‘El vuelo de la pluma’, de Tununa Mercado (novedad editorial)


Nelly Richard: “Tendremos que hacer reaparecer el deseo en medio de la necesidad”

Entrevista a Nelly Richard, ensayista, crítica cultural chilena
“Tendremos que hacer reaparecer el deseo en medio de la necesidad”

Por Marcelo Expósito
Publicado en http://www.nodalcultura.am/ 12 de junio de 2020

Existe la percepción generalizada de que las medidas de control que se están aplicando para garantizar la cuarentena global resultan inevitables pero también preocupantes. Comienza a tomarse cada vez más en consideración el impacto que estas restricciones puedan tener en un futuro inmediato sobre las libertades y los derechos. Es un debate que se está dando en todas partes pero que adopta un dramatismo especial en Chile, porque las políticas derivadas de la cuarentena han vaciado las calles y las plazas que hasta un minuto antes estaban ocupadas por la onda expansiva del estallido social que sacudió el país en octubre de 2019. El detonante original de esta insurgencia ciudadana fue la subida de los precios del transporte público de Santiago. Pero el lema principal de la protesta, “Chile despertó”, remitía a la imagen de un país que permanecía adormecido, acallado pero con una desafección y una frustración latentes derivadas de las limitaciones democráticas y las servidumbres impuestas sobre la vida cotidiana de la gente por el agresivo neoliberalismo chileno. Ese prolongado neoliberalismo se afianzó durante la democracia pero hunde sus raíces en el régimen pinochetista. Resulta conocido que los Chicago Boys, la escuela antikeynesiana de los halcones formados por el economista Milton Friedman, desembarcó en Chile con el golpe de estado de 1973. Convirtieron el país en uno de los primeros laboratorios mundiales del neoliberalismo.

Pero lo cierto es que Chile llevaba tiempo despertando. La historia de las resistencias simultáneamente contra la dictadura y el neoliberalismo es profunda en Chile. Y ha resonado más recientemente en los diversos estallidos estudiantiles sucedidos en el país durante las dos décadas de este siglo, especialmente el movimiento estudiantil del año 2013 que transformó el sistema de partidos heredado de la transición a la democracia. Cuando nos dimos cuenta de que la covid-19 constituía ya una amenaza global, Chile se encontraba en un momento particularmente complejo aunque también esperanzador. Como resultado de las protestas, un amplio acuerdo parlamentario había asumido en noviembre la posibilidad de sustituir la Constitución chilena de 1980 que había sido impuesta por la dictadura de Augusto Pinochet. Un plebiscito nacional abriría paso a un proceso constituyente que estaba previsto el pasado 26 de abril. En su lugar, la ciudadanía chilena ha tenido que permanecer confinada en sus domicilios, las calles se han vaciado y las urnas no se han instalado. Lo que sucederá a partir de ahora es motivo de tensa disputa política y social.

Nelly Richard (nacida en Caen, Francia, 1948; residente en Chile desde 1970) está reconocida como una de las críticas culturales más importantes de los últimos cincuenta años en América Latina. Estudiante de la Sorbona de París, fue después compañera de viaje del CADA, el legendario Colectivo de Acciones de Arte que operó contra la dictadura chilena a partir del año 1979 formando parte de lo que ella denominó Escena de Avanzada, la constelación de prácticas artísticas contra la dictadura en cuya narración historiográfica el trabajo de Nelly ha sido determinante. Se contó entre la organizadoras del Primer Congreso de Literatura Femenina Latinoamericana de 1987, uno de los actos de resistencia cultural más significativos contra el pinochetismo. En 1990, el mismo año en que finalizó formalmente la dictadura, fundó la Revista de Crítica Cultural, una influyente publicación de pensamiento que dirigió hasta 2008. Ha escrito decenas de libros, muchos de ellos mediante la colaboración y el diálogo intelectual, entre los que se cuentan títulos clave como La insubordinación de los signos (cambio político, transformaciones culturales y poéticas de la crisis) (1994), y más recientemente dos recopilaciones de sus ensayos, Fracturas de la memoria: arte y pensamiento crítico (2007) y Crítica de la memoria (1990-2010) (2010), así como su biografía intelectual bajo la forma de una larga entrevista titulada Crítica y política (2013). Esta enumeración de sus méritos no alcanza sin embargo para representar una práctica intelectual que ha aferrado con determinación las herramientas del feminismo, la crítica cultural o la crítica de la historia y de la memoria para batirse con ellas siempre en el ojo del huracán de las aspiraciones emancipatorias. Nuestra conversación tuvo lugar el lunes 25 de mayo de 2002, estando ella en su domicilio de Santiago y yo en el mío de Barcelona.

Nelly, la última vez que nos encontramos en persona fue en Santiago, en noviembre de 2019. Hacía poco más de un mes que había estallado la revuelta ciudadana chilena. Las calles estaban todavía ocupadas por un hormigueo insurrecional, sobre todo en el epicentro del movimiento, la Plaza Italia que había sido rebautizada popularmente como Plaza de la Dignidad. Se acababa de firmar el acuerdo parlamentario por el que se convocaría un primer plebiscito en abril de 2020. Su resultado debería haber abierto, deseablemente, un proceso constituyente. Sin embargo, estoy hablando contigo ahora que te encuentras en un Santiago cuyas calles están vacías con la gente recluida en sus casas por la cuarentena, el plebiscito se ha pospuesto y las correlaciones de fuerza partidarias y parlamentarias están sufriendo modificaciones. Pero antes de que entremos en detalles, ¿cómo te encuentras? Has pasado la cuarentena en tu casa, rodeada por fortuna de tu bonito jardín medio salvaje. ¿En qué estado se encuentra el ánimo de tu entorno y, a grandes rasgos, cuál está siendo la situación sanitaria en Chile en estos meses?
Estoy bien… por el momento. Hay que subrayar “por el momento” porque todo es más provisorio que nunca. Efectivamente, hablo desde Santiago, que desde hace quince días recién está en cuarentena total. El Gobierno de Sebastián Piñera, que es un gobierno arrogante, soberbio, desafiante, quiso “innovar” con respecto a los demás países copiando a Suecia —como si nuestras realidades sociales tuviesen algo que ver— y entonces se decretaron cuarentenas graduales, parciales, móviles, dinámicas que se le llama, con la pretensión de aislar, no ciudades enteras sino comunas o incluso sólo unas partes de ellas. Parece que la estrategia no ha dado los resultados esperados así que ahora se decretó una cuarentena total en Santiago que no sabemos cuánto va a durar. En todo caso, entre cuarentenas parciales y totales llevo dos meses no saliendo de mi casa. Desde el punto de vista cotidiano, esto no cambia demasiado mis hábitos ya que escribo, leo, etc. desde mi casa, salvo en lo que respecta a los viajes: debería estar en este preciso instante dictando un seminario en el marco de la Cátedra de Políticas y Estéticas de la Memoria que coordino en el Museo Reina Sofía de Madrid, viaje que obviamente se suspendió. En todo caso, creo que lo que atañe a mi situación cotidiana no tiene mayor relevancia si pensamos en la amargura de saber que mucha, mucha gente lo está pasando muy mal en viviendas miserables, con despidos masivos, la cesantía, el hambre, etc., y que vienen tiempos muy adversos, muy castigadores de las clases más desfavorecidas.

En lo personal me siento viviendo en suspenso, en espera, aunque no sé muy bien de qué. Me lo preguntaba, en rigor. No sé si en espera de no contagiarme, que no se contagie nadie cercano, saber cuándo termina la cuarentena, ver qué ocurre con el desconfinamiento o constatar qué forma va a tomar el mundo después de todo esto, no sé. Acuérdate además que el desfase de estaciones significa para nosotros en el Cono Sur asistir de modo anticipado, a través de las imágenes que vemos de Europa, a lo que precisamente nos espera. Así que estoy viviendo todo esto con relativa calma, sin dramatismo, pero sin la excitación del suspenso ligado a algún presagio de lo nuevo. En ese sentido no alcanzo a compartir la sensación de Bifo, tu primer invitado a esta serie de conversaciones, que decía estar experimentando la “alegría de lo impredecible”. Pienso que quizá tenga razón en que la crisis de la pandemia abra la posibilidad de un futuro en el que, como él dice, el capitalismo ya no será inevitable (Marcelo Expósito, “El capitalismo ya no es inevitable. Una conversación con Franco Bifo Berardi”, CTXT, 30/04/2020). Pero confieso que para mí estas señales son demasiado remotas, difusas o equívocas. Así que en mi caso prevalece no el entusiasmo sino la tensa calma.

Cuando te propuse que registráramos esta conversación me respondiste que me mandarías previamente algunas notas que habías escrito durante las últimas semanas. Y me has hecho llegar más de diez páginas que me han dejado sin aliento. Haces hincapié en varios aspectos importantes en los que me voy a apoyar, claro está, para que nos orientemos ahora. Podemos empezar fantaseando la escena de esta conversación inspirándonos en Walter Benjamin —ya que compartimos interés por él—, quien planteaba que la tarea del historiador crítico consiste en dar un golpe seco al flujo temporal para provocar una interrupción. Si el golpe sucede en el momento correcto, los acontecimientos quedan congelados conformando una constelación, un diagrama de elementos dispuestos sobre esa imagen detenida. Y las relaciones entre esos elementos detenidos se deben interpretar correctamente. Describes muy bien en tus anotaciones que la revuelta ciudadana había impulsado un “tiempo intenso, energético, acelerado y casi frenético”. El freno impuesto por la cuarentena te ha servido para leer con un detallismo preciosista la imagen congelada que por el momento nos ha quedado de ese tiempo energético anterior. Y te aplicas a interpretar la revuelta de octubre de 2019 como un “archivo”. ¿Qué contiene ese archivo?
Linda la metáfora que armas desde la impronta benjaminiana, porque mencionas la palabra “detención” como este golpe seco a la temporalidad, al flujo temporal, aunque esta detención no podría haber ocurrido de modo más imprevisto y devastador a la vez, tan fulminante como ha acontecido con esta paralización a escala planetaria de las distintas fábricas de presente. Pero es una detención que viene también a dislocar los imaginarios de futuro que estábamos acostumbrados a forjar históricamente. Entonces, sí, está este golpe seco de la interrupción y de la detención, del congelamiento, y me imagino que tienes razón en que deberíamos aplicarnos a convertir lo abrupto de este corte en un diagrama analítico y reflexivo. Pero este diagrama no podría, creo yo, desligarse de la experiencialidad de los cuerpos, de esta puesta en suspenso de la vida, omitiendo las preguntas sobre la humanidad o inhumanidad de esta vida. Como tú muy bien lo mencionas, la revuelta que se inicia en Chile el pasado 18 de octubre y que se extiende muy vertiginosamente a un país entero, termina haciendo converger sus distintos reclamos contra la hegemonía neoliberal: contra el sistema de pensiones, educación, trabajo, salud, etc., en el llamado a una asamblea constituyente que entierre para siempre la Constitución de 1980 firmada en dictadura por Pinochet. Entonces, la consigna que suena en esa Plaza de la Dignidad que mencionas y en el país entero, es “Chile despertó”. Un Chile que habría despertado del mal sueño de una oferta neoliberal hecha de abusos, engaños, fraudes, confiscaciones, etc. Esa consigna inicia un camino que, en medio de múltiples obstáculos debería desembocar en una nueva Constitución. Y eso hace entonces que este tiempo energético al que te referías fuera efectivamente un tiempo que se vivió durante los meses anteriores a la pandemia como un tiempo inaugural, refundacional, de promesas abiertas que convocan lo que está por venir. Entonces, siento que quizá lo más sensible de lo ocurrido en Chile —como bien dices, a diferencia de lo sucedido en otras latitudes— haya sido este colapso vital del tiempo y de los tiempos en acción. Un colapso que nos llevó tan súbitamente de la movilización de los deseos colectivos de octubre de 2019 a la inmobilización forzada y a la reclusión individual de marzo de 2020. Es decir, pasamos dramáticamente de la expectación despertada por un futuro a construir entre todos a la resignación del estar cada uno preso de un tiempo detenido. Pasamos de ese tiempo hiperactivo, deseante, voluntarioso, el tiempo de la insubordinación política, a este otro tiempo de la cuarentena que es un tiempo resignado, estacionario. Y, bueno, pasamos también del revivir del “Chile despertó” a un tiempo de cómo sobrevivir, sabiendo que lo que Piñera llama irónicamente “el retorno seguro” va a suponer la vuelta a una realidad aún más indigna y peligrosa que la de antes.

Esa es la paradoja, efectivamente, y es el choque vital entre experiencias del tiempo disociadas. Y sí, tienes razón, empleo la palabra “archivo” a propósito de la revuelta, en el sentido de una reserva de huellas grabadas, acontecimientos, sueños, experiencias, saberes, pasiones, etc., que creo debemos saber retener en la memoria. Cuando digo “retener” quiero decir “guardar”, “cuidar” una memoria que debe mantenerse disponible, ahora que no hay cómo dirigir la energía que motivó esa revuelta hacia una exterioridad pública, para poder reinterpretarla después. Digo “reinterpretar” porque implica un gesto más complejo que simplemente recuperar o utilizar. El archivo tiene que ver con el material consignado en una fuente documental que retiene las huellas de lo grabado y que evita que se disipe su fuerza y su latencia, entendiendo por latencia lo que media entre la huella del pasado y su futura inscripción en nuevos soportes que transfigurarán su recuerdo. De ahí la importancia de que no se desvanezca el repertorio de prácticas y de saberes corporalizados durante la revuelta, pero sabiendo también que la reemergencia de las fuerzas será distinta a lo acontecido en la revuelta de octubre 2019 y que llevará necesariamente las trazas de esta completa desorientación en la que estamos sumergidos.

Sigue la nota, completa en “Letras”.


“La crisis viral” (Ilán Semo)

Una larga fila de comentaristas europeos han embestido en contra de dos textos de Giorgio Agamben que reflexionan sobre el estado actual de la diseminación del coronavirus. Los dos escritos son: L’invenzione di una epidemia ( Quadliber, marzo 2020) y Contagio ( Una voce, 11 de marzo, 2020). Disponibles en español, respectivamente, en ficciondelarazon.org y Artilleria Inmanente, el prolífico blog que Alan Cruz coordina diligentemente. La polémica es indicativa de las posiciones que hoy se dirimen en la crisis viral que afecta a gran parte del planeta. Crisis viral en un doble sentido: la aparición de un nuevo virus de rápida diseminación que ha tomado por sorpresa a los epidemiólogos y, a la vez, el carácter viral y súbito de la detención de la maquinaria social debido al temor del contagio.

El texto sobre la epidemia sostiene que si bien la disemenación del Covid-19 representa sin duda una amenaza, comparada con otras pandemias del siglo XX (influenza, virus aviar, ébola, HIV, gripe española…) sus proporciones parecen ser menores. Hasta hoy, después de un mes, los decesos en todo el planeta no alcanzan la cifra de 9 mil (¡En una población mundial de 7 mil 500 millones!) Argumento, por supuesto, que no alivia el terrible sufrimiento en cada caso de amigos y familiares causados por las muertes. Sin embargo, las medidas de control y coersión adoptadas por los estados han alcanzado dimensiones inimaginables o, al menos, nunca vistas hasta ahora: cancelación de libertades civiles, restricción del contacto personal (hoy se habla ya de una distancia sana de 4.5 metros) –en Austria e Italia la fuerza pública puede detener a gente que tose en la calle o se suena sospechosamente–, supresión de la libertad de movimiento, etcétera. En suma, el estado de excepción perfecto, ahora puesto en operación no por las fuerzas del orden, sino por la propia ciudadanía, casi como su demanda. Es decir, auto-impuesto. Me detengo en esta reflexión que resulta simplemente ubicua: hay un virus mucho más peligroso que el Covid-19, el que cercena los cerebros no para evitar el contagio, sino para anunciar una forma nueva de vida, ni siquiera imaginada por la literatura: el individuo autoaislado frente su dispositivo digital como último fragmento de lo que resta de la sociedad.

Que el peligro de la pandemia existe, está fuera de duda. La pregunta es: ¿cómo han reaccionado las diversas franjas de la sociedad política actual para situarse en la ola de shock que ha provocado?

La nota completa en el diario mexicano La Jornada.


Se presenta el vol.12 de la Historia crítica de la literatura argentina, “Una literatura en aflicción”

http://conti.derhuman.jus.gov.ar/2019/05/literatura-argentina.php


Videos: presentación de la Historia crítica de la literatura argentina, vol. 12: “Una literatura en aflicción”

* Tomado del canal de You Tube de Ana Abregú.

 

 

 

 

 

 

 


Discurso para la presentación de ‘De la misma llama’, del poeta Darío Canton

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