“Origen del tatuaje” (Henri Michaux)

 

Origen del tatuaje

 

Sobre el pecho de Dwa, hay una cicatriz enorme.

Es de un lobo con el que peleó y al que mató.

Desde entonces, Dwa es temido por todos.

Un día, se encuentra con un lobo; pero no le hace falta luchar. El lobo muere del primer golpe recibido en la cabeza. Entonces Dwa toma la pata del lobo muerto; con la mano izquierda se la apoya contra el pecho y con la mano derecha, tira hasta el vientre.

Este es el origen del tatuaje.

¡Doble cicatriz y nuevo honor!

 

Henri Michaux, Fábulas de los orígenes [1923], en Los que fui, precedido de Los sueños y la pierna, Fábulas de los orígenes y otros textos, Bs. As., Paradiso, 2018, p. 61.


#Hoy: presentación de “Siete miradas. Conversaciones sobre literatura”

* A las 19 hs. en Wallace Bar Cultural (Chacabuco 917, barrio de San Telmo).

* Ver también, en la revista del Canal Siete Artes la gacetilla de prensa.


Publicamos libro: “Siete miradas. Conversaciones sobre literatura”, con Noé Jitrik

* Tapa y contratapa del libro, publicado por la editorial cordobesa Alción. Ya se consigue en librerías de Buenos Aires como Hernández y Librería Norte.

 

 

 


#Poesía: “El sueño de la poesía” (Horacio Armani)

 

El sueño de la poesía

Las grandes antologías están muertas, cementerios

de poetas, osamentas de poetas, fantasmas

de poemas amados emergen de sus páginas:

el tiempo ha consumido para siempre sus versos

que están muertos y han muerto su recuerdo y el mar de sus palabras.

y ruedan por las hojas infinitas sus cánticos

sin destino en el tiempo, tan solos y tan muertos.

 

Millares de poetas escribieron para nadie sus versos,

para el olvido, para la nada donde nada el tiempo

y están secas sus sílabas flotantes en el polvo del tiempo.

 

Poetas, las palabras

terminan con nosotros, las palabras que un día

creíamos eternas en el delirio que une la belleza y el sueño,

el dolor y la sed, la pasión del misterio.

Y nosotros yaceremos con ellas en el polvo de las antologías

cada vez más remotos, más solos y más muertos

Pero la poesía –inasible victoria– debe continuar

aunque el sueño de la poesía haya acabado.

 

Horacio Armani, En la sangre del día [1988], en Antología poética [Poetas argentinos contemporáneos 2], Bs. As., FNA, 1996, p. 111.


Video | XVIII Encuentro de Bibliotecas: Noé Jitrik

Publicado el 7 sep. 2018

Conferencia de Noé Jitrik

 

Ver también:

Noé Jitrik: “Las bibliotecas nos cambian y conmueven, nadie sale indemne de su experiencia valiosa”


#Poesía: un fragmento de ‘Las Críticas de Chile’ (Armando Uribe)

 

1/Henos aquí, en la ratonera

del país que es un gato arestiniento

a la espera de vernos

acercarnos al queso y roerle la cáscara

para el zarpazo darnos en el cuello

y en seguida comernos, y al osario.

 

2/Estamos no pertenecemos

al país donde estamos ¡esta no es norteamérica!

y sin embargo hay edificios de Wall Street

(se pronuncia güólstrit), este es el caso:

se produjo la quiebra de todo, el golpe universal

de estado, estamos entre los escombros

que quedaron, las féminas con cintas de colores

se pasean con tacos aguja, sus abuelas con palillos

tejen cartílagos y sus amantes de camisa con rayas

ya no usan pantalones y lucen espinillas atractivas

y los sexos se creen carismáticos.

 

3/La dictadura

no fue un error, tiene apellidos,

como colas de rata o lagartija,

y su elenco de honor para asesinos

los regocija todavía, y dura

indefinidamente; no fue un malentendido

sino la voluntad de pasar una lija

de hierro por encima de los niños.

 

 

Armando Uribe Arce, Las Críticas de Chile, Santiago de Chile, Be-uve-dráis, 1999, p. 15.


“Para que el muerto siga viviendo” (Elias Canetti)

Demasiado poco se ha pensado sobre lo que realmente queda de vivo en los muertos, disperso en los demás; y no se ha inventado ningún método para alimentar esos restos dispersos y mantenerlos con vida el mayor tiempo posible.

Los amigos de un hombre muerto se reúnen determinados días y hablan sólo de él. Lo matan todavía más si únicamente dicen cosas buenas de él. Más les valdría discutir, ponerse a favor o en contra de él, revelar picardías secretas suyas; mientras puedan decirse cosas sorprendentes sobre él, cambiará y ya no estará muerto. La piedad que intenta conservarlo en un estado concreto no es en absoluto amable. Surge del miedo y sólo quiere mantenerlo en algún lugar donde no sea un peligro, como en el ataúd y bajo la tierra. Para que el muerto, a su manera más tenue, siga viviendo, hay que darle movimiento. Deberá enfurecerse como antes y, en sus ataques de ira, utilizar alguna injuria inesperada, que sólo conozca el que la revele. Deberá ponerse tierno; y quienes lo conocían como una persona severa e inmisericorde, deberán sentir de pronto cómo era capaz de amar. Uno casi desearía que cada uno de los amigos tuviera que representar su propia versión del muerto, y a partir de todas ellas este volvería a estar ahí. También podría admitirse poco a poco en esas fiestas a personas más jóvenes y no iniciadas, a fin de que, en la medida de lo posible, conocieran al que aún no conocen. Ciertos objetos relacionados con este deberían pasar de mano en mano, y sería hermoso que, en cada encuentro anual, además de una revelación se añadiera también un nuevo objeto que hasta entonces había permanecido ignorado.

 

Elias Canetti, El libro contra la muerte, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2017 [ed. original 2014], pp. 23-24.