Ricardo Piglia sobre la escritura de Rodolfo Walsh: “Una lección de estilo, un intento de condensar el cristal de la experiencia”

Leemos hoy en el suplemento ADN-Cultura:

Quisiera analizar el modo que tiene un escritor de contar una experiencia extrema y transmitir un acontecimiento que parece de antemano imposible de narrar. Me refiero al modo en que Walsh cuenta la muerte de su hija Vicky -la joven guerrillera que muere en un enfrentamiento con la represión militar- y escribe lo que se conoce como “Carta a Vicky”, que circuló clandestinamente en 1976.

Luego de reconstruir el momento en que se entera de la muerte y el gesto que acompaña esa revelación (“Escuché tu nombre mal pronunciado, y tardé un segundo en asimilarlo. Maquinalmente empecé a santiguarme como cuando era chico”), Walsh escribe: “Anoche tuve una pesadilla torrencial en la que había una columna de fuego, poderosa, pero contenida en sus límites que brotaba de alguna profundidad”. Una pesadilla casi sin contenido, condensada en una imagen casi abstracta. Y después escribe: “Hoy en el tren un hombre decía ‘Sufro mucho, quisiera acostarme a dormir y despertarme dentro de un año'”. Y concluye Walsh: “Hablaba por él pero también por mí”.

Quisiera detenerme en ese movimiento, ese desplazamiento, darle la palabra al otro que habla de su dolor, un desconocido en un tren, que dice “Sufro, quisiera despertarme dentro de un año”. Es casi una elipsis, una pequeña toma de distancia respecto de lo que está tratando de decir, un deslizamiento de la enunciación, alguien habla por él y expresa el dolor de un modo sobrio y directo y muy conmovedor. Hace un pequeñísimo movimiento pronominal para lograr que alguien por él pueda decir lo que él quiere decir. Una lección de estilo, un intento de condensar el cristal de la experiencia.

El mismo desplazamiento utiliza Walsh en el texto donde cuenta las circunstancias en las que muere Vicky, “Carta a mis amigos”. Narra el cerco militar a la casa, la resistencia, el combate. Y para describir lo que ha sucedido nuevamente le da la voz a otro. Dice: “Me ha llegado el testimonio de uno de esos hombres, un conscripto”. Y transcribe el relato del que estaba ahí sitiando el lugar. “El combate duró más de una hora y media. Un hombre y una muchacha tiraban desde arriba. Nos llamó la atención la muchacha, porque cada vez que tiraba una ráfaga y nosotros nos zambullíamos, ella se reía”. La risa está ahí, narrada por otro, la extrema juventud, el asombro, todo se condensa. La impersonalidad del relato y la admiración de sus propios enemigos refuerzan el heroísmo de la escena. Los que van a matarla son los primeros que reconocen su valor, en la mejor tradición de la épica. Al mismo tiempo el testigo certifica la verdad y permite al que escribe ver la escena y narrarla, como si fuera otro. Igual que en el caso del hombre en el tren, acá también hace un desplazamiento y le da la voz a otro que condensa lo que quiere decir.

Quizás ese soldado nunca existió, como quizá nunca existió ese hombre en el tren, lo que importa es que están ahí para poder narrar el punto ciego de la experiencia. Puede entenderse como una ficción, tiene por supuesto la forma de una ficción destinada a decir la verdad, el relato se desplaza hacia una situación concreta donde hay otro, inolvidable, que permite fijar y hacer visible lo que se quiere decir.

Es algo que el propio Walsh había hecho muchos años antes, en 1964, cuando trataba de contar el modo en que había sido arrastrado por la historia. En el prólogo a la tercera edición de Operación Masacre Walsh narra una escena inicial, narra digamos su ficción del origen, y condensa así la entrada de la historia y de la política en su vida. Está en un bar en la ciudad de La Plata, un bar al que va siempre a hablar de literatura y a jugar al ajedrez y una noche de 1956 se oye un tiroteo, hay corridas, un grupo de peronistas y de militares rebeldes asalta al comando de la Segunda División del Ejército, es el comienzo de la fracasada revolución de Valle que va a concluir en la represión clandestina y en los fusilamientos de José León Suárez sobre los que Walsh realizará la denuncia en Operación Masacre.

Esa noche Walsh sale del bar con los otros parroquianos, corre por las calles arboladas y por fin se refugia en su casa, que está cerca del lugar de los enfrentamientos. Y entonces narra. “Tampoco olvido que, pegado a la persiana, oí morir a un conscripto en la calle y ese hombre no dijo: ¡Viva la patria!, sino que dijo: No me dejen solo, hijos de puta”. Una lección de historia pero también otra lección de estilo. Una vez más el desplazamiento que condensa un sentido múltiple en una sola escena y en una voz. Este otro conscripto que está ahí aterrado, que está por morir, es el que cristaliza una red múltiple de significaciones. Un movimiento que es interno al relato, otra elipsis, que desplaza hacia el otro la experiencia de la historia.

Walsh hace ver de qué manera podemos mostrar lo que parece casi imposible de decir. La literatura sería el lugar en el que siempre es otro el que viene a decir. O mejor, el estilo sería ese movimiento hacia otra enunciación, una toma de distancia respecto de la palabra propia.

La nota completa acá.


El adiós a una gran entrevistadora: María Esther Gilio

Leemos: “Su método podía tener algo del de Truman Capote pero no lo aprendió de él: fidelidad a los datos pero no a los referentes, el archivo como carta en la manga, cultivo de la transferencia, empatía anticipada. Nada de periodismo gonzo, ni bravatas estilísticas: hizo maravillas simplemente con la amabilidad y la buena educación.”

Este es un fragmento de la nota que publicó María Moreno en Radar el pasado domingo sobre la gran reportera uruguaya. Una reportera que podía entrevistar, a fondo, a “los grandes” artistas y personalidades como así también al más común de los mortales (una prostituta una lluviosa y fría noche montevideana, por ejemplo).

En una entrevista –incluida en la misma nota de Radar– que le hizo Moreno a Gilio, ésta relata lo que le pasó en un barrio humilde: “… saco la cartera que tenía abajo. La abro. Tengo en la billetera dos billetes de cincuenta y dos de cien. Darle cincuenta era mucho. Busco y rebusco en la billetera. Y de pronto el tipo mete la mano y se la agarra. Se va rápido y de lejos me saluda con la mano. Y yo termino la nota diciendo que hizo lo que tenía que hacer. Se fue sin culpa, como yo también me hubiera ido sin culpa. Me gustó ese final. Porque la gente se pone enseguida en el lugar moral de la clase a la que pertenece. ¿Querés otro cuento de robo?”

 

* Acá, un post con varias notas, otro reportaje a Gilio y algunos links. Acá una entrevista a Abelardo Castillo. Y acá, una entrevista a Fontanarrosa.


Esa foto… ¡se merece una foto!

Acerca de la nueva muestra anual de fotoperiodismo

 

“El conjunto de imágenes incesantes (la televisión, el video continuo, las películas) es nuestro entorno, pero a la hora de recordar, la fotografía cala más hondo. La memoria congela los cuadros; su unidad fundamental es la imagen individual. En una era de sobrecarga informativa, la fotografía ofrece un modo expedito de comprender algo y un medio compacto de memorizarlo. La fotografía es como una cita, una máxima o un proverbio”

Susan Sontag, Ante el dolor de los demás (2003)

 

Queda una semana para ver la nueva muestra de fotoperiodismo en el Palais de Glace, muestra que recorre un año de hechos nacionales e internacionales captados con las cámaras de periodistas por el mundo; una selección de más de 200 fotos –de miles presentadas- del  trabajo (muchas veces arriesgado –y por lo tanto audaz–) de reporteros y reporteras gráficos/as.

¿Quiénes protagonizan lo que resulta relevante para –y por ello lo publican– los grandes medios de comunicación? En general, todo el espectro social: desde modelos, deportistas (Maradona) y artistas (como el escritor Tomás Eloy Martínez, “capturado” en Mar de las Pampas), pasando por políticos y curas, hasta simples familias trabajadoras y humildes –notablemente, la mayoría en lucha y reclamo por sus derechos-. La lucha contra la represión en las tomas del Parque Indoamericano; contra el “gatillo fácil” en Bariloche y los reclamos en la estación Constitución son algunas de esas imágenes. Imágenes que, “extrañamente” comparten “sección” con otras situaciones urbanas de “quilombos” generales: un gigantesco incendio, un auto que se cae en un bache, etc.

Podemos ver también la misión “humanitaria” de Haití, donde la imperialista ONU cuenta con la ayuda de tropas latinoamericanas, incluidas argentinas (¿casualmente?… se ven tropas brasileñas en una foto –y hoy acaban de ser noticia unos abusadores soldados uruguayos–… pero ¿hay alguna duda de que las tropas argentinas actúan igual?).

Imágenes a los juicios a los genocidas (Videla, Bussi y otros: miserables caras donde la muerte –las muertes que han provocado– y el cinismo –propio– impactan por igual…); protagonistas de las marchas por el “matrimonio igualitario” –y algunos matrimonios consumados-; la pasión del (y por) el deporte… y también por los artistas (ver los llantos por Sandro). Y, “curiosamente”, una sola foto por el asesinato del joven militante del PO, Mariano Ferreyra… mientras que la presidenta Cristina y Néstor Kirchner tienen una buena cantidad de fotos “bienintencionadas”. Y más: políticos opositores (Duhalde, Carrió, Macri y Ricardo Alfonsín) que aparecen completamente –y desde ya, merecidamente- (casi auto)parodiados, con gestos tremendos o en situaciones “significativas”: como Duhalde transpirando a troche y moche al anunciar su candidatura a la presidencia, o Alfonsín empujando el auto que lo debería transportar… Los únicos que salen bien parados son Cristina y Néstor Kirchner, Nilda Garré (ejemplarmente subida a un vehículo militar) y Aníbal Fernández (de vacaciones).

La muestra se completa con algunas fotografías y repercusiones públicas de la primera, realizada en 1981.

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En su inteligente (y autocrítico, respecto a su Sobre la fotografía) ensayo, Ante el dolor de los demás, Susan Sontag señala: “Las fotografías de una atrocidad pueden producir reacciones opuestas. Un llamado a la paz. Un grito de venganza. O simplemente la confundida conciencia, repostada sin pausa de información fotográfica, de que suceden cosas terribles”. Quedará entonces pendiente en el espectador la (su) reacción, luego de apreciar algunos de estos “mojones” del año 2010, ocurridos, como dijimos al principio, en Argentina y en el mundo. Mojones de atrocidades y catástrofes, pero también de pasiones y luchas.

Por lo tanto, hablamos de (algunas) fotos esperanzadoras…

 

* clic en la imagen para ampliarlas.


Periodismo urgente (y necesario)

Un comentario al libro ¿Quién mató a Mariano Ferreyra?

Al poco tiempo que Pedraza –burócrata de la Unión Ferroviaria- quedara preso, apareció ¿Quién mató a Mariano Ferreyra? (Bs. As. Ed. Norma), del periodista Diego Rojas. Allí se encuentran reportajes, varias investigaciones y una reconstrucción de los hechos del 20 de octubre pasado, cuando una patota de la UF atacó a los tercerizados y la izquierda que intentaron cortar las vías en reclamo de pase a planta permanente de los tercerizados. El ataque donde asesinaron a Mariano Ferreyra y dejaron baleadas a tres personas.

En 26 capítulos se intercala diversa información: por una parte, los lazos humanos (familiares, amistosos) del joven del PO, de 23 años, sus actividades cotidianas, sus responsabilidades militantes y ambiciones que quedaron truncadas por el crimen; momentos de lectura dolorosa. Por otro, Rojas da cuenta del sistema de tercerización laboral, “invento” del neoliberalismo en los ’90, con el objetivo de reducir los costos en personal y aumentar ganancias. Y, dentro de este sistema, el rol de la burocracia sindical transformada en socia mediante el manejo de empresas “de servicios”, donde el salario del obrero siempre es muchísimo más bajo que el de convenio.

Se recuperan muchos datos que se fueron haciendo esporádicamente públicos en la prensa burguesa, develando los vínculos de funcionarios como Tomada (ministro de Trabajo), Noemí Rial (viceministra) y Esteban Righi, quienes fueron asesores legales de la UF por años. Al igual que el uso de barrabravas (Favale, Sánchez) como fuerza de choque.

Y también se recupera El Obrero Ferroviario, revista oficial de la UF: la de enero de 2010 relata la visita que hicieron Cristina Kirchner y Hugo Moyano, titular de la CGT, a la reinauguración de un centro cultural. Pedraza dijo: “Compañera presidenta, nosotros acompañamos su gobierno, y seguiremos acompañándolo”. Y Cristina: “Mostrémosle a todos cuál es este modelo de organización sindical que cree que lo más importante no es destruir sino conseguir mejoras para sus trabajadores”; agregando que ella era “una profunda admiradora de este movimiento sindical”.

En síntesis, explotación laboral y millonarios negocios fue lo que llevó a la burocracia a atacar, a los balazos, a la izquierda. Balazos que contaron con la complicidad de la policía, como reconoce la fiscal Camaño: “Hay un policía que filma, y de esa filmación surge cuando llega Cristian Favale con el grupo. Se supone que cuando los ferroviarios salen corriendo [a atacar], se le acaba la batería. Vuelve a filmar cuando los ferroviarios regresan”. “La policía ferroviaria, que está en las vías, puede estar en connivencia con los hechos. Los celulares que usan se los da la Unión Ferroviaria, los conocen de todos los días. Dicen las transmisiones: ‘Expectantes, expectantes. Esperemos, no hagas nada’”.

Rojas dedica un capítulo al modus operandi de la burocracia: patotas contra los opositores. Pero omite señalar que esto cobra más bríos a medida que se desarrolla el “sindicalismo de base”, como fue el artero ataque al delegado de la VolksWagen de Córdoba, Sergio Folchieri, o la expulsión del SMATA de la misma provincia, del delegado Hernán “Bocha” Puddu, quien se negó a avalar despidos de trabajadores contratados y hoy está despedido. Otra ausencia notoria, clave para entender la saña asesina de la burocracia de la UF, es la de la Agrupación Bordó del Ferrocarril Roca. Con un trabajo paciente de organización y lucha de años, los compañeros, que organizan en común a efectivos y tercerizados, fueron clave en el desarrollo de la lucha que finalmente terminó con el pase a planta de la gran mayoría de los tercerizados.

Pese a ello, el libro tiene aciertos y hallazgos. Como la entrevista a Pedraza poco antes de su detención. Allí dice que participó del acto progubernamental de Moyano en River, y más: “Después del 20 de octubre hablé con Julio de Vido, con Juan Pablo Schiavi, con Tomada”, mostrando intactos sus vínculos con el kirchnerismo. Y respecto a un activista, vocero de los tercerizados, dice: “¡Un delincuente estuvo en el corte!”, “¡Activista no fue nunca! Ahora aparece hablando como vocero. Un tipo violento. ¡No quiere laburar!”, mostrando así toda su hipocresía y un profundo odio de clase contra los obreros que no agachan la cabeza y son democráticos y combativos.

Para finalizar, un fragmento respecto a la vida que segó la burocracia: “Era un pibe joven que, probablemente, tenía todas las experiencias del mundo por vivir, pero que había tomado, sin embargo, algunas decisiones vitales respecto a su presente. Se consideraba a sí mismo un revolucionario, un militante socialista, un conspirador –si fuera necesario- y se habría ofendido si lo hubieran llamado ‘idealista’, porque estaba convencido de que había bases materiales concretas y que, más tarde o más temprano, los trabajadores argentinos harían la revolución”.

Aunque Mariano no era de nuestra organización, lo consideramos un compañero propio, con los mismos intereses y objetivos –los que tenía nuestro joven camarada fallecido recientemente en un accidente, Polo Denaday-: luchar por que la clase trabajadora construya su propio partido revolucionario, en Argentina y en el mundo, y termine con la explotación capitalista, poniendo en pie Estados obreros que comiencen la construcción de una nueva sociedad, socialista. Los más altos objetivos a los que puede aspirar todo ser humano sensible –e indignado, insoportablemente indignado- ante las barbaries a que nos somete el sistema.