Margo Glantz propone un caleidoscopio a partir de un tema aparentemente banal

Leemos hoy en el diario mexicano La Jornada:

29 FIL de Guadalajara

La escritora quedó varada y no llegó a la presentación de su libro La cabellera andante

Juan Carlos G. Partida
Corresponsal
Periódico La Jornada
Miércoles 2 de diciembre de 2015, p. 4

Guadalajara, Jal.

la-langosta-literaria-recomienda-la-cabellera-andante-de-margo-glantz-1-638Los aviones jalaron los rizos de Margo Glantz y, en la escala de Sudamérica a Guadalajara en el aeropuerto de la ciudad de México, quedó varada y no pudo llegar a su cita en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, donde presentaron su libro La cabellera andante, calificado de interdisciplinario, intercultural e intergenérico, fragmentario en su unidad.

Cientos de lectores la aguardaban, al igual que quienes la acompañarían en el foro, Verónica Gerber Bicecci y Brenda Lozano, quienes lamentaron que no se viera un pelo de la invitada principal. Sin embargo, hicieron una disección del caleidoscopio de letras que Glantz realizó a partir de un tema aparentemente trivial: el cabello.

A lo Glantz, el libro es un ensayo que hace un recorrido sobre el cabello en la cultura y en la literatura, las revistas y la moda, un sendero que recorre desde los tiempos bíblicos hasta el furor de Vogue.

“La estructura del libro está basada en la idea de si el orden de los factores altera el producto; me parece que esos fragmentos están trenzados entre la idea de cortar el pelo, lo que significa cortárselo, cortar la cabeza –hay muchos fragmentos que tienen que ver con la guillotina, los verdudos– y cómo cortar el texto”, dijo Gerber.

Agregó que se trata de un libro andrógino como género literario, con apropiaciones que vienen de Hollywood, de una literatura de otro siglo, de manuales de belleza antiguos, todo desdibujado y vuelto a trenzar con su propia voz.

Aunque la autora va del pelo rizado a los bigotes, de las colas de caballo al pelambre de King Kong, para Gerber ese libro es un ejemplo de coherencia, del perfecto enlace, como una trenza bien hecha.

De Calderón de la Barca a Vogue

Brenda Lozano recordó que la frase final del libro (en esta escena las muchachas deberán peinar voluptuosamente su cabellera) no reordena ni vuelve a contar, sino que se convierte en un cierre perfecto que a ella y a muchas mujeres seguramente las hizo sonreír tras el recorrido histórico por todas sus páginas.

“En esa lógica empieza por Calderón de la Barca y continúa con Quevedo, Dalí, la revista Vogue, Tirso de Molina, por ella misma, por Cleopatra y claro por Sor Juana”, dijo

La nota completa acá.


Lectura + escritura = las (per)versiones de Margo Glantz

LITERATURA // LIBROS

Lectura + escritura = las (per)versiones de Margo Glantz

Comentarios a propósito del nuevo libro de la escritora mexicana Margo Glantz, ilustrado por Carmen Segovia.

Fotografía : Wikipedia

1.
La capacidad lectora abarcadora, omnívora, de Margo Glantz, en una vida dedicada a la escritura, forjada por lecturas permanentes, movimientos espaciales (viajes) y temporales (memoria), dio, hasta el momento, casi una treintena de títulos entre narrativa y ensayo, sea literatura colonial, la del México del siglo XIX, o un análisis sobre las curiosas tarjetas (fotos pintadas) con escenas de casamientos que se importaban desde Italia, en las décadas de 1920 y 30 (El día de tu boda). (Sobre espacio/s y memoria/s, hay dos recientes títulos sobre con temas específicamente: Coronada de moscas, sobre sus viajes a la India, y Yo también me acuerdo, un impresionante compilado memorialístico-escritural). Ahora, tenemos un nuevo asteroide del planeta Glantz: un pequeño cuerpo (cuento) perteneciente a la órbita de un libro (¿probablemente descomunal?) sobre su dentista, que ya lleva, nada menos, que una década y media de acumulación y trabajo. El título del cuento: Simple perversión oral, publicado por La caja de cerillos y Conaculta. (Como explicó la escritora en un reportaje reciente, este cuento será parte de un futuro libro, sobre el dentista, “pero completamente diferente”: “lo voy a colocar en lugares diversos, en otro orden. Va a sonar a conocido si alguien lee ese texto pero al mismo tiempo será completamente desconocido, porque hay una intertextualidad que lo hace muy diferente”).

2.
Así como hay una literatura comercial, best-seller (es decir, literatura desdentada, débil, que no puede morder, hincarle el diente a nada –ni siquiera a nosotros, ni un poco–), hay, también, una literatura creativa, imaginativa, erudita, y al mismo tiempo, popular. Una literatura hecha, como se dijo, de diversos ejercicios de anamnesis, de incesantes viajes por el mundo, de estudios y de otras literaturas (leídas y escritas). Margo Glantz, con Simple perversión oral, ilustrado por Carmen Segovia, en un gran trabajo de creación y diálogo/s con la historia que se cuenta, nos lleva a acompañar a una persona que concurre al dentista (Nora García, sólo mencionada una vez, se desdibuja en el relato, se transforma en un puro discurrir: un monólogo ininterrumpido; alguien que narra, como un álter ego de la autora) y que, paciente –obligada a tener, como todo/a paciente, paciencia–, espera ser atendida. La reflexión en situación, el “tiempo muerto” de la espera, la vivificadora lectura de algún libro (o de las revistas que se ofrecen allí, en la sala de espera) es/son el incitante al recuerdo, la asociación o el mero divague por otros temas y especulaciones, que parte de una reflexión (dental) sobre qué tenemos en común (la boca apestosa) para pasar de ahí a algunos casos célebres (Pascal, Cervantes, Van Gogh oliendo a podrido).

3.
Simple perversión oral posee una sustancia centrífuga, que se expande en todas direcciones (360°); un pequeño centro generador: un hiperlinkeado de asociaciones, comentarios, digresiones, énfasis y anécdotas de la propia vida (con el dentista, y ante otros menesteres similares, como ir a extraerse sangre para diversos análisis), de la literatura y de diversos asuntos que son de dominio público… (hay que leer también las significaciones que puede encontrar y ofrecernos Margo Glantz en las notas y noticias que saca de las revistas de las salas de espera, con sus frivolidades, “consejos prácticos”, farándulas y exhibición de ricos&famosos). Como en otro libro, Saña, compuesto de fragmentos, lecturas de toda especie y pensamientos, Glantz hace pasar por Simple perversión oral a sus mascotas y amistades, a escritores y artistas (de Quevedo a Robert Walser), a libros y personajes históricos, reflexiones (la apertura de un espacio a la reflexión, en tanto condición humana) sobre la mujer y la burka, por ejemplo, los/as especímenes del jet-set, y, por supuesto, los mecanismos por los que se accede al moderno sistema de salud para poder ser atendido, y qué (le) ocurre (qué se le ocurre, por dónde vaga o pasea su mente) allí, mientras espera, y mientras le introducen las herramientas del instrumental médico en la boca. Como escribió Valeria Luiselli en “Los dientes de Margo Glantz”, prólogo al libro, la autora de Las genealogíases dueña de una “imaginación sinuosa”, que es, en verdad, un singular, extraordinario, “itinerario desfachatado”…

4.
Versiones (escrituras) de la vida. Un cuento donde tiempo(s), literatura y realidad se confunden, combinan y potencian en un viaje desbordante de sentidos. Una fuerza evocativa, con/desde múltiples linajes, culturales y personales, que se “reactivan” y se hacen presentes, vívidos, contemporáneos.

5.
La atención creativa/narrativa de Margo Glantz (todos sus sentidos alertas) se condensa y expande; en sus “funciones” compila y une, exhibiendo, caleidoscópicamente, múltiples experiencias y miradas (geográficas/urbanas), y también históricas, culturales, literarias. La mirada, lo que se lee y observa, y también la sensación (lo ocurrido/vivido), la atmósfera. El pasado (alguna vivencia que se añora). Por ello hay en Simple perversión oral recordaciones de Buenos Aires y el tango, en medio de ensueños de tacos altos y largas cabelleras…

6.
Hincarle el diente a la vida, se dijo, y (también) a la sustancia literaria. Esperar y pensar. Leer (todo). Hacer versiones de (esas) versiones; pervivir, por medio de nuevas versiones (de per-versiones); por medio del ejercicio de una (simple o no) oralidad escrita, imaginada: la alteración de diversos factores, para obtener un nuevo producto –tal como sostiene la escritora–.

7.
Margo Glantz –tuitera diaria– lo ha hecho de nuevo, con un breve relato –que abre mundos– donde una experiencia o situación puntual es, “apenas”, la piedra de toque, un punto de partida, con el fin de (expandir y) construir un colorido (y refinado) mosaico; un sinfín de historias.


#Entrevista a Margo Glantz: “Siento que soy lo que he leído y escrito”

Margo Glantz: “Siento que soy lo que he leído y escrito”

Entrevista con la escritora, académica, viajera y tuitera mexicana, autora de más de 25 libros (entre ellos Saña, Las genealogías, Zona de derrumbe, El día de tu boda y Apariciones) sobre viajes y memoria, sobre el cuerpo, Sor Juana, la historia y la literatura.

Demian Paredes
@demian_paredes

 

Durante su paso por Buenos Aires para participar en la Feria Internacional del Libro (en diversas ponencias y eventos), conversamos extensamente con la escritora Margo Glantz (1930) sobre sus últimos trabajos publicados (Yo también me acuerdo y Coronada de moscas), futuros libros, Twitter (su cuenta: @Margo_Glantz), la salud del escritor Sergio Pitol, la crítica literaria, el canon y el ninguneo a mujeres como Nellie Campobello y Elena Garro, la literatura de la Revolución Mexicana, y la situación política de su país. Además, recibió muy agradecida e interesada las publicaciones del CEIP “León Trotsky” y Ediciones IPS.

Hablemos de Yo también me acuerdo. Vi alguna intervención tuya donde decís que dejaste fuera algunos aforismos, algunos tópicos, y que había uno sobre “el amor y la plusvalía”

- Bueno, lo dejé afuera porque ya había salido el libro y entonces lo puse después, como un tuit: “Me acuerdo que cuando era joven tenía un novio que me enseñaba El capital de Karl Marx. Aprendí al mismo tiempo el amor y la plusvalía”. Ese es.

Es un libro autobiográfico

- Es totalmente autobiográfico. Una autobiografía pulverizada porque está fragmentada, porque no tiene una temporalidad cronológica en absoluto, se pasa de un tema a otro, aparentemente sin transición. El libro tiene una estructura muy cuidada, pero los textos van sucediéndose, hay textos muy personales, aparentemente banales, así es la vida cotidiana.

Pero al mismo tiempo hay cosas sobre mi autobiografía literaria, es decir, los libros que he leído, que me han formado, frases sobre los libros que estoy leyendo.

Entonces también es una autobiografía de mi vida en México, o de mi vida en el mundo. Suena muy ambicioso y muy prepotente, pero uno va pasando por la vida, y la vida pasa por uno, y uno está siempre pues en relación con acontecimientos de su propio país, etc. Lo que hizo Georges Perec. Yo tomé la idea de Joe Brainard, que escribió un libro que se llama I Remember, que a su vez Perec tomó: Je me souviens, [un libro] como un homenaje a[l de] Brainard. En los ‘70 se publicó el libro, y yo lo que hago es un homenaje a esos dos autores; utilizar la anáfora como elemento primordial, I Remember-Je me souviens: “me acuerdo de”, o “me acuerdo que” (aunque sea una licencia poética porque se suele decir “de qué”, pero me aburre decir “de qué”. Entonces pongo “me acuerdo que”, “me acuerdo de que” o “me acuerdo cuando”, etc.). Esa constricción también funcionaba muchísimo para la gente de Oulipo, es decir, literatura potencial, [movimiento] en donde estaba Perec.

Entonces se imponían constricciones y sobre ellas montaban su escritura.

Mi texto tiene la constricción de la anáfora. No puedo partir de otra frase que no sea “Me acuerdo”. Yo creo igualmente que tiene una movilidad, que a pesar de esa aparente “monotonía” de la anáfora se logra una gran vivacidad.

También dijiste sobre este libro que es “la imagen de un país que ya no podemos recuperar”

- Perec dijo que iba a escribir de cosas que ya no existían: eran referencias importantes… sobre todo de la política de su tiempo, de la topografía de la ciudad, etc., que ya habían dejado de existir: como varios espectáculos, acontecimientos culturales, figuras desaparecidas, usos y costumbres abandonados, etc. Bueno, cuando uno recuerda, y ya han pasado muchos años –yo tengo muchos años, he vivido muchos años–, muchos de mis recuerdos son de cosas que podrían ser obsoletas. Pues también hay en mi libro una reflexión sobre la obsolescencia, de qué manera la tecnología ha vuelto ready-mades a muchísimos objetos, cómo el teléfono se volvió ready-made, la máquina de escribir se volvió ready-made, todo ese tipo de cosas. Porque ya tenemos el celular y otros objetos aparentemente indispensables que han cambiado totalmente de raíz todas aquellas cosas que antes servían como los manuscritos, la máquina de escribir… en fin: agarrar un papel y escribir y romperlo (porque no funcionaba), la cinta de escribir. Todo ese tipo de cosas, que eran monstruosas –si me pongo a pensar así en lo que fue mi pasado de escritora, pues digo “¡Cómo pude sobrevivir!” Sobrevivimos, ¿no?–.

Los teléfonos. Antes nadie sabía dónde estabas, ahora todo el mundo sabe dónde estás. Ya sientes que si no tienes celular ya perdiste una mano. Y antes pues tenías las manos y las utilizabas… Todo ese tipo de cosas están presentes en mi libro.

También están presentes cosas muy mediatas, del momento, del momento exacto en que estoy escribiendo. Se vuelven pasado apenas las acabo de escribir. Intento atrapar un instante –muchos lo han hecho también, está por ejemplo la novela de [Salvador] Elizondo que se llama Farabeuf o la crónica de un instante [1965]–.
Pero el instante lleva tiempo. El tema es que todo es pasado, todo es recuerdo. Lo que te estoy diciendo ahorita ya es recuerdo –ya lo sabemos eso; es completamente banal–. Pero también he tratado de capturar eso.

Cuando arranca el libro, una de las primeras anáforas, uno de estos “epigramas” ya estaba presente en otro libro tuyo, Las genealogías, cuando decís que pasabas caminando de niña con tu padre y la gente gritaba al verlos “¡Ahí va Trotsky con su hija!”.

- Es también una historia de mis propios libros. Vuelvo a trabajar los temas de todos mis libros, los vuelvo a replantear en este libro. Paso revista a mi propia obra. Es una autobiografía literaria también. Una autobiografía de lo que he leído, porque yo siento que soy lo que he leído en muchos sentidos… y al mismo tiempo lo que he escrito, que está atravesado por lo que he leído también, porque las lecturas son muy importantes. Además planteo una serie de aforismos que se repiten muchas veces a lo largo del texto, diciendo que me acuerdo que el orden de los factores en la literatura alteran completamente el producto. Es decir que la forma de escribir una cosa cambia totalmente. Ahora, evidentemente, cada quien tiene sus recurrencias, “obsesiones”, que van apareciendo en su escritura. Ahora, las formas de escribirlas en cada texto van a variar, y creo que el utilizarlo así es como una especie de testamento literario propio; es decir, como una especie de autocrítica. Una autopsia literaria diría mejor.

Yo creo que voy a seguir escribiendo, tengo bastante fuerza, etc., pero tampoco tengo demasiado futuro, entonces, de alguna forma, paso revista a lo que yo he hecho –como autocrítica, digamos–, y también como una especie de fascinación-autofascinación porque soy muy autorreferencial.

Y en relación a Coronada de moscas ¿qué nos podés contar sobre ese libro, cómo surgió? ¿Cuántos viajes hiciste?

- Hice tres viajes a la India. Siempre escribo sobre mis viajes en el periódico en el que colaboro que es La Jornada. Fueron apareciendo fragmentos de mi primer viaje, cuando me dieron la oportunidad de ir por segunda vez acepté de inmediato, y entonces visité muchos lugares que había visitado la primera vez, pero siempre se visita el mismo lugar de una manera diferente –ya lo decía Heráclito–; había cambios… Al mismo tiempo, [con] la sensación de lo ya visto, porque obviamente ya no es la impresión brutal que te da la India la primera vez, ya tienes tiempo de reflexionar, de ver las cosas desde otra distancia, además estás con otra gente, recorres los lugares y también recorres nuevos, etc. Entonces tienes tiempo de percibir un poco tus propios sentimientos y cómo se han alterado, etc., y también eso lo publiqué. Y luego fui una tercera vez, justamente con Myriam [Moscona, poeta, periodista y escritora mexicana, presente durante esta entrevista], estuvimos juntas en un viaje. Recorrí los mismos lugares porque ella no los conocía. En lugar de irme a otra parte de la India me fui con ella a casi los mismos lugares que ya había visitado y también escribí para La Jornada y de repente pensé: “En realidad estoy escribiendo hace muchísimos años un libro de viajes”, que espero poder terminar, que ya es muy largo, y pensaba incluir lo de la India en ese libro de viajes, pero la India es un país muy particular, me impactó de una manera muy espeluznante y maravillosa al mismo tiempo, [y] entonces decidí que merecía un libro.

Es un libro que –como siempre– está atravesado por lecturas, y que además está completado por lecturas, porque en tres visitas (más o menos turísticas) a la India yo no podía profundizar demasiado. Entonces lo que hice fue completar con muchas lecturas, con cosas que leía yo en el viaje mismo, y luego después, cuando estuve redactando el libro, fui también completando: Narayan, Pasolini, Naipaul, [Octavio] Paz; hay un escritor inglés que me interesa mucho que es Joe Ackerley, que vivió un tiempo largo, que era amigo de [Edward Morgan] Foster, y Foster le consiguió un trabajo en la India, y escribió un libro que se llama Vacación hindú que es maravilloso y que también me sirvió mucho para mi texto. Y también leí mucho de escritores indios… los que escriben en inglés (claro, si no, no podría leerlos). Están traducidos al inglés y me sirvieron como “fondo”, es decir, para definir un poco más la atmósfera, para apoyar mis ideas en la India.

Y como todos mis libros es un libro fragmentario, en donde no manejo tampoco una cronología definida sino que son como vislumbres… ¡No, “vislumbres” no, que es lo que dice Paz sobre la India y yo no quiero parecerme a Paz! (Risas.) Critico a Paz y al mismo tiempo lo admiro, etc.

Y también trae fotos

- Sí. Las fotos las hizo mi hija Alina López Cámara, que estuvo en el primer viaje conmigo, y hacía mucho tiempo que queríamos hacer un libro juntas, y se dio la oportunidad de que mi editorial aceptara que se publicaran fotos. La visión de mi hija es completamente distinta a la mía, a un nivel “completa” lo que yo escribo, pero también tiene su propia densidad y mirada, y creo que su mirada está como separada del texto. El texto está dividido en dos: la parte de las fotos y la parte de la escritura. Los pies de fotos son míos. Pude poner también alguna impresión sobre esas fotos, pero como comentario a la foto de mi hija, que de alguna manera está en relación con mi libro pero un poco en abismo.

En relación a tus futuros libros. ¿Cómo es aquel sobre el dentista? ¿Ya llevás quince años escribiéndolo?

- Ahí está una parte de ese libro. [Margo señala sobre la mesa Simple perversión oral, recientemente publicado por La caja de cerillos y Conaculta e ilustrado por Carmen Segovia.] Bueno: es un libro que me ha costado mucho trabajo escribir, que tiene una estructura muy complicada y que luego he ido publicando [por] fragmentos.

Ese texto es como un cuento extraído del libro, que funciona muy bien como cuento. Va a aparecer dentro del [futuro] libro, pero completamente diferente, porque lo voy a colocar en lugares diversos, en otro orden. Va a sonar a conocido si alguien lee ese texto pero al mismo tiempo será completamente desconocido, porque hay una intertextualidad que lo hace muy diferente.

Ahora creo que ya le agarré la estructura, lo estoy escribiendo, [y] lo voy a terminar pronto.

Sobre la crítica mexicana. ¿Actualmente hay crítica?

- Hay pocos suplementos literarios. Hay pocas oportunidades de publicar crítica. Los periódicos que tenían suplementos literarios han ido reduciendo las páginas, y cada vez hay menos espacio. Es decir: lo que había en México muchísimo antes, que eran los suplementos literarios de muchos de los periódicos tradicionales, periódicos donde estuvieron Carlos Monsiváis, José Emilio Pacheco y toda esa gente que hizo suplementos importantísimos, se ha restringido enormemente.

Está aquí por ejemplo Sergio González Rodríguez, que escribe enReforma. Había una página, un suplemento que se llamaba “El Ángel”, que ahora ya es una paginita apenas. Ahora, él sigue escribiendo. Sigue escribiendo Christopher Domínguez en una revista que es heredera de la revista del padre Paz, de Vuelta, que es Letras Libres, una revista muy particular, manejada por gente más o menos de derecha. Ahí hay buenas críticas. Ahí sí hay espacios para hacer crítica, pero es una crítica que a veces puede ser muy arbitraria, aunque hay también cosas que valen la pena.

Te pregunto por el canon y las mujeres escritoras. Vos tenés una crítica, una pelea y una defensa de Nellie Campobello, o de Elena Garro, que son muchas veces dejadas de lado.

- Bueno, más que una defensa es un análisis de la obra de esas escritoras, que tienen obras extraordinarias.

Nellie Campobello fue durante mucho tiempo una escritora que no fue tomada en cuenta. Ella era bailarina. Tuvo una relación muy importante con Martín Guzmán, que fue un escritor que escribió muchísimos libros donde se destacan dos –muy importantes–, que son La sombra del caudillo y El águila y la serpiente. Y siempre que hay antologías o menciones o trabajos sobre “la novela de la Revolución mexicana” él aparece como una figura señera. Y Nellie, que escribió libros extraordinarios: Cartucho, otro que se llama Las Manos de Mamá y otroApuntes sobre la vida militar de Francisco Villa, era muy ninguneada. Aparece en los años ‘60 apenas, en una antología que organizó una mujer, Berta Gamboa de Camino [Antología de la Novela de la Revolución Mexicana]. Los últimos quince o veinte años ha sido revalorizada, y a mí me parece una de las grandes escritoras, no solo de México. Es extraordinaria, su capacidad sintética de mostrar lo que fue la revolución en un cuentito de apenas una página y media. Ella ha sido mucho más tajante, mucho más extraordinaria que las novelas tradicionales de la Revolución mexicana, que son muchas, y muy-muy buenas la verdad. Hay grandes escritores como Martín Luis Guzmán, Rafael F. Muñoz, Mariano Azuela, que fue el primero, etc. Y hay otros.

Y luego está Elena Garro, que era una mujer muy “loca”. Ella misma se autodestruía. Es decir, a veces la gente no la quería seguir porque era bastante maligna y hacía cosas tremendas. Pero fue una gran escritora, y además fue esposa de Octavio Paz. Escribió obras de teatro, como La señora en su balcón, magnífica, y que se representaron cuando Paz organizó “Poesía en voz alta”, obras de teatro pero como “poesía en movimiento” (Paz publicó con otros autores una antología que se llamó así).

Pero sus novelas, por ejemplo, aparecieron mucho más tarde, ya estaba separada de Paz y apareció Los recuerdos del porvenir, una novela anterior a Cien años de soledad, y que ya plantea muchas de las cosas que fueron tan famosas en el “realismo mágico” –no es que hable de lo que habla García Márquez, pero es una novela que tiene un poco ese contexto, esa atmósfera que es maravillosa, extraordinaria–.

Y luego tiene varios cuentos, en La semana de colores, que son joyas. OY matarazo no llamó, un libro político, de una huelga que hubo en México en los años cincuenta, muy bueno, y también escribió su visión de la Guerra de España. Fue al congreso con los socialistas [II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura], con Octavio Paz. Su visión es muy diferente a la de Paz, muy festiva, muy irónica, pero también muy vital y muy aguda.

Luego tiene un libro que se llama Andamos huyendo Lola, cuando empezó una especie de éxodo y pasó veinte años fuera de México, porque tuvo una actitud muy negativa cuando el “movimiento universitario del ‘68 terminó con la matanza de Tlatelolco”. Hacía cosas disparatadas, parecía de izquierda, podía apoyar a los revolucionarios y luego traicionarlos… La gente la detestaba por lo general. Por ejemplo hay un personaje en Los recuerdos del porvenir que se llama Tomás Segovia, que es un poeta importante, y le puso ese nombre a uno de sus personajes; luego estaba Fernando Benítez, un escritor y periodista muy importante también e hizo un cuento que se llama “Benito Fernández”, ¡y todos sabían en esa época de quiénes se trataba! (Risas.)

La última pregunta que te quiero hacer, inevitablemente y saliendo de la cuestión literaria, es por los 43 de Ayotzinapa y la situación del país, cómo está México

- Pues el país está en “zona de derrumbe”. Yo fui profética, hace más de 20 años titulé un libro así…

No he leído nada estos días. Creo que ha sido una especie de “higiene mental”, pero la situación es muy grave.

Salió un reportaje reproduciendo uno de los discursos del presidente donde se equivocó de manera flagrante: dijo que León Guanajuato, una ciudad de Guanajuato, y Lago de Moreno, una ciudad de Jalisco, eran Estados. Y un presidente que no sepa siquiera la geografía de su país… bueno, es un desastre. Le preguntan que qué pasa con la corrupción y dice que “es cultural”.

Hay una impunidad absoluta y últimamente ha habido enfrentamientos brutales entre ejército y gobierno contra el crimen organizado, los narcos han querido demostrar que son más poderosos que el gobierno. Cuando yo venía para la Argentina hicieron bloqueos en 25 municipios del Estado de Jalisco, y pusieron en jaque a la ciudad de Guadalajara.

Económicamente estamos pésimo, ha habido gestiones muy-muy equivocadas, muy neoliberales, y por otro lado está el problema del petróleo. Vivíamos totalmente del petróleo porque nos habíamos confiado en eso y se está acabando y al mismo tiempo bajó su precio, y hay una crisis económica brutal y una crisis de credibilidad, por la impunidad, la corrupción, la violencia, los asesinatos. Todos los días abrimos el periódico: “20 asesinados en tal lugar”, tantos degollados en otro, y es muy aterrador el panorama de mi país.

A mí me parece que –no sé si será justicia poética– en los ‘70 se exiliaban en México quienes huían de las dictaduras, y a lo mejor nos tenemos que venir aquí, ¡a ver si nos aceptan!, como nosotros los aceptamos a ustedes.

 

Margo Glantz sobre Twitter: “Un modo de ver el mundo que me interesa frecuentar”

“(…)Me hice tuitera porque vi en las revoluciones en los países de Medio Oriente, Túnez, Egipto, Siria, etcétera cómo los tuiteros lograron hacer un cambio muy importante (…)”

Demian Paredes
@demian_paredes

Y sobre Twitter, ¿qué nos podés decir? ¿Cuándo te hiciste tuitera?

- Mira, me hice tuitera porque vi en las revoluciones en los países de Medio Oriente, Túnez, Egipto, Siria, etcétera cómo los tuiteros lograron hacer un cambio muy importante –aunque [luego] no llevó a nada, porque que a la mera hora acabó siendo todo más perjudicial–. Me pareció muy importante que el tuit fuera un medio para cambiar las cosas políticamente. Entonces, debe ser un modo de ver el mundo que me interesa frecuentar.

Empecé a escribir tuits, ¡y me fascina escribir tuits! Todos los días. Si no escribo en Twitter siento que no desayuné. (Risas.) Cuando viajo es más difícil porque tengo demasiadas actividades y a veces paso días sin escribir, pero cuando estoy en México trato de escribir todos los días. A veces no tengo nada que decir y digo puras tonterías. Y algunas de las cosas que escribí en Yo también me acuerdo tienen que ver con el tuit, y también con una reflexión sobre el tuiteo, y sobre el rol de los medios de comunicación. Había muchísimos tuits, había cosas que me gustaban cuando las escribía y entonces las iba salvando, y muchas de ellas aparecieron en las primeras versiones de Yo también me acuerdo. Hay muchos tuits, como dijimos al principio, como el de la plusvalía, que ya no cabían en el libro. Como muchos de ellos no funcionaban, los fui eliminando. Sin embargo hay muchos que sí quedaron, y también hay toda una reflexión sobre cómo escribir en Twitter, qué significa. Es parecido a la constricción de la anáfora. Es decir: el tuit tiene 140 caracteres, tienes que restringirte a eso, y te exige una concentración mental para que lo que digas tenga algún sentido en 140 caracteres o en menos.

Hay que sintetizar el contenido.

- Sí. Por eso me pareció interesante también como ejercicio literario.

 

Margo Glantz sobre Sergio Pitol: “Va a las ferias, se lleva con los jóvenes, y de alguna manera se hace entender”

“…ha desarrollado una especie de “lenguaje segundo” y ya puedes entender mucho de lo que quiere expresar. Y es muy activo, tiene muchos amigos, le gusta mucho la ópera, va a las Ferias de Libro, se lleva con los jóvenes, y de alguna manera se hace entender.”

Demian Paredes
@demian_paredes

¿Y el escritor Sergio Pitol? ¿Cómo está él ahora?

- Está mal de salud.

Sergio ha tenido una progresiva afasia que le ha ido impidiendo hablar, y finalmente escribir. Es decir: él ya no puede escribir, pero está lúcido. Articula apenas algunas palabras, cada vez menos, y le es más difícil, ya que pasó por una enfermedad muy fuerte: tuvo una hemorragia, estuvo internado en un hospital y además tuvo problemas familiares muy severos. Acabo de recibir un correo donde me dicen que el juicio que había entablado un primo-hermano suyo que lo quería declarar ya senil, y que lo quería meter en un asilo, no progresó, porque Sergio está completamente lúcido, y puede leer…

Yo acabo de ir a verlo a Jalapa y estuvimos conversando en cierta medida, porque ha desarrollado una especie de “lenguaje segundo” y ya puedes entender mucho de lo que quiere expresar. Y es muy activo, tiene muchos amigos, le gusta mucho la ópera, va a las Ferias de Libro, se lleva con los jóvenes, y de alguna manera se hace entender. En ese sentido es afortunado.

Sergio y yo fuimos muy amigos, lo conocí hace muchísimos años porque es de mi generación, pero me hice muy amiga de él en los ‘80, y tenemos una correspondencia también muy nutrida que conservo, hicimos varios viajes juntos, tenemos una gran afinidad estética y literaria, y aparte de eso una relación de afecto grande. Uno de mis grandes amigos.

 


Video-anticipo: entrevista con Margo Glantz para La Izquierda Diario

Margo Glantz: “Hay en mi libro una reflexión sobre la obsolescencia”

Video-anticipo de la entrevista con la escritora mexicana Margo Glantz, durante su paso por Buenos Aires para participar de las actividades de la Feria Internacional del Libro. La entrevista completa se publicará el sábado 23 en La Izquierda Diario.


“Borges en los diarios de Bioy” (Margo Glantz)

En su cuento Deutsches Réquiem, dice Borges:

Se ha dicho que todos los hombres nacen aristotélicos o platónicos, explica Zur Linden, el protagonista. Ello equivale a declarar que no hay debate de carácter abstracto que no sea un momento de la polémica de Aristóteles y Platón…

¿Podría entenderse la escritura de un diario llevado con implacable regularidad durante 50 años por Adolfo Bioy Casares, utilizando como explicación algunas de las palabras de Borges, extraídas de dos de sus cuentos, es decir, como el producto de una relación especular, una secreta afinidad y un antagonismo escondido, pero sabiamente esmerilado entre amigos?

Se reitera un hecho desde el momento en que se inicia el Diario:Come en casa Borges. Palabras rituales. Leo una frase de 1948, la fecha más definitiva en que el diario se escribe con la periodicidad verdadera de ese tipo de escritos: Vuelta a Buenos Aires. Come en casa Borges…

Otra entrada: “Comen en casa Angélica Ocampo, Bianco y Borges. Borges me dice que leyó De Francesca a Beatrice y el epílogo de Ortega y Gasset y que ambos son una vergüenza”. La última vez que esa frase insistente se anota es la del sábado 22 de junio de 1985, poco tiempo antes de que Borges abandonase definitivamente la Argentina, con María Kodama, quien parece haberlo secuestrado y alejado de todos sus amigos: “Come en casa Borges. Dice: ‘Tanto viajar me está deshaciendo’. Se va mañana a Pennsylvania”.

Sí, Borges come en casa se vuelve una frase encantatoria, frase determinante, como si ni el tiempo ni el texto avanzaran a lo largo de casi mil 980 páginas, aparentemente las mismas anécdotas, los mismos gestos, la comida, los chismes, la murmuración, los juegos de palabras, las frases malignas. Luego, el trabajo, las lecturas, la elaboración de la obra en común, la búsqueda de novelas policiacas para la colección de El séptimo círculo que elaboran juntos, consulta de enciclopedias o de la Biblia, contratapas de libros, argumentos para cuentos como los de Bustos Domecq, problemas de retórica, de gramática, de lexicología, sin visible arquitectura, pues quizá sean eso los diarios, pensamientos desordenados, recuento de lo que pasa día a día, ocasionalmente, sin lógica precisa. Se diría que no pasa el tiempo en estas vidas de personajes que parecen estar dedicados solamente a leer, escribir, conversar.

En 1986, sábado 14 de junio, anota Bioy:

“En la confitería del Molino me encontré con mi hijo Fabián, al que regalé Un experimento con el tiempode Dunne, comprado en el quiosco de Callao y Rivadavia. Después de cavilar tanto sobre este encuentro, dar con este libro me había parecido un buen augurio… Después de almorzar en La Biela con Francis Korn decidí ir hasta el quiosco de Ayacucho y Alvear, para ver si tenía Un experimento con el tiempo… Un individuo joven con cara de pájaro… me saludó y me dijo como excusándose: ‘Hoy es un día muy especial’ Cuando por segunda vez dijo esa frase le pregunté ‘¿Por qué? ‘Porque falleció Borges. Esta tarde murió en Ginebra, fueron sus exactas palabras’. Seguí mi camino.

“Pasé por el quiosco. Fui a otro de Callao y Quintana, sintiendo que eran mis primeros pasos en un mundo sin Borges. Que a pesar de verlo muy poco últimamente no había perdido la costumbre de pensar. ¿Tengo que contarle esto. Esto le va a gustar. Esto le va a parecer otra estupidez’ Pensé: ‘Nuestra vida transcurre por corredores entre biombos. Estamos cerca unos de otros, pero incomunicados. Cuando Borges me dijo por teléfono desde Ginebra que no iba a volver y se le quebró la voz y cortó, ¿cómo no entendí que estaba pensando en su muerte? Nunca la creemos tan cercana. La verdad es que actuamos como si fuéramos inmortales. Quizá o pueda uno vivir de otra manera. Irse a morir a una ciudad lejana tal vez no sea tan inexplicable. Cuando me he sentido muy enfermo a veces deseé estar solo: como si la enfermedad y la muerte fueran vergonzosas, algo que uno quisiera ocultar.”

Twitter: @margo_glantz

http://www.jornada.unam.mx/2014/11/06/cultura/a06a1cul


“El cabrón de la revolución” (Margo Glantz)

Habla el padre de Margo Glantz:

“–A la asociación venían muchos escritores, entre los viejos estaba Osip Osipovich, que editaba una revista para niños, Kolosia, kolosia que es cuando crece la mies y adentro está la semilla y con el viento se agacha como si rezara (a mí me parece ver a mi tío Mendel cuando rezaba los salmos). Entonces yo era muy joven y completamente anárquico, libre, iba a todas las asambleas, hasta a las de protesta; en una de ellas protestamos cuando pasó Trotsky por Odesa, desterrado, rumbo a Crimea. También lo recuerdo antes, cuando venía con Lenin, con su capote, un Dziniel, al estilo de los que describe Gógol, alzado hasta las orejas y la gente gritaba: ‘Vivan Lenin y Trotsky, Voszdzí Narodna, líderes del pueblo’. Trotsky era joven aún, tenía bigote, y era un gran orador, decían que se parecía a Jean Jaurès.

[…]

La nostalgia es ahora muy fuerte; lamento no poder grabar las miradas.

–Yo pertenecía completamente a otro ambiente [que su esposa, la madre de MG]. Los años que yo viví en la revolución fueron los más interesantes, los más serios de la vida rusa, de 1917 a 1925. El proletariado, en aquel entonces, creía en la revolución social, hacía reformas, se creía en el futuro, fue una vida de grandes idealistas que pensaban en el mejoramiento de la vida humana, que pensaban en el cambio social, y es verdad, y la gente no sólo vivía para sí misma, sino para los otros. Pero pronto empezaron los traidores… Trotsky dijo –continúa mi padre– que Stalin sería el enterrador de la revolución, su cabrón, palabra que en hebreo quiere decir exactamente eso, su enterrador.”

Margo Glantz, Las genealogías, Bs. As., Bajo la Luna, 2010 (ed. original 1981), pp. 57 y 68.


“No llores, judío, venimos a salvarte” (Margo Glantz)

“Cuando yo era muy niña mi padre usaba barba; parecía un Trotsky joven. A Trotsky lo mataron, y si acompañaba yo a mi padre por la calle la gente decía: ‘Mira, ahí van Trotsky y su hija’. A mí me daba miedo y no quería salir con él. Antes de morir Diego Rivera le dijo a mi papá: ‘Cada vez te pareces más a aquél’. Mis padres coinciden en que el ruso de Rivera era imperfecto pero muy sugestivo a pesar del mal acento.

En enero de 1939 mi padre fue atacado por un grupo fascista de Camisas Doradas que se reunieron en la calle Dieciséis de Septiembre, donde mis padres tenían una pequeña boutique de bolsas y guantes llama Lisette. La barba, el tipo de judío y quizá su parecido con Trotsky hicieron de Jacobo Glantz el blanco perfecto para una especie de pogromo o linchamiento. Trataron de colocar a mi padre sobre la vía del tren para que éste le pasara encima, mientras otros arrojaban piedras y gritaban insultos tradicionales. Mi padre pudo escapar ayudado por algunos transeúntes asombrados, entrar a la boutique y subir al tapanco. El hermano de Siqueiros, que pasaba por allí y entraba a saludar a mis padres (vendía por entonces grabados de su hermano), se colocó en la puerta con los brazos extendidos y gritó: ‘Péguenme a mí’. Mientras, mi madre, que, como ella dice, no parecía judía por su pelo negro (‘entonces no tenía canas’), pudo salir con una empleada rubia, también judía, y pasar a la sastrería de junto donde pidió auxilio por teléfono. La puerta de la tienda era de vidrio y los manifestantes arrojaban piedras, algunas de las cuales hirió a mi padre en la frente. Al rato llegaron los bomberos y un capitán (mi madre cree que se llamaba general Montes), que ayudaron a mi padre a salir de la tienda. Despavorido, mi padre gemía y uno de los bomberos le dijo: ‘No llores, judío, venimos a salvarte’.”

Margo Glantz, Las genealogías, Bs. As., Bajo la Luna, 2010 (ed. original 1981), p. 105.

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