“70 verbos” (Leo Maslíah)

70 VERBOS

Dormía, creo. Amanecí anhelando prosperar. Apetecía triunfar. Decidía jugar. Salí corriendo. Conduje volando, arriesgando morir. Calculé. Aposté, proyectando ganar. Logré empatar. Debí parar. Presumiendo, continué. Odié perder. Sufrí, recuerdo. ¿Habría podido acertar?, especulé. Supe olvidar. Recapacité. Elegí renacer. Resolví mejorar. Ansío aprender, ¿entendés? Sigo temiendo fracasar. Pretendo ir volviendo, regresar partiendo. Intentaré llorar, chillar, patalear: podría reventar. Estuve tratando. Desearía conseguir explotar. ¿Llegaré? Detesto alardear. Quiero probar. Terminaría diciendo: llueve.

 

Leo Maslíah, La buena noticia y otros cuentos, Bs. As., Ediciones de la Flor, 1996, p. 12.


“Aportes para un diccionario” (Leo Maslíah)

 

APORTES PARA UN DICCIONARIO

En su Tratactus logico –philosophicus, Ludwig Wittgenstein afirmó con razón que el lenguaje no se compone de palabras, sino de proposiciones. Observa, entre tantas cosas, que la gente construye frases con sentido aun cuando no tenga “la menor idea de cómo y qué significa cada palabra”, puesto que en verdad las palabras no tienen sentido fuera del de las proposiciones a las que pertenecen. Adhiriendo plenamente a este enfoque, considero por lo tanto que los diccionarios de palabras (como el de la Real Academia Española, por ejemplo) son una aberración lingüística, y que deben ser suprimidos. Un verdadero diccionario castellano sería aquel que tuviera en sus páginas todas las frases posibles que el idioma permite en cierto momento de su vida. Como segundo aporte a la construcción de ese diccionario, entonces (ya que el primer aporte son las frases de este mismo párrafo), lego a la posteridad la siguiente lista de enunciados:

 

¡Qué rica está la sopa!

Ayer hice el amor con tu mamá.

Siempre me olvido de traer la insulina.

La publicidad televisiva, en nuestro país, tiene un nivel excelente.

A mi casa con esos zapatos no entrás.

¿Cómo te llamás hoy?

Caminar es bueno para el corazón, aunque él no lo haga.

Rayos y centellas son realidades cotidianas para mí.

Tu marido cuenta sus intimidades con demasiada parsimonia.

Nadie es profeta en su tierra, pero un escultor tailandés jamás triunfará en Tanganyika.

No digas eso si sabés que todos te queremos mucho.

El telegrama colacionado te lo podés meter donde no te da la cama solar.

Tenés que cortar primero el cable rojo.

El castellano es un idioma que me permite, por ejemplo, decir esto.

 

Leo Maslíah, La buena noticia y otros cuentos, Bs. As., Ediciones de la Flor, 1996, pp. 126-127


Grandes pensadores (Leo Maslíah)

GRANDES PENSADORES

“Dime cómo escribes y te diré lo que escribes”, dijo –o más bien escribió– César Vallejo. Bill Waterson, en cambio, afirmó por boca de uno de sus personajes que “ser padre es querer abrazar y estrangular a tu hijo al mismo tiempo”. Por su parte, Bartolomé Mitre opinó que “no es posible salir inmaculado de la lucha por la vida”. Pero Esquilo, muchos siglos antes, observó que “cual es tu rostro, así habla tu lengua”. Más moderado, nuestro insigne José Enrique Rodó definió a la vocación como “el sentimiento íntimo de una aptitud”. Sin embargo, Norbert Sillamy, en su Diccionario de Psicología, dice sin vacilar que “el acto terminado constituye la prueba de autenticidad de un proyecto. Henry Miller, más caústico, advirtió “si te ríes cuando los otros ríen y lloras cuando los otros lloran, en ese caso tienes que prepararte para morir como ellos mueren y para vivir como ellos viven”. Nada que ver con José Ingenieros, según quien “más allá de cierto nivel, todas las cumbres son excelsas”, ni con John Patrick Shanley, que en su guión para la película “Hechizo de Luna” hace decir al personaje encarnado por Nicholas Cage “estamos aquí para arruinarnos y para rompernos el corazón y amar a la gente que no debemos y morir”. Finalmente, para Jesús Ferrero “la vida sin secretos no es vivible, y por eso la existencia transparente de las bestias no nos resulta casi nunca deseable”, mientras que Marshall McLuhan sugiere “es posible que la esquizofrenia sea una consecuencia necesaria de la alfabetización”.

 

Leo Maslíah, La buena noticia y otros cuentos, Bs. As., Ediciones de la Flor, 1996, pp. 96-97.


Hoy, música (y humor): Leo Masliah

 


El tema (musical) de los viernes -y a veces sábados- (24)

Hacer ya varias semanas que andaba pensando en hacer un post “musical-pedagógico” (si se me permite la expresión). Para ello utilizaré al conocido como “el malo del Bronx”: al cantante y compositor puertorriqueño Wille Colón y su tema “Celo” –acá, versión en vivo para el/la que le interese-, y luego pasaremos al tema “Ojo con la púa”, del (genial) cantautor uruguayo Leo Masliah.

Ambos (uno desde la seriedad del “lamento pasional” de la letra; y el otro desde el humor y una sutil e inteligentísima denuncia al sistema capitalista –y a “cómo nos deja”-) pueden servir para pensar un poco –como hizo nuestro partido, el PTS, a propósito de una discusión acerca de “el amor en tiempos de restauración”, recuperando parte de la historia de la Revolución rusa de 1917 y la cantidad de discusiones y medidas concretas (de avanzada) que generó en el terreno de los géneros, los derechos de la mujer trabajadora, las concepciones acerca de “la función de la familia”, y un largo etc.- las relaciones humanas que tenemos y/o establecemos hoy.

Salute.

Ojo con la Púa

Era una noche de tantas cuando dio el descanso el pito

Los obreros de la planta se iban todos al garito

A conversar de quehaceres o del precio de las cosas

A chusmear sobre mujeres y cuestiones amorosas

Y cuestiones amorosas

Aunque era cosa frecuente darle a fulano o a mengano

Esta vuelta de repente se les fue un poco la mano

A uno de los compañeros púa y cizaña mediante

Con calidad le dijeron que su mujer tenia amante

Que su mujer tenia amante

Que mientras el se venia infatigable al trabajo

En su casa sucedían cosas de un nivel muy bajo

Que todo lo que su esposa le negaba por decente

Al irse el la morbosa se lo aceptaba al suplente

Se lo aceptaba al suplente

Así sin ningún problema siguieron los comentarios

Tanta insistencia en el tema hizo engranar al otario

Cuando hubieron descansado el ingenuo en su tormento

Fue a pedirle a su encargado para salir un momento

Para salir un momento.

El capataz conmovido por su expresión lastimosa

Dijo que si a su pedido vaya respuesta curiosa

Y el hombre se fue apurado rumbeando para su casa

A comprobar el pecado y a la infiel darle caza

Y a la infiel darle caza

Y cuando el falso carnudo iba llegando a su casa

Se le hizo el garguero un nudo y le ataco la viaraza

Porque viendo a un desgraciado que por su rancho pasaba

Se lo imagino implicado en lo que le preocupaba

En lo que le preocupaba

El obrero enceguecido olvido su amor de otrora

Dijo adiós a la libido y estrangulo a su señora

Esta vez era inocente y pese a un rumor hiriente

Era el decir de la gente una mujer excelente

Una mujer excelente

La culpa de este incidente puede ser atribuida

A personas diferentes según como se lo mida

Puede pensarse primero en tomar por inculpado

A nuestro impulsivo obrero por engranar demasiado

Por engranar demasiado

Puede haber acusaciones a los marotes estrechos

Que por dar falsas versiones fueron causantes del hecho

Finalmente hay quien acusa al que intencionadamente

Restringió a charlas obtusas el interés de la gente

El interés de la gente.

* La letra fue tomada de este buen blog, dedicado a Leo Masliah.