“Los abuelos huérfanos” (Mario Trejo)

LOS ABUELOS HUÉRFANOS

Los abuelos huérfanos

Se asoman al mundo

Desde sus ventanas

De luto profundo

 

Y miran con ojos

Vacíos y lentos

Desfilar la vida

Y sus aspavientos

 

Pasa una criatura

De perfil erótico

Cuerpo convencido

Que el mundo es caótico

 

Levanta los ojos

Hacia el otro mundo

La vida y la muerte

Míranse un segundo

 

La criatura pasa

Se aleja y conmueve

Viejos corazones

Que apenas se mueven

 

Pasan ilusiones

Pasan los recuerdos

Amigos que fueron

Derechos e izquierdos

 

 

Mario Trejo, El uso de la palabra, Bs. As., Colihue, 1999, p. 169.


“Dialectos dialécticos” (Mario Trejo)

DIALECTOS DIALÉCTICOS

Los analistas ergotizan

Los ergotistas analizan

Ergotiza ergotizador

El descubrimiento de Coulomb

Y los Rayos Catódicos

Pero recuerda siempre

Que las rectas marcianas

No son canales de pensamiento lineal

Crisis de paz

 

Riesgo calculado locura calculada

Todo el poder a la palabra

De incorruptibles vocales

Y corruptas consonantes

 

Entre el lenguaje de las dificultades

Y las dificultades del lenguaje

Alguien canta que mañana

Es el primer día del resto de tu vida

Pero el médico cura

Y el cura no medica

Y no hay golpe sin Estado

Y dentistas y espeleólogos de izquierda

Y trotskistas de izquierda

En toda la extensión de la palabra

 

Presiento que algún día

Se festejarán las bodas edípicas

Futuro que me mata

Y produce nostalgias

Amante lengua amada

Tiempo pretérito

Tiempo perfecto

Tiempo incurable

 

Recordemos ahora

Que la mamma de Marconi era irlandesa

Y se apresuró a patentar en Inglaterra

Los descubrimientos de Guglielmo

También llamado Willy

 

Así es la poesía

En este arrabal galáctico

Alexander Graham Bell

Daba clases de elocuencia

Y se enamoró de una sorda

Elocuencia más amor

No la curaron

En cambio él inventó el teléfono

 

En boca del poeta

Toda idea es profecía

 

Mario Trejo, El uso de la palabra, Bs. As., Colihue, 1999, p. 164.


“A un peronista” (Mario Trejo)

A UN PERONISTA

Este hombre conocía todos los amaneceres de su vida.

La cara recién afeitada rumbo al trabajo

el paso miserable y caviloso

del borracho que volvía.

En esos límites había visto

el brillo fugaz e inatajable

del cuchillo que se hunde en la ingle.

Había visto correr la sangre lúcida y espesa

chupada por la ropa.

Conoció la bravura y el miedo

la debilidad que te aprieta el estómago

y el odio en los ojos abiertos y ciegos.

Este hombre creyó porque lo necesitaba.

Creyó creer porque el país se lo reclamaba.

Este hombre fue convocado por banderas y bombos

y también fue a gritar sin que lo llamaran

atravesando un diluvio.

Respiraba la ilusión de su libertad

y ante sus ganas todos los espacios se hacían cívicos.

Resistió en plazas y aeropuertos y le tocó ver y sufrir

una matanza colectiva en un día que él soñó feliz.

Volvió a atravesar el barro y la lluvia

soportó días y noches sin dormir

siempre bajo la lluvia para decirle adiós a Evita y al Viejo.

Este hombre tiene derecho a estar equivocado.

Este hombre tiene todos los deberes de quien se ha

                              Equivocado.

Mario Trejo, El uso de la palabra, Bs. As., Colihue, 1999, p. 113.


“Dentro de nosotros brilla una perla” (Mario Trejo)

EL COMBATE VERBAL

Una fábula

La poesía corre siempre el riesgo de cometer incesto con la magia y la religión. Cuando la transgresión de consuma, se convierte entonces en una poesía esotérica, un rito de iniciación en el cual las palabras son a la vez velo y vestíbulo de una verdad que está más allá, en otra parte que no conocen las palabras. El acto de crear, el momento mismo de la creación es, en estos casos, la experiencia más cercana a la mística, que es, por definición, no verbal.

Puede argumentarse que una poesía que solicita el conocimiento de claves ocultas o de guiños culturales es hermética. Para que la ostra vuelva a abrirse y permita la esperanza de una perla es necesario, entonces, creer. Creer en la experiencia literaria. ¿Qué quiere decir, en este caso, creer? Sospecho, con temor y dudas, que cuando las palabras no nos remiten a un código familiar y domesticado debemos leer en ellas los nombres de un planeta desconocido, nombres para llamar a seres animales y vegetales surgidos tal vez del silicio y no del carbono, piedras desmesuradamente pequeñas para imaginar su peso atroz, rocas ásperas a la vista y dulcemente verdes al tacto, colores que el arco iris ha olvidado.

Hay un modo único, engendrador, de experimentar toda poesía, gota que oigo caer, veo caer, digo caer. Se trata de luchar duramente con el lenguaje. Si al cabo del combate uno no puede narrarlo con otras palabras y otros gestos, si sentimos que ya no somos el mismo de antes, que algo ha cambiado en nosotros (no importa si creencias, sentimientos o actitudes), entonces quiere decir que la poesía ha tenido lugar, que ocupa ya su lugar dentro de nuestra mente y de nuestro cuerpo.

La ostra se ha abierto. Dentro de nosotros brilla una perla.

Mario Trejo, El uso de la palabra, Bs. As., Colihue, 1999, pp. 24-25.


Notas-homenaje a Mario Trejo en Radar Libros

 

* Acá, la muy buena nota de Guillermo Saccomanno, “El perro y la mariposa”.

 

* Acá, una entrevista (dicen que posiblemente fue la última que se le hizo) de Liana Wenner.

 

* Y acá “El que muerde es el poeta”, de Jorge Monteleone.


Las penas que llegan cuando se (nos) va un poeta

Un amigo -que lo estuvo visitando- ya me había comentado la internación en el Güemes del poeta Mario Trejo. Y ahora se fue. ¿Qué decir? Que (una vez más) hay tristeza, y que resta leer, releer, recuperar (y por qué no, recrear) lo que fue la trayectoria de este gran artista de la palabra y los sentimientos.

Van abajo (estoy en el laburo y no tengo sus libros a mano) algunas notas aparecidas estas horas, y unos fragmentos de su poema “Orgasmos”, tomado de un post de homenaje en Taringa.

* Se fue un poeta tremendo, un tipo genial. Que escribió teatro junto a Alberto Vanasco en los ´40, que integró Poesía Buenos Aires en los ´50, que hizo radio y televisión de la buena en los ´60, década en la que también colaboró para las revistas Primera Plana y Confirmado; década en la que ganó el Premio de Poesía Casa de las Américas, recorrió todos los continentes y guionó cortometrages para su amigo Bernardo Bertolucci; hizo canciones junto a Waldo de los Ríos y Astor Piazzolla (la más recordada Los Pájaros Perdidos con cientos de versiones en todo el mundo).

Míticos ´60 en los que dirigió en el Instituto Di Tella de Buenos Aires varias obras, la más controvertida, Libertad y otras intoxicaciones ( 1967).

* La poesía está de riguroso luto. El genial Mario Trejo murió ayer a los 86 años. El poeta, que había nació el 13 de enero de 1926, empezó escribiendo teatro junto a Alberto Vanasco, con quien fundó el HIGO Club en 1946, un movimiento de agitación cultural que promovía una suerte de happenings: exhibiciones de pintura y escultura que duraban pocos minutos, acompañadas por lecturas de poemas. Su primer poemario, Celdas de la sangre (1946), es una colección de sonetos clásicos de forma y contenido heterodoxos. En la década del 50 participó de la creación de la revista Poesía Buenos Aires y colaboró también en Letra y Línea. Su segundo poemario, El uso de la palabra, ganó el Premio de Poesía Casa de las Américas, en 1964. Trejo hizo de todo: guiones de cine para su amigo Bernardo Bertolucci; canciones junto a Waldo de los Ríos y Astor Piazzolla, como Los pájaros perdidos, con cientos de versiones en todo el mundo; y dirigió varias obras en el Instituto Di Tella, en los 60, como Libertad y otras intoxicaciones. El autor de La pena capital (1980), Orgasmo y otros poemas (1989), entre otros títulos, publicó su último poemario Los pájaros perdidos (2010), con prólogo de Guillermo Saccomanno.

* El poeta Mario Trejo murió este domingo a los 86 años. Trejo, que fue destacado como poeta, dramaturgo y periodista nació el 13 de enero de 1926 en Buenos Aires o La Plata, ya que no hay demasiadas precisiones sobre su origen, aunque pasó una larga temporada de su vida en Rosario. Ahí, fue que conoció a su compañera María Fernanda con la que se casó en 2010 y compartió hasta el último día de vida.

Inclasificable. Imposible ubicarlo en algún ismo, más allá de que en sus comienzos se involucró con el invencionismo y el surrealismo. Su obra, de las más solitarias producidas en el país y en lengua española, está concentrada en El uso de la palabra, cuya primera edición es de 1964 (en Cuba) y que tuvo sucesivas reediciones ampliadas y, a la vez, definitivas.

En 1946 creó, junto a Alberto Vanasco, el HIGO Club, un movimiento de agitación cultural que promueve, ya en esa época, una suerte de happenings (exhibiciones de pintura y escultura que duraban pocos minutos y eran acompañadas de lecturas de poemas en pleno centro de Buenos Aires, 1946-47). Es en ese momento que publica Celdas de la sangre, una colección de sonetos clásicos de forma y heterodoxos de contenido.

También colaboró en la creación de tangos memorables con Piazzolla (“Los pájaros perdidos” tiene una veintena de versiones) y entrevistó a personalidades como Ernesto Che Guevara y Salvador Allende, entre otros.

Entre 1989 y 1991, alterna entre México, Guatemala y Estados Unidos. En el 2008, Fondo Nacional de las Artes, edita una Antología con prologo de Liliana Heer. El mismo año, la Fundación Argentina para la Poesía le otorgó el Gran Premio de Honor. En mayo de 2010 se publica su nuevo libro, “Los Pájaros Perdidos”, con prólogo de Guillermo Saccomanno.

Orgasmo

(fragmentos)

1

Breve vida feliz

Breve muerte feliz

3

Huir de la pequeña historia.

La anécdota me saca de quicio.

Vivamos el Gran Cuento.

Estoy traduciendo.

Hablo una lengua que apenas conozco

sonidos heredados

robados a lo lejos

ruidos enfermos de cultura.

Yo quiero hablar de mi lengua

lengua enferma

asesina del padre y de la madre

lengua experta

jerga de la experiencia.

Tartamudeo

Gruño

Digo sólo estertores.

La garganta se seca

vomito canciones mongoloides

y mi madre junto a mí

repite que me deja para siempre.

Un aeropuerto está cerca.

Siempre será así.

9

No hay nada más honesto que la necesidad.

10

Ha llegado la hora.

Confesaré.

Daré datos precisos.

No mentiré.

No caeré en contrabando.

Tomaré todas las drogas.

Acataré lo sagrado y lo profano

su único hijo

nuestro dolor.

No codiciaré la muerte del prójimo.

Me revolcaré sólo de amor.

La noche, sabemos, etcétera, etcétera, etcétera.

El alba

ya lo dije es oficio de sobrevivientes.