Vení a la IV Asamblea de Intelectuales en apoyo al Frente de Izquierda

En defensa del sindicalismo antiburocrático. Por diputados de izquierda y una alternativa política de los trabajadores en todo el país

Vení a la IV Asamblea de Intelectuales en apoyo al Frente de Izquierda

Ante los persecuciones al sindicalismo antiburocrático y a la izquierda

Las últimas semanas estamos presenciando una escalada en las persecuciones y ataques a los sectores antiburocráticos del movimiento obrero. El viernes 30 de septiembre se produjo el procesamiento y encarcelamiento de Rubén “Pollo” Sobrero y del ex ferroviario Leonardo Portorreal, en  una causa falsa en la que el Juez no pudo demostrar prueba alguna que justifique la detención ni el procesamiento judicial.

La excarcelación de los ferroviarios se produjo luego de días de intensa movilización de miles de trabajadores, estudiantes y luchadores. Se trata de un triunfo popular.Ahora se nos plantea continuar la lucha por derribar la causa montada contra los ferroviarios, como parte de la pelea por el desprocesamiento de los casi 5 mil luchadores procesados. La solidaridad con el reclamo de liberación de Sobrero -militante de Izquierda Socialista y del Frente de Izquierda- y Portorreal fue expresada por centenares de dirigentes obreros, políticos y de derechos humanos, tanto del ámbito nacional como internacional. Entre la intelectualidad se recogieron más de 150 adhesiones, entre las que se destaca el pronunciamiento del lingüista norteamericano Noam Chomsky y la de Osvaldo Bayer. La máxima expresión de solidaridad ocurrió el lunes 3 de octubre, cuando una movilización unitaria de casi 10 mil personas, encabezada por una numerosa columna de trabajadores ferroviarios, se concentró en Plaza de Mayo exigiendo la libertad de los compañeros. La gran reacción popular derrumbó la provocación montada por Aníbal Fernández y el gobierno, y permitió obtener la libertad de los compañeros.

Pero no habían pasado 3 días de la excarcelación, y se produjo un nuevo ataque al sindicalismo antiburocrático. El viernes 7 cinco matones de la burocracia sindical y la patronal irrumpieron en la casa del delegado de la Línea 60 Daniel Farella y atacaron a su nieta de 15 años. Este hecho, propio del accionar de la Triple A, que formaron la derecha peronista, la burocracia sindical y las fuerzas represivas en los 70, es un salto cualitativo en el marco de la escalada de ataques a los sectores antiburocráticos del movimiento obrero y la izquierda militante.

Estos ataques no son casos aislados. Son una expresión de la persecución por parte del gobierno nacional y del poder judicial al sindicalismo antiburocrático y de izquierda que enfrenta a las empresas y a la burocracia sindical en los lugares de trabajo, como los ferroviarios del Sarmiento y el Roca, los delegados del Subte, los ceramistas de Zanon y los delegados de la alimenticia Kraft, entre tantos otros, como denunció el Pollo Sobrero en la prensa tras su liberación. Bajo el gobierno de los K hay más de 5.000 procesados por luchar, 14 muertos por represión en protestas populares, luchadores obreros como Oñate y Acosta presos en el sur.

Estos ataques tienen lugar cuando está por cumplirse un año del asesinato del militante del Partido Obrero, Mariano Ferreyra, a manos de la burocracia sindical de la Unión Ferroviaria, cuyos miembros siguen integrados al gobierno en la Secretaría de Transporte y la administración de los ferrocarriles. El gobierno que nunca expulsó a los socios de Pedraza busca encarcelar a los luchadores antiburocráticos que enfrentan a la patota sindical.

Hoy, como ayer, nos encontramos ante la complicidad de los medios oficialistas como 678, que intentan actuar como cobertura “progresista” de políticas reaccionarias y represivas, argumentando hace un año la teoría de la “conspiración duhaldista” y hoy la teoría de la “amalgama entre burocracia sindical y sindicalismo clasista”. Una vez más un triste papel de “intelectuales” y  “periodistas” K.

El carácter de “política de Estado” que cobra el ataque al sindicalismo antiburocrático y de izquierda, está directamente relacionado con la cercanía de los impactos de la crisis mundial en Argentina. Aunque el discurso de Cristina Fernández y su candidato a vicepresidente, Amado Boudou, se proponga reafirmar que la crisis no va a llegar a la costa del Plata, bajo el discurso tranquilo se dejan ver los preparativos para tiempos de vacas flacas. Varias empresas adelantaron por estos días su “plan industrial”: intentos de suspensiones -que serían seguidos de posibles despidos y recortes salariales. El gobierno ha manifestado que espera para 2012 aumentos de salarios por debajo de la inflación (la que podemos suponer, no la que estima el INDEC). A esto se sumarán, todo lo indica, aumentos de tarifas y Boudou ya se prepara para concretar finalmente su tan ansiada “vuelta a los mercados”.

En preparación para esta situación, la cara menos mediática del sostén político oficial -la de los intendentes, la burocracia sindical y las fuerzas represivas- se prepara para tiempos donde se hará difícil mantener la contención social a fuerza de abundancia de dineros públicos. De la mano de estos “poderes reales”, el nuevo gobierno de Cristina Fernández promete una profundización de lo que hemos visto en estos días: ataques y detenciones, patotas yendo a amedrentar a los delegados antiburocráticos y a sus familiares, causas truchas. Es necesario salir a las calles para enfrentarlo, reclamando el desprocesamiento de los más de 5000 luchadores. En este contexto, este 20 de octubre, a un año del asesinato de Mariano Ferreyra, tenemos una cita de honor: la movilización de Congreso a Plaza de Mayo por el juicio y castigo a todos los responsables de ese crimen.

Un nuevo desafío: Por diputados de izquierda y una alternativa política de los trabajadores en todo el país

El 23 de octubre, cada voto que obtengan el kirchnerismo y la oposición patronal en estas elecciones será utilizado contra los intereses populares. Los hechos relacionados con la detención de los ferroviarios y el ataque a los delegados de la Línea 60, demuestran que el gobierno se propone acabar con las expresiones antiburocráticas del movimiento obrero intentando criminalizar la protesta por cualquier medio y que busca asestarle golpes a la clase trabajadora para afrontar la crisis.

El Frente de Izquierda es la única fuerza política que está del lado de los trabajadores para denunciar los ataques y persecuciones, y las medidas que impulsa este gobierno para garantizar la ganancia empresarial a costa de los trabajadores y sectores populares. El voto al Frente de Izquierda, conformado por el Partido Obrero, el Partido de los Trabajadores Socialistas, e Izquierda Socialista, que presenta la fórmula presidencial Jorge Altamira –Christian Castillo es un voto por el desarrollo de una alternativa política independiente de los trabajadores. Es un voto a quienes pelean a brazo partido contra la criminalización de la protesta, que denuncian los subsidios millonarios que el gobierno otorga a concesionarios corruptos como la empresa TBA y empresarios como Cirigliano, que se siguen beneficiando gracias a que se mantienen las privatizaciones de la década del ‘90. El Frente de Izquierda plantea la reestatización del ferrocarril y demás servicios de transporte, bajo el control de sus trabajadores y usuarios, y defiende al sindicalismo antiburocrático y combativo, que se organiza democráticamente en asambleas, rechazando de plano los métodos patoteriles de la burocracia sindical, y no responde a los designios de ningún gobierno ni sector político patronal.

El 23 de octubre tenemos planteada la pelea por mantener y superar los 500 mil votos y lograr bancas de izquierda en el Congreso. Mientras el gobierno destaca entre sus candidatos a Aníbal Fernandez, organizador (con los servicios de inteligencia) de la causa contra los ferroviarios y vocero de los ataques contra el movimiento obrero, los candidatos del Frente de Izquierda defienden incondicionalmente los derechos de quienes viven de su salario y peleen por una alternativa política que pueda dar respuesta a las acuciantes necesidades sociales de las masas populares.

Convocamos a intelectuales, trabajadores del ámbito de la educación y la cultura, a hacer parte de la IV Asamblea de Intelectuales en apoyo al Frente de Izquierda para discutir estas y otras temáticas.

¡Vení a la IV Asamblea de Intelectuales en apoyo al Frente de Izquierda!

Jueves 13 de octubre, 19.30 hs. En el Hall del 3°piso de la Facultad de Filosofía y Letras (Puán 480)


IV Asamblea de intelectuales, docentes y artistas en apoyo al FIT

* Jueves 13 de octubre, 19.30 hs., Facultad de Filosofía y Letras.

* Última asamblea antes de las elecciones del 23/10.


“Hay una perversión en alargar la vida y, al mismo tiempo, despreciar a los viejos” (Esther Díaz)

Leemos: “Uno de los temas que trabajo ahí [en el capítulo “Cuerpos”, de Las grietas del control] es el de la relación entre tecnociencia y vejez. Me planteo qué sentido tiene seguir desarrollando tecnología para vivir más años en una sociedad que siente un enorme rechazo por los viejos. Los jóvenes que trabajan en los laboratorios y que convocan al periodismo científico para exponer sus innovaciones no quieren morir… ¡pero tampoco quieren llegar a viejos! ¿Cómo se resuelve esa contradicción? Hay una perversión en alargar la vida y, al mismo tiempo, despreciar a los viejos. Pensemos: ¿adónde puede ir a divertirse una persona mayor? ¿Adónde puede ir sin que le digan “viejo verde” o le critiquen cómo se viste?

-Es el clásico problema de desfase entre un desarrollo científico extraordinario, por un lado, y una evidente falta de sentido, por otro.

-¡Pero es algo real! Vivimos en una sociedad de paradojas. Y se trata de paradojas irresolubles. ¿Quién puede parar el desarrollo tecnológico? Y, simultáneamente, asistimos a la ausencia de fuentes de sentido. Cuanto mayor es el número de tecnócratas y mayor la relevancia que se les otorga, menor sentido aparece. […]”

 

* Del reportaje en ADN cultura hoy, a Esther Díaz, interesante, sobre su último libro (aunque no congenie con muchos de sus postulados –adoptados centralmente de los filósofos franceses e italianos–); y hablando, en este fragmento, de un tema al que nos hemos referido en este blog, en dos posts: acá y acá.


Apuntes sobre arte y política en la Argentina la última década (2001-2011)

Este escrito planteará sucintamente algunos elementos que se dieron desde la crisis de 2001, a la actualidad. Un proceso intenso de movilización y luchas que contó con la confluencia, con la participación de artistas, tanto individuales como colectivos, y donde se abrieron una serie de discusiones, a saber: si el arte se podía/debía producir al margen del sistema (o no); discusiones acerca de los contenidos que debía tener; en función de qué o quiénes crear artísticamente, etc.

Luego, haremos referencia a un segundo momento, de 2005 en adelante, donde la intervención del Estado juega un papel preponderante en el “reordenamiento” social, político… y también cultural-artístico. Entonces, este escrito intentará dar cuenta de los vaivenes del arte (de las obras y sus creadores/as) entre la crisis y la “normalidad” burguesa.

 

1. A diferencia de la década del ‘90, donde primó la comercialización a gran escala de un sector (más bien reducido) del arte argentino (“globalizadas” las residencias, bienales y concursos a un nivel mucho mayor al de los ‘80, donde Buenos Aires se sumó también, como sede “del tercer mundo”, al “nuevo itinerario” de las bienales artísticas), el posmodernismo, el “relativismo cultural” y muy pocas manifestaciones críticas[1], el 2001 significó el inicio de un nuevo tiempo (y ritmos) para el arte: la crisis económica, social, política y estatal (una “crisis orgánica”, al decir de Gramsci) brindaron la posibilidad, en el marco de las fuertes movilizaciones sociales, de que el arte se generalizara (y hasta se “fusionara” con la vida –porque la manifestación social tuvo a su vez ingenio e inventiva para expresarse y luchar-) y diera un salto significativo la cantidad de grupos y colectivos artísticos.

Las plazas y parques, las calles y las manifestaciones, las fábricas ocupadas y “recuperadas” por sus trabajadores, los barrios, confluyeron con una cantidad de artistas, grupos y colectivos, “viejos” y nuevos, revitalizándose las formas y contenidos del arte y la cultura en general. Entre los muchos que se podrían nombrar, estuvieron Argentina Arde, el Taller Popular de Serigrafía, Contra-Imagen, Etcétera y el Grupo de Arte Callejero (estos tres últimos ya actuando antes de 2001). Proyectos como el de Indymedia (comunicación alternativa), emprendimientos culturales como los que hicieron los MTD en numerosos barrios, los debates que hubo sobre arte y política en diversos centros culturales y museos (como la mesa redonda “Arte rosa light o arte Rosa Luxemburgo” en el MALBA en 2003), o instancias como la Semana Cultural por Brukman (“Arte y confección”), realizada también en 2003, contra del desalojo de las obreras costureras que habían tomado la fábrica, fueron algunos “hitos” donde los artistas confluyeron con la movilización y la lucha y “activaron” de variadas maneras.

Cabe agregar que, entre las discusiones y perspectivas políticas planteados, estaba el de la “autonomía del arte” y el “compromiso político”; el de enfrentar o no a las corporaciones privadas y al Estado; el de si bastaba (o no) con hacer funcionar “circuitos alternativos” o “paralelos” a los establecidos por el mercado capitalista y los gobiernos, o si se debía apostar a una lucha más profunda. Como veremos abajo, la realidad dio una respuesta a estos debates.

2. Ya desde 2004 la intensidad de la movilización obrera y popular decreció significativamente –obviamente, los procesos sociales y políticos no son eternos– y, grosso modo, muchos artistas, individual o colectivamente, regresaron a sus atelieres y talleres “privados”, al calor de la “pasivización” (Gramsci) del movimiento social, cuestión que, combinada una recuperación económica, terminó por restablecer alguna clase de autoridad estatal y gubernamental, volviendo la situación política argentina a una suerte de “normalidad” capitalista.

3. ¿Cuáles son las alternativas, disminuida la movilización social, que tuvieron (y tienen) los artistas entonces? A grandes rasgos, dos: aceptar en algún grado (nuevamente) los vaivenes del mercado capitalista (el dominio de los monopolios privados), o confiar en que el Estado y el gobierno (capitalistas ambos también) los cobije. Y algo de esto último hubo –con clara intencionalidad política-, si tenemos en cuenta el creciente peso del Estado y gobierno en diversas áreas del arte y la cultura de 2005 en adelante, con distintas leyes que beneficiaron (sectorialmente) al arte: subsidios a través del INCAA para producir ficciones y documentales; leyes para los actores (como la que los contempla dentro de los “derechos de autor”); ley para que los escritores puedan cobrar una jubilación, etc. Todas “pequeñas acciones reparadoras” que, siendo progresivas, encubren problemas mayores, estructurales, como la creciente desfinanciación y decadencia de las escuelas, y terciarios de arte, del IUNA, etc.

Es que, a fin de cuentas, los grandes empresarios (dueños de colecciones privadas que exhiben en sus museos –previo pago de entrada- y activos actores en el mercado internacional de compra-venta de obras y… artistas) como así también el actual gobierno y el Estado (que coopta y utiliza por lo general a artistas “progres”, reconocidos y/o populares con el único fin de obtener popularidad con recitales masivos gratuitos)condicionan al arte, manipulándolo a favor de sus fines políticos y/o económicos. Este, un dato de la realidad actual.

Porque la actual administración kirchnerista acuerda en la necesidad de desarrollar la “industria cultural” (eso sí: con perfil nac&pop). Como admite el titular de la Dirección Nacional de Industrias Culturales, Rodolfo Hamawi, “las industrias culturales son un sector económico como cualquier otro, que genera empleo, que compra insumos y maquinaria, que exporta e importa su producción. Y aún más, en la Argentina actual, las industrias culturales son un sector económico relevante, que aporta el 3,5% del PBI, lo cual es equiparable a sectores como el de la energía”[2]. Pese a toda la cháchara, al palabrerío acerca de “batallas culturales”, el gobierno y Estado argentinos conviven tranquila y cómodamente con la extranjerización y comercialización monopólicas… mientras desarrollan sus propios negocios. Como ejemplifica el titular de Cultura, Jorge Coscia, “el Estado es el mayor comprador de libros de la Argentina: compra prácticamente un 20 por ciento de los libros que se venden destinados a distintas instancias. El Estado argentino es un gran estimulador de las industrias editoriales. Claro que el escenario actual es de desnacionalización de la industria editorial”[3].

En este marco, ¿será viable la “solución” que propone Andrea Giunta en su muy comentado libro Poscrisis. Arte argentino después de 2001? Dice allí, refiriéndose al área museística por ejemplo: “quedan muchas cuestiones pendientes en relación con los nuevos patrimonios: presupuestos para conservación y mantenimiento, profesionalización del personal, continuidad y movilidad de las colecciones. Estas cuestiones no podrán ser resueltas sosteniendo la separación entre lo público estatal y lo privado. En lugar de la pauperización de lo público y la espectacularización del apoyo privado a eventos que se consumen en el acontecimiento, el desafío radica en pensar una agenda a largo plazo en la que ambas esferas, la estatal y la privada, participen en la gestación de un proyecto común, con un programa y una financiación sostenidos en el tiempo”[4]. Es decir que Giunta “triangula” al Estado (siendo para ella una institución sin carácter de clase ni económico; un mero “árbitro neutral”) con los capitalistas privados y con los/as sujetos que hacen arte “desde abajo”. Una especie de fórmula ideal (es decir, imposible), donde “todos pueden ser felices”: desde el artista que crea con su propio esfuerzo y quiere (lógica y sensiblemente) difundir, dar a conocer los más posible sus obras, pasando por el gobierno que está a la cabeza del Estado (y que por supuesto sí tiene intereses económicos y de clase: es decir, políticos) hasta las empresas privadas (que también tienen interés en obtener ganancias y… en preservar el statu quo: es decir, no apoyar, bajo ningún punto de vista, un arte que sea cuestionador, rebelde o subversivo).

4. Además, los y las artistas y las (sus) obras que no entran aún (o no quieren entrar por alguna decisión o voluntad consciente) en el mainstream, en los circuitos “reconocidos & consagrados”, o en los “actos oficiales” (oficialistas, para ser más preciso), deben funcionar –obligadamente, en un país y un mundo sometido, como ya dijimos, al dominio de los monopolios- a “pequeña escala”. En efecto: teatros y salas, bandas y orquestas, poetas y escritores deben desarrollar su labor “a puro pulmón”, condicionándose así, material y espiritualmente, la creación artística en más de un sentido: uno de los más evidentes es que no puede difundirse ampliamente el arte, al carecer de publicidad masiva, y/o infraestructura y/o, mínimamente, el artista, de los materiales necesarios para desarrollar su trabajo creativo. El “alternativismo” muestra así sus límites; y si el arte confía en el Estado, no será “protegido” del mercado y los empresarios, ni será “impulsado libremente” por el gobierno de turno.

Esta labor, la de los circuitos “alternativos” (teatro off, cooperativas de músicos, pequeñas editoriales “autogestionadas”, “independientes”, etc.) surge, en un sentido positivo, originalmente ya en los ’90, como resistencia al feroz neoliberalismo. Un ejemplo de ello pueden ser las “editoriales independientes”, surgidas del cierre y/o “absorción” por las multinacionales de los grandes e históricos sellos editoriales nativos (Sudamericana, Santillana) y, en un sentido negativo, manteniendo muchas de las reglas condicionantes de las leyes del mercado (es decir, careciendo –en algún grado- de libertad). De fondo, el arte se encuentra ante sus propios límites, que son también los límites mismos del sistema: a) Dominio de los medios de producción (y publicitación) del arte por un puñado de empresas transnacionales, y el gobierno y su Estado; b) Dominio clasista, que somete a millones a la explotación, opresión y alienación; sujetos que podrían (es decir: potencialmente) ser tanto “público consumidor” como “productores” de arte.

Como señalara Trotsky en su Literatura y revolución, el arte entonces no puede superar esta situación “sólo con sus propios medios”: es necesario que intervenga la política.

5. ¿Qué salida tiene la cultura entonces? Si repasamos brevemente la historia, la revolución social, como sostienen varia(da)s tesis, basadas en la experiencia histórica, va siempre acompañada de una sana “revuelta cultural” –de hecho, algo así pasó, como dijimos al comienzo, pos 2001 en nuestro país-.

Y esto, no sólo ocurrió en la “lejana” Revolución rusa de 1917, sino también en los procesos de la etapa revolucionaria 1968-‘82: allí se “diversificaron” las corrientes artísticas, acompañando la lucha y organización obrera, juvenil y popular. Toda clase de obras, prácticas, discursos y manifiestos emergieron al calor de la lucha anticapitalista, como ocurrió en nuestro país. Desde los “renovadores” o innovadores del Instituto Di Tella, hasta la radicalización y compromiso de quienes hicieron, desde un grupo que rompió con el instituto (junto a algunos rosarinos, como Juan Pablo Renzi), “Tucumán Arde”. Todos/as participaron, cada cual a su manera, de un reverdecer de las prácticas artísticas y críticas, de una explosión creativa y comprometida con y desde el arte, y también con su tiempo[5].

Por ello, un arte auténticamente revolucionario podrá desarrollarse hoy sólo si puede preguntarse, plantearse (y plantarse ante) los grandes problemas de su época, que lo atañen, completamente, en su integridad toda, siendo al mismo tiempo conscientemente fiel a su impulso artístico, creativo. A su oficio y búsqueda interna de la mejor manera de expresarse en y con su obra.

Al calor de la crisis capitalista internacional, ya estamos viendo el emerger de la lucha de masas (desde el Magreb y Medio Oriente, a Grecia y otros países de Europa y Latinoamerica -¡Chile!-). Por ello, es probable que, nuevamente, presenciemos, al calor de la lucha de clases, nuevas rupturas en el arte con la ideología dominante, con la instrumentalización política y económica que lo condiciona y somete, y veamos nuevamente corrientes artísticas, críticas, rupturistas y renovadoras, que acompañarán los procesos de lucha de masas.

Una vez más, surgirán artistas, colectivos y agrupamientos al calor de estos procesos, participando activamente –cosa que, aunque no generalizadamente, ya viene ocurriendo-.


NOTAS:

[1] Escribía Jorge López Anaya todavía en 1998, en una nota titulada “Más allá del radicalismo político”: “El radicalismo político en el arte argentino surgió cuando se creía que los artistas y los intelectuales tenían un papel político importante que desempeñar. Pero en los años ochenta y noventa, a las oposiciones binarias subyacentes en esos pensamientos, como colonizado/colonizador, se opuso la ‘diferencia’ múltiple y heterogénea. La crítica derrideana a la lógica binaria tuvo sus consecuencias.

Pero, más aún, como señaló Vattimo, en nuestros días las filosofías de la historia que inspiraron los movimientos políticos revolucionarios ya no se sostienen. No han caído por ser ‘objetivamente falsas’ sino porque han desaparecido las condiciones sociales e ideológicas sobre las que se fundaban (…).

Las luchas emancipatorias hoy no van dirigidas hacia la igualdad de derechos sino hacia el derecho a la diferencia de los estilos de vida” (Ritos de fin de siglo. Arte argentino y vanguardia internacional, Bs. As., Emecé, 2003, p. 195).

[2] http://sur.elargentino.com/notas/la-cultura-una-industria-mas

[3] http://sur.elargentino.com/notas/entrevista-jorge-coscia-secretario-de-cultura-de-la-nacion

[4] Poscrisis…, Bs. As., Siglo XXI, 2009, p. 96.

[5] Para más detalle, ver el (variopinto) racconto que hace Anaya en el artículo ya citado del libro (también) ya citado, pp. 187-193.

 

* Este texto es un aporte a la mesa de “Arte y Cultura” de las I Jornadas de debate de la Asamblea de intelectuales, docentes y artistas en apoyo al FIT.


Nuevo libro de Christian Castillo

El dirigente del PTS y candidato a vicepresidente por el Frente de Izquierda reúne en La izquierda frente a la Argentina kirchnerista artículos que logran constituir una mirada alternativa tanto al “relato” oficial como al que sostienen los sectores de la oposición asociados con los grandes grupos multimedios.

 Christian Castillo –dirigente del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) y candidato a vicepresidente por el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT)– reúne aquí algunos artículos referidos a esta cuestión, que logran constituir una mirada alternativa tanto al “relato” oficial como al que sostienen los sectores de la oposición asociados con los grandes grupos multimedios.

Estos textos, escritos al calor de los hechos y desde una perspectiva marxista militante, abarcan un período que va desde los meses posteriores a la rebelión popular de diciembre de 2001 hasta la actualidad.

La izquierda frente a la Argentina kirchnerista incluye también artículos sobre el FIT y el debate en el que participaron, junto al autor, Horacio González, María Pía López, Eduardo Grüner y Pablo Alabarces.


I Jornada de debate de la Asamblea de intelectuales, docentes y artistas en apoyo al FIT


Jornada a 71 años del asesinato de León Trotsky – Miércoles 31 de agosto a las 19 hs. en el Auditorio del Bauen

En este último tiempo, la figura de León Trotsky volvió a tomar relevancia internacional, tanto en la literatura de ficción como en obras biográficas. En un nuevo aniversario del asesinato de León Trotsky, el CEIP “León Trotsky” y el Instituto de Pensamiento Socialista “Karl Marx” organizan un nuevo evento para reivindicar y rescatar el legado del gran revolucionario.

 

La jornada que se realizará el miércoles 31, a las 19 horas, en el auditorio del Hotel Bauen, contará con un panel integrado por Andrea Robles, coordinadora del CEIP, el dirigente nacional del PTS y candidato a vicepresidente por el FIT, Christian Castillo y el sociólogo y ensayista, Eduardo Grüner.

En la jornada se presentarán el libro El caso León Trotsky y la nueva publicación del CEIP, Los trotskistas contra Stalin. Este cuaderno aborda la historia de la Oposición de Izquierda rusa, la sección más importante de la IV Internacional. Incluye el trabajo Pierre Broué, Los trotskistas en la URSS (1929-1938), una investigación basada en la traducción del ruso de cartas y artículos que da cuenta de las distintas etapas de la lucha de la Oposición de Izquierda en la URSS. Junto a un dossier sobre el combate de los trotskistas rusos durante los primeros años de deportación y exilio.

Para finalizar, se proyectará el mediometraje de ficción, Mi nombre es Trotsky. Una realización de Hernán Aragón y Javier Gabino producida por TVPTS y Contraimagen. Un film donde el tiempo se ve alterado, el pasado y el presente conviven, donde Julieta y León Trotsky, dos personajes de épocas diferentes, se encaminan hacia una confluencia.
Teléfonos de contacto:
Andrea Robles     15 5 829 4422
Christian Castillo 15 5 881 9565
Hernán Aragón    15 2 159 1193