“Años perdidos, decepción y promesa” (Noé Jitrik)

CONTRATAPA

Años perdidos, decepción y promesa

Por Noé Jitrik

na40fo01Gracias al buen gusto y al afecto de mi amigo Demian Paredes, de inagotable curiosidad por la buena literatura, pude conocer a lo largo de los últimos años varios textos inexcusables, tanto como inexcusable fue no haberlos conocido antes.

En particular, pero no sólo en ese ámbito, literatura concerniente a lo que fue la Unión Soviética, en ese poderoso momento de su creación y luego en su exilio, durante la larga noche estalinista. Parecía obvio que Demian me hiciera llegar nuevas ediciones de obras de Leon Trotsky, en un proyecto editorial del sello IPS, en el que colabora, pero luego textos de otros autores recogidos en envidiables andanzas libreriles.

En cuanto a los de Trotsky leí una original biografía de Lenin, que comenté, nuevamente la extraordinaria Mi vida así como reuniones de artículos sobre España, México y, por supuesto, sobre el estalinismo, por no mencionar Literatura y revolución, tan discutible como apasionante. Pude volver en estos días a un fragmento de ese libro, una discusión que mantuvo en 1925 con un grupo de escritores: es increíble la continuidad de sus ideas, el vigor sin desfallecimiento de la formulación, la seguridad en sus juicios, no se me ocurre otra palabra que “genialidad” para calificar esa intervención y esa personalidad. Más allá de las tesis de orden político, nunca ausentes de todas sus intervenciones, en todos los textos a los que pude acercarme brota, si la vieja definición de estilo sigue siendo útil, una poderosa individualidad y, correlativamente, una fuente de escritura que, en su caso, unió casi sin fallas cantidad con calidad.

Pero no sólo eso mi amigo me acercó: si he mencionado a Trotsky a quien me refiero ahora es Victor Serge, que fue su amigo, partidario, y todo lo que se puede decir de una asociación político-ideológica-filosófica, incluso de a ratos conflictiva, como todo lo relacionado con Trotsky: en una composición sobre tela que hizo Magdalena Jitrik, las efigies de ambos personajes, a partir de la correspondencia que mantuvieron durante mucho tiempo, se contraponen y se complementan y en el espacio que se establece entre ellas las figuras de otros bolcheviques configuran una especie de olimpo revolucionario pero entregado a la muerte a la que Stalin, con dudosa (tramposa) argumentación condujo a todo el conjunto.

Sólo leí dos libros de Serge; el primero fue El caso Tulaiev, de 1947; el otro, Los años sin perdón, terminado en 1946. Sobre El caso escribí hace un tiempo una nota que publiqué en este mismo diario; brevemente, ficcionaliza un hecho determinante en la historia soviética, el asesinato de Kirov, un prominente cuadro del estalinismo, proyectado a sucesor del todopoderoso georgiano: el crimen fue el comienzo de los paranoicos juicios que acabaron con lo que quedaba de los primeros y revolucionarios bolcheviques, menos con Trotsky a quien la mano vengadora terminó por acabar unos pocos años después. Serge realiza en esta historia lo que después de su auge la novela policial puso en evidencia, o sea que la novela policial es política aunque dio vuelta los términos, abordó lo político por el camino de los procedimientos narrativos de lo policial de un modo diferente al que singulariza la obra de los maestros de esta especie narrativa, tan atractiva. Este giro le permitió acercarse y apartarse de los crudos hechos que son su punto de partida y trazar un cuadro tan animado como certero de esos duros años para el mundo en general y para la Unión Soviética en particular. Lo que pude observar, considerando los modos predominantes del relato soviético, fue que Serge procedía con un saber implícito de la literatura contemporánea, en un camino que no podía ser juzgado como de posvanguardia pero sí como de posrealismo, lejos tanto de la disidencia, tipo Pasternac, Solyenitsin o Nabokov, como de los cultores del realismo socialista, cuyo “teórico” fue el olvidado Zdanov.

La otra novela, Los años sin perdón, escrita antes, tiene una estructura más compleja pero, sobre todo, un lenguaje desbordante que me remite, tal vez es arbitrario de mi parte, a la lección joyceana, un relente de escritura automática pero no como flujo incontrolado de inconciencia sino, al contrario, por un desborde objetivo, de descripciones minuciosas y relieves poéticos tanto en relación con lo ambiental, el cruel sistema persecutorio soviético, la helada destrucción de Alemania después de los bombardeos de 1944, la lujuriante naturaleza mexicana, la angustiosa soledad de los fugitivos, la orfandad de las traiciones, como producto de una mirada excepcionalmente refinada y sabia.

Pero no, esa mirada, como un intento panorámico acerca de ese mundo al que Serge había en parte contribuido a construir y que luego, lamentable, tristemente, iba siendo destruido sin que esa destrucción tocara las convicciones, eso, por ejemplo, que Trotsky había seguido sosteniendo obstinadamente acerca del destino histórico de la sociedad, la “revolución permanente” y ese conjunto de tópicos que, al parecer, Serge pone por otra parte en cuestión por el camino de la decepción y la melancolía. Casi, inclusive, alguien, incidentalmente en la novela, se atreve a dudar, una herejía para un universo de afirmaciones rituales, acerca de la eternidad del pensamiento de Marx, sabiendo, el narrador, que eso implica un futuro desolado, un destino incierto y que concluye, nuevamente, como un anticipo de lo que se desprende en El caso Tulayév, en la muerte, como si la muerte, política, fuera el broche de lo que se presentaba como la alborada gloriosa de una humanidad mejor.

Lo que leí sobre esta novela –hubo comentarios en su momento y años después, lo que se conoce como “crítica”– la describe en sus partes y en sus personajes: ahorraré esa facilidad; sólo puedo apuntar que si hay, habría que demostrarlo, una conexión con el proceso literario europeo heredero de la vanguardia, también de lo que abrió el psicoanálisis que, como se sabe, no había cundido en la Unión Soviética pero que penetró en la literatura al introducir una dimensión subjetiva que el realismo tradicional había ignorado.

De ello resulta, en esta novela, no sólo una denuncia sino una idea de destino, que quizás retomó años después Vassili Grossman, en una doble vertiente, por un lado lo que pudo ser ese sueño de redención social, perseguido durante siglos y comenzado en ese país contradictorio, campesinos proletarios atrasados y elites de pensamiento refulgente y hecho trizas, convertido en un mero aparato de control y de persecución; por el otro, el de los concretos protagonistas que iluminados por una doctrina que todo lo preveía y consideraba pensaron que estaban a punto de consumarlo, su destino no fue esa gloria sino el pelotón de fusilamiento o la muerte anónima en un perdido arrabal del mundo. La novela relata, sin declararlo, esa suerte en un tono líricamente pesaroso que establece una pálida atmósfera de pérdida y de tristeza que bien puede ser lo que las tragedias del siglo veinte, la frustración comunista, el ascenso del fascismo, la implacabilidad del sistema, aportaron a la historia de la cultura mundial.

Señalé al pasar que se comentó, módicamente, esta novela: uno no se resigna a admitir que lo que siente como un hecho de peso haya podido ser ignorado o menospreciado por quienes deberían considerarlo del mismo modo aunque no por eso crea en las luces que lo que se designa como crítica hayan sido por fuerza enceguecedoras. Pero de ahí a la ignorancia total hay un paso y, al menos, llama la atención cuando se verifica. Desde luego, esa atención raramente es universal, seguramente lo que consideramos un hecho literario de indiscutible valor en la Argentina es más que probable que no reciba ni siquiera una mirada en Finlandia o en Siria o en China, pero debería recibirla en la Argentina. Análogamente, que un hecho literario vinculado con la Unión Soviética, o con Rusia, haya sido ignorado en la Unión Soviética no puede ser indiferente. Es lo que creo que ha ocurrido con Victor Serge o, al menos, lo que pude vislumbrar al asomarme a la información que proporciona, a falta de mi parte de otras fuentes, el servicial pero también elemental Google: en ningún repertorio de literatura soviética o rusa figura, el borramiento es notorio, pareciera que lo que quisieron hacer con él en la noche staliniana irradió sobre su obra literaria y la hizo, a medias, desaparecer.

Digo a medias porque recuperar a un autor tan representativo de una manera de ser intelectual del siglo XX y que, por añadidura es un gran novelista, comienza a ser un proyecto importante: pasó con Marái, puede pasar con Serge. Lástima, solamente, que él no lo puede ver.


El análisis del fascismo que Trotsky hizo con el método marxista sigue vigente, dice su nieto

Presentan libro conmemorativo por el 73 aniversario luctuoso del revolucionario ruso

El análisis del fascismo que Trotsky hizo con el método marxista sigue vigente, dice su nieto
Merry MacMasters

“El tema del fascismo abordado por León Trotsky –cuando su surgimiento en Alemania– con gran precisión y profundidad mediante el análisis marxista, contrariamente a lo que muchos pudieran pensar para nada ha perdido su gran actualidad y relevancia”, expresó Esteban Volkow, nieto del revolucionario ruso, en la presentación de La lucha contra el fascismo en Alemania, dentro de las actividades conmemorativas del 73 aniversario del asesinato del dirigente perpetrado el 20 de agosto de 1940.

Coeditado por el Instituto del Derecho de Asilo Museo Casa de León Trotsky, de México, y el Centro de Estudios, Investigaciones y Publicaciones León Trotsky (CEIP), de Buenos Aires, el libro comprende una selección de textos que el revolucionario escribió sobre el ascenso de Hitler y la lucha contra el fascismo.

Volkow observó que el fascismo es la carta habitual que saca el sistema capitalista en momentos de crisis extrema para mantener su hegemonía y poder, y para ello saca a la calle todos sus aparatos de represión. América Latina ha vivido hasta el cansancio dichos regímenes que usualmente han sido encabezados por militares prestos para desempeñar dichas labores.

Testigo del crimen cometido contra su abuelo, para Volkow el CEIP es un ejemplo y una muestra de lo que debe ser el actuar de auténticos revolucionarios trotskistas: encauzar sus energías y entusiasmo hacia metas valiosas y concretas, entre ellas, educar políticamente a las nuevas generaciones víctimas del sistema capitalista al poner a su alcance el vasto arsenal ideológico para que sepan qué tierra pisan y qué rumbo deben tomar para su emancipación y liberación.

Un clásico de la literatura política

En nombre del CEIP, Jimena Vergara dijo que la lectura de los textos que conforman el volumen, parte de la colección Obras escogidas de Trotsky, es de vital importancia, no sólo por representar un análisis sociológico preciso de dicho fenómeno, sino porque integran un complejo teórico articulado con la necesidad de dar respuestas políticas inmediatas a los problemas, no sólo de la lucha contra el fascismo, sino de la revolución socialista.

Para José Antonio González de León, director del Museo Casa de León Trotsky, lugar de la presentación, la actualidad de La lucha contra el fascismo en Alemania consiste en que hay varios elementos analizados por el creador del Ejército Rojo que están vivos hoy, transformados y actualizados.

El lector encontrará que tenemos similitudes en estos años de crisis con aquellos años de crisis que explican el deterioro de un Estado que buscó arreglarse descomponiendo sus mundos sociales y políticos, al hacer intervenir grupos y organizaciones desorganizadas que podemos reconocer hoy en grupos delincuenciales.

Guillermo Iturbide, del CEIP de Buenos Aires, en una misiva enviada al acto, dijo que el presente tomo es uno de los más grandes clásicos de la literatura política del siglo XX, y que las páginas que componen el volumenfueron escritas como textos urgentes, de combate político

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* Más sobre este libro y el plan de las Obras Escogidas de León Trotsky en http://www.ceipleontrotsky.org/; y en http://edicionesips.com.ar/


Videos: presentación de las ‘Obras selectas’ de Lenin en la Feria del libro

Presentación en la Feria del Libro de las “Obras selectas de Lenin”, con Christian Castillo, Eduardo Grüner y Cecilia Feijoo. Realizada el Viernes 26 de abril, 20.30 hs. Sala José Hernández, Pabellón Rojo, Feria del Libro

* Videos de Tv PTS

 

* Ver acá fotos de la presentación.

** Ver acá reportaje a los compiladores de la obra.

*** Ver acá presentación e índices de los dos tomos.


Fotos: presentación de las ‘Obras selectas’ de Lenin en la Feria del libro

La importancia de la reedición de la obra de Lenin

Con la Sala José Hernández del Pabellón Rojo de la Feria del Libro llena, se presentó la reedición de la obra de Lenin. Una presentación a cargo de Eduardo Grüner, Christian Castillo y Cecilia Fijoo, la compiladora. Esto se realizó el viernes 26 de abril de 2013 a las 20.30hs.

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Fotos: Romina Vermelha
Contacto: tvptsfotos@yahoo.com.ar

* Link a todas las fotos: https://www.facebook.com/media/set/?set=a.496674013715414.1073741900.447915911924558&type=3


Presentación e índices de las ‘Obras selectas’ de Lenin

NOTA PARA LA PRESENTE EDICIÓN

 

tapas_lenin_final_tomoIPresentamos estas Obras selectas de Lenin en dos tomos: una recopilación de textos y discursos imprescindibles a la hora de conocer y abordar la obra de uno de los más importantes revolucionarios marxistas del siglo XX. Pretendemos con estas Obras selectas, junto al reciente lanzamiento de las Obras escogidas de León Trotsky, hacer llegar al público en general, y a las nuevas generaciones de trabajadores y jóvenes, los textos de los grandes marxistas clásicos.

Lenin lleva aproximadamente dos décadas de estar casi “desaparecido”, fuera de los emprendimientos editoriales, fuera del “mercado” de la palabra escrita, calumniado por biógrafos liberales y conservadores; demonizada su figura como “representación” de la dictadura estalinista y atacada por la “nueva izquierda”… que en sus prácticas políticas nada han traído de “nuevo”. Sin embargo, Lenin también ha tenido, en este nuevo siglo, algunas pocas y nuevas ediciones. En 2001 se realizó en Alemania un simposio en torno a

las relecturas de sus escritos desde nuestra época, que fueron publicados en Lenin reactivado[1]. También se han publicado biografías, como la de Jean-Jacques Marie, o interesantes investigaciones de aspectos de su vida y obra como la de Philip Pomper en El hermano de Lenin[2]. Las presentes Obras selectas, junto a las nuevas publicaciones sobre Lenin, muestran el atractivo que aún posee su figura a la hora de pensar una alternativa al sistema capitalista.

Y es que hay –teniendo en cuenta la crisis económica internacional del capitalismo– un potencial regreso de las ideas del revolucionario ruso; fantasma que evidentemente asusta al historiador reaccionario Robert Service, quien se ha tomado muy en serio la tarea de “terminar de asesinar” a los revolucionarios del siglo XX. El peligro para este está en la posibilidad de que “se pueda volver a invocar su memoria” “en las muchas partes del mundo en que el capitalismo provoca graves problemas sociales. Lenin no está del todo muerto, al menos aún no”[3].

La presente selección de escritos de Lenin pretende entonces aportar al surgimiento de un genuino interés en su obra, partiendo de la actualidad que tiene la herencia leninista allí donde (re)surge la necesidad de orientar y potenciar la acción de los explotados hacia el combate contra el orden político y social capitalista.

Queremos ofrecer una recopilación de textos que, a contrapelo de toda falsificación estalinista, de toda propaganda amansada y toda resignación frente al presente político, permita al lector responderse la pregunta con la cual comienza nuestro primer tomo: “¿A qué herencia renunciamos?”. ¿Debemos renunciar a lo mejor de la experiencia que expresó Lenin, por la cual se apostó, se luchó y se padeció? ¿Acaso la derrota que provocó que la revolución y el Estado basado en los sóviets de trabajadores, campesinos y el pueblo que surgió de ella, del cual Lenin fue uno de sus artífices, se transformara en su contrario, en un Estado “totalitario” dirigido por una casta burocrática, justifica esta renuncia? Adelantando nuestra respuesta, con Lenin decimos que no solo “no renunciamos a esta herencia”, sino que también “refutamos los recelos” de muchos de aquellos que han renunciado a la misma. También decimos con Lenin que no guardamos “la herencia como los archiveros conservan los viejos documentos”, sino que lo hacemos porque hoy es vital para el análisis crítico del capitalismo, la lucha de clases y el programa y la organización necesaria para la lucha de los trabajadores y los explotados.

En las últimas décadas, de reacción liberal y restauración conservadora, se atacó uno de los aportes más significativos de Lenin como político marxista. Con él surgió y se desarrolló una nueva concepción (que el lector podrá apreciar a lo largo de los presentes tomos) de la práctica política: la necesidad de una organización, de un partido capaz de conservar las energías y potenciar la lucha de los explotados y los oprimidos; de potenciarla “según todas las reglas del arte” por parte de “personas cuya profesión sea la actividad revolucionaria”[4]. Y esa profesión a la que apostamos junto con Lenin, la revolucionaria, es hoy la más combatida, denigrada y malentendida, no sin ocultas e interesadas razones. Al hacerlo artífice del régimen de partido único y de la dictadura totalitaria, deporte preferido de académicos liberales, conservadores y también de radicales libertarios, autonomistas y “posmarxistas”, se evita abordar verdaderamente al sujeto Lenin, sus combates, y el significado real de su herencia para el marxismo.

Como decía Trotsky frente a este tipo de posiciones: “El error de este razonamiento comienza con la identificación tácita del bolchevismo, de la Revolución de Octubre y de la Unión Soviética. El proceso histórico, que consiste en la lucha de fuerzas hostiles, es reemplazado por la evolución abstracta del bolchevismo. Sin embargo, el bolchevismo es solamente una corriente política. Aunque estrechamente ligado a la clase obrera, no se identifica con ella. En la URSS, además de la clase obrera existen más de cien millones de campesinos de diversas nacionalidades; una herencia de opresión, de miseria y de ignorancia. El Estado creado por los bolcheviques refleja no solamente el pensamiento y la voluntad de los bolcheviques, sino también el nivel cultural del país, la composición social de la población, la influencia del pasado bárbaro y del imperialismo mundial no menos bárbaro. Representar el proceso de la degeneración del Estado soviético como la evolución del bolchevismo puro, es ignorar la realidad social, pues considera uno solo de sus elementos aislándolo de una manera puramente lógica. Basta con llamar a este error elemental por su verdadero nombre, para que no quede nada de él”. Y luego agregaba: “Evidentemente el estalinismo ha ‘surgido’ del bolchevismo; pero no surgió de una manera lógica, sino dialéctica; no como su afirmación revolucionaria, sino como su negación termidoriana. Que no es una misma cosa”[5].

Más allá de este tipo de críticas es claro que su presencia como político revolucionario del siglo XX no puede ser ignorada. El escritor austriaco Stefan Zweig, en su libro llamado, nada menos, Momentos estelares de la humanidad, relata la vuelta de Lenin a Rusia luego de la revolución de febrero de 1917. Exiliado en Zúrich después de 1905, Lenin retorna junto a otros militantes a su país. Escribió Zweig: “El tren se puso en movimiento hacia Gottmadingen, la estación fronteriza alemana. Eran las tres y diez. Y el mundo cambió brutalmente de horario. Millones de obuses destructores habían sido arrojados en el curso de la guerra mundial. Los ingenieros continuaban inventando las armas más pesadas, las más poderosas y las más devastadoras. Pero ningún obús fue más devastador y más decisivo que este tren, con su cargamento de revolucionarios, los más peligrosos y más decididos del siglo, este tren, que de la frontera suiza se lanzaba entonces a través de toda Alemania hacia Petrogrado y se preparaba para hacer explotar el orden de los tiempos”. En Rusia se entrelazaban el hambre, la miseria y la desesperación de la guerra con las esperanzas eléctricas de la revolución. Una vez en la estación Finlandia, “los reflectores instalados en las fachadas de las casas y en el castillo se concentran sobre él, y desde aquel coche blindado dirige su primer discurso al pueblo. Bulle animadamente el gentío por las calles. Ha comenzado el ‘ciclo de diez días que conmovieron el mundo’. El proyectil ha dado en el blanco, ha destruido un imperio y cambiado la faz del mundo”.

 

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La revolución socialista y Lenin junto con ella pasaron por los momentos más gloriosos y seductores, así como por los más terroríficos y violentos. Según el historiador Arno Mayer estas son las “dos caras contrapuestas” de una revolución. Y toda revolución social abre una dinámica propia que es relativamente “autónoma” y condicionada[6]. Trotsky, en el exilio mexicano, analizando esta dinámica abierta, poco antes de ser asesinado por un militante estalinista, escribió: “A pesar de las medidas de represión a las que fue necesario recurrir bajo la presión de circunstancias extraordinarias, la Revolución de Octubre impuso un cambio radical en las relaciones sociales en favor de los intereses de las masas trabajadoras. En cambio, la contrarrevolución estalinista dio inicio a conmociones sociales que van en el sentido de transformar el orden social soviético en beneficio de una minoría privilegiada de burócratas termidorianos”[7]. Lo que quedaba de ese Estado gobernado por una “minoría privilegiada de burócratas” se derrumbó estrepitosamente, desacreditado frente a las masas, luego de 1989, en Rusia. Pero “el carácter de los levantamientos de 1989-91 y sus consecuencias sólo puede comprenderse como el último acto de un largo proceso de revoluciones políticas derrotadas que sacudieron los países de Europa del Este, combinado con retrocesos importantes de la clase obrera occidental ante el avance de la ofensiva neoliberal”[8]. Primero fueron los combates de la Oposición de Izquierda, dirigida por Trotsky (y muchos de los mejores militantes comunistas), que culminaron con su expulsión y exilio en 1928; luego las grandes y represivas conmociones del “Gran Terror” estalinista de los años 30; luego vinieron los levantamientos de obreros y campesinos de Berlín, Hungría, Polonia, Checoslovaquia (sólo por nombrar algunos), que plantearon el antagonismo existente entre esa “minoría privilegiada” y las masas obreras y campesinas. Sólo la derrota de los mismos, junto con el agotamiento económico y el cerco capitalista (lo que demuestra lo

utópicamente reaccionario que fue y es plantear el “socialismo en un solo país”), preparó “el último acto” que fue 1989-91: la implosión de la burocracia, en medio de movilizaciones de masas, sin perspectiva revolucionaria.

En síntesis: el aplastamiento de los procesos de “revolución política” por parte de burocracias estalinistas nacionales, en sus diferentes variantes, estuvo en la base de este enorme retroceso de la revolución y dejó planteada la enorme actualidad de los últimos combates de Lenin contra la burocratización del Partido Bolchevique y la continuidad de esta batalla por parte de Trotsky, que lo llevó, en 1938, a fundar la IV Internacional.

La recopilación que presentamos en estos tomos intenta aportar a esta tarea de retomar la herencia del marxismo revolucionario.

 

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Los textos reunidos atraviesan el largo camino trazado entre “dos revoluciones”: la de 1905, con sus “Jornadas revolucionarias”, hasta la de 1917, con sus “Tres crisis”. Además, recopilan las huellas de la lucha por forjar esa organización de hombres y mujeres “expertos en las artes de la política revolucionaria” en “¿Qué hacer? Problemas candentes de nuestro movimiento”. El lector podrá descubrir en estos textos la definición de cuál es la alianza de fuerzas que permitiría a Rusia derribar la autocracia; según Lenin, la alianza de los obreros con los campesinos –y no con la burguesía liberal, como proponían los mencheviques–, así como la fundamentación de los métodos insurreccionales frente a las tendencias “pacifistas” en el debate plasmado en “Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática”. Podrá sumergirse también en los duros y francos debates de tendencias y fracciones entre los emigrados luego de la derrota de la revolución de 1905, momento de retroceso y reacción, cuando el zarismo desbarata palmo a palmo las “libertades” que se había visto obligado a otorgar frente a las masas insurrectas. Podrá leer los debates que Lenin lleva adelante contra aquellos que proponían la liquidación del trabajo ilegal del Partido, debate reflejado en “Algunas fuentes de la actual discrepancia ideológica”. O leer las discusiones que Lenin realiza contra la fracción izquierdista en “La fracción de los partidarios del otzovismo y de la construcción de Dios”.

A través de los textos que componen el primer tomo el lector verá desarrollarse la pelea de Lenin por forjar una nueva internacional revolucionaria: la III Internacional. Podrá analizar el cambio en la situación política de las masas, el nuevo ascenso de luchas obreras que se va desarrollando con ímpetu, analizado por Lenin en “El desarrollo de las huelgas y las manifestaciones callejeras”. Podrá ver los giros bruscos que produjo la Primera Guerra Mundial y la ubicación del marxismo frente a la misma en “La bancarrota de la II Internacional”.

Verá los interrogantes que abre la guerra cuando Lenin debate con el programa de Rosa Luxemburg, encarcelada en Alemania por su oposición a la guerra, en “El programa militar de la revolución proletaria” y propone “a la guerra como a la guerra”: a la guerra entre los “bandidos imperialistas”, la guerra civil del proletariado y las masas contra la burguesía. Podrá leer el aún controversial ensayo con el cual Lenin buscó dar una respuesta a los cambios que se estaban produciendo en el capitalismo del siglo XX en “El imperialismo, etapa superior del capitalismo”, con el que sentó las bases para la explicación de la nueva época de crisis, guerras y revoluciones que, con sus diferentes etapas, llega hasta nuestros días.

En los textos que dan inicio al segundo tomo el lector podrá adentrarse en el ambiente de energías liberadas, de impaciencias, posibilidades y peligros que abrió la revolución de febrero de 1917. Leer el combate de los “diez días que conmovieron al mundo” a partir de las “Tesis de abril”, cuando Lenin combate las posiciones sostenidas por los llamados “viejos bolcheviques” confluyendo, de hecho, con las tesis de la revolución permanente sobre la mecánica de la revolución que Trotsky había formulado a partir de las lecciones de la Revolución rusa de 1905[9]. Podrá seguir el curso de las crisis, avances y reflujos del calendario revolucionario a través de su intervención en el “I Congreso de los Sóviets de diputados obreros y soldados”, pasando por las “Tres crisis” y observando “El comienzo del bonapartismo”. Podrá “retirarse” y seguir a Lenin, ahora nuevamente en la clandestinidad, y leer sus tesis sobre una nueva organización estatal transitoria, sin Ejército permanente y sin burocracia, en la que hasta una cocinera pueda ser responsable de la administración del nuevo Estado, así como su gran anticipación de las contradicciones a las que se tendría que enfrentar el partido revolucionario al tomar el poder del Estado durante la transición, en “El Estado y la revolución”.

El lector podrá preguntarse entonces junto con Lenin: “¿Podrán los bolcheviques mantenerse en el poder?”. El instante de peligro que significó esta decisión, derrocar al Estado de la burguesía, puede apreciarse leyendo su llamado urgido contra la mayoría de sus compañeros del Comité Central del Partido Comunista (bolchevique), cuando sólo era apoyado por militantes como Trotsky y Sverdlov y las masas que protagonizaban el “auge revolucionario del pueblo”. En esos momentos les decía: “La historia ofrece pocos momentos como estos para los revolucionarios”, “es ahora o nunca”. Podrá el lector entonces adentrarse y sumergirse luego en la plenaria de aquella tensa madrugada que cambió la “historia universal”, cuando se votó “El decreto sobre la paz”, “El decreto sobre la tierra” y la “Resolución sobre la creación de un Gobierno obrero y campesino”.

El lector podrá sentir el empuje y las esperanzas puestas en la extensión de la revolución internacional y de esa “nueva” democracia de los trabajadores que estaba surgiendo frente a la catástrofe económica y la guerra en sus “Tesis sobre la democracia burguesa y la dictadura del proletariado”. Podrá observar cómo Lenin, al inicio de la guerra civil rusa, no teme hacerles llegar una “Carta a los obreros norteamericanos” para decirles que es necesario “aplastar la resistencia de los capitalistas” y “recurrir a la violencia”, pero a la violencia de los explotados y oprimidos y no de esa “minoría” de capitalistas que se basa en ella y sólo la recusa si la utilizan “los de abajo”. También el lector tendrá la posibilidad de sopesar la importancia que Lenin dio a los problemas de la revolución internacional leyendo “El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo”, donde debate dura pero fraternalmente con sus compañeros de la III Internacional la necesidad de no “repetir mal” las lecciones del bolchevismo, de buscar y descubrir las particularidades de la lucha de clases de cada nación y aprender de las formas a través de las cuales el partido y la revolución avanzan.

Podrá evaluar el lector en los textos seleccionados los avances del nuevo Estado y de la sociedad de transición, el análisis de la situación, en cada momento, de las fuerzas en pugna. Podrá entonces seguir los textos que muestran nuevas encrucijadas, cuando la derrotar militar del antiguo régimen se ha conquistado pero persisten las dificultades de un Estado obrero en condiciones de aislamiento, rodeado de “enemigos” para nada “imaginarios”, con un atraso cultural heredado de siglos de absolutismo y con una devastación económica por la guerra externa e interna. Podrá analizar entonces los “giros” en la situación y la “retirada estratégica” que Lenin propone en la “Nueva Política

Económica” (NEP), cuando plantea la necesidad de que el Estado de los trabajadores refuerce su alianza con los campesinos e introduzca elementos de “capitalismo de Estado”. Hacia finales del segundo tomo encontrará entonces los textos en los cuales Lenin ya entrevé el peligro en esa “podredumbre” que es “nuestra burocracia, tanto de los sóviets como del Partido en el nuevo Estado”, como afirmó en “Mejor poco, pero mejor”. Finalmente, tendrá la chance de ahondar en el último de sus combates leyendo su “Testamento”, escrito en 1922 y ocultado por la dirección oficial… ¡hasta 1956!

Cuando las manifestaciones del décimo aniversario de la revolución (1927) se desplegaron por las calles de la URSS, el eco de sus últimas palabras fue recogido por los militantes de la Oposición de Izquierda: “Remover/desplazar a Stalin”.

 

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Sobre el origen de los textos

La presente edición se realizó a partir de una selección de las Obras Completas editadas desde la URSS y publicadas en nuestro país por la Editorial Cartago. La primera edición –como señala Jean-Jacques Marie en su biografía sobre Lenin– fue un conjunto de treinta y cinco volúmenes, que en la época de Jruschov se elevaron a cincuenta y cinco (ya que se reintegraron artículos y fragmentos ocultados); por ello utilizamos esa segunda edición “jruschoviana”.

Debido a la manipulación constante de que se ha hecho de los trabajos de Lenin según conveniencias políticas, por parte del stalinismo, en los presentes volúmenes hemos optado por despojar a los textos de la enorme cantidad citas de los editores, dejando solamente las del propio Lenin, y agregando nosotros las indispensables.

Cada tomo tiene índices que podrán ayudar al lector: uno de conceptos, organizaciones y abreviaciones; otro de publicaciones. En el Tomo dos encontrará además un índice de pequeñas biografías y una línea de tiempo con dos entradas: una se refiere a la vida de Lenin y al accionar del Partido Bolchevique; la otra indica los acontecimientos históricos más importantes en el mundo y en Rusia.

Al final del segundo tomo hay también un listado bibliográfico que da cuenta de los materiales utilizados como referencia para estas Obras selectas y que sirven a modo de “guía de lectura sugerida” para profundizar en torno a Lenin.

 

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La presente edición estuvo a cargo de un equipo conformado por Cecilia Feijoo, Valeria Foglia, Demian Paredes y Julio Patricio Rovelli.

Estos tomos no podrían haberse publicado sin la colaboración de Gabriel Piro, Sabrina Chirico, Valeria Rios, Analía Cabral y Lucía Feijoo.


[1] Lenin reactivado, Budgen, Kouvelakis, Zizek (eds.), Madrid, Akal 2010.

[2] Lenin, Jean Jacques Marie, Madrid, POSI, 2011; El hermano de Lenin, Philip Pomper, Barcelona, Ariel, 2010.

[3] Lenin. Una biografía, Robert Service, Barcelona, Siglo XXI, 2001.

[4] Ver “¿Qué hacer…” en el Tomo uno de la presente edición.

[5] “Bolchevismo y estalinismo. Sobre la cuestión de las raíces teóricas e históricas de la IV Internacional” (1937), León Trotsky, Escritos 1929-1940 (versión digital), en http://ceipleontrotsky.org/

[6] Les Furies, 1789-1917. Violence, Vengance, Terreur, Arno J. Mayer, París, Fayard, 2002.

[7] Stalin, León Trotsky, México D.F. Juan Pablos Editor, 1973.

[8] Ver “La actualidad del análisis de Trotsky frente a las nuevas (y viejas) controversias sobre la transición al socialismo”, Claudia Cinatti, Bs. As., revista Estrategia Internacional N.° 22, 2005.

[9] Ver al respecto La teoría de la revolución permanente (compilación), León Trotsky, Bs. As., Ediciones IPS/CEIP “León Trotsky”, 2011.

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Índices

 

Tomo uno (1898-1916)

 

Nota para la presente edición

 

Breve índice de conceptos

 

Índice de periódicos y publicaciones

 

¿A qué herencia renunciamos?

 

Sobre las huelgas

 

¿Qué hacer? Problemas candentes de nuestro movimiento

Prefacio

I. Dogmatismo y “libertad de crítica”

II. La espontaneidad de las masas y la conciencia

de la socialdemocracia

III. Política sindicalista y política socialdemócrata

IV. Los métodos artesanales de trabajo de los economistas

y la organización de los revolucionarios

V. Plan para un periódico político destinado a toda Rusia

VI. Conclusión

Anexo: Intento de fusionar Iskra con Rabocheye Dielo

 

Jornadas revolucionarias

 

Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática

Prólogo

I. Una cuestión política urgente

II. ¿Qué nos brinda la resolución del III Congreso del POSDR

sobre el Gobierno provisional revolucionario?

III. ¿Qué es la “victoria decisiva de la revolución

sobre el zarismo”?

IV. La república y la abolición de la monarquía

V. ¿Cómo “impulsar la revolución hacia adelante”?

VI. ¿Desde dónde amenaza al proletariado el peligro

de verse con las manos atadas en la lucha contra

la burguesía inconsecuente?

VII. La táctica de “eliminar a los conservadores del Gobierno”

VIII. La tendencia de Osvobozhdenie y la de la nueva Iskra

IX. ¿Qué significa ser el partido de la oposición extrema durante la revolución?

X. Las “comunas revolucionarias” y la dictadura democrática revolucionaria del proletariado y del campesinado

XI. Breve comparación de algunas resoluciones del III Congreso del POSDR y de la Conferencia

XII. ¿Disminuirá el alcance de la revolución democrática si la burguesía le da la espalda?

XIII. Conclusión. ¿Nos atreveremos a vencer?

Epílogo: Otra vez la tendencia de Osvobozhdenie, otra vez la tendencia de la nueva lskra

 

Huelga política y lucha callejera en Moscú

 

Sobre la reorganización del Partido

 

La organización del Partido y la literatura partidaria

 

Nuestras tareas y el Sóviet de Diputados Obreros. Carta a la redacción

 

Enseñanzas de la insurrección en Moscú

 

Prólogo a la recopilación En doce años

 

Marxismo y revisionismo

 

La fracción de los partidarios del otzovismo y de la construcción de Dios

 

Algunas fuentes de la actual discordancia ideológica

 

El sentido histórico de la lucha interna del Partido en Rusia

 

Desarrollo de las huelgas revolucionarias y de las manifestaciones callejeras

 

Comunicado y resoluciones de la reunión de Cracovia del Comité Central del POSDR con funcionarios del Partido

 

La bancarrota de la II Internacional

 

Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo

 

El programa militar de la revolución proletaria

 

El imperialismo, etapa superior del capitalismo (Ensayo popular)

Prólogo a la edición rusa

Prólogo a las ediciones francesa y alemana

I. La concentración de la producción y los monopolios

II. Los bancos y su nuevo papel

III. El capital financiero y la oligarquía financiera

IV. La exportación de capitales

V. El reparto del mundo entre asociaciones de capitalistas

VI. El reparto del mundo entre grandes potencias

VII El imperialismo como etapa particular del capitalismo

VIII. El parasitismo y la descomposición del capitalismo

IX. Crítica del imperialismo

X. Ubicación histórica del imperialismo

 

 

Tomo dos (1917-1923)

 

tapas_lenin_final_tomoIIBreve índice de conceptos

 

Índice de periódicos y publicaciones

 

Las tareas del proletariado en la actual revolución (Tesis de abril)

 

Cartas sobre táctica

 

El doble poder

 

Las tareas del proletariado en nuestra revolución (Proyecto de plataforma del partido proletario)

 

La guerra y la revolución (Conferencia pronunciada el 14 (27) de mayo de1917)

 

I Congreso de los Sóviets de Diputados Obreros y Soldados de toda Rusia

 

¡Todo el poder a los sóviets!

 

Tres crisis

 

¿Dónde está el poder y dónde la contrarrevolución?

 

Sobre las consignas

 

El comienzo del bonapartismo

 

El Estado y la revolución. La teoría marxista del Estado y las tareas del proletariado en la revolución

Prólogo a la primera edición

Prólogo a la segunda edición

I. La sociedad de clases y el Estado

II. La experiencia de 1848-1851

III. La experiencia de la Comuna de París (1871). El análisis de Marx

IV. Continuación. Aclaraciones complementarias de Engels

V. Las bases económicas de la extinción del Estado

VI. La vulgarización del marxismo por los oportunistas

VII. La experiencia de la revolución rusa de 1905 y 1917

 

Acerca de los compromisos

 

Proyecto de resolución sobre la situación política actual

 

Los bolcheviques deben tomar el poder (Carta al Comité Central y a los comités del POSDR(b) de Petrogrado y de Moscú)

 

El marxismo y la insurrección (Carta al Comité Central del POSDR(b))

 

La catástrofe que nos amenaza y cómo luchar contra ella

 

¿Podrán los bolcheviques mantenerse en el poder?

 

II Congreso de los Sóviets de Diputados Obreros, Soldados y Campesinos de toda Rusia

I. A los obreros, a los soldados y a los campesinos

II. Informe sobre la paz

III. Palabras finales luego del debate del informe sobre la paz

IV. Informe sobre la tierra

V. Resolución sobre la creación de un Gobierno obrero

y campesino

 

Proyecto de decreto sobre el control obrero

 

Carta a los obreros norteamericanos

 

La revolución proletaria y el renegado Kautsky

Prólogo

Cómo Kautsky convirtió a Marx en un vulgar liberal

Democracia burguesa y democracia proletaria

¿Puede haber igualdad entre el explotado y el explotador?

Defender que los sóviets no se conviertan en organizaciones del Estado

La Asamblea Constituyente y la república soviética

La Constitución soviética

¿Qué es el internacionalismo?

Subordinación a la burguesía con el pretexto de un “análisis económico”

Anexo I. Tesis sobre la Asamblea Constituyente

Anexo II. El nuevo libro de Vandervelde sobre el Estado

 

I Congreso de la Internacional Comunista

Discurso en la inauguración del Congreso

Tesis sobre la democracia burguesa y la dictadura del proletariado

Discurso de Lenin sobre sus tesis

Resolución relativa a las tesis sobre la democracia burguesa y la dictadura del proletariado

 

La III Internacional y su lugar en la historia

 

Economía y política en la época de la dictadura del proletariado

 

El “izquierdismo”, enfermedad infantil del comunismo

I. ¿En qué sentido podemos hablar de la importancia

internacional de la revolución rusa?

II. Una condición esencial del éxito de los bolcheviques

III. Etapas principales en la historia del bolchevismo

IV. ¿En la lucha contra qué enemigos dentro del movimiento

obrero creció, se fortaleció y se templó el bolchevismo?

V. El comunismo “de izquierda” en Alemania.

Los dirigentes, el partido, la clase, las masas

VI. ¿Deben trabajar los revolucionarios en

sindicatos reaccionarios?

VII. ¿Debemos participar en los parlamentos burgueses?

VIII. ¿Ningún compromiso?

IX. El “comunismo de izquierda” en Inglaterra

X. Algunas conclusiones

Apéndice:

I. La división de los comunistas alemanes

II. Los comunistas y los independientes en Alemania

III. Turati y Cía. en Italia

IV. Conclusiones erróneas de premisas correctas

V. Carta de Wijnkoop

 

Discurso de clausura del X Congreso del Partido Comunista ruso

 

III Congreso de la Internacional Comunista

Informe sobre la táctica de la Internacional Comunista

Informe sobre la táctica del Partido Comunista de Rusia

 

La Nueva Política Económica y las tareas de las comisiones de educación política. Informe en el II Congreso ruso de Comisiones de Educación Política

 

Carta al Congreso (“Testamento” de Lenin)

 

Cómo debemos reorganizar la Inspección Obrera y

 

Campesina (Recomendación al XII Congreso del Partido)

 

Mejor poco, pero mejor

 

Nuestra revolución (A propósito de la notas de N. Sujanov)

 

Breve cronología de la vida de Lenin

 

Breve índice biográfico

 

Bibliografía de consulta


Una vida, una revolución (Noé Jitrik sobre ‘Mi vida’, de León Trotsky)

La autobiografía, sostenía Sarmiento, postula un ejemplo; el que cuenta su vida no sólo se jacta de sus proezas, de lo que cree que son sus proezas o, en el mejor de los casos, de sus miserias sino que se proyecta, está diciendo de una u otra manera “así hay que ser”.

Pero Sarmiento, un ser muy psicoanalizable, no conocía el psicoanálisis de modo que no podía saber que quien se expresa, por escrito o por la voz, más allá de la jactancia o de la confesión siempre se dice algo más al decir, siempre cuenta “el ser” de su vida, sea lo que fuere lo que dice o escribe, tan luego él que quería “decir” el país sabiendo o no que estaba diciendo su ser, quién era. Pero es claro que no quería esperar a que se supiera quién era de cualquiera manera: para fijarlo escribe su autobiografía, “no se equivoquen” proclama, no interpreten o indaguen, ahí está todo, bien claro y evidente, hagan lo que quieran con eso, pero con eso, no con otra cosa.

Y, sin embargo, ese gesto que bien puede considerarse autoritario, no se detiene ahí. Una variante importante se impone: una cosa es una simple exposición fáctica, por más exaltada y autorreferente que sea, y otra, muy diversa, es si tal exposición apologética está escrita, con todas las de la ley, en otras palabras si saltó la barrera que separa el mero decirse de esa dimensión extraña que se conoce como literatura. Es, precisamente, el caso de Sarmiento y es, con igual claridad, el caso de León Trotsky. Pequeña diferencia: Sarmiento llama a su autobiografía Recuerdos de Provincia, título que induce a creer que va a hablar de otra cosa y de paso también de sí mismo, mientras que Trotsky, al titular directamente Mi vida -después de su proyecto originario: “Medio siglo” había pensado en titular la recuperación de sus cincuenta años-, pareciera que sigue la dirección contraria, hablará de sí mismo y, no tan de paso, también de otra cosa. Y, otra vez, sin embargo: a propósito de la “provincia” Sarmiento hablará de sí mismo y Trotsky, a propósito de sí mismo, hablará de todo lo demás, del mundo y sus alrededores, en su caso de la revolución en general y de la rusa en particular.

INCIDENTE TRAS INCIDENTE. En ambos casos, y seguramente en todos, el dar ejemplo tiene un valor incitativo, esencialmente moral: “hagan lo que yo hice” proclama, lo cual a algunos les abre un camino, a otros los hace sentirse culpables, les pone en evidencia sus limitaciones mientras no pueden no admirar la grandeza que se les presenta ante los ojos. Los primeros creen acceder a ella, para los otros es una gigantesca montaña que no podrían escalar. De modo que para la primera respuesta se constata que hay sarmientistas y trotskistas, puesto que estamos tratando ahora de las autobiografías de ambos; para la segunda tal vez sólo meros lectores, apasionados como es mi caso, pero nada culpables, espectadores nada más de la mencionada grandeza.

De Sarmiento no es el momento de hablar, tal vez porque se ha hablado de él desde hace casi dos siglos. De Trotsky sí porque, como apartando una maleza que lo cubrió durante décadas, ha vuelto a salir de la tumba como un extraño fenómeno de fuerza y para muchos de inspiración. Para éstos, el ejemplo que brinda la autobiografía es exaltante, indica con un metafórico dedo índice proyectado hacia adelante un camino seguro, hasta un modo de vida, por no hablar de un sistema de interpretación que les permite enfrentar dilemas, zonas de acción, luces, en fin, dirigidas a un futuro todavía sin forma pero posible. El ejemplo que resplandece en el texto titulado sin vacilaciones Mi vida puede ser por lo tanto canibalizado y sin duda lo es pero, además, tal vez para pocos, el texto promete muchas otras cosas, no sólo esa tan exaltante apropiación.

De aquellos que ven en esas páginas inspiración y certezas no puedo hablar, no es mi problema; de cómo lo veo yo sí, es mi problema. Por lo tanto, y para empezar, ¿qué (me) promete un libro de quinientas páginas que no obstante es apenas un esquema de una vida que produjo muchísimas más?

Ante todo, y en una aproximación general, más que prometer ofrece algo clarísimo, un vértigo. Incidente tras incidente, el texto se come el tiempo en un doble registro: ante todo, el de acontecimientos históricamente importantes -revoluciones, guerras, cárceles- , la turbación y la promesa que cubre como una capa espesa la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX, y, en otro nivel, el de un relato tan afiebrado como de acezante respiración.

Pero ambos registros se entrecruzan de modo que si los acontecimientos se precipitan a lo largo de una vida y tienen el obsesionante aspecto de la insomnia, la escritura, que es como un lugar donde esos acontecimientos se ven, tampoco duerme ni descansa. Así, las imágenes se precipitan, las acciones se perfilan, los actores aparecen y desaparecen en una especie de teatro en el que tiene lugar un drama histórico tan cargado como que contiene el paso de una época a otra, de un sistema que viene durando siglos, pero de cuyo final Trotsky tiene una serena y objetiva, marxista, idea, a uno que está naciendo con dolor y fervor. Y, en ese cruce, la propia vida, con atisbos apologéticos – la reivindicación del papel que le tocó cumplir en grandes cambios históricos- pero casi nunca íntimos, salvo las grandes pérdidas, salvo la pasión por la lectura y el conocimiento que puntúa aún en los momentos más tensos de los que le tocó enfrentar: las huidas en el feroz invierno siberiano, los encuentros con los diplomáticos alemanes para terminar la guerra, la febril construcción de las instituciones del socialismo, los enfrentamientos con los ejércitos blancos. Escenas de película en las que escribe el guión, con minucia y con detalles, como esperando a un buen cineasta o, mientras llega, a un buen lector.

CRÓNICA DE UNA GESTA. Como si se mezclara en su prosa Conrad con Zola el relato de encuentros y enfrentamientos no tiene descanso, es de una intensidad que Conrad o Zola no habían perseguido, muy rara, es una tensión permanente en una atmósfera de vigilia, desgastante e irrenunciable, equiparable a las noches sin dormir en el Kremlin, en el frente de guerra persiguiendo a los blancos, en las agotadoras jornadas de discursos incesantes para animar a la pelea. Alfred Rosmer, que completó el texto a partir del momento en que Trotsky lo interrumpió, o sea todavía en Turquía, rescata, curiosamente, el estilo. Si no hubiera una advertencia del editor argentino podríamos creer que Trotsky relató incluso el episodio previo a su muerte en 1940.

¿Sigue esta autobiografía las reglas que permitieron otras, anteriores, que habrían podido servir de modelo? No parece: se aparta y se singulariza no sólo en el tono sino, sobre todo, en ese desplazamiento de lo personal – la infancia y el aprendizaje- a lo objetivo que no pierde ni por un instante un centro, el narrador que despliega y contiene, describe y explica, juzga y reflexiona. Y, entre lo personal y lo objetivo, crece la figura del escritor, de un sujeto que colocado en la plena historia de la humanidad al mismo tiempo declara sin ambages ni pudores su ser de escritor, su querer ser escritor como una intuición básica instalada en su deseo desde la infancia hasta los momentos más críticos de una vida azarosa, como sólo se pudo haber dado en el Renacimiento o en la conquista de América.

Así, este libro, además de ser un compendio de historia del siglo XX, es también la descripción de una gesta, no medieval, sino de una construcción, la de un hombre en esa procelosa transición de entresiglos. Un hombre que, por no se sabe qué mecanismos o por qué razones, salvo por la llamarada de una conciencia implacable y al mismo tiempo serena y objetiva, se sintió llamado a dar a esa transición una forma que debía durar hasta el fin de los tiempos, culminación de un proceso tan viejo como el tiempo y cuyo actor histórico era un sector humano tan viejo como el tiempo y tan duradero como el tiempo, el proletariado, los pobres del mundo. Lo notable, lo dramático, fue que habiendo iniciado esa enorme tarea, el socialismo nada menos, viendo ante sus ojos la tan ansiada forma, poco a poco lo que veía era que se le iba escapando de las manos y cayendo en las terribles manos de quien terminaría por minarla y finalmente crear las condiciones para su destrucción.

Este libro, su autobiografía, descansa – o se agita- en una doble construcción, la de esa gesta y la de la forma que le daba sentido y sin la búsqueda de la cual la gesta no tendría sentido: no hay distancia en lo que Trotsky elige evocar entre la gesta, su gesta, y el socialismo, o la revolución, que es su objetivo. Ese encuentro tiene en el libro una expresión eufórica y brillante, su escritura está animada por el espíritu propio de ese momento tan trascendente que concluye con la muerte de Lenin, pero adquiere otro carácter, no menos brillante, cuando comienza la demolición del viejo proyecto y nace la Oposición. Ceden los retratos y la evocación de las acciones y crece, en cambio, el examen, el análisis, la previsión y hasta lo que para algunos fue la profecía política más coherente del siglo, sin que desaparezca la ironía y la felicidad de las imágenes.

SEUDÓNIMOS. Todo ese discurso crece en medio de despiadadas persecuciones, asesinatos inclusive, desde el derrumbe en sus posiciones de poder hasta la ignominia del olvido, pero la acumulación de catástrofes no lleva el relato al resentimiento, al odio ni al deseo de revancha o de venganza: todo da lugar a una narración apasionada y apasionante, llena de observaciones insólitas, de un brío sin límite. Frente a la insólita desgracia para alguien que significó tanto para el mundo en el momento de su apogeo, conserva íntegramente una ecuanimidad del mismo calibre que manejaba cuando las horas no eran sombrías y el edificio del socialismo se estaba erigiendo.

Desde la primera infancia, pasando por las diversas cárceles, los viajes de exilio, la dirección de la guerra civil, la larga marcha desde Alma Ata, pasando por Prinkipo, Francia y Noruega, hasta llegar a México, la estación final. No hay lugar para lamentaciones ni quejas, su mirada captura lo que lo rodea, la cara del carcelero, el movimiento del tren, la nieve en la que se hunde, el libro que lo estimula, el carácter de sus conmilitones, el estado de las sociedades, las debilidades de los grupos políticos. Sociólogo y psicólogo, historiador y cronista, todo le funciona en una unidad que sostiene las páginas y en las que nunca se pierde, como si en su cabeza esa extraordinaria variedad estuviera tensa y en movimiento al mismo tiempo. Con todo eso lo que quiere es medios e instrumentos para escribir, el escrito como arma pero también como prolongación de una cualidad o facultad o natural inclinación propia de los hombres del XIX, no intimidados por la diversidad del mundo ni por la noción de cantidad.

Sin duda muchos leerán esta autobiografía con ánimo belicoso, para discutir la versión que Trotsky da de episodios históricos sujetos a controversias tan feroces como que a él le costaron el exterminio de gran parte de su familia, de sus amigos y de su propia vida. No es mi terreno entrar en ellas y pontificar acerca de si acertaba o erraba al examinar el estado del campesinado ruso en la época de la Revolución y otras singularidades o si la industrialización era el camino adecuado o no. No soy quién para darle la razón o discutirle, son otras mis razones para ver en este libro y en otros de sus escritos una sustancia que tiene que ver con una paradigmática, algo así como el fin de una época encarnado en la historia de un protagonista fundamental. Pero también debe haber algo de personal en mi interés por el tema: en un pasaje del libro Trotsky revela uno de los seudónimos que adoptó para evitar un arresto: ese nombre es exactamente el mismo de mi apellido materno pero yo no lo sabía.

http://www.elpais.com.uy/cultural/una-vida-una-revolucion.html


Esteban Volkov, nieto de Trotsky: “Mi abuelo tenía una confianza absoluta en el futuro socialista del género humano”

Esteban Volkov, nieto de León Trotski, guardián de su memoria, y único testigo vivo de su asesinato, recuerda a su abuelo con motivo de la presentación en México de una nueva edición de Mi vida / Intento autobiográfico, escrita por el revolucionario en 1930 y publicada ahora por el Museo Casa León Trotski y el Centro de Estudios, Investigaciones y Publicaciones León Trotski (CEIP).

(* Nota del diario español El País)