Video | XVIII Encuentro de Bibliotecas: Noé Jitrik

Publicado el 7 sep. 2018

Conferencia de Noé Jitrik

 

Ver también:

Noé Jitrik: “Las bibliotecas nos cambian y conmueven, nadie sale indemne de su experiencia valiosa”


#Poesía: un fragmento de ‘Las Críticas de Chile’ (Armando Uribe)

 

1/Henos aquí, en la ratonera

del país que es un gato arestiniento

a la espera de vernos

acercarnos al queso y roerle la cáscara

para el zarpazo darnos en el cuello

y en seguida comernos, y al osario.

 

2/Estamos no pertenecemos

al país donde estamos ¡esta no es norteamérica!

y sin embargo hay edificios de Wall Street

(se pronuncia güólstrit), este es el caso:

se produjo la quiebra de todo, el golpe universal

de estado, estamos entre los escombros

que quedaron, las féminas con cintas de colores

se pasean con tacos aguja, sus abuelas con palillos

tejen cartílagos y sus amantes de camisa con rayas

ya no usan pantalones y lucen espinillas atractivas

y los sexos se creen carismáticos.

 

3/La dictadura

no fue un error, tiene apellidos,

como colas de rata o lagartija,

y su elenco de honor para asesinos

los regocija todavía, y dura

indefinidamente; no fue un malentendido

sino la voluntad de pasar una lija

de hierro por encima de los niños.

 

 

Armando Uribe Arce, Las Críticas de Chile, Santiago de Chile, Be-uve-dráis, 1999, p. 15.


#Poesía: “Lejana Buenos Aires” (Rodolfo Alonso)

 

Lejana Buenos Aires

 

todos

esperan algo

de la ciudad

 

todos

esperamos

un viento

un roce

una palabra

 

una cama de amor

un pan brillante

 

ah

la ciudad

que nunca

alcanzaremos

 

la ciudad que nos suelta

y nos deja

solos

entre todos

temblando

esperando algo

 

 

De Hablar claro (1959-1963), en Antología poética [col. “Poetas argentinos contemporáneos” 1],

Bs. As., FNA, 1996, p. 54.

 


Video: ¿Qué significa historiar la literatura de un país? (Noé Jitrik)

 

Publicado el 11 may. 2018

Teleconferencia ¿Qué significa historiar la literatura de un país? Experiencia de la Historia Crítica de la Literatura Argentina por Noé Jitrik.

“Para que el muerto siga viviendo” (Elias Canetti)

Demasiado poco se ha pensado sobre lo que realmente queda de vivo en los muertos, disperso en los demás; y no se ha inventado ningún método para alimentar esos restos dispersos y mantenerlos con vida el mayor tiempo posible.

Los amigos de un hombre muerto se reúnen determinados días y hablan sólo de él. Lo matan todavía más si únicamente dicen cosas buenas de él. Más les valdría discutir, ponerse a favor o en contra de él, revelar picardías secretas suyas; mientras puedan decirse cosas sorprendentes sobre él, cambiará y ya no estará muerto. La piedad que intenta conservarlo en un estado concreto no es en absoluto amable. Surge del miedo y sólo quiere mantenerlo en algún lugar donde no sea un peligro, como en el ataúd y bajo la tierra. Para que el muerto, a su manera más tenue, siga viviendo, hay que darle movimiento. Deberá enfurecerse como antes y, en sus ataques de ira, utilizar alguna injuria inesperada, que sólo conozca el que la revele. Deberá ponerse tierno; y quienes lo conocían como una persona severa e inmisericorde, deberán sentir de pronto cómo era capaz de amar. Uno casi desearía que cada uno de los amigos tuviera que representar su propia versión del muerto, y a partir de todas ellas este volvería a estar ahí. También podría admitirse poco a poco en esas fiestas a personas más jóvenes y no iniciadas, a fin de que, en la medida de lo posible, conocieran al que aún no conocen. Ciertos objetos relacionados con este deberían pasar de mano en mano, y sería hermoso que, en cada encuentro anual, además de una revelación se añadiera también un nuevo objeto que hasta entonces había permanecido ignorado.

 

Elias Canetti, El libro contra la muerte, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2017 [ed. original 2014], pp. 23-24.


“Plegaria vespertina” (Günter Grass)

Plegaria vespertina

Lo que de niño

me asustaba hasta ponerme el miembro tieso

era una frase  –‘Dios lo ve todo’–

escrita en los muros con letra picuda;

pero ahora –desde que Dios ha muerto–

da vueltas arriba un dron no tripulado,

que no me pierde de vista

con un ojo sin pestañas que no duerme

y todo lo almacena, no puede olvidar nada.

 

Me vuelvo infantil,

tartamudeo plegarias incompletas incoherentes,

quiero pedir gracia y absolución

lo mismo que mis labios en otro tiempo al acostarme

pedían indulgencias tras cada caída.

Me oigo susurrar en el confesionario:

Ay, querido dron,

te pido perdón

para poder ir al cielo de rondón.

 

Günter Grass, De la finitud, Bs. As., Alfaguara, 2016, p. 16.


#Documental: “Raúl Zurita. Escribir en el Desierto”

Publicado el 9 nov. 2017