David Cronenberg sobre ‘Maps to the stars’

(…)
Lo único que me mueve es la curiosidad por la condición humana. Nunca utilizo mi trabajo para vengarme de nadie. Ni siquiera de mi padre. Es sólo curiosidad. La condición humana es como un diamante con muchas caras y cada película es una forma de enfocar cada lado, pero siempre es el mismo diamante. 
¿Es el Hollywood de ahora diferente del de hace, por ejemplo, diez años cuando empezó a planear la película?
Hollywood es siempre el mismo. La única diferencia es que ahora hay más películas de superhéroes, pero el mecanismo se mantiene intacto. Hollywood se mueve por ciclos. La última época interesante fueron los 60, cuando el movimiento hippy y películas como Easy rider hicieron que se tambalearan las estructuras de la industria. Lo que vino después, sin duda, fue el último período interesante que ha vivido; la última edad de oro a la altura de lo que pasó en los 40. Quién sabe si no pasará dentro de poco lo mismo y toda esta factoría de películas de superhéroes acabe por implosionar. Pero, todo, incluso los períodos de bonanza, obedece al único principio de hacer dinero. Eso se mantiene igual a través del tiempo.

La nota completa acá.

 

(…) «Ha sido una experiencia catártica porque la película se ha cocinado despacio. Han sido diez años esperando para realizarla y ahora estamos finalmente aquí, estrenándola. Bruce (Wagner) escribió el guión hace veinte años y en la última década hemos ido añadiendo detalles, puliendo la historia, manteniendo la estructura y los personajes. Entiendo que ha costado mucho producirla porque es un material muy oscuro», explica el director.

El guión de «Maps to the stars» muestra poca empatía por la vanidad y la ambición de los famosos, los que una vez fueron famosos o los que serán famosos en el futuro. «Si me decidí a esperar e intentar una y otra vez rodar este filme es porque nunca había leído nada ni remotamente parecido. Bruce es alguien que ha vivido en Los Ángeles, conoce la industria y la entiende. La locura de Hollywood es demasiado bella como para no retratarla. Jamás he estado obsesionado con Hollywood, aunque ?Le Monde” escribiera que yo detesto a Hollywood y esta era mi venganza, no es cierto. La amargura que surge en el filme viene más por Bruce que por mí».

La nota completa acá.


Cosmópolis: fallido intento de llevar la novela al cine

Acerca de la nueva película de David Cronenberg

“ahora era capaz de pensar con claridad, lo suficiente para entender qué estaba sucediendo. Las divisas daban tumbos por doquier. Se extendían como la pólvora los fallos bancarios. […] Los estrategas no eran capaces de explicar la velocidad ni la profundidad del desplome. Abrían la boca, farfullaban palabras. Él sabía que era el yen. Sus actos relacionados con el yen estaban provocando tormentas de total desorden. Estaba tan apalancado, la cartera de su empresa era tan grande y se ramificaba tanto, ligada de manera crucial a los asuntos internos de tantas instituciones clave, todas ellas recíprocamente vulnerables, que todo el sistema empezaba a correr grave peligro.
Fumó mirando los monitores, sintiéndose fuerte, orgulloso, idiota y superior”
Don DeLillo, Cosmópolis, Seix Barral, p. 138

 

Cosmópolis, nueva película de David Cronenberg (VideodromeLa moscaNaked Lunch, entre otras), basada en la novela homónima del escritor norteamericano Don DeLillo, es un intento –fallido, a mi entender– de retratar un día en la vida de Eric Packer, agente del mercado de acciones.
La película comienza con un paneo completo de la gran limusina que llevará a Packer de una punta a la otra de la ciudad, para que éste se corte el pelo. Allí, cómodamente instalado, será visitado, en el mismo vehículo, por varios socios y empleados, por amantes y hasta por un médico, ya que se hace un chequeo diario de salud…
Indolente, alelado, caprichoso, el protagonista de esta historia es víctima de un ataque de jóvenes anarquistas (el mismo día en que hay una aparición del presidente de los Estados Unidos), visita una librería, algunos restaurantes, una fiesta rave y hasta se cruza con el velorio público de su cantante de rap favorito. Finalmente, y tras lograr arribar a la peluquería al final del día, se encontrará con otro personaje, quien encarna para Packer lo que se suele llamar “el destino final”.
Cronenberg, que dijo en un reportaje que tenía presente Líbano El barco –e hizo ver esas películas a su equipo técnico–, en lo que hace a filmar en ambientes cerrados y “claustrofóbicos”, basó su guión (casi idénticamente) en los diálogos originales de la novela de DeLillo. Pero el resultado no es bueno: la película pone demasiado énfasis en el propio viaje de Packer, desdibujándose el propio protagonista. Los diversos diálogos que tiene Packer con cada visitante de la limusina, va hilando la subjetividad de éste: “filosofía de vida”, conclusiones, dudas “existenciales”, conectadas con caprichos (pretende comprar, cueste lo que cueste, una catedral entera) y su riesgosa apuesta contra la moneda china, el yuan, hacen, de conjunto, una mentalidad contemporánea posible: la de los yuppies o brokers; la de aquellos “amos del universo” (masters of the universe) que varios lustros antes ya retratara Tom Wolfe en su renombrada novela La hoguera de las vanidades.
La película de Cronenberg, en cambio, termina dando una serie inconexa de discursos, carentes de (algún) hilo argumental, dejando todo en una suerte de (casi siempre arbitraria) “disquisición filosófica” sobre el presente, apabullando o confundiendo; muy lejos de cierta profundidad que hay en DeLillo, quien toma temas esenciales del ser humano para contrastarlos con su manifestación concreta en el mundo contemporáneo (en la realidad social, económica, política y cultural), y con las (generalmente “sorprendentes”, originales) visiones “personales” de sus personajes.
Por otra parte, la crítica, divida entre detractores y alabadores tout court, en muchos casos no ha leído la obra original; de ahí que haya largas disquisiciones sobre el movimiento Occupy Wall Street y la actual crisis financiera. Pero en realidad, la novela, publicada en 2003, se hace eco de aquella lucha conocida como “la batalla de Seattle” –si se quiere, un antecedente ya remoto de Occupy–, de fines de 1999, y de las crisis de las empresas “punto com”, como WorldCom y Enron, de 2001.
Cronenberg apenas si hizo algo para aggionar la historia: cambió el yen japonés de la novela por el yuan chino… y nada más (otra opción hubiera sido plantar la película en su año original). A lo que hay que sumar que Robert Pattinson, el actor protagonista, es “naturalmente” distante, lo que genera la paradoja de un actor no-creíble para Packer; cuestión que no subsanan algunas interesantes interpretaciones de los personajes secundarios.
En síntesis, hay aquí una película fría y seca: limusina sobredimensionada, actuaciones erráticas (o errantes, producto del guión), que no logra estar (a su modo, por supuesto: nadie pretende una “reproducción fílmica” de una obra literaria) a la altura de la mejor e interesante novela de DeLillo.

David Cronenberg sobre ‘Cosmópolis”, basada en la novela de Don DeLillo

Leemos:

La trama se centra en este yupi millonario neoyorquino de 28 años, que decide recorrer la ciudad en su limusina para hacerse un corte de pelo, mientras Manhattan esta paralizada por la visita del presidente de Estados Unidos. El capitalismo está llegando a su fin, el caos se adueña de las calles y las amenazas se ciernen a su alrededor, mientras él asiste, impotente, al hundimiento de su imperio. Un descenso al infierno que lo cambiará para siempre.

[…]”No había leído el libro”, admitió Cronenberg. “Fueron Paulo Branco y su hijo, Juan Paulo, quienes me sugirieron adaptarlo al cine. Conocía otras novelas de Don DeLillo, y también sabía de las grandes películas que Paulo había producido, así que pensé que valía la pena darle un vistazo. Esto es inusual para mí, ya que por lo general prefiero idear mis proyectos. Lo leí en dos días y les dije inmediatamente que contaran conmigo”, explicó orgulloso de su entrega.

Croneneberg quería escribir él mismo el guión. “Sí, y lo hice en seis días, mi mejor récord. Lo que me motivó de este libro fueron precisamente sus increíbles diálogos, que aquí están transcritos intactos, palabra por palabra. La obra de DeLillo es famosa por éstos, pero los de Cosmopolis son especialmente brillantes, al igual que su estructura. El trabajo de Don muestra un excepcional poder expresivo”, explicó el cineasta, quien acotó: “Claro está que en la adaptación al cine se impregna esta fusión de sensibilidades: la del autor, en este caso DeLillo, y la mía. Es como hacer un niño, necesitas dos personas, y la película termina teniendo un poco de ambos ‘padres’”.

El libro fue escrito hace una década. Sin embargo, su contenido es muy actual. “Es sorpresivamente profético. Mientras filmábamos la película, se daban sucesos que estaban descritos allí. La polémica por Rupert Murdoch y luego todo el revuelo por las manifestaciones en Wall Street. Tuve que modificar muy pocas cosas para hacer que la película sea contemporánea”, admitió.

En Cosmopolis hay un tema importante que el realizador no había abordado antes en su cine: el poder del dinero, la forma como éste modela el mundo. “No fue necesario realizar una gran investigación en el mundo de las finanzas. Sus agentes pueden encontrarse en cualquier parte, en televisión, en documentales, los periódicos… Nos bombardean. Ellos hacen y dicen lo que DeLillo escribió; sus patrones de comportamiento son como los de Eric Packer. Para mí, la referencia a Carlos Marx no es trivial. En el Manifiesto comunista Marx escribe acerca del modernismo, de los tiempos en los que el capitalismo habrá alcanzado tal nivel de expansión que la sociedad irá muy deprisa para la gente y donde lo impredecible reinará. ¡Lo escribió en 1848! Y eso es exactamente lo que puedes ver en esta película: el espectro del capitalismo. Suelo preguntarme qué pensaría Marx de ella, ya que muestra todas las cosas que él profetizó”, prosiguió.

Completo acá.


Reportaje a David Cronenberg (El País)

Leemos: “Para mí el arte nunca puede ser terapéutico. Pero, ¿quién soy yo para saber qué sana el alma de otra persona? Tampoco creo que deba ser perturbador de por sí. Esta película es, por ejemplo, bella, conmovedora y contiene una historia de amor.

P. Pero al final…

R. Bueno, depende de qué clase de persona seas y qué te perturba. No pienso mucho en qué provocan mis películas. Las hago para mí y luego invito al público a disfrutarlas. Cuando empiezo un largometraje, no tengo un plan ni sé dónde me va a llevar. Me hace feliz trabajar con los actores, y aquí además tuvimos una filmación plácida, con grandes intérpretes. Sin embargo, cuando llega el montaje, te puedes sorprender. Incluso con el filme rematado estás contento y al enseñarla fracasas. No sirvo para aprender en el proceso de hacer una película. Te ofrecen opciones, tú escoges y poco más: a veces aciertas, otras, no.”

* De un breve reportaje a David Cronenberg, hablando de su nueva película (estrenada en Europa), Un método peligroso, que antecede a la adaptación que ha hecho de la novela Cosmópolis, del gran Don DeLillo.

Completo acá.

acá y acá, dos (también breves) entrevistas más.