#Poesía: José Luis Díaz-Granados

 

Palabras

 

Yo miro las palabras,

su signo, su estatura,

su forma. Yo las oigo:

me excita su armonía,

su sapiente misterio.

Yo digo las palabras,

las pronuncio, las huelo,

vocalizo sus sílabas:

palabras. Yo adivino

su resplandor perdido,

su melodía inexacta,

su murmullo de ángeles,

su juego demoníaco,

eco de alas atávicas.

Yo canto las palabras

las escribo, las vivo,

las maltrato, las tiño

con afeites inútiles.

Ellas se nombran solas,

se inventan en el sueño,

habitan la obsesión

y peregrinas danzan

por las hojas en blanco

donde descansan ávidas,

esperando unos ojos

que las vuelvan a la vida.

Yo amo las palabras:

uso y abuso de ellas.

Soy su loco, su idólatra,

su marioneta tímida.

En esta estación blanca

me detengo con ellas,

hasta un próximo rito

de duendes liberados.

 

 

Luces de la ciudad

Vivo

entre felicidades y polémicas,

entre catedrales y lagartijas,

intenso entre el deseo sutil

o patético en las madrugadas.

 

Sueño

entre sinfonías y cooperativas,

entre teléfonos y suspiros,

lleno de códigos y cabelleras,

ávido de alas y mandarinas.

 

Trabajo

entre estadísticas y sonrisas,

entre tazas de tinto y metodologías,

sumergido en caricias y máquinas.

 

Canto

entre las tinieblas y los amaneceres,

entre papeles y tragos de ron,

definitivamente recorriendo

mejillas y columnas vertebrales.

 

Y amo

la inminencia de las historietas,

la solidaridad de los aromas,

las autopistas llenas de risas

en las bocas de los centauros.

 

Porque espero

la reforma de los paisajes,

la entronización de la ternura

y la alegría en todos los idiomas.

 

[de Rapsodia del caminante, Bogotá, Proyecto Editorial “Famas y Cronopios”, 1996]

 

 

Artificios

Ocurre que cada día mudamos de entusiasmo,

y al borde de los versos uno olvida

la ropa, los recibos, los mandados,

porque el poema atormenta las horas,

el minuto feliz, ese frágil momento

en que se nos escapa el milagro

o inventamos la magia, y el secreto florece.

 

Entonces la noche se enciende tajante

y esas dulces lucecillas de bengala

regalan esplendor a las más viejas ruinas.

 

[de Silencio y memoria, Bogotá, Editorial Oinopa Pontos, 2006 (Colección El Mar de Oscuro Vino)]

 

José Luis Díaz-Granados, El laberinto. Antología poética, 1968-2008 [con prólogo de Juan Gustavo Cobo Borda], Bogotá, FCE, 2014, pp. 56-57, 58-59 y 136