Sueños y esperanzas (libertarios) condenados

La historia de Sacco y Vanzetti representada en el teatro

Sueños y esperanzas (libertarios) condenados

 

Por Demian Paredes

 

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Más viejo que la injusticia”, suele decirse.

Pues bien: hace más de 90 años, en Estados Unidos, no un hombre, sino dos, eran encarcelados, enjuiciados, condenados y ejecutados. Hombres acusados de crímenes que no cometieron.

Un drama.

Dos trabajadores, de origen italiano, de filiación anarquista.

Sus nombres: Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti.

El drama histórico ocurrió en medio de la continuación de la política de EE.UU. durante la Primera Guerra Mundial (donde toda la clase política, sus instituciones y la prensa capitalista fueron claves para reclutar masivamente a la juventud para enviarla al conflicto bélico interimperialista –por supuesto, con “bajas de guerra”, y con millonarias ganancias para la industria yanqui, como relata el historiador Howard Zinn en su libro La otra historia de los Estados Unidos(1)–), consistente en el mantenimiento de un marco de histeria colectiva, “alarmas” y “peligros”, aplicando duras medidas contra el sindicalismo y los opositores de izquierda –muy activos esos años, contando además con la influencia del triunfo de la Revolución Rusa de 1917–. En ese marco caen falsamente acusados Sacco y Vanzetti.

(El mismo Vanzetti, en un texto que se tituló “Un linchamiento periodístico”, de 1926, recordaría cómo actuaron los medios cuando los apresaron, en 1920: “La prensa capitalista, temerosa de Dios y acatadora de la ley, estaba excitando sádicamente, provocando locamente contra nosotros, y eso se creía a ciencia cierta por una población conmovida hasta el pánico por una serie de robos y de asesinatos, histérica ya contra los ‘rojos’ y los extranjeros, con el instinto de la propia defensa, las morbosidades psicopáticas, los impulsos primitivos, degeneración, miedo, odio, prejuicio, patriotismo, celos; y se estaba haciendo todo eso con un martilleo tan violento y persistente que hubiera echado abajo una montaña. Y todo ello en el segundo día de nuestra detención”(2).)

Los siete años del proceso (1920-1927) generaron protestas y movilizaciones en todo el mundo, y luego una cantidad de materiales: libros, películas (como la “obra-documento”de Giuliano Montaldo, de 1971, y la de Peter Miller, de 2006), música (la “Balada de Sacco y Vanzetti”, de Ennio Morricone interpretada por Joan Baez) y obras de teatro.

En nuestro país, el dramaturgo Mauricio Kartun hizo su propia versión de la historia, estrenada a comienzos de la década de 1990, en un teatro de la calle Corrientes (el Metropolitan), generando, en tiempos de avance del neoliberalismo, insólitas e inesperadas reacciones (sobre esta obra hay interesantes anécdotas relatadas por el mismo Kartun en un reportaje en la revista Ideas de Izquierda nro. 6). La obra se tradujo a varios idiomas, se siguió representando en todo el país durante los ‘90 y los 2000, y hoy está, con la dirección de Mariano Dossena, en el Teatro Nacional Cervantes.

La obra de Kartun destaca núcleos espaciales y temporales, trata momentos particulares: el arresto e interrogatorio a Sacco y Vanzetti, el juicio, los alegatos finales de ellos tras la condena (un momento de clímax, cuando Vanzetti dice: “su nombre, Nicola Sacco, seguirá viviendo en el corazón de la gente cuando sus huesos, señor Katzmann, y los suyos, señor juez, ya estén hechos polvo por el tiempo, y sus nombres y sus leyes y sus tristes instituciones no sean más que un oscuro recuerdo”(3)), y otros momentos más “íntimos”: la humanidad de los condenados con su familia (el hijo de Nicola, el padre y la hermana de Bartolomeo), además de una discusión entre el juez Thayer y el abogado defensor Thompson, acerca de la oposición irreductible que hay entre los opositores al sistema y sus defensores (como “engranajes del sistema”): el juez se asume no sólo como representante, sino como parte integrante (con sus hijos y nietos) de la clase dominante; de ahí la inmisericordia para con los anarquistas. Es una obra fuerte, potente, de intensa denuncia ante la injusticia.

El elenco –bien ajustado a la obra, fiel a los parlamentos– lo componen Fabián Vena, Walter Quiroz, Magela Zanotta, Maia Francia, Ricardo Díaz Mourelle, Jorge D’Elía, Luis Ziembrowski, Cristina Fernández, Daniel Toppino, Gustavo Pardi, Horacio Roca y Agustín Rittano. Con ellos, una pequeña banda de música (cello, guitarra, piano, flauta, acordeón) toca en vivo.

Con entradas a precios accesibles, la obra continúa –de jueves a domingo– hasta mediados de agosto.

 

Notas:

(1) Ver Howard Zinn, La otra historia de los Estados Unidos, México D.F., Siglo XXI, 2010, capítulo “La guerra es la salud del Estado”.

(2) Sacco y Vanzetti, Sus vidas. Sus alegatos. Sus cartas, Montevideo-Buenos Aires, Editorial acción directa, 1972 p. 48.

(3) La obra de Kartun tiene un diálogo, un momento a solas entre el fiscal Katzman y el juez Thayer. Éste le recrimina no contar con pruebas sólidas para condenar a Sacco y a Vanzetti. Katzman le dice: “¿No ha declarado usted siempre que cada una de nuestras acciones debe tener como fin el bien de nuestro país…? Nuestra gente está esperando esta condena. Y usted sabe a quién me refiero cuando digo ‘nuestra gente’. Hay un solo magistrado en todo el país capaz de dar una lección ejemplar a la subversión. Las elecciones están encima. La distribución de cargos en la Suprema Corte también. (Tiempo. THAYER calla.) No los defraude, Thayer. Puede estar tranquilo. Nuestra gente no lo va a defraudar a usted.”


“Necesariamente, algo nuevo saldrá de esto” (‘Marx en el Soho’)

¡No os burléis! Ha pasado antes. Puede pasar otra vez, en una escala mucho mayor. Y cuando pase, los que mandan en la sociedad, todas sus riquezas y ejércitos no podrán evitarlo. Sus siervos rechazarán servir, sus soldados desobedecerán las órdenes.

Sí, el capitalismo ha creado maravillas sin igual en la Historia, los milagros de la tecnología y la ciencia. Pero está preparando su propia muerte. Su voraz apetito por el beneficio – ¡más, más, más! – crea un mundo de caos. Todo lo convierte en mercancías para ser compradas y vendidas: arte, literatura, música, belleza incluso. Transforma al ser humano en mercancía. No sólo al trabajador de la fábrica, sino al médico, al científico, al abogado, al poeta, al artista: todos deben venderse para sobrevivir.

¿Y qué pasará cuando toda esa gente se dé cuenta de que son todos trabajadores, que tienen un enemigo común? Se unirán con otros para realizarse. Y no sólo en su propio país, porque el capitalismo necesita un mercado mundial. Su grito es ¡mercado libre! Porque necesita recorrer libremente todas las partes del globo para generar más beneficio. ¡Más, más, más! Pero haciendo eso, crea, sin darse cuenta, una cultura mundial. La gente cruza las fronteras como nunca antes en la Historia. Las ideas cruzan las fronteras. Necesariamente, algo nuevo saldrá de esto.

 

Howard Zinn, Marx en el Soho (1999)word_document_159730735_canonical_e416596f96


“el primer cuerpo legislativo en la historia que representaba a los pobres” (‘Marx en el Soho’)

¿Conocéis ese magnífico episodio de la historia de la humanidad, la Comuna de París? La historia empieza estúpidamente. Me refiero a Napoleón III.

Sí, el sobrino de Bonaparte.

Era un bufón, un actor en el escenario sonriendo al público mientras dieciséis millones de campesinos franceses vivían en oscuras cabañas sin ventanas, sus niños morían de inanición. Pero como tenía una legislatura, como la gente lo había votado, se creía que había democracia… Un error muy común.

Bonaparte quería gloria, por lo que cometió el error de atacar al ejército de Bismarck. Fue rápidamente derrotado, y a continuación de la victoria germana, las tropas marcharon sobre París y fueron recibidas por algo más devastador que las armas: el silencio. Encontraron las estatuas de París cubiertas con banderas negras.

Una resistencia inmensa, silenciosa e invisible. Hicieron lo más sensato, atravesaron el Arco del Triunfo en formación y se marcharon rápidamente.

Y el viejo orden francés, la República. Liberales, se llamaban ellos mismos. No se atrevieron a ir a París. Temblaban de miedo porque los alemanes se habían ido y París había sido tomada por los trabajadores, las amas de casa, los dependientes, los intelectuales, los ciudadanos armados. La gente de París no formó un gobierno, sino algo más glorioso, algo que los gobiernos de todas partes temen, una comuna, la energía colectiva del pueblo. ¡Era la Comuna de París!

La gente reunida 24 horas al día, por toda la ciudad, en grupos de tres o cuatro, tomando decisiones juntos, mientras la ciudad era rodeada por el ejército francés, amenazando con invadirla en cualquier momento. París se convirtió en la primera ciudad libre del mundo, el primer enclave de libertad en un mundo de tiranía.

Le dije a Bakunin: “¿Quieres saber lo que es la dictadura del proletariado? Mira la Comuna de París. Esa es la verdadera democracia.” No la democracia de Inglaterra o América, donde las elecciones son circos, con la gente votando por uno u otro guardián del viejo orden, donde cualquiera sea el candidato que gane, el rico sigue dirigiendo el país.

La Comuna de París. Vivió sólo unos pocos meses pero fue el primer cuerpo legislativo en la historia que representaba a los pobres. Sus leyes eran para ellos. Abolió sus deudas, pospuso sus alquileres, obligó a las casas de empeño a devolverles sus más preciadas pertenencias. Rechazaron cobrar más que los trabajadores, redujeron las horas que trabajaban los panaderos y planearon cómo dar entrada gratis al teatro a todo el mundo.

El gran Courbet, cuyas pinturas habían asombrado a Europa, presidía la federación de artistas. Ellos volvieron a abrir los museos y montaron una comisión para la educación de las mujeres, algo inaudito hasta entonces. Se aprovecharon de los últimos adelantos en ciencia, el globo aerostático, y elevaron uno sobre París para sobrevolar la zona rural, lanzando panfletos para los campesinos, con un simple y poderoso mensaje. El mensaje que debería ser transmitido a todos los trabajadores del mundo: “Nuestros intereses son los mismos.”

La Comuna declaró el objetivo de la escuela: enseñar a los niños a amar y respetar al prójimo. He leído vuestras interminables discusiones sobre educación.

¡No tienen sentido! Enseñan todo lo necesario para triunfar en el mundo capitalista.

¿Pero enseñan a los jóvenes a luchar por la justicia?

Los comuneros entendieron la importancia de esto. No educaban sólo con palabras sino también con actos. Destruyeron la guillotina, ese instrumento de la tiranía, incluso de la tiranía revolucionaria. Entonces, llevando pañuelos rojos, portando una pancarta roja enorme, los edificios engalanados con telas de seda roja, se congregaron alrededor de la Columna Vendôme, símbolo del poder militar, una enorme estatua con la cabeza de Napoleón Bonaparte en lo alto. Ataron un cabo a la cabeza, giraron un cabestrante y la cabeza se estrelló contra el suelo. La gente se subió sobre las ruinas. Una bandera roja ahora ondea sobre el pedestal. Se convirtió en el pedestal no de un país, sino de la raza humana entera, y hombres y mujeres mirando, llorando de alegría.

Sí, esa fue la Comuna de París. Las calles estaban siempre llenas, con discusiones por todas partes. La gente compartía cosas. Parecían sonreír más a menudo. La amabilidad reinaba. Las calles eran seguras, sin policía de ningún tipo.

¡Sí, eso era socialismo!

Howard Zinn, Marx en el Soho (1999)

 

* Ver también Entrevista a Carlos Weber, actor de Marx en el Soho: “Marx ha vuelto”; y Reportaje a Carlos Weber, protagonista de Marx en el Soho, de Howard Zinn


Reportaje al actor Carlos Weber, protagonista de la obra ‘Marx en el Soho’, de Howard Zinn

En el teatro argentino, Marx (y su “pasión por cambiar el mundo”) ha vuelto

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…que no le hicieran caso a esos idiotas que repiten “Marx está muerto”…
Bueno… sí, lo estoy. Y eso es dialéctica para ustedes, seguramente. ¿Nunca se han preguntado por qué durante 130 años han necesitado declararme muerto una y otra vez? ¡Claro! ¡Tengo reputación de problemático! ¡La tengo! Pero la protesta funciona; ¡claro que funciona! Allá [en el cielo] me dijeron: “Bueno, puede volver”… ¡Marx ha vuelto!
Demian Paredes: Estábamos escuchando un fragmento de la obra teatral Marx en el Soho, de Howard Zinn, y ahora está en comunicación con nosotros el actor Carlos Weber. ¡Hola Carlos!
Carlos Weber: Hola, cómo están… Buenos días.
Estoy sorprendido… ¡No sabía que iba a escuchar mi propia voz por la radio, de la grabación de la función!
DP: Sí… Fue un pequeño fragmento para la audiencia.
Carlos, una primera pregunta, para ir al grano… Una primera cuestión que nos interesa saber: ¿Cómo surgió el volver a hacer esta obra que es original de 1999? ¿Fue una idea tuya, fue del director Manuel Callau o de alguna “tercera persona” que la propuso?
CW: Mirá, Manolo Callau estuvo en Madrid trabajando, a comienzos del 2000, y allí otro director argentino le facilitó el material. Esta obra la habían recibido hacía poco tiempo en Madrid, y se la dio a Manolo con la idea de que Manolo la interpretara.
Bueno, Manolo hizo su gira por allá, y cuando volvió a la Argentina pasaron varios años, él encarpetó ese proyecto, y yo en el 2007 –antes ya: en el 2006– tenía ganas de hacer algo nuevo… hacía muchos años que no hacía ninguna performance, algo unipersonal, y charlando con él me dice “Mirá, yo tengo un material. Leelo, si te gusta lo hacemos enseguida”, porque él tenía que volver España… Así que lo ensayamos… Y entonces, en los comienzos del 2007 se estrenó en el ámbito de la CTA, en una sede de los trabajadores del Estado: en ATE. Y luego hicimos funciones en provincias, hicimos funciones privadas…
DP: Durante varios años
CW: Sí. Una cantidad de funciones hasta el 2009, cuando la pudimos hacer en una sala en Boedo…
DP: Sí, yo estuve ahí… la vi.
CW: …en [el teatro] “Pan y Arte”. Y después, bueno: la obra tuvo carencia de salas. Vos sabés que Buenos Aires tiene la maravilla de tener muchos espectáculos, pero eso hace que las salas escaseen… y entonces se fueron haciendo funciones donde se pudo; en giras en distintas ciudades; en ámbitos privados; en centros culturales… y este año se volvió a dar otra oportunidad de tener una sala acorde, y por eso “estamos en el aire” otra vez.
Mirta Pacheco: Hola Carlos, qué tal… Yo leía cuando hicieron la puesta que comentabas, de 2009, unas declaraciones de Manuel, el director. Y les quiero leer de él una frase cortita, que me pareció muy buena: “Pretendemos con este trabajo un encuentro con un ser humano que dedicó su vida a crear una herramienta que le permita al hombre construir una sociedad más justa. Tal vez nos sirva para intercambiar opiniones frente a la tarea que seguramente tenemos por delante”.
Ahora, yo te quería preguntar Carlos, ¿por qué esta obra?, ¿por qué Howard Zinn, y en particular esta obra de Howard Zinn?
CW: ¿Por qué esta obra? Porque Howard Zinn es un hombre… lamentablemente falleció hace unos años…
DP: Sí, en 2010…
CW: …fue un hombre extraordinario; un hombre que descubrió el marxismo y el anarquismo trabajando en los muelles de Brooklyn. Él es un hombre que viene “de abajo”, de un trabajo muy duro. Luego participó en la Segunda Guerra Mundial como artillero en bombarderos, en estas fortalezas volantes que masacraban a los pueblos…
Conoció el horror desde adentro, en los muelles, y en el fragor de la guerra. Y claro: él tuvo una ideología humanista toda su vida. Y luego se hizo universitario: él fue un profesor de historia, un profesor de la Universidad de Boston. Es materia obligada la historia revisionista de Howard Zinn en los Estados Unidos: fue el primero que denunció algo muy similar a lo que aquí hizo [Julio Argentino] Roca: el exterminio de los aborígenes en los Estados Unidos. Él hizo un libro famoso que se llama La otra historia de los Estados Unidos. Y luego muchas otras aproximaciones, ensayos sobre la realidad de Estados Unidos y el capitalismo.
Y bueno: entonces él encontró la necesidad, tuvo la necesidad de traer a Marx a la tierra, para que Marx –como dice la obra– “limpie su nombre”, aclare lo que se ha tergiversado de él, porque lo han convertido durante muchos años en un monstruo. Y naturalmente, nosotros sabemos por qué lo convierten en un monstruo: porque el hombre [Marx] hizo el único análisis exhaustivo sobre la realidad del capitalismo, y eso es una herramienta muy peligrosa. Entonces había que destruirlo. Y para destruirlo mejor y más rápidamente hay que demonizarlo.
Eso es lo que hicieron: tuvieron la ayuda de otros dictadores, por supuesto…
DP: Carlos, teniendo en cuenta que esta obra ya se había puesto sobre tablas en 2009 en Boedo, y ahora esta nuevamente, en el Teatro SHA, la pregunta es: ¿por qué tanto éxito?, ¿por qué tanta gente va a ver a Karl Marx después de tantos años?
CW: Es una pregunta que tiene la respuesta en cada análisis de la realidad que la gente hace, porque a pesar de que han querido demonizarlo al pensamiento de Marx, no se puede negar que el análisis que hace es correcto, y que lamentablemente las cosas no han cambiado. Entonces la gente tiene ahora el único espectáculo que hay en Buenos Aires, al que se podría denominar como en otros años “teatro político”, que es éste. No hay ninguna otra expresión en este momento en Buenos Aires donde se esté hablando de lo que pasa en el mundo, de lo que ha hecho el capitalismo con todos los seres humanos.
Además tiene la ventaja este espectáculo de que Howard Zinn tuvo realmente una idea genial; esta peripecia que hace Howard Zinn es extraordinaria; por qué: porque nos muestra a un Marx real: un Marx que vivía con su familia en el Soho de Londres en la más absoluta miseria, luchando contra las adversidades de la época, las adversidades que le presentaba el medio, porque ¿sabemos cómo vivía Marx? Marx vivía de los artículos que enviaba a los Estados Unidos.
DP: Así es: de su trabajo periodístico.
CW: Trabajo periodístico; y entonces, de pronto, “se cortaba” ese flujo y se quedaba sin dinero. Y entonces Engels corría a ayudarlo.
DP: Engels: compañero de ideas, de lucha y amigo.
CW: Así es. Un hombre que afortunadamente nació en un lugar de ricos porque su padre tenía fábrica, y entonces él podía disponer de cierto dinero, y de esta manera ayudaba a la causa, al socialismo en Europa.
Yo creo que el éxito [de la obra] se debe a que se presenta a un Marx real, a un Marx histórico –porque yo lo he estudiado mucho–: Marx tenía un humor zumbón, extraordinario, hablaba nueve idiomas, cantaba todo el día, era un gran contador de historias, los chicos lo adoraban (donde había niños se quedaban encantados con Marx). Era un hombre sencillo, digamos –yo diría– un paisano inteligente. Eso era Marx. ¡Nada que ver con lo que nos han querido pintar de él, por supuesto!
Y esto está en el escenario. De alguna manera. Y su amor por su mujer, que era una luchadora extraordinaria. Por su hijas. Y todo eso hace ver a un hombre que está viviendo una pasión por su familia, una pasión por sus amigos, y una pasión por cambiar el mundo.
Esto al mismo tiempo en un Londres en el que estaba organizándose de una manera salvaje el capitalismo industrial.
DP: Además, en el Soho es cuando Marx pierde –¡nada menos!– que a tres hijos…
CW: Así es. Pierde a tres hijos y a su mujer.
MP: A Jenny.
DP: Para mí en la obra queda claro, como vos bien expresás, que es una obra intensa, y que parte de la propia trayectoria vital, de la vida de Marx, y desde ahí se va “mechando” su accionar político, su pasión por la ciencia, por descubrir los mecanismos del capitalismo, y también por enfrentarse y luchar contra él.
CW: Algo muy importante que queda claro en la obra es su antidogmatismo: Marx nunca fue un dogmático, por eso dice “yo no soy marxista”.
Queda muy claro el ecumenismo que podría haber desarrollado Marx. Si Marx viviera actualmente, nosotros podríamos proyectar, como un dialéctico que era, ¡que ahora el tipo estaría discutiendo con todos! Por eso dice en la obra “yo lo conozco a Jesús”…
Eso está claro, y ahora lo tenemos más claro que nunca, que la doctrina de Jesús, que la doctrina del marxismo de Marx, de la idea de socialismo, no son incompatibles. Él es el adalid de esta fusión.
DP: Para mí es toda una ironía el comienzo [de la obra], cuando Marx aparece, enojado, diciendo que tuvo “problemas burocráticos” en el cielo, en lo que es una alusión directa al proceso de la Unión Soviética, de degeneración de aquella revolución que dirigieron Lenin y Trotsky, ¿no?
CW: Sí, sí. Así es.
DP: Ahora, en relación al presente, porque vos decís “qué diría hoy, qué haría hoy Marx si estuviera acá”, nosotros hace un rato comentábamos con el equipo acá de la radio que hace dos días salió una nota en el diario español El País, titulada “La segunda juventud de Marx”, donde –no casualmente– comenta la crisis económica actual, comenta las movilizaciones, la situación de la juventud protestando, los indignados, etc., y también plantea que, “a ambos lados del Atlántico” la obra Marx en el Soho viene teniendo numerosas, decenas de funciones. No menciona justo “la nuestra” pero está claro que al decir “en Europa y en América”…
CW: Es que se da en todo el mundo. Hace poco estuvo acá en Argentina, en la ciudad de La Plata, un actor peruano –antes había estado un actor cubano– que viene haciéndolo hace muchos años a Marx en el Soho, en Centroamérica y en América del norte también… se está dando en todo el mundo: esta obra es una obra que es, naturalmente, ¡necesaria!
En Argentina somos los únicos que la estamos haciendo. Pero lo que está pasando con Marx en el mundo es extraordinario: ha vuelto a las universidades, como libro de consulta permanente en todas partes, ha vuelto a los diarios, como vos bien lo estás mencionando… ha vuelto al debate. Todo el mundo está diciendo algo respecto al análisis de Marx sobre la realidad del capitalismo; que esto lo predijo –la dialéctica de Marx–; Marx dijo que el capitalismo estaba cavando su propia tumba. Y esto es lo que está ocurriendo. No sabemos cuántos años más va a tardar en cavarla, ni qué vendrá luego, no lo sabemos; pero sabemos que esto que está pasando ahora no es una “crisis de bancos”; no es una “crisis financiera”: es una crisis terminal del capitalismo.
DP: Además, una cosa que me gustaría destacar para la audiencia es cómo la han aggionardo a la obra: así como Howard Zinn en 1999 plantea cómo Marx ve la situación en los Estados Unidos ustedes –recuerdo particularmente la función del 2009– también lo han hecho y ponían a Marx leyendo la crisis económica de los Estados Unidos, y entonces Marx leía un fragmento de un diario y lo asombraba que lo dieran por muerto (y a sus ideas, y a sus denuncias al capitalismo) y entonces tu personaje grita exaltado “¡Pero acá hay gente durmiendo en las calles, en carpas, en los automóviles!”.
CW: Exactamente. Porque en esos momentos, cuando estrenamos la obra en Boedo, había ocurrido esta explosión de la “burbuja inmobiliaria” en los Estados Unidos, y se habían producido verdaderas “ciudades-carpa”… La gente vivía en carpas: cientos de miles de personas en Estados Unidos. Y eso para nosotros es lo que tenía que ver Marx caminando por las ciudades.
¿Ahora qué es lo que ve acá? Algo que todo el mundo reconoce, que es la gente durmiendo en las calles. Todo el tiempo. Cada vez vive más gente en las calles; en todas las ciudades, y en Buenos Aires es la mayor [cantidad]. Es alucinante…
MP: Bueno, en relación a lo que vos decís sobre Marx y la vigencia de sus ideas, no por casualidad se volvieron a editar el Manifiesto Comunista, el Capital
CW: Permanentemente hay reediciones. Permanentemente…
MP: Yo quería resaltar algo. Fui el sábado pasado y me gustó muchísimo, tu interpretación, Carlos, y quería una de las partes cuando Marx, tu personaje, se refiere a la Comuna [de París], exaltadísimo, con una pasión bárbara, a la rebelión de los esclavos insurrectos tomando el poder, aunque fue una experiencia que duró poco; incluso cómo relatás por qué peleaba esa comuna…
Por ejemplo: que los funcionarios ganen lo mismo que un trabajador… Cosa que uno ve hoy, cómo es la casta política, cómo viven y cuán alejados están del común de la gente, del trabajador…
CW: Absolutamente. Marx recuerda el episodio de la Comuna de París porque realmente fue un estallido popular, social, interesantísimo; un experimento muy interesante donde confluyeron allí, en la Comuna, distintos pensamientos; muchos de ellos encontrados también, no vayan a creer que todo era “un orden”… no.
MP: Y no: ¡fue una revolución!…
CW: La Comuna de París tenía entre sus miembros dirigentes muchos enfrentamientos, muchas distintas visiones acerca de cómo tenía que avanzar ese proceso; pero lo que está claro es que por primera vez el pueblo pudo tener sus propias leyes; eso es algo impensado en aquellos tiempos –imaginémonos lo que fue–. Ahora sigue siendo impensado que nosotros tengamos nuestras propias leyes: miremos lo que pasa con la educación en la Argentina, que están “recortando” todo; lo que pasa con la salud; lo que pasa con los transportes; lo que está pasando con la tercerización del trabajo…
DP: Es una vida muy precaria…
CW: Sí. Si nosotros pudiéramos tener nuestras propias leyes esto no pasaría…
Por eso Marx está tan exaltado recordando aquel episodio, y él dice que “había mucho del socialismo que yo soñé” en aquella revolución… cosa que no pasó lamentablemente en los años posteriores… Al menos se toma el trabajo Marx de criticar a Stalin, porque realmente lo que pasó en la Unión Soviética con el stalinismo fue absolutamente un desastre.
DP: Así es: todo lo contrario a lo que Marx planteaba y nos plantea hoy en el presente…
Carlos, te agradecemos la comunicación telefónica, y desde ya que te esperamos el próximo sábado o el otro en el piso de la radio…
CW: Y yo los espero en el teatro; esta noche…
MP: …recordanos dónde se está dando la obra, en qué teatro, qué días…
CW: Estamos en el auditorio del “Teatro SHA”, en la calle Sarmiento 2255, los viernes y los sábados a las 21 horas.
MP: Bueno, muchas gracias Carlos por la comunicación, por esta charla tan amena que hemos tenido, e interesante.
CW: Chau, gracias a todos, saludos; y espero poder estar pronto allí con ustedes para saludarlos personalmente.

Acerca de la obra ‘Marx en el Soho’

* A modo de aviso: esta breve reseña fue publicada en 2009 en La Verdad Obrera, y la republico porque mañana estaremos en el programa radial Pateando el Tablero entrevistando a Carlos Weber, protagonista de este “unipersonal” de Howard Zinn, que está nuevamente sobre tablas.

 

ACERCA DE LA OBRA DE MARX EN EL SOHO

La plena vigencia de un retorno

Fecha: Jueves 25 de junio de 2009

Por: Demian Paredes

 

“Pretendemos con este trabajo un encuentro con un ser humano que dedico su vida a crear una herramienta que le permita al hombre construir una sociedad más justa.
Tal vez nos sirva para intercambiar opiniones frente a la tarea que seguramente tenemos por delante”
Manuel Callau, director de la obra

 

Aún quedan dos funciones –hasta nuevo aviso- para ver la obra Marx en el Soho, escrita por el historiador y ensayista norteamericano Howard Zinn. En el teatro Pan y Arte del barrio de Boedo (Boedo 878), Carlos Weber (bajo la dirección de Manuel Callau), encarna a Karl Marx, que regresa del “cielo” (tras una fuerte protesta contra la burocracia que lo administra) a la Tierra, para hablar –poco más de una hora- con el público presente.

Producto de un “error burocrático” Marx regresa al Soho; pero no al inglés que compartió varios años junto a su familia, sino al Soho de Nueva York. No obstante esto, la miseria de esta “gran ciudad” (repleta de pobres y mendigos) sirve como ejemplo de que todas las voces que dieron por “muerto” y “fracasado” su proyecto de construir la sociedad socialista y comunista están equivocadas. Aggiornado a los últimos acontecimientos, Marx lee la crisis mundial que comenzó en los Estados Unidos bajo el mandato de Bush, y continúa en el de Obama, como un gran fraude donde billones de dólares del sistema estatal van al rescate de las empresas privadas y grandes bancos (como así de los “superdirigentes” de las compañías y sus “inútiles jerarcas”) en desmedro de los intereses del resto de la sociedad. ¡El robo de la riqueza producida, gracias a la propiedad privada de los medios de producción y el rol de los gobiernos y el Estado, es fuertemente denunciado por el mismo Marx 150 años después!
Todo un momento está dedicado a diferenciar sus postulados de la experiencia de la URSS: Marx nos dice que la perspectiva del socialismo y el comunismo está totalmente opuesta a quienes, en su nombre, fueron capaces de asesinar a sus propios compañeros de militancia por “diferencias”; Marx denuncia a Stalin como un usurpador burocrático que degeneró toda la experiencia del Estado obrero ruso.

En un vigoroso diálogo que combina sus principales postulados teóricos y políticos (la denuncia al sistema como generador de una riqueza inmensa en el plano social, pero que se acumula en sólo un pequeño sector de dueños y propietarios; la necesidad de que los trabajadores de todo el mundo se unan; pensar la sociedad socialista como una “dictadura del proletariado” donde todos los trabajadores “ejerzan su propio gobierno”, entre otros), con sus vivencias de militancia (las discusiones con Bakunin, la experiencia de la Comuna de París de 1871) y sus vicisitudes personales (la pobreza que sufrió –y la ayuda de su camarada y amigo Engels-, la muerte de tres hijos, la relación con su esposa Jenny, etc.), Karl Marx “se pinta a sí mismo” (incluyendo toques de humor e ironía), en toda su integridad: como un ser humano que hizo lo más subversivo que se puede hacer en la vida: decir la verdad. Esta es una obra sumamente recomendable, que con un diálogo sencillo y directo, replantea las principales denuncias y perspectivas contra el sistema capitalista, en pos de que todos los explotados (que incluye además de la clase trabajadora a intelectuales y artistas: todos transformados en mercancías) se unan para cambiar esta sociedad de pura miseria.


Howard Zinn (1924). Historiador y ensayista, es reconocido por su libro La otra historia de los Estados Unidos (A People’s History of the United States). Como dramaturgo, se interesó en el teatro desde la década del ’60. Su obra sobre la anarquista estadounidense Emma Goldman, llamada Emma, representada en EE.UU., Inglaterra y Japón. Este año se estrenó la primer versión en español en Bilbao (España)1 . Su Marx en el Soho lo comenzó a escribir en 1989 y se estrenó en 1995 en el Church Street Theater de Washington, D.C. (luego se representó en el Carleton Collage, en la Universidad Estatal de Mankato, en Minnesota y en el Broadway Arts Center de Asheville, Carolina del Norte. También se leyó en la Universidad de Boston, Massachussets). Desde esa fecha ha recorrido varios países, entre los que se encuentran los últimos años Cuba2 , Costa Rica3 , Venezuela, Perú y Argentina. 
En nuestro país, la versión de Callau y Weber se representó en La Plata, en el Auditorio de Bellas Artes y en ATE Capital en 2007; en el Teatro Municipal de Morón en 2008; y en varios lugares este año.


Manuel Callau. debuta en teatro con El Oso y Pedido de Mano de Antón Chejov en 1969. Participa como actor en más de 50 obras. Trabajo con muchísimos directores: entre otros Raúl Serrano, Rubens Correa, Francisco Javier, Jaime Kogan, David Amitin, Javier Margulis, Omar Grasso, Laura Yussem, Héctor Tealdi, Rubén Schumacher, Ferran Madico, Villanueva Cosse.

Debuta en cine con El agujero en la pared y filma más de 20 películas. En TV participa en: Hombres de Ley, La Fiesta, De Poeta y de Loco, Alta Comedia, Amigos son los amigos, Tiempo final y Gasoleros, entre otros.

Su versión de Marx en el Soho fue estrenada este año el 1º de mayo; de ella dice el director: “Un viaje inesperado y fantástico de Karl Marx a nuestros días nos hace recorrer con humor chispeante, agudo e inteligente, momentos que nos permiten echar luz sobre su vida familiar y su magnífico legado, que tal vez nos ayuden a comprender mejor lo que hoy ocurre en el mundo. (…) observando el fracaso del neoliberalismo para proyectar y consolidar una sociedad que le permita al hombre ser y vivir mejor, entendemos oportuno echar una mirada sobre este Karl Marx que nos propone Howard Zinn, tan humano, contradictorio, con mucho sentido del humor y alejado de todo dogmatismo. En momentos en que la pobreza aparece como inevitable y hasta necesaria ó se habla en términos estadísticos, de desocupación, hambre, violencia”4 .

Carlos Weber. Egresado de la Escuela Superior de Teatro de La Plata. Discípulo de Raúl Serrano, con quien se formó en actuación, dirección y pedagogía teatral.
Docente fundador de la Escuela de Teatro de Buenos Aires (que dirige el mismo Serrano), fue profesor de la cátedra de Dirección de la “Escuela Superior de Arte Dramático, Antonio Cunil Cabanellas” (ex Conservatorio Nacional) del IUNA.

Como actor participó más de cincuenta espectáculos, entre ellos Los siete locos de Roberto Arlt, Muerte accidental de un anarquista de Darío Fó, Vestir al desnudo de Luigi Pirandello, Penas sin importancia de Griselda Gambaro y Un guapo del novecientos de Echelbaun, entre otros.

Ha puesto en escena 10 obras, actuado en 12 films y en numerosos programas de TV.

NOTAS

1 – Ver “Ramón Barea estrena en Bilbao la primera versión en español de ‘Emma’” (en www.telecinco.es/informativos/cultura/noticia/851980/851980; y www.emmadehowardzinn.blogspot.com).

2 – Allí Zinn estuvo dos veces en el año 2004, felicitando al actor Michaelis Cué Pérez.
3 – En el Festival Internacional de las Artes (2006), Cuba presentó el unipersonal de Pérez www.laventana.casa.cult.cu/modules.php?name=News&file=article&sid=3113 
4 – www.gacemail.com.ar/Detalle.asp?NotaID=12837


Video: ‘Marx en el Soho’, interpretado por Carlos Weber, con dirección de Manuel Callau

Publicado el 26/04/2013

“Marx en el Soho” es un unipersonal que invita a debatir ideas con humor e ironía. Nos lleva a pensar también en quiénes somos y en quiénes queremos ser y a hacernos cargo de ello”.


La segunda juventud de Marx (El País)

VIDA & ARTES »

La segunda juventud de Marx

El marxismo, desterrado tras el derrumbe soviético, revive en algunos círculos académicos y culturales

En el 15-M los referentes van desde Hessel a Mafalda

 27 JUN 2013 – 21:22 CET

El libro más vendido de la historia es la Biblia. El segundo es el Manifiesto comunista, de Karl Marx, una obra que ha visto resurgir sus ventas en los últimos años. Lo mismo sucede con El Capital, otra obra del filósofo alemán que vende cientos de miles de ejemplares en todo el mundo en versiones que sorprenderían sobremanera a su autor. En España, acaba de llegar a las librerías una edición de El Capital en versión manga (Herder), traducción de un volumen japonés del que se han vendido la friolera de 120.000 ejemplares. Se trata de una adaptación libre en la que se ha inspirado el director chino de teatro He Nian para convertirlo en un musical.

Reaparecen, además, obras centradas en analizar la figura del pensador, como la biografía Karl Marx: A Nineteeth-Century Life, que acaba de publicar el profesor de la Universidad de Missouri Johathan Sperber. Y a ambos lados del Atlántico asistimos a representaciones de Marx en el Soho, del estadounidense Howard Zinn, una obra en la que el filósofo es enviado por error al SoHo neoyorquino de finales de los noventa en lugar de al Londres de la revolución industrial. El actor Brian Jones ha llevado esta obra durante los últimos años a decenas de salas universitarias (en abril la representó en el Massachusetts College of Liberal Arts) en EE UU y en Madrid se estrenó recientemente la versión adaptada Marx en Lavapiés.

La imagen y el pensamiento del pensador alemán, casi desterrados de los círculos políticos, académicos y culturales tras la caída soviética, resurge en un momento en el que una severa crisis promueve la búsqueda de respuestas alternativas al capitalismo convencional. Sin embargo, cuando de lo que hablamos es de grandes movimientos sociales como el 15-M o los Indignados, Marx comparte cartel con una ecléctica lista de referentes filosóficos y morales, que abarcan desde los documentales de Michael Moore hasta la película Inside Job, pasando por las obras de autores como Stéphane Hessel y José Luis Sampedro, el creador de cómics Ivà (Historias de la puta mili) o personajes como Mafalda.

En lo académico, hay autores que llegaron al marxismo en los sesenta y setenta y siguen considerándolo una herramienta válida para interpretar la realidad. Entre ellos figura Juan Ramón Capella, catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad de Barcelona, que sostiene que “el marxismo resulta clave para entender el presente”. Una tesis similar a la del historiador Carlos Martínez-Shaw o el filósofo francés Jacques Rancière. Otros han descubierto a Marx tras una larga trayectoria en la otra orilla. El economista grecoaustraliano Yanis Varoufakis, profesor en la Universidad de Texas tras ser asesor de George Papandreu cuando este gobernaba, declaró recientemente: “La única forma en que he podido hacerme inteligible el mundo es a través de los ojos metodológicos de Marx. Hecho que basta para hacer de mí un teórico marxista”. En una línea similar estaría el filósofo italiano Gianni Vattimo, que llega al marxismo desde el cristianismo y Heidegger.

En los antípodas se sitúan autores como Miquel Porta Perales, autor del libro La tentación liberal, quien sostiene que “el marxismo, como teoría de interpretación y transformación del mundo, entró en crisis hace décadas: el materialismo dialéctico es una entelequia; el materialismo histórico, una manera más de aproximarse a la historia; la lucha de clases, una pugna que busca más trabajo y mayor salario; el proletariado, un ente que desea integrarse en una prosperity capitalista hoy en crisis; la democracia real, una forma de despotismo; la sociedad sin clases, el paradigma de la sociedad cerrada”. Pese a su dura diatriba, Porta Perales reconoce que el marxismo retorna “porque ofrece certeza antiliberal y confort radical: la certeza que permite confirmar ¡por fin! la verdad última del capitalismo explotador; el confort que se obtiene al proponer ¡por fin! una alternativa al sistema”.

El economista Joaquín Trigo, del Instituto de Estudios Económicos, que en su juventud se sintió atraído por el marxismo, sostiene hoy que carece de vigencia y que Marx “nunca estuvo en una fábrica”, así que sus análisis ni sirven ahora, ni servían antes.

Joana García Grenzner, feminista vinculada a los Indignados, sostiene que el marxismo sí sirve para cubrir un vacío a la hora de analizar la realidad social y económica. Grenzner toma a Marx como una de sus referencias a pesar de que apenas trató dos de los asuntos centrales para ella: el feminismo y el ecologismo. La activista insiste en que sus opiniones son solo suyas y no representan a ningún movimiento. Una precisión que también hacen varios adheridos al 15-M en Barcelona, que para pronunciarse sobre este asunto tuvieron que celebrar una asamblea para recoger opiniones, todas “individuales”.

Según estos activistas, su acercamiento al marxismo es indirecto. “Tenemos en común la crítica al capitalismo”, dicen Paco y Pepe. Cuando repasan los autores que les han influido citan a Sampedro, Hessel, Chomsky, Orwell, Huxley y Kropotkin. Un miembro de la asamblea cita también a Marx y Trotsky. Paco destaca la fuerte influencia para él de las historias antimilitaristas de Ivà, las tiras de Mafalda o un libro como La economía no existe (Los libros del lince), del periodista Antonio Baños. Varios de los participantes en el debate señalaron que sus principales fuentes de inspiración son la calle, los movimientos sindicales y vecinales, la plataforma antidesahucios y las redes sociales, además de las llamadas “primaveras árabes”. “Bebemos más de los autores underground que de los clásicos”, “los clásicos son muy duros”, dice Pepe.

La dificultad que algunos de estos textos suponen para parte del público fue algo que tuvo en cuenta la editorial Nórdica Libros a la hora de publicar el Manifiesto Comunista en versión ilustrada, uno de los libros más vendidos en la feria del libro de Madrid de 2012. Según su editor, Diego Moreno, “uno de los motivos por los que publicamos el libro es la vigencia de muchos de sus apartados, pero también queríamos hacer una edición que llegase a un público amplio. Se trata de uno de los clásicos del pensamiento occidental. Queríamos alejarnos de los prejuicios que sienten muchos”. Su colega, Raimund Herder, afirma: “Hemos editado libros como Comunismo Hermenéutico de Gianni Vattimo y Santiago Zabala o la versión manga de El Capital porque, 23 años después del fracaso soviético, tenemos que reconocer que su oponente, el liberalismo, también ha fracasado, con consecuencias fatales para la sociedad, la democracia, la ecología”. “Vattimo no propone volver al comunismo o un marxismo metafísico, señala, sino recuperar sus ideas aún vigentes”.

El aparente reverdecer de Marx ha sido reseñado por autores como Stuart Jeffries, columnista del diario británico The Guardian, que tituló uno de sus recientes artículos casi con una declaración: Por qué el marxismo renace de Nuevo. El escritor Jonathan Sperber se preguntaba en sus mismas páginas: ¿Es Marx aún relevante? Y la respuesta era afirmativa, con mención especial de su valía para entender las crisis recurrentes del capitalismo.

Según el catedrático Juan Ramón Capella, “los instrumentos de análisis de Marx, en general, siguen siendo válidos”. En particular, para explicar “tres fenómenos: las crisis cíclicas del capitalismo, la concentración del poder económico y la contrarrevolución política, consecuencia de la caída del beneficio capitalista”. El profesor considera que no hay que tomar a Marx como un dogma: “Él conoció la primera revolución industrial y nosotros estamos en la tercera”. Además, “era un convencido del progreso técnico y no vio algunos de los peligros del desarrollismo. Por ejemplo, no comprendió la elasticidad indefinida de las necesidades humanas”. Pero la idea que expresa el lema “socialismo o barbarie” sigue siendo válida, opina. “La barbarie es una sociedad sin reglamentar, a merced solo del mercado”, señala, para concluir: “Hay quien defiende el ultraliberalismo con el argumento de que el Estado no entiende de economía. Bueno, el mercado tampoco”.

Que Marx permite formular respuestas a los retos actuales es algo que sostienen también el catedrático Carlos Martínez-Shaw, el economista Carlos Berzosa, el filósofo Manuel Cruz o el dirigente del PCE José Luis Centella, entre otros. Según Berzosa, “Marx nunca ha perdido vigencia, aunque sí ha habido intentos de anularlo, de relegarlo a la historia”. Tras el hundimiento del socialismo real, señala, “se le atacó con el argumento de que había perdido vigencia, pero hoy podemos ver la importancia de sus análisis”. Berzosa, como Capella, no pretende que Marx acertara en todo. “Hay que leer a Marx de forma abierta, porque él no tuvo en cuenta aspectos como la ecología o la lucha de género”. En un sentido similar se expresa Centella. “Marx no es un catecismo ni una máquina de dar respuestas, pero nos permite entender que la crisis no es cosa de unos golfos, sino que está vinculada a la estructura económica del capitalismo”.

Manuel Cruz, profesor de Filosofía en la Universidad de Barcelona, reflexiona: “La crisis del marxismo suele presentarse como algo evidente, a partir del fracaso del denominado socialismo real. Pero el marxismo no es solo eso. No caben descalificaciones genéricas: quienes cuestionen la cientificidad de los análisis marxianos vienen obligados a demostrar científicamente su falsedad o sus errores”. En su opinión, “el elemento que proporciona sentido y coherencia al marxismo es el impulso moral por acabar con la injusticia. Por eso no tiene derecho a reclamarse del marxismo ni el marxista de salón ni el oscuro burócrata del aparato de partido, sino quien, desde el conocimiento y la voluntad de transformar, posee también la sensibilidad que le hace vivir como intolerable el sufrimiento humano provocado por un orden social injusto”.

Para Albert Recio, profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Barcelona, “Marx no solo no ha caducado, es un gran clásico y está ganando vigencia y aceptación social debido a la crisis”. Sus ideas valen especialmente para explicar “los conflictos de clase, la crítica al capitalismo y el empleo del ejército industrial de reserva”, expresión que Marx emplea para referirse a los parados. En El capital, no deja de anotar la relación directa entre el salario y el número de personas en paro. En cambio, dice Recio, “Marx no vio la importancia de las estructuras nacionales, un asunto que llevó a la segunda generación de marxistas [Lenin y Rosa Luxemburgo, sobre todo] a abrir el debate sobre el imperialismo”. Tampoco pudo atisbar “la cuestión ecológica por su visión del progreso tecnológico ni la importancia real de las relaciones de género, pese a que Engels sí hizo algunas aproximaciones”. Donde el marxismo sigue en franco retroceso, apunta Recio, es en la Academia “dominada por el pensamiento neoliberal, que ha emprendido una fuerte ofensiva contra las visiones críticas hacia el capitalismo”.

Joan Coscubiela, diputado por ICV, y Fernando Lezcano, portavoz de CC OO, recurren al pensador italiano Antonio Gramsci para referirse a la “hegemonía” de las ideas liberales. Según Coscubiela, “la ofensiva de la derecha en los ochenta colocó al marxismo a la defensiva”. “La sociedad vio cómo todo se convertía en producto a merced del mercado. Hasta la educación o la sanidad”. Lo peor, asegura, es que aquella gran ofensiva ideológica hizo mella en “cierta izquierda”. Cree Coscubiela que un momento culminante de la rendición ideológica de la izquierda se aprecia en la renuncia del PSOE al marxismo, a propuesta de Felipe González: “Es el gran triunfo de una derecha que obliga a la izquierda a renunciar a su ideología”. Lezcano lo resume así: “La derecha consigue hacer creer a la mayoría de la población que sus valores son los valores de toda la sociedad. Que No caben otros”.