#Poesía: “El sueño de la poesía” (Horacio Armani)

 

El sueño de la poesía

Las grandes antologías están muertas, cementerios

de poetas, osamentas de poetas, fantasmas

de poemas amados emergen de sus páginas:

el tiempo ha consumido para siempre sus versos

que están muertos y han muerto su recuerdo y el mar de sus palabras.

y ruedan por las hojas infinitas sus cánticos

sin destino en el tiempo, tan solos y tan muertos.

 

Millares de poetas escribieron para nadie sus versos,

para el olvido, para la nada donde nada el tiempo

y están secas sus sílabas flotantes en el polvo del tiempo.

 

Poetas, las palabras

terminan con nosotros, las palabras que un día

creíamos eternas en el delirio que une la belleza y el sueño,

el dolor y la sed, la pasión del misterio.

Y nosotros yaceremos con ellas en el polvo de las antologías

cada vez más remotos, más solos y más muertos

Pero la poesía –inasible victoria– debe continuar

aunque el sueño de la poesía haya acabado.

 

Horacio Armani, En la sangre del día [1988], en Antología poética [Poetas argentinos contemporáneos 2], Bs. As., FNA, 1996, p. 111.


#Poesía: un fragmento de ‘Las Críticas de Chile’ (Armando Uribe)

 

1/Henos aquí, en la ratonera

del país que es un gato arestiniento

a la espera de vernos

acercarnos al queso y roerle la cáscara

para el zarpazo darnos en el cuello

y en seguida comernos, y al osario.

 

2/Estamos no pertenecemos

al país donde estamos ¡esta no es norteamérica!

y sin embargo hay edificios de Wall Street

(se pronuncia güólstrit), este es el caso:

se produjo la quiebra de todo, el golpe universal

de estado, estamos entre los escombros

que quedaron, las féminas con cintas de colores

se pasean con tacos aguja, sus abuelas con palillos

tejen cartílagos y sus amantes de camisa con rayas

ya no usan pantalones y lucen espinillas atractivas

y los sexos se creen carismáticos.

 

3/La dictadura

no fue un error, tiene apellidos,

como colas de rata o lagartija,

y su elenco de honor para asesinos

los regocija todavía, y dura

indefinidamente; no fue un malentendido

sino la voluntad de pasar una lija

de hierro por encima de los niños.

 

 

Armando Uribe Arce, Las Críticas de Chile, Santiago de Chile, Be-uve-dráis, 1999, p. 15.


#Poesía: “Cementerio obrero Mina El Aguilar” (Rodolfo Alonso)

 

“Cementerio obrero Mina El Aguilar” [1958]

 

cerros libres

 

injurias

 

vida

dura

 

y se me rompe la canción

 

 

Rodolfo Alonso, Entre dientes, Buenos Aires, Alción Editora, 2014, p. 43.


#Poesía: “Lejana Buenos Aires” (Rodolfo Alonso)

 

Lejana Buenos Aires

 

todos

esperan algo

de la ciudad

 

todos

esperamos

un viento

un roce

una palabra

 

una cama de amor

un pan brillante

 

ah

la ciudad

que nunca

alcanzaremos

 

la ciudad que nos suelta

y nos deja

solos

entre todos

temblando

esperando algo

 

 

De Hablar claro (1959-1963), en Antología poética [col. “Poetas argentinos contemporáneos” 1],

Bs. As., FNA, 1996, p. 54.

 


“Para que el muerto siga viviendo” (Elias Canetti)

Demasiado poco se ha pensado sobre lo que realmente queda de vivo en los muertos, disperso en los demás; y no se ha inventado ningún método para alimentar esos restos dispersos y mantenerlos con vida el mayor tiempo posible.

Los amigos de un hombre muerto se reúnen determinados días y hablan sólo de él. Lo matan todavía más si únicamente dicen cosas buenas de él. Más les valdría discutir, ponerse a favor o en contra de él, revelar picardías secretas suyas; mientras puedan decirse cosas sorprendentes sobre él, cambiará y ya no estará muerto. La piedad que intenta conservarlo en un estado concreto no es en absoluto amable. Surge del miedo y sólo quiere mantenerlo en algún lugar donde no sea un peligro, como en el ataúd y bajo la tierra. Para que el muerto, a su manera más tenue, siga viviendo, hay que darle movimiento. Deberá enfurecerse como antes y, en sus ataques de ira, utilizar alguna injuria inesperada, que sólo conozca el que la revele. Deberá ponerse tierno; y quienes lo conocían como una persona severa e inmisericorde, deberán sentir de pronto cómo era capaz de amar. Uno casi desearía que cada uno de los amigos tuviera que representar su propia versión del muerto, y a partir de todas ellas este volvería a estar ahí. También podría admitirse poco a poco en esas fiestas a personas más jóvenes y no iniciadas, a fin de que, en la medida de lo posible, conocieran al que aún no conocen. Ciertos objetos relacionados con este deberían pasar de mano en mano, y sería hermoso que, en cada encuentro anual, además de una revelación se añadiera también un nuevo objeto que hasta entonces había permanecido ignorado.

 

Elias Canetti, El libro contra la muerte, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2017 [ed. original 2014], pp. 23-24.


“Plegaria vespertina” (Günter Grass)

Plegaria vespertina

Lo que de niño

me asustaba hasta ponerme el miembro tieso

era una frase  –‘Dios lo ve todo’–

escrita en los muros con letra picuda;

pero ahora –desde que Dios ha muerto–

da vueltas arriba un dron no tripulado,

que no me pierde de vista

con un ojo sin pestañas que no duerme

y todo lo almacena, no puede olvidar nada.

 

Me vuelvo infantil,

tartamudeo plegarias incompletas incoherentes,

quiero pedir gracia y absolución

lo mismo que mis labios en otro tiempo al acostarme

pedían indulgencias tras cada caída.

Me oigo susurrar en el confesionario:

Ay, querido dron,

te pido perdón

para poder ir al cielo de rondón.

 

Günter Grass, De la finitud, Bs. As., Alfaguara, 2016, p. 16.


“Extrañas familias” (Adolfo Bioy Casares)

Extrañas familias

Fulano, según el Diccionario de la Academia Española, procede el árabe Fulán, un tal. Mengano, del árabe man kán, quien sea, cualquiera. Según Corominas, Mengano empieza a usarse a principios del siglo XIX, pero desde 1194 se usaba la forma Mancana. Mengano equivale a Fulano, pero se pone después; y antes, o después, de Zutano. Perengano, de per (preposición inseparable que refuerza o aumenta la significación de las palabras) y Mengano. Corominas le da fecha de nacimiento, 1884, y dice que viene de Perencejs, de 1870, y agrega que este último fue realmente Pero Vencejo, un rústico. Zutano, procede de citans, del latín scitanus, de scitus, sabido (consabido). Para Corominas procede de zut, exclamación para llamar a un desconocido: ¡Señor Zut! o ¡sit! o ¡sst!. A veces al primero, sobre todo si es mujer, pero aun si es hombre, se le agrega el apellido de Tal: Fulano o Fulana de Tal.

N es abreviatura de Nombre Desconocido, según la Gramática de la Academia Española. N.N., en la Argentina, equivale a persona desconocida. Según Abad de Santillán, es la abreviatura que se emplea en el Registro Civil para significar No natus.

En francés, un tel, une telle. En alemán, ein Gewisser (un tal), Herr Soundso. En inglés, so an so, The butcher, the Baker, the candlestick maker, Tom, Dick and Harry (hombres de la calle); Brown, Jones and Robinson (ricos, guarangos, vulgar rich) para el Brewer’s; John Doe y Richard Roe (cualquier demandante o demandado en una causa; nombres falsos, empleados alguna vez, para no comprometer a los litigantes); John O’Naakes y Tom Styler para igual propósito o en lugar de A y B, para personas imaginarias, en descripciones de procedimientos penales. En holandés, Die en die. En italiano, Tizio, un certo signore, un uomo qualsiasi che non si vuol nominare. Tizio, Caio e Sempronio, personas supuestas (suelen nombrarse juntas). El Fulano de los latinos era un quídam, expresión que aún se usa en español y, si no me equivoco, en francés.

 

Adolfo Bioy Casares, De jardines ajenos, Bs. As., Temas, 1999 [6ta. ed., ampliada y corregida], pp. 264 y 265.