“El Puntero”: Un engranaje de la política (capitalista)

Sobre la nueva serie El puntero

Una nueva serie se estrenó en Canal 13: El puntero, que retrata la vida de El Gitano (Julio Chavez), quien “maneja gente”, ya sea para el voto, para ir a un acto o para chocar y contener un piquete.

Manteniendo el neocostumbrismo de las series de “el Trece”, se apuesta a reflejar un sector social que, evidentemente, es un buen producto para la industria cultural local (ver los realitys de policías “en acción” en barrios humildes, los de presos y presas; los diarios competidores del Popular y Crónica: Libre y Muy): las clases populares. Y hay un posicionamiento político. Pol-ka presenta así la serie: “En tiempos en los que la marginalidad y la pobreza azotan a la sociedad y la gente cree que los funcionarios no escuchan sus reclamos, entra en acción ‘el puntero’, una pieza fundamental en el engranaje político”. Es claro que realiza una crítica al peronismo, al PJ y al kirchnerismo, en el marco opositor del Grupo Clarín. Esto, por más que busquen despegarse los productores y guionistas (que hablan de “poética naturalista” y de que la serie -¡obviamente!- tiene “una historia de amor muy fuerte”, como dice Suar) y el propio Chavez, que ha dado reportajes a todos los medios (desde Página/12 a La Nación y Perfil[1]), separando la evidente estrategia comercial de sacar un programa de “tintes políticos” en un año electoral de una –para él inexistente- estrategia política: la pelea entre Clarín y el kirchnerismo.

La derecha atacó: La Nación publicó una nota señalando “una arbitrariedad”: “la presencia de un obispo católico de opereta […] distante e insensible, al que los políticos se esfuerzan por servir”. Y agrega: “no hay nada en el programa que aluda al sistema económico que ha facilitado este sistema de dominación política que se recrea. […] las decenas de miles de consumidores argentinos de HBO que mejoraron todos estos años sus vidas con series, como The Sopranos o The Wire, le escaparán a El puntero”. Entonces: defensa de la iglesia (con la excusa de que atentaría a la “crítica del televidente”) y de la privatizaciones de los ‘90, como la Tv por cable. Y Pablo Hecker escribió en El Cronista tras el primer capítulo: “cuando un grupo de personas corta la calle, la policía no interviene tampoco, como en la realidad, porque la protesta no se criminaliza”. Además de la confusión propia de un bruto derechoso –son distintos un piquetero y un puntero-, admite su deseo de que las protestas, en la serie (y también en la realidad), sean reprimidas.

Por su lado, los kirchneristas trataron de “correr por izquierda” a Clarín, aduciendo que la serie es “antipolítica”: sale “cuando la gente cree de nuevo en la política”, “cuando la juventud vuelve a la militancia”. ¡Como si ellos encarnaran la “pureza” de alguna “renovación”! Es puro cinismo este “golpearse el pecho” del kirchnerismo, ya que ellos aprovecharon, desde 2003, toda la red de punteros que (re)lanzó Duhalde tras el estallido de 2001 y aún antes ¿No fueron los punteros del PJ y la UCR –junto a las fuerzas de represión y la iglesia- quienes actuaron para frenar las grandes luchas que reclamaban “trabajo genuino” en Salta, Jujuy y Neuquén en los ’90, con planes y bolsones? Los blogs oficialistas se enojan por la “antipolítica” de Clarín, pero al mismo tiempo reivindican una “política” que de nueva no tiene nada. Dicen: “¿Para qué está la política si no para satisfacer ambiciones personales? El problema es que cuando se satisfacen intereses personales de los de arriba se lo denomina ‘interés nacional’ pero cuando se responde a necesidades de los sectores populares se llama ‘clientelismo’”. Polarizando entre la “ambición” de un sojero y la de alguien que va a un acto por “asistencia retribuida”, se pretende justificar que haya “gente que con su voto premia la construcción de una cloaca o el tendido de agua corriente”. Es decir, manteniendo a los trabajadores en la pobreza, por acción de estos mediadores, los punteros, que administran las necesidades básicas a cuentagotas, mientras los “gestores” kirchneristas encaramados al Estado viven de esta política… tradicional: ganar decenas de miles de pesos en los cargos públicos. ¿Refleja o no la realidad esta serie, la del puntero barrial y la del jefe-intendente millonario-mafioso?

El puntero se deja ver, es dinámica. Tiene una importante producción y un aceptable libreto. Con una historia de amor como “guía” para captar un amplio público, posee referencias muy genéricas que, sin embargo, logran retratar (algo de) nuestra historia reciente y presente. Esto, que es su punto fuerte, “atrayente”, es al mismo tiempo una ¿inevitable? simplificación, que estereotipa. Este “realismo” es más bien una re-presentación de lo que hay –y se conoce- en los barrios más humildes de Provincia y Capital: desocupación, carencias varias y punteros (y su entramado de políticos-toma-y-daca en los municipios). Pero nada de otros fenómenos, instancias y situaciones que son también habituales y se desarrollan allí, como la lucha y la organización solidaria, y también política, de los que menos tienen. ¿Se podría hacer una serie llamada “el piquetero”, “el sindicalista de base” o “el militante de izquierda”? Seguramente no. Ni la derecha ni el kirchnerismo lo harían; o lo harían solo para desvirtuar (atacar y/o utilizar) esas figuras combatientes.


[1] “Desde mi punto de vista, es una ficción casi naif. Soy sumamente ignorante y quizás no me doy cuenta de algo. Yo no estoy involucrado ni interesado en esa lucha. Ni informado. Tengo otros intereses. Me gusta la gente que piensa, que se dedica a pensar y a ser consecuente con lo que piensa, tenga un aliado o ninguno. A mí no me pasa que tenga que elegir entre el Grupo Clarín y el Gobierno. Sería de una enorme pobreza que el programa se hiciera o se interpretase como parte de esa pelea. Te digo más: a este puntero no le da el pinet para ser un corrupto groso. No es un tipo que se terminó de integrar al sistema; es alguien que se quedó a medio camino y lo atropelló un coche” .