#Fotos: Yuyo Noé, “Mirada prospectiva” (MNBA)

* Algunas fotos de la megamuestra de Yuyo Noé, Mirada prospectiva (100 obras), en el Museo Nacional de Bellas Artes. (La muestra se mantiene abierta hasta el 20 de septiembre.)

(Hacer clic en las imágenes para agrandar.)

 


En el MNBA: Inauguración de la exposición “Luis Felipe Noé. Mirada prospectiva”

Más info: https://www.bellasartes.gob.ar/exhibiciones/luis-felipe-noe.-mirada-prospectiva


Inauguración: Luis Felipe Noé – Vicente Zito Lema Memoria del presente – 1976-2017

Luis Felipe Noé – Vicente Zito Lema
Memoria del presente- 1976-2017
“Toda la vida se reduce
cuando alguien en la noche grita
mientras otro cierra la ventana…” (VZL)

Los invitamos a la inauguración de la exposición “Memoria del presente” – obras de Luis Felipe Noé y Vicente Zito Lema, el próximo sábado 1° de abril, a las 20hs. en Bar La tribu.

                                                                                               Los esperamos!

Inauguración: sábado 1 de abril – 20hs
Cierre: sábado 20 de mayo

Curaduría: Natalia Revale – Javier del Olmo

Diseño gráfico: Estudio Dos Ríos
Producción serigráfica: Cumby Giraudi – Lucho Gatti


A 50 años de ‘Antiestética’: diálogo con “Yuyo” Noé

antiestetica1-67b9a9df7916843383464c3473bb3088-1024-1024* Publicado en la sección Cultura de La Izquierda Diario

Conversar con Yuyo Noé es intenso. (Ya habíamos tenido otro diálogo, extenso, de corte autobiográfico, también publicado en La Izquierda Diario, a comienzos de 2015) Activo, lleno de planes, Noé nos muestra una mesa repleta de papeles, impresos y manuscritos –fragmentos y borradores de libros–, y conversa sobre la reciente reedición de Antiestética (por Ediciones de la Flor) y varios proyectos y actividades: nuevos libros y reediciones, nuevas muestras, y toda clase de planteos y reflexiones sobre arte, historia y política. También, brinda un recuerdo sobre Gyula Kosice, Arte concreto y Madí. Una charla con un amplio abanico de temas, donde Yuyo, a sus 83 años, sigue creando obras, y además anticipa sus próximos planes: una muestra este año, en la Galería Rubbers –su galería habitual–, y otra en el Museo Nacional de Bellas Artes, para 2017.

Yuyo, para empezar, comentá esta reedición

- Este libro, Antiestética, fue publicado hace cincuenta años. El año pasado se cumplieron los cincuenta años, y por eso lo reedité.

¿Y le cambiaste algo, le sacaste, agregaste…?

- No cambié absolutamente nada. Eso sí: tiene muchos prólogos esto. Está mi primer prólogo. Mi segundo prólogo, que se llama “Prólogo a la reincidencia” [de 1988]. Y este tercer prólogo, para esta edición, y dos prólogos más: uno de Cecilia Ivanchevich, colaboradora mía, y otro de [Eduardo] Stupía.

Stupía considera que este libro es de una época. Y que es distinta la época actual. Esta reedición la ve como una cosa de concepto histórico. En cambio, Cecilia lo ve como un presente –como me lo dice mucha gente–.

 

¿Y vos cómo lo ves?

- Yo lo veo como presente. Como un presente que no es anecdóticamente presente. Quiero decir: acontecen muchas cosas, y uno por ejemplo las responde; pero luego acontecen otras. Pero esas otras que acontecen después, y que parecen cambiar el panorama, tienen que ver implícitamente con esas primeras. Porque todo está generado por algo. Entonces, si querés, esto es un tiempo anterior a un tiempo presente; pero el tiempo anterior a nuestro presente está presente. Y tiene que ver con mi teoría del caos. Y creo que, en cierto modo, es actual en la medida en que preveo cosas que luego han ocurrido después.

Pero claro: es una época. Yo, cuando hice este libro, estaba haciendo obras muy caóticas, en el sentido de que eran obras complejas, que se relacionaban entre sí, pero hacían una. Instalaciones que continuaban por la pared, por el techo, por el piso… Luego, en un momento, esas cosas las tenía en Estados Unidos, porque fui con la Beca Guggenheim, en el año 65, 66…

Es un momento donde la teoría acompañaba a la práctica

- Sí, sí. Y entré en crisis después. Porque se veía que algo no lo podía concretar. Porque eran obras que hacía y deshacía. Pero estaba en mi espíritu el que no me importara deshacerlas. Porque sentía que todo cambiaba y que yo cambiaba también con el tiempo. Y me fui politizando cada vez más. Fue un momento en el que después publiqué un folleto que se llamó El arte de América latina es la revolución. Como que el arte refleja una sociedad, y si la sociedad no está constituida realmente con una presencia de poder, de poder ser –“poder” en el sentido de poder ser–, no puede generar nada. ¡Si no puede generar realmente poder ser cómo va a manifestarse como es! Entonces esa era la idea de esta segunda etapa. Una segunda etapa que me llevó a escribir un libro, que no publiqué, que se llamaba El arte entre la tecnología y la rebelión. Lo escribí, estaba casi terminado. Fue entre el 67 y el 72, aproximadamente. Pero por algo no lo publiqué. Lo podría haber terminado, pero no lo publiqué porque creo que lo que planteaba lo hacía muy lúcidamente; pero las respuestas eran candorosas. O sea: lo que deseaba… Es que toda la época en torno a lo que se llama “el 68”… Más candoroso no podía ser.

Hay una visión equivocada del 68. Primero se cree que el 68 aconteció en París. El 68 es un eco de lo que estaba aconteciendo en los Estados Unidos, en las universidades –en Berkeley, en Columbia–, y que era la resistencia la guerra de Vietnam. Más un espíritu de época que hacía como un replanteo de muchas cosas.

Si vos ves la causa de la rebelión francesa, es totalmente mínima: era un problema del planteo de una ciudad universitaria. Si podían llevar chicas a los cuartos, porque no podían.

Bueno, eran derechos que pedían los jóvenes estudiantes para su vida cotidiana… algo que fue parte de lo que se conoció como “revolución sexual”…

- Era una tontería en cierto modo, comparado con la otra cosa. Era como un teatro, como una representación. Y como toda representación, termina.

Pero lo interesante es ese espíritu, que en cierto modo continúa, de otra manera. Siempre las cosas continúan, pero de otra manera.

Y volviendo al libro: no lo publiqué porque las respuestas me parecían candorosas. Pero creo hay muchas cosas que las tengo todavía. Las publiqué en cierto modo, en parte, en Noescritos sobre eso que se llama arte, que tiene el material recopilado de cosas escritas por mí, del año siguiente en que escribí este libro [Antiestética]; es decir desde el 66, hasta el 2006.

La nota completa acá.


Escribiendo sobre “Yuyo” Noé

ARTE DE LA IMAGEN // OPINIÓN

“Yuyo” Noé: la imagen que emerge del caos

Cinco notas a partir de la última muestra del artista de la imagen Luis Felipe “Yuyo” Noé, “No obstante…”, curada por Cecilia Ivanchevich y abierta al público en la Galería Rubbers desde el pasado 4 de noviembre.

Demian Paredes
@demian_paredes

 

1.

Sea de pie, frente a una obra colgada, o caminando, rodeando (para poder mirarla) una obra 3D –que emerge del piso y prolifera en diversas direcciones–, los más recientes trabajos de Luis Felipe “Yuyo” Noé son una invitación a viajar. Un viaje alucinado (y alucinante, para quienes podamos –y queramos– acompañarlo) por el caos del mundo contemporáneo. Un viaje (vía la imagen creada) que el artista nos propone: lo que emana, vibra, resuena. Lo que provoca, concita, suscita, es lo que ocupa y caracteriza el quehacer de Noé. El gran arte (de la imagen) del siglo XXI.

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¿Y qué es, “exactamente”, lo que provoca al arte de Noé? ¿Cuáles son los “factores” actuantes? Escribe el artista en su monumental obra de dos tomos (Mi viaje y Cuaderno de bitácora) recientemente aparecida: “En lo que a mí concierne, siento que la realidad y la ficción interactúan constantemente y en mutación eterna”; “aspiro asir un esquivo instante que refleje la maraña de la complejidad caótica en la que me siento inmerso. Y ese caos no es del mero mundo físico sino la interrelación de este con el mundo ficcional construido por los hombres” (“A modo de epílogo”, en Cuaderno de bitácora, Bs. As., El Ateneo, 2015, p. 607). Caos y complejidades, “internos” y “externos”, se cruzan e influencian; y las “ficciones” (Noé siempre ha sido un atento y agudo lector de literatura, filosofía, historia(s), etc. –además de ejercer la docencia y el trabajo teórico–), las construcciones textuales, son un componente más; todo eso (la “maraña”) es lo que intenta capturar y, en cada trabajo, mostrar, expresar. (Dice Noé en el texto citado: “Para mí, pintar es radiografiar lo interior que no es otra cosa que la resonancia de lo exterior. Salvo que el tema sea la naturaleza exterior, en este caso sentiré la resonancia de su interior fundida con mi interior de hombre urbano”.) Colores como rutas y cascadas; como ríos y banderías. Como nervaduras. Paralelas. Curvas. Diversas geometrías y rugosidades, formas, “zonas” y figuras encontramos en las pinturas de Noé. La sinuosidad de las líneas y la intermitencia (y potencia) de los colores.

* La nota completa en La Izquierda Diario.


Nueva muestra de “Yuyo” Noé

A modo de “informe fotográfico”, se publicó en La Izquierda Diario una breve nota sobre la nueva muestra del artista de la imagen, Luis Felipe “Yuyo” Noé, inaugurada recientemente en la galería Rubbers y titulada “No obstante”.

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La nota y las fotos se pueden ver acá.


Luis Felipe “Yuyo” Noé: las muestras retrospectivas “son panoramas de vida”

Leemos en el diario La Nación el siguiente reportaje a Luis Felipe Noé, artista plástico. (Otra entrevista reciente, más extensa, puede leerse en La Izquierda Diario: ver acá y acá.)

 

Luis Felipe Noé se queja: “Nada de Luis Felipe. En esta casa soy «Yuyo»”. Después se mueve con agilidad, hace chistes y posa con cierto apuro por terminar con una sesión de fotos que lo incomoda. En toda una pared se despliegan carpetas oficio numeradas de 1959 a 2014. “Éste es mi currículum”, dice Noé, y no exagera. Intenta mantener un perfil bajo, pero es un personaje central en el arte contemporáneo argentino, infaltable en vernissages del circuito porteño, amigo entrañable de sus amigos y referente para nuevas generaciones de artistas que lo admiran y respetan. Durante el verano, demostró la juventud de sus 82 años con una muestra de pinturas posteriores al año 2000 en la Colección Fortabat. Sigue queriendo probar que la pintura está por inventarse. Y, además, está eso que siempre le recuerdan y donde detesta que lo encasillen: la Nueva Figuración, el grupo con el que superó el límite entre abstracción y figuración en los años 60, y le dio un giro a la historia del arte argentino.

Viene de un viaje de dos meses por Europa: la mitad del tiempo estuvo en París, donde vivió por once años y donde viven sus dos hijos, Gaspar y Paula, y sus dos nietas. Paseó por Sicilia con una vieja amiga francesa y anduvo por Bruselas, Luxemburgo, Brujas, la Costa Azul y Marsella.

-¿Vio mucho arte?

-Vi cosas muy interesantes. En Sicilia visité ruinas como piazza Armerina, donde está la Villa Romana del Casale, que es algo extraordinario: 3500 metros cuadrados de mayólicas que cuentan la vida de entonces y están impecables. Una de las imágenes más conocidas es la de unas jóvenes gimnastas en bikini, que llevan pesas en las manos. También es imperdible la Catedral de Monreale, una joya bizantina que está cerca de Palermo, que se hizo en diez años. Me gustó mucho volver a ver il Duomo di Siena, me había olvidado lo maravilloso que es. Hablando de edificios, uno que me impresionó muchísimo es la Fundación Louis Vuitton, en París, una obra de Frank Gehry. ¡Es un genio! Y esa palabra no la uso nunca. Es como un edificio dentro de otro, algo extraordinario. Ahí vi la exposición de un joven danés, Olafur Eliasson, muy interesante. En el Centro Pompidou, vi una muestra de Duchamp pintor y ésa es la perspectiva que yo tengo de él: para mí, Duchamp nunca dejó de ser pintor; la suya era una visión de pintor ampliada, aun en sus objetos. También vi una muestra de Klimt en la Pinacoteca de París. Y mucho Arte Bruto, que está muy de moda y no es tan bruto, porque hay artistas de un oficio, una elaboración, que yo diría más bien que son singulares. Vi una muestra de Haití, otra de la escultora, pintora y cineasta Niki de Saint Phalle, y una extrañísima muestra dentro de una vieja fábrica de acero de una ciudad alemana, con piezas del Museo Egipcio de Turín dispuestas entre las máquinas en desuso. ¡Fantástico! Dos arqueologías.

-París fue mucho tiempo su hogar.

-Cuando voy, estoy con mis hijos y mis nietas, Heloise, de 26 años, se está iniciando en la producción cinematográfica, y Clio, de 22, estudia servicio social. Ése era el trabajo de su abuela, mi mujer, Nora. París es una ciudad que me gusta en cómodas cuotas. Me atrae y me cansa al mismo tiempo: hay mucho que ver y, además, la conozco. Aunque siempre encuentro cosas nuevas que mis hijos y mis amigos me hacen conocer.

-¿Volvió inspirado?

-Es como la digestión: al final no sabés lo que te cayó bien, lo que te cayó mal. Es un proceso.

-Fue muy visitada su muestra en Colección Fortabat.

-Creo que gustó. Lo que más valoro es que son obras de esta última época. ¡Yo estoy vivo! Estoy harto, pero harto, harto, requeteharrrrrto de que me consideren la viuda de un pintor que vivió en los años 60. Hay una cantidad de imbéciles (y poné la palabra imbéciles, porque son ¡imbéciles!) que me llaman por teléfono para comprarme obra de los 60. No es porque me aprecian, sino que se hacen eco del valor de mercado. Compran acciones, no cuadros. ¡Se acabaron los cuadros del 60! Tengo muy pocos y son de mis hijos. Yo creo sinceramente que lo más interesante es lo último que hice, porque uno no vive al cohete. Hay artistas que se repiten siempre, y cada vez peor. Pero hay otros artistas, y espero estar entre éstos, modestia aparte, que lo mejor que hicieron en su vida fue de viejos: Monet, Tiziano, Matisse, Hokusai… No es que me quiera comparar con ellos, pero sí quiero hacer lo mejor de mi vida hoy. ¡Uno vive! Por eso las muestras que más me interesan son las retrospectivas, porque son panoramas de vida. Hay dos formas de presentarlas: cronológicas o mezcladas. En el MNBA, en 1995, se hizo una retrospectiva cronológica organizada por Jorge Glusberg. En 2012, en un día fatídico, que fue el mismo en que murió Nora, se inauguraba en la Untref una muestra que mezclaba distintas etapas, y eso sirve para ver constantes y cambios.

Nora, esa mujercita menuda e incansable, ya no está y el caserón de San Telmo plagado de cuadros, fotos, libros y recuerdos, se percibe vacío tras 55 años en su compañía. Noé anda por sus pasillos y escaleras en un silencio que sólo rompen sus ayudantes y la procesión de amigos y discípulos que lo veneran. Pero siempre tiene algo que hacer. En este momento integra una exposición en Espacio de Arte de la Fundación OSDE, Pintura Post-Post.

-Estoy con la última obra que hice, que es una estructura pintada. Todos son muchísimo más jóvenes que yo. Soy el único viejo. Creo que la muestra insiste mucho en el acto pictórico: es para mí toda una relación con el color, la línea y el espacio, y en el caso de mi obra en particular, el volumen.

-Los jóvenes siempre lo respetan.

-No todos. Hay muchos que me buscan y recibo de ellos mucho aprecio, y hay otros que me miran de lejos con actitud despectiva. Una de las cosas que he aprendido es que los viejos no pueden hablar de los jóvenes, porque siempre se equivocan. Entonces, mejor me callo.

-¿Dónde va su obra ahora?

-Yo estoy siempre en el mismo tren, con destino al caos, desconozco el recorrido. Siempre lo mismo y siempre cambiando. Mi tren descarriló cuando dejé la pintura por nueve años. Volví a subir. Hice instalaciones en los 70 y las retomé en 1994 y en 2000. La de 2000 es muy nostálgica de mi pasado, una autobiografía. Y ahora hice una instalación, porque está en el piso (aunque un cuadro cuando se cuelga está instalado, ¡todo es instalación!). Son volúmenes que se entrecruzan. Me interesa el conjunto. Yo sé lo que estoy haciendo en la medida en que lo estoy haciendo. A veces tengo una vaga proposición inicial, pero no hay boceto jamás.

-¿Cuándo se subió a este tren?

-Yo diría que me subí en 1959, con mi primera exposición, que fue cuando surgieron los informalistas. Muchos dicen que yo me inicié como informalista, pero eso no es cierto. Siempre hubo figuras en mi obra. De lejos parecen informalistas, y de cerca hay caritas y mundos. Antes eran la materia, el color y la mancha los que sugerían. Así como quiero superar la diferencia entre abstracción y figuración, ahora le doy mucho valor a superar la diferencia entre dibujo y pintura. La línea interviene, crea una dinámica. Curiosamente, mi primera aparición pública fue en 1957, en un artículo en la revista El Hogar, con dibujos míos sobre la Quebrada de Humahuaca, donde había estado de luna de miel. Las figuras y la montaña se fundían, dibujos de puras líneas que se interrelacionaban. Antes me parecía ese trabajo muy ajeno a mi obra, pero ahora con el tiempo me estoy dando cuenta de que vuelvo a esa experiencia. En cierto modo, creo que el recorrido del tren no es en línea recta, sino que es una circunferencia que vuelve a la estación de origen. La estación a la que uno quería llegar es aquella de la que partió.

La nota completa acá.