Video: Briski: teatro, exilio y política (anticipo de reportaje en La Izquierda Diario)

* Video-anticipo de la entrevista al actor, director, dramaturgo y militante que saldrá mañana para leer completa en La Izquierda Diario

Entrevista realizada a Norman Briski, para La Izquierda Diario, en octubre de 2014 en el teatro Caliban.


“Yo ya estoy cansado de ver el techo del peronismo reformista” (Norman Briski)

“¿La experiencia de Brazo Largo es una continuación del grupo Octubre?

Brazo largo es una versión distinta, pero claramente un devenir de Octubre: un grupo ligado al tema social, que buscaba su estética dramatizando los problemas de las localidades que visitábamos, al punto de que la calidad de la obra tenía que ver con el modo en que rescatábamos lo que esa comunidad quería reivindicar. Durante la segunda versión del peronismo había un auge de masas, con todo lo que significó la lucha contra la dictadura de Lanusse, de modo que Octubre estuvo enmarcado en un proceso de liberación, asociado a la rebeldía y al coraje. Pero al principio nadie se enteraba de lo que hacíamos. Estábamos ligados a organizaciones y agrupaciones populares y barriales, de carácter reivindicativo, así que íbamos a los barrios, adonde hubiese falta de agua, luz, trabajo o transporte. Otras veces, tratábamos el tema de la lucha política en sí misma, las internas propias del lugar, con los personajes de los punteros, el intendente. Del relevamiento de las necesidades de la comunidad salía la temática de nuestros ‘sociodramas’.

¿Solamente actores intervenían en la interpretación de los ‘sociodramas’?

Actores, público, los habitantes de la zona; en realidad, las combinaciones eran infinitas. Utilizábamos técnicas muy diferentes, desde Stanislavski hasta el rol play del psicodrama: aquella Argentina tenía un carácter cognitivo que hacía posible juntar el proyecto político con el cine de Bergman y Fellini o con los recursos del teatro, ya fuese Moliére o Brecht.

Pero los destinatarios del teatro que hacía Octubre no eran la clase media, precisamente.

No, claro, era para gente de la clase trabajadora. Nuestra primera obra la estrenamos en una villa –en La Rotonda Varela, donde hubo un gran número de muertos porque había resistencia a instalar semáforos– a la que se sumó una obra sobre el copamiento de una fábrica en Garín. Participaban de estos eventos Raimundo Ongaro, Paco Urondo, Rodolfo Walsh. Sabíamos bien lo que estábamos haciendo, estábamos en la búsqueda, diría, de la trascendencia. Las obras en sí eran una mezcolanza: las había cómicas, absurdas, esperpénticas, otras, en cambio, eran escenas de carácter intimista. Todas tenían una escenografía muy rara, porque estaba condicionada a los lugares donde íbamos”.

“¿Y cuál es su visión actual de las ideas progresistas?

Conozco teórica y prácticamente todo aquello que significa el progresismo o, digamos, lo que implica cierto humanismo dentro del capitalismo. Yo ya estoy grande, he visto muchas cosas en mi vida y para mí lo que está pasando hoy termina siendo gatopardismo, un cambiemos algo para que esto siga igual. Creo que se reitera todo y yo ya estoy cansado de ver el techo del peronismo reformista. Nosotros en Brazo largo nos definimos como antiimperialistas, porque estamos en contra del modelo imperial que construye sus sucursales donde quiere, con el afán de agregar una estrella más a su bandera. No creemos que nuestro modelo social deban decidirlo las democracias de criminales de guerra como Bush o Aznar, culpable, ya lo sabemos, de lo que ocurrió el 11 [de marzo] pasado por mandar tropas a Irak. También nos definimos como anticapitalistas. Me pregunto si no será posible saltar del reformismo hacia un socialismo nuestro, argentino, popular, cristiano… diseñado por la gente”.

Reportaje en el diario Página/12, 26 de marzo de 2004.

 

“¿Qué cree usted que va a ocurrir en el conflicto con el campo?

Se va a pactar. Este, no se olvide, es un país con pactos. Nos vamos a enterar un poco más o un poco menos, qué cosas se pactaron o no se pactaron, pero todos sabemos que donde hay dinero los ideales se cambian por pactos. Esto no puede ser de otro modo en una sociedad capitalista. El capitalismo siempre resuelve sus crisis de ese modo porque lo que importa no es la lucha de clases sino los negocios. Y aquí, como la soja es la reina del Plata y de la plata…”

“El progresismo es la forma que tiene el capitalismo para reparar los daños hechos por el libre mercado. No hay que engañarse más. El progresismo es una reparación de lo que nos dejaron Menem, De la Rúa, etcétera. Una reparación que vuelve a dejarle a la derecha el camino libre para las próximas elecciones”.

Reportaje en La Voz, 3 de mayo de 2008

 

“¿Por qué afirma que su teatro no es revolucionario sino revulsivo?

No quier que el público esté muy tranquilo. Creo que la esencia del teatro está ligada a la creatividad, a la imaginación, y tiene que articularse. Cuando una sociedad se propone un cambio de orden, el arte no debe acompañar una estética dogmática, política, porque no se necesita que todo el cuerpo genere el mismo gesto. En la revolución rusa o cubana, el teatro se dedicó a ser revolucionario, cuando lo revulsivo podría llamarse a lo crítico.

¿Cuál debería ser el rol del teatro, entonces?

El cuerpo de un nuevo sujeto revolucionario exige que alguien tenga la fuerza y el coraje necesarios, pero que otra parte se dedique a pensar en lo que está pasando, si no, se está siendo un poco narcisista o ignorante de lo que en realidad pasa. Por eso, el teatro tendría que ser revulsivo, nuestro trabajo tendría que estar azuzando, no hacer el discurso del discurso, sino trabajar sobre lo que no tiene el lenguaje”.

Reportaje en revista Debate, diciembre de 2008

526a0db6c223fReportajes incluidos en Mi política vida. Entrevista a fondo con el periodista Carlos Aznárez, Bs. As., Dunken, 2013, pp. 132-134, 141 y 142, 146-147.

Foto.


“El asunto pasa por aliarse con la clase obrera” (Norman Briski)

[…] creo que la actividad artística mirada por los no artistas y tratando de definir como no artistas al que no se expresa a través de algún arte es considerar como una cosa singular. ¡Porque artistas somos todos en la Argentina! No aquí en los Estados Unidos donde es una fuerza de trabajo más. También se relaciona el artista con cierta idea de la libertad que tienen. Lo que pasa es que hay ideas preconstituidas, racistas con respecto a los artistas como hay ideas contra los negros, los judíos, o contra alguien.

‘¿Por qué no se van a levantar bolsas al puerto?’ o, ‘¡Oh, está muy bien que este tipo esté metido en política pero, ojo, que es artista y puede salir cualquier cosa!’ Y también ‘invitémoslo para que traiga gente y cuando termine nosotros pasamos con el panfleto’.

Por supuesto está la otra parte. Los prejuicios de los artistas sobre los políticos.

‘¡No entienden nada!’ ‘Son ordinarios’. ‘No saben leer poesía’. ‘No tienen un sentido metafórico de la realidad’. ‘Tienen incapacidad de poetizarse’.

[…]

‘Bueno, ya sabemos las ideas de los políticos y de los artistas. Yo creo que la mejor manera de articularlas es teniendo en claro la definición de revolución. O sea, una clase oprimida que se organiza y toma el poder. Y si hay una toma de posición del artista con respecto a eso, primero hay una aceptación racional como en los casos de artistas de extracción burguesa o clase media como soy yo.

El asunto pasa por aliarse con la clase obrera. No se trata de un ‘sentimiento’ ni una experiencia real de explotado, pero si no se hace esto, la lucha se vuelve artificial. Tan artificial como el discurso –aunque es bueno empezar con un buen discurso: ¡nos aliamos a la clase obrera! Ese sería el primer paso. El segundo: me gustaría ver cómo son y trabajar con ellos y que ellos trabajen conmigo y considerándome, yo, artista, como parte de la clase obrera. Eso es lo mejor.

En argentina nunca se llegó a ese estadio. Se llegó a los Carpani, a los Briski y a algunos otros que pensamos que el proceso era interesante, que nos vitalizó como artistas y que nos metimos en él arriesgando no solamente nuestro trabajo sino también nuestras vidas. Hasta ahí llegamos’”.

 

“Yo pienso que el de la Argentina fue uno de los procesos más interesantes en esta forma de alianzas pero el proceso histórico no tuvo el tiempo suficiente para que la integración se diera a través de la comunicación, después se volvió a la producción y se volvió a la alienación”.

 

Entonces, ¿al artista se lo explota de distinta manera que a un obrero?

¡Sí! La experiencia de explotado de un artista es totalmente diferente a la de un obrero. La experiencia del obrero está localizada en el cuerpo. No es mía esta reflexión. Por eso Carpani pinta tantos músculos. Casi le pone números a los músculos.

En cambio los artistas. Hay un tango que habla del músculo de la cabeza. Ahora con la máquina podría ser más intelectual el trabajo del obrero, pero la máquina ocupa mucho los sentidos.

Entonces la diferencia de explotación determina diferente conducta. Y la diferente conducta determina un enfrente nuevo de lucha de clases. Por ejemplo, yo estoy de acuerdo con un obrero que tengo que hacer la revolución pero entre él y yo se entabla una lucha de costumbre, tradiciones y de forma de vida. Que a veces se articulan y a veces rivalizan o se encuentran muy duras de entender. Que determinan formas de resolver –o de no resolver– los problemas de diferente manera.

La clase media tiene una forma de conducta muy específica. Por ejemplo, le gusta el consumo, comer la gallina y que la empresa la mate – a la clase obrera también le gustaría si tuviera con qué – y eso es totalmente lógico pero determina formas de conductas diferentes. Eso hace que la clase media no quiera por nada tener formas de consumo diferentes a las que conoce y hoy en Argentina está protestando porque no tiene la posibilidad de consumo que tuvo en otras épocas.

¿No fue esa la clase que puso a los militares en el poder o los militares vinieron sin ningún respaldo?

 

¿Por qué no hablás de las formas de explotación que sufre el artista?

Bueno, primero: son mucho más severas de lo que la gente cree. Yo diría que la jeta del sistema es el actor. Digo jeta porque no me gusta este sistema. Cuando uno ve televisión ve a los artistas que están diciendo lo que quiere el sistema.

‘En este país, por ejemplo, es serio y grave. Aquí los artistas están colaborando con el sistema. Hay una minoría que no, y por supuesto, les cuesta mucho sobrevivir. En otras artes hay mayores posibilidades de escapar del consumismo que el sistema dicta, pero de todas maneras, estamos bastante regulados. Yo diría, que en Argentina el 90% de los artistas están representando al sistema. Claro que, como ‘liberales’ que son, no quieren colaborar directamente, pero están ahí. Se compran el pollo más rápido que lo matan.120

 

Decime Norman, ¿y cómo definirías vos al arte desde una posición que lucha contra los explotadores y explotados?

Bueno, yo diría, primero que nada, que el arte es subversivo. Y si no es subversivo no es arte. Y subversivo quiere decir lo que entiende el enemigo por subversivo. Es exactamente lo que yo digo. Que quiere cambiar lo que pasa y que denuncia estética y estereotipos.

 

Entonces, ¿el arte que no es así no es arte?

¡No! Te digo más. ¡El amor que no es así no es amor! Cuando uno está enamorado si no siente ganas de cambiar la humanidad, cambiar uno, de cambiar al otro, yo no creo que sea amor. Esa es mi definición de amor. ¡Yo soy subversivo! No solamente para el enemigo. Porque todo lo que yo voy a hacer en mi vida es para cambiar todo lo que yo critico que yo y los otros queremos cambiar”.

 

“Y con respecto al arte, la vida, la política, cómo interrelacionás todo eso?

Para mí todo es la misma cosa. ¡Ah! Y ahí me acuerdo de otra de las frases: ‘¿Si sos artista para qué te metés en política?’

Porque yo artista, ¿no me voy a poder meter en lo que tenga ganas? Yo aspiro a la libertad. Que me van a cerrar las puertas ya lo sabemos. Me metieron bombas y me amenazaron mil veces y no le voy a gustar nunca a la gente que no quiere cambiar nada, que quiere que siga todo igual que antes para seguir acumulando. La única garantía de ser buen artista es saber que uno es subversivo y que no quiere acumular. Si uno acumula está perdido”.

 

“La necesidad [del sistema capitalista] de dividir es la necesidad de reinar. Que uno sepa más de una cosa para que sea más efectivo. Yo de lo que más sé es de teatro. Y de política es menos, en cuanto a información y experiencia porque es una cosa que he sentido mucho pero no he aprendido tanto.

En cambio, de teatro siento mucho y aprendí mucho. Vocaciones [que] son naturales. Creo que en un país con mucha aspiración a la libertad la posibilidad de expresión va a llegar a darse. Y el capitalismo es el gran enemigo de eso”.

 

Captura de pantalla 2014-11-14 a la(s) 10.07.48Norman Briski: “Hasta que no pueda decir todo lo que pienso en mi propio país no voy a regresar a la patria”. Entrevista realizada durante el exilio en Nueva York, incluida en Mi política vida. Entrevista a fondo con el periodista Carlos Aznárez, Bs. As., Dunken, 2013, pp. 118-122.


Norman Briski ataca de nuevo

Leemos hoy en Página12 esta nota de María Daniela Yaccar:

Un postulado filosófico en el que se perciben huellas de Sartre y de Deleuze gira en El barro se subleva, la última obra que escribió y dirige Norman Briski. El dramaturgo vuelve a demostrar que es de los mejores a nivel local en eso de plantear ideas gigantes en cuerpos y textos, en lo particular del hecho teatral. El barro… es, como muchas obras de Briski –incluyendo la anterior, No te vayas con el amor o sin él–, una crítica al capitalismo, pero no se queda en el pesimismo sino que avanza hacia una propuesta: la configuración de una nueva subjetividad revolucionaria. “Mi sujeto (…) será acusado de inocente, boludo, trosko y anarco. Sea ésta la mejor definición del hombre que estoy buscando, y si la busco es porque ni está solo ni lo estoy yo porque me están leyendo”, escribió el autor para la contratapa del libro que contiene este texto y la novela Nagasaki de memoria (editorial Dunken).

El que no podrá ser acusado de “boludo” es el espectador de Briski, pues queda claro que con El barro… va a la caza de un público atento, desprejuiciado, ávido de preguntas y con ganas de seguir pensando cuando la obra termine. Es un trabajo extraño, alocado, en el que un solo hombre es todos los hombres (encarnados por el interesante Eduardo Misch), en donde a una escena con un perro de plástico que fallece le sigue otra en la que un reno navideño vende postales del fin del mundo con las caras de Marx y Engels. Después aparecerá un helicóptero de juguete que volará por los aires con una banana colgando. Locuras de Briski que, hay que decirlo, no son para cualquiera. Las mentes más posmodernas rechazarían, tal vez, este teatro importante, hecho de ideas potentes, que lleva a la máxima expresión su naturaleza de encuentro, de invención y de resistencia, palabras que gustan al autor.

La nota completa acá.