El coronavirus y sus precursores

* Nota publicada el pasado 22 de marzo en el suplemento “Radar” del diario Página/12.

 

Una mirada histórico-literaria sobre la pandemia que invade el mundo

El coronavirus y sus precursores

 

Por Demian Paredes

Actualmente circulan noticias dando cuenta de un “boom editorial”, primeramente ocurrido en Italia, y luego en los demás países de Europa: la novela La peste (1947), de Albert Camus, disparó sus ventas, junto a toda una serie de libros de temática “apocalíptica”: El último hombre, de Mary Shelley, el relato “La peste escarlata”, de Jack London, la novela Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago, La carretera, de Cormac McCarthy, y más. Todo, al calor de la pandemia mundial del Corona virus o COVID-19: una crisis sanitaria que ya permite ver sus vastas consecuencias económicas y sociales, conviviendo a la par con otros letales fenómenos como la “guerra del petróleo” entre Arabia Saudita, Estados Unidos y Rusia, y los enfrentamientos armados, otra guerra, en Siria, lo que además derivó en una crisis migratoria.

Tan o más rápido que las noticias sobre el mismo, el Coronavirus se propagó, y es visto como un “efecto no deseado” de la llamada globalización: las constantes e intensas interrelaciones entre los países del mundo por vía aérea, especialmente, y por diversos motivos: negocios, turismo, vacaciones. Una intensidad que tiene que ver con el avance del capitalismo, que todo lo mercantiliza y precariza; piénsese en las empresas de vuelos low cost, por caso. Aunque hay voces de algún modo optimistas en Europa ante el freno abrupto de lo que se condena como “sobreturismo” (consumismo), lo cierto es que esta “globalización”, comenzada en la década de 1980, fue la “desregulación” y transnacionalización del capital financiero a diversas áreas antes no regimentadas –o no regimentadas a fondo– para la obtención de ganancias. El circuito cultural del turismo, que incluye museos y edificios y sitios históricos, hoteles y alojamientos, gastronomía, restaurantes y transportes de diversa índole, hoy está en estado crítico, atravesado por la pandemia. Mientras el streaming reaparece y se reafirma, en un nuevo auge de las tecnologías digitales, óptimas, o al menos funcionales, para soportar el encierro de las cuarentenas dictaminadas por las autoridades de turno, otros establecimientos, como los museos y las universidades, adaptan y difunden sus contenidos también vía web. Las librerías también se adaptan a la situación, y ofrecen sus productos en versión digital (e-book), y, para el caso del papel, el envío a domicilio.

Volviendo a La peste, Camus se inspiró en el Diario del año de la peste, de Daniel Defoe. Publicado en 1722, el libro impactó, y fue inspirador para diversos artistas: Jean-Louis Barrault dirigió en teatro la obra Estado de sitio –escrita por el mismo Camus, poco después de haber publicado su novela–, y Gabriel García Márquez eligió el Diario… como el libro que se llevaría para leer en una isla desierta.

La invención de Defoe, una versión de hechos históricos reales –la peste bubónica en Londres, en 1665–, presumiblemente basada en los diarios de un tío, tiene tantas similitudes como obvias diferencias con nuestro presente. Ya en su primera página se lee: “En aquellos días carecíamos de periódicos impresos para divulgar rumores y noticias de los hechos, o para embellecerlos por obra de la imaginación humana, como hoy se ve hacer”. Hoy, a la velocidad del “en vivo y en directo”, los móviles y “enviados especiales”, las redes sociales y demás ventajas tecnológicas, arrecian los memes, y también las fake news, además de la monomanía temática –machacante, estresante– en los noticieros y demás programas televisivos, y en muchos medios de prensa, promoviendo la histeria con el tema candente del tipo “Vea las imágenes más impactantes del Coronavirus”. Y, ayer como hoy, la enfermedad se ha ido extendiendo, a cuentagotas, con velocidades diferentes, sorprendiendo y abarcando diversos países y regiones.

Se lee en el libro de Defoe: “Todos los que podían ocultar sus malestares lo hacían, para evitar que los vecinos rehuyeran su presencia y se negaran a conversar con ellos, y también para evitar que las autoridades clausuraran sus casas; amenaza que aunque todavía no era cumplida, pendía sobre la población, en extremo asustada ante la sola idea del asunto”. Y poco después: “se murmuraba que el Gobierno estaba por expedir la orden de instalar barreras y vallas en la ruta para evitar que la gente viajara”. Llegan las restricciones, la prohibición de circular, y se apostan vigilantes en las puertas (marcadas) de las casas afectadas: hay cuarentena generalizada, y la crisis continúa. Cada casa es una situación particular, con uno o más miembros infectados, con médicos y funcionarios incapaces de ingresar, con sobornos a los guardias apostados las veinticuatro horas para poder escaparse en la noche –en algunos casos huyendo de la ciudad al campo, en otros vagando con demencia o desesperación, sin rumbo o destino fijo–. Ahora, se ve la militarización de las calles de España, y se conoció el actual caso de un italiano, el actor napolitano de la serie Gomorra, Luca Franzese, encerrado con su familia y el cadáver de su hermana, reclamando asistencia: “las instituciones me abandonaron”, dijo en un video que circuló ampliamente. Y en Argentina, otro video: el de un hombre que, regresado de los Estados Unidos, atacó a golpes al guardia de seguridad del edificio, en Olivos, quien le indicó que estaba violando la cuarentena.

En la novela de Defoe, tras largos meses –y mucho rezo a Dios–, la peste finalmente se calma, mengua, y todo retorna a la normalidad (las casas completamente abandonadas pasaron a ser propiedad del rey). Tanto en aquella experiencia como en la de ahora, hubo ganadores y perdedores: se beneficiaron charlatanes de todo tipo, como astrólogos y curanderos. Hubo robos y toda clase de bajezas humanas, al mismo tiempo que algunas acciones de solidaridad y altruismo. La crisis actual también dejará ganadores y perdedores. Seguramente, entre los primeros, los grandes supermercados, los laboratorios y farmacias, servicios médicos privados. Incluso, en el terreno de la posible y urgentemente necesaria vacuna contra el Coronavirus se encuentra la puja –tan “intelectual” como económica– por la patente del medicamento. ¿Surgirá, como vaticinó hace algunas semanas el filósofo Slavoj Žižek en un artículo, un cuestionamiento social, político e ideológico más profundo del sistema, y el impulso de cambiarlo? De cualquier modo, esta novela-catástrofe del siglo XXI llegó para quedarse un buen tiempo, y está en pleno desarrollo, al igual que sus posibilidades de narrarse.


“La mesa está servida” (sobre Darío Canton, en “Radar libros”)

El pasado domingo se publicó en el suplemento “Radar libros” de Página/12 una versión adaptada del prólogo que hice para la merecidísima reedición de La mesa, poema de Darío Canton, próxima a salir de imprenta por la editorial Zindo & Gafuri. (Además, se publicaron fragmentos del largo poema.)

Escrito hace cincuenta años –la redacción del poema, tal como está fechado, se terminó el 28 de junio de 1969–, La mesa es el cuarto libro de poesía que publicó Darío Canton, en 1972, por una recién fundada editorial Siglo XXI de Argentina. Antes, habían aparecido en otros sellos La saga del peronismo, Corrupción de la naranja y Poamorio, en 1964, 1968 y 1969, respectivamente. Como ocurre en amplias áreas o zonas del arte, la literatura y la poesía, y como relata Canton en el segundo tomo de su monumental autobiografía De la misma llama, Los años en el Di Tella (1963-1971), el libro “nació de un sueño”: “Una noche, la del sábado 26 de junio (de 1967), después de haber terminado el trabajo, me fui a acostar, supongo que no más allá de las 24. Al rato me desperté diciéndome internamente, a oscuras, unas líneas sobre la mesa. Sonaba de lo más extraño pero igual encendí el velador (…) tomé papel y bolígrafo (‘birome’) y escribí durante algo más de una hora. (…) Al terminar puse la hora, 2.30 a.m., y la fecha, que anoté mal y corregí días después, inicialmente sólo había puesto el mes. Apagué la luz y me dormí”. Y continúa el relato: “A la mañana siguiente releí lo que había escrito y me fui hasta la salita, habitación contigua al comedor (…), para consultar el tomo correspondiente del Diccionario Enciclopédico Espasa. Encontré muchas referencias vinculadas con la palabra mesa, voces afines, etc. Estoy seguro de que pensé que tenía un filón, la punta de un ovillo a desenrollar. Nada hice con él, sin embargo, en lo inmediato, puesto que estaba demasiado ocupado. Ese manuscrito original  tenía unas 160 líneas aproximadamente, sin contar la mayoría de las interpolaciones”.

Luego se reproducen en el tomo autobiográfico esas líneas primigenias y otros manuscritos, y más narraciones en torno a un trabajo ininterrumpido –aun con vaivenes– durante dos años.

Finalmente, La mesa tendrá 2604 versos, con listados de descripciones, comparaciones, parentescos, asociaciones y “deformaciones” (masa, misa, mosa –por moza–, musa…); “catalogando”, “historiando”. Con versos con “definiciones” sorprendentes, paradojales, como aquellos que hablan de la muerte y el catafalco que sostiene el ataúd como algo que sería “el comienzo/ de la vida subterránea”. También, tipos de mesas: “mesas de dibujo/ mesas de operaciones/ mesas de torturas/ mesas de saldos/ mesas de correos”, entre muchas más. Y originales hallazgos: “mesántropo/ híbrido de mesa y hombre”; con todo tipo de paráfrasis irónicas y humorísticas; en varios casos, tomando frases célebres, como las de Mahoma, Heráclito, Galileo Galilei, Ortega y Gasset (“¡Argentinos, a las mesas!”). Es un trabajo imaginativo y proliferante, abarcador y amplio, potente.

Tras varios intentos y propuestas de publicación en instituciones y editoriales de Argentina y de otros países, desde México, el mítico editor Arnaldo Orfila Reynal responderá al envío de Canton (poema y carta fechada el 13 de agosto de 1970) favorablemente, quedando en manos de la filial argentina de Siglo XXI la concreción de la publicación, ocurrida finalmente en 1972. El autor, a posteriori, hizo un descubrimiento: “sólo siete años más tarde supe que aquél lo había dado a leer en México a Gabriel Zaid, quien había recomendado su publicación”.

Consultado por e-mail, Gabriel Zaid tuvo la gentileza de responder. Esto escribió el poeta y ensayista: “Me alegra que La mesa se reedite, y lamento no recordar si presenté un dictamen escrito. Pero sí recuerdo mi argumento central: Es una poesía completamente distinta de la que se está haciendo”. Estas son palabras recientes, de comienzos de 2019, producidas por una impresión todavía viva en el recuerdo, tras casi medio siglo transcurrido; y –un detalle a señalar– coinciden con la autoevaluación que hiciera Canton en su momento. En la carta a Orfila Reynal le dijo respecto al libro: “Creo que es algo que vale, bastante insólito y experimental y que apunta a una renovación en muchos terrenos”.

Como parte de la colección “Mínima”, el libro contó con una peculiaridad que llamó la atención y generó preguntas y cuestionamientos (públicos y privados) por entonces: no llevó el nombre del autor, ni en la tapa ni dentro del volumen. La portada, además, reproducía tres naranjas, en alusión (muy deliberada) a un libro anterior. Pese al anonimato, poco tiempo después, comenzarían a llegarle a Canton –por distintas vías– valiosas repercusiones.

RECEPCIONES Y REACCIONES

Entre las lecturas, reacciones y comunicaciones que generó La mesa tras su aparición  –recopiladas en el tercer tomo de De la misma llama, De plomo y poesía (1972-1979), alojadas también en http://www.dariocanton. com–, se pueden destacar algunas:

La de la crítica y ensayista Josefina Ludmer, publicada en junio de 1973 en la revista Latinoamericana: “se suscita, mediante una extraordinaria parodia del pensamiento universitario, una relación cognoscitiva que trabaja sobre la afirmación-negación permanente de lo ya sabido, que ‘sabe’ porque ‘rememora’ no una entidad (la mesa como objeto) sino un sintagma: ‘la mesa’, y convoca a la totalidad del ‘saber’ para construir un tipo de ciencia materna que es poesía, negando específicamente la escisión que practicaba la sociedad burguesa entre lo poético y lo prosaico, lo culto y lo popular, lo divertido y lo instructivo”.

La del poeta y periodista Efraín Huerta, en el Diario de México, en dos entregas, el 21 y 22 de marzo de 1973. En la primera dice de La mesa: “es un librito en versos libérrimos cortitos, certeros y absolutamente lógicos”. “Pero fue el epígrafe el que me dejó lelo. Es un texto sociológico, filosófico y económico, firmado por ¡Carlos Marx! La última relación entre El Capital y una mesa”. En la segunda, luego de la cita correspondiente de El capital, prometida en la nota anterior, afirma sobre Canton y su libro: “armado hasta los dientes de la lógica, el autor juega de maravilla con el vocablo mesa; lo exprime, deshace, rehace, como cuando habla de los científicos mexicanos que descubrieron el mesomerismo, o teoría de la mera mesa… Hay que leer este librito, al amparo de la sabia y simpática santa de habla española del siglo XVI: Santa Mesita de Luz. Y reír: hasta el paroxismo humorístico”.

La del poeta y escritor José Emilio Pacheco, vía carta personal, fechada en México D.F. el 20 de abril de 1973. Allí le dice: “Es un libro que me hubiera gustado escribir y que por desgracia no podré hacer nunca”. A lo que agrega: “El despliegue de imaginación, de inteligencia, de vocabulario me deja atónito. No sé si es prosa o poesía o algo más, pero me doy cuenta perfectamente que sólo podría existir en esta forma. Me sorprende y me agrada que el libro sea anónimo”.

La del crítico David Musselwhite desde Kingston, Jamaica, también como comunicación personal, ese mismo año 1973, fechada el 2 de febrero. Haciendo asociaciones con Derrida, Saussure y Freud, le recuerda también que Foucault, en Las palabras y las cosas, utilizó el mismo objeto, una mesa, en pasajes de su libro. Concluye: “creo que implícita en La mesa está la idea de que todo puede ser derivado de una palabra original y nuclear”.

La nota completa acá.

Y acá, los fragmentos y secciones de La mesa.


Se presenta el vol.12 de la Historia crítica de la literatura argentina, “Una literatura en aflicción”

http://conti.derhuman.jus.gov.ar/2019/05/literatura-argentina.php


Video: presentación del libro “Siete Miradas. Conversaciones sobre literatura”

Publicado el 5 ene. 2019

Presentación del libro de Noé Jitrik y Demian Paredes con Guillermo Saavedra, Roxana Palacios y Eduardo Grüner
Realizada el 12 de octubre de 2018 en Wallace Bar Cultural, Ciudad de Buenos Aires

Videos: presentación de la Historia crítica de la literatura argentina, vol. 12: “Una literatura en aflicción”

* Tomado del canal de You Tube de Ana Abregú.

 

 

 

 

 

 

 


Presentación: ‘Historia crítica de la literatura argentina’, vol. 12, ‘Una literatura en aflicción’

 


#Hoy: presentación de “Siete miradas. Conversaciones sobre literatura”

* A las 19 hs. en Wallace Bar Cultural (Chacabuco 917, barrio de San Telmo).

* Ver también, en la revista del Canal Siete Artes la gacetilla de prensa.