“Plegaria vespertina” (Günter Grass)

Plegaria vespertina

Lo que de niño

me asustaba hasta ponerme el miembro tieso

era una frase  –‘Dios lo ve todo’–

escrita en los muros con letra picuda;

pero ahora –desde que Dios ha muerto–

da vueltas arriba un dron no tripulado,

que no me pierde de vista

con un ojo sin pestañas que no duerme

y todo lo almacena, no puede olvidar nada.

 

Me vuelvo infantil,

tartamudeo plegarias incompletas incoherentes,

quiero pedir gracia y absolución

lo mismo que mis labios en otro tiempo al acostarme

pedían indulgencias tras cada caída.

Me oigo susurrar en el confesionario:

Ay, querido dron,

te pido perdón

para poder ir al cielo de rondón.

 

Günter Grass, De la finitud, Bs. As., Alfaguara, 2016, p. 16.


#Documental: “Raúl Zurita. Escribir en el Desierto”

Publicado el 9 nov. 2017


“Descansa en paz” (Nicanor Parra)

* Un poema de Hojas de parra para homenajear, como corresponde, de manera risueña, al (anti)poeta, fallecido hoy. ¡Viva el antipoeta!

 

Descansa en paz

claro — descansa en paz
y la humedad?
y el musgo?
y el peso de la lápida?
y los sepultureros borrachos?
y los ladrones de maceteros?
y las ratas que roen los ataúdes?
y los malditos gusanos
que se cuelan por todas partes
haciéndonos imposible la muerte
o les parece a ustedes que nosotros
no nos damos cuenta de nada…

estupendo decir descansa en paz
a sabiendas que eso no es posible
sólo por darle gusto a la sin hueso

sepan que nos damos cuenta de todo
las arañas corriendo por las piernas
no nos permiten dudas al respecto
dejémonos de pamplinas
ante la tumba abierta de par en par
hay que decir las cosas como son:
ustedes al Quitapenas
y nosotros al fondo del abismo

 

(De Hojas de Parra, 1985)


“Mejor mudar de Narciso” (Eduardo Espina)

Mejor mudar de Narciso

(Más fácil que en un espejo transparente)

 

I

Si en la pleamar amaestrada

de una fuente vino a mirarse,

en un espejo hubiera nadado.

Náufrago del ego al augurar,

atrapa espumas aunque más.

(Oh tan cóncavo caído de la

difícil felicidad, delfín que

por lo desolado se solaza)

 

II

Se miró en un mar enceguecido,

péndulo de apariencias para ser

por célibe levedad a la distancia

siempre, tarde, mañana y noche,

menos un marte mientras pudo.

Rodeó su densidad los aledaños,

a la imagen posterior que le dan.

Días de salir en islas a la deriva.

Y la edad, ¿a partir de deidades,

o adivinada en idea donde lo es?

 

III

Mirar de la pobre transparencia:

el viento escondido en el aire, la

hora al pairo apurando variantes.

Tiembla la blancura al hablarlos.

 

IV

El escalofrío y la fe de las iniciales

saben que la vida impide por fuera.

Desconocido el indicio al decidirlo

cuenta los años anillados, el tiempo

tan poco muerto de cualquier modo.

Cuesta la piel lo que estas palabras,

y el habla, según las ganas de nacer.

Para su azar cuando quieran huir de

ahora, será la h historia el único lugar.

 

V (cinco)

Redive al visir la brisa bucanera,

no más que  viento en el laberinto.

Como si bellas de allá vinieran la

perseverancia y cuanto puede ser,

la sibila de abril en las visiones

vuelve a vencer por enésima vez.

Extraño pretexto de lo invisible

(donde las apariencias engañan):

de lejos, creyó que era él mismo.

 

Eduardo Espina, El cutis patrio, Bs. As., Mansalva, 2009, pp. 116-117.

 


“Técnica del poema social” (Alejandro Rubio)

Técnica del poema social

 

Cuando Pángaro escancia en copas de bacará

un líquido de lo mejor, la historia vuelve como una ola

de naufragio a pedir cuentas, molesta como un pariente pobre.

El tema es la ciudad, siempre, el centro y sus barrios

con sus casas endebles y sus maniquíes tersos

en las vidrieras donde la mercancía muestra su cara insolente

y su promesa de libertad, y en el juego entre esos goznes

se juega, valga la redundancia, el acierto de una visión

que se adhiere y a la vez juzga:

desde el podio de la consumación de la lucha.

Palabras comunes y tiernas,

un tranvía o colectivo, canillitas,

compañeras prostitutas con las medias corridas.

Se termina con un mensaje de esperanza,

soplo vago que anima al muñeco

y lo reúne con el niño en convivio.

Se puede o no agregar un animal explotado:

eso rinde, pero se presta a la parodia.

Lo durable es esa voz recitativa que en la peña

por la garganta de una joven maestra se dirige entre dos truenos

de zamba a los vecinos que sosteniendo empanadas

y vasos de vino carlón se

identifican, aburren, identifican.

 

Alejandro Rubio, Sobrantes, Bs. As., Gog y Magog, 2008, p. 46.


“Contadores de historias” (John Berger)

CONTADORES DE HISTORIAS

 

Escribiendo

acurrucados junto a la muerte

somos sus secretarios

 

leyendo a la luz de la vida

completamos su libro mayor

 

donde termina ella,

colegas míos,

empezamos nosotros, a ambos lados del cadáver,

 

y cuando la citamos

lo hacemos

sabiendo que la historia está a punto de acabar.

 

John Berger, Páginas de la herida, Madrid, Visor, 2003 [ed. original 1995], p. 58.


“El viejo León y Natalia en Coyoacán” (Paulo Leminski)

 

El viejo León y Natalia en Coyoacán

 

esta vez no tendrás nieve como en Petrogrado aquel día

el cielo va a estar limpio y el sol brillando

vos durmiendo y yo soñando

 

ni sacos ni cosacos como en Petrogrado aquel día

apenas vos desnuda y yo como nací

yo durmiendo y tú soñando

 

no tendrás más multitudes gritando como en Petrogrado aquel día

silencio en los dos murmullos azules

yo y vos durmiendo y soñando

 

nunca más habrá un día como Petrogrado aquel día

nada como un día yéndose y el otro viniendo

vos y yo soñando y durmiendo

 

* Poema que cierra la biografía de León Trotsky escrita por Leminski.

** En Paulo Leminski, Leminskiana. Antología variada, Bs. As., Corregidor, 2006, p. 167.