Documental: ‘Oro nestas piedras’ (sobre Jorge Leónidas Escudero)


Falleció el cineasta Adolfo García Videla

Captura de pantalla 2016-01-21 a la(s) 16.34.55El pasado domingo 17 de enero falleció el cineasta, profesor universitario y activista Adolfo García Videla. Autotitulado “argenmex” –“nacionalidad” adoptada por tantas y tantas personas que tuvieron que exiliarse de Argentina tras el golpe militar, y aun antes–, García Videla llegó ese mismo año del golpe, 1976, a México, país donde se radicaría definitivamente.

“Siempre escribí. Aterricé en el cine allá por los 18 años de edad”, comentó en una obra inédita, Detrás del miedo, aludiendo a sus comienzos en la actividad artística. Como director, productor, guionista deja más de media docena de obras, entre documentales, series y películas, como La Venus maldita (1967, inédita en nuestro país), Los paseos con Borges (1975-77, disponible online) y Testimonios Zapatistas (1987). Su cortometraje Del viento y del fuego obtuvo, en 1984, el premio Ariel al Mejor Cortometraje Educativo, Científico o de Divulgación Artística. La Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC) hizo público su pesar ante el fallecimiento del cineasta.

En 2006 García Videla lanzó Trotsky y México. Dos revoluciones en el siglo XX. Ese mismo año, presentando su película en Buenos Aires, en el Hotel Bauen (recuperado por sus trabajadores), junto a Esteban Volkov –nieto de León Trotsky, también radicado en México–, explicó en un reportaje: “lo que me interesaba fundamentalmente era reconstruir esta historia en este momento como una posibilidad de volver a pensar el socialismo y los caminos posibles, los errores cometidos. Trotsky era un gran defensor de la democracia dentro del socialismo. Y cuando le gana Stalin, ya sabemos que se forma una dictadura feroz, cerrada, vertical absolutamente. Entonces, ése es uno de los factores por los que lucha. Repensar esto era mi idea fundamental”.

La nota completa, en La Izquierda Diario.


#Cine | “El patrón” y una escena reveladora

CINE // OPINIÓN

“El patrón” y una escena reveladora

Algunas reflexiones sobre la película ‘El patrón. Radiografía de un crimen’ de Sebastián Schindel y el análisis de una escena reveladora.

Demian Paredes
@demian_paredes

 

Se suele citar, entre las “frases famosas” mundialmente conocidas (y repetidas) de diversos artistas, autores y pensadores, esta de Bertolt Brecht: “¿Qué significa asaltar un banco comparado con fundarlo?”. Pero, también, lo que se suele olvidar (o no mencionar) es la que le sigue inmediatamente: “¿Qué es asesinar a un hombre comparado con un contrato de trabajo?”. Inteligentes interrogantes a los que se le puede agregar uno más: ¿Y si es sin contrato, mediante la más feroz y brutal esclavitud?

Esto mismo (el trabajo –y sus condiciones– y el asesinato) es lo que aparece en El patrón. Radiografía de un crimen, primera película (estrenada hace unos meses) del documentalista Sebastián Schindel, basada en el libro homónimo del criminólogo Elías Neuman.

Neuman, fallecido en 2011, es autor de una veintena de títulos que analiza y discute –desde un trasfondo social y humanitario– críticamente el sistema penal (estaba en contra de la baja de la edad de imputabilidad, en abierta crítica a Scioli, por ejemplo). Escribió Neuman en el epílogo de su libro sobre el caso del asesinato contra el dueño, ocurrido a mediados de la década de 1980, que comete el empleado de una carnicería (en la que estaba obligado a vivir con su esposa), que “la muerte, propia o ajena”, era la “única salida posible a la opresión dramática de sus vidas. No parece haber otras opciones. (…) Matar o morir se traduce en una forma de no ceder más, de interrumpir el pacto ilimitado con la adversidad y aún desafiarla”. (Cabe recordar además que, en el caso real, la salvaje explotación-esclavitud y maltratos que padecieron el empleado santiagueño y su mujer duró 18 años –algo diferente a lo que se ve en la película, que se desarrolla, “apenas”, en un año, o dos–. Y que “Hermógenes” tuvo dos, no sólo un hijo –como en la película– en “el cuartito” del fondo del negocio que debía atender y mantener.) Fue el mismo Neuman quien tomó el caso del empleado, que no tenía dinero para pagar un abogado propio, y, también, quien le hizo llegar su libro El patrón, más de una década atrás, al cineasta…

Más allá de las diversas discusiones, interpretaciones y críticas sobre el libreto y las actuaciones (si el protagonista, Joaquín Furriel, actúa bien o no –si se “transforma completamente” y está “irreconocible”, o todo lo contrario–; si el “personaje malo” del patrón que encarna Luis Ziembrowski está o no bien hecho, o si está lleno de clichés y estereotipos, etc.) considero que hay una escena –en el marco de una película fuerte, intensa, de denuncia a la esclavitud y dominación patronal, y también a los mecanismos “impersonales”, burocratizados y elitistas de los tribunales– completamente iluminadora, reveladora, hacia el final. Allí, con pocos elementos (el personaje de Hermógenes, ya de regreso en sus pagos, en Santiago del Estero, trabajando de hachero hasta el anochecer, cargando sus herramientas –¿serán suyas?–, ve pasar un camión, presumiblemente hacia la ruta, rumbo a las ciudades, del que se escapa un mugido…) surge una iluminación (una interpretación-revelación posible), respecto a esta problemática, a partir de esta historia particular.

En efecto: pese a los denodados esfuerzos del abogado (en la película, un joven de clase media –interpretado por Guillermo Pfening–, felizmente casado, con un hijo recién nacido, que se sensibiliza y conmueve ante el caso) defensor del “patroncida” Hermógenes, la libertad de éste implica un cambio de situación, pero no de estado. Y esta diferencia, aunque sutil, es esencial: implica (decir) muchas cosas sobre el sistema (capitalista); cuestiones que se pueden configurar desde este final, donde el abogado, todo lo indicaría, “triunfa” con sus argumentos (Hermógenes actuó como actuó “por emoción violenta”) y consigue evitar la condena del empleado a cadena perpetua por homicidio.

Patrón. Radiografía de un crimen es –gustos aparte– un “hiper-concentrado” sobre el mundo de las carnicerías (de algunas: el director aclaró que juntó en su película todas las maniobras que conoció para vender la carne “pasada”, en mal estado). Y, también, como “radiografía”, nos permite cambiar el diagnóstico de “la justicia” (del capitalismo) respecto a Hermógenes, y pensar en verdad quién, cómo y dónde cometió “el crimen” (remember Brecht: puede ser tan –o más– criminal que el asesinato explotar a otro ser humano)… Es tal como lo dijo el director en una entrevista: “Lamentablemente la esclavitud en el siglo XXI está más que vigente. Y no es algo exclusivo de la Argentina”.

 


El espíritu de Lou Reed, su ecuanimidad, están en Heart of Dog: Laurie Anderson

Leemos en el diario mexicano La Jornada:

Venecia.

Reflexiones filosóficas, enseñanzas tibetanas, imágenes de infancia, obras pictóricas y música componen Heart of a Dog, el ensayo fílmico con el que la veterana artista multidisciplinaria Laurie Anderson concurre al Festival Internacional de Cine de Venecia.

Es una película sobre el amor, destacó la estadunidense de 68 años sobre este metraje en el que plantea la muerte. Su voz, a modo de narrador, acompaña con sus reflexiones al espectador, al que desafía visualmente con diversos filtros, tanto reales como imaginarios.

El proyecto surgió como una invitación del canal de televisión francoalemán Arte para que hiciera un ensayo personal, y aceptó porque la película combina lo que ella hace: “pintura, historias y música.

Es una película sobre las historias y acerca de cómo funcionan. No es sobre mí, señaló.

Aunque la lectura sea universal, la cinta se construye con referencias personales, como el accidente que sufrió de pequeña y casi la deja postrada de por vida; la muerte de su perra, la de su madre o el suicidio de un amigo cercano.

No menciona, sin embargo, la muerte de su marido, el músico Lou Reed, quien sí aparece en cálidas imágenes personales.

Lou está en la película de muchas formas, como parte importante de muchas historias. Está su espíritu, señaló.

Hay mucha de su ecuanimidad. Tuvimos muchos debates sobre la fuerza y cómo expresar las cosas de forma sencilla, aseguró sobre el músico. Señaló, además, que se insipiró de su fuerza.

A modo de collage, Heart of a Dog une historias ligadas a la muerte, las enseñanzas del profesor tibetano Mingyur Rinponche, las del Libro tibetano de los muertos y el pensamiento filosófico de Soren Kierkegaard o Ludwig Wittgenstein

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Es una cinta sobre el amor, dice Laurie Anderson
Foto Ap

 

 

La propuesta de Anderson tuvo buena recepción, al igual que el nuevo trabajo del polaco Jerzy Skolimoswsky 11 Minutes, frenético retrato de la Polonia actual que deriva en una eclosión final.

 

 

 

 

Laurie Anderson, the world’s leading performance artist, sketches the connections between birth and death, dream and reality, humans and animals.

 

Marianna Ninni recensisce “Heart of a dog” di Laurie Anderson, in concorso alla 72ma Mostra del Cinema di Venezia.
Montaggio: Paolo Righini


Trailer: ‘327 cuadernos’, sobre los diarios de Ricardo Piglia, de Andrés Di Tella

Trailer de ‘327 cuadernos’, de Andrés Di Tella
http://www.cinenacional.com/pelicula/…


[Documental] “Bolaño Cercano” (2008)

Documental de Erik Haasnoot sobre la vida y obra del autor de “Los detectives salvajes”. Cuenta con la participación de Enrique Vila-Matas, Rodrigo Fresán, Juan Villoro, Antoni García Porta, Carolina López, la esposa del escritor, y sus hijos Alexandra y Lautaro.
Agradecimientos: “Videoteca de humanidades”


#Cine | No todo es vigilia: el paso (y peso) de los años

Jueves 7 de mayo de 2015 | Edición del día
CINE // ESTRENOS

No todo es vigilia: el paso (y peso) de los años

Comentarios a la segunda película del director español Hermes Paralluelo. Se estrena esta semana en el Malba todos los domingos de mayo a las 18 y en Cineclub Municipal Hugo del Carril de la ciudad de Córdoba

En un texto titulado sencillamente “Una historia” (incluido como prefacio al libro Ayudar a morir, de la doctora Iona Heath), John Berger señala cómo los últimos momentos de la vida de un ser humano pueden (suelen) ocurrir lejos de sus seres queridos; sea en un hospital (rodeado de aparatos, “tubos” y profesionales) o en una ambulancia (con algún desconocido enfermero asistiéndolo) camino al mismo. Esta misma cuestión se plantea, más ampliamente, al comienzo de la película No todo es vigilia, del director Hermes Paralluelo. Allí, retratados en una suerte de mezcla de documental y ficción, están sus abuelos: Felisa y Antonio (octogenarios, llevan toda la vida juntos).Antonio está en una cama, internado, y Felisa le habla: desgrana argumentos, uno tras otro, insiste, en contra de terminar viviendo en un asilo. Le comenta lo mal que se vive (qué dan de comer, las “reglas” de “convivencia”, las ataduras, y el dopaje que deja cabizbajo –tal como se ve en la película El artista, en aquella escena memorable con León Ferrari, Fogwill, Horacio González y Alberto Laiseca haciendo de “internados”, idos gracias a alguna pastilla y a la TV que se les pone enfrente, o en este caso en lo alto–), y por ello propone que sigan independientes, autónomos, viviendo en su propia casa.

Así, el primer tercio de la película retrata las condiciones de despersonalización y manipulación del hospital –un hospital militar–, por fuera de toda atención específica a la individualidad, a lo propio y singular de cada paciente. Antonio habla, cuenta sus historias, y nadie lo escucha –“simplemente”, se siguen los protocolos y pasos establecidos (con él y con quien sea)–. Felisa, que recorre como puede todos los pasillos, ascensores y habitaciones del hospital con su andador, sufre una descompensación allí, y actúan de igual manera con ella (no importa qué recuerde o no: está el “historial” de la computadora, que archivó todas sus enfermedades y operaciones). Su pasado, sus vivencias y recuerdos parecieran no tener ningún sentido, ningún punto de contacto o significación para médicos, enfermeras y camilleros. Sin embargo la cámara –que tiene planos muy logrados– lo registra, y sabemos que vivieron “la guerra” (se entiende que la guerra civil de 1936-39).

De ritmo moroso, con una cadencia que se adapta a los protagonistas (tal como hizo en su momento Lucrecia Martel con su primera película, La ciénaga, al retratar la vida de una familia acomodada –viniendo a menos– de las provincias del norte argentino), la cámara sigue luego el retorno de la pareja al hogar, y cómo conviven y se asisten ante diversas complicaciones que los aquejan.(Y sus diálogos, recuerdos, sus largos silencios –¿qué pensarán?–, sus esfuerzos por desplazarse y lidiar con “la tecnología”, y sus “tiempos muertos”…) Su relación con el “afuera” de la casa (alguien que les arregle la calefacción, el correo que deja un “aviso de visita”, etc.) y otros típicos asuntos de la vida cotidiana son mostrados frontalmente –en todas sus complicaciones–, cruda pero tranquilamente. Sin prisa y sin dramas.

¿Podrían vivir el uno sin el otro? Pareciera que no. El mismo director, que ha dicho que buscó retratar solamente la historia de amor de estos, sus seres queridos, lo duda. Y sin embargo “su tema” (la vida y situación de dos familiares) puede también ampliarse y pensarse-conectarse con otras obras que,a su modo, se enfocaron en el tema: desde La feria del asilo, la primera novela de John Updike que cuenta la osadía(y algarabía) de una “rebelión” de abuelos y abuelas internados contra las autoridades de la institución, hasta Plataforma, de Michel Houellebecq, novela escrita ya en el siglo XXI, en el mismo momento en que olas de calor recorrían Europa, provocando la muerte de abuelas y abuelos, sumándose el abandono y desinterés por parte de sus familiares –lo que puso en discusión pública el individualismo de generaciones más jóvenes: hijos y nietos–. También se pueden mencionar los libros de fotografías de Philippe Bazin, y, por supuesto, Amor, la película de Michael Haneke, aunque allí los protagonistas son gente de clase media (alta), de buen pasar, con uno de sus integrantes comenzando una debacle total, en un duro, durísimo drama vital que –puestos a comparar– la película de Paralluelo muestra con sosiego, de manera mucho más atemperada.

No todo es vigilia es una película “minimalista”, atenta a sus personajes, honesta y sencilla. Lograda en lo estético, tiene un guión que, aunque parco –además, apenas si hay música–, permite conocer a una pareja unida por décadas, y, también,abrir una reflexión acerca de cómo (se) vive la llamada “tercera edad”.