Videos: ‘Inquérito Policial: Família Tobias’, de Ricardo Lísias (reportaje y booktrailer)

Reportagem do Arte 1 sobre o livro Inquérito Policial: Família Tobias.
Compre na Banca Tatuí: http://www.bancatatui.com.br/categorias/livros/­inqueritopolicial/
Saiba mais sobre o livro: lote42.com.br/inqueritopolicial/
Ficção e realidade: o escritor Ricardo Lísias transforma em literatura sua experiência com a polícia federal por causa de uma personagem.

 

Inquérito Policial: Família Tobias é um livro de Ricardo Lísias lançado pela editora Lote 42 em 2016. O ponto de partida da obra é o arquivamento de um inquérito real que investiga o autor, Ricardo Lisias. Ele descobre que os denunciantes foram João Varella, Cecilia Arbolave e Thiago Blumenthal, sócios da editora Lote 42, na mera intenção de ajudá-lo numa crise criativa e assim viabilizar a publicação de um livro. Lisias, então, solicita a abertura de uma investigação na Polícia Federal contra a editora.

O livro está à venda na Banca Tatuí: http://goo.gl/k5QuSr
Acesse o site do livro: http://www.lote42.com.br/inqueritopol…


Cuidado, aquí hay ficción

*Nota de La Izquierda Diario

LITERATURA // OPINIÓN

Cuidado, aquí hay ficción

A raíz del “caso Ricardo Lísias” (una acusación judicial al escritor paulista de “falsificación de documento público”) Cristhiano Aguiar analizó y escribió sobre el tema. Con su generosa autorización, La Izquierda Diario de Argentina traduce y publica su artículo aquí.

Cristhiano Aguiar
Escritor, crítico literario y profesor

Hace algunas semanas, el escritor paulista Ricardo Lísias quedó envuelto en un embrollo digno de sus excelentes ficciones. El caso, en verdad, es tan complicado, que admito el no tener seguridad de que lo entendí correctamente. Al parecer, el autor será investigado por la Policía Federal, a partir de un pedido del Ministerio Público, por haber supuestamente falsificado un documento público, crimen que puede darle al infractor una pena de reclusión de dos a seis años, o bien una multa. El detalle, sin embargo, es este: no hay falsificación, porque el documento es parte de su novela, publicada por la editorial e-galáxia,Delegado Tobias. Ante todo –y digo esto en nombre de todo el equipo de Vacatussa– toda nuestra solidaridad y apoyo a Lísias y a su trabajo, cuya ficción se ha mostrado como una de las más incitantes de la producción contemporánea brasileña.

No puedo, pese a todo, dejar pasar este episodio sin comentar que tanto la propia idea de ficción en cuanto tal –ese es el tema de nuestra charla de hoy– retira parte de su propia pertinencia social justamente por su poder de nublar fronteras muchas veces juzgadas inmutables. Ese poder desestabilizante de lo ficcional, como demuestra la equivocada investigación contra Lísias, puede provocar consecuencias jurídicas, algunas incluso peligrosas. la historia de la literatura, del libro y de la lectura está repleta de episodios sumamente singulares. Luego vamos a recordar algunos de ellos.

Lo que ocurrió con la novela Delegado Tobias implica un completo desconocimiento de lo que es la ficción. El texto ficcional, incluso aquel que pretende ser lo más realista posible, es siempre un acto de fingir, para tomar prestada la definición establecida por Wolfgang Iser. El escritor propone para su posible lector un pacto, y el compartir un mundo fundado en el lenguaje. Un mundo que no es una fuga de la realidad, como tantas veces pensamos, y sí un cosmos paralelo y, al mismo tiempo, profundamente enraizado en la experiencia de un tiempo, de una historia, de una cultura, de un cotidiano. El desconocimiento de ese mecanismo básico de la ficción, en el caso del Episodio Lísias, es un error básico, pero no me sorprende del todo. ¿Por qué? Es que las narrativas como el romance, o la novela, por ejemplo, tradicionalmente flirtean con textos no ficcionales, entre ellos textos jurídicos. Una de las características básicas del género novela, a fin de cuentas, es la de incorporar dentro de sí innúmeros géneros textuales, incluso los no ficcionales. Entra todo en la novela: “imitaciones” de cartas, de opiniones, de e-mails, de documentos jurídicos, de chats, letras de canciones, diseños, organigramas, slides de powerpoint… Cabe, incluso, una respuesta judicial, documento de la discordia contenido en la novela de Lísias.

Soy uno de los partidarios de la hipótesis de que la moderna prosa de ficción nace no en el siglo XVIII, sino en los romances picarescos surgidos en la península ibérica a partir del XVI. La modernidad ficcional se consolida cuando los entonces nuevos relatos cada vez asimilan más, como piensan Auerbach y Bajtín, las dinámicas de la vida cotidiana, o sea, sus colores, olores, lugares, sobrenombres y, en especial, los múltiples usos, dialectos y variantes del lenguaje de la calle y del día-a-día. El primero de los romances picarescos, El lazarillo de Tormes, es estructurado como una declaración, una carta del lazarillo a una poderosa autoridad. Por lo tanto, este libro es sólo uno de los ejemplos posibles de la frecuente incorporación, en pos de crear un “efecto de realidad”, de textos que, por su naturaleza, vinculan la narrativa ficcional a una atmósfera vinculada a lo no ficcional. Es el caso de los documentos jurídicos, por ejemplo. Fue exactamente eso lo que Lísias hizo.

Ese poder de la ficción me atrae mucho. Pero fueron muchos quienes la consideraron peligrosa. Continuemos en el siglo XVI con los españoles. Mi fuente es el libro organizado por Franco Moretti La cultura del romance. En 1543, es promulgado, en Valladolid, un decreto prohibiendo introducir en las “Indias”, en especial en Perú, “libros de historias profanas”, o sea, romances: “ocurre que los indios educados en la lectura, atraídos por esas historias, abandonan los libros de la santa y recta doctrina y extraen de estas obras mentirosas malos hábitos y vicios”. Dos ideas aún hoy defendidas por muchas personas están presentes en esta prohibición. La primera, es la de que existe un campo separado entre la Verdad, por un lado, y la Mentira, por otro, cuyo representante por excelencia del segundo polo sería la ficción. La segunda idea es el mito de que todo texto ficcional es directamente pedagógico y, por consiguiente, todo lector sería una losa en blanco, 100 % influenciable. Recuerdo, por ejemplo, en mi infancia y adolescencia el haber oído a muchos pastores y parientes condenando novelas y películas justamente por causa de eso, pues “sólo enseñan lo que no sirve”. En 1698, en Alemania, un tal Gotthard Heidegger escribió una condena del romance. “Quien lee romances lee mentiras”, afirmaba. De inmediato, observa que en tanto romance, la ficción como todo, en realidad, intensifica los propios efectos nefastos cuando crea historias basadas en hechos reales. En estos casos, para G. Heidegger, los romances “no mienten apenas, sino que promueven un verdadero ultraje a la verdad, pues la contaminan con un río de mentiras”.

Es ese “río de mentiras” el que necesita ser controlado y recortado por el Estado, o por cualquier aparato ideológico amenazado debido al potencial transgresor de la ficción.

La nota completa acá.


Entrevista a Ricardo Lísias: “Las grandes corporaciones quieren invadir totalmente la vida de las personas. Mi libro intenta mostrar lo que ocurre cuando lo consiguen”

tapa lord* Entrevista con el escritor brasileño Ricardo Lísias, para La Izquierda Diario:

Se publicó recientemente en Argentina tu novela El libro de los mandarines, primera traducción al castellano de un libro tuyo. ¿Qué lecturas tuvo; cómo cayó entre el público, el periodismo y la crítica?

Aún no tuve noticias de la reacción del público, si tuvimos buenas ventas, etc. En cuanto a la recepción crítica, hubo un texto de hecho muy bueno firmado por un intelectual argentino que da clases en los Estados Unidos, Fermín Rodríguez. Y el texto tuyo también me dejó muy contento, Demian; destaco por ejemplo este buen “resumen” de lo que son las diversas líneas que conforman El libro de los mandarines: “La despersonalización o ‘impersonalización’ (todos los nombres –por país o continente– se repiten, son el mismo-lo mismo), la individualización-privatización-aislamiento extremos del sujeto, la ambición y la codicia (de fama y dinero) como motores de la alienación en las capas altas de la sociedad son trabajados fina, sutilmente, en esta crítica de humor mordaz-satírico que ejecuta Lísias”.

En tanto, observo que la divulgación es un poco más larga que en Brasil: aquí los libros son discutidos solo las semanas siguientes al lanzamiento. Luego quedan olvidados o serán analizados por el público académico, actualmente alejado de la prensa –aquí en Brasil son dos mundos que se mixturan muy poco–. Creo que gradualmente El libro de los mandarines encontrará su espacio entre el público de lengua española. Será algo lento, como aquí en Brasil, seguramente; pero esa lentitud me agrada mucho. No me gusta la extrema velocidad contemporánea: ella me parece alejada de la literatura que yo practico.

¿Y cómo fue la recepción en su momento en Brasil?

El libro recibió las reseñas habituales en los diarios brasileños y después comenzó a interesar bastante al público más joven, teniendo mucho éxito en un evento bastante popular por aquí: la Copa de la Literatura. En este momento está recibiendo la atención del público académico, y también tuvo un aumento de ventas, siguiendo el suceso de la novela Divórcio: las personas leen Divórcio y luego buscan mis otros libros.

¿Por qué la elección de tomar como personaje a un gerente de banco? ¿Qué te llevó a escribir esta historia?

Cuando escribí el libro estábamos al comienzo de la actual (y larga) crisis económica. En fin: el sistema bancario estaba en el centro de las atenciones, mostrando su cara predadora y explotadora. Decidí discutir literariamente cuáles son las consecuencias humanas y humanitarias que el sistema bancario provoca. Observé que el llamado mundo corporativo tiene como uno de sus grandes triunfos invadir la vida de las personas por completo. No se trata meramente de un procedimiento respecto al horario de trabajo: las grandes corporaciones quieren invadir totalmente la vida de las personas. Mi libro intenta mostrar lo que ocurre cuando ellas lo consiguen.

Otros trabajos tuyos, como Divórcio (2013), fueron cruzados en Brasil por una “lectura literal”, lineal, asumiendo que lo que escribías era lo que vivías o viviste –es decir, rompiendo el “pacto de lectura” con laficción y tomando tu texto como confesión–. ¿Cómo analizás esto? ¿Buscabas alguna clase de efecto así? ¿Con qué fines?

Es necesario discutir Divórcio con cierto cuidado. Algunos efectos fueron creados intencionadamente por mí, es claro. El libro necesitaba confundir ciertos protocolos de realidad, por así decir, para obtener la denuncia que buscaba. Funcionó, porque dejó a la prensa conservadoracon los pelos de punta. El libro critica abiertamente a la prensa conservadora, la llamada gran prensa brasileña, ligada a los grupos sociales más conservadores. Te doy un ejemplo: hoy, dos días después del inicio del gobierno de Syriza en Grecia, los diarios casi no dan noticias sobre el asunto…

Fue necesario por parte de esos medios conservadores, así, quitar todo el aspecto político del libro para neutralizar la crítica que él propone. Y no funcionó, porque lectores universitarios muy competentes inmediatamente intervinieron y defendieron el libro. Entonces ocurrió un fenómeno muy curioso y un poco raro por aquí: la crítica altamente especializada y el público lector en general buscando el libro y disfrutando mucho de él; y la prensa conservadora intentando destruirlo, justamente por no aceptar las críticas…

La nota completa acá.


Ricardo Lísias y su divertido “loopeo” narrativo (y crítico)

tapa lordHoy en la sección Cultura de La Izquierda Diario se publicó mi reseña a El libro de los mandarines, recientemente publicado, del brasileño Ricardo Lísias:

Entre los numerosos autores del Brasil que han sido traducidos en nuestro país por diversas editoriales (y “sellos”) los últimos años (Corregidor, Beatriz Viterbo, El cuenco de plata, Emecé, Alfaguara, Edhasa, De la Flor, Manantial –que tradujo al vanguardista Hélio Oiticica; libro ya comentado en La Izquierda Diario– y Tinta Limón, entre otras) se encuentra el paulista Ricardo Lísias con su novela, publicada originalmente en 2009, El libro de los mandarines (Adriana Hidalgo, 2014). Allí, con una prosa que utiliza muy inteligentemente –entre otros recursos– algo así como la técnica musical del loop, repitiendo a lo largo de la narración fragmentos, frases, refranes, epítetos y sentencias, se da rienda suelta a una gran parodia del “mundo ejecutivo” de las finanzas a comienzos del siglo XXI.

La historia: Paulo, un joven “experto” de Banco (con sede central en Inglaterra), se postula en el “Área de desarrollo” en la que trabaja para viajar a China, donde se ha abierto la posibilidad de entablar nuevas relaciones (negocio$). En la feroz competencia –que él cree se ha desatado– aprende el idioma mandarín, hace quedarse media hora más tras el horario de salida a sus (fastidiados) subordinados para enseñarles palabras y frases en chino y comentarles la historia y la filosofía de ese país; y comienza a pergeñar –emulando a su ídolo, el ex presidente Fernando Enrique Cardoso– un libro para fomentar el “espíritu” entre sus pares, con reflexiones que mezclarán los lugares comunes de los manuales de “autoayuda”, más algunos clichés de la “filosofía oriental” y las “naturales” (“lógicas”, inevitables, siempre desmesuradas, insaciables) ambiciones de brokers y “operadores” por alcanzar “el éxito”: “Pau** piensa en lo que puede significar para su carrera la experiencia en China. Es un mercado grandioso, infinito, lleno de posibilidades y que está rediseñando el perfil de la economía mundial. Y él, como antes el ex presidente Fernando Enrique Cardoso, va a ser parte de esa transformación histórica en un lugar privilegiado” (p. 68). Todos los delirios del personaje harán que un reportaje lo perfile así: “Pau**, treinta y seis años, considerado uno de los mayores expertos en análisis de futuros y gestión de equipos, ama las palabras y llega incluso a coleccionarlas. Cada semana este ejecutivo ejemplar coloca como frase de firma para sus e-mails algún término inspirador. Así, sus empleados consiguen elaborar significados más productivos mientras trabajan. En una gran corporación, usar la palabra justa en el lugar adecuado es uno de los secretos del éxito” (p. 77).

Paulo ganará el puesto tras convertirse, progresivamente, en unos graciosos asteriscos en la lista de empleados-postulantes de Paulson (Paulo se transformará, despojado de cada una de las letras de su nombre, en *****), y viajará rumbo a la misión que ambiciona…

La nota completa acá.


“Concentração” (Ricardo Lísias)

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