‘Terrenal’, de Mauricio Kartun: lo sagrado y lo profano, el capital y el trabajo

Teatro // Libros

‘Terrenal’, de Mauricio Kartun: lo sagrado y lo profano, el capital y el trabajo

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Demian Paredes

para La Izquierda Diario

 

En un artículo publicado en 1985, en el diario Tiempo Argentino (“Literatura y literatura dramática. Los universos creativos de la narrativa y el teatro”), la escritora y dramaturga Griselda Gambaro habla de la “ambivalencia” que posee toda escritura de una obra teatral (nacida generalmente de la creación individual, y pensada, esencial y principalmente, para ser puesta en escena, por medio del trabajo, de una articulación colectiva), y de “sus facetas, inseparables como los dos rostros de Jano”. Así lo explica: “La ambivalencia del texto dramático se refiere a su doble función: texto que es una hipótesis para el escenario, texto que debe mantenerse como literatura fuera de él”.

 

Con la publicación de Terrenal. Pequeño misterio ácrata (Bs. As., Atuel, 2014), de Mauricio Kartun, ahora se puede hacer acceder a la obra “como literatura”, para leerla y disfrutarla, tanto como ocurrió con la puesta en escena –esa “hipótesis para el escenario” que dirigió el mismo Kartun– a fines de 2014, cuando se estrenó (y mantuvo) a sala llena –y que desde este 29 de enero se repone, nuevamente en el Teatro del Pueblo–.

 

Perfilados claramente, Terrenal tiene un Caín y Abel enfrentados; el primero, productor agrícola (de morrones), sostiene: “Sagrado el capitalito”. Y explica su función en la mitad del loteo que eligió tiempo atrás: “¡Marco! Mido y marco. Y delimito. Lo del uno y lo del otro. Lo suyo y lo mío. Esto no es trabajar [el día domingo,] esto es honrar a Tatita: marco lo propio. Divina propiedad”. Para Abel –que no cultiva: vende carnadas para pesca–, en cambio, pelearse y luego lamentarse por la mitad del terreno ocupado son, justamente, “minucias terrenales”: “En cualquier mitad la isoca mía se criaba lozana. Hosanna. La derecha la eligió usted”. Y lanza: “El trabajo es el vicio de los que no sirven para otra cosa. Si será dañino que hasta pagan por hacerlo…”.

 

Cuando llegue (regrese) el Tata, actuará como mediador –previa explicación de su ausencia… por veinte años–, prefiriendo, al mismo tiempo, la ofrenda de Abel (ir a una fiesta, con asado, música y bebida), y profiriendo una sarta latiguillos, dichos populares y refranes, cruzados por paronomasias (“El buey solo bien salame” como conclusión cuando Caín se niega a acompañarlos a la fiesta –“Te vas a quedar solo como loco malo”–), retruécanos y “consejos”: “Caín querido: el que no posa cerquita no sale en la estampita”.

 

Finalmente, ante el crimen, el Tata será no solo un familiar sino el demiurgo del universo todo, despotricando contra el accionar humano: “Ustedes solo tenían que estar. Escuchar la música celeste y estar. Escuchar la armonía y bailar. Los puse acá a que escuchen y bailen y vos infeliz te pusiste a edificar una peña con boletería y marquesina. A cobrar entrada y a pelear por cartel”. Ante la insistencia de Caín por el sentido de los mandamientos adjudicados al Tata (el bíblico “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”), este responderá, airado: “¡La música! Yo solo escribo las músicas, pelele. Notas para hacer bailar. ¡Pulsos! ¡Latidos! ¿Para qué mierda sirve la letra? Para distraer del baile. Para ensuciar las notas con acentos mal puestos. Yo música pura. La música del universo. Yo concierto. Las letras las encajan los monos. Se trata sólo de entender, pero los monos ¡Explicar! ¡El libro! ¡La palabra! Cosas de ustedes… Andá reclamale a los monos”. Y sigue: “Turistas pintando su nombre con brea en las rocas del panorama. Arruinadores del paisaje… Los pongo a girar el pericón y me lo paran para decir relaciones. La música es el contenido, cuándo la van a entender”. Son argumentos de un profundo humanismo, vital, contra el racionalismo y la (mala) “cultura”, entendida como letra muerta (“operativa”) que genera confusión, eslóganes y frases hechas.

 

Cuando Caín exclama, tras dar muerte a Abel, “¡Dios! Soy un fratricida…”, y Tatita le responde: “Más quisieras. Genocida sos, cretino: ejecutaste a todo el resto de tu pueblo”, se encuentra una muestra, un momento, de perfecta mezcla/combinación de “lo arcaico” (el mito bíblico de Caín y Abel) con “lo moderno” y actual (cuestiones y discusiones políticas contemporáneas y universales: el genocidio), articulado con la “argamasa” de una lengua viva (y vivaz, picaresca, chúcara, lo que hace a una de las facetas del humor que hay a lo largo de Terrenal).

 

Griselda Gambaro, en el texto ya citado, destaca el “puro artificio” del teatro, y cita a Nélida Piñón, quien se refería al trabajo de la novela como un “inventar para encontrar la verdad”. Y asegura que “la verdad del arte, que recrea al mundo real desde otra óptica y otras leyes, lo transgrede para presentarnos un microcosmos cuya existencia es igualmente irrefutable”. En el caso de Kartun y su Terrenal, se puede decir que la “transgresión” consiste en una deformación (¿gaucha y/o guacha?), o, mejor: transformación, de lo sagrado y lo profano, de la religión y la historia real, social, para significar, entre (muchas) otras cosas, el devenir proletario y el devenir propietario… El “microcosmos” donde dos antagonizan y representan todo un mundo (de caminos, posibilidades) “irrefutable”.

 

El theatrum mundi de Terrenal pone en juego, con alta inventiva (con un trabajo riguroso de la palabra y la imagen, de la acción y los climas), un drama bien contemporáneo que aqueja a la sociedad: la libertad (el tiempo libre, la fiesta, el descanso y esparcimiento) versus la esclavitud del trabajo (lo que incluye el individualismo competitivo y la acumulación, la propiedad privada ¡y el crimen!).

 

Con inteligencia, audacia y creatividad, Mauricio Kartun vuelve a darnos –como ya lo hizo en sus obras del Tríptico patronal– una sustancia donde se mixturan lenguajes “de época(s)”, mitos y avatares de un “microcosmos” en donde se fusionan “lo criollo” con lo universal, el conflicto y el humor desde las potencias y deseos humanos. Un drama cargado y dinamizado por la historia y el presente.

 

Fuente original: http://www.laizquierdadiario.com/Terrenal-de-Mauricio-Kartun-lo-sagrado-y-lo-profano-el-capital-y-el-trabajo


Sueños y esperanzas (libertarios) condenados

La historia de Sacco y Vanzetti representada en el teatro

Sueños y esperanzas (libertarios) condenados

 

Por Demian Paredes

 

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Más viejo que la injusticia”, suele decirse.

Pues bien: hace más de 90 años, en Estados Unidos, no un hombre, sino dos, eran encarcelados, enjuiciados, condenados y ejecutados. Hombres acusados de crímenes que no cometieron.

Un drama.

Dos trabajadores, de origen italiano, de filiación anarquista.

Sus nombres: Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti.

El drama histórico ocurrió en medio de la continuación de la política de EE.UU. durante la Primera Guerra Mundial (donde toda la clase política, sus instituciones y la prensa capitalista fueron claves para reclutar masivamente a la juventud para enviarla al conflicto bélico interimperialista –por supuesto, con “bajas de guerra”, y con millonarias ganancias para la industria yanqui, como relata el historiador Howard Zinn en su libro La otra historia de los Estados Unidos(1)–), consistente en el mantenimiento de un marco de histeria colectiva, “alarmas” y “peligros”, aplicando duras medidas contra el sindicalismo y los opositores de izquierda –muy activos esos años, contando además con la influencia del triunfo de la Revolución Rusa de 1917–. En ese marco caen falsamente acusados Sacco y Vanzetti.

(El mismo Vanzetti, en un texto que se tituló “Un linchamiento periodístico”, de 1926, recordaría cómo actuaron los medios cuando los apresaron, en 1920: “La prensa capitalista, temerosa de Dios y acatadora de la ley, estaba excitando sádicamente, provocando locamente contra nosotros, y eso se creía a ciencia cierta por una población conmovida hasta el pánico por una serie de robos y de asesinatos, histérica ya contra los ‘rojos’ y los extranjeros, con el instinto de la propia defensa, las morbosidades psicopáticas, los impulsos primitivos, degeneración, miedo, odio, prejuicio, patriotismo, celos; y se estaba haciendo todo eso con un martilleo tan violento y persistente que hubiera echado abajo una montaña. Y todo ello en el segundo día de nuestra detención”(2).)

Los siete años del proceso (1920-1927) generaron protestas y movilizaciones en todo el mundo, y luego una cantidad de materiales: libros, películas (como la “obra-documento”de Giuliano Montaldo, de 1971, y la de Peter Miller, de 2006), música (la “Balada de Sacco y Vanzetti”, de Ennio Morricone interpretada por Joan Baez) y obras de teatro.

En nuestro país, el dramaturgo Mauricio Kartun hizo su propia versión de la historia, estrenada a comienzos de la década de 1990, en un teatro de la calle Corrientes (el Metropolitan), generando, en tiempos de avance del neoliberalismo, insólitas e inesperadas reacciones (sobre esta obra hay interesantes anécdotas relatadas por el mismo Kartun en un reportaje en la revista Ideas de Izquierda nro. 6). La obra se tradujo a varios idiomas, se siguió representando en todo el país durante los ‘90 y los 2000, y hoy está, con la dirección de Mariano Dossena, en el Teatro Nacional Cervantes.

La obra de Kartun destaca núcleos espaciales y temporales, trata momentos particulares: el arresto e interrogatorio a Sacco y Vanzetti, el juicio, los alegatos finales de ellos tras la condena (un momento de clímax, cuando Vanzetti dice: “su nombre, Nicola Sacco, seguirá viviendo en el corazón de la gente cuando sus huesos, señor Katzmann, y los suyos, señor juez, ya estén hechos polvo por el tiempo, y sus nombres y sus leyes y sus tristes instituciones no sean más que un oscuro recuerdo”(3)), y otros momentos más “íntimos”: la humanidad de los condenados con su familia (el hijo de Nicola, el padre y la hermana de Bartolomeo), además de una discusión entre el juez Thayer y el abogado defensor Thompson, acerca de la oposición irreductible que hay entre los opositores al sistema y sus defensores (como “engranajes del sistema”): el juez se asume no sólo como representante, sino como parte integrante (con sus hijos y nietos) de la clase dominante; de ahí la inmisericordia para con los anarquistas. Es una obra fuerte, potente, de intensa denuncia ante la injusticia.

El elenco –bien ajustado a la obra, fiel a los parlamentos– lo componen Fabián Vena, Walter Quiroz, Magela Zanotta, Maia Francia, Ricardo Díaz Mourelle, Jorge D’Elía, Luis Ziembrowski, Cristina Fernández, Daniel Toppino, Gustavo Pardi, Horacio Roca y Agustín Rittano. Con ellos, una pequeña banda de música (cello, guitarra, piano, flauta, acordeón) toca en vivo.

Con entradas a precios accesibles, la obra continúa –de jueves a domingo– hasta mediados de agosto.

 

Notas:

(1) Ver Howard Zinn, La otra historia de los Estados Unidos, México D.F., Siglo XXI, 2010, capítulo “La guerra es la salud del Estado”.

(2) Sacco y Vanzetti, Sus vidas. Sus alegatos. Sus cartas, Montevideo-Buenos Aires, Editorial acción directa, 1972 p. 48.

(3) La obra de Kartun tiene un diálogo, un momento a solas entre el fiscal Katzman y el juez Thayer. Éste le recrimina no contar con pruebas sólidas para condenar a Sacco y a Vanzetti. Katzman le dice: “¿No ha declarado usted siempre que cada una de nuestras acciones debe tener como fin el bien de nuestro país…? Nuestra gente está esperando esta condena. Y usted sabe a quién me refiero cuando digo ‘nuestra gente’. Hay un solo magistrado en todo el país capaz de dar una lección ejemplar a la subversión. Las elecciones están encima. La distribución de cargos en la Suprema Corte también. (Tiempo. THAYER calla.) No los defraude, Thayer. Puede estar tranquilo. Nuestra gente no lo va a defraudar a usted.”


Conversa con Mauricio Kartun

A modo de “anticipo” de lo que traerá –entre muchas cosas interesantes– el número de diciembre de Ideas de Izquierda, les comento que estuvimos con Mauricio Kartun, quien contó el origen y argumento de su nueva obra –una que a su manera continúa la “trilogía patronal” de El niño Argentino, Ala de criados y Salomé de chacra–, llamada Terrenal, y, también, de gran parte de su historia como dramaturgo: anécdotas sobre su Sacco y Vanzetti, de comienzos de la década del ‘90, la experiencia de Teatro Abierto (con observaciones muy agudas, interesantes y que invitan a la reflexión y al debate), sus maestros –especialmente su experiencia con Augusto Boal (quien está siendo reeditado en su Brasil natal), Oscar Fessler, Juan Carlos Gené, Ricardo Monti, Jaime Kogan–, y su ubicación actual, su rol –como dramaturgo y maestro de dramaturgos– ante las nuevas generaciones del teatro…

* Van abajo algunas fotos. Lo mejor de esta charla con Kartún, en Ideas de Izquierda de diciembre.

** Las fotos fueron hechas por Fernando Lendoiro, de Pum Pum Press: http://pumpumpress.wordpress.com/

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“Su nombre seguirá viviendo en el corazón de la gente cuando sus huesos ya estén hechos polvo por el tiempo…” (‘Sacco y Vanzetti’ x Mauricio Kartun)

THAYER

¿Y qué pretende…? ¿Que condene a alguien sin pruebas…? Usted se olvida con quién está hablando…

KATZMANN

Ni Sacco ni Vanzetti son inocentes, Thayer…

THAYER

¡Demuéstrelo…! Ese es su trabajo…

KATZMANN

Thayer… ¿Cómo quiere que…? Estoy entre la espada y la pared… ¡Usted me presiona…! ¡Nuestra gente me presiona…!

THAYER

¿Quién es ‘nuestra gente’, Katzmann…?

KATZMANN

¿Hace falta que lo diga? No quiero resultar irrespetuoso señor, pero ni usted ni yo llegamos aquí en un repollo.

THAYER

¡Yo he actuado siempre dentro de la ley…!

KATZMANN

Y de eso se trata. De estar unidos dentro de ella. (THAYER va a hablar.) ¿No ha declarado usted siempre que cada una de nuestras acciones debe tener como fin el bien de nuestro país…? Nuestra gente está esperando esta condena. Y usted sabe a quién me refiero cuando digo ‘nuestra gente’. Hay un solo magistrado en todo el país capaz de dar una lección ejemplar a la subversión. Las elecciones están encima. La distribución de cargos en la Suprema Corte también. (Tiempo. THAYER calla.) No los defraude, Thayer. Puede estar tranquilo. Nuestra gente no lo va a defraudar a usted.

[…]

THOMPSON

[…] No voy a hablar más de este proceso. Hablaré sí de otro, del verdadero proceso que se ha juzgado en esta sala: el proceso contra Sacco y Vanzetti por el delito de anarquismo. Esta circunstancia sobre la que la acusación ha puesto su mayor énfasis no ha conseguido sin embargo hacer de ellos dos asesinos. Quiero recordarles: los acusados no están aquí para ser juzgados por sus convicciones políticas. La constitución de nuestro país, una de las más iluminadas del mundo, no deja duda al respecto: los seres humanos deben ser juzgados independientemente de sus opiniones políticas, de su raza y religión. Señores del jurado: el día del arresto de mis defendidos, Rosa Sacco, la esposa del acusado, apenas supo de la detención de su marido, se dio a la deplorable tarea de quemar cada uno de los libros de política que Sacco conservaba en su casa. Señores, cuando un ciudadano en cualquier lugar del mundo cae en la humillación de tener que quemar los libros que prefiere y ama, es porque algo monstruoso a su alrededor está atentando contra sus ideas. Es porque algo está suprimiendo la libertad. He terminado.

[…]

BARTOLOMEO

[…] Esto es lo que quiero decir: no le desearía ni a un perro sarnoso, ni a una serpiente, ni a la criatura más miserable de la tierra, lo que yo he tenido que sufrir por delitos que no cometí. Pero hay algo que me consuela y es que también he sufrido por crímenes de los que sí soy culpable. He sufrido y sufro por ser italiano, y es cierto, lo soy. Estoy sufriendo por ser anarquista, y también lo soy. Pero estoy tan seguro de mis ideas, tan convencido de estar en lo justo, que si ustedes pudieran matarme dos veces y yo pudiera renacer otras dos, volvería a hacer exactamente lo que hice hasta ahora. (Pausa.) He hablado mucho de mí y ni siquiera he mencionado a Sacco, mi amigo. Mi compañero. ¡Ah, sí…! Tal vez yo hable mejor que él, pero créanme que muchas veces tuve que contener mi emoción frente a ese hombre al que ustedes llaman ladrón, al que llaman asesino y van a condenar. Lo harán, lo sé, van a condenarlo. Pero escúchenme bien lo que voy a decirles: ustedes podrán hacer con él lo que su crueldad les permita. Ustedes pueden matarlo, pero si lo hacen, escúchenme bien… su nombre, Nicola Sacco, seguirá viviendo en el corazón de la gente cuando sus huesos, señor Katzmann, y los suyos, señor juez, ya estén hechos polvo por el tiempo, y sus nombres y sus leyes y sus tristes instituciones no sean más que un oscuro recuerdo. Un oscuro recuerdo de ese pasado, de este pasado, en el que el hombre era el lobo del hombre. (Una larga pausa.) Terminé. Gracias por haberme escuchado. (Se sienta. Silencio.)

THAYER

(Se para. Lee.) Bartolomeo Vanzetti y Nicola Sacco, en el día del Señor de 19 de julio de 1921, esta corte los condena a la pena de muerte transmitiendo el paso de una corriente eléctrica a través de sus cuerpos. (MEDEIROS comienza a aullar.) Esta es la sentencia de la ley.

SaccoyVanzettiKartunMauricio Kartun, Sacco y Vanzetti. Dramaturgia sumaria de documentos sobre el caso, Bs. As., Adriana Hidalgo, 2001, pp. 78-79, 96-97, 102-103.


Oligarquías y rebeldías

Un comentario al libro Tríptico patronal, de Mauricio Kartun

TRIPTICOPATRONAL

Por Demian Paredes
En un agudo (y crítico) texto de 1985 (“El teatro argentino: entre el subte y el vacío”), Alberto Ure, teórico de la dramaturgia y director, decía que, en nuestro país, “La voz de la oligarquía, como la flor azteca, parece no tener base, pero sigue hablando, impartiendo órdenes, imponiendo estilo”. Y, también decía –entre varias cosas más– que había una “ausencia de cuestionamiento en la dramaturgia contemporánea”.
Como si hubiera “recogido el guante” (aquel) que tiró Ure, Mauricio Kartun nos viene ofreciendo la última década –desde una carrera que comenzó en los ‘70– una serie de obras dedicadas (a su manera, por supuesto) a la oligarquía argentina. Y así, recreando las imágenes y discursos de las clases dominantes y sus “niños bien” explora no solo la subjetividad humana de(sde) ese estrato social, sino que, también, con la lengua que su poética les otorga (un lengua que es política, social, familiar, sensual, sexual… repleta de argots) revela, de manera creativa y sorprendente, las propias marcas de la historia y la cultura.
En efecto: Tríptico patronal (Atuel, 2012) reúne las obras de Kartun que no solo escribió sino que dirigió: El niño Argentino (2006), Ala de criados (2009) y Salomé de chacra (2011), puestas en escena en el Teatro San Martín y luego en varios teatros más. Allí, sea en un barco con destino “a las Europas” (y con “la vaca atada”), una playa con club (burgués) para jugar al “tiro a la paloma”, o una estancia en el día de la carneada, Kartun nos ofrece personajes singularísimos y situaciones intensas, dinámicas –como corresponde a todo drama–, sin dejar de apelar al ingenio y al humor. La poética de Kartun rescata –e incluye hasta el invento de palabras– el “lenguaje de época”; utiliza “malos entendidos”, ironías, chistes, retruécanos y muchos más “juegos de palabras”… (A veces como dardos, otras como un complejo entrelazamiento relacional, otras como un duelo y/o competencia, como expresión y lucha por el poder, los diálogos de los personajes de Kartun son altamente polisémicos, abiertos a muchos significados, referencias y asociaciones.)
Por ejemplo está Tatana, en Ala de criados –a la sazón, prima del “niño” Argentino: “Dios lo tenga en su fiesta eterna”, pide–, quien se aburre en la playa de veraneo… desierta, y se queja de sus dos primos, Emilito y Pancho, rechazados por las “ligas patrióticas” durante la “semana roja” de 1919: “Rectos varones solo Tata. Nuestro abuelo. Presidente vitalicio de este Club de Tiro a la Paloma junto al mar. Subido hoy allá en la ciudad grande de su Packard cabriolet. Demoliendo a palazos los locales de esta huelga inoportuna con su garrote amansaloco. El único varón de la familia al fin que conoce el secreto profundo de las cosas: de dónde viene la plata. Y cómo se hace para conservarla”.
En la recreación “à la nuestras pampas” del mito bíblico de “la decapitación de Juan el Bautista”, en Salomé de Chacra, hay una pelea entre el jefe de la estancia, Herodes, y su ex cuñada (por viuda), actual esposa, desde una “memoria y balance” (y, aunque Herodes ni lo sospeche, futuro conflicto… político): “Tu finado marido, mi hermanastro, Dios lo acoja cálido, no sabía dónde terminaba una vaca. Él decía estancia porque estaba. Al pedo estaba. Absorto en sus saraos estaba. Estaba de promenade. Estaba cazando en África. Estaba con jaqueca. Estaba en política. Persiguiendo comunistas. Improductivo estaba. Viviendo del arriendo de su parte que yo le pagaba religiosamente. Y gracias a Dios y a la Virgen bendita que le fui comprando su parte de a potreros que si no de tanto estar terminaba estando en subasta pública. Y a que de viuda me casé con vos, gracias, si no hasta ustedes dos acababan del martillero. En esta pampa generosa el verdadero peligro del trapo rojo es la bandera de remate”. (Herodes piensa así mientras el drama surgirá cuando Salomé –hijastra de aquél– enloquezca por ese “ácrata” que es el Bautista, oculto en el pozo de agua –una suerte de talking head para Salomé: “Una cabeza. Apenas una cabeza. Pero tan perfecta, tan completa que a todo lo demás lo hace inútil. Incorruptible. Impoluta. El cofre perfecto de la palabra preciosa. La carne de esos labios proferidores con la música de su voz y el poderío peligroso de su argumentum”–.)
En Salomé… el conflicto clasista está manifestado, por ejemplo, en esta escena, bajo la forma de un divertido gag: “Bautista: ¡A la propiedad hay que abolirla…! / Herodes: Será de Dios, se me despertó el profeta rojo… / Salomé: ¡La voz! Quiero verla… / Bautista: La propiedad es un crimen. La propiedad es un latrocinio. La ambición enferma del propietario y el poder hipócrita de la religión unidos para expoliar. Para explotar al mundo. ¡Despierten! / Herodes: Dormite…”. (O ver –con su nota de humor final– cuando Herodes se pone ante su mujer a lanzar diatribas contra la peonada “alzada”: “Se van de pico por el vinacho. El criollo con vino se agranda al triple. Sorete en agua. Borrachos los gauchos conquistan Europa en carabela. El problema es la vuelta. No, si lo que ha cagado a este país son las resacas”; para que su mujer le diga: “Monos con arma blanca. Revolean los machetes, los martillos, las hoces…” y finalice Herodes: “Se van a sacar un ojo un día. Accidentales y cristianos”.)
Kartun, con sus escritos y puestas en escena, demuestra ser un actor –en el pleno sentido de la palabra– fundamental de la dramaturgia contemporánea: escritor, director, maestro de dramaturgos, conferencista, teórico. Bien vale entonces la lectura del Tríptico patronal, para divertirse, asombrarse, emocionarse y conocer, a la espera de nuevas puestas sobre las tablas de estas obras.