Vicente Franz Cecim: “Canción de Arena”

* Traducción publicada recientemente en el blog del poeta Esteban Moore.

 

Vicente Franz Cecim: Canción de Arena*

 

Después, el silencio volvía. Las voces paraban.

Y entonces, fue que comenzaron a oír, comenzaríamos a Oír aquel canto.

En él, tú verás, aquellos adormecidos irían a hablar con la carne, decirle cosas, hacer preguntas a ella.

Uno de los adormecidos, abriendo los labios, dejaba oír, en un murmullo: Canción de arena

Y el canto estaba comenzando, en la Residencia en las Tinieblas:

 

Vivir cada día el más extraño oro, ellos cantaban

Ellos cantarían: La concebida arena.

y al caminante alrededor de la piedra, la arena

y el viento alrededor de la piedra

 

y en la arena

y reunida la arena, la carne

 

Y la concebida del ala,

 

y en la arena todavía

la reunida arena

 

Volvía el silencio. Una pausa. Y el canto volvía

 

Fuimos aquellos que primero aullaron para ti,

en la primera noche, el que primero rio en los tiempos

Fuimos a nuestros arrepentidos huesos curvos

pues tú trituras amorosamente lo que contienes, e incontenida

 

Silenciosos bajo el silencio de la hierba: sensibles

al dolor y a tu hierba

Silenciosos hasta la altura de las ramas vueltas

para el naciente, grande es la cara que te espía de la otra orilla

 

Pues si de las cosas tenemos un sol caído, y la descendida

Sombra

y el canto degradado de la voz ronca

y todavía los ojos de la primera vez

de la primera, ay inolvidable

y sin podernos ver

 

tumbados sobre el silencio de la hierba, y sensibles a lo que somos

Al aullido a los huesos a la cara a la hierba

 

Nuevo silencio. Y el canto:

 

Por los tiempos y los glaciares,

Animales hicieron la curva luminosa de tu espalda

 

Verano sobrenatural: no damos un paso

sin tu compañía

 

Por lo espeso: de él la espesura se desprende

en la forma de los olores salvajes que tanto

empalidecieron la noche:

cada uno de nosotros es un destello visto a la distancia

 

Tú eres el escándalo de dios que se deshizo

del lado mudo de sus goznes. Y se abre

la puerta oscura de este hombro,

fatigado por los campos

sembramos nuestros huesos más humanos

en los lugares donde tenemos labios y se resecan de la oración

 

El canto, Los adormecidos

 

Si estás acostada, es cuando eres la belleza

 

aunque en el cuerpo en movimiento habite un músculo

de seducción

 

Si viene la muerte:

es que te estás ejercitando en el cansancio

 

Cayese algo allí, pero estando de espaldas no verías

 

Si se curva el árbol, el agua reduce

su ritmo de la música

a cada hombre otro de la mano

Si las piernas lo abandonan,

 

la oscura luz que asusta

 

Pues vuelto el rostro para una pared

y tu vida está pasando y ves

pasar un insecto

salido del más extraño sueño, que es estar vivo

 

Existe un paso que no existe

 

Volvía el silencio, toda la cada parecía adormecerse,

pero la boca de uno de los adormecidos hacía nuevamente

aquel sonido de aguas, y volvía el canto:

 

Porque tuya es la sombra,

 

y tu desierto recorrido dice:

la concebida de la arena

 

y en la arena la reunida arena, la carne

 

El canto otra vez elevándose:

 

Tu lentitud me atraviesa por el camino mío,

los pasos son antiguos en este oro

 

y aunque se tenga un sol y una baranda de apoyo

para todo

al ausente esmerándose

a la sombra

 

No pasaría si otro conspirase

En el nombre que es la señal de la inmensa floración

 

aunque una vena da sentido a lo único

 

Capas tras capas, las invisibles tintas cubriéndote,

no sabría un hombre nunca cual sería: la nave la Floración

desde que un pie arrastrado por la luz

se quiso allí en las aguas, el árbol de tu savia viniendo

al encuentro de los más jóvenes, emergiendo

 

Si debíamos estar vestidos para la fuente,

es que la transformación del oro en hierros, en todo eso,

es lo que menos nos oprime el ancla de la vida

 

El canto. Sus cantos. Aquello sería así en aquella casa entre árboles. Este otro ahora:

 

Tu agua estancada está bebiendo en lo oscuro

un animal de bruma

Los ausentes dejaron sus aromas

 

allí, unos huesos esperan sólo la fiebre para desmoronar

Aquí la piel es la residencia, en ella habitan

una alegría, y zarzas, el músico

 

Su música: tus animales están pateando

la música: paredes que golpean unas en otras

 

El cuerpo es sólo un hombre junto a su piedra de ternura

 

Aquellos adormecidos hablando con la carne. El canto:

 

Estás acumulando lentamente una herida en la espada Real

de tu verano

 

Desde aquí podemos ver que el día coagula

 

Y aves como hombres baten las alas, para elevarse

nuestro anzuelo de nubes

un rostro y piedra mirando para el cielo

un paseo de monstruos caminando dentro

Baja la sombra de la sentencia sobre la mano que agita adiós

 

Que no pase el próximo minuto sin que suene

la voz de la deshojada

La espada es la oferta de un grito: por los ojos,

cuando es aún más bella la estación de las fiebres,

por los tiempos, se fue la más antigua raíz que dio frutos

 

El canto: eso nos retiene, eso nos retiene, eso nos retiene

 

Tenemos para ti la consideración de un vaso

donde está depositada la especie

 

pero abriéndose, la tierra Se muestra al bosque de los hombres

que se extiende

 

La piel, la helada residencia

Y el cuerpo busca otros pasajes clandestinos

para la región del fondo del pecho,

su Claridad de incendios,

fluctuando en un mar de corchos, cediendo

a los silbidos de esta noche

 

Ritual de velos: el lodo

Pues sueñas en ti mismo tu visibilidad

si sueñas el barro

 

Una ave nuevamente estaría revoloteando en su jaula,

tal vez otro sueño de la carne perseguida,

y nosotros

continuábamos allí oyendo aquel canto,

 

la carne de los

adormecidos hablando con la carne

 

Pues si también es forma sólida de la música: o sino,

y el hombre es la planta en su temporada de fruta

 

de lo alto de las atenciones simuladas, sin el artificio nulo

conspirando por el tallo de tu cuerpo

perdida está toda la cosecha

 

Te llama la voz anunciando la quebradiza que se dobla,

inmóvil junto a un muro está el mudo

 

-Señal, entonces anunciaría una voz entre los adormecidos. Y todos los adormecidos respondían:

-La señal es no soñar tu nombre.

 

Y el canto, prosiguiendo:

 

Libélulas de los huesos, libélulas de la cara cuando la

medianoche se estremece de ansiedad en sueños

El revuelo de tus deseos me supera

en mucho las costas vueltas para la casa

de mis padres: el reloj antiguo de sombras

 

El canto: eso nos invade, quiere habitarnos los oídos para siempre

 

Pues es tu sombra y la sombra

 

y en la arena

la reunida arena, la carne

Y la concebida ala,

 

y en la arena aún la reunida ala de arena

 

¿Iríamos también a adormecernos oyendo aquel canto, aquellas voces? ¿Nunca más, nunca más saldríamos de aquella casa?

Saber que la carne tenía que decirnos,

sí, eso nosotros queríamos.  ¿Pero vendría entonces a nosotros, negro, un miedo

 

Que nunca más saldría de aquí? El canto:

 

No nos deja olvidar la casa alta,

allá el tiempo repite: cortezas,

 

aunque nacidas piel clara e incluso

se yergue en el aire a nuestra infancia

 

Y hay vientos en las ramas, la arena de tu sueño

 

Pues una es la ley severa que se expresa: si

reverdecen inclinándose hacia la muerte serán hombres

si oscurecen y puntiagudas son espinos

Pero la floresta genuina se extrañará

 

Tenemos las aberturas del ser para observar de los ojos

a los otros seres,

tanto mejor para la euforia de la tierra

Hierba del destino suculento, ven a mí, lenta

antes de la noche lenta

 

¿No terminará nunca aquel canto, no iría nunca a acabar?

 

En ti estoy plantado por los huesos hasta los sueños,

temeroso de las lluvias, y un extraño para los peces,

 

aquellos adormecidos cantaban.

 

Andaba cantaba para la carne en aquella casa.

Y antes de adormecernos para siempre, nos apartaríamos de allí

 

Pues tuya es la sombra

y en la arena la reunida arena, la carne

 

aún oiríamos, lejos

 

 

* Literatura Imaginal, de Viagem Andara oO livro invisível

 

Versión: Demian Paredes, Buenos Aires, 2020

Material enviado por Edson Cruz, poeta y editor del sitio web “Musa Rara” (www.musarara.com.br).

 

Vicente Franz Cecim/Cecim da AmazoOnia (1946) nació y vive en la Amazônia, en Belém. La transfigura en la región metáfora de la vida Andara: una Floresta Verbal. Es el creador de Viajem a Andara oO livro invisível, no libro, no escrito, puramente imaginal, de donde emergen los libros visibles de Andara, estos, los que el autor escribe desde 1979. Recibió de la Asociación Paulista de Críticos de Artes el Gran Premio de la Crítica, en 1988, por Viagem a Andara, y Revelación de Autor, en 1980, por Os animais da terra y, con su libro K O escuro da semente, fue uno de los cuatro finalistas al mejor libro de poesía, en 2016. Fue publicado en Brasil y en Portugal.