Fito Páez y los pobres corazones (progresistas)

El músico rosarino ha escrito una columna en Página/12 el 12/7, donde ha dicho que le “da asco” la mitad de la Ciudad de Buenos Aires; más específicamente, la que votó y dio un primer triunfo electoral al PRO de Mauricio Macri.

De inmediato comenzaron las discusiones y polémicas. Los macristas (Esteban Bullrich, Hernán Lombardi entre otros) aprovecharon para tildar, hipócrita y cínicamente, al artista de “fascista”. Incuso una ONG le hizo una denuncia en el Inadi. Y el autodenominado filósofo –y asesor del PRO- Alejandro Rozitchner, en La Nación, también le dijo “fascista”, y agregó: “El gobierno de la ciudad no es perfecto, claro está, somos humanos tratando de hacer las cosas bien, lo mejor posible, argentinos tratando de mejorar”. Incluso Macri dijo que Fito Páez lo había felicitado hace años, cuando le dijo que se dedicaría a la política.

Está claro –si tenemos en cuenta el procesamiento al mismo Jefe de gobierno en la causa de las escuchas telefónicas, la UCEP, la turbia creación de la Metropolitana, y los grandes negociados- que lo de Rozitchner es una farsa completa. ¡Tilda de “humanos tratando de hacer las cosas bien” a quienes llenan de cámaras la ciudad y espían a sindicatos y estudiantes combativos, a quienes mandan a apalear y correr a los sin techo, y a quienes mandan a reprimir a la Metropolitana –junto a la Federal del gobierno nacional- en Parque Indoamericano!

Los –de alguna manera- defendidos por Fito Páez no se dieron por aludidos y, en medio de una crisis interna de la (inestable) coalición que es el kirchnerismo, discuten todos qué hacer: desde los blogueros que (ahora) desdeñan la política de derechos humanos y todo el perfil “progre” –los festivales en la ex ESMA no alcanzaron para que Cabandié sacara una buena cantidad de votos-, y piden más unidades básicas y punteros, pasando por los intelectuales (Forster, González) que se pronunciaron tibiamente, hasta los que, como el músico, señalan el escenario derechista que hay y tratan de “polarizar” entre “izquierda” y derecha. Norberto Galasso por su parte le hizo una “carta abierta” al músico, explicándole con “pedagogía” que habría que “convencer” a las clases medias. (Mención aparte merecen el cantante Adrián Otero, que habló de “los riesgos que un artista corre cuando opina de la realidad” –como si estuviéramos bajo una dictadura- y el escritor Andrés Rivera, que dijo, de modo ultraizquierdista, que Páez estuvo “moderado”, ya que tendríamos “una ciudad-nación atravesada por el fascismo”.)

El kirchnerismo parece decidido a mantener su perfil “progre”; por eso salieron a despegarse de las declaraciones del cantautor tanto Filmus (“no nos podemos enojar con los ciudadanos si no nos apoyaron con el voto”) como Tomada. Se muestran “tolerantes” e invocan a que exista alguna clase de “coalición” o apoyo para hacer menos dura la muy probable derrota en el balotaje. Así como cobardemente hicieron callar a Horacio González ante el neoliberal Vargas Llosa cuando la Feria del Libro; ahora, discutir qué subjetividad política y qué “cultura” (individualista, consumista) hay en los votantes de la ciudad –y se expresa en las elecciones-, está prohibido. ¡Pero qué (poca) audacia para “enfrentar a la derecha”!

En realidad, habría que tomar nota de lo que dice Páez en su primer párrafo, cuando habla de “la aplastante mayoría macrista que se impuso con el límpido voto republicano, que hoy probablemente se esconda bajo algún disfraz progresista, como lo hicieron los que ‘no votaron a Menem la segunda vez’, por la vergüenza que implica saberse mezquinos”. Pareciera que habla del alto porcentaje que, además de votar a Macri, también lo hará por Cristina en las presidenciales. Una Cristina que, como venimos señalando, adopta –ella, sus ministros y candidatos- la agenda de la derecha (contra la acción directa, los cortes, piquetes y “por más seguridad”). Es decir que el conformismo que señala el músico es parte del apoyo que hay para con el gobierno nacional. Republicanos culposos que, además de Macri, están con Cristina.