Exposición Homenaje a Gyula Kosice en el Museo Nacional de Bellas Artes (desde el 11 de octubre)

Exposición Homenaje a Gyula Kosice en el Museo Nacional de Bellas Artes

El martes 11 de octubre a las 19 horas se inaugura la muestra Gyula Kosice (1924-2016). Exposición homenaje en el Museo Nacional de Bellas Artes.

La exposición, que estará abierta hasta diciembre del 2016 en las Salas 39 y 40 del primer piso, es un homenaje al artista plástico fallecido el último 25 de mayo, y comprende obras históricas y recientes. Se incluyen esculturas hidrocinéticas, lumínicas, pinturas Madí, maquetas de la Ciudad Hidroespacial y piezas interactivas pertenecientes a las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes, del Museo Castagnino+macro, del Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori, y del propio Museo Kosice, entre otras.

A 25 años de la exposición retrospectiva Kosice – Obras 1944 / 1990, el Museo Nacional de Bellas Artes vuelve a recibir a las obras de un artista, teórico y poeta que marcó la historia del siglo XX y del XXI con sus propuestas de vanguardia.

El Museo Kosice, por su parte, es la institución dedicada a preservar y difundir la obra de Gyula Kosice. Creado por el propio artista en el 2005 como extensión de su taller en el barrio porteño de Almagro, cuenta con la más importante colección de piezas realizadas a lo largo de sus más de 70 años de creación artística.

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El artista ruso Piotr Pavlensky clava su escroto en la Plaza Roja de Moscú

Imagen 1Leemos hoy:

Performance sobre la apatía y el fatalismo de la sociedad rusa

El artista ruso Piotr Pavlensky clava su escroto en la Plaza Roja de Moscú

Juan Pablo Duch
Corresponsal

Moscú, 10 de noviembre.

Quienes acudieron este domingo, sobre la una de la tarde, a la Plaza Roja, pudieron ver lo que menos se esperaban: un hombre desnudo que, ante el asombro de los presentes, se sentó y clavó su escroto entre los adoquines del sitio más emblemático de Moscú.

De esta forma, la fecha en que los policías celebran su fiesta profesional en Rusia, el artista Piotr Pavlensky llevó a cabo un inusual performance con el título de Fijación (www.youtube.com/watch?v=Uoi1F-4etMA).

La policía, poco después de comenzar la protesta, acordonó la zona y cubrió al controvertido artista con una sábana, hasta que una ambulancia –hora y media más tarde– se lo llevó a un hospital.

En una declaración para la prensa, Pavlensky explicó: El hombre desnudo mirando sus testículos clavados puede considerarse una metáfora de la apatía, la indiferencia política y el fatalismo de la sociedad rusa contemporánea.

Originario de San Petersburgo, este vanguardista afirma que la sociedad deja de actuar, no por los abusos de las autoridades, sino la fijación de sus derrotas y pérdidas la clava cada vez más a los adoquines del Kremlin, haciendo de la gente un ejército de títeres apáticos, que pacientemente esperan su triste destino.

Pavlensky es categórico: ahora que las autoridades convierten el país en un enorme centro de reclusión, saquean al pueblo y destinan cada vez más dinero para enriquecer e incrementar el número de policías y de otros elementos de las fuerzas de seguridad, la sociedad tolera las arbitrariedades y, al olvidar su superioridad numérica, contribuye con su falta de acción a acercar el triunfo del Estado policial.

No es la primera vez que este artista se autolesiona: en mayo pasado, para simbolizar la indefensión del hombre frente a un represor sistema legislativo, se acostó desnudo y enrollado en alambre de púas frente a la entrada a la sede de la asamblea parlamentaria de San Petersburgo.

Y en solidaridad con las integrantes del grupo Pussy Riot encarceladas, Nadezhda Tolokonnikova y Maria Aliojina, en julio de 2012, se cosió la boca y se paró junto a la Catedral de Kazán, en San Petersburgo, con un cartel en el cual se leía: La actuación de las Pussy Riot fue una recreación de la conocida acción de Jesucristo (Mt. 21:12-13).

* Y acá un breve video (el link de la nota no funca).


León Ferrari, el “hilo rojo” del arte argentino

Por Demian Paredes

La muerte de todo gran artista convoca a “repasarlo” o conocerlo; a difundirlo y rememorarlo.

Ése es el caso de León Ferrari.

El genial artista ha fallecido: el pasado jueves 26, a los 92 años, (nos) dejó una obra inmensa, producto de seis décadas de consecuente y comprometida labor.

Esculturas, textos y montajes (de toda clase de íconos y materiales: fotos de las más diversas procedencias, incluyendo a grandes dictadores y genocidas, como Hitler y la Junta Militar argentina; reproducciones de pinturas clásicas –entre ellas, religiosas–; titulares y notas de diarios; elementos y aparatos de cocina; santos, muñecos y objetos “cualesquiera” –¡y también algún que otro animal!–) fueron los “vehículos expresivos” de Ferrari.

Como recuerda la crítica Andrea Giunta en su libro Vanguardia, internacionalismo y política, en la década de 1960, cuando Ferrari había comenzado a exhibir sus primeras esculturas y caligrafías (“cartas”), el arte, en sus diversas expresiones y búsquedas –individual y colectivamente–, se gestaba, en Argentina, “desde la más absoluta heteronomía”; se renovaba temática y formalmente: “dejaba de ser una máquina visual para convertirse en una máquina conceptual. La realidad invadía su territorio de manera cruda, directa y sin mediaciones del lenguaje, funcionando la obra a partir del montaje”. Los golpes militares en Latinoamérica, la revolución cubana y los ataques que recibía del imperialismo norteamericano, junto a la –justamente: cruda– guerra de Vietnam, fueron los hechos que marcaron época, y que Ferrari “asumió” mediante una serie de obras, donde una se destaca y es la más conocida: “La civilización occidental y cristiana”, un montaje compuesto por un cristo de santería crucificado en un avión bombardero FH107: una clara alusión a la guerra de Vietnam y al papel “santificador” de la Iglesia. (La obra fue una de las propuestas de Ferrari para el Premio Nacional del Instituto Torcuato Di Tella, en 1965, que sufrió la censura del pope del arte Jorge Romero Brest. Ferrari tuvo que retirar esa obra –hoy famosa mundialmente– que ni el “vanguardista” Instituto aceptó.)

Con el golpe militar de 1976 Ferrari y toda su familia –menos un hijo, que era militante montonero, y que fue desparecido– se exiliarán. A Brasil. Y allí el artista seguirá creando: de esa época datan sus “esculturas sonoras” (imponentes metales y tubos exhibidos y “habilitados”/pensados generosamente para “ser tocados y que suenen”), y también una serie de heligrafías y “planos arquitectónicos” que funcionan como un (alucinado y alucinante) señalamiento de la “locura cotidiana” (alienación) que se vive en –y fundamentalmente por– la “organización funcional” de las ciudades modernas, y que Roberto Jacoby comentó en un artículo de 1987: “la clave: se trataba de una vasta cárcel (…): el dispositivo panóptico donde un ojo soberano vigila sin ser visto, mientras que los observados no se conectan entre sí más que parcialmente. Un territorio que se ordena a fin de disciplinar. El caos que trata de evitar no devendría solo de la acción incontrolada de la muchedumbre, sino de cada minúsculo vínculo de unos con otros”. Hay aquí una crítica aguda al sistema capitalista.

La caída de la dictadura argentina permitió que León Ferrari regresara al país.

Y que siguiera trabajando.

Además de obras de tono humorístico como “Los músicos”, o las que tienen cucarachas de plástico (en una serie que metaforiza claramente al imperialismo norteamericano como “gran plaga invasora del mundo”) y aviones de guerra adornados con coloridas “plumas fashion”, proliferaron –junto a nuevas cartas– sus “cuadros escritos” (cuadros únicos e irrepetibles –y muchas veces “ilegibles”–, definidos por la escritora Tununa Mercado como una escritura que posee, por sus formas y características –y por los mismos caracteres– “una significación avasalladora por ausencia, es decir capaz de desmoronar todo lo que previsiblemente podía haberse erguido en el camino para significar, colocando en su lugar la pura significación de la forma”). Y también siguieron las pinturas, los montajes (muñecos de cristo, curas, monjas, gorilas y mamaderas ingeniosamente “llenadas”, adornadas con estampitas) y collages denunciando a la Iglesia y su aval a la dictadura (y antes, en Alemania, al fascismo), como hizo también ilustrando una reedición del Nunca Más. La muestra retrospectiva de 50 años de trabajo, exhibida en el Centro Cultural Recoleta a fines del año 2004, pasó a la historia por los sucesivos ataques y censura que recibió por parte del fundamentalismo católico y donde el entonces arzobispo de la Ciudad de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio –hoy papa Francisco, jefe del Estado Vaticano– envió una “carta abierta” a todas las iglesias, llamando a la muestra de Ferrari “blasfemia”.

En síntesis, la obra de Ferrari, surgida de tiempos sociales convulsivos, atravesó la dictadura y el último “período democrático”; recibió –aunque tarde– reconocimientos internacionales como el del New York Times (“uno de los 5 artistas plásticos más importantes del mundo”) y el “León de Oro” en la Bienal de Venecia de 2007; y se mantuvo fiel a su espíritu creador, lúdico y crítico (fundamentalmente a los poderes militares y “celestiales”), profundo y abierto a interpretaciones y matices.

Más allá de la mercantilización y de los usos que este gobierno gobierno (y otros) haga(n), la obra de Ferrari quizas sea la más dificil de “asimilar”, de comercializar y/o “institucionalizar”. ¿Quién de los actuales gobernantes y homejeantes “de buena fe” colgaría un “cristo asesino” en su lujoso despacho, si están corriendo al Vaticano, a los pies de Bergoglio/Francisco?

Contra las modas en el arte y los valores establecidos en la sociedad capitalista, la obra de Ferrari sigue siendo poderosamente subversiva.

Ése es su legado.


Enio Iommi, un genio del arte

Me enteré que, hace nomás un par de meses, la Untref destacó como “profesor honorario” al gran artista Enio Iommi, y por ello decidí hacer(le) este post con unos videos que dan cuenta –seguramente sólo en alguna medida– de lo verdaderamente impactante que es su obra, como se puede (pudo) ver en la muestra retrospectiva que se hizo, hace un tiempo, en el CCR; y además está la palabra de Enio, comentando los movimientos artísticos de la década de 1940 en nuestro país, su labor bajo la dictadura y lo que siguió, además de su crítica al arte contemporáneo (“decorativo”, “para adornar casas”) y su visión sobre el consumo y la cultura actuales.

(Y pueden ver, acá o acá, la reseña que hice de dicha exposición, con algunas fotitos que tomé.)

Pasen y vean…

 

 

 

 

 

 


Un arte que se hace cargo

A la muestra del Palais de Glace, “El arte como impugnación del silencio” –donde, justamente, ante el silencio oficial (es decir, el del Estado y el gobierno) se propone hablar desde la imagen de Jorge Julio López y otros/as–, se suma una del Centro Cultural Recoleta. “Obra pública 2000-2012”, de Jorge Caterbetti, funciona, a mi entender, como un racconto, como nuevas experiencias y/o intentos, de la unión de arte y vida (para decirlo con un lenguaje que parecía terminado, pero que revivió pos 2001 en nuestro país), cargando sobre sus espaldas (y manos y cerebro laboriosos) las luchas sociales recientes.

Así, hay videos, esculturas (u “objetos”) e instalaciones, recreando –y participando entonces de – las luchas de las “fábricas recuperadas”. Acero, hierros e imágenes filmadas conviven con santos “patronos del trabajo”, herramientas y uniformes para la metalurgia, y latas de la popular cerveza Quilmes. Todo un trabajo de arte conceptual.

También está “Primera bodega jurisprudencial”, y “Estado de derecho” con sus Series de “Fragmentos”, “El Buffet” y “sobre Tablas” (donde se suspende “la ley y el orden”, trabajados-mutilados y envasados, para permitir al/la visitante un –o unos– instante(s) de reflexión). Y una instalación –que se monta en paralelo a la aparición del libro Jorge Julio López: Memoria escrita– donde están las notas (y algunos “dibujos”) de quien testificó contra el genocida Etchecolatz. En la instalación hay también una pantalla gigante exhibiendo “Desaparecido en libertad”, con auriculares para poder escuchar el valiente testimonio de este compañero desaparecido en democracia desde 2006.

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La muestra (con entrada libre y gratuita) continúa hasta el 8 de abril, y vale destacar que, entre sus notas, podemos leer algo que Julio López escribió y subrayó: una enorme frase de un detenido-desaparecido: Estos crímenes no vencen nunca.