#Fragmentos de ‘La nieta de Trotsky’, de Jeanne Molinier

(En torno a la valija, de esa valija que ha sido tu legado, papá, se ha ido formando un campo de fuerza que es el campo narrativo del que surge este texto. Desde el momento en que aparece la valija, incluso en su forma anterior cuando eras un niño, esa palabra se carga de una fuerza especial, de una potencia relevante que se convierte en una fuera magnética, un nudo de vínculos invisibles, que busco desentrañar en estas líneas. Me sirvo de esa metáfora para confesarte que en este libro busco encontrar un hombre que se sacaba y ponía distintas máscaras, que se metamorfoseaba. He tratado de llevar adelante lo que pienso que tiene que ver con algunas voces que me ayudaron a rememorar tu historia, a convocar fantasmas que pretendo develar).

[…]

Supimos desde ese día que una trama política se sobreponía a nuestra vida familiar, aún antes de nuestro nacimiento. Entonces me enteré de que aquel por el que tanto preguntábamos y nos contaban historias de su vida, de la familia, no era nuestro abuelo. Le decía el Viejo y para nosotros era nuestro abuelo, pero en realidad, era Lev Davidovich Bronstein. Tampoco Natalia era nuestra abuela, ni Zina ni Lyova a quienes llamábamos tíos lo eran. Sieva no era nuestro primo hermano. Los que habían sido nuestros parientes pasaron de ser nuestra familia a ser los ‘camaradas’ de militancia de mi padre. En esta historia están incluidos Jeanne, la que había sido mujer de mi padre y después lo fue de Lyova. También aclaró roles más destacados, Vera Lanis, a quien llamaban Tatá, y mi medio hermano Raymond, Zazá; además de Gala, hermana de Vera, Allan su hijo, y la que nosotros llamábamos la Poeta, una compañera de ellas de andanzas desde la época en que eran actrices. Una francesa de la Rive Gauche que pertenecía al grupo de poetas surrealistas de esa época. Estos conformaban nuestra recolección de conversaciones en la mesa donde se atravesaba la historia a través de anécdotas y escuchábamos atentos.

Jeanne Molinier, La nieta de Trotsky [biograficción], Bs. As., Voria Stefanovsky, 2020, pp. 115-116 y 128.


Entrevista a Tununa Mercado (Radar libros)

Por Demian Paredes

La editorial Miluno acaba de publicar El vuelo de la pluma, de Tununa Mercado. Con prólogo, selección y notas de Facundo Giuliano, se recuperan y recorren en casi cuatrocientas páginas cinco décadas de trabajos tan periodísticos como literarios a lo largo de diversas ciudades del mundo y provincias argentinas: La Habana, Ciudad de México, Guadalajara, Mérida, Eichstätt, San Pablo, Chaco, Córdoba, Rosario. Los temas: el deseo, una marcha del orgullo, un poemario, las Madres de Plaza de Mayo, el sistema carcelario, un congreso de escritoras latinoamericanas, Cuba y su revolución, Saramago, Cortázar, Borges, Bioy, la dictadura y el exilio –sufridos por la misma escritora–, la memoria y la traducción.

Desde los artículos en México, a fines de la década de 1970 en la revista fem., hasta textos de ponencias e intervenciones públicas más recientes (2017), Tununa Mercado ha sabido conjugar una delicada, aguda, sensible y versátil pluma en torno al Eros, al feminismo, a las marcas y desgarros de la historia, a la recomposición por la vía del recuerdo. Autora de libros que ya son clásicos y siempre se están leyendo y redescubriendo cual “escritora oculta”, la autora de Canon de alcobaEn estado de memoria y Yo nunca te prometí la eternidad postula en un breve “Decálogo” escrito en 2000: “No escribas con el corsé femenino ni con el masculino; déjala ser (a la escritura)”. Y seguidamente: “No escribas con los corsés de los otros géneros: novela, cuento, poesía, ensayo, etc., déjala ser (a la letra) en los etcéteras”.

Tununa ¿cuál es el origen del libro?

–Fue Facundo Giuliano el que me convocó para armar El vuelo de la pluma. Recoge varias notas, artículos y textos que publiqué a lo largo del tiempo. Una sección de la revista fem., y cosas como una entrevista a Saramago. Hubo vía libre para armar lo que mejor le pareció.

Sorprenden gratamente, entre otras cosas, la amplia variedad temática de las notas y la relación que se manifiesta entre periodismo y literatura.

–Periodismo y literatura siempre estuvieron conectados. No hacía yo demasiado discernimiento. La cosa periodística se daba especialmente cuando tenía que entrevistar, o cuando tenía que “salir” dentro de mí, para ver lo que pensaban otros, como Saramago, o Chavela Vargas, por ejemplo. Digamos que la entrevista responde a mi situación de fondo, que es que he sido periodista toda mi vida. Siempre he estado entrevistando, buscando a gente, datos. La entrevista es algo fundamental para eso.

En la charla que hay al final del volumen entre vos y el equipo de edición del libro, se te califica de “pensadora-intelectual”, cosa perfectamente lógica por la dimensión ensayística y teórica que se encuentra en muchos textos. ¿Qué opinas de esta categoría?

–Me sorprende nuevamente el planteo. Pero evidentemente, si hablamos de escritura alguien siempre tiene que ser pensador; no se puede ser un escritor “en bruto”, sin un contexto, un universo que lo recubre. Yo pienso que como escritora he estado marcada por experiencias de tipo académicas, universitarias, y las veces en las que estuve “a la inversa”, como cuando yo daba clases en Francia, por ejemplo. Es intercambiable, digamos, la situación. De pronto soy más pasiva, y en otro momento soy más abierta, más creativa, más protagonista de una situación, ya sea de enseñanza o de comunicación; lo que sería el periodismo.

Te pregunto por tus artículos en la revista fem., teniendo en cuenta que ocupan bastante más de cien páginas, el primer tercio del libro.

–Para mí fue un privilegio estar en México y haber sido convocada a pertenecer a la revista fem., y compartir las temáticas feministas con las compañeras de la revista, y que era un poco más que la revista, porque era un proyecto más abierto, e incluía otros sectores y otras experiencias. Fue muy importante porque fem. me llevó a pensar sobre esta problemática de la mujer con un poco más de dedicación y concentración. Y eso también me abrió a un mundo de mujeres con las que confraternicé, conviví e hicimos cosas juntas. Ya sea acompañar una huelga, o más “recluidamente” escribir en la revista. Era un grupo que estaba despierto a todos los movimientos de mujeres que estaban en México y en América Latina. Y eso fue muy importante porque me mantuvo en conexión con México y América Latina a partir de esta temática de la mujer.

¿Te convocaron desde el primer número, o fue después?

–Ya existía la revista fem., y entonces, en un momento dado, me invitaron a participar. La había fundado gente con mucha claridad de pensamiento, entre otras Alaíde Foppa, que era una guatemalteca que vivía en México y que tuvo sobre mí mucha influencia, porque era una mujer muy formada, muy inteligente, y muy capaz de ligar el feminismo con la cuestión social, con las cuestiones políticas. Era de un espíritu muy amplio, muy abierto y muy rico. Fui muy amiga de ella, y así había otras compañeras, con las que tuve una relación muy fuerte.

Pero tu experiencia periodística comienza antes de México, acá mismo en Argentina, a comienzos de la década de 1970 en el diario La Opinión.

–Sí. Yo estaba con Felisa Pinto, que era la jefa de una sección, que logramos que se llamara “La mujer”, porque creo que más bien nos querían poner en cualquier otra cosa.

¿Hacer recetas de cocina y cosas así?

–Aunque también hacíamos recetas (risas). Pero siempre con algún giro, con alguna vuelta… Pero sí. Para mí eso fue muy importante. Porque entrar a trabajar en un periódico era toda una experiencia. Y sobre todo porque Felisa tenía un espíritu muy abierto, y bueno: convocaba a mucha gente. Entre otras personas, a Manuel Puig. Manuel estaba muy vinculado con ella. Ya en esa época empecé a tener una relación muy fuerte con él, hasta que se murió. Y cuando vino Perón, a Ezeiza, yo quise ir. Entonces había que inventar un argumento. Decirle a Timmerman que yo iba a Ezeiza ¿pero para qué? Entonces se le ocurrió a Felisa decirle que yo iba a ir “buscando la iconografía del peronismo”. Que iba con esa misión. Y efectivamente fui a Ezeiza. Fue una cosa…

De llegar y rajar.

–Estuve en todo. Cuando se armó el “lío”. Cuando tuvimos que tirarnos cuerpo a tierra. El regreso fue muy difícil. ¿En qué regresábamos? En ese momento estaba Lilia Ferreyra que era compañera nuestra pero que ahí, en ese momento, tuvo un papel importantísimo, porque ella tomó la decisión, para que pudiéramos regresar, de tomar un ómnibus que estaba ahí. Fue y directamente le dijo al chofer: “Usted se baja, porque nosotras vamos a volver”. Tomó una decisión muy fuerte. Ya se sabía quién era ella, de valiente y de arrojada.

Para vos podría haber habido una continuidad de esa experiencia en la Argentina, de ir modificando y ampliando los temas y tipos de notas en el diario, el nombre de la sección, pero la dictadura y el exilio cortaron todo.

–Sí, claro. Nuestra sección con Felisa era “de la mujer”. Después en México ya tuve contactos con las feministas y la relación fue diferente. Aquí era muy incipiente todo. Y además la realidad política y social siempre te obligaba a estar en una dimensión que era más jugada en términos políticos que la cosa feminista propiamente dicha. Fueron años muy intensos. 

La entrevista continúa, junto al “Decálogo” de Tununa, en el suplemento Radar libros.


Hoy, 21 hs., Sarau Brasil e Argentina


‘El vuelo de la pluma’, de Tununa Mercado (novedad editorial)


Sobre ‘Reunión de extraños’, de Esteban Moore

Esteban Moore, Reunión de extraños: Borges, Buenos Aires, el café, Jack Kerouac y otras cuestiones, Córdoba, Alción Editora, 2020.

Este volumen misceláneo de Esteban Moore —poeta, traductor y ensayista— contiene textos de los últimos tres lustros, provenientes de presentaciones, prólogos, artículos, y un trabajo inédito, referido a Inventando a Irlanda, la literatura en la nación moderna, de Declan Kiberd. Titulada por el editor Juan Carlos Maldonado, esta Reunión posee un hilo conductor, una preocupación constante del artista: su interés e indagación por la palabra, su producción, traducción, proliferación y consolidación en torno a autores, épocas y espacios, con tratamientos, enfoques, tonos y énfasis que varían de acuerdo al contexto en el que fueron surgiendo.

Así, se abre con “Borges, el escritor poeta”, ensayo donde Moore subraya el reconocimiento a Roberto Arlt por parte de Borges, repetidas veces, contra el planteo —bien establecido y algo maniqueo— del enfrentamiento literario entre dos bandos: “Florida contra Boedo”. Por el contrario, Moore sostiene que las corrientes literarias más que combativas, terminan siendo colaborativas. De ahí un planteo de orden general: “Las poéticas no se imponen unas a otras: interactúan, cooperan, se hibridan, como en las ciencias se fundan en aquello que las precede”. Moore defiende la tesis de que la poesía –como poética– constituye la médula de la escritura borgeana, y recupera un comentario de Jaime Rest, sobre cómo cada fragmento u obra aislada, en Borges, “se integran en un solo argumento sostenido”.

“El café porteño: espacio de la lengua cotidiana” se enfoca en la dinámica urbana, en el intercambio y surgimiento de lo inesperado en la socialización cultural. Tal como pasó con Witold Gombrowicz, quien, varado en Buenos Aires, se propuso traducir, sin conocer el idioma local, su novela escrita en polaco. Llevando algunas páginas traducidas con esfuerzo, de la pensión al Rex, dice Moore: “se produjo un milagro propio de un café porteño. La mesa en la que trabajaban comenzó a ser rodeada por poetas, escritores, curiosos y algún parroquiano, que aportaban sus opiniones. Hubo días en que se reunía una pequeña multitud a su alrededor, por lo tanto, la versión argentina de Ferdydurke podría ser considerada el resultado de una tarea comunitaria, social y abierta a varias voces, sólo posible en un lugar público”. Otro texto referido al ámbito del café, observa su aporte al surgir de la voz —todas las letras— del tango, desde la conversación animada al soliloquio, del sentir al decir (y luego cantar).

“La escritura de la dorada eternidad, un legado trascendente” y “El ángel de las musas” son introducciones a traducciones del propio Moore, presentando obras de Jack Kerouac y Gregory Corso, respectivamente. Sustentadas en documentación fundamental (biografías y correspondencias), Moore expone, comenta y recrea “vida y obra” de los autores, enlazando sus biografías al contexto, con el desarrollo de sus propios proyectos literarios, etc., en aras de una mejor/mayor comprensión de la obra en cuestión.

Más allá del aporte de cada escrito, de su enfoque y tema particular, todo el volumen permite conocer y palpitar los ritmos de la literatura, y de la ciudad, como una cultura viva, abierta y plural. En permanente movimiento y cambio.

Demian Paredes

* reseña en Hispamérica. Revista de literatura, nº 148 (2021), pp. 125-126


Video: Darío Canton lee su poemario ‘La mesa’

* Video producido por Hernán Bergara.

Cultura chaski

Muestra audiovisual del principio del poemario La mesa, de Darío Canton. Lectura por el autor. Producido en Puerto Madryn, Chubut. Gracias en Buenos Aires a: Demian Paredes y Darío Canton.


#Poesía: Paul Celan

* Breve selección de poemas de Paul Celan, que originalmente iban a acompañar la nota que se publicó hoy en “Radar libros”, a propósito de la reciente publicación de una antología poética por parte de Alción Editora.

El declive

Junto a mí vives tú, igual que yo: como una piedra

en la mejilla hundida de la noche.

Oh este declive, amada, donde rodamos sin cesar, nosotros piedras,

de arroyo en arroyo.

Más redondas cada vez. Más parecidas. Más extrañas

Oh este ojo ebrio

que deambula aquí como nosotros y de cuando en cuando nos mira absorto.

Habla también tú

Habla también tú, habla como el último, di tu sentencia.

Habla.

Mas no separes el no del sí.

Dale sombra suficiente,

dale tanta

cuanta sabes distribuida en torno tuyo entre la medianoche y el mediodía y la medianoche.

Mira alrededor:

mira cómo cobra vida por doquier. ¡En la muerte! ¡Viva!

Verdad habla el que sombras habla.

Mas ahora se encoge el sitio donde estás parado: ¿Hacia dónde ahora, despojado de sombras, hacia dónde? Escala. Palpa arriba.

¡Más delgado te vuelves, más irreconocible más fino! Más fino: un hilo,

por el que quiere bajar, la estrella:

para nadar abajo, abajo,

donde se ve relumbrar; en el oleaje de las palabras errantes.

A la altura de la boca

A la altura de la boca, palpable: tumor sombrío.

(No necesitas luz, buscarlo, sigues siendo el hilo de nieve, retienes

tu presa.

Ambos cuentan:

lo tocado y lo intocado.

Amos hablan con culpa del amor, ambos quieren ser y morir.)

Nervaduras, brotes, pestañas.

Parpadeantes, ajenas al día. Vaina, abierta y real.

Labio sabía. Labio sabe. Labio lo calla hasta el final.


#Poesía: Raúl Zurita

“Cielo abajo”

El último manchón del atardecer caía cuando se

abrió el mar. Cortados a pique, los dos inmensos

paredones de agua se irguieron de golpe

rompiendo el horizonte y papá nos dijo que ya

estaba, que ahora podíamos marcharnos. Unas

horas antes, por el este, los tanques habían

terminado de acordonar el ensangrentado desierto

chileno y al mirar el borde de la playa me di

cuenta de que era efectivamente una liberación: el

mar se había abierto y nuestra espera no había

sido en vano. Hundiéndose en la rada, el largo

tajo partía en dos el azul compacto del océano y

al darme vuelta para abrazar a papá, vi primero

sus mejillas surcadas de lágrimas y detrás la

interminable planicie ocre del desierto, la planicie

estéril y muerta que por fin abandonaríamos. Los

primeros gritos de júbilo comenzaban a emerger

por todas partes y al frente los dos acantilados de

agua se abrían brillando en la azulada noche.

Madre dijo que ya era hora de partir y juntando

algunas cosas nos unimos a la multitud. Lejos,

otros soles se iban ocultando tras las estepas de

planetas desconocidos y era tan extraño haber

estado en uno de ellos, haber sentido el latido

profundo de un corazón dentro de ti,

haber alcanzado a contemplar ese último atardecer.

“Cielo abajo”

Las primeras estrellas emergieron por un segundo

en la oscura línea del cielo y luego las olas que

ceñían el paso del mar parecieron tragárselas. A

los gritos de júbilo del comienzo le siguió un

silencio ensimismado y hosco sólo interrumpido

por el rumor de las últimas periferias incendiadas.

Barridas enteras, cuadras y cuadras de calles

planas y monótonas que arden en el desierto sin

fin de la tierra. ¿De la tierra? No, de un pequeño y

angosto país que tuvo un nombre, de un barrio

que hace miles y miles de años tuvo un nombre,

un rigor, un frío. Chillo emergiendo de entre las

piernas de mamá y no me gusta ni la sangre ni la

luz. Papá espera afuera y al rato le mostrarán un

montoncito amoratado que se retuerce con los

ojos cerrados, berreando. Toma las minúsculas

manitas que se cierran y me lleva. Caminamos a

tientas en medio de la multitud, en medio de la

torva humanidad que se arrastra en silencio por la

vulva abierta del océano. Veo entonces una cuna,

luego la ventana abierta hacia el corto antejardín

de una casa e dos pisos que se mantiene

incólume en medio de la infinita tierra cubierta

de cenizas. De pronto el paso se ensancha. El

repentino resplandor de la luz me ciega y grito

resbaloso de sangre. A ambos lados ruge el mar.

Raúl Zurita, Cuadernos de guerra, Bs. As.. Audisea, 2019, pp. 13 y 19.


#Poesía: Carlos Nejar

LA GENEALOGÍA DE LA PALABRA

Mi muerte comienza a madurar y después voy

a comerla como una pera, escupiendo el carozo y

después va venir una semilla con el mismo nombre

que va a crecer y madurar.

Pero ya no es mi muerte – es la sorpresa de la tierra

apenas – descendencia de una muerte futura.

Después las generaciones pierden de vista la propia muerte

que aparece como un hilo de agua en medio de las

piedras, visible a uno y otro profeta.

Pero nada afectará a la especie: la vida también fue

vista como un hilo de agua en medio de las piedras.

Sólo que no se podían distinguir los hilos y las aguas.

que conversaban entre sí, sin prejuicios. Y hasta

moraban juntos, una que otra vez.

Después mi muerte va a madurar de nuevo pero

no será de la misma naturaleza. Y aprenderé a hablar

con el mundo.

Y el mundo va a madurar como una pera y después

va a venir una semilla con el mismo nombre.

Y sin embargo, ya seré eterno.

[Poema inédito]

EL PODER ESTÁ SUELTO

El poder está suelto

Es un loco en las calles

un loco buenazo

en los palacios

y gubernamental

cerca de la aurora

Pero esta es de jardines

Impresiones digitales     cárceles

vilezas     violencias

en el alambre de secar

y secretos rencores

América de la aurora

donde aferré

el clavo de tu nombre

Y te     guardo

en sobresalto

y corro amedrentado

por el pecho

El poder está suelto

casa a casa

o en las armas

de un reino precavido

Está en el teléfono

oyendo el amor

y el sospechoso aire

de quien vigila

por los techos

sobornos de voluntad

o de fe silenciosa

América era un patio

donde retuve

mi     amor

en los labios

El poder nos juzgó

y el desvendado mundo

en nosotros

Está suelto el poder

– es un animal

América sembrada

en el relincho

de un caballo

¿Cómo agarrar el mar

sino en la playa?

América del mar

que me bañaba

El poder sólo se prende

cuando muerde

o esparce su mensaje

América yo excavo

otra América

yo excavo

las florestas

     este miedo

yo excavo

los remiendos

de la historia

excavo     excavo

el esclavo

que muele

la palma

de mis sueños

yo excavo

a tu abismo

y el ritmo

de lo que te llama

No hay corazón

igual al tuyo

Y te excavo

No hay poder

Apenas cómplices

[De Un país el corazón (1980)]

* Algunos poemas más, y datos biográficos mínimos, en el blog de Esteban Moore.


#Poesía: Homero Aridjis

Signos

las cosas que vemos cada día en su silencio

los seres que vienen cada día a visitarnos

la luz que llega para entrar y salir de lo que amamos

lo que va hacia adentro

y lo que nos atraviesa para seguir al infinito

 

 

Descomposición con risa

le quitan las orejas

le sacan los ojos

le quitan los brazos

se llevan su pecho

le desaparecen la cabeza

le quitan el tronco

lo desaparecen completo

y se queda riendo

y sigue riendo

e invisible

ríe a lo lejos

 

De Ajedrez-Navegaciones (1969), en Antología poética (1960-1994), México D.F., FCE, [1° ed.] 1994, pp. 88-89.