Don DeLillo, la información, el misterio y la verdad

“Existe algo así como un desprecio por el significado. Se trata de escribir fuera de la armazón habitual. Se trata de obligar al lector a que se comprometa con algo que de antemano se sabe no aceptará. Es todo parte de lo mismo. Es que hay una especie de saturación informativa, de excesivo deslumbramiento por la comunicación masiva. Todo el mundo sabe todo. Surge un tema, y en cuestión de días o semanas se agota por completo, gastado por la publicidad y por los medios. Nada es demasiado misterioso como para lograr escapar a ese proceso, a ese tratamiento. Dificultarle las cosas al lector es menos un ataque contra el mismo lector que contra las características de la época, contra su mercantilismo del conocimiento fácil. El escritor es guiado por la convicción de que ciertas cosas son difíciles, que ciertas verdades no son de fácil acceso, que la vida todavía tiene misterio”.

 

* Entrevistas a narradores norteamericanos de hoy, Edición preparada por Tom LeClair y Larry McCaffery, Bs. As., Grupo Editor Latinoamericano, 1986 (ed. original 1983), pp. 111-112.


Don DeLillo y el “misterio” de la escritura…

“Hay determinados libros que vuelven una y otra vez al primer plano, y demuestran las posibilidades de la ficción. Pálido Fuego, Ulises, La Muerte de Virgilio, Bajo el Volcán, El Sonido y la Furia, por ejemplo. Tienen un poder y una audacia que va mucho más allá de los virtuosismos técnicos. Creo que corresponde llamarlos tratados sobre la vida, aun cuando varios de ellos están fuertemente teñidos de muerte. Pero no hay en ellos optimismo ni pesimismo, ni permiten que uno se dedique a lamentar la pérdida de valores ni alguna remota manera de escribir. Esos libros se abren a un misterio mucho mayor. No sé cómo llamarlo. Quizás es lo que Hermann Broch definiría como ‘la palabra más allá del discurso’.”

* Entrevistas a narradores norteamericanos de hoy, Edición preparada por Tom LeClair y Larry McCaffery, Bs. As., Grupo Editor Latinoamericano, 1986 (ed. original 1983), p. 109.


Don DeLillo, la literatura y el cine

¿Podría nombrar escritores con los que siente afinidad?

Don DeLillo: esta pregunta es como la gran pregunta del bar mitzvah. Probablemente, al menos en mis primeros trabajos, hayan influido más los films de Jean-Luc Godard que cualquier cosa que pude haber leído. En general, el cine ejerce una influencia bastante poco disimulada en mucha literatura actual, aunque creo que la atracción que ejerce está disminuyendo. El Cine: la imagen fuerte, las situaciones cortas y ambiguas, la intención onírica de muchas películas, la artificialidad, la arbitrariedad de algunos directores, el montaje y el trabajo de laboratorio. El poder de la imagen. Pensé mucho en esto cuando escribí Americana. Y ese poder tuvo otro efecto. La gente se pasaba la vida diciendo: ‘El cine puede hacer de todo’. Esto fue lo que fomentó la idea de la muerte de la novela. La potencia de la imagen fílmica parecía sepultar para siempre nuestro pequeño mundo impreso. Es cierto, el cine puede hacer de todo. Lo impreso también, pero en el límite de la página. El cine y la novela están íntimamente relacionados. Si la novela muere, el cine morirá con ella.

* Entrevistas a narradores norteamericanos de hoy, Edición preparada por Tom LeClair y Larry McCaffery, Bs. As., Grupo Editor Latinoamericano, 1986 (ed. original 1983), reportaje de septiembre de 1979, p. 109.


Don DeLillo y la subjetividad del escritor (o la escritura como “autoreconocimiento”)

“Para mí, la escritura es crear un lenguaje claro, bello y cautivante.

Trabajar las oraciones y los ritmos es probablemente lo más gratificante de la tarea del escritor. Creo que, al cabo de un cierto tiempo, un escritor comienza a reconocerse a través de su lenguaje. Ve cómo, a través de esas construcciones, aparece un reflejo de sí mismo, o se sus circunstancias. Año tras año, el escritor va adquiriendo la posibilidad de mejorar como ser humano, a través del lenguaje que utiliza. Así de profundo me parece el lenguaje; así de importante es la ficción. El escritor no sólo se ve reflejado en ella; sino que también va haciéndose en ella, va criticándose. Por supuesto, todo esto entra en el terreno de la más pura y misteriosa subjetividad”.

* Entrevistas a narradores norteamericanos de hoy, Edición preparada por Tom LeClair y Larry McCaffery, Bs. As., Grupo Editor Latinoamericano, 1986 (ed. original 1983), entrevista realizada en septiembre de 1979, pp. 106 y 107.

 


Don DeLillo: “sobrio” escritor que “reconoce” sus personajes…

Mis actitudes no están dirigidas de ninguna manera hacia los personajes. No siento simpatía por algunos, ni antipatía por otros. Tampoco los amo desmesuradamente ni me conformo con ninguno. Los personajes son los que tienen las actitudes, no yo.

Algunos [críticos] creyeron que Pammy y Lyle de Players [Jugadores], no me gustan. No es cierto. Creo que esos dos personajes son mucho más típicamente [norte]americanos de lo que a muchos les gustaría. Pammy es más humana. Al mismo tiempo, más vulnerable a la contingencia, y a la superficialidad de las ideas que pueblan su mundo. Puedo hablar de ellas así como lo hago ahora, pero no puedo decir que las ame o que las odie. Sí las reconozco.

 

* Entrevistas a narradores norteamericanos de hoy, Edición preparada por Tom LeClair y Larry McCaffery, Bs. As., Grupo Editor Latinoamericano, 1986 (ed. original 1983), p. 106, entrevista realizada en septiembre de 1979.