“Zurita, verás no ver” (trailer oficial)

Dirigida por Alejandra Carmona Cannobbio. Raúl Zurita, escritor, artista y activista político, ha plasmado su poesía en acciones de arte que impregna en papel, la geografía chilena e incluso su propio cuerpo. Hace 17 años padece de Parkinson, pero a pesar de su deterioro, mantiene una intensa vitalidad y emprende nuevos desafíos como el rock, demostrando que no se rinde ante la muerte.

Ficha Técnica Dirección: Alejandra Carmona Cannobbio

Producción: Eduardo Lobos

Casa productora: Ginkofilms

Guión: Alejandra Carmona Cannobbio

Fotografía: Enrique Stindt, Pablo Valdés, Alejandra Carmona

Montaje: Andrés Fuentes y Valeria Valenzuela

Sonido: Boris Herrera

Duración: 75 minutos.


#Documental: “Raúl Zurita. Escribir en el Desierto”

Publicado el 9 nov. 2017


#Libros: tres (breves) reseñas

Acerca de El grito, novela de Florencia Abbate
Tangente realidad (y proliferación mental)

tapa-gris_el_grito-4Los acontecimientos del 19 y 20 diciembre de 2001 en Argentina dejaron su marca, como suele ocurrir con todo hecho histórico de magnitud, no solo en la política del país, sino también en su cultura: por ejemplo en el periodismo –ver la compilación titulada La Comuna de Buenos Aires, con entrevistas y artículos de María Moreno–, y en la literatura –en relatos, novelas y poesía–. Un libro aparecido en 2004, El grito, primera novela de Florencia Abbate, acaba de ser reeditado por la cordobesa Eduvim. Allí, la autora recupera aquel “diciembre caliente”, de estallido de la economía, con rebeliones populares y
luchas, y la posterior caída de ministros y presidentes. Pero lo hace mediante un trabajo especial. En parentesco con varios relatos que fueron compilados en Los días que vivimos en peligro (un conjunto de narraciones que tomaron momentos críticos y/o de crisis de la historia argentina, y donde hay un cuento “del 2001”: “El título”, de Federico Jeanmaire), El grito se hace eco de aquellos episodios decembrinos, pero sin pretender reproducirlos (ni en clave realista, ni naturalista). Como en sordina ante el ruiderío de aquel gran “quilombo argentino”, Abbate, tras comenzar su libro con una cita de Borges (quien, en uso de “licencia poética popular”, habla del azar: la realidad de nuestro país sería algo así como “una lotería”), narra cuatro historias, tituladas llamativamente “Marat-Sade”, “Luxemburgo”, “Warhol” y “Nietzsche”.

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Comentario a ‘In Memoriam’
Raúl Zurita: una música de los países rotos

rzur201216Fragmentos o secciones del gran volumen de Raúl Zurita, Zurita (EUDP, 2011), reescritos y reordenados, fueron apareciendo años previos a esa magna obra de casi ochocientas páginas del poeta y escritor chileno: In MemoriamCinco fragmentosCuadernos de guerraSueños para Kurosawase
titularon los “anticipos”. Y ahora, la joven editorial argentina Audisea publica In Memoriam, en una versión revisada y adaptada por el autor; un libro aparecido originalmente en 2008 en Santiago de Chile.

Como si fuera un fantasma que recorriera los escombros de la destrucción posdictatorial latinoamericana, los genocidios en Europa y sus guerras, las matanzas y aberraciones de la historia (in)humana –ahí está, para confirmarlo una vez más, el libro póstumo recién aparecido del español Jorge Semprún, Ejercicios de supervivencia–, la voz poética que compone Raúl Zurita en sus libros tiene como piedra de toque estos temas, desafiando de algún modo la conocida (ultracitada) frase de Adorno, acerca de la poesía y Auschwitz como experiencias antagónicas, absolutamente opuestas, e incluso de efecto paradójicamente (auto)anulatorio, en el caso de una: “escribir poesía” luego de Auschwitz era, para Adorno, “un acto de barbarie”. Pero Zurita no “solo” escribe poesía “después de Auschwitz” –y las barbaries posteriores–, sino que, transformando la experiencia y el recuerdo, genera e implanta un “vitalismo poético”, una vigorosa fuerza, una voz, que surge del derrumbe, de la destrucción y el crimen masivo que perpetraron las dictaduras –en particular la de su propio país–.

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Juan José Saer. Una forma más real que la del mundo / Martín Prieto (comp.)

tapa saerJuan José Saer, narrador, poeta y ensayista, expresó desde sus primeras intervenciones públicas una alta conciencia y una decisión firme —se diría inquebrantable— de dedicar su vida a la literatura. Este libro, que reúne una treintena de entrevistas que van desde la década de 1960 hasta 2005, meses antes de su muerte, es otro acercamiento a sus lecturas, su visión acerca del devenir y el porvenir de la literatura, su propia biografía y hasta sus ideas sobre historia y política.

Si ya podía saberse lo que pensó el autor de El entenado acerca de la literatura por El concepto de ficción (1997) y La narración objeto (1999) —y por los volúmenes póstumos Trabajos (2005) y Papeles de trabajo I, II, III y IV—, la lectura de estas entrevistas permite apreciar diversas constantes, ciertas intuiciones primigenias que se irán reelaborando a lo largo de las décadas, cambios, incorporaciones de autores y temas, críticas y una serie de preocupaciones que hicieron a la propia escritura de Saer.

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Entrevista con el poeta chileno Raúl Zurita para La Izquierda Diario

Raúl Zurita: “La poesía no tiene absolutamente ninguna otra posibilidad que la de ser extraordinaria”

Entrevista con el poeta chileno Raúl Zurita, autor entre otras obras de ‘Purgatorio’, ‘Anteparaíso’, ‘INRI’ y ‘Zurita’.

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Fotografía: Jorge Brantmayer

Poco antes de que saliera de viaje hacia la Argentina –donde, entre otras actividades, tocó con la banda de rock González y Los Asistentes el pasado sábado 20 de agosto, en el Centro Cultural MATTA-Embajada de Chile en Argentina–, tuvimos esta conversación-entrevista con el poeta chileno Raúl Zurita, vía e-mail. Autor de libros fundamentales como Purgatorio, Anteparaíso, Canto a su amor desaparecido, INRI –libro que tieneedición local con Mansalva– y el monumental Zurita, el escritor –también autor de la novela El día más blanco– ha trabajado, desde la década de 1970, en el dolor de las masacres y genocidios de nuestra época, y en particular en el de la dictadura de Pinochet, que además lo incluyó a él entre sus víctimas directas: Zurita fue encarcelado y torturado.

Integrante del Colectivo de Acciones de Arte (CADA), parte de lo que se conoció, según ha historizado en sus trabajos Nelly Richard, como la Escena de Avanzada –un agrupamiento amplio de artistas que actuaba bajo la dictadura, del cual la misma Richard fue parte–, Zurita habla aquí –en una charla tan aguda como amplia en sus temáticas– del “sentido de existencia” del arte y de la poesía, de otras obras y autores de América Latina y de Europa (Joyce, Hackl, Bernhard, Bolaño, Guimarães Rosa, entre otros), y, también, de algún libro suyo.

Maestro Zurita, en primer lugar quiero que se refiera a la reciente recepción del Premio iberoamericano de poesía “Pablo Neruda”. Usted dio allí un discurso “fuerte”, intenso, planteando entre otras cosas cómo la poesía, que debería ser “celebración de la vida” tuvo que, por las dictaduras latinoamericanas que acontecieron en los 70, también “retratar la desgracia”. Pareciera que los últimos genocidios en esta parte sur del continente se mantienen como una “fuente” de (dolorosa) “inspiración” para los artistas, tanto en la literatura y en la poesía, como en las demás artes (cine, fotografía…).

Agradezco el premio que usted menciona, pero lo agradezco con vergüenza. Todo lo que llamamos arte no son sino escombros, triturados pedazos de carne que como pájaros carroñeros, incontables bandadas de pintores, escritores, músicos, recogen poniéndoles sus nombres sin saber que son los restos de una batalla infinitamente perdida. La tarea no era ser artistas; era hacer del mundo una obra maestra y los millones y millones de novelas, de poemas, de partituras, pinturas, esculturas, murales, dramas, que repletan los anaqueles de las bibliotecas y las librerías, los muros de los museos y de las galerías de arte, las salas de conciertos, los e-books, son la muestras de esa infinita derrota. Yo no hubiese querido escribir poemas, lo que yo hubiese querido es que no existiesen gran parte de las razones que llevan a los seres humanos a escribir poemas. No me siento orgulloso de haber escrito Canto a su amor desaparecido, no me siento orgulloso de haber escrito INRI, me sentiría orgulloso si no los hubiese jamás escrito. Hay un poema que es absolutamente superior a La Ilíada y es que La Ilíada nunca hubiese existido porque eso significaría que los extremos de la violencia y de la locura de los que ese poema tuvo que dar cuenta nunca sucedieron.

Este premio fue recibido el año pasado por el brasileño Augusto de Campos. Aprovecho para preguntarle qué le parece la poesía concreta, y si lee poetas brasileños.

Cómo no admirar la poesía brasileña, su libertad formal, su variedad, ese universo que va desde el imponente Drummond de Andrade, desde Morte e vida Severina de Cabral de Melo Neto y Poema Sujo de Ferreira Gullar, hasta las últimas obras de Augusto de Campos, que van mucho más allá de la poesía concreta con la que yo no creo tener mayor relación. Ellos creyeron hacer una poesía material y la verdad es que nunca superaron la gráfica. La gran contradicción de la poesía concreta es que no es concreta. Si fuera concreta no estaría sobre papeles, sino sobre las cumbres de Los Andes. Cuando conocí a Haroldo de Campos se lo quise decir, pero era alguien tan generoso y amable, que no lo hice. Pero lo que determinó mi relación con la poesía brasileña no fue la poesía en el sentido usual del término, sino leer el Gran Sertón: Veredas de Guimarães Rosa. Es una de esas obras que sobrepasan la división de los cementerios literarios y suena ridícula confinarla a la estrechez de nuestras clasificaciones. Guimarães le pertenece al gran océano de las hablas humanas del cual todo surge y al cual todo vuelve. Esa sensación de enfrentarte a algo que excede lo humano, algo que es anterior e innombrable, y que se manifiesta de un modo no calculado, que no obedece a nada sino a su propio deseo de ser, es lo que me maravilla y me aterra de obras como el Gran Sertón. Libros como ese, si llegas a leerlo, no sales del mismo modo que entraste. ElSertón es el gran poema y la gran novela de la literatura brasileña y resulta difícil confrontarse con las medidas que pone.

Usted tiene una participación en la última película de Patricio Guzmán, la bellísima El botón de nácar, estrenada en 2015. Pareciera que hay cierta coincidencia en los motivos de ustedes dos, respecto a ligar poética, líricamente, las inmensas bellezas naturales con el horror de las antiguas matanzas y el de las “modernas” dictaduras.

Admiro a Patricio Guzmán. Los paisajes son inmensos telones en blanco que nuestro paso por la vida va llenando. Los Andes, el océano, las selvas y desiertos, están sucios de nuestros ojos, de nuestras miradas, y en ellos están proyectados, infinitamente más que en todos los monumentos construidos por la historia, la tragedia, la bondad, la desgracia y la esperanza humana. No esculpimos la Pietá ni construimos la bóveda de San Pedro, pero son nuestras miradas, su terror y espanto, su amor y dulzura, las que sumadas una a una levantan los contornos imponentes de los Andes y las rompientes del Pacífico. Miles de cuerpos fueron arrojados al mar, tenemos ustedes y nosotros esa horrorosa historia común, he querido creer que el mar son nuestros ojos y que nuestras miradas los acompañan. He querido creer que hay un dios del mar y que ese dios tiene nuestros ojos.

Me interesa hablar de Zurita, su magna obra de casi 800 páginas. ¿Se la puede considerar como una especie de summa de gran parte de sus temáticas poéticas fundamentales?

Uno es un muy mal comentarista de mí mismo pero qué diablos, intentaré contestarle. Una vez respondí que las únicas obras que me importaban eran las obras totales. Era mi reacción, sin duda exagerada, contra la mistificación del fragmento, ese lugar común que afirma que el derrumbe de los socialismos reales y el fin de las utopías hacen imposibles los megarrelatos y toda pretensión de totalidad, no sin darle una justificación a una claudicación artística enorme. ¿Imposible? ¿y por qué? ¿no será exactamente lo contrario? No vivimos fragmentariamente, feliz o dolorosamente no podemos experimentar nuestras vidas sino como una totalidad: naces, cometes los errores que te corresponden, te crucifican y en un instante dirás, al igual que todos los seres humanos que han pisado la faz de la tierra: “padre, padre, por qué me has abandonado”, tienes tus tres noches en el sepulcro, por una única vez conoces la resurrección y finalmente te ocurrirá algo tan absolutamente alucinante como es morirte. Una obra o es el correlato de eso o no es. Lo es Pedro Páramo, lo es Ulises, lo es el cuento “La tercera margen del río”, de Guimarães, lo es el Gran Sertón, lo es Alturas de Macchu Picchu, lo es Cien años de soledad, lo es el “Poema conjetural” de Borges.

También hay en Zurita una suerte de conexión, de ligazón con las catástrofes del mundo, por ejemplo la bomba atómica en Japón y la guerra en Europa. Pienso en autores como Sebald, Thomas Bernhard y Peter Handke (y por supuesto también Günter Grass –aunque con otra “espesura” y “modos” literarios–). ¿Tiene o siente usted alguna afinidad con alguno de estos escritores?

Entiendo, pero lo importante no es el tema, es el tono. Es lo que diferencia para mí a Thomas Bernhard de Peter Handke y de un autor que admiro: Erich Hackl. Leí la saga autobiográfica de Bernhard y aunque es un gran escritor tuve la sensación de que escribía como si la famosa frase sobre la imposibilidad de la poesía después de Auschwitz de Adorno le estuviera pidiendo cuentas. La lectura de Handke en cambio me marcó la vida. Fue Kaspar, lo leí a los 18 años y fue lo más próximo a un rito de iniciación, volví a encontrarme con Handke en esa película de Wenders El cielo sobre Berlín cuyo guión es de él. Los diálogos de esa película se cuentan entre lo más bello que he leído en mi vida. Me sucedió algo similar veintiséis años después, el 2004, cuando en Tampico, México, escuché a Erich Hackl leer fragmentos de Una boda en Auschwitz. El comienzo de ese libro simplemente me liquidó y podría transcribirlo de memoria:

“Esta noche soñaré con Rudi Friemel. Tendrá la cara blanca como la cera los ojos muy abiertos, como si se hubiese dado un susto de muerte. Llevará un pantalón de presidiario, a rayas y de tela fina, tapándole los sabañones, y una camisa blanca con bordado de rosal. Un regalo, ¿de quién? Sonreirá como siempre sonreía. Veré el hoyuelo en su mentón. Dirá: Todos me han olvidado, las mujeres, los amigos, los camaradas. Tonterías, diré yo”.

Es el tono, ese “esta noche soñaré con Rudi Friemel”, una frase así es decisiva, es tan decisiva como la Trilogía de Danzig de Günther Grass. Me has nombrado novelistas, yo creo que la única diferencia de la poesía con la novela es que la poesía no tiene absolutamente ninguna otra posibilidad que la de ser extraordinaria, o sino por qué la vas a leer, mientras una novela puede ser mala y a la vez ser extraordinaria, incluso ser la gran novela de su tiempo y de su época, un caso célebre es Rayuela, un caso más cercano es 2666. No he leído a Sebald.

Se puede decir que hay algo en Zurita “de inspiración joyceana” (una voz, una conciencia, recorre un determinado lapso de tiempo). Le pregunto entonces por James Joyce, a propósito de esto, y de las apariciones (¿de lecturas?) dentro del libro (por ejemplo la referencia al Finnegans Wake que hay).

Solo una cosa te puede influir más que un libro que has leído; un libro que no has leído. Eso es el Finnegans Wake para mí. No me tomó diecisiete años leerlo, me bastaron tres datos y mi enamoramiento fue inmediato. Cuando Joyce reescribe La Odisea mostrando que lo mítico no es el viaje de retorno de Odiseo a Ítaca sino la travesía de cualquier ser humano regresando a la casa de la que salió en la mañana, le da un nuevo sentido a 2.800 años de literatura. Lo increíble es que después de ese colosal registro de un día común, el libro termine con ese “sí“” final, con ese “and yes I said yes I will yes”, que es el sí del día a la noche que se abre y que esa noche que se abre sea el Finnegans Wake. Porque si Ulises es su libro diurno, el Finnegans Wake es su libro nocturno y la sola idea de cerrar el ciclo de un día y a la vez mostrar que en esas 24 horas está contenida toda la memoria humana es de tal magnitud, es tan condenadamente imposible, que me hace llorar. Me hace llorar el que un simple tipo como yo, o como cualquiera, sin más armas que el arrojo, sin más armas que la insignificancia de su genio, haya intentado reconstruir una noche y un día de otro cualquiera, o sea, de ese amasijo de babas y sangre, de violencia y ternura, de desaprovechada maldad y desaprovechada bondad, que es otro cualquiera, que sale de su casa, que toma un bus, que responde, como lo estoy haciendo yo, una entrevista y que no sabe, quién podría saberlo, si sobrevivirá a esa travesía, si volverá a acostarse en la misma cama de la que se ha levantado. La escritura de Joyce abre una esperanza de que en este montón de escombros, de ruinas, de restos, que es el arte, pueda encontrarse a Dios.

Otra mención (y diálogo con sus obras, especialmente con 2666 y con Estrella distante) es la de Roberto Bolaño. Quería saber su parecer respecto a esos libros.

La nuestra ha sido una relación póstuma. Él tomó mi poema escrito en el cielo en 1982 en Estrella distante. No creo para nada en la propiedad sobre la creación artística y el hecho me entusiasmó mucho y corrí a comprar el libro para ver cómo lo había solucionado él. Fue una desilusión; Bolaño no tenía la menor idea, para escribir sus frases en el cielo se necesitaban cinco aviones, no uno, y además las frases eran obvias, sin tensión, donde yo ponía “Mi Dios es Hambre”, él ponía “La muerte es limpieza”, una lata. Bueno, se sabe que la primera pasión de Roberto Bolaño era la poesía en la que no era bueno y él lo sabía, no quiero decir nada especial con esto, William Faulkner era peor y William Faulkner llegó a ser William Faulkner, como Roberto Bolaño llegó a ser Roberto Bolaño. Solo que si no eres un buen poeta y eso te importa, no tienes muchas opciones: o te llenas de frustración y resentimiento o escribes The Sound and the Fury. Bolaño escribió 2666, esa novela cumbre de nuestro tiempo, que carga con una falla central sin solución intermedia: o le sobraron ochocientas páginas o le faltaron ochocientas páginas, pero de la que igual sales boqueando. Mientras escribía Zurita me vi muchas veces pensando en él. Se fascinó con Nicanor Parra, pero al que le copió fue a mí. Bolaño acuñó su famoso Literatura + enfermedad = enfermedad. Pero es una fórmula equivocada: Literatura + enfermedad = muerte, como el mismo Bolaño no podría ahora más que corroborar. Salvo uno o dos españoles, sus amigos escritores eran de una mediocridad irreparable que no ha cesado de crecer con los años. Una lástima, está muerto y no alcanzó a leer mi libro. La vida y la muerte son azarosas y me consuela el que yo haya alcanzado a leer el suyo.

ENTREVISTA // 2da Parte
Raúl Zurita: “Si he intentado trabajar con mi vida, debo trabajar también con mi muerte”


Video: Raúl Zurita, discurso agradecimiento Premio Iberoamericano de Poesía “Pablo Neruda” 2016

Emotivo discurso del poeta Raúl Zurita al recibir en La Moneda el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2016.
“Desde Neruda ha habido pocas figuras en la poesía chilena de estas últimas décadas que hayan llevado la poesía y la historia latinoamericana a un horizonte tan extremo como la de Raúl Zurita”, sentenció el jurado.
Zurita es el cuarto chileno en obtener el galardón que entrega el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, sumándose a Carmen Berenguer, Óscar Hahn y Nicanor Parra.


“el Finnegans Wake aquí, en medio de este Éxodo” (Raúl Zurita)

CIELO ABAJO

Las ondulantes líneas de luz de los murallones de

agua dejaban ver cientos de hojas que se volaban

en el viento y recordé que yo conocía esas páginas.

Venir a encontrarme ni más ni menos que con el

Finnegans Wake aquí, en medio de este Éxodo, me

dije. No había cesado de nevar y un viento gélido

congelaba los huesos. Le iba a decir ni más ni

menos que al Finnegans Wake que cómo diablos

se le ocurría arruinar el viaje precisamente en ese

minuto, cuando ni más ni menos que el mismo

Finnegans se apersonó diciéndome que estaba muy

apenado con su funeral y que, por supuesto, Miss

Rawlings era una cochina bruja. Una cochina bruja

irlandesa, agregó. Papá, dije entonces, por qué

tienes formas tan raras de aparecer, es que no ves

cómo sufro, no ves que a veces también lloro. Su

cara apenas se distinguía en la penumbra y atrás,

como si viniera de muy lejos, se oía el sonido

de un río riverrun, past Eve and Adam’s from

swerve of shore to bend of bay, brings us by

commodious vicus of recirculation back to Howth

Castle and Environs. Ni más ni menos que Joyce y

sus hermanos en el funeral de papá alcancé todavía

a decir, y luego me dormí. En el sueño me llamaba

Antonio y uno me preguntaba si pasaría la  noche.

 

rz051111Raúl Zurita, Zurita, Santiago de Chile, Universidad Diego Portales, 2014 [ed. original 2011], p. 256.

 


“Quien no tiene algo de México no es de este mundo…” (Raúl Zurita)

* Entrevista publicada el día de ayer en el diario mexicano Excelsior.

México, parte de mi infancia: Raúl Zurita

El poeta chileno habla con Excélsior de su relación con Pablo Neruda, su concepto de poesía, los recuerdos de la dictadura pinochetista, su relación con el arte y el peso de México en su vida

26/07/2016 05:00  JUAN CARLOS TALAVERA

Foto: Cortesía FIL

CIUDAD DE MÉXICO.

La poesía es la esperanza de los que no tienen esperanza, la posibilidad de los que no tiene absolutamente alguna posibilidad, el amor de los que no tienen amor. Y en un mundo terrible como el que vivimos, donde lo que está mal… está demasiado mal, la poesía es esa variable desconocida sin la cual toda esperanza se extingue”, dice a Excélsior el poeta chileno Raúl Zurita (Santiago, 1950) que hace unos días recibió el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2016.

 Vía telefónica desde Chile, el autor de Anteparaíso (1982), El amor de Chile (1987), Zurita (2011) y Tu vida rompiéndose (2015), habla sobre su relación con Pablo Neruda, su concepto de poesía, los recuerdos de la dictadura pinochetista, su relación con el arte y el peso de México en su vida; y adelanta que en noviembre próximo viajará a México para participar en la 36 Feria Internacional del Libro de Oaxaca (FILO), donde presentará la nueva edición de Anteparaíso que publicará el sello
Almadía.

“Quien no tiene algo de México no es de este mundo o, por lo menos, no es americano. Sin México no nos podríamos entender. En mi caso crecí con música mexicana, las rancheras, que se cantaban por la mañana en los barrios chilenos. México es una parte profunda de mi infancia y juventud, es un país que amo profundamente con toda su grandeza y su tragedia, con todo su esplendor y su miseria”.

¿Qué lugar ocupa la poesía en un mundo que usted ha definido como egoísta y excluyente?, se le cuestiona al poeta. “Un lugar prácticamente invisible que si desapareciera… extinguirá todo sueño y nadie podría vivir cinco minutos. Si la poesía se extinguiera, implicaría que se ha acabado todo sueño y esperanza, y la humanidad sucumbiría en cinco minutos. La poesía es algo prácticamente invisible sin lo cual lo visible no existía.”

¿Es la poesía un Virgilio que nos guía dentro de un laberinto? “Ojalá tuviera esa apreciación y esa concepción de mí mismo. Soy alguien que hace y siente lo que tiene que hacer y no me robo ningún papel ¡y menos el de Virgilio!”

¿Se considera un poeta que abandonó las matemáticas para escribir? “Empecé a escribir a los 15 años porque me gustaba y entretenía, pero cuando entré a la universidad lo hice con pasión. Estudié ingeniería y cuando vino el golpe de Pinochet sentí desesperación; pero cuando estuve preso, junto a miles de personas, busqué sobrevivir mentalmente. Entonces aquellos largos y alucinados poemas me permitieron sobrevivir ante la situación desesperada. La poesía nació de la desesperación y fue la manera de no resignarme a lo que pasaba y de no enloquecer”.

¿Qué quedó de esos años de la dictadura? “Que en medio de esa noche de temor, pobreza y amenaza nació la solidaridad y el compañerismo. Eso ayudó a cruzar esa larga noche, un poco más protegidos, bajo el contacto de la amistad y el amor del otro. Eso es lo único que no se debiera olvidar”.

Poesía autista

Han pasado 37 años desde que Zurita y la narradora Diamela Eltit, los artistas Fernando Balcells, Juan Castillo y el sociólogo Lotty Rosenfeld formaron el Colectivo de Acciones de Arte (CADA) para crear performances y acciones directas que desembocaron en piezas como: Para no morir de hambre en el arte, No + y Ay Sudamérica.

De ese tiempo el poeta recuerda cómo este grupo se dedicó a hacer arte en las calles, en las barbas de la dictadura. “Esas acciones duraron cinco años y dejaron de tener sentido cuando la ciudadanía salió a las calles… Entonces habíamos hecho nuestra parte. Quizá la más importante acción fue No +, que la gente pintaba en las calles” para exigir el retiro de pistolas, metralletas, soldados, asesinatos… hasta convertirse en un vox populi.

¿Cómo enfrenta el poeta problemas actuales como la migración y los refugiados?, se le inquiere. “La poesía es una celebración, pero ha tenido que narrar demasiadas veces la desgracia. Pienso que la sociedad no puede medirse por lo bien que están los que están bien, sino por lo mal que están los que están mal. Y los que están mal… están demasiado mal.

“El estado del mundo es atroz y deplorable; yo me siento profundamente parte de ese dolor y de esa tragedia y eso lo he expresado en libro Zurita, donde brotan Hiroshima y los refugiados… como ser humano me siento profundamente tocado y conmovido por esa tragedia. La poesía no puede sino fijarse en el mundo”.

¿Qué hay de esa poesía que le causa indiferencia? “Desgraciadamente existe una poesía, casi mayoritaria, que es autista y ve sólo a sí misma; esa poesía me interesa muy poco”.

Tomar las armas

Para Raúl Zurita la poesía es un río inmemorial a la manera de Heráclito, donde todos los poetas confluyen y escriben al mismo tiempo. De eso tiene conciencia plena aunque para llegar a él no existe un camino peculiar.

“Llanamente trato de llegar a mi pasión y aunque ahora dudo realmente quién escribe o quién toma la palabra, pienso que se relaciona con ese río  inmemorial donde todos escribimos al mismo tiempo. Porque para escribir se tiene que suspender la vida y la muerte, es ese instante donde también convergen Shakespeare, Homero, Alberto Blanco, Octavio Paz, Pablo Neruda… todos escribimos al mismo tiempo”.

¿Es la poesía un acto solitario? “Es un acto solitario y al mismo tiempo el acto más colectivo que existe en el mundo”.

¿Qué relación guarda usted con Neruda? “Nunca lo conocí en persona. Pero Neruda es el más grande poeta en la historia de la lengua castellana. Él hablaba con absoluta certeza y seguridad como en Alturas de Macchu Picchu. Su poesía es la de alguien que confía y se entrega plenamente al lenguaje, incluso en sus poemas más angustiados hay esa certeza. Ahí radica su genio y su grandeza”.

¿Aunque usted escribe desde un lugar opuesto? “A mí me tocó escribir desde la incerteza y el quiebre del lenguaje, desde la rotura y el rompimiento. Así que mi relación con Neruda es de absoluta admiración”.

¿Qué opina de ese poema donde Neruda hace una oda al diccionario? “Me fascinan las enciclopedias, pero no soporto los diccionarios. Pienso que la lengua es absolutamente libre. En general no me agradan las odas de Neruda, pues no me agrada la poesía ilustrativa. Para mí su gran poesía es Canto General, Presencia en la tierra y Veinte poemas de amor y una canción desesperada, pero las odas elementales… me dejan indiferente”.

¿Qué es el tiempo para el poeta? “No sé bien. Quizá donde nos constituimos como seres humanos y donde nos perdemos como los dioses que éramos”.

¿Le molesta el divorcio entre poesía y oralidad? “Considero que una poesía que no resiste la oralidad es una poesía absolutamente trunca. Y el hecho de que la poesía haya perdido su relación con la música es una de las grandes pérdidas de la humanidad”.

¿Alguna vez quiso tomar un arma y matar? “Sí… yo creo que quien no es capaz de matar a un ser humano no sería jamás un poeta de verdad; pero aquel que lo hace es un bárbaro asesino. Porque la poesía tiene una reserva de luz que se contrapone a la violencia, el odio y la criminalidad. Para hacer poesía uno tiene que reconocer su propia monstruosidad”.


Música&poesía: “Desiertos de Amor” (Raúl Zurita + González y los Asistentes)

01. Felattio (00:00)
02. Una Entera Mierda (02:50)
03. Condenadamente Bien (05:26)
04. Vidrios Rotos (09:14)
05. Margaritas en el Mar (13:00)
06. El Astro (16:30)
07. Desiertos de Amor 1 (22:06)
08. Desiertos de Amor 2 (25:48)
09. Borracho (29:30)
10. Desiertos de Amor 3 (32:40)


Raúl Zurita: “El peligro es la imposición del lenguaje del capital”

Captura de pantalla 2015-03-12 a la(s) 11.31.48Leemos en el diario El País:

Un doctorado y un resfriado. Como mínimo, eso se va a llegar de España Raúl Zurita (Santiago de Chile, 1950), que esta tarde acudirá al Centro José Hierro de Getafe y mañana, a la Casa Amèrica Catalunya de Barcelona. Lo harácon un doctorado bajo el brazo, el honoris causa que la semana pasada le concedió la Universidad de Alicante. El museo de esa institución alberga hasta mayo una exposición —Escritura material— dedicada al costado visual de la obra del poeta, más cercano al land art que a la literatura encerrada en un libro: si en 1982 hizo escribir 15 frases de 10 kilómetros en el cielo de Nueva York usando el humo de avionetas que habitualmente anunciaban la Coca-Cola, en 1993 excavó tres kilómetros de suelo para escribir en el desierto de Atacama “ni pena ni miedo”.

La muestra se suma al portal que la Biblioteca Virtual Cervantes ha consagrado al creador de una decena de títulos clave de la literatura reciente en español, los que van de Purgatorio (1979) a Zurita (2011). Publicado en Chile por la Universidad Diego Portales y en España por Editorial Delirio —que acaba de reeditar Canto a su amor desaparecido— el libro que lleva por título el apellido de su autor trata de dar cuenta en 700 páginas del desgarro que supuso el golpe de Estado de Pinochet el 11 de septiembre de 1973. Sin ese acontecimiento, que dio con sus huesos en la bodega de un barco usado como centro de detención, “no hubiera escrito una línea”, dice el escritor. De negro riguroso, Raúl Zurita avisa de su resfriado y de su párkinson y da las gracias por tanta atención. Apenas se le nota en la mejilla izquierda el corte que, desesperado, se hizo a sí mismo con un hierro candente en 1979.

Pregunta. ¿Qué es lo más exagerado que ha oído sobre usted estos días?

Respuesta. ¡Todo es exagerado! El próximo poema que voy a escribir pasado mañana va a tener las mismas dificultades, la misma angustia, la misma alegría si me sale que tendría hoy día. No quiero sonar desagradecido. Valoro el cariño pero lo que me importa es que el dios que no existe tenga la cortesía de permitirme escribir dos cositas que me gusten.

P. ¿Cada nuevo poema es tan difícil como el primero? Alguna vez ha dicho que la dictadura le obligó a aprender a hablar de nuevo.

R. La dictadura tuvo tal impacto que para expresarlo no servía ni el lenguaje nerudiano ni el de Nicanor Parra, había que llegar al fondo al arrasamiento. Aquello fue la lucha por los significados, porque esos militares estaban manipulando las palabras.

P. ¿La poesía puede algo?

R. Un poema no puede competir con un eslogan de Nike, pero es la luz que devuelve los significados. Escuchas “Metro Gas: calor humano, calor natural” y ninguna palabra está diciendo lo que dice. Vivimos la agonía del idioma. Tú dices árbol y ellos, celulosa no sé cuál. Dicen que los jóvenes hablan cada vez con menos palaras. Es una estupidez, para decir “te quiero” solo hacen falta dos palabras. El peligro es la imposición del lenguaje del capital. La uniformización en base al lucro es una derrota.

P. ¿Sus intervenciones en el cielo de Nueva York o en el desierto de Chile buscan ampliar el territorio de la literatura?

R. Es ingenuo pensar que con eso he querido llegar a más gente. Para mí es la misma forma de expresión. Para mí el poema en el cielo es tan ortodoxo como el más clásico de los sonetos, entre otras cosas porque son cosas que han vivido años en mí. Ese poema yo me lo he imaginado en circunstancias atroces: dictadura, pobreza… y yo imaginando versos escritos en el cielo. Era una forma de no hundirme.

La nota completa acá.


“La poesía es cruel” (Raúl Zurita)

Legiones de pequeñas y pequeños Foucault han terminado por hacer de la palabra “cuerpo” algo absolutamente banal, pero, poniéndome estruendoso, diría que fue una suplantación moral, yo le robé algo a ese fulano. Una lectura pública tiene, por supuesto, una dimensión corporal y el texto escrito funciona como un pentagrama. Un libro de poemas debe resistir todos los niveles de lecturas –desde el hojeo, esa mirada de quien, parado en una librería, lo hojea por unos minutos, y ya a ese nivel debe ser una maravilla, hasta la lectura más sensible, erudita e informada– y seguir siendo una maravilla. La poesía es cruel porque no tiene ninguna otra posibilidad que ser extraordinaria. Y debe resistir también la lectura oral, a viva voz. Puedo haber escrito este libro de casi ochocientas páginas, pero en una lectura pública solo tengo treinta minutos y todo debe suceder allí, el libro, tu vida entera. Si logro conectarme con el momento que escribí lo que estoy leyendo todo andará bien. Pero si algo me saca –sentir por ejemplo que me estoy excediendo en el tiempo– entonces será una agonía, comenzaré a fingir, y saldrá toda mi mentira, toda mi impostura, ¿me entiendes? Y eso es feroz.

¿Cuál sería esa impostura?

La impostura de tu vida entera, no imposturas pequeñas, no una mentirita, sino la impostura de estar vivo cuando lo único que hubieses deseado es haber nacido muerto.

¿O sea que escribir poesía sería, en cierto sentido, una forma de combatir la propia impostura de ser poeta?

En cierto sentido sí. Yo detesto ese artificio que suele llamarse madurez, esa actitud del tipo cuarentón que porque hace footing por las mañanas siente que el mundo es mejor, ¿me entiendes? Y que sale con eso de que es lo suficientemente joven como para lanzarse a nuevos proyectos, pero lo suficiente maduro como para tomar resguardos. No: esto es sin resguardos, es sin reservarse una puerta de emergencia. O eres joven o eres viejo. Pero si eres viejo, selo con todo, con tu enfermedad, con tus errores, con tu demencia, con tus temblores. El arte es la única experiencia que permite corregir la vida. Cuando publiqué La vida nueva en 1994 tenía 44 años y hace tiempo que había dejado de ser un muchacho, pero entendí que con ella quedaba en paz con mi juventud, con mi intento de cegarme, con mis escrituras en el cielo, con la universidad,con todo. Allí comienza mi vejez. La vejez es un acto creativo, tú la decides, o sea, tengo 64 años y cada vez me cuesta más caminar, cada vez me pongo más rígido y los temblores del Parkinson me están impidiendo teclear hasta que seguramente me lo impedirán del todo, pero no envejeceré nunca, será una obra. Solo me ocurrirá algo como morirme.

* El reportaje a este espíritu intensa y ferozmente poético, completo acá.