peor aún, cuando fue la acción de las masas en la calle la que lo puso en cuestión. Como el gobierno de los K fue el que finalmente se consolidó después de una serie de convulsiones sociales y en el régimen capitalista argentino, el escritor identifica a los K con el piqueterismo. El Nobel pifia una vez más, junto con los intelectuales kirchneristas. Los gobiernos K no son la continuidad del 2001 sino todo lo contrario, el intento de borrar de la escena política la acción directa de las masas. Su discurso “nac & pop” y las medidas “antineoliberales” tan defendidas por los escribas K son un reconocimiento de la relación de fuerzas de ese 2001 que permanentemente han tratado de volver del lado de la burguesía, aun con roces con distintos sectores de la misma. Cristina ha mostrado en pocos meses ese deseo de “un país normal”, donde los muchos trabajen para enriquecer a unos pocos.

NOTAS:

[1]En carta cerrada no entran moscas”, La Verdad Obrera 416, 3/3.

[2] “Vargas Llosa: ‘La situación que han creado me obliga a hablar de política’”, Clarín, 6/3.

[3] “¿#findelaintelectualidad?” (en los blogs “ArtePolítica” y “Soplar y hacer botellas”).

[4] “Batalla cultural, fuego amigo y candidaturas”, Página/12, 6/3.

 


EN “CARTA CERRADA” NO ENTRAN MOSCAS

Sobre Vargas Llosa y la (carta) “retirada” de González


Por Ariane Díaz y Demian Paredes


El director de la Biblioteca Nacional y referente de Carta Abierta, Horacio González, después de meses de darle vuelta a la cosa para que las supuestas “debilidades” del gobierno no cuestionen la “razón democrática” de Estado y a la vez, que las muertes perpetradas por el Estado y sus sostenes no ensucien al gobierno, decidió llevar su gesta “nac & pop” a terrenos menos áridos que la burocracia sindical, la patronal sojera que usurpa tierras y los acuerdos con Macri. Concretamente, escribiendo una carta a la Fundación El Libro donde consideraba “sumamente inoportuno” que el premiado y redituable escritor, conocido opinólogo y defensor neoliberal, Mario Vargas Llosa (quien hiciera declaraciones criticando al gobierno en varias oportunidades), sea el invitado principal en la inauguración de la próxima Feria del Libro. Pero parece que González no pega una.

Después de que se abriera la polémica entre defensores y detractores de Vargas Llosa alrededor de la solicitada firmada por reconocidos “intelectuales K” como José Pablo Feinmann, donde declaraban un “profundo desagrado y malestar ante la designación” del escritor, la presidenta, en el tiempo que se hizo antes y después de su discurso en el Congreso, a la par que recriminaba y amenazaba a los trabajadores que luchan porque “dejan a la gente de rehén” (a los trabajadores, y no a la burocracia sindical, que gracias a los negocios que le da el gobierno está en condiciones no de hacer paro sinolockout, como Pedraza), y frente a las posibles críticas que se avizoraban, decidió recurrir a la defensa de la “libertad de expresión” y le pidió a González que se retractara, dejando en claro la no-intervención del gobierno en temas que son de “competencia privada”. Mientras, una suma de intelectuales entre “republicanos” y fachos (como Posse), aprovechó para sacar a relucir referencias a medidas “stalinistas” o “de comisariato”[1] destinadas a acallar a un Vargas Llosa antaño “perseguido”, pero quien ya hace muchos años reivindica a sus “perseguidores” y dista de ser alguien sin medios, prestigio y lugar político para “expresarse”. Mención aparte se merece Federico Jeanmaire, quien sin jugarse mucho por ningún sector dijo: “antes que a Vargas Llosa “quizá apreciaría más a otro escritor o a una mujer[2](!?).

La polémica parece rondar entonces ahora alrededor de dos puntos: si el talento literario es buena salvaguarda para decir todo tipo de derechadas (y no nos referimos a las críticas del escritor a Cristina sino a cosas como… ¡defender al masacrador y terrorista de Estado proyanqui Uribe![3]); y, como le explicó pedagógica la presidenta a González, si hay “alternativas dilemáticas que caracterizan la relación del funcionario con el intelectual”. No hay tanto misterio: talentos literarios con posiciones políticas de derecha siempre han existido, tanto como intelectuales incisivos dispuestos a poner todo su bagaje para defender a gobiernos de turno.

Pero veamos los puntos que no discuten ninguno de los dos sectores.

¿Dónde iba a hablar Vargas Llosa? Es cierto que la Feria viene convoca a veces a más de un millón de personas e incluye una serie de actividades donde aparecen a “puro pulmón” editoriales y proyectos “chicos”. Pero la Feria es centralmente un evento… de buenos negocios, donde las “estrellas” son las grandes editoriales, los sponsorsbest sellersy el consumo que aumentará las ganancias de estos monopolios. Desde ese punto de vista, la elección del escritor “nobelizado” es más que razonable por parte de los organizadores, y aceptable para una derecha que en ello no tiene ninguna diferencia con el gobierno. Porque también es esto razonable para un gobierno cuya política no tiene nada de defensa de lo “nacional y popular” sino los negocios de cierto sector empresario afín, y que desfinancia la educación, el arte y la cultura para pagar la deuda… a los amigos de Varga Llosa. Si se trata de libertad de expresión, que no sólo implica la no censura sino también el acceso a los medios para poder efectuarla, no es la expresión de los empresarios y partícipes de la “industria cultural” la que está en peligro todos los días, sino la de los millones que no pueden, con su magro ingreso (si es que lo tienen), ni disfrutar de la cultura, ni hablemos ya de dedicarse a producirla. Según la presidenta, ni siquiera tienen derecho a reclamar por sus derechos básicos. Es precisamente que la cultura y la discusión ideológica esté centralmente en manos ávidas de ganancia (hablamos de la “industria cultural” que defendió el ministro Jorge Coscia contra Vargas Llosa) lo que limita, cercena y serializa las manifestaciones culturales (incluso Vargas Llosa no es ningún enemigo, en este terreno, del gobierno o las empresas: es un exitoso producto de una “industria cultural” llamada Alfaguara).

¿Que además éste es un evento con ribetes de discusión políticas y culturales? Por supuesto. Pero políticas hay muchas. Está la neoliberal propagandizada por Vargas Llosa, que según una de sus defensoras, Ivonne Bordelois, “pone de relieve las cualidades intelectuales de un autor tan latinoamericano como él”[4], y la de los K como González, que según Pablo Sirven de La Nación es “un mero propagandista” que “no merece ser llamado intelectual”[5]. Pero también existe la política de los miles que todos los días luchan desde abajo por sus demandas y contra las injusticias del sistema: desde la explotación y precarización laboral hasta las represiones y los “gatillo fácil”. ¿Están acaso convocados por ejemplo los trabajadores gráficos, que por dos mangos o en negro trabajan para las ganancias de las editoriales, a dar sus posiciones políticas sobre los empresarios, las medidas del gobierno, la burocracia sindical, las políticas culturales, los negocios editoriales? Por ello de poco valen las apelaciones de González a los actos de “apertura de la Feria” como lugar de expresión de “la Argentina” ni las acusaciones de la derecha a éste por “chovinismo”. No hay “una Argentina” ni “un Perú”, sino dos gobiernos, con sus respectivas alianzas y amigos beneficiados, que defienden determinados intereses en detrimento de los trabajadores, la juventud y el pueblo pobre.

Si por intelectual crítico se entiende aquel que se pone del lado de la causa de los oprimidos, a ambos sectores les queda más que grande el título.

Los mezquinos motivos de su disputa (a favor o en contra del gobierno K), por más que se haga en nombre de la calidad literaria o el debate político e ideológico, son parte de la “cultura” de las últimas tres décadas de restauración conservadora (o neoliberalismo) en que se restringiera y comercializara aún más el arte y la cultura; en que la capacidad crítica y cuestionadora de la intelectualidad “reconocida” brilló por su ausencia y/o quedó enclaustrada en la Academia lejos, bien lejos, de los grandes problemas de los sectores populares. Autocensurada por intereses materiales y políticos, apuntalada con obsecuencia y cobardía, la intelectualidad “republicana” y la “intelectualidad K” están lejos de aquella vieja tradición “crítica” que floreció en las décadas de 1960 y 1970, al calor de los intentos de una generación de construir una política y una cultura que expresara los deseos de liberación de las cadenas de la explotación y opresión.

Hoy, que nuevos aires de lucha soplan desde el Magreb y Medio Oriente; desde Europa (Grecia, Francia) y en nuestro país (la juventud estudiantil luchadora y el “sindicalismo de base”), intentar avanzar en superar esos esfuerzos pasados, y discutir y polemizar acerca los grandes problemas políticos, sociales, artísticos y culturales es el mejor y más ambicioso objetivo que nos podemos proponer quienes no tenemos un concepto tan estrecho de la cultura como los social-liberales y los “nac & pop”.


NOTAS:

[1] Dijo Abel Posse: “Jamás vivimos en este clima de comisariato en el que condenamos a unos o a otros como si estuviésemos en una guerra fría”. Dijo Álvaro Abós: “Espero que la Fundación El Libro no se baje los pantalones ante este apriete estalinista” (“Entre los escritores argentinos se habló de censura y estalinismo”, La Nación, 2/3).

[2] “Frenan desde el Gobierno la movida contra Vargas Llosa en la Feria” (página web de Ñ, 2/3).

[3] Quien habría “hecho un magnífico gobierno, que ha funcionado con criterios democráticos”.

[4] La Nación, 2/3.

[5] “Si Borges viviera…” (La Nación, 2/3).