“Varrón” (Pascal Quignard)

 
Capítulo XI
 
Varrón
 
Varrón nació en 640. Murió prope nonagenarius (casi nonagenario) en 728 en Roma. Tenía diez años más que Cicerón o Pompeyo, que fueron sus amigos y a los que sobrevivió largamente. Su curiosidad era infatigable. Fue el segundo arqueólogo después de Estilón.
Se decía anticuario. Literalmente: hombre obsesionado por aquello que estuvo antes (ante).
Cicerón escribió sobre él en griego diciendo que era un hombre aterrador (deinos anér).
Alto, agrio, flaco, rudo, arrebatado, gritón, sombrío.
 
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A propósito de la lectura, Cicerón dijo que era el alimento del exilio.
Varrón replicó que la lectura era el país.
 
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Varrón escribió: Legendo atque scribendo vitam prosudito (leyendo y escribiendo uno forja su vida como un hierro).
 
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Varrón escribió que los rollos le habían dado a su vida una medicinam perpetuam (una cura definitiva).
Envejeció en su gabinete, cerca de su pajarera.
 
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Durante el principado de Augusto, este hombre todavía vivo era casi un fantasma.
Plinio cuenta que pese a sus reprimendas, a la dureza de su carácter, a sus cóleras imprevisibles, el emperador Augusto mostraba mucha consideración hacia Varrón, y a quienes se asombraban por ese trato les decía:
–Aferrándome a Varrón me aferro al pasado.
A los ochenta y siete años, seguía publicando sus cuatro volúmenes anuales.
 
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En su testamento pidió que lo enterraran a la manera de los pitagóricos, en un ataúd de ladrillo, cubierto de hojas de álamo negro.

IMAG1495Pascal Quignard, Abismos. Último Reino III, Bs. As., El cuenco de plata, 2015, pp. 33 y 34.

“Un reino de disidencia en un universo continuo” (Pascal Quignard)

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“Un fragmento de Pacuvius enuncia aquello que interrumpe el martilleo del camina plurimilenario. En 1823, J.B. Levée lo tradujo de esta manera: ‘Aquel promontorio cuyo extremo se adentra en el mar’.

Promontorium cujus lingua in altum projicit.

Una lingua es aquello a través de lo cual una sociedad se adentra en la naturaleza. Para hablar con propiedad, la lengua no prolonga lo que es. Exterioriza. Introduce lo de afuera [du hors] en una plenitud. Introducir retardo en lo inmediato: es la música (o la memoria) y la razón por la cual mnémosýné y mousiké son lo mismo. Logos insinúa lo dos en lo uno. En el año 520 después de Jesucristo, el filósofo griego Damaskios, en Atenas –antes de ser expulsado del Imperio y arrojado a Persia por los decretos cristianos–, escribía que todo logos era fundador de un reino de disidencia en un universo continuo.”

 

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tapa_151Pascal Quignard, El odio a la música, Bs. As., El cuenco de plata, 2015 (ed. original 1996), pp. 20-21.


“Los únicos sonidos pretenciosos” (Pascal Quignard)

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“En el seno de la naturaleza, los lenguajes humanos son los únicos sonidos pretenciosos. (Son los únicos sonidos de la naturaleza que pretenden dar sentido a este mundo. Son los únicos sonidos que tienen la arrogancia de pretender devolver un sentido a quienes los producen. Martilleo de los pies que hace sonar la tierra: expavescentia, expaventatio; sonido de hombres que no dejan de pisotear la tierra, huyendo, aterrados, de la proximidad del lugar. La proximidad del lugar, antes del neolítico, fue el abismo.)”

 

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Pascal Quignard, El odio a la música, Bs. As., El cuenco de plata, 2015 (ed. original 1996), p. 20.