Eduardo Grüner: su “balance” de 2012

Leemos en el sitio de la Agencia Paco Urondo un texto de Eduardo Grüner, sociólogo, ensayista, e integrante de la Asamblea de intelectuales, artistas y docentes en apoyo al Frente de Izquierda (FIT), a modo de respuesta a partir de una serie de preguntas que le hicieron:

1 – ¿Cuál cree que fue el tema político del año?
2 – ¿Cuál es su visión sobre la ruptura del kirchnerismo con un sector del sindicalismo (Moyano)? ¿Qué cree que expresa la división del sindicalismo en cuatro centrales (2 CGT y 2 CTA)?
3 – ¿Cómo analiza las movilizaciones opositoras (13S, 8N)? ¿Y el acto en Plaza de Mayo del 9D?
4 – ¿Qué evaluación hace de lo que es la disputa en torno a la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual?
5 – ¿Cuáles cree que siguen siendo los temas pendientes en el país?
6 – ¿Qué expectativas tiene para lo que será el escenario político en 2013?

“Decido responder (casi) todo más o menos junto, puesto que evidentemente las preguntas están combinadas, si bien “desigualmente”:

Me parece bien interesante, para empezar –, y me permito hablar respetuosamente de un lapsus – que bajo la rúbrica “movilizaciones opositoras” se pregunte por el 13S y por el 8N, pero no por el 20N. También lo es, en verdad, que se diga “la ruptura del gobierno con Moyano”, y no al revés (¿o alguien cree que un gobierno peronista no hubiera querido seguir teniendo a Moyano de su lado?). “Síntoma”, en efecto, y tal vez “denegatorio”: sencillamente, no se puede creer que una movilización de una parte de la clase obrera y los sectores populares (con los dirigentes que tienen, claro: no perdamos tiempo en aclarar lo que todos sabemos) haya mostrado su oposición a ciertas políticas económicas del gobierno. Este es, desde mi perspectiva, el “tema político del año”: justamente aquel por el cual no se preguntó. ¿Por qué? Pues porque, signifique lo que signifique desde el punto de vista ideológico-político –eso lo veremos-, es un quiebre visible de la supuesta unanimidad de esos sectores sociales en su apoyo al gobierno. Los dirigentes, todos los dirigentes, decíamos, son lo que son. Pero los reclamos eran más que justos. Por sólo mencionar uno, que después de nueve años siga existiendo el mal llamado “impuesto a las ganancias” mientras sigue no existiendo un impuesto a la renta financiera y una profunda reforma impositiva, debería ser una señal clara de cuál es esa política económica. Y voten lo que voten esos sectores el año que viene (tampoco hay tanto para elegir) han empezado a comprender que cuando los reclamos son justos no pueden ser “psicopateados” con el argumento de que se les da pasto a las fieras clarinescas, o cualquier otra falacia por el estilo, que llevada al límite implicaría que no se puede protestar ni siquiera cuando es justo, porque eso beneficia a los “enemigos” del gobierno. Que es, en definitiva, lo que dicen todos los gobiernos –con lo cual hay que concluir que hoy , este es un gobierno más , como cualquiera, aunque no igual a cualquiera, porque los gobiernos son todos distintos-. Esto último es importantísimo, me permito abundar sobre ello en lo que sigue.

En otras ocasiones hemos insistido –no solo nosotros, evidentemente- en que el elenco K, a partir de 2003, fue el que más inteligentemente percibió que –después de las críticas jornadas de diciembre de 2001 y los procesos del 2002- el sistema político argentino requería urgentemente de una normalización para que el sistema económico (capitalista, se sobreentiende) pudiera volver a funcionar. Desde ya –esa fue la mayor inteligencia de los K- eso no se podía lograr haciendo como si nada hubiera pasado. Como si Néstor Kirchner, ganador de las elecciones del 2003 en las más extremas condiciones de debilidad política, no hubiera asumido aún llevando en sus oídos la “maravillosa música” del Que se vayan todos. Hubo que hacer concesiones (a los Derechos Humanos, a ciertos sentimientos antiimperialistas de la sociedad, al enojo con las privatizaciones menemistas, a las necesidades de los sectores más desprotegidos, etcétera) que aceitaran lo más posible las tuberías de la normalización sin que la lógica básica de la recomposición burguesa se viera dramáticamente afectada. No nos metemos aquí con la cuestión de hasta qué punto esas medidas provinieron de convicciones sinceras o fueron puramente instrumentales: es muy probable que haya habido una mezcla desigual de ambas cosas, pero no podemos saberlo ni importa mucho. El hecho es que estuvieron nítidamente inscriptas en el proyecto global de normalización burguesa. Que incluye, desde luego, al 40 % -entre desocupados estructurales y trabajadores “en negro”-, que no son ninguna “anomalía”, sino la muy necesaria exclusión incluida que disciplina a los trabajadores “blancos”.

Y bien, esta normalización ha quedado hoy plenamente completada (lo que no significa decir que vivamos en un país “normal”, sea lo que sea eso) incluso en el discurso oficial, y ello gracias al “20-N”. Hasta hace un tiempo todavía alguien podía atreverse a emprender sutiles debates semióticos, retóricos, hermenéuticos o estilísticos a propósito de cuánta distancia y / o contradicción podía haber (o no) entre el “relato” K y los hechos reales (ciertamente, “hechos” como la ley antiterrorista o la de las ART deberían haber terminado de liquidar tales debates: pero la ideología, se sabe, suele tener tiempos más lentos que los hechos). Ya no. La semiótica, la retórica y el estilo de todos los funcionarios K, de la presidente para abajo, a propósito de sus críticas al “parazo” del 20N, fue unánime y monocorde: provocación, extorsión, patoterismo, cortes y piquetes que impidieron ir a trabajar a los que lo deseaban (la inmensa mayoría, se supone, o al menos el 54 %), la injusticia de hacerle semejante bolonqui al gobierno “nac & pop”, la perversidad de “hacerle el caldo gordo a Clarín”, su carácter “claramente político” –chocolate por la noticia- y via dicendo.

Y la frutilla “filosófico-política” del postre: la respuesta la daremos en las urnas, como buenos republicanos para quienes la política –esa que, ya sabemos, “retornó” en el 2003 sin que sepamos adónde se había ido- se hace una vez cada dos o cuatro años, durante los minutos que lleve poner una papeleta en la cajita de cartón (en el cuartito oscuro, “solo con su conciencia”, como quien se confiesa). En suma: exactamente lo mismo que vienen diciendo (desde 1890, por decir algo) todos los gobiernos burgueses, sin distinción –en este rubro, entendámonos- entre conservadores, liberales, radicales, militares –salvo por las urnas, claro-, centroizquierdistas, centroderechistas, nacionalpopulistas, neo-libe-conserva-pops o lo que diantres fuere, para desacreditar la poca elegancia de las manifestaciones de protesta auténticamente populares. La mayor “sutileza” que algunos se permitieron (o pudieron pergeñar) fue que las “multitudes” del 20-N eran una “bolsa de gatos” inimaginable donde convivían la izquierda revolucionaria con Buzzi, Barrionuevo y el Momo Venegas (contrachicana obvia: si nos atenemos al relato oficial, ¿la convivencia en los aparatos del Estado, no en la unidad de acción en la calle, de Cristina e Insfrán, de Kiciloff y Caló, de Abal Medina y Gerardo Martínez, y así, hay que suponer que es el colmo de coherencia y homogeneidad político-ideológica? Es muy gracioso que desde el kirchnerismo se suela fustigar a la izquierda por su “purismo utópico”, pero si la izquierda, atemperando ese “purismo”, se une en la acción -no orgánicamente, por supuesto, como hace el gobierno- con otros, entonces es “oportunista” y “se ensucia las manos” ).

Un argumento “desacreditador” contra la izquierda fue, hay que reconocerlo, bien interesante como síntoma de toda una lógica de razonamiento: ¿cómo es posible que, por ejemplo, los partidos revolucionarios se hayan dejado “dirigir” por la Sociedad Rural? ¡”Dirigir”! Un psicoanalista ahí, por favor: es otro estupendo lapsus , revelador de una incapacidad congénitamente burguesa para siquiera imaginar que la clase obrera en su conjunto –no digamos ya la petite izquierda exenta de grandes aparatajes- pueda organizar, conducir, planificar y garantizar paros y piquetes (el tema “piquetes” merecería todo un ensayo irónico: una metodología de autodefensa que la clase obrera utiliza por lo menos desde las revoluciones de 1848 o la Comuna de Paris de 1870 resulta que ahora es –se escuchó así, aunque cueste no creer en una alucinación auditiva- algo “inédito / novedoso / impensable / inaudito”). Para los sedicentes ex montoneros, combativos “peronistas de izquierda”, cultores de “la columna vertebral del movimiento”, adoradores fetichistas de la “masa sudorosa”, un paro nacional obrero y popular sólo podía ser dirigido por la Sociedad Rural, o por Buzzi, o en todo caso por Clarín, y en el mejor de los casos por Moyano y la CTA-Micheli (a quienes, al revés, el gobierno debería agradecerles que el paro no fuera aún más importante, ya que se desvivieron por mantenerlo dentro de una “razonabilidad” que no cerrara todas las vías de negociación). Los oportunistas no son la SR, Buzzi y Clarín, que se “prenden” con el objetivo espúreo de llevar agua al molino de sus tironeos intra-burgueses con el gobierno, sino ¡la izquierda!. ¿Identificación especular invertida, dijo alguien? ¿Hacía falta algo más para certificar sin vuelta atrás la plena solidez de la “normalización burguesa”, al punto de que ya ni siquiera se escamotea en los pliegues discursivos? Say no more.

Por supuesto, es una normalización fallida. Mucho se habló, en su momento, del famoso discurso de Harvard, en el que la presidente argumentó que si fuera cierto que la inflación argentina es superior al 25 %, el país estallaría. Y bien: ahí está. No es, claro, que el país haya exactamente estallado: no hay situación prerrevolucionaria, ni volvió diciembre de 2001 (aunque en cierto sentido se abre potencialmente una situación mejor a la de entonces: ya diremos algo más al respecto). Pero el gobierno, y las fracciones burguesas que él representa, están en serios problemas. Si el 8-N, por su carácter claramente “gorila” y propatronal, con una base social y unas consignas y demandas –muchas de ellas autocontradictorias- que mayoritariamente correspondían a mezquindades materiales y simbólicas propias de cierta pequeña burguesía “antipolítica” (y es por todo eso que la izquierda no tenía que hacerse presente allí), si el 8-N, decíamos, pudo todavía, con grandes esfuerzos comunicacionales, presentarse como poco más que un picnic (gigantesco, eso sí) de “señoras gordas”, el 20-N es otro cantar. No importa cuál fuera –que la hubo, y es un tema que da para discutir mucho- la utilización que una parte de la burocracia sindical y de la centroizquierda hiciera para sus propios intereses particulares dentro de la política sistémica, la gran protagonista de esa jornada fue la clase obrera , levantando reivindicaciones no sólo legítimas en sí mismas sino que tienden a poner en cuestión la lógica y la orientación del “modelo” (y es por eso que la izquierda sí tenía que hacerse presente allí, asumiendo todos los riesgos de que las operaciones político-mediáticas, especialmente las oficialistas, la presentaran como subordinada a los “sellos” burocrático-políticos –, operaciones, por otra parte, a las que la izquierda ya debería estar acostumbrada-).

Más allá de esas dimensiones materiales, hubo un potencialmente poderoso efecto simbólico: es la primera vez en nueve años que el gobierno (y las fracciones burguesas que él representa, repitamos) se ve confrontado por un paro nacional –bien “piqueteado”, para colmo- del pueblo trabajador que supuestamente es el (“¡principal!”) beneficiario del “modelo”. No es que diversos indicadores no fueran perceptibles desde antes; pero esta vez los “indicadores” salieron juntos y encarnados a bloquear calles y rutas, y eso es un primer impulso hacia el canónico “salto cualitativo”.

No es cosa, pues, de minimizar un importante síntoma de resquebrajadura de la identificación masiva que el gobierno –con mayor o menor sincero autoconvencimiento- creía que esos sectores tenían con él. Hay que anotar que este quiebre se produce a pesar de que la “macroeconomía” (en el sentido plenamente patronal) aún no registra una gran crisis, e incluso hay todavía algún resto de “colchón” para otorgar módicas concesiones si fuera necesario (quizá a inicios del año próximo se discuta el vergonzoso impuesto al trabajo –es decir, el tributo que los trabajadores deben pagar… para ser explotados- repugnantemente llamado “a las ganancias”): pero, precisamente, cuando en una situación nacional que todavía dista mucho de ser una crisis terminal (ni hablar de la comparación con el sur de Europa) se puede producir un 20-N, tiene que significar que las papas queman mucho más de lo que el “autorrelato” K se imaginaba. Tiene que significar que las “molestias” que antes sólo se toleraban de mala gana (la inflación, los impuestazos, las misérrimas jubilaciones, las inundaciones, lo que fuera) porque parecían compensadas por los beneficios del modelo ya no lo parecen tanto, y se están volviendo intolerables. Tiene que significar que ya ni siquiera las burocracias sindicales, sean más o menos pro-“K”- alcanzan para contener el agua que empieza a colarse por la grieta en la pared, ensanchando cada vez más el agujero. Y tiene que significar, en fin, que junto a los límites del “modelo” asoman cada vez más nítidos los límites de las pretensiones “bonapartistas”: cuando las papas queman, no hay lugar para la ilusión de que se las pueda reacomodar cuidadosamente, una por una, para emparejar el calorcito.

El gobierno, por cierto, ha tomado nota. Incluso de una manera un poquitín “desesperada”. Como saben los lingüistas y los semiólogos, los tonos discursivos de la enunciación forman parte del sentido de los enunciados. Ante el 13-S y aún ante el 8-N aún prevalecía el sarcasmo, la socarronería, el “gaste” a los chetos finolis que no pisan el césped. Ante el 20-N la tonalidad dominante es la rabia, la frustración, la “firmeza” defensiva / reactiva (“A mí no me van a mover con aprietes”), cuando no el reproche plañidero de los padres decepcionados por el nene desobediente (¿cómo ellos nos van a hacer esto a nosotros, que les dimos la vida, que nos sacrificamos por su futuro?). Y es que la propia composición social mayoritaria del 20-N le quitó al gobierno de debajo de los pies el felpudo “clasemediero” sobre el cual podía ironizar como se hace con un adversario despreciable –se habrá observado que en el relato “pluriclasista” K la única clase que realmente existe es la “media”: es decir, justamente aquella que no es “clase” alguna-. No es nuestra intención seguir practicando psicoanálisis al paso, pero cuesta resistir la tentación de “interpretar” esos brotes de fastidio políticamente, como la bronca, atravesada por la “herida narcisista”, del que empieza a sentir que la posibilidad del “arbitraje” estatal ya empezó a hacer agua (para insistir con las metáforas hidráulicas), y corre el riesgo de que se la tome cada vez menos en serio.

Es por todo lo anterior, y tantas otras cosas que se podrían citar, que nos atrevíamos a decir que la situación –al menos en potencia, o como plataforma de ciertas condiciones de posibilidad- es mejor que la de diciembre del 2001. Tal vez es menos espectacular, menos convulsiva, menos inmediatamente explosiva. Pero está mucho más “estructurada” : la clase obrera está más armada, ha aumentado mucho su presencia en los lugares “fijos” de trabajo, por lo tanto ha aumentado también su presencia sindical (en parte por mérito del propio gobierno, cómo no, aunque sin olvidar que la “informalización” de una fuerza de trabajo superexplotada no ha disminuido). Hay nuevas camadas de obreros jóvenes –y buena porción de los “mayores”- que, después de haber pasado por las jornadas del 2001 / 2002, y se reconozcan o no como “kirchneristas”, ya no se someten tan “automáticamente” a la patronal, a la burocracia sindical o al mismísimo Estado como antes. Y, a riesgo de ser cargosos, repitamos que el “relato” K ya no les suena tan convincente como en los buenos tiempos del primer Néstor, “a la salida del infierno”: después de casi una década, al fin y al cabo, la reiteración ritual y machacona de los argumentos comparativos (con la dictadura y el menemato, con el delarruismo o el duhaldismo, últimamente con la crisis europea) empieza a sonar como una cantilena abstracta y previsible, tediosa, vacía de sentido, mientras a las masas se les hace cada vez más evidente la asociación del gobierno con el gran capital concentrado (“nacional” tanto como externo: Barrick Gold, Monsanto, etcétera) y su subordinación a la lógica financiera global, más allá de los tironeos de siempre, o de los pataleos de un juez yanqui de cuarta categoría (que por otra parte fue rápidamente “puesto en caja” por sus patrones, lo cual no es un azar, sino una demostración de que hay que contar con el gobierno “K” para el salvataje –si todavía se puede- de las grandes finanzas globales). Las masas, hay que convencerse, viven al día: les importa ante todo lo que les pasa hoy.

En suma: el 20N, como quiera que se lo juzgue, es lo más importante de este último período, porque es un acontecimiento inaugural: se cruzó una raya, aunque sería prematuro decir exactamente hacia dónde. Pero la cosa se mueve, después de mucho tiempo en que tuvimos que tolerar el mitologema dicotómico según el cual en la Argentina sólo había “K” (= “progresismo”) o “anti-K” (= “derecha”). El 13S y el 8N, en cambio, no aportaron nada nuevo (salvo quizá, en el segundo caso, el número). ¿El 9D? Fue un acto bien masivo, sin duda es una indicación de que el gobierno sigue contando con numeroso apoyo, aunque no se puede comparar a las otras fechas: fue un acto organizado “desde arriba” por el Estado, con abundante desembolso, y con códigos mucho más “festivos” que militantes, y que además tuvo que cargar con la frustración del sobredimensionado 7D. Como sobre este último alfanumérico también se omite prolijamente toda pregunta, aclaro: no soy de los que piensan que el asunto “Clarín” carece de importancia, en una época (mundial, y no solo local) en que vivimos sometidos a lo que sin sonrojo podemos denominar fascismo mediático. (Paréntesis más o menos teórico: soy adversario del concepto “medios de comunicación”; aquí me pongo en buen marxista –en todo lo demás soy malo- y elijo decir medios de producción de contenidos ideológicos comunicables. “Medios de comunicación” alude a la esfera de distribución y consumo –es decir, al mercado -, cuando desde el capítulo I de El Capital queda claro que el secreto está en la esfera de la producción -y sus “relaciones de”-. Ahora bien, ¿estamos bien seguros de que después de tres años de seudoaplicación de la bendita Ley, y aún si se barriera bajo la alfombra a Clarín, hemos afectado en un ápice esa esfera? ¿Lo harán Cristóbal López, Vila-Manzano, Haddad? ¿Podemos decir, con una mano en el corazón, que los medios pro-“K” actúan bajo una lógica radicalmente diferente en la producción de sus “contenidos ideológicos comunicables”?). Retomo: el affaire Clarín puede ser muy importante, pero elegirlos como prácticamente el único blanco (perdón, ahora también está la “corpo” judicial) de las batallas homéricas del gobierno, ¿no es una admisión implícita de que efectivamente hemos alcanzado la plena normalización burguesa (recuerdo al pasar que todos los gobiernos burgueses tuvieron algún problema con los medios, como es lógico; a decir verdad, este fue uno de los que menos problemas tuvo… hasta el 2008)?

En fin, ¿temas pendientes? En cierto sentido, ninguno. Esto es “lo que hay”, como diría mi querido amigo Horacio González. El gobierno no tiene “faltas” que “profundizar”, porque la lógica del “modelo” es esta, y sus “límites” son necesidades de esa lógica de “normalización burguesa”. En otro sentido, por supuesto, está todo pendiente”.


Clase magistral: Paremos las cesantías masivas – Viernes 8 de junio

* Blog de la Asamblea de intelectuales, docentes y artistas en apoyo al Frente de Izquierda y de los Trabajadores


Lanzamiento de las Obras Escogidas de León Trotsky del CEIP en coedición con la Casa Museo “León Trotsky”

* Más info, acá: Entrevista a Andrea Robles y Gabriela Liszt (CEIP) y a Julio Rovelli (Ediciones IPS)

 


Eduardo Grüner: “Una oportunidad única para que las perspectivas anticapitalistas consecuentes sean escuchadas”

Publicamos una entrevista realizada por LVO a Eduardo Grüner, sociólogo y ensayista, miembro de la Asamblea de Intelectuales, Docentes y Artistas en apoyo al Frente de Izquierda y de los Trabajadores.

A pocas semanas de cumplirse los 30 años de la ocupación de Puerto Argentino, se ha reavivado el debate sobre Malvinas. Desde el gobierno se ha destacado como “causa nacional” al mismo tiempo que se resaltaba el “buen trato” a las multinacionales inglesas. A su vez, un grupo de intelectuales entre quienes están Beatriz Sarlo, José Sebreli, Emilio de Ipola y Luis Alberto Romero, sacó un pronunciamiento donde se impugna el reclamo de soberanía argentina sobre las islas. ¿Cuál es tu opinión sobre este debate y las posiciones que surgieron?

El documento de esos intelectuales es un manifiesto… despropósito, para decir lo menos. Fundar la crítica a la política del gobierno sobre Malvinas en el argumento de la “autodeterminación” de los llamados “kelpers” es un mamarracho lógico, político, ideológico y hasta jurídico –aún si nos atenemos a la juridicidad “burguesa” internacional-. Desde siempre, el derecho de autodeterminación es para las naciones, pueblos o grupos ocupados, no para los ocupantes . Si estos intelectuales fueran consistentes, deberían demandar la devolución de Argelia a Francia en nombre de la autodeterminación de los pieds noirs, o el absoluto respeto a la autodeterminación de los colonos israelíes en la Franja de Gaza, o de las tropas yanquis en Irak y Afganistán (después de todo, esos pobres hombres hace años que están allí trabajando ¿no?). ¿Y de los irlandeses que hace 800 años que luchan por su autodeterminación, no tenemos nada que decir? En fin, de este “argumento” ni vale la pena ocuparse. Lo que sí es preocupantemente sintomático es que los firmantes elijan justamente ese punto indefendible para oponerse al gobierno. Quiero decir: hubieran tenido muchas otras cosas de que agarrarse, bastante más gruesas. Podían haber señalado, por ejemplo, el contrasentido entre las declamaciones patrióticas y las excelentes relaciones con las multinacionales británicas (y no sólo ellas, claro), incluyendo las de la megaminería, el petróleo o las finanzas. O entre las diatribas contra el colonialismo en nombre de la democracia y la igualdad, y el sometimiento de nuestra soberanía a organismos internacionales para dictar nada menos que leyes “antiterroristas”. Pero nada de eso se menciona, y menos aún se coloca el debate en el contexto de un conflicto con un gobierno decidida y multisecularmente colonialista e imperialista como han sido todos los gobiernos británicos. Al contrario, se usa el mismo argumento de Cameron. Solo falta que digan que los colonialistas somos nosotros . Dadas esas omisiones y este argumento, sólo cabe una conclusión: es una declaración nítidamente de derecha, proimperialista, procolonialista o como se quiera decir (a propósito no digo “pro-británica”, porque “británicas” son asimismo las masas populares que resisten en las calles británicas los bestiales ajustes de Cameron y de las clases dominantes igualmente británicas, y si se quiere hablar de “intelectuales”, británicos son E. P. Thompson, Eric Hobsbawm, Raymond Williams, Terry Eagleton, Perry Anderson y etcétera , para no mencionar a Shakespeare y los Rolling Stones). Para colmo, se empieza recordando el desastre de la guerra de 1982, implicando que las canalladas de la dictadura militar deslegitiman cualquier política de recuperación de nuestros territorios ocupados. O sea, el viejo truco ideológico de la “parte por el todo”, que tan bien conocemos los intelectuales desde los sofistas presocráticos. Otra cosa, insisto, hubiera sido decir que ningún gobierno burgués va a poder llevar adelante consecuentemente la lucha por esta o muchas otras justas causas nacionales, porque tarde o temprano va a chocar con los límites del “modelo”. Si no se dice eso, y sean cuales sean las intenciones subjetivas de algunos de los firmantes (que no estoy en condiciones de juzgar) esa declaración es un para mí inexplicable disparate.

En las últimas semanas el gobierno ha salido a respaldar la minería a cielo abierto, ha salido a la luz la trama de espionaje a la militancia y los luchadores en torno al llamado “Proyecto X”, y la semana pasada en el Ferrocarril Sarmiento tuvo lugar un verdadero crimen contra el pueblo trabajador. En este marco ¿cómo ves al gobierno y, en especial, a la intelectualidad agrupada en torno a Carta Abierta?

El gobierno está en problemas. Todo eso que ustedes señalan –y que viene a sumarse a tantas otras cosas que se podrían citar de los últimos años- ha adquirido de pronto una “transparencia” (valga la expresión) que va volviendo cada vez más tartamudas las narrativas oficialistas (los últimos “lapsus”, por así decir, de Schiavi o Garré son interesantes síntomas, así como lo es el dislate desopilante de presentarse como “querellantes”). Ni siquiera las barbaridades de los medios opositores de derecha alcanzan ya para justificar comparaciones más o menos favorables. A lo de Once, en el mejor de los casos, se lo llama “tragedia”. Falso de toda falsedad. Aquí no hubo designios enigmáticos de los dioses, ni Orestes o Antígonas empeñados en hacer justicia contra el mismo Zeus si hiciera falta. También se ha dicho que era “evitable”. En realidad, no: dada la oscura trama de complicidades estructurales entre las empresas, el gobierno, las burocracias sindicales, etcétera, tarde o temprano una cosa así era casi inevitable, como lo advirtieron incluso organismos oficiales; y en ese sentido se puede hablar de un “crimen social”. Otros lo llaman siniestro, y eso no está mal: aunque no lo es en el sentido de un incendio accidental, sí lo es tomando todas las acepciones de esa palabra. Como sea, podría ser un punto de no retorno. Es (como decíamos sobre Malvinas, sólo que enormemente más dramático en lo inmediato) uno de esos puntos en los que lo real de un régimen social le pone límites en efecto siniestros a todo intento de “simbolización” de un “modelo”. 51 muertos y 700 heridos causados por aquella trama es algo demasiado horroroso para “balancear” contra las “reparaciones” o “reformas”, incluso en el campo de los Derechos Humanos –de los cuales se ve que millones quedan excluidos sólo por subirse a un tren para ir a ser explotados-: son cosas inconmensurables. Y desde ya que la “intervención” (¡por 15 días!) que se ha decidido no va a solucionar nada si no media una transformación radical del sistema, una nacionalización vía expropiación, y con la participación activa de los que saben en serio lo que pasa adentro: los trabajadores ferroviarios y los usuarios de las clases populares. Algo que el gobierno no puede hacer, está claro, aunque debe reclamarse. No quiero decir con esto, todavía, que vaya a haber un vuelco espectacular de la situación política pasado mañana. Pero las fronteras de lo que feamente se llama el “relato” (todos los “relatos”: también los de una “oposición” cínica que se “cuelga” de los muertos con las peores intenciones) están que arden. Esto debería alterar de fondo la lógica misma de los discursos sobre la “profundización” de “lo que falta”. Veremos.

Desde mediados del año pasado se viene desarrollando la Asamblea de Intelectuales, Docentes y Artistas en apoyo al Frente de Izquierda, con cinco asambleas, jornadas de discusión, los debates en el blog, las varias declaraciones que fuimos sacando, y ahora el proyecto de editar una revista de la Asamblea. ¿Qué papel tendría que tener la Asamblea de Intelectuales en la actual situación? ¿Y en particular que rol opinás que podría cumplir la revista de la Asamblea?

La Asamblea (no es la primera vez que lo decimos) es un fenómeno inédito en la historia reciente de la izquierda, y por supuesto está vinculada a, o es un efecto de, ese otro fenómeno inédito, el FIT. Como tal, hay dentro de ella, para hablar rápido, una tensión delicada entre el decidido apoyo y la plena pertenencia . Por un lado, una tarea central de la Asamblea es la de contribuir al crecimiento y consolidación del Frente. Por otro, y contra lo que podría indicar una primera lectura de “sentido común”, el mantenimiento de aquella “tensión” es altamente productiva ojustamente para ese objetivo, entre otros. Permite una relación dialéctica dentro de la cual las potenciales diferencias se articulen en un nivel más alto que el de la mera sumatoria o “promedio” de las posiciones. La relativa autonomía de los individuos o de los grupos “no alineados” debería hacer a un intercambio rico y creativo, desde ya dentro de los límites de la política común. Por supuesto, esa “productividad” se transformaría en parálisis si todo se limitara a la pura “tensión”. En este momento, eso sería lamentable. Por todo lo que veníamos diciendo, se abre una oportunidad única para que las perspectivas anticapitalistas consecuentes sean escuchadas , y pasen a ser parte del debate público. De entre los proliferantes agrupamientos de intelectuales, solamente la Asamblea está hoy en condiciones de producir un discurso –ya dije que no me gusta el término “relato”- argumentado de manera rigurosa para constituir una verdadera “alternativa”, una diferencia con los discursos hegemónicos. Es lo que se ha venido haciendo en el blog o en las asambleas, sin duda, pero eso no basta, es tiempo de un salto cualitativo. Para eso hay que salir más a la calle (confesémoslo: la Asamblea no tiene la presencia pública que han conseguido otros colectivos que en verdad no representan nada, no digamos ya Carta Abierta, que sí representa algo). La revista puede ser esencial para ese “salto”, si sabemos hacer una publicación “abierta” e intelectualmente rigurosa, sin concesiones facilistas, debatiendo todas las diferencias, pero políticamente situada sin equívocos.


Desarrollar la Asamblea de Intelectuales en apoyo al FIT

* Posteamos la nota aparecida en La Verdad Obrera de Esteban Mercatante, sobre los desafíos planteados a la Asamblea abierta de intelectuales, docentes y artistas en apoyo al FIT, quien tiene su 5ta. asamblea mañana, en la Facultad de Filosofía y Letras (UBA), a las 14hs.

Los votos logrados por el FIT el 23 de octubre significan un importante reconocimiento entre sectores de trabajadores y de la juventud a un frente que defendió una posición de independencia de clase tanto frente al gobierno como frente a la oposición patronal, y a la intervención activa que tuvo la izquierda en las principales luchas de estos años. Un gran hecho político en el marco de la conformación del Frente ha sido la puesta en pie de la “Asamblea de intelectuales, docentes y artistas en apoyo al FIT”.

A diferencia de la intelectualidad kirchnerista, para la cual apoyar un proyecto político significa alinearse sin chistar con la política oficial, y cada vez más elaborar argumentos estrambóticos ante cada giro más a la derecha del gobierno, durante estos meses hemos realizado en la Asamblea debates muy importantes que ya hemos reflejado en estas páginas y en el blog del IPS.

Este nucleamiento en apoyo al FIT es un primer síntoma que puede prefigurar un cambio más amplio en el panorama intelectual nacional dominado por la resignación y el “arrepentimiento” que marcó a la intelectualidad progresista desde los ‘80. Una intelectualidad que desde la vuelta de la democracia adoptó, sin más, posiciones liberales y coincidió en forma unánime, a pesar de sus distintas tradiciones, en cuestionar toda idea de revolución; los mismos que, después del 2001, se inclinaron por la defensa de las instituciones ante las amenazas de “anomia”, y sólo en algunos casos coquetearon con los “movimientos sociales” emergentes de los sectores obreros y populares que resistían los intentos de descargar sobre sus espaldas los costos de la crisis. Esta intelectualidad, tanto en su variante nac&pop como en su variante social-liberal del tipo de Beatriz Sarlo, apoya satisfecha la “restauración” kirchnerista que sacó de las calles a los sectores movilizados y recreó las expectativas sociales en las mejoras que pudieran lograrse en los marcos capitalistas.

Apóstoles del conformismo

Los intelectuales K son los principales apóstoles de este conformismo, del “nunca menos”, y nos presentan como horizonte de transformación insuperable las medidas distributivas que puedan surgir de este Estado, el mismo que defiende a rajatabla las conquistas que significó el neoliberalismo para la burguesía.

Aunque el leit motiv de Carta Abierta es reivindicar desde su propio nombre la figura tradicional del intelectual comprometido, lo cierto es que los principales hechos políticos ocurridos desde su conformación han mostrado exactamente lo contrario. Aunque su alineamiento con el oficialismo no ha estado exento de algunos reparos, cada vez que se puso en evidencia que este Estado gestionado por el peronismo se sustenta en la “triple B” (burocracia sindical, policía bonaerense y barones del conurbano, cuya violencia ha dado un saldo de más de una decena de muertos en el último año), un vergonzoso silencio les ha permitido superar los malos trances. El mismo silencio que hemos visto ante las persecuciones judiciales a los dirigentes obreros del sindicalismo de base de los últimos meses.

Hoy, con el 54% de los votos obtenidos por Cristina, estos sectores se muestran a la ofensiva. González en 678 insiste a los panelistas que dejen atrás el recuerdo del bochorno pasado, cuando Sarlo fue de invitada al programa, y que consideren el “53,9 de argumentos” que tienen para discutirle. Mientras tanto, un ala más rabiosamente cristinista encabezada por Ernesto Laclau participa de la mano del propio Secretario de Cultura Jorge Coscia del lanzamiento de la revista Debates y combates. Las jornadas que presentaron esta revista tenían como objetivo declarado “producir una crítica, un lenguaje alterno y también una superación del discurso liberal individualista, dominante en los medios de comunicación de masas y en el debate contemporáneo sobre la naturaleza de la democracia”. Pero cuando especifican más explícitamente, Laclau plantea por ejemplo que cree “que el Estado es un espacio de lucha también. Es necesario articular los dos niveles. Si privilegia sólo el Estado, entra en una posición liberal. Si uno pasa a un libertarianismo extremo, corre peligro de una cierta impotencia”. La ausencia de cualquier referencia al carácter de clase del Estado no es mera coincidencia. Esta intelectualidad no hace más que acompañar –y en esto coindicen los intelectuales “opositores”– el proyecto de “capitalismo en serio” que Cristina contrapuso al “anarcocapitalismo” financiero, cuya base sería la distribución progresiva del ingreso y el gasto social. Pero el “modelo” que Cristina busca exportar, como todo capitalismo, no tiene otra base que la explotación obrera, que alcanzó niveles sin precedentes gracias al mazazo al salario de 2002, y la precarización laboral, heredadas de los ’90, defendidas a rajatabla por el gobierno, los empresarios y la burocracia sindical.

Organizar un nuevo inconformismo

Aunque el gobierno insista con que acá la crisis no llega y que tenemos otro “modelo” que Europa debería imitar, y Cristina critique las políticas de ajuste, esto es lo que ha comenzado a anticipar para su próximo gobierno. Los varios ataques dirigidos a los sectores combativos del movimiento obrero son una preparación para un escenario donde la crisis internacional preanuncia mayores choques entre las clases. La “triple B” se prepara para golpear más duramente y Cristina está aprovechando el crédito logrado con el 54%, gran parte del cual fue un voto conformista a la espera de preservar el “nunca menos”, para acercarse nuevamente a los sectores empresarios con quienes la relación se había ido enfriando.

Pero las expectativas de los trabajadores y la juventud explotada y oprimida chocarán con la orientación política de un gobierno que es gerente de los negocios capitalistas. La campaña del FIT mostró que parte de estos sectores apoyaron o escucharon con respeto nuestras propuestas. La Asamblea en apoyo al FIT mostró que tampoco puede decirse que entre los intelectuales, docentes y artistas, a la izquierda del kirchnerismo haya una pared.

Creemos que este espacio puede expresar una disputa con la intelectualidad conformista y, frente a un escenario de crisis y rupturas con las ilusiones del “nunca menos”, podrá plantearse también el desafío de constituir una referencia para una intelectualidad que busque ligarse a la clase trabajadora y plantear una perspectiva anticapitalista. Por eso nosotros apostamos a que la Asamblea de intelectuales, docentes y artistas en apoyo al FIT dispute contra la miseria de lo posible que expresa la intelectualidad progresista nacional.

En la próxima asamblea, a realizarse este sábado 12/11 en la Facultad de Filosofía y Letras (UBA) discutiremos qué iniciativas podemos definir para avanzar en estos objetivos. Tenemos el desafío de profundizar los debates que iniciamos durante estos meses, sobre cómo es posible que la izquierda clasista conquiste una fuerte inserción en la clase obrera, desde donde plantear un programa para el conjunto de los oprimidos, base fundamental para pensar seriamente en la posibilidad de constituir un partido revolucionario.


Revista Ñ: Christian Castillo: “Para nosotros militancia no es arribismo”

Christian Castillo: “Para nosotros militancia no es arribismo”

“Plantear un escenario en el que a la izquierda del kirchnerismo sólo está la pared es falso”, afirma el sociólogo y candidato a vicepresidente por el Frente de Izquierda, que analiza las contradicciones del ala progresista del gobierno.

Por Horacio Bilbao

DISTANCIA. PARA CASTILLO, LOS KIRCHNER TOMARON “MEDIDAS A IZQUIERDA Y DERECHA SEGÚN LA OCASIÓN”.

Milagro mediante, la izquierda clasista sube su voz en el adormecido debate electoral. En la calle, las fábricas y las universidades, donde siempre estuvo, pero también en las librerías y en el fango intelectual, donde los kirchneristas de Carta Abierta tienen ahora una nutrida oposición marxista, trotskista. En ese rumbo, La izquierda frente a la Argentina kirchnerista (Planeta) nuevo libro del sociólogo Christian Castillo (1967), dirigente del PTS y candidato a vicepresidente por la coalición que su partido integra junto al PO y la izquierda socialista, es un punto de partida para entender esta cruzada. Una recopilación de artículos que va desde 2002 hasta hoy clarifica posiciones en algunos temas clave. Enfrenta al kirchnerismo pero también marca diferencias hacia adentro, más allá de los 22 puntos programáticos que hoy enlazan a este Frente de Izquierda. A 8 días de las elecciones, Castillo explica por qué la adhesión que lograron en las primarias representa todo un síntoma político.

Desde el título, el libro sale a disputarle un espacio al kirchnerismo, y hasta puede leerse como una respuesta al por qué no han sido cooptados por este movimiento, que sedujo a buena parte de la izquierda. ¿Es así?

En el terreno discursivo, el sector progresista del kirchnerismo intentó constituir un campo político contra la derecha. Nosotros mostramos que plantear un escenario en el que a la izquierda del kirchnerismo sólo está la pared es falso. En el libro se puede ver que siempre mantuvimos nuestro espacio independiente, señalando que el kirchnerismo no representó nunca los intereses de los trabajadores. Su misión fue restaurar el poder del Estado capitalista, en crisis con las manifestaciones populares de diciembre de 2001. Pero tuvo que dar cuenta de la situación creada por esa crisis, si no no se entiende el giro del propio peronismo. ¿Cómo pasan del menemismo a un discurso de centroizquieda? El mismo Kirchner había asumido políticas neoliberales, las petroleras por ejemplo, y luego lo vemos tomando la bandera de los derechos humanos y enfrentado con los noventa. Lo que hay que analizar es cómo legitima el kirchnerismo ese discurso.

Tendrá que admitir que hubo algunos hechos concretos. Seguimos siendo una patria sojera, y el esquema de impuestos no ha cambiado, pero el Estado se fortaleció, recuperaron las AFJP que era un planteo de ustedes. ¿Por qué esa ambivalencia?

Los Kirchner son políticos pragmáticos. Tomaron medidas a izquierda y derecha según la ocasión. Siempre dentro de un orden capitalista. Pero su proyecto de recomposición de una burguesía nacional es imposible. Sobre todo porque aquí el dominio de la economía está en manos del capital extranjero. Dos tercios de las principales 500 empresas siguen perteneciendo al capital extranjero. Igual que en los noventa. La redistribución de la riqueza es sólo discursiva. Hay mucha mitología construida desde el discurso.

Mitología, posibilismo… el voto en las primarias parece avalar esa idea de cambio gradual, lejano a las transformaciones que proponen ustedes…

El kirchnerismo no plantea un cambio en las condiciones de la clase trabajadora. Ellos dicen: gracias a que tienen trabajo. Pero la mayoría tiene un salario bajo, y las cifras de trabajo en negro y precarizado son alarmantes. Esas condiciones no son imposibles de cambiar. Esa idea de gradualidad funciona mientras el país crece a tasas chinas, porque le permite subsidiar y repartir para acá y allá. El posibilismo puede caer rápido en medio de la crisis mundial, allí se reabren las contradicciones.

Los famosos ciclos de la Argentina, ¿cuál sería la diferencia ahora?

La clase trabajadora sufrió dos grandes derrotas. Con la dictadura y en los noventa. Ahora nos estamos recuperando. Vuelve la oposición clasista en los sindicatos, que empieza a disputarle el poder a la burocracia y a las patronales. Esa oposición está ligada al Frente de Izquierda, y significa una potencialidad muy grande. Estamos ganando espacios en la vida del movimiento obrero, el estudiantil y también en la nueva configuración de fuerzas en el terreno de la intelectualidad. En 2008 apareció Carta Abierta, pero ahora el Frente de Izquierda logró la adhesión de más de 600 intelectuales. Expresa un nuevo síntoma político.

Para que ese síntoma cristalice, necesita de una masa crítica que adhiera a sus propuestas pero que, sobre todo, crea en su viabilidad, si no también quedan en el terreno discursivo.

Desde ya. No vamos a lograr mucho con un diputado. Tal vez se conozcan nuestras demandas, pero siempre depende de la capacidad de movilización y lucha del pueblo trabajador obtener sus propias reivindicaciones. Las grandes transformaciones históricas han venido con grandes movilizaciones de masas. Apostamos a eso. Si el kirchnerismo entra en crisis –y va entrar porque es difícil encolumnar a gente que plantea cambios progresistas con Insfrán, Gioja o la burocracia sindical– lo importante es tener una izquierda fuerte, con un programa anticapitalista, sino todo vuelve a ser como antes.

Es una apuesta riesgosa pensar en ese desacople, en el desencanto de la izquierda que se hizo kirchnerista. Muchos dicen que no critican para no ser funcionales a la derecha.

Eso es lo que nosotros le criticamos a su ala progresista. Hacen propaganda, presentan al kirchnerismo como lo que no es, ocultan los factores del poder real. Los gobernadores, los intendentes del conurbano, la policía y la burocracia sindical. El papel que juega la izquierda kirchnerista es hacer como que la derecha kirchnerista no existe.

¿Cambiará ese papel tras las elecciones?

Yo espero que sí.

Las bases del kirchnerismo parecen más identificadas con el discurso progresista, ¿qué es de esperar que hagan frente a esta contradicción?

Si la crisis golpea fuerte, se va a acabar esa situación en la que cada uno dice lo que quiere. Esas contradicciones se van a dar en el seno del kirchnerismo, porque muchos trabajadores que votan a Cristina simpatizan con las ideas de izquierda. Y veremos qué pesa más, si la lealtad a un proyecto político o a la realidad de las demandas populares. Los critico por haber tomado un papel crucial en esa idea que buscan imponer, la de que a la izquierda del kirchnerismo no hay más que una pared. Eso fue instalado por Carta Abierta, que no acepta una izquierda anticapitalista. Pero dónde estuvieron en el conflicto en Ledesma, dónde con los muertos qom en Formosa. Hacen la vista gorda, por eso es necesario fortalecer la opción de la izquierda.

¿Cómo hará para que esto no quede en el milagro o en una campaña twittera?

La elección del Frente no es producto del Twitter. Antes habíamos logrado un legislador en Neuquén, otro en Córdoba, y la campaña nacional en Twitter fue el reflejo del impacto que tuvimos con nuestra militancia y spots. No fue una casualidad, jugamos con la idea del milagro, pero la izquierda clasista ha tenido una presencia histórica, un lugar que hemos ganado.

¿Por qué no hay un capítulo dedicado a la militancia, ahora que todos la reivindican?

Lo tenemos como algo incorporado. No somos figuras mediáticas, las ideas que expresamos vienen de las luchas de nuestros propios militantes. Y somos críticos de aquellos sectores del kirchnerismo que ven la militancia como una posibilidad de arribismo, pero también vemos que hay muchos jóvenes que han dado un paso hacia la vida política, identificándose con su discurso de derechos humanos y anticorporativo. Ese sector es permeable a las ideas de izquierda, a diferencia de los que militan para hacer carrera.


Vení a la IV Asamblea de Intelectuales en apoyo al Frente de Izquierda

En defensa del sindicalismo antiburocrático. Por diputados de izquierda y una alternativa política de los trabajadores en todo el país

Vení a la IV Asamblea de Intelectuales en apoyo al Frente de Izquierda

Ante los persecuciones al sindicalismo antiburocrático y a la izquierda

Las últimas semanas estamos presenciando una escalada en las persecuciones y ataques a los sectores antiburocráticos del movimiento obrero. El viernes 30 de septiembre se produjo el procesamiento y encarcelamiento de Rubén “Pollo” Sobrero y del ex ferroviario Leonardo Portorreal, en  una causa falsa en la que el Juez no pudo demostrar prueba alguna que justifique la detención ni el procesamiento judicial.

La excarcelación de los ferroviarios se produjo luego de días de intensa movilización de miles de trabajadores, estudiantes y luchadores. Se trata de un triunfo popular.Ahora se nos plantea continuar la lucha por derribar la causa montada contra los ferroviarios, como parte de la pelea por el desprocesamiento de los casi 5 mil luchadores procesados. La solidaridad con el reclamo de liberación de Sobrero -militante de Izquierda Socialista y del Frente de Izquierda- y Portorreal fue expresada por centenares de dirigentes obreros, políticos y de derechos humanos, tanto del ámbito nacional como internacional. Entre la intelectualidad se recogieron más de 150 adhesiones, entre las que se destaca el pronunciamiento del lingüista norteamericano Noam Chomsky y la de Osvaldo Bayer. La máxima expresión de solidaridad ocurrió el lunes 3 de octubre, cuando una movilización unitaria de casi 10 mil personas, encabezada por una numerosa columna de trabajadores ferroviarios, se concentró en Plaza de Mayo exigiendo la libertad de los compañeros. La gran reacción popular derrumbó la provocación montada por Aníbal Fernández y el gobierno, y permitió obtener la libertad de los compañeros.

Pero no habían pasado 3 días de la excarcelación, y se produjo un nuevo ataque al sindicalismo antiburocrático. El viernes 7 cinco matones de la burocracia sindical y la patronal irrumpieron en la casa del delegado de la Línea 60 Daniel Farella y atacaron a su nieta de 15 años. Este hecho, propio del accionar de la Triple A, que formaron la derecha peronista, la burocracia sindical y las fuerzas represivas en los 70, es un salto cualitativo en el marco de la escalada de ataques a los sectores antiburocráticos del movimiento obrero y la izquierda militante.

Estos ataques no son casos aislados. Son una expresión de la persecución por parte del gobierno nacional y del poder judicial al sindicalismo antiburocrático y de izquierda que enfrenta a las empresas y a la burocracia sindical en los lugares de trabajo, como los ferroviarios del Sarmiento y el Roca, los delegados del Subte, los ceramistas de Zanon y los delegados de la alimenticia Kraft, entre tantos otros, como denunció el Pollo Sobrero en la prensa tras su liberación. Bajo el gobierno de los K hay más de 5.000 procesados por luchar, 14 muertos por represión en protestas populares, luchadores obreros como Oñate y Acosta presos en el sur.

Estos ataques tienen lugar cuando está por cumplirse un año del asesinato del militante del Partido Obrero, Mariano Ferreyra, a manos de la burocracia sindical de la Unión Ferroviaria, cuyos miembros siguen integrados al gobierno en la Secretaría de Transporte y la administración de los ferrocarriles. El gobierno que nunca expulsó a los socios de Pedraza busca encarcelar a los luchadores antiburocráticos que enfrentan a la patota sindical.

Hoy, como ayer, nos encontramos ante la complicidad de los medios oficialistas como 678, que intentan actuar como cobertura “progresista” de políticas reaccionarias y represivas, argumentando hace un año la teoría de la “conspiración duhaldista” y hoy la teoría de la “amalgama entre burocracia sindical y sindicalismo clasista”. Una vez más un triste papel de “intelectuales” y  “periodistas” K.

El carácter de “política de Estado” que cobra el ataque al sindicalismo antiburocrático y de izquierda, está directamente relacionado con la cercanía de los impactos de la crisis mundial en Argentina. Aunque el discurso de Cristina Fernández y su candidato a vicepresidente, Amado Boudou, se proponga reafirmar que la crisis no va a llegar a la costa del Plata, bajo el discurso tranquilo se dejan ver los preparativos para tiempos de vacas flacas. Varias empresas adelantaron por estos días su “plan industrial”: intentos de suspensiones -que serían seguidos de posibles despidos y recortes salariales. El gobierno ha manifestado que espera para 2012 aumentos de salarios por debajo de la inflación (la que podemos suponer, no la que estima el INDEC). A esto se sumarán, todo lo indica, aumentos de tarifas y Boudou ya se prepara para concretar finalmente su tan ansiada “vuelta a los mercados”.

En preparación para esta situación, la cara menos mediática del sostén político oficial -la de los intendentes, la burocracia sindical y las fuerzas represivas- se prepara para tiempos donde se hará difícil mantener la contención social a fuerza de abundancia de dineros públicos. De la mano de estos “poderes reales”, el nuevo gobierno de Cristina Fernández promete una profundización de lo que hemos visto en estos días: ataques y detenciones, patotas yendo a amedrentar a los delegados antiburocráticos y a sus familiares, causas truchas. Es necesario salir a las calles para enfrentarlo, reclamando el desprocesamiento de los más de 5000 luchadores. En este contexto, este 20 de octubre, a un año del asesinato de Mariano Ferreyra, tenemos una cita de honor: la movilización de Congreso a Plaza de Mayo por el juicio y castigo a todos los responsables de ese crimen.

Un nuevo desafío: Por diputados de izquierda y una alternativa política de los trabajadores en todo el país

El 23 de octubre, cada voto que obtengan el kirchnerismo y la oposición patronal en estas elecciones será utilizado contra los intereses populares. Los hechos relacionados con la detención de los ferroviarios y el ataque a los delegados de la Línea 60, demuestran que el gobierno se propone acabar con las expresiones antiburocráticas del movimiento obrero intentando criminalizar la protesta por cualquier medio y que busca asestarle golpes a la clase trabajadora para afrontar la crisis.

El Frente de Izquierda es la única fuerza política que está del lado de los trabajadores para denunciar los ataques y persecuciones, y las medidas que impulsa este gobierno para garantizar la ganancia empresarial a costa de los trabajadores y sectores populares. El voto al Frente de Izquierda, conformado por el Partido Obrero, el Partido de los Trabajadores Socialistas, e Izquierda Socialista, que presenta la fórmula presidencial Jorge Altamira –Christian Castillo es un voto por el desarrollo de una alternativa política independiente de los trabajadores. Es un voto a quienes pelean a brazo partido contra la criminalización de la protesta, que denuncian los subsidios millonarios que el gobierno otorga a concesionarios corruptos como la empresa TBA y empresarios como Cirigliano, que se siguen beneficiando gracias a que se mantienen las privatizaciones de la década del ‘90. El Frente de Izquierda plantea la reestatización del ferrocarril y demás servicios de transporte, bajo el control de sus trabajadores y usuarios, y defiende al sindicalismo antiburocrático y combativo, que se organiza democráticamente en asambleas, rechazando de plano los métodos patoteriles de la burocracia sindical, y no responde a los designios de ningún gobierno ni sector político patronal.

El 23 de octubre tenemos planteada la pelea por mantener y superar los 500 mil votos y lograr bancas de izquierda en el Congreso. Mientras el gobierno destaca entre sus candidatos a Aníbal Fernandez, organizador (con los servicios de inteligencia) de la causa contra los ferroviarios y vocero de los ataques contra el movimiento obrero, los candidatos del Frente de Izquierda defienden incondicionalmente los derechos de quienes viven de su salario y peleen por una alternativa política que pueda dar respuesta a las acuciantes necesidades sociales de las masas populares.

Convocamos a intelectuales, trabajadores del ámbito de la educación y la cultura, a hacer parte de la IV Asamblea de Intelectuales en apoyo al Frente de Izquierda para discutir estas y otras temáticas.

¡Vení a la IV Asamblea de Intelectuales en apoyo al Frente de Izquierda!

Jueves 13 de octubre, 19.30 hs. En el Hall del 3°piso de la Facultad de Filosofía y Letras (Puán 480)