#Poesía: Carlos Nejar

LA GENEALOGÍA DE LA PALABRA

Mi muerte comienza a madurar y después voy

a comerla como una pera, escupiendo el carozo y

después va venir una semilla con el mismo nombre

que va a crecer y madurar.

Pero ya no es mi muerte – es la sorpresa de la tierra

apenas – descendencia de una muerte futura.

Después las generaciones pierden de vista la propia muerte

que aparece como un hilo de agua en medio de las

piedras, visible a uno y otro profeta.

Pero nada afectará a la especie: la vida también fue

vista como un hilo de agua en medio de las piedras.

Sólo que no se podían distinguir los hilos y las aguas.

que conversaban entre sí, sin prejuicios. Y hasta

moraban juntos, una que otra vez.

Después mi muerte va a madurar de nuevo pero

no será de la misma naturaleza. Y aprenderé a hablar

con el mundo.

Y el mundo va a madurar como una pera y después

va a venir una semilla con el mismo nombre.

Y sin embargo, ya seré eterno.

[Poema inédito]

EL PODER ESTÁ SUELTO

El poder está suelto

Es un loco en las calles

un loco buenazo

en los palacios

y gubernamental

cerca de la aurora

Pero esta es de jardines

Impresiones digitales     cárceles

vilezas     violencias

en el alambre de secar

y secretos rencores

América de la aurora

donde aferré

el clavo de tu nombre

Y te     guardo

en sobresalto

y corro amedrentado

por el pecho

El poder está suelto

casa a casa

o en las armas

de un reino precavido

Está en el teléfono

oyendo el amor

y el sospechoso aire

de quien vigila

por los techos

sobornos de voluntad

o de fe silenciosa

América era un patio

donde retuve

mi     amor

en los labios

El poder nos juzgó

y el desvendado mundo

en nosotros

Está suelto el poder

– es un animal

América sembrada

en el relincho

de un caballo

¿Cómo agarrar el mar

sino en la playa?

América del mar

que me bañaba

El poder sólo se prende

cuando muerde

o esparce su mensaje

América yo excavo

otra América

yo excavo

las florestas

     este miedo

yo excavo

los remiendos

de la historia

excavo     excavo

el esclavo

que muele

la palma

de mis sueños

yo excavo

a tu abismo

y el ritmo

de lo que te llama

No hay corazón

igual al tuyo

Y te excavo

No hay poder

Apenas cómplices

[De Un país el corazón (1980)]

* Algunos poemas más, y datos biográficos mínimos, en el blog de Esteban Moore.


Vicente Franz Cecim: “Canción de Arena”

* Traducción publicada recientemente en el blog del poeta Esteban Moore.

 

Vicente Franz Cecim: Canción de Arena*

 

Después, el silencio volvía. Las voces paraban.

Y entonces, fue que comenzaron a oír, comenzaríamos a Oír aquel canto.

En él, tú verás, aquellos adormecidos irían a hablar con la carne, decirle cosas, hacer preguntas a ella.

Uno de los adormecidos, abriendo los labios, dejaba oír, en un murmullo: Canción de arena

Y el canto estaba comenzando, en la Residencia en las Tinieblas:

 

Vivir cada día el más extraño oro, ellos cantaban

Ellos cantarían: La concebida arena.

y al caminante alrededor de la piedra, la arena

y el viento alrededor de la piedra

 

y en la arena

y reunida la arena, la carne

 

Y la concebida del ala,

 

y en la arena todavía

la reunida arena

 

Volvía el silencio. Una pausa. Y el canto volvía

 

Fuimos aquellos que primero aullaron para ti,

en la primera noche, el que primero rio en los tiempos

Fuimos a nuestros arrepentidos huesos curvos

pues tú trituras amorosamente lo que contienes, e incontenida

 

Silenciosos bajo el silencio de la hierba: sensibles

al dolor y a tu hierba

Silenciosos hasta la altura de las ramas vueltas

para el naciente, grande es la cara que te espía de la otra orilla

 

Pues si de las cosas tenemos un sol caído, y la descendida

Sombra

y el canto degradado de la voz ronca

y todavía los ojos de la primera vez

de la primera, ay inolvidable

y sin podernos ver

 

tumbados sobre el silencio de la hierba, y sensibles a lo que somos

Al aullido a los huesos a la cara a la hierba

 

Nuevo silencio. Y el canto:

 

Por los tiempos y los glaciares,

Animales hicieron la curva luminosa de tu espalda

 

Verano sobrenatural: no damos un paso

sin tu compañía

 

Por lo espeso: de él la espesura se desprende

en la forma de los olores salvajes que tanto

empalidecieron la noche:

cada uno de nosotros es un destello visto a la distancia

 

Tú eres el escándalo de dios que se deshizo

del lado mudo de sus goznes. Y se abre

la puerta oscura de este hombro,

fatigado por los campos

sembramos nuestros huesos más humanos

en los lugares donde tenemos labios y se resecan de la oración

 

El canto, Los adormecidos

 

Si estás acostada, es cuando eres la belleza

 

aunque en el cuerpo en movimiento habite un músculo

de seducción

 

Si viene la muerte:

es que te estás ejercitando en el cansancio

 

Cayese algo allí, pero estando de espaldas no verías

 

Si se curva el árbol, el agua reduce

su ritmo de la música

a cada hombre otro de la mano

Si las piernas lo abandonan,

 

la oscura luz que asusta

 

Pues vuelto el rostro para una pared

y tu vida está pasando y ves

pasar un insecto

salido del más extraño sueño, que es estar vivo

 

Existe un paso que no existe

 

Volvía el silencio, toda la cada parecía adormecerse,

pero la boca de uno de los adormecidos hacía nuevamente

aquel sonido de aguas, y volvía el canto:

 

Porque tuya es la sombra,

 

y tu desierto recorrido dice:

la concebida de la arena

 

y en la arena la reunida arena, la carne

 

El canto otra vez elevándose:

 

Tu lentitud me atraviesa por el camino mío,

los pasos son antiguos en este oro

 

y aunque se tenga un sol y una baranda de apoyo

para todo

al ausente esmerándose

a la sombra

 

No pasaría si otro conspirase

En el nombre que es la señal de la inmensa floración

 

aunque una vena da sentido a lo único

 

Capas tras capas, las invisibles tintas cubriéndote,

no sabría un hombre nunca cual sería: la nave la Floración

desde que un pie arrastrado por la luz

se quiso allí en las aguas, el árbol de tu savia viniendo

al encuentro de los más jóvenes, emergiendo

 

Si debíamos estar vestidos para la fuente,

es que la transformación del oro en hierros, en todo eso,

es lo que menos nos oprime el ancla de la vida

 

El canto. Sus cantos. Aquello sería así en aquella casa entre árboles. Este otro ahora:

 

Tu agua estancada está bebiendo en lo oscuro

un animal de bruma

Los ausentes dejaron sus aromas

 

allí, unos huesos esperan sólo la fiebre para desmoronar

Aquí la piel es la residencia, en ella habitan

una alegría, y zarzas, el músico

 

Su música: tus animales están pateando

la música: paredes que golpean unas en otras

 

El cuerpo es sólo un hombre junto a su piedra de ternura

 

Aquellos adormecidos hablando con la carne. El canto:

 

Estás acumulando lentamente una herida en la espada Real

de tu verano

 

Desde aquí podemos ver que el día coagula

 

Y aves como hombres baten las alas, para elevarse

nuestro anzuelo de nubes

un rostro y piedra mirando para el cielo

un paseo de monstruos caminando dentro

Baja la sombra de la sentencia sobre la mano que agita adiós

 

Que no pase el próximo minuto sin que suene

la voz de la deshojada

La espada es la oferta de un grito: por los ojos,

cuando es aún más bella la estación de las fiebres,

por los tiempos, se fue la más antigua raíz que dio frutos

 

El canto: eso nos retiene, eso nos retiene, eso nos retiene

 

Tenemos para ti la consideración de un vaso

donde está depositada la especie

 

pero abriéndose, la tierra Se muestra al bosque de los hombres

que se extiende

 

La piel, la helada residencia

Y el cuerpo busca otros pasajes clandestinos

para la región del fondo del pecho,

su Claridad de incendios,

fluctuando en un mar de corchos, cediendo

a los silbidos de esta noche

 

Ritual de velos: el lodo

Pues sueñas en ti mismo tu visibilidad

si sueñas el barro

 

Una ave nuevamente estaría revoloteando en su jaula,

tal vez otro sueño de la carne perseguida,

y nosotros

continuábamos allí oyendo aquel canto,

 

la carne de los

adormecidos hablando con la carne

 

Pues si también es forma sólida de la música: o sino,

y el hombre es la planta en su temporada de fruta

 

de lo alto de las atenciones simuladas, sin el artificio nulo

conspirando por el tallo de tu cuerpo

perdida está toda la cosecha

 

Te llama la voz anunciando la quebradiza que se dobla,

inmóvil junto a un muro está el mudo

 

-Señal, entonces anunciaría una voz entre los adormecidos. Y todos los adormecidos respondían:

-La señal es no soñar tu nombre.

 

Y el canto, prosiguiendo:

 

Libélulas de los huesos, libélulas de la cara cuando la

medianoche se estremece de ansiedad en sueños

El revuelo de tus deseos me supera

en mucho las costas vueltas para la casa

de mis padres: el reloj antiguo de sombras

 

El canto: eso nos invade, quiere habitarnos los oídos para siempre

 

Pues es tu sombra y la sombra

 

y en la arena

la reunida arena, la carne

Y la concebida ala,

 

y en la arena aún la reunida ala de arena

 

¿Iríamos también a adormecernos oyendo aquel canto, aquellas voces? ¿Nunca más, nunca más saldríamos de aquella casa?

Saber que la carne tenía que decirnos,

sí, eso nosotros queríamos.  ¿Pero vendría entonces a nosotros, negro, un miedo

 

Que nunca más saldría de aquí? El canto:

 

No nos deja olvidar la casa alta,

allá el tiempo repite: cortezas,

 

aunque nacidas piel clara e incluso

se yergue en el aire a nuestra infancia

 

Y hay vientos en las ramas, la arena de tu sueño

 

Pues una es la ley severa que se expresa: si

reverdecen inclinándose hacia la muerte serán hombres

si oscurecen y puntiagudas son espinos

Pero la floresta genuina se extrañará

 

Tenemos las aberturas del ser para observar de los ojos

a los otros seres,

tanto mejor para la euforia de la tierra

Hierba del destino suculento, ven a mí, lenta

antes de la noche lenta

 

¿No terminará nunca aquel canto, no iría nunca a acabar?

 

En ti estoy plantado por los huesos hasta los sueños,

temeroso de las lluvias, y un extraño para los peces,

 

aquellos adormecidos cantaban.

 

Andaba cantaba para la carne en aquella casa.

Y antes de adormecernos para siempre, nos apartaríamos de allí

 

Pues tuya es la sombra

y en la arena la reunida arena, la carne

 

aún oiríamos, lejos

 

 

* Literatura Imaginal, de Viagem Andara oO livro invisível

 

Versión: Demian Paredes, Buenos Aires, 2020

Material enviado por Edson Cruz, poeta y editor del sitio web “Musa Rara” (www.musarara.com.br).

 

Vicente Franz Cecim/Cecim da AmazoOnia (1946) nació y vive en la Amazônia, en Belém. La transfigura en la región metáfora de la vida Andara: una Floresta Verbal. Es el creador de Viajem a Andara oO livro invisível, no libro, no escrito, puramente imaginal, de donde emergen los libros visibles de Andara, estos, los que el autor escribe desde 1979. Recibió de la Asociación Paulista de Críticos de Artes el Gran Premio de la Crítica, en 1988, por Viagem a Andara, y Revelación de Autor, en 1980, por Os animais da terra y, con su libro K O escuro da semente, fue uno de los cuatro finalistas al mejor libro de poesía, en 2016. Fue publicado en Brasil y en Portugal.


#Poesía: Marcelo Ariel

El espantapájaros

Para los niños

 

en medio del basural

 

visto de lo alto

 

un pantalón y una camisa

 

Son la

evocación del cuerpo

de un hombre

sin zapatos

 

sus manos

 

dos buitres desgarrando un saco

 

su cabeza

 

un rato

 

 

Motor discontinuo

 

La máquina de despertar

dentro de la máquina

de respirar

La máquina

de hablar

Dentro de la máquina

de pensar

La máquina

de andar

Dentro de la máquina

de cansarse

En la máquina de ser

La máquina de estar

Dentro de la máquina de dormir

y soñar con

La vida afuera

de la máquina de morir

En la máquina de soñar

 

 

Cangrejos aplauden Nagasaki

Para Gilberto Mendes & Mano Brown

 

(Villa Socó)

Cuerpos en llamas se tiran al barro

mujeres y niños primero

cangrejos aplauden Nagasaki

bebé de ocho meses es calcinado

en cuanto Beatriz

ahora entiende el poema último

Beatriz madre soltera antes de morir dio un inútil puntapié en la puerta

 

En el aire

gritos mudos

la noche blanca de humareda envuelve todo

alguien en el bar de la esquina

piensa en Hiroshima

en las voces

horror y curiosidad despertaron la ciudad

mezclándose

dentro del infierno ojos claman

por teléfono

el ministro es informado

–El fuego los consume…

La sirena de las fábricas no

silencia

Dos serafines pasando por el lugar

susurran en el oído

del Creador

“Villa Socó: mi amor”

Una vieja permaneció acostada

alrededor de la cabeza en la aureola

el último pensamiento pasa

el coro de las sirenas

en medio del campo iluminado

una garza vuela asustada

con los humanos y su infierno creado

en el manglar el viento mueve las hojas

 

Un bombero grita:

–¡KSL! El fuego está contra el viento. Cambio…

 

Fue Dios quien quiso

dice el mendigo

que sobrevivió porque estaba durmiendo en la alcantarilla de la avenida.

Un orgasmo es cortado al medio

cuando la pareja percibe el fuego

quemando el espejo.

Retrocediendo en el tiempo

lamentamos

el movimiento del gas

ligerísimo iceberg

que convirtió fuego en fuego, horror en horror

 

Villa Socó

Estacionó en la Historia

al lado de Pompeya, Joelma y Andrea Doria

Pensando en eso

levanto en este poema un memorial

para nosotros mismos

víctimas vivas

del tiempo

donde se moviliza la muerte esparciéndose en el paisaje

como el gas

que también incendia al sol

(bomba de extensión infinita)

 

Beatriz se sentó cerca de la puerta y quedó mirando el fuego.

Hasta que invade la escena la luz suave de otro sol frío.

Fin del juego.

 

(Lo que no quema)

 

Beatriz ahora es otra cosa y contempla:

rayos negros en un cielo negro

después blancos en un cielo blanco

suavemente penetré en un jardín

donde un único árbol existe.

 

(El incendio acaba y la garza se posa en el mangue, donde los ángeles sueñan)

 

En aquella noche uno se despertó

anduvo en medio de las llamas

y las llamas

lo quemaron.

 

* Más poesía traducida e información sobre Marcelo Ariel, en el blog de Esteban Moore.


Poesía de Sergio Ballouk

 

Infancia

sentimiento bruto

grito de alegría

sumo de la vida

lapidación de la rutina

peripecia que se realiza

en los caminos de la infancia

 

Comida

comida

placer infinito

tanta alegría que aburre

comida que engorda los ojos

y todos los poros de la boca

comida preparada, separada y servida

por manos

de mano en manos

comunión que hace bien al santo

y a su buen plato

por lo tanto, el fin de mi llanto

sigue el camino de la barriga

entonces coma, amor de mi vida

reparta conmigo esa intención

y mi devoción a los orixás

[*orixás: “personificaciones o deidades de las fuerzas de la naturaleza en los ritos religiosos afrobrasileños” (dicc. Larousse)]

 

Soplo de piedras

la poesía es un soplo de piedras necesario

es la victoria de los anticuerpos

en el combate a la calcificación de los sentimientos

por lo tanto

no te extrañes si me ves

soplando piedritas por ahí

 

Estatuas

cuántas estatuas de bandidos

comandantes de exterminios

capitanes de monte? ¿Cuántas?

 

cuántos nombres de ricos en calles

plazas y viaductos, de gente

a la que no le gustaba a la gente? ¿Cuántos?

 

cuántos podridos por dentro

podridos en pie, como si en pie

resbalaran las tropas y el veneno? ¿Cuántos?

 

cuántos todavía nos están viendo

aguardando el mejor momento

de entrar en una estatua de bronce? ¿Cuántos?

 

 

* Más poemas de Sergio Ballouk (parte del proyecto de traducción de poesía contemporánea de Brasil) en el blog de Esteban Moore.


Adiós a Sérgio Sant’Anna | La escritura o la vida

 

El último relato del escritor carioca Sérgio Sant’Anna, “La dama de blanco”, da cuenta de un hombre “afortunado” por tener balcón. Asomado por este, en vez de observar el cielo –“ahora, con la reducción del monóxido de carbono en la atmósfera, con muchos menos automóviles circulando en Río, varias estrellas se han vuelto visibles”–, mira en cambio a una mujer pasearse sola, todas las noches, por el estacionamiento “a cielo abierto” del edificio, a las tres de la madrugada. Dice: “Entendí por qué ella siempre va a esa hora. Es porque no hay nadie a quien importunar, que reclame que ella no esté usando máscara, como se volvió obligatorio fuera de casa”. Este relato fue publicado en la revista Época el pasado 10 de mayo, el mismo día en que fuera noticia el fallecimiento de Sant’Anna por Coronavirus, a los 78 años –algunos días antes se supo que había sido internado con respirador artificial.

“La dama de blanco”, que exalta un deseo (“Imagino ver sus facciones, reparar en cómo es bonita. Una belleza singular, que no consigo describir”), cruza la nota lírica o melancólica en la prosa con referencias a Erik Satie y a sus Gnossiennes (en especial, el número 1), y puede servir también de indicador de algunas de las originales mixturas que componen la obra de Sant’Anna a lo largo de más de medio siglo de dedicación literaria. Nacido en Río de Janeiro en 1941, en un momento crítico de su vida tuvo que elegir y definir un camino, y abandonó las apuestas en las carreras de caballos y el póker para dedicarse a la literatura, lo que terminaría redundando en una veintena de títulos, entre cuentos, novelas, obras dramáticas y poesía, aunque se lo identifica con el primer género principalmente. Rechazando etiquetas y teorías académicas en torno a sus libros, prefirió ser llamado, contra cualquier “metalenguaje”, nada más que “un ficcionista”.

“¿Cuántas palabras así perdidas en el aire, en la vida de tantos, mi Dios? Billones, quintillones, cifras incalculables de palabras, en esa rueda continua de gente sufrida, inexpresiva, meros figurantes, rostros en la multitud”, se lee en “Informe de un tartamudo”. Aun con una estructura realista, afincada incluso en nuestro presente, la peculiaridad de la escritura de Sant’Anna pasa por los procedimientos: “cómo” narra, y se configura así un discurso, una subjetividad en torno a sus diversos protagonistas: hombres, mujeres, jóvenes, de distintas clases sociales y con ocupaciones y ocurrencias de diversa índole, donde anida el impulso de la transgresión en muchos casos.

El sexo y la violencia, el diálogo con las artes, el fútbol, y los recuerdos y experiencias de la infancia y juventud son algunas de las temáticas recurrentes en sus libros, cuya publicación comenzó en 1969, con su primer título, O sobrevivente –pocos años antes había publicado algunos relatos en revistas–, y llegaría hasta 2017 con Anjo noturno. Bien establecido como experto cuentista en la década de 1970, un hito entre sus obras sería Um romance de geração (1981), texto híbrido entre la novela y el teatro, de modo similar a O Concerto de João Gilberto no Rio de Janeiro (1982), donde se combinan el cuento corto y la reflexión de tipo ensayística sobre el arte, el silencio y el “detenimiento” (especialmente con Rimbaud, John Cage y Duchamp), y A tragédia brasileira, de 1987. ¿Y qué decir de Junk-Box (1984), un libro de poesía cuyo subtítulo anuncia “Uma tragicomédia nos tristes trópicos”?

 

La nota completa en el suplemento “Radar” de Página/12.


Sérgio Sant’Anna: su último cuento (revista Época)

Em texto publicado por ÉPOCA, autor descreve em ‘A dama de branco’ a contemplação de uma mulher em tempos de isolamento ao som de ‘Gnossiennes’

 

Sérgio Sant'anna, de 78 anos, morreu com sintomas da Covid-19 Foto: Bárbara Lopes / Agência O GloboSérgio Sant’anna, de 78 anos, morreu com sintomas da Covid-19 Foto: Bárbara Lopes / Agência O Globo

Temos a sorte dos apartamentos em nosso edifício serem providos de sacadas. Embora pequenas, as sacadas são uma abertura para o universo. Agora, com a diminuição do monóxido de carbono na atmosfera, com muito menos carros circulando no Rio, várias estrelas se tornaram visíveis. Estou pensando em comprar um telescópio pela internet. Enquanto isso, contemplo o céu a olho nu mesmo. Me embriaga não passar de um ser ínfimo no cosmos.

Mas o que me leva a vir para a sacada de madrugada, mais do que as estrelas, é contemplar a dama de branco, que circula pelo estacionamento a céu aberto do edifício, sempre às três da manhã. Todos estão dormindo e fico contente com isso, pois, com ninguém mais a contemplá-la, é como se a dama de branco me pertencesse exclusivamente.

Entendi por que ela sempre vem a essa hora. É porque não há ninguém a importuná-la, reclamar que ela não está usando máscara, como se tornou obrigatório fora de casa. Imagino ver as suas feições, reparar como é bonita. Uma beleza singular, que não consigo descrever. É compreensível que ela queira caminhar a céu aberto, e ao mesmo tempo protegida pelos porteiros, que permanecem em seus abrigos nos portões do condomínio. As ruas de noite são sempre perigosas e confrangeria meu coração se algum mal acontecesse com a dama de branco.

Com minha imaginação solta, penso na dama de branco como uma sílfide, que parece levitar acima do solo, com o seu vestido comprido, esvoaçante. Penso nela como uma mulher pura, inclusive porque nestes tempos de isolamento até os namorados não dormem mais juntos, nem se encontram. Não consigo imaginá-la na cama com homens, esses seres brutos. Com outra mulher, talvez, mas agora deve dormir sozinha, quero crer.

Para mim ela está em outra dimensão. Não tenho propriamente uma religião, mas como guardo dois bons livros de astronomia, que volta e meia releio, penso na grandeza para mim incalculável do universo. Trilhões de astros, bilhões de anos-luz. Mas penso que, se houver um Deus, Ele não é bom, como dizem, mas indiferente à sorte humana, isso se houver um pensamento de Deus.

No entanto, como imaginá-Lo? Não deixo de usar para Ele as maiúsculas de praxe. Cheguei a refletir, sem nenhuma certeza, só dúvidas, se por acaso Ele ainda não estará sendo criado, muito aos poucos, pela mente humana?

Mas o nada também não me angustia. Penso nele como uma espécie de barato como o produzido pelo ópio, que experimentei duas vezes na Meca que é Nova York, onde, com as informações certas, pode se experimentar um pouco de tudo. Mas para conseguir o ópio tinha de digitar uma senha no celular, ora vejam só. Nem sei o que aconteceria comigo se continuasse naquela cidade. Experimentava a droga com uma mulher que eu não amava nem desejava, como ela também não a mim, mas, depois que eu a pagava, gostava de se deitar comigo, drogada, ambos silenciosos.

Não consigo deixar de pensar na dama de branco deitada comigo, quem sabe nua, com seu corpo esguio, mas isso me parece um sacrilégio. A dama vem à minha mente como uma pessoa solitária como eu, não imaginando que a possam observar em sua caminhada, nesta hora tão deserta. Nem transaríamos, pois já estou com setenta e nove anos.

Crio para a dama de branco uma história. Ela me conta sobre sua infância. De como gostava de passear em sua rua de Botafogo de mãos dadas com uma amiga muito especial. De como ela amava essa amiga que morreu muito jovem, de uma doença misteriosa. Mas antes teve tempo de falar que a esperaria. Não foi egoísta a ponto de pedir que a dama de branco também a esperasse ou partisse logo para se juntar a ela. Então a dama de branco teria experimentado várias relações, sempre com um sentido de incompletude, até que chegou este tempo da peste e ela está em isolamento como eu. Às vezes, penso que a dama de branco é a própria morte. Sei que isso é um modo de prendê-la e logo me penitencio e sei que em outro momento pensarei outra coisa. A morte não passa de uma obsessão minha.

Pelo menos é isso que imagino neste momento. Noutra hora posso pensar que ela fora casada com um pianista, um jovem amável e sensível. Depois apago, por ciúmes, esse pianista. Então é ela a pianista e eu a escuto embevecido. Não, sou eu o pianista e toco para ela. Tento compor no pensamento uma melodia, mas logo me vem à cabeça as Gnossiennes, de Satie, que eu escutava compulsivamente na sala, antes de vir para a varanda para acompanhar a dama de branco indo e voltando na área do estacionamento, com a leveza de uma bailarina. Será ela uma bailarina? Satie anotou que as Gnossiennes deviam ser tocadas com convicção e uma tristeza rigorosa. Eu tenho essa tristeza rigorosa, que me faz feliz. Os títulos de Satie são tão interessantes quanto suas obras: Três peças em forma de peraPrelúdios flácidosDesespero agradável.

Satie compondo em seu confinamento, só saindo, sempre de terno negro, para encontrar seus amigos dadaístas. Como eu gostaria de estar entre eles. Não, quero viver este momento mesmo. Quero ser eu próprio. Mas quem sabe a dama de branco tocando as Gnossiennes para mim a seus pés? Satie e eu amamos essa tristeza lírica. E a dama de branco, será? Não, penso mesmo que ela é etérea, a caminhar quase sem tocar o solo. Será que não pressente o meu olhar? Poderá ela me amar como eu a amo?

Satie fundou uma religião denominada “Igreja Metropolitana da Arte de Jesus Condutor” e excomungava quem não aderisse a ela. Eu adiro a ela e quem sabe poderia me casar com a dama de branco segundo os seus rituais, ao som da Gnossienne 1. Eu teria prazer em cozinhar para ela, ser seu escravo. Não, não, porque aí haveria os perigos inerentes ao hábito. Prefiro vê-la como que levitando lá embaixo.

Ah, mas como eu gostaria de deitar com a dama de branco numa cama, consumindo ópio. Como não tenho ópio, vai este baseado mesmo. Seria como se nos beijássemos, misturando nossas salivas em sua seda.

 

Sérgio Sant’Anna foi autor de romances, como “Confissões de Ralfo” e “Um crime delicado”, e livros de contos, como “O homem-mulher”

 


“Noites” (un cuento de Sérgio Sant’Anna)

 

Noites

A noite é um eclipse, um oásis. A noite pode ser um bálsamo ou um tormento. A noite pode ser cheia de medo ou até terror. A noite do hominídeo sozinho na caverna enquanto lá fora o vento uiva e há trovões e relâmpagos. A noite da moça nua dormindo sozinha no quarto escuro, recebendo no corpo reflexos multicores que vêm dos luminosos do dancing em frente. A noite desesperada e arfante dos dançarinos drogados ouvindo a música eletrônica que ecoa pelo bairro. A noite de outra mocinha dormindo abraçada com o homem que a conquistou com seu arrojo e paixão. A noite dessa mesma mocinha dormindo entregue, sem saber que um dia esse macho maldito a matará com facadas quando ela quiser deixá-lo. A noite mais sábia das lésbicas. A noite dos que gostam de dormir sozinhos numa escuridão igual a um breu. A noite do insone na escuridão lúgubre do país. Os ruídos não identificáveis na noite lá fora. Noites de sonhos recorrentes, às vezes cheios de medo, do qual se quer livrar, mas o senhor dos sonhos não se deixa conduzir. E os sonhos que a gente sabe que são importantes, mas dos quais não se consegue lembrar. Ou de repente lembra. De todo modo deve-se dormir à noite com um bloquinho de notas ao seu lado, na cama, para anotar os sonhos, contos e poemas. As noites de Edgar Allan Poe escrevendo seus contos de amores necrófagos. Noites dostoievskianas. São os sonhos um indício da existência de Deus? Também a noite é uma criação de Deus? Os espíritos vagando na noite. A noite do morto enterrado há pouco no caixão: “Onde foram parar todos?”. A noite do homem que se imagina no paraíso. O paraíso é uma praça arborizada no meio da qual passa um riacho murmurante entre pedras. Ali há também um belo casarão em cuja varanda repousa Deus, numa cadeira de vime. Deus, com um leve sorriso meio irônico, oferecendo-se à contemplação dos eleitos. E o diabo, pode aparecer à noite? Sim, como não, e a gente acorda trêmulo, aliviado por voltar à realidade e, por via das dúvidas, reza uma ave-maria, pedindo proteção. Mas será que existe mesmo uma vida eterna? Existe mesmo Deus? Mas existir Deus não significa que a gente voltará a viver. Mas quem sabe? A noite do homem que tenta se concentrar para se comunicar com a mãe morta há muitos anos, nem que seja num sonho. A noite em que pode aparecer também a mulher amada que o homem conheceu num sonho e ficou perdidamente apaixonado e se mantém à espera de que ela venha visitá-lo de novo. A noite do senhor que dorme só em seu quarto miserável e sem janelas, mas ele sente, dentro de si mesmo, o universo infinito e pensa em como terá se criado essa vastidão incalculável. E sabe que existe nessa vastidão espaços escuros imensos. Existem também buracos negros que podem engolir galáxias inteiras e daí pode se inferir que existe Deus? A noite no exoplaneta K2-18b, orbitando uma estrela anã vermelha, a 111 anos-luz da Terra e no qual podem existir, embora improvavelmente, formas mínimas de vida, os tardígrados. A noite em planetas a bilhões de anos-luz da terra. E a noite dos suicidas? Escolher, puxa vida, não existir durante toda a eternidade? Mas se a morte for natural pode significar que não viver durante todo a eternidade é um pensamento extasiante. A última e definitiva noite. As noites dos noctâmbulos. A noite na jaula da fera. As noites com nossos monstros. As noites com nossos remorsos. As noites com nossas loucuras. As noites com os nossos demônios. As noites com nossas preces. As noites de tédio. As noigandres. As noites com nossos amores perdidos. As noites cheirando lança- -perfume. As noites dos fumadores de ópio. As noites de Baudelaire. As noites de breu total. As noites de delírios de febre. Nossa noite do suicídio. A noite da ressurreição. A noite nos bastidores vazios dos teatros com seus fantasmas. As noites com seus cenários. A noite eufórica. A noite da morte. A noite com medo. As noites de desesperança absoluta. A noite do crime de Agatha. A noite de sono com um livro aberto no peito. A noite de chuva lá fora, ah, que bom! A noite dos enfermos querendo desencarnar. A noite de escombros psíquicos. A noite do inconsciente sempre vivo. A noite dos assassinos. A longa noite de tortura. A noite surrealista. As noites dos sonhos esquecidos para sempre. A noite negra com a mulher negra. A noite de lágrimas não confortadas. A noite da morte do pai. A noite da escrita febril. A noite da escrita abortada. A noite desesperada. A noite abençoada. As mil e uma noites.

 

Fuente original.


Antonio Cândido [1918-2017], por Roberto Schwarz

Blog da Boitempo recupera um texto histórico de Roberto Schwarz, escrito em forma de “verbete”, sobre o mestre Antonio Candido.

Por Roberto Schwarz.

Em homenagem a Antonio Candido de Mello e Souza, que nos deixou hoje, dia 12 de maio de 2017, o Blog da Boitempo transcreve abaixo um verbete escrito por Roberto Schwarz, um de seus maiores discípulos herdeiros intelectuais, em 1993 para a Revista da USP. O texto oferece um panorama sucinto e afiado de alguns dos pontos-chave da trajetória e obra deste que é amplamente considerado o maior crítico literário brasileiro, e um dos últimos representantes de uma geração de “intérpretes do Brasil” responsável por encabeçar nossa dita “tradição crítica”.

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Antonio Candido (de Mello e Souza) (n.1918). Figura central da crítica brasileira a partir dos anos 40. Iniciou a carreira como responsável pela seção de livros da revista Clima, a qual fundou com um grupo de amigos em 1941. O periódico refletia o novo espírito universitário crítico, instalado em São Paulo por influência da Faculdade de Filosofia, Ciências e Letras, recém-criada em 1934. Nesta, uma equipe notável de professores trazidos da Europa assegurava à nova geração o contato com o padrão de pesquisa contemporânea: o autoditatismo começava a ser substituído pela formação sistemática. Por outro lado, São Paulo fora o Centro do Movimento Modernista de 1922, cujos expoentes, personagens já históricas e míticos, estavam vivos e também eram frequentados pela nova geração. Lembremos enfim a característica do momento, marcado pela polarização ideológica e a seriedade social dos anos 30, com a sua arte empenhada, a oposição ou adesão à ditadura Vargas, e o ponto de fuga na Segunda Guerra Mundial.

Entre 1943 e 1947, AC assinou um rodapé semanal na grande imprensa, as “Notas de Crítica Literária”, tornando-se um nome conhecido nacionalmente. Os artigos acompanhavam o dia-a-dia da produção, de principiantes como de autores consagrados, além de livros estrangeiros que pudessem interessar no debate. Com discernimento seguro – a prova dos nove para qualquer crítico – saúdam as estreias de Clarice Lispector, João Cabral de Melo Neto e Guimarães Rosa. Já os autores com reputação feita são analisados com seriedade e sem complacência, no mesmo espírito em que na semana anterior havia sido estudado um livro, suponhamos, de Gide, Eliot ou Silone. A naturalidade e o equilíbrio na circulação entre as letras europeias e locais configura um raro momento de desprovincianização na crítica brasileira. Uma seleção desses ensaios, com ênfase crítica de ficção, foi reunida em Brigada Ligeira em 1945. Futuramente, quando os rodapés forem publicados no conjunto, com a sua parte de debate de ideias contemporâneas e comentário histórico-sociológico, além de estético, teremos um panorama de época variado e vivo, a melhor introdução à vida intelectual do período. A energia da prosa, que não foi desmentida pelo tempo, se deve à intimidade refletida com o quadro das posições ideológicas e artísticas no país, e também fora dele. Deve-se igualmente a uma rara constelação de preferências, que a evolução histórica ulterior valorizou: a perspectiva é socialista, mas anti-stalinista, amiga da experimentação formal audaciosa, além de convencida, no caso das artes, da precedência da obra sobre a opinião política expressa, o que permitia ao crítico engajadamente antifascista a consideração isenta dos autores com simpatia pela direita. A eventual reorganização democrática das sociedades no pós-guerra, incluída aí a brasileira, fornecia o prisma por onde avaliar o processo cultural na sua diversidade.

O método crítico de Silvio Romero, tese universitária defendida em 1945, expõe e discute a obra do importante e rebarbativo historiador naturalista das letras brasileiras. O debate gira em torno da explicação da literatura por fatores extraliterários. Trata-se de estabelecer a parte que devem ter na crítica literária as considerações internas, de composição artística, e as externas, de condicionamento social e psicológico, preferidas por Sílvio. Por via oblíqua, AC examinava os pressupostos da própria atividade em curso, marcada pela preocupação política, no que registrava o influxo do New Criticism e levava a cabo um primeiro esforço de auto superação. A estratégia adotada é indicativa de uma convicção teórica, aliás uma lição: em lugar de debater a alternativa genérica entre estudos de contexto e estudos de forma, diretamente nos termos da discussão e da bibliografia internacional a respeito, AC prefere colher o problema na sua feição local, exposta nos impasses metodológicos do predecessor. A versão abstrata ou universalista da questão lhe pareceria acadêmica no mau sentido, deixando escapar os tópicos relevantes, sempre ligados a uma história particular.

A Formação da literatura brasileira (momentos decisivos), publicada cm 1959, estuda o período de 1750 a 1870. Do ponto de vista da história literária, a primeira metade é arcádica, e a segunda é romântica. Do ponto de vista da história política, uma pertence à Colônia, e a outra à nação independente. Estas correspondências notórias, assimiladas pelo viés do Romantismo patriótico, haviam dado origem à série dos lugares-comuns do nacionalismo, que tiveram grande vigência: a estética neoclássica é portuguesa e alienada, enquanto a romântica é nacional e autêntica; o universalismo é atrasado, ao passo que o localismo é progressista; a poesia arcádica é menos brasileira que o lirismo indianista, etc. Já o livro de AC, conforme indica o título, considera esses períodos em conjunto, como os momentos decisivos na formação do sistema da literatura nacional, numa linha, portanto, de unidade interna.

“Formação” designa aqui o processo bastante deliberado pelo qual se constituiu um sistema nacional de obras, autores e público, na órbita do movimento longo da independência política. Trata-se de uma ordem nova, ciosa do vínculo interno, diversa da que governou as letras coloniais, as quais passaram a existir nacionalmente através da mediação da primeira. Como parte de um projeto de autonomia, o sistema se completará quando uma continuidade de obras mais ou menos consciente houver recoberto e elaborado os assuntos e as áreas geográficas do país, tendo incorporado a seu trabalho os recursos da literatura contemporânea, o que ocorreu na virada do Romantismo para o Naturalismo. As consequências críticas deste ponto de vista são numerosas. Entre elas, uma relação complexa com o dinamismo nacional, reconhecido como fato e recursado como horizonte: o ciclo da formação é descrito com recuo, sem parte com o nacionalismo que o animou, o qual, passado o seu tempo, se tornaria ranço. A mudança afeta as apreciações, causando uma troca geral de acentos, cuja ironia histórica é instrutiva. Sirva de exemplo a poesia do Arcadismo, com os seus pastores atemporais e paisagens de convenção, tão estranhos à América. Pois AC mostra como esta estilização permitiu aos poetas expressar uma experiência americana e moderna, qual seja, a distância desanimadora e ainda assim o contato entre o fim-de-mundo das Minas Gerais e a convenção literária do Ocidente: ao passo que a cor local romântica, além do que ensejou de apreensão do particular, por momentos expressava a sujeição às expectativas europeias e convencionais de exotismo em relação ao país. Noutro plano, pensando em definições gerais – na verdade as definições consagradas pela evolução artística europeia –, nada mais diverso do Arcadismo que o Romantismo, de sorte que uma historiografia baseada no universalismo dos critérios estilísticos, que aliás esteve em voga na época, só podia conceber aquelas escolas em oposição. Já no curso da formação brasileira, sob a égide e pressão do engajamento patriótico das letras, aqueles movimentos em aparência tão incompatíveis adquirem uma decisiva continuidade de fundo, ou de função e espírito, que no caso é a sua marca específica. Analogamente, a oposição entre universalismo e localismo se redefine, saindo da dimensão sucessiva – o primeiro no século XVIII, o segundo no XIX – para integrar o vaivém moderno das necessidades da expressão no país.

Dito isso, o lugar da Formação na estante fica ao lado das obras clássicas de Gilberto Freyre, Sergio Buarque de Holanda e Caio Prado Jr. Como estes mestres haviam feito para os padrões da sociabilidade e da vida econômica, AC historia o vir-a-ser do sistema literário nacional, relativamente estável, auto referido, com dinamismos e problemas próprios, que cabe identificar e estudar. Neste sentido tangível, trata-se de um livro fundador. Pelo que representaram de conquista no ambiente, vale a pena destacar ainda a exigência da fatura e o ponto de vista esclarecido. A erudição literária e histórica, impecável e sóbria, firma um padrão novo. As influência estrangeiras são estudadas sem ofuscação colonizada nem arrepios nacionalistas. O livro renova e aprofunda a leitura de praticamente todos os autores de que trata, que são muitos. Possui em alto grau a arte do perfil e da caracterização breve, também de figuras menores. E trouxe a uma disciplina comparativamente atrasada e enumerativa como a história das literaturas nacionais a preocupação com a unidade substancial e articulação interna do objeto, que as ciências sociais mais elaboradas então cultivavam.

La nota completa acá.


Entrevista con el poeta chileno Raúl Zurita para La Izquierda Diario

Raúl Zurita: “La poesía no tiene absolutamente ninguna otra posibilidad que la de ser extraordinaria”

Entrevista con el poeta chileno Raúl Zurita, autor entre otras obras de ‘Purgatorio’, ‘Anteparaíso’, ‘INRI’ y ‘Zurita’.

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Fotografía: Jorge Brantmayer

Poco antes de que saliera de viaje hacia la Argentina –donde, entre otras actividades, tocó con la banda de rock González y Los Asistentes el pasado sábado 20 de agosto, en el Centro Cultural MATTA-Embajada de Chile en Argentina–, tuvimos esta conversación-entrevista con el poeta chileno Raúl Zurita, vía e-mail. Autor de libros fundamentales como Purgatorio, Anteparaíso, Canto a su amor desaparecido, INRI –libro que tieneedición local con Mansalva– y el monumental Zurita, el escritor –también autor de la novela El día más blanco– ha trabajado, desde la década de 1970, en el dolor de las masacres y genocidios de nuestra época, y en particular en el de la dictadura de Pinochet, que además lo incluyó a él entre sus víctimas directas: Zurita fue encarcelado y torturado.

Integrante del Colectivo de Acciones de Arte (CADA), parte de lo que se conoció, según ha historizado en sus trabajos Nelly Richard, como la Escena de Avanzada –un agrupamiento amplio de artistas que actuaba bajo la dictadura, del cual la misma Richard fue parte–, Zurita habla aquí –en una charla tan aguda como amplia en sus temáticas– del “sentido de existencia” del arte y de la poesía, de otras obras y autores de América Latina y de Europa (Joyce, Hackl, Bernhard, Bolaño, Guimarães Rosa, entre otros), y, también, de algún libro suyo.

Maestro Zurita, en primer lugar quiero que se refiera a la reciente recepción del Premio iberoamericano de poesía “Pablo Neruda”. Usted dio allí un discurso “fuerte”, intenso, planteando entre otras cosas cómo la poesía, que debería ser “celebración de la vida” tuvo que, por las dictaduras latinoamericanas que acontecieron en los 70, también “retratar la desgracia”. Pareciera que los últimos genocidios en esta parte sur del continente se mantienen como una “fuente” de (dolorosa) “inspiración” para los artistas, tanto en la literatura y en la poesía, como en las demás artes (cine, fotografía…).

Agradezco el premio que usted menciona, pero lo agradezco con vergüenza. Todo lo que llamamos arte no son sino escombros, triturados pedazos de carne que como pájaros carroñeros, incontables bandadas de pintores, escritores, músicos, recogen poniéndoles sus nombres sin saber que son los restos de una batalla infinitamente perdida. La tarea no era ser artistas; era hacer del mundo una obra maestra y los millones y millones de novelas, de poemas, de partituras, pinturas, esculturas, murales, dramas, que repletan los anaqueles de las bibliotecas y las librerías, los muros de los museos y de las galerías de arte, las salas de conciertos, los e-books, son la muestras de esa infinita derrota. Yo no hubiese querido escribir poemas, lo que yo hubiese querido es que no existiesen gran parte de las razones que llevan a los seres humanos a escribir poemas. No me siento orgulloso de haber escrito Canto a su amor desaparecido, no me siento orgulloso de haber escrito INRI, me sentiría orgulloso si no los hubiese jamás escrito. Hay un poema que es absolutamente superior a La Ilíada y es que La Ilíada nunca hubiese existido porque eso significaría que los extremos de la violencia y de la locura de los que ese poema tuvo que dar cuenta nunca sucedieron.

Este premio fue recibido el año pasado por el brasileño Augusto de Campos. Aprovecho para preguntarle qué le parece la poesía concreta, y si lee poetas brasileños.

Cómo no admirar la poesía brasileña, su libertad formal, su variedad, ese universo que va desde el imponente Drummond de Andrade, desde Morte e vida Severina de Cabral de Melo Neto y Poema Sujo de Ferreira Gullar, hasta las últimas obras de Augusto de Campos, que van mucho más allá de la poesía concreta con la que yo no creo tener mayor relación. Ellos creyeron hacer una poesía material y la verdad es que nunca superaron la gráfica. La gran contradicción de la poesía concreta es que no es concreta. Si fuera concreta no estaría sobre papeles, sino sobre las cumbres de Los Andes. Cuando conocí a Haroldo de Campos se lo quise decir, pero era alguien tan generoso y amable, que no lo hice. Pero lo que determinó mi relación con la poesía brasileña no fue la poesía en el sentido usual del término, sino leer el Gran Sertón: Veredas de Guimarães Rosa. Es una de esas obras que sobrepasan la división de los cementerios literarios y suena ridícula confinarla a la estrechez de nuestras clasificaciones. Guimarães le pertenece al gran océano de las hablas humanas del cual todo surge y al cual todo vuelve. Esa sensación de enfrentarte a algo que excede lo humano, algo que es anterior e innombrable, y que se manifiesta de un modo no calculado, que no obedece a nada sino a su propio deseo de ser, es lo que me maravilla y me aterra de obras como el Gran Sertón. Libros como ese, si llegas a leerlo, no sales del mismo modo que entraste. ElSertón es el gran poema y la gran novela de la literatura brasileña y resulta difícil confrontarse con las medidas que pone.

Usted tiene una participación en la última película de Patricio Guzmán, la bellísima El botón de nácar, estrenada en 2015. Pareciera que hay cierta coincidencia en los motivos de ustedes dos, respecto a ligar poética, líricamente, las inmensas bellezas naturales con el horror de las antiguas matanzas y el de las “modernas” dictaduras.

Admiro a Patricio Guzmán. Los paisajes son inmensos telones en blanco que nuestro paso por la vida va llenando. Los Andes, el océano, las selvas y desiertos, están sucios de nuestros ojos, de nuestras miradas, y en ellos están proyectados, infinitamente más que en todos los monumentos construidos por la historia, la tragedia, la bondad, la desgracia y la esperanza humana. No esculpimos la Pietá ni construimos la bóveda de San Pedro, pero son nuestras miradas, su terror y espanto, su amor y dulzura, las que sumadas una a una levantan los contornos imponentes de los Andes y las rompientes del Pacífico. Miles de cuerpos fueron arrojados al mar, tenemos ustedes y nosotros esa horrorosa historia común, he querido creer que el mar son nuestros ojos y que nuestras miradas los acompañan. He querido creer que hay un dios del mar y que ese dios tiene nuestros ojos.

Me interesa hablar de Zurita, su magna obra de casi 800 páginas. ¿Se la puede considerar como una especie de summa de gran parte de sus temáticas poéticas fundamentales?

Uno es un muy mal comentarista de mí mismo pero qué diablos, intentaré contestarle. Una vez respondí que las únicas obras que me importaban eran las obras totales. Era mi reacción, sin duda exagerada, contra la mistificación del fragmento, ese lugar común que afirma que el derrumbe de los socialismos reales y el fin de las utopías hacen imposibles los megarrelatos y toda pretensión de totalidad, no sin darle una justificación a una claudicación artística enorme. ¿Imposible? ¿y por qué? ¿no será exactamente lo contrario? No vivimos fragmentariamente, feliz o dolorosamente no podemos experimentar nuestras vidas sino como una totalidad: naces, cometes los errores que te corresponden, te crucifican y en un instante dirás, al igual que todos los seres humanos que han pisado la faz de la tierra: “padre, padre, por qué me has abandonado”, tienes tus tres noches en el sepulcro, por una única vez conoces la resurrección y finalmente te ocurrirá algo tan absolutamente alucinante como es morirte. Una obra o es el correlato de eso o no es. Lo es Pedro Páramo, lo es Ulises, lo es el cuento “La tercera margen del río”, de Guimarães, lo es el Gran Sertón, lo es Alturas de Macchu Picchu, lo es Cien años de soledad, lo es el “Poema conjetural” de Borges.

También hay en Zurita una suerte de conexión, de ligazón con las catástrofes del mundo, por ejemplo la bomba atómica en Japón y la guerra en Europa. Pienso en autores como Sebald, Thomas Bernhard y Peter Handke (y por supuesto también Günter Grass –aunque con otra “espesura” y “modos” literarios–). ¿Tiene o siente usted alguna afinidad con alguno de estos escritores?

Entiendo, pero lo importante no es el tema, es el tono. Es lo que diferencia para mí a Thomas Bernhard de Peter Handke y de un autor que admiro: Erich Hackl. Leí la saga autobiográfica de Bernhard y aunque es un gran escritor tuve la sensación de que escribía como si la famosa frase sobre la imposibilidad de la poesía después de Auschwitz de Adorno le estuviera pidiendo cuentas. La lectura de Handke en cambio me marcó la vida. Fue Kaspar, lo leí a los 18 años y fue lo más próximo a un rito de iniciación, volví a encontrarme con Handke en esa película de Wenders El cielo sobre Berlín cuyo guión es de él. Los diálogos de esa película se cuentan entre lo más bello que he leído en mi vida. Me sucedió algo similar veintiséis años después, el 2004, cuando en Tampico, México, escuché a Erich Hackl leer fragmentos de Una boda en Auschwitz. El comienzo de ese libro simplemente me liquidó y podría transcribirlo de memoria:

“Esta noche soñaré con Rudi Friemel. Tendrá la cara blanca como la cera los ojos muy abiertos, como si se hubiese dado un susto de muerte. Llevará un pantalón de presidiario, a rayas y de tela fina, tapándole los sabañones, y una camisa blanca con bordado de rosal. Un regalo, ¿de quién? Sonreirá como siempre sonreía. Veré el hoyuelo en su mentón. Dirá: Todos me han olvidado, las mujeres, los amigos, los camaradas. Tonterías, diré yo”.

Es el tono, ese “esta noche soñaré con Rudi Friemel”, una frase así es decisiva, es tan decisiva como la Trilogía de Danzig de Günther Grass. Me has nombrado novelistas, yo creo que la única diferencia de la poesía con la novela es que la poesía no tiene absolutamente ninguna otra posibilidad que la de ser extraordinaria, o sino por qué la vas a leer, mientras una novela puede ser mala y a la vez ser extraordinaria, incluso ser la gran novela de su tiempo y de su época, un caso célebre es Rayuela, un caso más cercano es 2666. No he leído a Sebald.

Se puede decir que hay algo en Zurita “de inspiración joyceana” (una voz, una conciencia, recorre un determinado lapso de tiempo). Le pregunto entonces por James Joyce, a propósito de esto, y de las apariciones (¿de lecturas?) dentro del libro (por ejemplo la referencia al Finnegans Wake que hay).

Solo una cosa te puede influir más que un libro que has leído; un libro que no has leído. Eso es el Finnegans Wake para mí. No me tomó diecisiete años leerlo, me bastaron tres datos y mi enamoramiento fue inmediato. Cuando Joyce reescribe La Odisea mostrando que lo mítico no es el viaje de retorno de Odiseo a Ítaca sino la travesía de cualquier ser humano regresando a la casa de la que salió en la mañana, le da un nuevo sentido a 2.800 años de literatura. Lo increíble es que después de ese colosal registro de un día común, el libro termine con ese “sí“” final, con ese “and yes I said yes I will yes”, que es el sí del día a la noche que se abre y que esa noche que se abre sea el Finnegans Wake. Porque si Ulises es su libro diurno, el Finnegans Wake es su libro nocturno y la sola idea de cerrar el ciclo de un día y a la vez mostrar que en esas 24 horas está contenida toda la memoria humana es de tal magnitud, es tan condenadamente imposible, que me hace llorar. Me hace llorar el que un simple tipo como yo, o como cualquiera, sin más armas que el arrojo, sin más armas que la insignificancia de su genio, haya intentado reconstruir una noche y un día de otro cualquiera, o sea, de ese amasijo de babas y sangre, de violencia y ternura, de desaprovechada maldad y desaprovechada bondad, que es otro cualquiera, que sale de su casa, que toma un bus, que responde, como lo estoy haciendo yo, una entrevista y que no sabe, quién podría saberlo, si sobrevivirá a esa travesía, si volverá a acostarse en la misma cama de la que se ha levantado. La escritura de Joyce abre una esperanza de que en este montón de escombros, de ruinas, de restos, que es el arte, pueda encontrarse a Dios.

Otra mención (y diálogo con sus obras, especialmente con 2666 y con Estrella distante) es la de Roberto Bolaño. Quería saber su parecer respecto a esos libros.

La nuestra ha sido una relación póstuma. Él tomó mi poema escrito en el cielo en 1982 en Estrella distante. No creo para nada en la propiedad sobre la creación artística y el hecho me entusiasmó mucho y corrí a comprar el libro para ver cómo lo había solucionado él. Fue una desilusión; Bolaño no tenía la menor idea, para escribir sus frases en el cielo se necesitaban cinco aviones, no uno, y además las frases eran obvias, sin tensión, donde yo ponía “Mi Dios es Hambre”, él ponía “La muerte es limpieza”, una lata. Bueno, se sabe que la primera pasión de Roberto Bolaño era la poesía en la que no era bueno y él lo sabía, no quiero decir nada especial con esto, William Faulkner era peor y William Faulkner llegó a ser William Faulkner, como Roberto Bolaño llegó a ser Roberto Bolaño. Solo que si no eres un buen poeta y eso te importa, no tienes muchas opciones: o te llenas de frustración y resentimiento o escribes The Sound and the Fury. Bolaño escribió 2666, esa novela cumbre de nuestro tiempo, que carga con una falla central sin solución intermedia: o le sobraron ochocientas páginas o le faltaron ochocientas páginas, pero de la que igual sales boqueando. Mientras escribía Zurita me vi muchas veces pensando en él. Se fascinó con Nicanor Parra, pero al que le copió fue a mí. Bolaño acuñó su famoso Literatura + enfermedad = enfermedad. Pero es una fórmula equivocada: Literatura + enfermedad = muerte, como el mismo Bolaño no podría ahora más que corroborar. Salvo uno o dos españoles, sus amigos escritores eran de una mediocridad irreparable que no ha cesado de crecer con los años. Una lástima, está muerto y no alcanzó a leer mi libro. La vida y la muerte son azarosas y me consuela el que yo haya alcanzado a leer el suyo.

ENTREVISTA // 2da Parte
Raúl Zurita: “Si he intentado trabajar con mi vida, debo trabajar también con mi muerte”


Conversa con Arnaldo Antunes

POESÍA, MÚSICA Y ARTES // ENTREVISTA

Arnaldo Antunes: “Para mí, la poesía es siempre una aventura”

Entrevista con el músico, poeta, artista visual, compositor, performer y cantante brasileño Arnaldo Antunes.

Entrevista, vía e-mail, con el prolífico y multimediático artista (compositor y cantante, performer, poeta y artista visual) Arnaldo Antunes, ex-miembro de la banda de rock Titãs, e integrante junto a Marisa Monte y Carlinhos Brown del trío Tribalistas –con un único y celebradísimo disco, publicado en 2002, ganador de un premio Grammy al año siguiente–.

De su extensa discografía, que comienza con Nome (1993), se pueden mencionar también O silêncio (1996), Umsom (1998), Paradeiro (2001), Saiba (2004), Qualquer (2006) y Disco (2013), además de varios registros en vivo y parcerias, colaboraciones y apariciones en diversos trabajos de otros artistas y en antologías. (Todo esto puede ser escuchado en la misma página web del artista, en la sección correspondiente)Sus últimos libros –con uno, el primero, recientemente publicado en nuestro país–, muestras y exposiciones, sus opiniones acerca de diversos artistas y escritores del Brasil, y su nuevo disco, Já É (que tiene su primer video-clip de promoción), son algunos de los temas extensamente tratados aquí.

 

Arnaldo, para comenzar, quiero preguntarte por Palabra desorden, la antología que publicó Caja negra en Argentina, con tus poemas y caligrafías. Vos estuviste directamente involucrado en el proceso de traducción y edición del libro, ¿cómo fue ese proceso de trabajo?¿Qué “sentido” quisieron darle a la compilación? ¿Te han llegado repercusiones?
El impulso inicial para la realización de esta antología partió, hace muchos años, de Ivana Vollaro, a quien conocí en San Pablo y de quien luego quedé como amigo, allá por los años 1990. Ella tiene un trabajo muy interesante de poesía asociada a las artes visuales. Fue de ella que salió la propuesta de comenzar a traducir mi poesía y, para eso, invitó al poeta Reynaldo Jiménez, que conocí a través de la revista TséTsé, que se editaba allá en Buenos Aires. Y comencé a seguir también con mucho aprecio y admiración el trabajo de él como poeta y traductor. Los dos juntos comenzaron a traducir mis poemas. Me los iban enviando por e-mail y yo comentaba y hacía sugerencias. Cuando reunieron un conjunto relevante, aproveché un viaje mío a Buenos Aires para reunirnos los tres en la casa de Rey, y decidimos juntos las opciones (teniendo en cuenta no sólo una selección significativa de mis poemas publicados en varios libros, sino también escogiendo aquellos en los que las traducciones alcanzaban un mejor resultado) y las soluciones. Quedé muy contento con el resultado final. De ahí pasaron algunos años, hasta que Caja Negra se interesó por el proyecto y finalmente lo editó. Antes de eso, fue lanzada en España una versión de esa antología con algunas pocas diferencias (tapa, arte gráfico y unas pocas adaptaciones para el castellano de allá), con el título Instanto, por Kriller71ediciones. Pero no era una edición bilingüe, como esta de ahora, de Caja Negra. Hicimos un lanzamiento de Palabra desorden en Buenos Aires, en la Feria del Libro, presentando una charla mía con Gonzalo Aguilar (autor del prefacio del libro) y con el público. Fue especialmente gratificante, ya que la misma noche presenté también un show. Son raras las ocasiones en que puedo mostrar, en un mismo evento, la relación entre mi producción poética en papel y en las canciones. Después, ya en Brasil, recibí algunos artículos muy buenos que salieron en Argentina comentando el libro.
Tu poesía tiene trazos de la poesía concreta (el “aspecto visual”, los diversos desarrollos de la “ocupación espacial”, el “diseño” de las letras y palabras, entre otros). Incluso has realizado proyectos en común con los concretos, como Augusto de Campos (pienso, por ejemplo, en el libro sobre Rimbaud). ¿Considerás tu trabajo poético de alguna manera “heredero” o “continuador” del movimiento concreto?
La poesía concreta y sus desdoblamientos en la obra posterior, más individualizada, de sus participantes (Augusto de Campos, Haroldo de Campos, Décio Pignatari, Ronaldo Azeredo, José Lino Grunwald, entre otros), fue un baño de rigor, libertad, radicalidad, experimentación, consciencia de lenguaje, exploración de las interfaces de la poesía con la música y las artes visuales, exploración de nuevos territorios tecnológicos para la creación poética, fragmentación de las estructuras sintácticas convencionales, introducción de autores extranjeros de linaje experimental y rescate de otros brasileños indebidamente olvidados (vía traducciones creativas y producción ensayística), entre otros aspectos. Es natural que, a pesar de haber sufrido mucha resistencia y ataques de algunos medios culturales, ella viniese a influenciar a gran parte de los artistas de generaciones posteriores, como en mi caso. Pero considero equivocado pensar mi poesía en términos de filiaciones a movimientos, veo la producción contemporánea de manera más múltiple. Considero con enorme felicidad haberme aproximado a ellos también personalmente, en amistad y en algunas colaboraciones creativas –creaciones gráficas en el libro Rimbaud Livre, de Augusto, arte finalización de algunos poemas de Décio, co-edición de revistas en las que ellos participaron, producción del CD de lecturas de Galáxias, de Haroldo, presentaciones conjuntas con ellos en performances en vivo (espectáculo Ouver) y en una muestra de proyecciones de poemas en movimiento, con rayo láser, sobre predios de San Pablo.
Llevás más de 30 años publicando poesía, y tu biografía cuenta que tu primer poema lo escribiste en 1973, cuando tenías 13 años. Por lo tanto, tu relación con este arte viene de larga data. ¿Qué cambió y qué se mantiene desde aquella experiencia de escribir en la adolescencia y escribir ahora, varias décadas después?
Creo que se mantiene la curiosidad; el deseo de explorar materialmente el lenguaje, llegando algunas veces a corromper sus aspectos gramaticales en busca de efectos expresivos; el extrañamiento; la búsqueda de precisión; el descubrimiento; el impulso de definir prismáticamente las cosas, enfocándolas desde varios ángulos (“las cosas tienen olor, masa, volumen, tamaño, tiempo, forma, color…”); la relación entre las palabras, la música y las artes visuales; el gusto por el aspecto lúdico de la poesía y el deseo de evidenciar lo que existe pero no es comúnmente visto. Eso hace que, para mí, la poesía sea siempre una aventura. No la uso como un know-how que me garantiza que conseguiré hacer el próximo poema. Es como si siempre estuviese partiendo de cero.
Te pregunto por el mismo Augusto de Campos. ¿Pudiste leer su más reciente libroOutro? ¿Podrás hacer una reflexión sobre ese nuevo libro y/o más en general sobre la obra de Augusto?Lo que más me impresiona del trabajo de Augusto es la manera en que él está siempre renovándose; descubriendo maneras originales de trabajar el lenguaje; abriendo otras formas de aprehensión que alteran nuestra conciencia y sensibilidad; buscando siempre nuevas soluciones, lo que lo llevan a límites extremos del lenguaje, en vez de acomodarse a los descubrimientos ya realizados. Esa inquietud confiere a su obra un frescor y una juventud constantes, aun con más de ochenta años de edad. Outro es un ejemplo más de eso.
Conozco a Nuno desde el colegio (estudiábamos en la misma clase). Somos amigos desde entonces, y él se transformó en mi cuñado (está casado con mi hermana). Admiro mucho la obra visual de él, los libros y también las canciones (que poca gente conoce, pero ya fueron grabadas por Gal Costa, Mariana Aydar, Rômulo Fróes, entre otros). O es un buceo profundo y embriagador en los límites entre prosa y poesía. Un libro voraz, que parece querer engullir el mundo con el lenguaje.
Te pido ahora algún recuerdo de Paulo Leminski.
Leminski fue uno de esos artistas que actuaron en varios frentes (prosa, poesía, poemas visuales, ensayos, biografías, canciones, columnas en diarios, escenas en programas de TV, judo, traducciones, edición de revistas, etc.), como Torquato Neto y Waly Salomão, sus contemporáneos. O como también su compañera de vida, Alice Ruiz. Tenía una intensidad encendida de quien vive la poesía todo el tiempo. Conocía bien los clásicos y subvertía lenguaje y comportamiento; establecía un cierto puente entre la cultura “culta” y la contracultura. Amaba al mismo tiempo a Homero y al punk rock, traducía haikus y escribía guiones de comics eróticos. Y tenía una coloquialidad informal, por medio de la cual parecía tratar al lector como cómplice; uncompinche de sus aventuras de lenguaje y de vida. El poema de las páginas 54 y 55 de Palabra desorden lo dediqué a la memoria de él, en la edición original (del libro Tudos).

 

La entrevista completa en La Izquierda Diario.