León Ferrari, artículos: “Sobre el infierno” y “Carrió y el diablo” (2004)

* Dos artículos, en el marco de la polémica y los ataques religiosos y reaccionarios por la muestra retrospectiva del Recoleta en el año 2004, para homenajear al gran León Ferrari (1920-2013) en su centenario (y aquí, las actividades, exhibiciones y muestras del MNBA).

 

 

“Sobre el infierno”

[Artículo publicado en Página/12 el 16 de diciembre de 2004.]

 

1) En una nota publicada en Clarín, el vocero del Episcopado Guillermo Marcó dice que no tiene que pedir perdón (por la responsabilidad de la Iglesia durante la dictadura) porque tenía dieciséis años cuando ocurrió el golpe de 1976. Marcó desvía el debate: nadie le pidió que pida perdón por algo que no hizo. A la Iglesia se le pide mucho más, se le pide que diga todo lo que supieron y saben de los 250 capellanes que visitaban los 300 chupaderos o vivían en ellos, y los sacerdotes y obispos que se reunían con los criminales uniformados en fiestas religiosas y militares en la Casa Rosada y en la Catedral, sin que nunca denunciaran los crímenes. La Iglesia no se sacará esa mancha mientras no ayude a las Madres a castigar a los responsables y a las Abuelas a encontrar los chicos robados. Me parece lamentable que se recurra a Angelelli para justificar a los Pío Laghi, Tortolo y Quarracino.

2) En varios programas radiales he repetido que el mayor desacuerdo que tengo con el cardenal Bergoglio se reduce a una diferente opinión sobre la tortura. Marcó parece no saber que la Iglesia sostiene en el Catecismo editado por la Conferencia Episcopal Argentina, de la cual el cardenal Bergoglio es su presidente, prologado por Juan Pablo II, que La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad. Las almas de los que mueren en pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte y allí sufren las penas del infierno (n. 1035). Esto significa que hay millones de almas que son castigadas en algún lugar desde hace años, siglos o milenios, que están esperando que llegue el Juicio Final para recién entonces ser juzgados, luego de resucitados sus cuerpos, y sometidos a un nuevo suplicio en carne y hueso (n. 1038). Con las obras de la Recoleta quiero decir lo contrario: estoy, como muchos habitantes del planeta, contra toda tortura, física o mental, a buenos o malos, católicos o ateos, aquí o en el más allá. No creo en el infierno, pero creo que discriminar a la humanidad en buenos y malos y alentar el castigo al diferente es una de las causas de los exterminios que jalonan la historia del cristianismo.

3) ¿Cómo explica la Conferencia Episcopal la contradicción de respaldar los derechos humanos en este mundo y violarlos en el más allá?

***

 

“Carrió y el diablo”

[Artículo publicado en el diario Página/12 el 20 de diciembre de 2004.]

 

La señora Carrió, en el programa de Grondona, se pronunció contra la muestra retrospectiva, clausurada a instancias de la Iglesia, porque, según ella, ataca a los católicos, porque se hace en una sala del gobierno en ‘tiempo de adviento’, y porque está cerca de la Iglesia del Pilar donde ella escucha misa. Dijo que es una ‘imbecilidad’ que el gobierno la haya permitido y expuesto.

En la Iglesia del Pilar, como en muchas iglesias en todo el mundo, se repite y predica la campaña de la Iglesia en contra de los anticonceptivos, es decir, se promueve la muerte de víctimas del sida y de abortos clandestinos. Carrió, ¿usted acepta que en el Pilar se apoye esa forma cristiana de matar gente pero cree que es una imbecilidad que el gobierno permita una muestra donde se expone una foto del Papa sobre un frasco con preservativos? ¿Es necesario que le explique que el significado de ese frasco es sólo una condena a aquella campaña?

En el Pilar, y en tantas otras iglesias, se leen en Pascua (como lo indica la edición del 2004 del Calendario Litúrgico editado por la Conferencia Episcopal Argentina) los cinco versículos de Hechos en los que Pedro repite la acusación de que los judíos mataron a Jesús. Carrió, ¿usted no cuestiona que en el Pilar se siga haciendo antisemitismo pero no admite que el Gobierno de la Ciudad me permita hacer una muestra que ataca ese racismo, porque está cerca del Pilar?

En todas las iglesias y en el Pilar se reitera la amenaza del castigo en el más allá a los llamados pecadores, castigo que, si bien la Iglesia atenuó (ya no es el fuego que anunció Jesús, pintó Miguel Ángel y describió la Virgen de Fátima, ahora es ‘sólo’ un sufrimiento mental), la actualiza el ‘Catecismo de la Iglesia Católica’ –editado por la Conferencia Episcopal que preside el cardenal Bergoglio y prologado por el papa Juan Pablo II– donde se afirma que las almas de los que mueren en pecado mortal son castigadas en el infierno y que, una vez resucitados, los cuerpos son torturados en carne y hueso en la eternidad. Diputada, ¿usted cree conmigo que esto significa que hay una multitud de almas que en este momento están siendo castigadas? ¿Usted no cree que sería más pertinente que usted se ocupe de esa pobre gente, en lugar de tratar de impedir que el Gobierno de la Ciudad respete la libertad de opinión permitiéndome exponer mis críticas a la tortura, esa arma principal usada por la Iglesia durante dos milenios para evangelizar a nuestro prójimo?

Los cambios de opinión pueden hacerse en varios niveles, el académico, el coloquial, y el que usted usa que puede llamarse de la ‘imbecilidad’. Carrió, ¿si yo me comunicara con usted en su lenguaje de la ‘imbecilidad’, qué adjetivo le parece que podría usar para calificar su singular idea de que los pintores no podemos exponer nuestras obras en una sala pública si no son antes revisadas o aprobadas en alguna forma que no explicó? Dicho de otro modo, ¿cuál es la palabra al nivel de ‘imbecilidad’ que puede describir sus ideas sobre el arte y la libertad de expresión?

 

León Ferrari, Prosa política, Bs. As., Siglo XXI, 2005, pp. 232-233 y 234-235.


Nelly Richard: “Tendremos que hacer reaparecer el deseo en medio de la necesidad”

Entrevista a Nelly Richard, ensayista, crítica cultural chilena
“Tendremos que hacer reaparecer el deseo en medio de la necesidad”

Por Marcelo Expósito
Publicado en http://www.nodalcultura.am/ 12 de junio de 2020

Existe la percepción generalizada de que las medidas de control que se están aplicando para garantizar la cuarentena global resultan inevitables pero también preocupantes. Comienza a tomarse cada vez más en consideración el impacto que estas restricciones puedan tener en un futuro inmediato sobre las libertades y los derechos. Es un debate que se está dando en todas partes pero que adopta un dramatismo especial en Chile, porque las políticas derivadas de la cuarentena han vaciado las calles y las plazas que hasta un minuto antes estaban ocupadas por la onda expansiva del estallido social que sacudió el país en octubre de 2019. El detonante original de esta insurgencia ciudadana fue la subida de los precios del transporte público de Santiago. Pero el lema principal de la protesta, “Chile despertó”, remitía a la imagen de un país que permanecía adormecido, acallado pero con una desafección y una frustración latentes derivadas de las limitaciones democráticas y las servidumbres impuestas sobre la vida cotidiana de la gente por el agresivo neoliberalismo chileno. Ese prolongado neoliberalismo se afianzó durante la democracia pero hunde sus raíces en el régimen pinochetista. Resulta conocido que los Chicago Boys, la escuela antikeynesiana de los halcones formados por el economista Milton Friedman, desembarcó en Chile con el golpe de estado de 1973. Convirtieron el país en uno de los primeros laboratorios mundiales del neoliberalismo.

Pero lo cierto es que Chile llevaba tiempo despertando. La historia de las resistencias simultáneamente contra la dictadura y el neoliberalismo es profunda en Chile. Y ha resonado más recientemente en los diversos estallidos estudiantiles sucedidos en el país durante las dos décadas de este siglo, especialmente el movimiento estudiantil del año 2013 que transformó el sistema de partidos heredado de la transición a la democracia. Cuando nos dimos cuenta de que la covid-19 constituía ya una amenaza global, Chile se encontraba en un momento particularmente complejo aunque también esperanzador. Como resultado de las protestas, un amplio acuerdo parlamentario había asumido en noviembre la posibilidad de sustituir la Constitución chilena de 1980 que había sido impuesta por la dictadura de Augusto Pinochet. Un plebiscito nacional abriría paso a un proceso constituyente que estaba previsto el pasado 26 de abril. En su lugar, la ciudadanía chilena ha tenido que permanecer confinada en sus domicilios, las calles se han vaciado y las urnas no se han instalado. Lo que sucederá a partir de ahora es motivo de tensa disputa política y social.

Nelly Richard (nacida en Caen, Francia, 1948; residente en Chile desde 1970) está reconocida como una de las críticas culturales más importantes de los últimos cincuenta años en América Latina. Estudiante de la Sorbona de París, fue después compañera de viaje del CADA, el legendario Colectivo de Acciones de Arte que operó contra la dictadura chilena a partir del año 1979 formando parte de lo que ella denominó Escena de Avanzada, la constelación de prácticas artísticas contra la dictadura en cuya narración historiográfica el trabajo de Nelly ha sido determinante. Se contó entre la organizadoras del Primer Congreso de Literatura Femenina Latinoamericana de 1987, uno de los actos de resistencia cultural más significativos contra el pinochetismo. En 1990, el mismo año en que finalizó formalmente la dictadura, fundó la Revista de Crítica Cultural, una influyente publicación de pensamiento que dirigió hasta 2008. Ha escrito decenas de libros, muchos de ellos mediante la colaboración y el diálogo intelectual, entre los que se cuentan títulos clave como La insubordinación de los signos (cambio político, transformaciones culturales y poéticas de la crisis) (1994), y más recientemente dos recopilaciones de sus ensayos, Fracturas de la memoria: arte y pensamiento crítico (2007) y Crítica de la memoria (1990-2010) (2010), así como su biografía intelectual bajo la forma de una larga entrevista titulada Crítica y política (2013). Esta enumeración de sus méritos no alcanza sin embargo para representar una práctica intelectual que ha aferrado con determinación las herramientas del feminismo, la crítica cultural o la crítica de la historia y de la memoria para batirse con ellas siempre en el ojo del huracán de las aspiraciones emancipatorias. Nuestra conversación tuvo lugar el lunes 25 de mayo de 2002, estando ella en su domicilio de Santiago y yo en el mío de Barcelona.

Nelly, la última vez que nos encontramos en persona fue en Santiago, en noviembre de 2019. Hacía poco más de un mes que había estallado la revuelta ciudadana chilena. Las calles estaban todavía ocupadas por un hormigueo insurrecional, sobre todo en el epicentro del movimiento, la Plaza Italia que había sido rebautizada popularmente como Plaza de la Dignidad. Se acababa de firmar el acuerdo parlamentario por el que se convocaría un primer plebiscito en abril de 2020. Su resultado debería haber abierto, deseablemente, un proceso constituyente. Sin embargo, estoy hablando contigo ahora que te encuentras en un Santiago cuyas calles están vacías con la gente recluida en sus casas por la cuarentena, el plebiscito se ha pospuesto y las correlaciones de fuerza partidarias y parlamentarias están sufriendo modificaciones. Pero antes de que entremos en detalles, ¿cómo te encuentras? Has pasado la cuarentena en tu casa, rodeada por fortuna de tu bonito jardín medio salvaje. ¿En qué estado se encuentra el ánimo de tu entorno y, a grandes rasgos, cuál está siendo la situación sanitaria en Chile en estos meses?
Estoy bien… por el momento. Hay que subrayar “por el momento” porque todo es más provisorio que nunca. Efectivamente, hablo desde Santiago, que desde hace quince días recién está en cuarentena total. El Gobierno de Sebastián Piñera, que es un gobierno arrogante, soberbio, desafiante, quiso “innovar” con respecto a los demás países copiando a Suecia —como si nuestras realidades sociales tuviesen algo que ver— y entonces se decretaron cuarentenas graduales, parciales, móviles, dinámicas que se le llama, con la pretensión de aislar, no ciudades enteras sino comunas o incluso sólo unas partes de ellas. Parece que la estrategia no ha dado los resultados esperados así que ahora se decretó una cuarentena total en Santiago que no sabemos cuánto va a durar. En todo caso, entre cuarentenas parciales y totales llevo dos meses no saliendo de mi casa. Desde el punto de vista cotidiano, esto no cambia demasiado mis hábitos ya que escribo, leo, etc. desde mi casa, salvo en lo que respecta a los viajes: debería estar en este preciso instante dictando un seminario en el marco de la Cátedra de Políticas y Estéticas de la Memoria que coordino en el Museo Reina Sofía de Madrid, viaje que obviamente se suspendió. En todo caso, creo que lo que atañe a mi situación cotidiana no tiene mayor relevancia si pensamos en la amargura de saber que mucha, mucha gente lo está pasando muy mal en viviendas miserables, con despidos masivos, la cesantía, el hambre, etc., y que vienen tiempos muy adversos, muy castigadores de las clases más desfavorecidas.

En lo personal me siento viviendo en suspenso, en espera, aunque no sé muy bien de qué. Me lo preguntaba, en rigor. No sé si en espera de no contagiarme, que no se contagie nadie cercano, saber cuándo termina la cuarentena, ver qué ocurre con el desconfinamiento o constatar qué forma va a tomar el mundo después de todo esto, no sé. Acuérdate además que el desfase de estaciones significa para nosotros en el Cono Sur asistir de modo anticipado, a través de las imágenes que vemos de Europa, a lo que precisamente nos espera. Así que estoy viviendo todo esto con relativa calma, sin dramatismo, pero sin la excitación del suspenso ligado a algún presagio de lo nuevo. En ese sentido no alcanzo a compartir la sensación de Bifo, tu primer invitado a esta serie de conversaciones, que decía estar experimentando la “alegría de lo impredecible”. Pienso que quizá tenga razón en que la crisis de la pandemia abra la posibilidad de un futuro en el que, como él dice, el capitalismo ya no será inevitable (Marcelo Expósito, “El capitalismo ya no es inevitable. Una conversación con Franco Bifo Berardi”, CTXT, 30/04/2020). Pero confieso que para mí estas señales son demasiado remotas, difusas o equívocas. Así que en mi caso prevalece no el entusiasmo sino la tensa calma.

Cuando te propuse que registráramos esta conversación me respondiste que me mandarías previamente algunas notas que habías escrito durante las últimas semanas. Y me has hecho llegar más de diez páginas que me han dejado sin aliento. Haces hincapié en varios aspectos importantes en los que me voy a apoyar, claro está, para que nos orientemos ahora. Podemos empezar fantaseando la escena de esta conversación inspirándonos en Walter Benjamin —ya que compartimos interés por él—, quien planteaba que la tarea del historiador crítico consiste en dar un golpe seco al flujo temporal para provocar una interrupción. Si el golpe sucede en el momento correcto, los acontecimientos quedan congelados conformando una constelación, un diagrama de elementos dispuestos sobre esa imagen detenida. Y las relaciones entre esos elementos detenidos se deben interpretar correctamente. Describes muy bien en tus anotaciones que la revuelta ciudadana había impulsado un “tiempo intenso, energético, acelerado y casi frenético”. El freno impuesto por la cuarentena te ha servido para leer con un detallismo preciosista la imagen congelada que por el momento nos ha quedado de ese tiempo energético anterior. Y te aplicas a interpretar la revuelta de octubre de 2019 como un “archivo”. ¿Qué contiene ese archivo?
Linda la metáfora que armas desde la impronta benjaminiana, porque mencionas la palabra “detención” como este golpe seco a la temporalidad, al flujo temporal, aunque esta detención no podría haber ocurrido de modo más imprevisto y devastador a la vez, tan fulminante como ha acontecido con esta paralización a escala planetaria de las distintas fábricas de presente. Pero es una detención que viene también a dislocar los imaginarios de futuro que estábamos acostumbrados a forjar históricamente. Entonces, sí, está este golpe seco de la interrupción y de la detención, del congelamiento, y me imagino que tienes razón en que deberíamos aplicarnos a convertir lo abrupto de este corte en un diagrama analítico y reflexivo. Pero este diagrama no podría, creo yo, desligarse de la experiencialidad de los cuerpos, de esta puesta en suspenso de la vida, omitiendo las preguntas sobre la humanidad o inhumanidad de esta vida. Como tú muy bien lo mencionas, la revuelta que se inicia en Chile el pasado 18 de octubre y que se extiende muy vertiginosamente a un país entero, termina haciendo converger sus distintos reclamos contra la hegemonía neoliberal: contra el sistema de pensiones, educación, trabajo, salud, etc., en el llamado a una asamblea constituyente que entierre para siempre la Constitución de 1980 firmada en dictadura por Pinochet. Entonces, la consigna que suena en esa Plaza de la Dignidad que mencionas y en el país entero, es “Chile despertó”. Un Chile que habría despertado del mal sueño de una oferta neoliberal hecha de abusos, engaños, fraudes, confiscaciones, etc. Esa consigna inicia un camino que, en medio de múltiples obstáculos debería desembocar en una nueva Constitución. Y eso hace entonces que este tiempo energético al que te referías fuera efectivamente un tiempo que se vivió durante los meses anteriores a la pandemia como un tiempo inaugural, refundacional, de promesas abiertas que convocan lo que está por venir. Entonces, siento que quizá lo más sensible de lo ocurrido en Chile —como bien dices, a diferencia de lo sucedido en otras latitudes— haya sido este colapso vital del tiempo y de los tiempos en acción. Un colapso que nos llevó tan súbitamente de la movilización de los deseos colectivos de octubre de 2019 a la inmobilización forzada y a la reclusión individual de marzo de 2020. Es decir, pasamos dramáticamente de la expectación despertada por un futuro a construir entre todos a la resignación del estar cada uno preso de un tiempo detenido. Pasamos de ese tiempo hiperactivo, deseante, voluntarioso, el tiempo de la insubordinación política, a este otro tiempo de la cuarentena que es un tiempo resignado, estacionario. Y, bueno, pasamos también del revivir del “Chile despertó” a un tiempo de cómo sobrevivir, sabiendo que lo que Piñera llama irónicamente “el retorno seguro” va a suponer la vuelta a una realidad aún más indigna y peligrosa que la de antes.

Esa es la paradoja, efectivamente, y es el choque vital entre experiencias del tiempo disociadas. Y sí, tienes razón, empleo la palabra “archivo” a propósito de la revuelta, en el sentido de una reserva de huellas grabadas, acontecimientos, sueños, experiencias, saberes, pasiones, etc., que creo debemos saber retener en la memoria. Cuando digo “retener” quiero decir “guardar”, “cuidar” una memoria que debe mantenerse disponible, ahora que no hay cómo dirigir la energía que motivó esa revuelta hacia una exterioridad pública, para poder reinterpretarla después. Digo “reinterpretar” porque implica un gesto más complejo que simplemente recuperar o utilizar. El archivo tiene que ver con el material consignado en una fuente documental que retiene las huellas de lo grabado y que evita que se disipe su fuerza y su latencia, entendiendo por latencia lo que media entre la huella del pasado y su futura inscripción en nuevos soportes que transfigurarán su recuerdo. De ahí la importancia de que no se desvanezca el repertorio de prácticas y de saberes corporalizados durante la revuelta, pero sabiendo también que la reemergencia de las fuerzas será distinta a lo acontecido en la revuelta de octubre 2019 y que llevará necesariamente las trazas de esta completa desorientación en la que estamos sumergidos.

Sigue la nota, completa en “Letras”.


Reproducción social y pandemia (entrevista a Tithi Bhattacharya por Sara Jaffe)

Entrevista a Tithi Bhattacharya

Reproducción social y pandemia

10/04/2020 | Sarah Jaffe

La pandemia del coronavirus ha demostrado a muchas de nosotras, con una claridad brutal, la rapidez con que la sociedad puede cambiar y qué necesitamos –y no necesitamos– para vivir. Resulta que gran parte de una economía capitalista puede mantenerse paralizada en tiempos de crisis, mientras que los recursos se encaminan a la atención sanitaria. Muchas cosas que antes nos decían que eran imposibles –desde liberar presos de las cárceles hasta suspender alquileres e hipotecas y desembolsar a cada habitante del país un dinero en efectivo–, ahora se están haciendo.

Tithi Bhattacharya lleva pensando desde hace tiempo en cómo sería una sociedad centrada en la vida humana y no en las necesidades del Mercado Todopoderoso. Es profesora de historia y directora de estudios globales de la Universidad Purdue, así como coautora del Manifiesto de un feminismo para el 99 %, miembra del consejo editorial del nuevo periódico Spectre y editora de un libro reciente titulado Social Reproduction Theory: Remapping Class, Recentering Oppression. Hemos hablado con ello sobre lo que nos puede enseñar la teoría de la reproducción social con respecto al periodo actual, a las demandas que debería avanzar la izquierda en estos momentos y a cómo podemos aprovechar estas lecciones para prevenir una catástrofe climática.

Sarah Jaffe: Para empezar, explícanos brevemente qué es la teoría de la reproducción social.

Tithi Bhattacharya: La mejor manera de definir la reproducción social es decir que son las actividades e instituciones que se requieren para crear vida, mantener la vida y reemplazar la vida generacionalmente. Las llamo actividades de creación de vida.

Crear vida en el sentido más directo es dar a luz. Pero para mantener esta vida necesitamos toda una ristra de otras actividades, como limpiar, alimentar, cocinar, lavar la ropa. Hay instituciones físicas que se precisan: una vivienda; transporte público para acudir a diversos lugares; instalaciones recreativas públicas, parques, programas extraescolares. Escuelas y hospitales son algunas de las instituciones fundamentales que se requieren para mantener y crear vida.

Estas actividades e instituciones que están implicadas en este proceso de creación de vida las llamamos trabajo de reproducción social e instituciones de reproducción social. Pero la reproducción social también es un marco; es una lente a través de la cual contemplamos el mundo que nos rodea y tratamos de comprenderlo. Nos permite ubicar la fuente de riqueza en nuestra sociedad, que es tanto la vida humana como el trabajo humano.

El marco capitalista o la lente capitalista es lo opuesto a la creación de vida: es creación de cosas o generación de ganancias. El capitalismo pregunta: “¿Cuántas cosas más podemos producir?”, porque las cosas generan ganacias. No se piensa en el impacto de esas cosas en la gente, sino en la creación de un imperio de cosas en el que el capitalismo es el nigromante que reina soberano.

La mayoría de estas actividades y la mayor parte del empleo en el sector de la reproducción social –como los cuidados, la enseñanza, la limpieza– corre a cargo de mujeres trabajadoras. Y puesto que el capitalismo es un sistema de hacer cosas y no de hacer vida, estas actividades y estas trabajadoras están gravemente infravaloradas. Las trabajadoras del sector de la reproducción social son las peor pagadas, son las primeras en irse, se enfrentan a un constante acoso sexual y a menudo a una violencia directa.

Jaffe: Nos hallamos en un momento en que hay espíritus malignos como Glenn Beck diciendo que darían la vida por que el capitalismo siguiera funcionando, más claro el agua.

Bhattacharya: La crisis del coronavirus ha sido trágicamente esclarecedora en dos sentidos. En primer lugar, ha aclarado lo que las feministas de la reproducción social vienen diciendo desde hace un tiempo, a saber, que la labor de cuidados y la de crear vida son los trabajos esenciales de la sociedad. Ahora mismo, cuando estamos en confinamiento, nadie dice: “¡Necesitamos corredores de bolsa y bancos de inversión! ¡Mantengamos abiertos estos servicios!” La gente dice: “Que sigan trabajando las enfermeras, las trabajadoras de la limpieza, los servicios de recogida de basuras, la producción de alimentos.” Comida, combustible, cobijo y limpieza: estos son los servicios esenciales.

La crisis también ha revelado trágicamente la total incapacidad de capitalismo para afrontar una pandemia. Lo que busca es maximizar el beneficio y no mantener la vida. [Los capitalistas afirman] que las principales víctimas de todo esto no son las innumerables vidas que se pierden, sino la maldita economía. La economía, parece, es el bebé más vulnerable que todos, desde Trump hasta Boris Johnson, están dispuestos a proteger con espadas afiladas. Mientras, el sector sanitario ha quedado devastado en EE UU debido a las medidas de privatización y austeridad presupuestaria. La gente dice que las enfermeras tienen que hacer máscaras en casa. Siempre he dicho que el capitalismo privatiza la vida y la creación de vida, pero pienso que hemos de reformular la frase después de la pandemia: “El capitalismo privatiza la vida, pero también socializa la muerte.”

Jaffe: Quería hablar más sobre la manera en que se minusvalora el trabajo de cuidados y esas otras formas de reproducción social. El gobernador de Pensilvania tenía una lista detallada de actividades esenciales para mantener la vida a las que autorizó a permanecer abiertas. El personal de limpieza abandonó el trabajo por carecer de equipos de protección individual. Nuestra tendencia a minusvalorar esta clase de trabajo está afectada por y también afecta a lo que pensamos de las personas que lo llevan a cabo.

Bhattacharya: Las residencias de ancianos y el sector de cuidados asistidos acogen actualmente a unos cuatro millones de personas en EE UU. En su mayoría están afiliadas a Medicare. El New York Times informó hace poco de que todos los años mueren 380.000 pacientes a causa de una infección en las residencias permanentes, que a menudo se resisten a invertir en los debidos procedimientos de higiene y salud. Estas instituciones influyen de modo importante en la propagación de epidemias. Esto se agrava sabiendo que en EE UU hay 27 millones de personas que carecen de seguro médico.

Cerca del 90 % del personal sanitario y auxiliar de clínica que presta servicio a domicilio en EE UU son mujeres. Más del 50 % de estas son mujeres de color. No estoy segura –nadie lo está– cuántas de ellas están indocumentadas. Son vulnerables por partida doble, tanto a la pérdida del empleo como a las redadas de los agentes de inmigración. En promedio, ganan unos 10 dólares la hora, y en la mayoría de los casos no tienen derecho a la paga en caso de baja por enfermedad ni seguro médico. Estas son las mujeres cuyo trabajo sostiene tantas instituciones de cuidados en nuestro país.

He seleccionado algunas de las categorías de trabajos que figuran en la lista de servicios esenciales que publicaron Indiana y Pensilvania y he comparado los salarios del personal de estos servicios esenciales con los de los altos ejecutivos. La diferencia es astronómica. Las trabajadoras de estos servicios que ahora nos dice que son esenciales –y que las feministas y socialistas sabemos desde siempre que son esenciales– perciben menos de 10 dólares la hora, mientras los banqueros permanecen sentados en casa.

Durante la crisis hemos de plantear reivindicaciones como la institución inmediata de lo que llamo una paga pandémica para las trabajadoras de cuidados esenciales. Están arriesgando sus vidas. Necesitan salarios mucho más altos. Inviertan de una vez en hospitales y servicios médicos, traten de nacionalizar la sanidad privada, como ha hecho España. Aseguren el cuidado de la infancia y la ayuda económica a todo el mundo, especialmente las trabajadoras y trabajadores que tienen que ir a trabajar. Y déjense de redadas y deportaciones de inmigrantes. Esto es algo que disuade a la gente de acudir a la asistencia médica: tienen miedo de ir al médico y llamar la atención de las autoridades de inmigración. Irlanda y Portugal han promulgado leyes que prorrogan todos los visados y anulan la condición de inmigración indocumentada. Estos son los modelos que hemos de seguir.

Jaffe: Uno de los grandes brotes en el Estado de Washington se produjo debido al pluriempleo de muchas asistentas sanitarias a domicilio que llevaron el virus a numerosas residencias de ancianos. La insuficiencia de la paga que reciben en un solo puesto de trabajo favorece la propagación del virus.

Bhattacharya: El virus, en cierto modo, es democrático. Ha infectado incluso al príncipe Charles. Sin embargo, esto no debe engañarnos hasta el punto de creer que el acceso a la curación será igual de democrático que el virus. Como sucede con todas las demás enfermedades bajo el capitalismo, la pobreza y el acceso al tratamiento determinarán quién vive y quién muere.

Esto tendrá un efecto devastador en mi país, India. El primer ministro fascista Narendra Modi acaba de decretar 21 días de confinamiento. Todas las ciudades han cerrado básicamente las empresas. ¿Qué será de los trabajadores migrantes? ¿Tiene Modi un plan para ellos? No. Millones de trabajadores y trabajadoras migrantes cruzan literalmente el país a pie para volver a sus aldeas, filas de gente caminando por las carreteras, de oeste a este. Modi ha prohibido todas las formas de transporte público y privado para que no vuelvan a casa, ya que pueden propagar el contagio. En cambio, Modi se ha asegurado de que los ciudadanos indios que viven en el extranjero –gente de clase media alta– pudieran volver en avión. Se fletaron vuelos especiales, se dieron permisos excepcionales para permitir que los aviones aterrizaran a pesar del cierre anunciado de los aeropuertos y se extendieron visados especiales.

Este es el modo en que una serie de gobiernos capitalistas del Sur global van a tratar a la gente pobre. Veremos cómo la enfermedad acecha en los arrabales de Calcuta, Mumbai, Johanesburgo, etc. Ya nos llegan declaraciones de nuestros gobernantes de que el virus es una manera de que el planeta se recupere, que se deshaga de los indeseados. Es un llamamiento eugenista a la limpieza social para eliminar a la gente más vulnerable y débil.

Jaffe: Lo que esto demuestra no es que las emisiones disminuyan por la falta de gente, porque la mayoría de la gente no muere; lo que demuestra es que el mundo está mucho más sano sin tanto trabajo, porque la gente solo lleva a cabo, como dijiste antes, el trabajo de crear vida.

Bhattacharya: Este argumento de que el coronavirus es un botón de reset para el mundo es un argumento ecofascista. Lo que debería ser es un botón de reset para la organización social. Si el virus se va y volvemos a la vida de antes, entonces es que no nos ha enseñaddo nada. Puesto que se ha vuelto necesario que nos quedemos en casa, somos capaces de hallar la belleza y el tiempo para gozar de aquellas personas con las que compartimos nuestro hogar. Pero no podemos olvidar que en el capitalismo los hogares, al tiempo que nos proporcionan cobijo y seguridad, también son escenarios de una violencia increíble. Hace dos días recibí un correo electrónico de un refugio local para víctimas de la violencia machista en que yo solía hacer voluntariado, preguntándome si podría plantearme volver allí porque prevén un repunte de casos.

Mis compañeras feministas de Brasil, Sri Lanka e India, todas me dicen lo mismo: un repunte de los abusos domésticos debido a la olla a presión que supone que todos permanezcan en casa. No necesitamos el aislamiento social. Necesitamos aislamiento físico y solidaridad social. No podemos olvidarnos de la vecina anciana que vive enfrente; puede que para ella no sea seguro ir a la tienda. No podemos olvidarnos de nuestra colaboradora que viene demasiado maquillada alrededor de los ojos y dice que se ha golpeado la cabeza contra una puerta. Tenemos que verlas regularmente.

La gente lo hace voluntariamente a pesar de que nuestros gobernantes apenas muevan un dedo para animarles realmente. Hay docentes que se acercan en coche a casa de sus alumnas y alumnos, les saludan con la mano y les dicen “¡vamos a salir de esta!” Mi distrito escolar, como muchos otros, suministra comidas a todas las personas menores de 18 años. En mi Estado, las entregan a domicilio. Es algo que ni el gobierno federal ni ningún político ha hecho. Son el personal docente y los distritos escolares que deciden hacerlo por su cuenta. Hay brillantes actos de solidaridad y amor y asistencia que florecen en medio de esta tremenda crisis. Estas son nuestras fuentes de esperanza.

 

La entrevista sigue; completa en la web de Viento Sur.


México: Anne Waldman anunció el programa del Festival Poesía en Voz Alta.17

Anne Waldman anunció el programa del Festival Poesía en Voz Alta.17 en la Casa del Lago

Los participantes emergen de tradiciones muy diversas, pero su obra ofrece un hilo conductor: parten de la convicción de manifestar la verdad, la belleza y el humor frente al poder y la violencia

Las lenguas originarias del país están consideradas, pues el compromiso es por la diversidad cultural

Foto

En el actual gobierno federal estadunidense, encabezado por Donald Trump, hay mucha confusión, pues estamos hablando de un presidente que definitivamente no lee, expresó la poeta Anne Waldman (Nueva Jersey, 1945)
Foto Natalia Gaia/ Casa del Lago
Carlos Paul – Periódico La Jornada
Martes 28 de marzo de 2017, p. 6

Para la poeta perfomática Anne Waldman (Nueva Jersey, 1945), quien ha colaborado con creadores como Bob Dylan y Allen Ginsberg y es calificada de gigante contracultural, por Publisher’s Weekly, hay mucha confusión en el actual gobierno federal estadunidense encabezado por Donald Trump, ya que estamos hablando de un presidente que definitivamente no lee.

De acuerdo con Waldman “es importante destacar ciertos logros, como el rechazo a suprimir por su gobierno el Obamacare (Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible). Muchos creadores siempre estamos haciendo algo en contra del gobierno. Me siento esperanzada que en el mundo en el que vivo, sí hacemos cosas, pues por ejemplo sabemos también que el recorte a las becas es una gran pérdida, por lo que hay que trabajar más en organizaciones locales, en iglesias o en lugares que no sean tan costosos.

“Apoyamos a las ciudades santuarios. Pero, sobre todo, como creadores de lo que se trata es de salvar la mente. Eso es lo más importante. Ahora hay artistas que se están volviendo abogados.”

Difusión de la poética indígena

Como adelantamos ayer en estas páginas, Anne Waldman se encuentra en México para participar en el Festival de Poesía en Voz Alta.17, que se desarrollará del 29 de marzo al 2 de abril en la Casa del Lago Juan José Arreola de la Universidad Nacional Autónoma de México, foro durante el cual se podrá apreciar también el trabajo de diversos creadores y estéticas como la de las mexicanas Coral Bracho y Natalia Toledo, el chileno Raúl Zurita, la también estadunidense y reconocida saxofonista Joy Harjo, así como Guillerno Gómez-Peña, director de la Pocha Nostra.

Waldman es la programadora este año del Festival de Poesía en Voz Alta.17, el cual es coordinado por Ana Franco, y tiene como programador de poesía en lenguas originarias a Mardonio Carballo, aspecto que se debe destacar, ya que abre un espacio a esa poética como parte del compromiso del festival con la diversidad cultural del país.

En contraste con el reconocimiento a la riqueza cultural del país, de la que siempre se hace mucho alarde, prácticamente hoy seguimos desconociendo a qué suenan las lenguas originarias y su poética, dijo Carballo, quien participará en el festival.

Anne Waldman, en charla con los medios para dar a conocer los detalles del mismo, explicó que la idea es dar voz a los poetas que se manifiestan contra un mundo cada vez más hostil. De acuerdo con la poeta estadunidense, los participantes emergen de tradiciones muy diversas, pero su obra tiene un hilo conductor: parten de la convicción de manifestar la verdad, la belleza y el humor frente al poder y la violencia.

Tiempos críticos

Anne Waldman, quien vive y trabaja en Nueva York, es cofundadora –junto con Allen Ginsberg– de la Escuela Jack Kerouac de Poesía Desencarnada. “Estos son tiempos críticos en el mundo y es momento de que la voz del poeta sea, aún más, un toque de trompeta para una mayor conciencia, una visión alternativa y lúdica, y una compasión hacia los ciudadanos del planeta Tierra.

“La rúbrica para Poesía en Voz Alta.17 corresponde a los retos del Antropoceno, al de un mundo que se encuentra cada vez más a merced de la ‘mano del hombre’. Hoy todo tiene el sello humano, lo cual se puede ver reflejado en los problemas climáticos, provocados por el capitalismo, al que llamo una especie de pensamiento-zombi.

Tenemos que reflexionar al respecto, sobre cuáles son los propósitos a futuro. Cuestionarnos qué es ser humano en la actualidad. La poesía no debe estar en peligro, sobre todo en esta época, la cual, como dice un amigo, puede aliviar el dolor de estar vivo ante la falta de sensatez.

Para mayores detalles sobre los horarios y la programación del Festival Poesía en Voz Alta. 17


Chamuyando sobre Bob Dylan y el Premio Nobel…

nknfrnswnlezdc92eiin* Hace unos diez días me solicitaron desde Venezuela que respondiera unas preguntas (rápidamente) sobre el reciente Premio Nobel de Literatura otorgado a Bob Dylan (y temas aledaños). Lo hice, y salió publicado ayer.

¿Por qué el Nobel de Literatura a Bob Dylan?

Creo que le dieron el premio por dos razones, una más evidente, y la otra, no-explícita. La primera, la que llamo evidente, tiene que ver con la trayectoria y calidad artística (y “letrística”) de Bob Dylan: 67 discos (con músicas y letras –podríamos decir– inmortales, como “Blowin in the Wind”, “Like a Rolling Sonte”, “Things Have Changed”, “A Hard Rain’s a-GonnaFall”, “Masters of War”, “Tombstone Blues”, “Knockin’ on heaven’sdoor”…), algunos libros (como el experimental Tarántula, y su primer volumen autobiográfico Crónicas), la actuación y las pinturas, y una historia que comienza, en la década de 1960, con la crisis (interna) del imperialismo yanqui con la Guerra de Vietnam, y el surgimiento de distintos movimientos contraculturales, contestatarios, de los que el mismo Dylan fue parte (desde la canción de protesta, la fusión del folk con el rock y con el country, hasta sus lazos e influencias con la llamada “generación beat”, de escritores y poetas). Como fue anunciado públicamente, se le dio el premio, específicamente, “Por crear nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición de la canción [norte]americana”.

La otra cuestión, la segunda a analizar, viniendo el premio de la Academia Sueca (en este caso de un comité de 18 personas, que además guarda cada acta de discusión, votos y fundamentos por 50 años), es la significación política, o político-ideológica, que tiene el premio en sí: suele ser un reconocimiento artístico, a lo que se suma alguna expresión de lo llamado “políticamente correcto”, dentro de la situación internacional dada cada año. Generalmente, el Premio Nobel termina siendo así un “llamado de atención” al trabajo de algún artista en particular, pero, más en general, a las cuestiones que atañen a un país o región, desde un punto de vista que excede lo artístico o cultural (entendido esto en sentido amplio): hablo de lo geopolítico. Así como hace unos años se lo dieron a Mo-Yan (reconociendo en este personaje,un académico militar maoísta, el peso creciente de China –un ex Estado obrero reconvertido al capitalismo– en la arena mundial), o el año pasado a la bielorrusa Svetlana Aleksiévich (una periodista y cronista que recopiló “las voces de Chérnobil” y de otros conflictos militares), el Nobel a Dylan probablemente signifique que hay que mirar a los Estados Unidos, quienes actualmente están dirimiendo la presidencia entre Donald Trump y Hillary Clinton, en el marco de una crisis económica internacional, y con una situación de crisis y movilizaciones dentro de EEUU por parte de diferentes sectores (como en su momento la juventud con Ocuppy Wall Street, o más recientemente las comunidades negras, bajo el lema Black Live Matters).

Dicho esto, seguramente valga la pena mencionar, a modo de “datos biográficos”, que Dylan, que comenzó tocando en los festivales juveniles en la década de 1960, en el auge de los movimientos sociales y civiles contra el propio imperialismo yanqui, terminó, en esta última etapa de su carrera (y vida), realizando un concierto en 1997 para Juan Pablo II, y recibiendo hace muy poco, de manos de otro premio Nobel (en este caso el –supuestamente– “de la Paz”), el presidente Obama, la llamada “medalla de la libertad”. Del mismo modo, para graficar ese camino biográfico que va de los festivales populares a los salones de las instituciones (contrarrevolucionarias) establecidas y consagradas –el Vaticano, la Casa Blanca–, pasando además por la autorización (venta) de su músicas y canciones para publicidades de bancos o automóviles, se pueden leer las incomodidades que dice haber pasado Dylan en su autobiografía, por haber sido sindicado masivamente, en las décadas de 1960 y 70, como “ídolo popular”, “de la juventud”, “antiguerra”, etc.

¿Qué significa que un músico haya ganado el Nobel?

En primer lugar significa que los integrantes de la Academia sueca no instauraron –hasta el momento– una categoría de premio Nobel para la música. En segundo lugar, significa que –tal vez como tantas otras cosas en la vida– las artes no pueden reducirse, constreñirse o acomodarse a un compartimento estanco, a una sola categoría o “rama” del arte. En muchos casos son disciplinas y obras que están cruzadas, que se influencian mutuamente, y lo lírico alude (históricamente) tanto a la poesía como a la música. En este sentido –y aunque no le haya gustado esta premiación a otro Nobel de Literatura, a Vargas Llosa, quien no tuvo mejor idea que decir, muy pobremente, a modo de “crítica”, que el año próximo el premio podría ir… a un futbolista–, Dylan es uno de los tantos artistas que no se restringieron en sus actividades, realizando o priorizando una sola: el músico nacido en Minnesota ha pintado, ha escrito, ha compuesto y cantado, y su talento ya le había valido varios premios: el Príncipe de Asturias de las Artes en 2007, y el Pulitzer en 2008, además de un “Óscar musical”. Solo para no hacer una larga lista, creo que se puede mencionar a Leonard Cohen (quien además de sacar discos publicó libros con poemas, y dos novelas), a Joni Mitchell (la gran cantautora norteamericana que además pinta cuadros), al brasileño Vinicius de Moraes (el ex diplomático devenido en poeta y gran compositor de la Música Popular Brasileña) o a Laurie Anderson (cuya combinación de letras, músicas, luces e imágenes es única). Menciono todos artistas –a modo de ejemplo– cuyas obras son difíciles de encasillar en un solo “rubro” (o “estilo”), tal como podría mencionarse también a la “poesía concreta” del Brasil, donde sus creadores, hasta la actualidad, como Augusto de Campos (quien realiza “shows multimedia”), no se limitaron a escribir sobre el papel e hicieron de la ciudad y los lugares públicos “soportes” de sus creaciones poéticas (lo verbi-voco-visual joyceano).

¿Es el fin de la literatura?

Esta pregunta tal vez podamos pensarla desde dos ángulos, reformulada, incorporando un elemento que la haga más explícita: hablamos de si, con este premio Nobel a un cantante, se terminaron los premios a los literatos “puros” (es decir, a los artistas que se dedican a la creación escrita); la respuesta, para mí, es no. Y al contrario: no solo se escucharán más los discos de Dylan a partir de este premiación y posterior discusión (masiva) en todos los medios (como ya fue noticia: en apenas 24 horas el servicio de música Spotify tuvo más de un 500 % de aumento en las escuchas de canciones de Dylan), sino que también se irá –muy posiblemente– a buscar sus libros, tanto los de sus propios escritos, como los que compilan sus letras (transformadas así en “poemas”, para leer en papel), y las biografías y análisis de otros autores. Es decir que la premiación puede fomentar la lectura (por lo tanto, la lectura como práctica), tanto de Dylan como de otros autores y libros relacionados a él (desde Dylan Thomas, el poeta que sirvió de inspiración para el nombre artístico que adoptó Robert Allen Zimmerman –nuestro actual premiado–, pasando por los beatniks como Gregory Corso, Jack Kerouac y Allen Gingsberg… hasta William Blake, el poeta “dark” que fue mencionado por la secretaria del premio Nobel que anunció al ganador de este año).

Por otra parte, si la pregunta la pensamos más ampliamente –aun apartándonos un poco del tema en cuestión–, acerca de si, además de las decisiones de los premios Nobel (entregando premios a una periodista, o a un músico), el mundo contemporáneo estaría presenciando alguna clase de “fin de la literatura” (por el renovado auge de lo audiovisual y del “mundo de la imagen”, los celulares con cámaras fotográficas, etc.), para este caso también mi respuesta es negativa.

Tratando de decirlo brevemente: la literatura, como parte de los discursos (y objetos) que circulan públicamente, goza –pese a todo– de buena salud. Y no sólo gracias a la tecnología y a una nueva “puesta al día” como con el “libro electrónico”, o el nuevo impulso, en este caso audiovisual, que le dan al libro y a la lectura los jóvenes llamados booktubers. La literatura sigue gozando de prestigio social, de cierto reconocimiento, y –lo más importante, lo fundamental– satisface una profunda necesidad humana. Que haya, entre autores y lectores, diversos espacios e instituciones que favorecen o condicionan sus prácticas (monopolios y mercados, rol de editoriales medianas y pequeñas, la prensa, etc. En una palabra, la industria cultural –o si se prefiere, anticultural– del siglo XXI), es otro asunto a desarrollar, criticar y discutir; lo mismo en lo que respecta a qué se lee (y para qué, y cómo).

En cualquier caso, la premiación a Bob Dylan, con todas las discusiones que ya trajo, no puede provocar nada malo a lo que llamamos literatura, sino, más bien, contribuir a pensarla. Al igual que todos los otros aspectos concomitantes (políticos, ideológicos, etc.) que planteamos.

Sigue acá.


Película: “Mumia Abu Jamal: Toda mi vida en prisión” (2008)

* Tomado del blog dedicado al cine documental Naranjas de Hiroshima

** Noticias más actuales sobre Mumia, quien hoy sigue preso (y además, enfermo de Hepatitis C), en La Haine

William Francome es el típico blanco de clase media que está a punto de embarcarse en un viaje al corazón de las tinieblas del sistema judicial norteamericano: el embrollado asunto del más célebre preso del corredor de la muerte estadounidense: Mumia Abu-Jamal. La conexión es simple: “Nací en Londres el 9 de diciembre de 1981. Ese mismo día, y a 5.000 kilómetros de distancia, un pantera negra y periodista revolucionario era arrestado por el asesinato de un oficial de policía de Filadelfia. A pesar de reclamar su inocencia, fue condenado a muerte y espera, desde entonces, su ejecución”.

Testimonios inéditos y nuevas evidencias confirman la existencia de dudas razonables al respecto al juicio y las apelaciones, desarrolladas en el contexto de la lucha pasada y presente de la comunidad afroamericana en EE.UU. Angela Davis, Mos Def, Noam Chomsky, Alice Ealker, Snoop Dogg, Steve Arle, Amy Goodman y muchos otros nos sumergen en décadas de una conflictividad social que llega hasta nuestros días.

Más información en: http://www.inprisonmywholelife.com/intro

*Documental distribuido por Eguzki Bideoak: http://eguzkibideoak.info/es/node/820


“Plomo sobre papel” (John Berger)

* Publicado en el diario mexicano La Jornada (13/3/2016)

Por John Berger

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Nunca antes en mi vida había visto dibujos como los que estoy mirando, y lo que los vuelve sin precedente –en todo caso para mí– es la experiencia de vida con la que están impregnados.

No describen ni ilustran esta experiencia: simplemente están plenos de ella.

Históricamente hablando, puede ser que esta experiencia tampoco tenga precedente. La historia, pese a lo que dicen los editorialistas, sí hace surgir nuevas formas del sufrimiento.

¿Cuál es esta experiencia de la que están llenos estos dibujos? Es una forma de la entereza, una entereza que es habitual, común e interminable. Una entereza áspera. Una que está presente en cada uno de los cuerpos que circulan, como en el torrente sanguíneo de esos cuerpos.

Las manos y las figuras de los cuerpos le toman el pulso a la entereza del alma. Los rostros de los cuerpos no intercambian posibilidades, porque con sus ojos cerrados todos enfrentan el mismo muro. Las bocas de los rostros simplemente no se abren porque no hay más palabras que pronunciar.

Su silencio me hace pensar en las bocas inmóviles de las estatuas. Pero las figuras no son estatuas; tienen una vida que espera y a la vez se volvieron viejas. Son juveniles y seniles.

¿Dónde se encuentran? ¿En el espacio de una sala de espera en la oficina de una corte judicial o de un juez que ha desaparecido, o en ninguna parte?

Sus ropajes son mortajas; sus labios están tan tibios como los nuestros. Están en la nada.

La serie a la que pertenecen estos dibujos se titula Plomo sobre papel. Plomo, como el plomo de un lápiz. Y plomo como el nombre de uno de los metales más pesados.

Estos dibujos fueron realizados recientemente por la artista siria Randa Maddah. Ella nació en 1983 en un poblado druso conocido como Majdal Shams, justo en la línea de cese al fuego que corre por las Alturas del Golán, que alguna vez fue parte de Siria y que ahora está ocupada ilegalmente por Israel desde 1967. Hoy las fuerzas israelíes controlan esa área. A pesar de esto, Randa Maddah vive y trabaja ahí.

El robo metódico e implacable del territorio del pueblo palestino, sustraído de debajo de sus pies, ha ocurrido durante 80 años, y el desagravio de esta injusticia criminal es más remoto de lo que nunca antes ha sido.

La tierra natal palestina está en un No Lugar. Estos dibujos son un mapa de ese No Lugar.

Febrero de 2016

Traducción: Ramón Vera Herrera


Discusión sobre “literatura peronista” (Omar Genovese)

Leemos en Perfil:

LIBROS Y ALPARGATAS

La literatura peronista no existe

Metáfora o estética, el movimiento, con su tumulto y sus contradicciones, aparece en varios libros desde el siglo pasado. Sin embargo, para el autor, no se transformó en estética.

Por Omar Genovese

Peronismo y literatura. Ambos términos no se llevan, ni de la mano mancada del líder siniestro, ni del imaginario extranjero que le brindó carácter de ópera para Broadway, o el menemista predictivo: No llores por mí Argentina, desentonado por Madonna. El peronismo siempre ejerce una magnética conjunción de verdades: siempre hay lugar para uno más. Y resiste, nada le hace mella. El peronismo es alienígena, pero del lado del Octavo Pasajero. De invadir Marte, le cambiaría el color, le daría atmósfera para el choripán.
El año pasado Rodolfo Edwards publicó Con el bombo y la palabra (Seix Barral), allí traza una línea divisoria entre peronismo y antiperonismo en la literatura argentina. Edwards se dice peronista e inviste a Juan Diego Incardona como heredero de cierta tradición de prosapia populista. Ahí disiento, Incardona es un gran narrador, podemos no comulgar con la temática, pero su pincel trata del Conurbano. Ahora, que el Conurbano sea la colonia peronista por excelencia no es su culpa. Edwards orina el territorio a lo puntero, toma el peronómetro y clasifica. Tal centralidad llama a la ironía: ¿con qué se mide lo peronista? ¿Cuál es el artefacto mágico que lo determina?
Esto remite a la batalla histórica que el campo intelectual libra con la política. Echeverría, Sarmiento, Mitre, Wilde, Lugones, componen una larga lista de escritores fascinados por el desmembrado cuerpo político argentino, al que a la vez “escribieron” para representar su epifanía. La pregunta es: ¿la política argentina permite una novela, o cuento, cuando ella misma se comporta como una ficción delirante? En Los Sorias, novela de Alberto Laiseca, la huella del peronismo se eterniza, sacraliza su mácula, encuentra el estigma y lo revuelve hasta el límite que es su propia supervivencia. El desafío literario, entonces, es predecir la próxima mutación genética. Cuál será la nueva forma y conducta, cuál su apetito.
Ejemplo de ello puede ser El Fiord (1969), la inquietante nouvelle de Osvaldo Lamborghini, breve y denso texto que espantara al mismísimo Roberto Bolaño. Existe una reedición corregida publicada por el sello Editores Argentinos en 2013, así como una larga discusión entre académica y marginal en torno a su importancia. Lo escatológico, el descarne de su prosa, se puede pensar como una continuación de El matadero de Echeverría, pero con todos los elementos lingüísticos abandonados por Borges. Sí, Lamborghini fue por una lengua que no tenía voz cultural pero era íntima, una voz de baldío y de desprecio. Una voz del rito de la tortura y el sacrificio. El Fiord predijo al “homo Triple A”, al profanador de hogares del Grupo de Tareas. Anticipó la escena ritual que solidificó el terror, por sí y para sí. Y ése es el lado B del peronismo, su gran deuda histórica con la justicia.

La nota completa acá.


“Por no llevar papel…”

La fotografía de la periodista Nilüfer Demir –el retrato de un grito– recorrió el mundo entero. Ese grito provenía de un cuerpo muerto, el de un niño. Aylan Kurdi, de tres años, falleció en las costas de Turquía, junto a su madre, de treinta y cinco años, y su hermano, de cinco. Ellos, en un precario bote repleto de gente –eran doce personas–, sin salvavidas ni implementos de seguridad, intentaban llegar, precariamente, desesperados, desde Siria a las costas griegas… (El “capitán” de la nave, según relató Abdullah Kurdi, el padre de Aylan, se arrojó al mar bravío, cuando el bote se desestabilizó –en un intento de nadar y tratar de salvarse–, y lo dejó “al mando”.)

“Cuando vi al niño de tres años, realmente se me heló la sangre. En ese momento ya no se podía hacer nada. Estaba tirado, con sus pantalones cortos azules y su camiseta roja subida casi hasta la mitad del vientre. No podía hacer nada por él. Lo único que podía hacer era tratar de que su grito, el grito de su cuerpo tirado en el suelo, fuera escuchado”, dijo Demir.

Un dolor indescriptible, tristeza, bronca, indignación, profunda pena, son las primeras reacciones (sensaciones) que surgen de ver –o entrever; así sea por sólo un segundo– ese pequeño cuerpo, solo, abandonado, arrojado por las olas, ahogado, a la vera de la playa.

La hermana de Abdullah Kurdi, residente en Canadá, contó que anteriormente había sido rechazada la solicitud de asilo que hizo para la familia: “fue devuelta porque estaba incompleta y no respetaba las exigencias reglamentarias”; carecían de un “número de identificación de la Organización de las Naciones Unidas expedido por Turquía”, dijo. Ahora, tras conocerse los acontecimientos, el gobierno Canadá le ofreció a este hombre (que perdió todo), la posibilidad de ir a residir allí… Kobani –la ciudad siria desde la que escapó esta familia–, envuelta en conflictos sociales y tribales, injerencia imperialista y guerra civil, verá regresar al padre –tal dijo que es su dolida voluntad–, ahora solo.

“No voy a culpar a Canadá de lo que pasó. Culpo al mundo entero”, dijo la hermana. Y tiene razón. Y agrego: este mundo culpable es el que ha ido generando el capitalismo, con sus fronteras nacionales y aduanas, su militarismo y guerras; el interés geopolítico, económico (¡el petróleo de Medio Oriente!), del imperialismo. La muerte de este niño –y la muerte de miles y miles de inmigrantes que huyen de la crisis económica y la desocupación, del hambre y las guerras– es un grito contra el sistema: el emergente que miramos (y que nos mira) de un sistema completamente irracional, burocrático, perverso, destructivo; donde las maravillas de la producción en masa de alimentos y vestimenta, vivienda, ciencia, cultura y tecnología son negados permanentemente a la gran mayoría de la humanidad. Como conclusión: humanidad (nosotros) y capitalismo son (somos) incompatibles. Este sistema se basa en la más amplia “socialización” (amplitud) del trabajo bajo el mando de los propietarios de los medios de producción, cambio y comunicación (Bancos, monopolios industriales, militares y empresas mediáticas, privados y estatales). La explotación de los recursos naturales y humanos, puestos al servicio de la ganancia y el lucro privados (los parásitos que viven del trabajo ajeno, de la desocupación y el sufrimiento). Es la barbarie que genera el sistema –por más que el gatopardista Papa lo admita y lo lamente en sus piadosos discursos– urbi et orbi. Imperialismos como Francia y Alemania están dispuestos a dar asilo a los desesperados… “en cuotas” o “cupos” (por no hablar de la “preocupación zoológica” del primer ministro británico Dave Cameron por la invasión de “enjambres” de inmigrantes, o el planteo del jefe de gobierno español Rajoy sobre la “inmigración irregular por razones económicas”). Mientras, quienes tratan de cruzar las fronteras gritan también “No camp! No camp!” en Hungría (leyes “de emergencia”, trenes repletos de inmigrantes, “campamentos” –Campos– y largas alambradas de púas recorren la frontera del país –gobernado por el ultraconservador primer ministro Viktor Orban– con Serbia).

La nota completa en la edición de hoy de La Izquierda Diario

 

Album: Público (2000)


Feria del libro: presentación el 8/5 de las Obras Escogidas de León Trotsky

* Más información sobre este libro que se presenta en la página de Ediciones IPS, y en la del CEIP “León Trotsky”

 

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