“Años perdidos, decepción y promesa” (Noé Jitrik)

CONTRATAPA

Años perdidos, decepción y promesa

Por Noé Jitrik

na40fo01Gracias al buen gusto y al afecto de mi amigo Demian Paredes, de inagotable curiosidad por la buena literatura, pude conocer a lo largo de los últimos años varios textos inexcusables, tanto como inexcusable fue no haberlos conocido antes.

En particular, pero no sólo en ese ámbito, literatura concerniente a lo que fue la Unión Soviética, en ese poderoso momento de su creación y luego en su exilio, durante la larga noche estalinista. Parecía obvio que Demian me hiciera llegar nuevas ediciones de obras de Leon Trotsky, en un proyecto editorial del sello IPS, en el que colabora, pero luego textos de otros autores recogidos en envidiables andanzas libreriles.

En cuanto a los de Trotsky leí una original biografía de Lenin, que comenté, nuevamente la extraordinaria Mi vida así como reuniones de artículos sobre España, México y, por supuesto, sobre el estalinismo, por no mencionar Literatura y revolución, tan discutible como apasionante. Pude volver en estos días a un fragmento de ese libro, una discusión que mantuvo en 1925 con un grupo de escritores: es increíble la continuidad de sus ideas, el vigor sin desfallecimiento de la formulación, la seguridad en sus juicios, no se me ocurre otra palabra que “genialidad” para calificar esa intervención y esa personalidad. Más allá de las tesis de orden político, nunca ausentes de todas sus intervenciones, en todos los textos a los que pude acercarme brota, si la vieja definición de estilo sigue siendo útil, una poderosa individualidad y, correlativamente, una fuente de escritura que, en su caso, unió casi sin fallas cantidad con calidad.

Pero no sólo eso mi amigo me acercó: si he mencionado a Trotsky a quien me refiero ahora es Victor Serge, que fue su amigo, partidario, y todo lo que se puede decir de una asociación político-ideológica-filosófica, incluso de a ratos conflictiva, como todo lo relacionado con Trotsky: en una composición sobre tela que hizo Magdalena Jitrik, las efigies de ambos personajes, a partir de la correspondencia que mantuvieron durante mucho tiempo, se contraponen y se complementan y en el espacio que se establece entre ellas las figuras de otros bolcheviques configuran una especie de olimpo revolucionario pero entregado a la muerte a la que Stalin, con dudosa (tramposa) argumentación condujo a todo el conjunto.

Sólo leí dos libros de Serge; el primero fue El caso Tulaiev, de 1947; el otro, Los años sin perdón, terminado en 1946. Sobre El caso escribí hace un tiempo una nota que publiqué en este mismo diario; brevemente, ficcionaliza un hecho determinante en la historia soviética, el asesinato de Kirov, un prominente cuadro del estalinismo, proyectado a sucesor del todopoderoso georgiano: el crimen fue el comienzo de los paranoicos juicios que acabaron con lo que quedaba de los primeros y revolucionarios bolcheviques, menos con Trotsky a quien la mano vengadora terminó por acabar unos pocos años después. Serge realiza en esta historia lo que después de su auge la novela policial puso en evidencia, o sea que la novela policial es política aunque dio vuelta los términos, abordó lo político por el camino de los procedimientos narrativos de lo policial de un modo diferente al que singulariza la obra de los maestros de esta especie narrativa, tan atractiva. Este giro le permitió acercarse y apartarse de los crudos hechos que son su punto de partida y trazar un cuadro tan animado como certero de esos duros años para el mundo en general y para la Unión Soviética en particular. Lo que pude observar, considerando los modos predominantes del relato soviético, fue que Serge procedía con un saber implícito de la literatura contemporánea, en un camino que no podía ser juzgado como de posvanguardia pero sí como de posrealismo, lejos tanto de la disidencia, tipo Pasternac, Solyenitsin o Nabokov, como de los cultores del realismo socialista, cuyo “teórico” fue el olvidado Zdanov.

La otra novela, Los años sin perdón, escrita antes, tiene una estructura más compleja pero, sobre todo, un lenguaje desbordante que me remite, tal vez es arbitrario de mi parte, a la lección joyceana, un relente de escritura automática pero no como flujo incontrolado de inconciencia sino, al contrario, por un desborde objetivo, de descripciones minuciosas y relieves poéticos tanto en relación con lo ambiental, el cruel sistema persecutorio soviético, la helada destrucción de Alemania después de los bombardeos de 1944, la lujuriante naturaleza mexicana, la angustiosa soledad de los fugitivos, la orfandad de las traiciones, como producto de una mirada excepcionalmente refinada y sabia.

Pero no, esa mirada, como un intento panorámico acerca de ese mundo al que Serge había en parte contribuido a construir y que luego, lamentable, tristemente, iba siendo destruido sin que esa destrucción tocara las convicciones, eso, por ejemplo, que Trotsky había seguido sosteniendo obstinadamente acerca del destino histórico de la sociedad, la “revolución permanente” y ese conjunto de tópicos que, al parecer, Serge pone por otra parte en cuestión por el camino de la decepción y la melancolía. Casi, inclusive, alguien, incidentalmente en la novela, se atreve a dudar, una herejía para un universo de afirmaciones rituales, acerca de la eternidad del pensamiento de Marx, sabiendo, el narrador, que eso implica un futuro desolado, un destino incierto y que concluye, nuevamente, como un anticipo de lo que se desprende en El caso Tulayév, en la muerte, como si la muerte, política, fuera el broche de lo que se presentaba como la alborada gloriosa de una humanidad mejor.

Lo que leí sobre esta novela –hubo comentarios en su momento y años después, lo que se conoce como “crítica”– la describe en sus partes y en sus personajes: ahorraré esa facilidad; sólo puedo apuntar que si hay, habría que demostrarlo, una conexión con el proceso literario europeo heredero de la vanguardia, también de lo que abrió el psicoanálisis que, como se sabe, no había cundido en la Unión Soviética pero que penetró en la literatura al introducir una dimensión subjetiva que el realismo tradicional había ignorado.

De ello resulta, en esta novela, no sólo una denuncia sino una idea de destino, que quizás retomó años después Vassili Grossman, en una doble vertiente, por un lado lo que pudo ser ese sueño de redención social, perseguido durante siglos y comenzado en ese país contradictorio, campesinos proletarios atrasados y elites de pensamiento refulgente y hecho trizas, convertido en un mero aparato de control y de persecución; por el otro, el de los concretos protagonistas que iluminados por una doctrina que todo lo preveía y consideraba pensaron que estaban a punto de consumarlo, su destino no fue esa gloria sino el pelotón de fusilamiento o la muerte anónima en un perdido arrabal del mundo. La novela relata, sin declararlo, esa suerte en un tono líricamente pesaroso que establece una pálida atmósfera de pérdida y de tristeza que bien puede ser lo que las tragedias del siglo veinte, la frustración comunista, el ascenso del fascismo, la implacabilidad del sistema, aportaron a la historia de la cultura mundial.

Señalé al pasar que se comentó, módicamente, esta novela: uno no se resigna a admitir que lo que siente como un hecho de peso haya podido ser ignorado o menospreciado por quienes deberían considerarlo del mismo modo aunque no por eso crea en las luces que lo que se designa como crítica hayan sido por fuerza enceguecedoras. Pero de ahí a la ignorancia total hay un paso y, al menos, llama la atención cuando se verifica. Desde luego, esa atención raramente es universal, seguramente lo que consideramos un hecho literario de indiscutible valor en la Argentina es más que probable que no reciba ni siquiera una mirada en Finlandia o en Siria o en China, pero debería recibirla en la Argentina. Análogamente, que un hecho literario vinculado con la Unión Soviética, o con Rusia, haya sido ignorado en la Unión Soviética no puede ser indiferente. Es lo que creo que ha ocurrido con Victor Serge o, al menos, lo que pude vislumbrar al asomarme a la información que proporciona, a falta de mi parte de otras fuentes, el servicial pero también elemental Google: en ningún repertorio de literatura soviética o rusa figura, el borramiento es notorio, pareciera que lo que quisieron hacer con él en la noche staliniana irradió sobre su obra literaria y la hizo, a medias, desaparecer.

Digo a medias porque recuperar a un autor tan representativo de una manera de ser intelectual del siglo XX y que, por añadidura es un gran novelista, comienza a ser un proyecto importante: pasó con Marái, puede pasar con Serge. Lástima, solamente, que él no lo puede ver.


Feria del libro: presentación el 8/5 de las Obras Escogidas de León Trotsky

* Más información sobre este libro que se presenta en la página de Ediciones IPS, y en la del CEIP “León Trotsky”

 

feria


El análisis del fascismo que Trotsky hizo con el método marxista sigue vigente, dice su nieto

Presentan libro conmemorativo por el 73 aniversario luctuoso del revolucionario ruso

El análisis del fascismo que Trotsky hizo con el método marxista sigue vigente, dice su nieto
Merry MacMasters

“El tema del fascismo abordado por León Trotsky –cuando su surgimiento en Alemania– con gran precisión y profundidad mediante el análisis marxista, contrariamente a lo que muchos pudieran pensar para nada ha perdido su gran actualidad y relevancia”, expresó Esteban Volkow, nieto del revolucionario ruso, en la presentación de La lucha contra el fascismo en Alemania, dentro de las actividades conmemorativas del 73 aniversario del asesinato del dirigente perpetrado el 20 de agosto de 1940.

Coeditado por el Instituto del Derecho de Asilo Museo Casa de León Trotsky, de México, y el Centro de Estudios, Investigaciones y Publicaciones León Trotsky (CEIP), de Buenos Aires, el libro comprende una selección de textos que el revolucionario escribió sobre el ascenso de Hitler y la lucha contra el fascismo.

Volkow observó que el fascismo es la carta habitual que saca el sistema capitalista en momentos de crisis extrema para mantener su hegemonía y poder, y para ello saca a la calle todos sus aparatos de represión. América Latina ha vivido hasta el cansancio dichos regímenes que usualmente han sido encabezados por militares prestos para desempeñar dichas labores.

Testigo del crimen cometido contra su abuelo, para Volkow el CEIP es un ejemplo y una muestra de lo que debe ser el actuar de auténticos revolucionarios trotskistas: encauzar sus energías y entusiasmo hacia metas valiosas y concretas, entre ellas, educar políticamente a las nuevas generaciones víctimas del sistema capitalista al poner a su alcance el vasto arsenal ideológico para que sepan qué tierra pisan y qué rumbo deben tomar para su emancipación y liberación.

Un clásico de la literatura política

En nombre del CEIP, Jimena Vergara dijo que la lectura de los textos que conforman el volumen, parte de la colección Obras escogidas de Trotsky, es de vital importancia, no sólo por representar un análisis sociológico preciso de dicho fenómeno, sino porque integran un complejo teórico articulado con la necesidad de dar respuestas políticas inmediatas a los problemas, no sólo de la lucha contra el fascismo, sino de la revolución socialista.

Para José Antonio González de León, director del Museo Casa de León Trotsky, lugar de la presentación, la actualidad de La lucha contra el fascismo en Alemania consiste en que hay varios elementos analizados por el creador del Ejército Rojo que están vivos hoy, transformados y actualizados.

El lector encontrará que tenemos similitudes en estos años de crisis con aquellos años de crisis que explican el deterioro de un Estado que buscó arreglarse descomponiendo sus mundos sociales y políticos, al hacer intervenir grupos y organizaciones desorganizadas que podemos reconocer hoy en grupos delincuenciales.

Guillermo Iturbide, del CEIP de Buenos Aires, en una misiva enviada al acto, dijo que el presente tomo es uno de los más grandes clásicos de la literatura política del siglo XX, y que las páginas que componen el volumenfueron escritas como textos urgentes, de combate político

*   *   *

* Más sobre este libro y el plan de las Obras Escogidas de León Trotsky en http://www.ceipleontrotsky.org/; y en http://edicionesips.com.ar/


Una vida, una revolución (Noé Jitrik sobre ‘Mi vida’, de León Trotsky)

La autobiografía, sostenía Sarmiento, postula un ejemplo; el que cuenta su vida no sólo se jacta de sus proezas, de lo que cree que son sus proezas o, en el mejor de los casos, de sus miserias sino que se proyecta, está diciendo de una u otra manera “así hay que ser”.

Pero Sarmiento, un ser muy psicoanalizable, no conocía el psicoanálisis de modo que no podía saber que quien se expresa, por escrito o por la voz, más allá de la jactancia o de la confesión siempre se dice algo más al decir, siempre cuenta “el ser” de su vida, sea lo que fuere lo que dice o escribe, tan luego él que quería “decir” el país sabiendo o no que estaba diciendo su ser, quién era. Pero es claro que no quería esperar a que se supiera quién era de cualquiera manera: para fijarlo escribe su autobiografía, “no se equivoquen” proclama, no interpreten o indaguen, ahí está todo, bien claro y evidente, hagan lo que quieran con eso, pero con eso, no con otra cosa.

Y, sin embargo, ese gesto que bien puede considerarse autoritario, no se detiene ahí. Una variante importante se impone: una cosa es una simple exposición fáctica, por más exaltada y autorreferente que sea, y otra, muy diversa, es si tal exposición apologética está escrita, con todas las de la ley, en otras palabras si saltó la barrera que separa el mero decirse de esa dimensión extraña que se conoce como literatura. Es, precisamente, el caso de Sarmiento y es, con igual claridad, el caso de León Trotsky. Pequeña diferencia: Sarmiento llama a su autobiografía Recuerdos de Provincia, título que induce a creer que va a hablar de otra cosa y de paso también de sí mismo, mientras que Trotsky, al titular directamente Mi vida -después de su proyecto originario: “Medio siglo” había pensado en titular la recuperación de sus cincuenta años-, pareciera que sigue la dirección contraria, hablará de sí mismo y, no tan de paso, también de otra cosa. Y, otra vez, sin embargo: a propósito de la “provincia” Sarmiento hablará de sí mismo y Trotsky, a propósito de sí mismo, hablará de todo lo demás, del mundo y sus alrededores, en su caso de la revolución en general y de la rusa en particular.

INCIDENTE TRAS INCIDENTE. En ambos casos, y seguramente en todos, el dar ejemplo tiene un valor incitativo, esencialmente moral: “hagan lo que yo hice” proclama, lo cual a algunos les abre un camino, a otros los hace sentirse culpables, les pone en evidencia sus limitaciones mientras no pueden no admirar la grandeza que se les presenta ante los ojos. Los primeros creen acceder a ella, para los otros es una gigantesca montaña que no podrían escalar. De modo que para la primera respuesta se constata que hay sarmientistas y trotskistas, puesto que estamos tratando ahora de las autobiografías de ambos; para la segunda tal vez sólo meros lectores, apasionados como es mi caso, pero nada culpables, espectadores nada más de la mencionada grandeza.

De Sarmiento no es el momento de hablar, tal vez porque se ha hablado de él desde hace casi dos siglos. De Trotsky sí porque, como apartando una maleza que lo cubrió durante décadas, ha vuelto a salir de la tumba como un extraño fenómeno de fuerza y para muchos de inspiración. Para éstos, el ejemplo que brinda la autobiografía es exaltante, indica con un metafórico dedo índice proyectado hacia adelante un camino seguro, hasta un modo de vida, por no hablar de un sistema de interpretación que les permite enfrentar dilemas, zonas de acción, luces, en fin, dirigidas a un futuro todavía sin forma pero posible. El ejemplo que resplandece en el texto titulado sin vacilaciones Mi vida puede ser por lo tanto canibalizado y sin duda lo es pero, además, tal vez para pocos, el texto promete muchas otras cosas, no sólo esa tan exaltante apropiación.

De aquellos que ven en esas páginas inspiración y certezas no puedo hablar, no es mi problema; de cómo lo veo yo sí, es mi problema. Por lo tanto, y para empezar, ¿qué (me) promete un libro de quinientas páginas que no obstante es apenas un esquema de una vida que produjo muchísimas más?

Ante todo, y en una aproximación general, más que prometer ofrece algo clarísimo, un vértigo. Incidente tras incidente, el texto se come el tiempo en un doble registro: ante todo, el de acontecimientos históricamente importantes -revoluciones, guerras, cárceles- , la turbación y la promesa que cubre como una capa espesa la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX, y, en otro nivel, el de un relato tan afiebrado como de acezante respiración.

Pero ambos registros se entrecruzan de modo que si los acontecimientos se precipitan a lo largo de una vida y tienen el obsesionante aspecto de la insomnia, la escritura, que es como un lugar donde esos acontecimientos se ven, tampoco duerme ni descansa. Así, las imágenes se precipitan, las acciones se perfilan, los actores aparecen y desaparecen en una especie de teatro en el que tiene lugar un drama histórico tan cargado como que contiene el paso de una época a otra, de un sistema que viene durando siglos, pero de cuyo final Trotsky tiene una serena y objetiva, marxista, idea, a uno que está naciendo con dolor y fervor. Y, en ese cruce, la propia vida, con atisbos apologéticos – la reivindicación del papel que le tocó cumplir en grandes cambios históricos- pero casi nunca íntimos, salvo las grandes pérdidas, salvo la pasión por la lectura y el conocimiento que puntúa aún en los momentos más tensos de los que le tocó enfrentar: las huidas en el feroz invierno siberiano, los encuentros con los diplomáticos alemanes para terminar la guerra, la febril construcción de las instituciones del socialismo, los enfrentamientos con los ejércitos blancos. Escenas de película en las que escribe el guión, con minucia y con detalles, como esperando a un buen cineasta o, mientras llega, a un buen lector.

CRÓNICA DE UNA GESTA. Como si se mezclara en su prosa Conrad con Zola el relato de encuentros y enfrentamientos no tiene descanso, es de una intensidad que Conrad o Zola no habían perseguido, muy rara, es una tensión permanente en una atmósfera de vigilia, desgastante e irrenunciable, equiparable a las noches sin dormir en el Kremlin, en el frente de guerra persiguiendo a los blancos, en las agotadoras jornadas de discursos incesantes para animar a la pelea. Alfred Rosmer, que completó el texto a partir del momento en que Trotsky lo interrumpió, o sea todavía en Turquía, rescata, curiosamente, el estilo. Si no hubiera una advertencia del editor argentino podríamos creer que Trotsky relató incluso el episodio previo a su muerte en 1940.

¿Sigue esta autobiografía las reglas que permitieron otras, anteriores, que habrían podido servir de modelo? No parece: se aparta y se singulariza no sólo en el tono sino, sobre todo, en ese desplazamiento de lo personal – la infancia y el aprendizaje- a lo objetivo que no pierde ni por un instante un centro, el narrador que despliega y contiene, describe y explica, juzga y reflexiona. Y, entre lo personal y lo objetivo, crece la figura del escritor, de un sujeto que colocado en la plena historia de la humanidad al mismo tiempo declara sin ambages ni pudores su ser de escritor, su querer ser escritor como una intuición básica instalada en su deseo desde la infancia hasta los momentos más críticos de una vida azarosa, como sólo se pudo haber dado en el Renacimiento o en la conquista de América.

Así, este libro, además de ser un compendio de historia del siglo XX, es también la descripción de una gesta, no medieval, sino de una construcción, la de un hombre en esa procelosa transición de entresiglos. Un hombre que, por no se sabe qué mecanismos o por qué razones, salvo por la llamarada de una conciencia implacable y al mismo tiempo serena y objetiva, se sintió llamado a dar a esa transición una forma que debía durar hasta el fin de los tiempos, culminación de un proceso tan viejo como el tiempo y cuyo actor histórico era un sector humano tan viejo como el tiempo y tan duradero como el tiempo, el proletariado, los pobres del mundo. Lo notable, lo dramático, fue que habiendo iniciado esa enorme tarea, el socialismo nada menos, viendo ante sus ojos la tan ansiada forma, poco a poco lo que veía era que se le iba escapando de las manos y cayendo en las terribles manos de quien terminaría por minarla y finalmente crear las condiciones para su destrucción.

Este libro, su autobiografía, descansa – o se agita- en una doble construcción, la de esa gesta y la de la forma que le daba sentido y sin la búsqueda de la cual la gesta no tendría sentido: no hay distancia en lo que Trotsky elige evocar entre la gesta, su gesta, y el socialismo, o la revolución, que es su objetivo. Ese encuentro tiene en el libro una expresión eufórica y brillante, su escritura está animada por el espíritu propio de ese momento tan trascendente que concluye con la muerte de Lenin, pero adquiere otro carácter, no menos brillante, cuando comienza la demolición del viejo proyecto y nace la Oposición. Ceden los retratos y la evocación de las acciones y crece, en cambio, el examen, el análisis, la previsión y hasta lo que para algunos fue la profecía política más coherente del siglo, sin que desaparezca la ironía y la felicidad de las imágenes.

SEUDÓNIMOS. Todo ese discurso crece en medio de despiadadas persecuciones, asesinatos inclusive, desde el derrumbe en sus posiciones de poder hasta la ignominia del olvido, pero la acumulación de catástrofes no lleva el relato al resentimiento, al odio ni al deseo de revancha o de venganza: todo da lugar a una narración apasionada y apasionante, llena de observaciones insólitas, de un brío sin límite. Frente a la insólita desgracia para alguien que significó tanto para el mundo en el momento de su apogeo, conserva íntegramente una ecuanimidad del mismo calibre que manejaba cuando las horas no eran sombrías y el edificio del socialismo se estaba erigiendo.

Desde la primera infancia, pasando por las diversas cárceles, los viajes de exilio, la dirección de la guerra civil, la larga marcha desde Alma Ata, pasando por Prinkipo, Francia y Noruega, hasta llegar a México, la estación final. No hay lugar para lamentaciones ni quejas, su mirada captura lo que lo rodea, la cara del carcelero, el movimiento del tren, la nieve en la que se hunde, el libro que lo estimula, el carácter de sus conmilitones, el estado de las sociedades, las debilidades de los grupos políticos. Sociólogo y psicólogo, historiador y cronista, todo le funciona en una unidad que sostiene las páginas y en las que nunca se pierde, como si en su cabeza esa extraordinaria variedad estuviera tensa y en movimiento al mismo tiempo. Con todo eso lo que quiere es medios e instrumentos para escribir, el escrito como arma pero también como prolongación de una cualidad o facultad o natural inclinación propia de los hombres del XIX, no intimidados por la diversidad del mundo ni por la noción de cantidad.

Sin duda muchos leerán esta autobiografía con ánimo belicoso, para discutir la versión que Trotsky da de episodios históricos sujetos a controversias tan feroces como que a él le costaron el exterminio de gran parte de su familia, de sus amigos y de su propia vida. No es mi terreno entrar en ellas y pontificar acerca de si acertaba o erraba al examinar el estado del campesinado ruso en la época de la Revolución y otras singularidades o si la industrialización era el camino adecuado o no. No soy quién para darle la razón o discutirle, son otras mis razones para ver en este libro y en otros de sus escritos una sustancia que tiene que ver con una paradigmática, algo así como el fin de una época encarnado en la historia de un protagonista fundamental. Pero también debe haber algo de personal en mi interés por el tema: en un pasaje del libro Trotsky revela uno de los seudónimos que adoptó para evitar un arresto: ese nombre es exactamente el mismo de mi apellido materno pero yo no lo sabía.

http://www.elpais.com.uy/cultural/una-vida-una-revolucion.html


Presentación de Mi vida, de León Trotsky, en su última morada

544432_4441518447078_1770931201_nLeemos a Bárbara Funes en la página de la LTS-CC de México:

En el 130 aniversario de la muerte de Karl Marx, el alegre bullicio de decenas de jóvenes entró en el Museo Casa de León Trotsky, como nueva metáfora de la continuidad en el pensamiento de los dos revolucionarios. Ellos, junto con intelectuales, trabajadores y periodistas, se dieron allí cita para asistir a la presentación de la nueva edición de Mi vida / Intento autobiográfico, del gran revolucionario ruso, la más reciente publicación coeditada por el Museo casa de León Trotsky y el Centro de Estudios, Investigaciones y Publicaciones León Trotsky (CEIP) y segundo volumen de las Obras Escogidas. En el auditorio del museo, colmado con más de 150 personas, José Antonio González de León (director), Esteban Volkov (nieto de León Trotsky), Manuel Aguilar Mora (de la Liga de Unidad Socialista y maestro de la UACM) y Pablo Oprinari (por la LTS y el CEIP de México) integraron la mesa.

González de León abrió la presentación, reivindicando la calidad de la nueva edición, con cuenta con traducciones revisadas y corregidas e incluye un apéndice de Alfred Rosmer, amigo y compañero de Trotsky; planteó también la pertinencia de esta publicación en el marco de los nuevos fenómenos que sacuden el mundo, como las movilizaciones en Grecia, Bulgaria, la India, y la crisis económica que golpea, pero empieza a hallar dura resistencia en sectores de jóvenes y trabajadores. Luego cedió la palabra a Esteban Volkov, quien con gran orgullo destacó la figura de León de Trotsky como dirigente revolucionario y su lucha titánica contra el estalinismo, y reivindicó la labor del CEIP de difundir la obra de su abuelo, poniéndola al mismo nivel del gran historiador del trotskismo Pierre Broué, ya fallecido. A continuación, Oprinari expuso la obra de Trotsky, la vigencia de sus elaboraciones teórico-polítcas y su apasionante vida como revolucionario, que propuso como fuente de inspiración para las nuevas generaciones de jóvenes que nace a la vida política. Asimismo, hizo un recorrido por el inicio de la actividad revolucionaria de Trotsky, sus primeros intentos por ligarse a los trabajadores, así como por algunos de los momentos más álgidos de la lucha de clases que le tocó vivir, como la gran epopeya de la Revolución Rusa de 1905, el primer embate de la combativa clase obrera rusa, y luego la Revolución Rusa de 1917, los convulsivos hechos de la década de 1930. Cerró su ponencia señalando que las obras de Trotsky constituyen una herramienta ineludible para los trabajadores, jóvenes e intelectuales que queremos tomar el cielo por asalto.

Por último, el Museo ofreció un cóctel con brindis para celebrar el lanzamiento de la obra.

 

Contáctanos para adquirir la obra a:

 

ediciones.armasdelacritica@gmail.com

 

Videos

González de León http://www.youtube.com/watch?v=ziRwC_ntycM

Volkov http://www.youtube.com/watch?v=pdaeLeskdrE

Oprinari http://www.youtube.com/watch?v=HNKnTatt_Ds

Aguilar Mora http://www.youtube.com/watch?v=GqvA7SVeAXY

Saludo desde el CEIP Argentina http://www.youtube.com/watch?v=dum05Xc-C3s

Entrevista a Estevan Volkov El País http://internacional.elpais.com/internacional/2013/03/16/actualidad/1363395931_030136.html


Presentan autobiografía de Trotsky, “aporte fundamental para los tiempos actuales” (La Jornada)

Mi vida… fue escrito por el ideólogo en 1929, desde el exilio, en Prinkipo, Turquía

En el libro se destaca la gran importancia que daba a la educación de las nuevas generaciones de revolucionarios, comentó Esteban Volkov, nieto del líder ruso

Fabiola Palapa Quijas

El legado de León Trotsky, quien dirigió y protagonizó los mayores acontecimientos revolucionarios y contrarrevolucionarios mundiales del siglo XX, es fundamental y plantea la reactualización del pensamiento y la práctica, la teoría y sus lecciones revolucionarias, sostuvieron Esteban Volkov, Pablo Langer Oprinari y José Antonio González de León durante la presentación del libro Mi vida: intento autobiográfico.

El volumen, coeditado por el Centro de Estudios, Investigaciones y Publicaciones León Trotsky (CEIP), de Argentina y el museo que lleva el nombre del revolucionario ruso, se presentó el jueves en la casa que habitó Trotsky en el tradicional barrio de Coyoacán, frente a un público formado en su mayoría por jóvenes, que mostró gran interés por este personaje, cuya autobiografía escribió en 1929, desde el exilio, en Prinkipo, Turquía.

Esteban Volkov recalcó que la vida de Trotsky, su abuelo, es ejemplo de enseñanza; en ella destaca la gran importancia que daba a la educación de las nuevas generaciones de revolucionarios, al hacer accesible la extensa experiencia de las luchas pasadas para aprender de sus triunfos y de sus derrotas.

Advirtió que hoy día tenemos ante nosotros el capitalismo más voraz y depredador. Estamos llegando a un nivel de sobrexplotación y de salarios ínfimos que ubican al trabajador tercermundista en condición de hambruna, de incertidumbre y de jornadas laborales, en muchos casos, por debajo del nivel de vida de los estadunidenses del siglo XVIII y XIX.

Volkov calificó como acierto la edición del segundo tomo de las Obras Escogidas de León Trotsky, porque pone al alcance de las nuevas generaciones el gran acervo ideológico y de memoria histórica de la trascendental lucha revolucionaria de su abuelo.

Pablo Langer Oprinari, del CEIP con sede en México, explicó que la obra de Trotsky no sólo es un tapiz magistral de una vida dedicada a la revolución, sino que plantea cuestiones esenciales en la construcción de una perspectiva de transformación radical de la sociedad. El libro constituye una aportación fundamental para los tiempos actuales, precisó.

De acuerdo con los ponentes, el libro incorpora artículos autobiográficos y es una nueva versión revisada y corregida según la edición francesa abreviada publicada por Alfred Rosmer en 1953, quien agregó un apéndice de su autoría, en el cual recorre los últimos años de exilio de Trotsky en Turquía, Francia y Noruega, para finalizar en México, donde fue asesinado.

El director del Museo Casa León Trotsky, José Antonio González de León, se refirió al título que Trotsky originalmente había querido dar a sus memorias: Medio siglo, pues se encontraba próximo a cumplir 50 años.

“Medio siglo –dijo González– hubiese expresado mejor la idea de Trotsky, como aclara Gabriela Liszt en la presentación del libro; la intención del autor no era relatar su vida personal aislada de los hechos sociales, sino reflejar los grandes eventos de ese periodo: el cambio de época, el surgimiento del marxismo en Rusia, el surgimiento de la burocracia estalinista y su lucha contra ella”.

Antes de finalizar la presentación, el historiador Manuel Aguilar Mora compartió con el público una lectura del libro León Trotsky, de Alfred Rosmer. Asimismo, Oprinari adelantó que el CEIP editará próximamente los escritos del revolucionario ruso sobre Alemania y el fascismo, así como una edición especial de los escritos latinoamericanos.


Esteban Volkov y Jose Antonio González de León envían saludos desde México por la aparición de ‘Mi vida’, de Trotsky

* La presentación de Mi vida de Trotsky, realizada el pasado 4/12 con la presencia de Gabriela Lizst (del CEIP “León Trotsky”), Christian “Chipi” Castillo y Jorge Altamira, se puede ver completa acá.


Abajo, el saludo de Esteban Volkov, nieto de Trotsky, y de Jose Antonio González de León, director del Museo-Casa de León Trotsky.