Una poesía, y fragmentos de otra, de Héctor Yánover

* El pasado 24 de marzo subí un par de poemas de Héctor Yánover. Debido a la cantidad de visitas, comentarios y pedidos que me llegaron –vía el blog y otros “canales”– subo, “a pedido del público”, un par más.

 

He de volver

He de volver…

habrá una cuerda tensa

con ropa en la azotea,

atosigados músicos

blasfermarán histéricos,

una mano de hielo

saludará la luna,

con sangre de harina

dará vuelta al planeta,

una nota del réquiem

impulsará el cortejo,

sobre un mármol dirá:

‘eternamente a tu memoria’;

y todos ignorarán,

que alguna vez partí.

 

II

He de volver…

un rostro de mil rostros

tendrá a su cargo el rito

de repartir boletos.

Postales bucólicas

por ventanillas cárdenas,

cardillares con restos

de almuerzos de caranchos.

(De la bombarda a la bazooka;

han muerto mil millones de soldados.)

Paisajes abigarrados

a ciento veinte kilómetros por hora,

roquedales y prados,

niños muertos,

hombres cansados,

muros de pequeños,

olvidados, inhóspitos cementerios;

donde yacen los pequeños moradores

del último cruce que dejamos.

He de volver

y al llegar;

oh, ya habré partido…

 

[del libro Hacia principios del hombre, 1951]

 

* * *

 

 

XII

Y ahora, ¿dónde está el tiempo?

Lo busco entre las manos que en el agua,

por encima del agua, en el aire;

tropezando y a ciegas, lo buscaban.

Y no hay allí sino una mancha húmeda.

¿Qué hice de sus manos sino esta profundidad insatisfecha?

Rosa que sembré en el salitre,

nervio que corté de un tajo.,

palabra que ahogué en el viento.

¿Dónde tumbar la frente ahora, en qué regazo?

¿Viviré para verme en un mundo maduro

caminando en un tiempo que me pertenece?

¿Donde la rama será mía, mío el fruto y

míos los aires que lo mecen?

¿Dónde estás

tiempo tan puro

como una mano quieta en el sollozo?

¿Dónde estás,

tiempo mío tan puro

como una mano quieta en la noche?

 

XIII

Venga a mí el poder de decir lo que siento

Venga a mí el poder de atrapar la palabra

-dilecta hija de la magia y de los sufrimientos-

la que anduvo por mesas de borrachos

y se demoró de noche junto a los barcos del puerto.

Cuando callan los perros y se oculta la luna,

cuando mueren los hombres en los sueños profundos,

cuando huyen las ciudades y los árboles, todo,

la palabra se arrastra sobre el mundo

y persigue sus ecos silenciosos,

sus lamentos fatales.

Es la palabra todo lo que existe en la tierra,

más allá está el silencio, la locura, la muerte.

Yo soy pura palabra,

cruel amor con que espero

defenderé mi carne cuando sueñe en la nada.

 

[del libro Las estaciones de Antonio, 1973]

 

* en Héctor Yánover, Antología poética [Poetas argentinos contemporáneos 10], Bs. As., FNA, 1996, pp. 21-22, 78-79.


El tiempo según Arno Schmidt

[…] / Clarividencia, sueños premonitorios, second sight y la errónea interpretación de estos fenómenos incuestionables: el error fundamental siempre consiste en considerar al tiempo como  una línea recta de números en la que no puede tener lugar otra cosa que no sea una sucesión. ‘En realidad’ habría que representarlo por medio de una superficie en la que todo existe ‘simultáneamente’; porque el futuro ‘ya’ está desde hace rato (el pasado ‘todavía’ está) y en los estados excepcionales antes mencionados (¡que, no obstante, son ‘naturales’!) precisamente ya se puede percibir. Si a partir de esto los intérpretes devotos empiezan a soñar enseguida con una ‘acertada prueba de un alma inmortal’, habría que señalarles que se limiten a la constatación de que el espacio y el tiempo están justamente construidos de manera mucho más complicada de lo que nuestros sentidos y cerebros simplificantes (biológicamente suficientes) pueden captar. / […]

 

 Arno Schmidt, Paisaje lacustre con Pocahontas / Los desterrados, Bs. As., El cuenco de plata, 2013, p. 19.

 


Óscar Hahn: cuatro poemas

Cosmonautas

Adán y Eva vivían

en distintas galaxias

y sólo se comunicaban

por mensajes de texto

o por ondas de rayos láser

 

Día a día preparaban

sus naves espaciales

para acoplarse en la Vía Láctea

 

Navegaron

por la constelación de Andrómeda

atravesaron el Cúmulo de Virgo

e ingresaron en la órbita terrestre

 

Punto de acoplamiento:

cinco cuatro tres dos uno

 

El resplandor de la explosión

inundó el universo

y anunció el nacimiento

del amor y la muerte

 

 

Summa theologica

La niñez es la prueba

de la existencia de Dios

 

La vejez es la prueba

de su inexistencia

 

La muerte mira nomás

y no dice nada

 

 

Hechizo

Que esa bruja me haya hechizado

por celos despecho o venganza

transmutando mi forma física

de ningún modo quiere decir

que también ha alterado mi alma

 

Cualquiera sea la apariencia

bajo la cual me presente en el mundo

pido compasión para mí:

sea sapo que salta del charco

araña que sube por la pared

o plumífero que escribe estos versos

 

 

La ley

Son personas las que deciden

Son personas las que hacen y deshacen

Son personas las que rigen todo

 

Personas dijeron que la Ley

la había dictado Dios

Personas que dicen que ‘Dios dice’

 

Pero Dios no dice nada

 

Son personas las que dicen

Son personas las que apuntan

el pulgar hacia arriba

o hacia abajo

 

Son personas como nosotros

 

Óscar Hahn, La primera oscuridad, FCE, Santiago de Chile, 2011, pp. 17, 41, 65 y 79.

 

 


Héctor Yánover: dos poemas

 

1977

La noche es larga y yo camino.

Soy un hombre entre los tantos.

Pero en mi pecho,

sobre mi cuerpo allá en lo alto,

el viento mece sombras de ahorcados.

Trae gritos desde el río.

Pesan muertos oscuros,

niños claros quemados.

¿Soy un poeta si en esta hora callo?

¿Soy un hombre si me escapo?

¿Pero a quién decir salve?

¿Acaso a Dios?

¿Al congreso de los sabios?

¿Al poeta que vive masticando su premio literario?

En silencio camino,

los relojes golpean su milagro.

Somos islas,

las palabras tendrían que ser garfios.

 

***

Tengo la voz

Tengo la voz llena de muertos.

Se amontonan en mí, soy un cementerio.

Tengo la voz llena de miedo.

Entre muertos y miedo nada queda de la vida.

Los diarios me fusilan a la  hora del desayuno

y el pan tiene gusto a escarnio.

El mundo es un álbum necrofílico

que ojeo hoja a hoja.

Entre rostros de huérfanos

y fachadas de hospitales

los días dejan detritus por huellas.

 

¿Qué debo hacer?

 

Sigo andando (1982), en Héctor Yánover, Antología poética [Poetas argentinos contemporáneos 10], Bs. As., FNA, 1996, pp. 91 y 92.


#Poesía | “Apenas vida” (Ida Vitale)

Apenas vida

 

Cada día es un rayo cegador

hundido en la tierra,

cada instante una perdida gota.

Noche a noche algo cambia

por una insignia oscura,

una pluma ya inútil para el vuelo.

Como lluvia que cae

por los techos,

la vida va bajando

por caminos quebrados,

perdiendo su olor de ayer, salvaje,

su candor de creerse

desatada y radiante y duradera.

No es raro

que una paciencia amarga

suela cubrirnos

como una triste tierra anticipada.

 

ida-vitale-575x3232Ida Vitale, Sueños de la constancia, México D.F., FCE, 1994 [ed. original 1988], p. 142.


#Poesía | “No dicen, hablan, hablan” (Ida Vitale)

No dicen, hablan, hablan

 

No dicen, hablan, hablan*

‘Quienes hablan no saben,

quienes saben no hablan.’

 

Heraclitano fluir insiste:

‘no saben, los incrédulos,

ni escuchar, ni decir’.

 

La perfección acaso rige

la distancia que aleja

lo real palabra de lo real objeto.

 

Muere el mundo de olvido.

Puede en cambio repetir ferino

el plenilunio del error ajeno.

 

¿Poema o sólo cánope?

¿Verdad esplendorosa o recipiente

de vísceras ajenas?

 

Como sobre remordimientos,

por la inquietud, de constante olvidada:

¿es destino o es incauta deriva?

 

Un grave frío cruza el sentir

que se ha creído mágico:

su brasa no transmite, inútil.

 

Y entonces el techo no existe,

nos devuelve la noche de siglos,

el hueco terrible primero: el silencio.

 

* Octavio Paz

 

ewi121012Ida Vitale, Sueños de la constancia, México D.F., FCE, 1994 [ed. original 1988], pp. 53 y 54.


Un fragmento del “novelista atonal” Alberto Laiseca (1941-2016)

[…] pasó diez años de su vida escribiendo la primera novela atonal del mundo. Cuando alguien hablaba de vanguardias, él le sellaba los labios leyéndole algún indigesto pasaje de su obra maestra. Apelaba a ella en sus momentos de duda espiritual. Era discontinuidad pura. Trabajaba en distintos sectores resonantes cuyas respectivas energías consignaba minuciosamente en el papel. Ya tenía escritas más de dos mil páginas. Algunas contenían exclusivamente elementos de joyas y jarrones de la dinastía Ming, porcelanas o todas las variedades del jade. Otras abarcaban ecuaciones diferenciales, o fragmentos de ellas o, en fórmulas clásicas, suprimía partes o insertaba trozos diversos, etc. Tocaba todos los períodos geológicos de la Tierra, los nombres de los minerales, plantas, flores, virus, bacterias, micro partículas, campos electromagnéticos, la teratología (el estudio de las monstruosidades), torturas chinas, pornografía (expresada discontinuamente, por supuesto, como todo lo demás), historia, guerra, batallas, arquitectura, escultura, pintura, la literatura misma (con fragmentos alterados de pasajes pertenecientes a distintos autores). Allí figuraban sus favoritos: Oscar Wilde, Ayn Rand, Shakespeare, el gordo Lezama Lima, Kafka, Bradbury, Hesse. Ni siquiera pudo escapar el pobre Joyce –él, menos que nadie–; (distorsionando la distorsión de los cocheros, se esforzó en ese instante por ser el Joyce de Joyce).

Había fragmentos de partituras de Ricardo Wagner: leit motiv con notas cambiadas hasta dar disonancias irreconocibles. O partía de disonancias hasta hacerlas wagnerianas en un sentido remoto. No era músico, ya se dijo; pero tenía nociones suficientes como para poder efectuar estas modificaciones.

El final de la novela atonal resultaba un poco tramposo. Se parecía a las organizaciones heterodoxas de Stravinsky. Para sorpresa del lector, los últimos párrafos eran tonales. Terminaba con un teorema continuo y completo del matemático Rienmann. El novelista sostenía que era un poema de los más bellos. […]

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Alberto Laiseca, Aventuras de un novelista atonal, Bs. As., Sudamericana, 1982, pp. 30-32.