Eduardo “Tato” Pavlovsky (1933-2015): ética, política y estética del teatro

TEATRO // OBITUARIO

Eduardo “Tato” Pavlovsky (1933-2015): ética, política y estética del teatro

Notas sobre la obra y trayectoria artística, política y cultural de Eduardo “Tato” Pavlovsky.

El pasado 4 de octubre falleció Eduardo “Tato” Pavlovsky, a los 81 años. La singularidad de su enorme y extensa obra (teatral, psicoanalítica, periodística, política) radica en el profundo compromiso que tuvo (y mantuvo) a lo largo de su vida con su práctica, y ante las diversas (y generalmente disímiles, antagónicas, cambiantes, neuróticas) facetas o “caras” del ser humano, en distintas situaciones concretas –lo que él denominaba lo social histórico–. Su mente, su espíritu y su cuerpo sostuvieron una ética, una política y una estética que son de una riqueza invalorable.

Aquí tenderemos, apenas, y un tanto esquemáticamente –ya que las distintas “disciplinas” se imbrican, interactúan y se influencian en distintos grados–, algunos hilos alrededor de tres núcleos que pueden ser considerados fundamentales en la vida y obra de “Tato” Pavlovsky: el teatro, el psicodrama, y el trabajo intelectual: crítico y periodístico.

1.
El teatro de Pavlovsky fue visceral, crudo, impiadoso; también “de resistencia” y esperanzado: hay un tratamiento de la lucha, de la injusticia y del deseo de felicidad. Como relató numerosas veces, su acercamiento al teatro provino de cuando presenció Esperando a Godot, de Samuel Beckett, aquella obra que ponía en escena la “absurdidad” de la existencia por medio de sus grotescos personajes. Un gran impacto (ante el vacío metafísico, ante la angustia existencial beckettiana) que lo llevó a la actuación y la dramaturgia.

Ionesco, Pinter, Stanislavski y Meyerhold: grandes autores que fueron parte de sus influencias y linaje teatral. De sus primeras obras “de vanguardia”, en la década de 1960 (recuperadas en el tomo VII del Teatro completo de Pavlovsky, gracias a la fundamental labor del escritor, docente e investigador Jorge Dubatti) –un teatro “de búsqueda”, de “nuestros cotidianos estados de ánimo”, de “nuestras eternas preguntas incontestables”, como explicaba Pavlovsky en 1967– pasó luego a ocuparse de un aspecto particular de la subjetividad humana en sus obras, la represión: cómo existe, se mantiene y manifiesta, desde un “cotidiano”, la mentalidad y el accionar represivos. Tema: el genocidio. Objetivo: desnudar (recorrer, mostrar, expresar desde el arte dramático) la complicidad de sectores de la sociedad civil con los poderes establecidos (político-militar: estatal). Allí están obras como Potestad. Y, por otra parte, obras como El señor Laforgue y El señor Galíndez encarnaron y mostraron el accionar y la subjetividad del represor, y los mecanismos “institucionales” que los hacen posibles.

Con Variaciones Meyerhold, obra re-hecha en cada puesta en escena, se dio carnadura a quien fuera víctima –junto a su mujer– del terror estalinista, figura clave del teatro soviético. Y con La muerte de Marguerite Duras, dirigida por Daniel Veronese, Pavlovsky volvió a sorprender.

Otro tema que tocó de cerca fue la niñez –ahí está Telarañas–, la familia y la hipocresía (de clase media, pequeñoburguesa),“aggiornando” la temática al presente (reacción política, económica y cultural neoliberal mediante). Los niños desnutridos, que nacían en pleno siglo XXI en los hospitales públicos y se morían en la provincia de Tucumán –y que fueron (triste) noticia– se transformó en Sólo brumas; y el tráfico de drogas y personas, la criminalidad y el incesto, fueron trabajados en su última obra –donde la ebullición de la multiplicidad dramática, los cambios de estados e intensidades, la metamorfosis es permanente y se mantiene constante–; una obra que se mantuvo en cartel (actuando también, junto a su compañera Susy Evans, Paula Marrón y Eduardo Misch) hasta hace muy pocos meses: Asuntos pendientes –ya publicada en libro–. Entre sus últimos proyectos, como comentó varias veces los últimos años, estaba el hacer una obra referida a Stalin, junto a uno de sus grandes amigos, Norman Briski.

Dramaturgo y actor, Pavlovsky no sólo encarnó muchos personajes de sus obras en el escenario, sino que también participó en películas –varias, basadas en sus mismas obras teatrales–. Reconocido internacionalmente, sus obras se representaron en América Latina, Estados Unidos y Europa. Recibió, merecidamente, decenas de premios, estudios y puestas en escena de sus obras.

2.
En el terreno del psicoanálisis, Pavlovsky fue un pionero: introductor de la técnica del psicodrama (y promotor de la terapia grupal), también fue firmante del Grupo Plataforma en los ‘70 (rompiendo con la institucionalizada APA, Asociación Psicoanalítica de la Argentina); expandió el campo de análisis, profundizando la cuestión acerca de los males y sufrimientos del individuo en contextos más amplios, conectándolo con la historia, con las luchas sociales y políticas de la época.
Corría el año 1971, y el comunicado que firmó Pavlovsky –junto a Marie Langer, Armando Bauleo, Emilio Rodrigué y Juan Carlos Volvonich, entre otros y otras– estaba dirigido “A los trabajadores de la salud mental” y anunciaba su separación de la Asociación Psicoanalítica Internacional –y su sede local–, y el ingreso al movimiento Plataforma Internacional. Reivindicando a Freud y al psicoanálisis, se planteaba la necesidad de aprovechar la “contribución de otras ciencias”: “Nuestra disciplina provee el conocimiento de las determinaciones inconscientes que regulan la vida de los hombres, pero la misma, como conjunto de prácticas sociales articuladas, está regida también por otros órdenes determinantes: fundamentalmente el sistema de producción económica y la estructura política”. “Nos pronunciamos” seguía diciendo el comunicado, “comprometiéndonos con todos los sectores combativos de la población que, en el proceso de liberación nacional, luchan por el advenimiento de una patria socialista”. Y finalizaba pronunciándose por “una ciencia comprometida con las múltiples realidades que pretende estudiar y transformar”. Como explicó Emilio Rodrigué, en un reportaje en 2001, Plataforma surgió “En el borde del Congreso Psicoanalítico Internacional de Roma, en 1968, cuando aún soplaban los vientos del mayo francés. […] Soñar era posible en esos años. Se respiraba la consigna ‘liberación social e individual’ y queríamos poner el psicoanálisis al rojo vivo” (citas extraídas de Darío Canton, Los años en el Di Tella (1963-1971), Tomo II de De la misma llama, Bs. As., Libros del Zorzal, 2005, pp. 397-401 y 433).

Volviendo al primer señalamiento, aquel ingreso de “lo teatral” a la función médica renovó las técnicas de análisis y las posibilidades de una mayor exploración, profundización y expresión de los participantes. Entre los muchos libros dedicados a estos temas, muchos de ellos grupales, colectivos, se destacan los que firmó junto a Hernán Kesselman –colega y amigo, también firmante de Plataforma–, con quien trabajó en esta área durante casi 50 años (entre otros, está el libro Estética de la multiplicación, reeditado hace poco tiempo).

Todavía en 1990, “Tato” Pavlovsky participaba, en La Habana, Cuba, de un “Tercer Encuentro Latinoamericano de Psicología Marxista y Psicoanálisis”. Según el mismo Kesselman, con Pavlovsky hemos perdido a “uno de los últimos representantes de los 70”.

3.
Respecto a la dimensión política, ideológica y periodística, “Tato” Pavlovsky se destacó como un agudo analista de la realidad argentina, latinoamericana e internacional. Una cantidad importante de artículos sobre teatro, psicoanálisis y política (especialmente los publicados en Página/12, en contratapa, en suplementos y secciones –prácticamente desde el nacimiento del diario hasta el presente–, además de otros diarios, revistas y publicaciones) se encuentra en Micropolítica de la resistencia, compilado y editado por Jorge Dubatti. Allí Pavlovsky vuelve a autores y temas clásicos, como Wilhelm Reich, Hannah Arendt y el genocidio nazi, buscando conectarlos con la última dictadura argentina, empleando algunas categorías (“posmodernas”) de Deleuze y Guattari (por izquierda: sin adoptar ningún supuesto “fin de la historia”, ni la exclusividad o preferencia de “lo micro” por sobre “lo macro”), y desarrolla un análisis de los acontecimientos tras la vuelta al régimen democrático pos 1983: la hiperinflación y los saqueos de supermercados, la llegada del menemismo (con su obscena y desembozada corrupción) y la ideología y modalidades reaccionarias de los medios masivos de comunicación y de cierto periodismo (por ejemplo la TV escudriñando ante los casos de Olmedo y Monzón); analiza el “Santiagazo” y las demás puebladas que se fueron sucediendo en las provincias del norte y sur del país, centrando su preocupación, fundamentalmente, en cómo las “maquinarias de guerra” del Estado se complementaban con una cultura y modos que imponían al sujeto contemporáneo una mentalidad “voyeurista”, de mirar pasivo (y acrítico), cómplice y aceptador del poder y el statu quo, de lo ya establecido. (En “Estéticas”, publicado en Página/12 el 28 de mayo de 1997, Pavlovsky escribía entusiasmado: “Nuevas éticas del cuerpo social en movimiento recorren nuestro país, creando nuevos y singulares territorios existenciales de lucha. Nuevas micropolíticas de las resistencias, producción de nuevas subjetividades que por contagio recorren el país. La belleza de las voces de Cutral-Có propagándose a Tartagal. ¿No son acaso bellas las imágenes de los fogoneros? También hubo belleza en las velocidades del Santiagazo. […] Ahora esperan Chubut y Jujuy. Ya nadie habla de organizaciones subversivas. Es voz de pueblo levantada e insurrecta que clama justicia”.) Pavlovsky alertó y denunció muy tempranamente los peligros de una “cultura” contemporánea donde esta es parte de un entramado subjetivo-socialfuncional a las represiones de los estallidos y luchas sociales. Para él, la “macropolítica” tenía como “gran desafío” “nutrirse de la visión de la micropolítica para combatir el fascismo […] que se transmite molecularmente, cuerpo a cuerpo, célula a célula a través de la sociedad y de sus microorganizaciones” (“La trama del fascismo”, artículo a propósito del triunfo electoral de Bussi en Tucumán). Y recordar el pasado, sí, pero para desarrollar, en el presente, una política que denuncie las futuras represiones ante nuevos momentos de lucha.

Como se dijo, el libro mencionado recupera discusiones sobre teatro: sobre sus mismas obras y las polémicas que generó (por ejemplo con Potestad, donde explicaba, en un artículo de 1988, que debía “como ‘actor’” “identificarse” con los sentimientos de los ladrones de niños durante la dictadura: sólo así podría manifestarse “la ambigüedad patológica de este tipo de personajes. Porque es la ambigüedad del represor lo que me interesa”, dijo), así como también las grandes figuras que admiró, ya mencionadas al comienzo de esta nota. Pavlovsky podía ocuparse de escribir sobre las experiencias del Che Guevara, casi de inmediato sobre una puesta teatral en algún festival de Europa, y luego sobre la situación política de Brasil o Perú, o defender de los ataques del gobierno al entonces diputado (trotskista) Luis Zamora, en 1990. ¡Dio incluso una discusión sobre fútbol e “hinchadas” a Umberto Eco!

Así, el teatro, la estética y el psicoanálisis fueron parte de la ética y de la política. Socialista, Pavlovsky militó en el trotskismo: en el PST, y durante un tiempo en el MAS. Luego, para el 90 aniversario de la Revolución Rusa, puso su voz a la película de Contraimagen Ellos se atrevieron. Y, los últimos años, aun sin dejar de oponerse al sistema y a todo los males que genera, simpatizó con el extinto Hugo Chávez, y mantuvo, junto a una amistad, su apoyo político a Pino Solanas. Elponer el cuerpo a todo lo que hacía, su compromiso y crítica permanentes lo hizo blanco de la Triple A; lo obligó a exiliarse durante la dictadura, y a participar luego de la experiencia de Teatro Abierto, contra la misma.

Se fue un gran artista e intelectual, que deja una vastísima obra. Tal como le hacía decir a un personaje alter ego “resistente”, el Cardenal, en su obra Rojos globos rojos (1994/1996), “No podemos dejar de actuar […], porque si dejamos de actuar tenemos miedo de morirnos en el vacío. […] preferimos morir en este encierro de no poder dejar de actuar nunca, porque acá y sólo acá, Cholo, podemos soñar la libertad”.

Eduardo “Tato” Pavlovsky: un artista de vanguardia, un intelectual crítico, de izquierda, que desarrolló su teatro unido a los acontecimientos vitales de cada época histórica. Un soñador y un luchador de la libertad.


“Los asuntos pendientes” (Rafael Spregelburd)

Leemos hoy en Perfil:

INMORTALES

Los asuntos pendientes

Por Rafael Spregelburd
En mi universo teatral es impensable que se haya ido Pavlovsky. Su teatro ha gravitado directa o indirectamente sobre toda escena que se produzca en nuestra cultura. El teatro de Tato –rabiosamente anticultural, encantadoramente intelectual, abstractamente físico y corpóreo– está ligado a las razones del hacer teatro en la Argentina: es denuncia, es delirio y es reflexión escrita en los bordes.
La noticia de su muerte me parece poco menos que increíble. Temo que con él muera una parte fundamental de mi propia historia: sus estrenos en aquel pequeño gran bastión del teatro Babilonia; sus visitas desinteresadas y generosas al Sportivo Teatral, donde yo me formaba como actor y donde nos encandilaba con sus funciones íntimas de Potestad; su manera luminosa de pensar el teatro sustraído de los vulgares presupuestos del poder y de las modas; su presencia elegante y temible en cuanto debate lo involucrara; su mítico pasado como campeón de natación; su cuerpo fortachón y desbaratado, soporte irreemplazable de sus obras más icónicas.

Su último texto, Asuntos pendientes, no es ni una despedida ni un balance: parece abrir la puerta de una dramaturgia siempre fiel a sus preceptos (el teatro como ceremonia y nunca como simulacro) y al mismo tiempo novedosamente directa y molesta: sus asuntos pendientes (el maltrato infantil, las mil miserias de la marginalidad, el turismo sexual, la hipocresía política) dejan un tendal de imágenes de un mundo escabroso y violentamente cómico.

La última vez que nos vimos fue rodando una película. “Me llaman para hacer de viejo”, me dijo, entre risitas sarcásticas, y era evidente que él jamás se creyó viejo. Es lógico. ¿Cómo habrán jamás de envejecer estas obras sin edad y que perturban en cualquiera de las muchas etapas de su producción? ¿Cómo podrá nunca jamás morirse Tato Pavlovsky, si el teatro de Pavlovsky es inmortal?


Encuentro y charla con Eduardo “Tato” Pavlovsky

Visitamos hace unos días a Eduardo “Tato” Pavlovsky en su casa.

Autor, director y actor teatral; figura fundamental de las artes dramáticas desde la década de 1960 (“Pavlovsky significa un hito insoslayable de avanzada en la escena nacional”, escribió Luis Ordaz en un breve texto sobre historia del teatro) hasta el presente (hace pocas semanas Tato dio una conferencia inaugural, en el marco del 50° aniversario de la carrera de Historia del Arte, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA junto al pintor Luis Felipe “Yuyo” Noé); pionero del psicodrama, la psicoterapia y las técnicas grupales, Pavlovsky habló de su actual obra, Asuntos pendientes, que escribió y protagoniza a sala llena todos los viernes –y que, nos dijo, continuará también en 2014–, y sobre muchos temas más: su teatro (y una serie de cuestiones teóricas, y de representación de la subjetividad de un torturador; sobre los escritos de Primo Levi y Hannah Arendt; sobre Astiz y la dictadura argentina), y el impacto que en su momento le produjo Beckett y Esperando a Godot; sobre su historia (que incluye la militancia en el trotskismo: en el PST en la década de 1970, y en el MAS en la del ‘80) y el exilio al que lo obligó el régimen militar; y, también, sobre las figuras de Stalin y Trotsky, a propósito de Variaciones Meyerhold y de la obra que estuvo durante un tiempo planificando junto a Norman Briski –como comentó en algunos reportajes– sobre Stalin. (Allí Tato nos habló un buen tiempo acerca de la infancia y los comienzos militantes de Stalin; de su familia y del rudo carácter que fue tomando… ¡y de que Briski “podría hacer un excelente Stalin”!)

También conversamos sobre la actualidad del teatro; sobre las obras que encarnar los jóvenes y qué visión tiene de ellos…

Junto con el amigo Fernando Lendoiro, que ofició de fotógrafo, le llevamos a Tato varios ejemplares de la revista de política y cultura Ideas de Izquierda, y las publicaciones del Instituto del Pensamiento Socialista “Karl Marx” y el CEIP: Mi vida. Intento autobiográfico, y El caso León Trotsky, con las audiencias del “contraproceso” en México en respuesta a las farsas burocráticas-totalitarias de los tristemente célebres “Juicios de Moscú”…

Tato nos agradeció todo –por supuesto, ya conocía y había leído Mi vida–, y la entrevista será publicada próximamente en Ideas de Izquierda.

 

(Aquí, solamente queríamos comentar un poco, a modo de “backstage”, lo que fue nuestra visita, además de dejarles abajo algunas fotos.)

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Videos: Eduardo “Tato” Pavlovsky y Luis Felipe “Yuyo” Noé en el III Congreso Internacional de Artes en Cruce (CIAC)

Publicado el 08/08/2013

camara Hugo Omar Viggiano

Inauguración magistral: Eduardo Tato Pavlovsky y Luis Felipe Yuyo Noe en la apertura del IIIº CIAC Este lunes arrancó el III Congreso Internacional de Artes en Cruce (CIAC), organizado por el Departamento de Artes de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA), en el marco de la celebración de los 50 años de la carrera de Artes. En este sentido, el Congreso se propone como un espacio de encuentro para el diálogo crítico y la reflexión sobre las Artes, sus cruces y transiciones, pero también busca dar cuenta de una memoria de la carrera, no solo desde la perspectiva académica sino también considerando las trasformaciones sociopolíticas y culturales de estos 50 años.
Luego de la presentación oficial del Congreso a cargo de las autoridades de la Facultad y la carrera, el plenario de apertura contó con la presencia de dos maestros del arte argentino: Eduardo Tato Pavlovsky (dramaturgo, escritor, actor, médico psicoterapeuta y ¡nadador!), y Luis Felipe Yuyo Noe (artista plástico, escritor y ex Director del Departamento de Artes de FFyL de la UBA).

En un diálogo coordinado por Jorge Dubatti (historiador, crítico y teórico teatral, profesor titular de la cátedra de Historia del Teatro Universal de FFyL-UBA) y Juan Pablo Pérez (licenciado en Artes y docente de la cátedra Historia del arte argentino I de FFyL-UBA), en un tono que serpenteó entre la reflexión y la emoción, los artistas hablaron de su infancia compartida (como compañeros de curso en la escuela primaria), de sus anécdotas, del exilio, de su amistad con Fernando Pino Solanas y el documental en el cual planea reunirlos, de sus trayectorias, del concepto de arte crítico que ambos promueven y promovieron en sus obras, del proceso creativo del artista, de sus 80 años de vida y de sus compañeras de siempre, Susana y Nora.

Un auditorio lleno (de alumnos, docentes, graduados y público en general) los aclamó y, como adelanto, el Prof. Ricardo Manetti (Director de la carrera de Artes y profesor titular de la cátedra de Historia del cine argentino y latinoamericano de FFyL-UBA) anunció que se encuentra en trámite el título Dr. Honoris Causa de la UBA para ambos artistas. Actualmente, Pavlosky comparte escenario con su esposa Susana Evans (además de Paula Marrón y Eduardo Misch) en Asuntos Pendientes, obra de su autoría que se presenta en el Centro Cultural de la Cooperación, bajo la dirección de Elvira Onetto. Noé, por su parte, en el marco de la celebración de sus 80 años, prepara una exposición en la Galería Rubbers junto a sus hijos, el cineasta Gaspar Noé y la artista plástica Paula Noé (ambos radicados en Francia), que planean denominar Noé 3D.
La primera jornada del Congreso, en sintonía con el espíritu de celebración propuesto, cerró con brindis, soplada de las velitas y baile, mientras varias intervenciones artísticas (de alumnos de la carrera y también de compañeros del IUNA) se desarrollaban por los espacios de la Facultad.

Publicado el 09/08/2013

Camara Hugo Omar Viggiano

Publicado el 09/08/2013

Camara Hugo Omar Viggiano


Los seres y la nada

Acerca de Asuntos pendientes, nueva obra de “Tato” Pavlovsky

Asuntos pendientesPresenciar el teatro de Eduardo “Tato” Pavlovsky implica sumergirse en la subjetividad moderna –o al menos, en algunas de sus dimensiones, en algunos de sus estamentos sociales–. (Hablamos de una subjetividad conformada de acuerdo a una época histórica, a la familia, a la cultura y, en fin, a la política.)

En este sentido, “lo privado” y “lo público” en/de los sujetos, las distancias –que suelen proponerse como parte de “las buenas costumbres”– entre estas esferas se rompen y se funden en los discursos de los personajes: mediante la dramaturgia, entonces, también se explica (al ser, y a sus condiciones –o condicionantes– de vida).

Pero claro que esta obra no es (no tiene) una “explicación didáctica”: surgiendo como borbotones, hay algo así como explosiones de la subjetividad, de las emociones, en los discursos, que van engarzándose no-linealmente: en Asuntos pendientes, no importa tanto el buscar algún “hilo argumental” sino el presenciar los “cómo es” nuestra sociedad, que vive pariendo/sosteniendo/manteniendo pobres y clases medias… Esto ha planteado el autor en una entrevista, explicando su labor y esta obra: “Mi trabajo es intuitivo: tengo una imagen, que se va conectando con otras imágenes, como en una telaraña. La imagen de Asuntos pendientes se relaciona con la maquinaria represiva civil en un momento de nuestra historia. Es una obra onírica, pero lo onírico tiene un valor de inscripción de lo social-histórico”.

Asuntos pendientes se inicia con tres personajes: un matrimonio y un hijo (adoptado), y desde ellos se despliegan las (muchas o pocas, no importa) historias (pasadas o presentes, reales o imaginarias). Visiones, verdaderas pesadillas –como la que Aurelio le comenta a su mujer cuando apenas comienza la obra– de muerte e indiferencia (social); historias familiares, donde la violencia (hacia “los otros”) se manifiesta; repetición de frases y expresiones como “¡Negros de mierda! ¡Son unos negros de mierda!” que aluden al brutal individualismo que impera en amplios sectores de las clases medias. (Hay también una interesante “microhistoria” –los personajes “transmutan” en otros– entre un anhelante y “viejo” Aurelio en un encuentro con… Valeria Mazza: el “estar bien” y la familia como “valores fundamentales”, contra la consciencia, la angustia y las “razones existenciales” en debate.) Pavlovsky, como suele hacer desde su “estética de la multiplicidad” (como él mismo la ha explicado: es un “teatro de estados”, donde se “pone en un segundo plano lo argumental-narrativo y basa la actuación en intensidades más fragmentarias”), inscribe los discursos de estas subjetividades en el devenir de nuestra sociedad, donde las cicatrices de la dictadura y de la destrucción (social, política y cultural) “neoliberal” permanecen abiertas… La “opulenta ciudad” Capital Federal y las provincias “del interior”, la(s) familia(s) y el incesto, la pobreza y las infancias (y otras vidas) truncadas, transformadas en menos que nada; la policía y su accionar delincuencial-mafioso; todo eso y más hay en esta nueva obra escrita y actuada –intensamente, junto a Susy Evans, Paula Marrón y Eduardo Misch– por Pavlovsky.

Somos lo que decimos y hacemos… y lo que nos hacen. Y el teatro de Pavlovsky –directo, visceral– lo pone de relieve. Nos lo arroja –sin mayores miramientos– a la cara.

 

* La obra está en el Centro Cultural de la Cooperación, en Av. Corrientes 1543, todos los viernes a las 20 hs.