José Vicente Anaya, traductor (Círculo de poesía)

Como un homenaje a José Vicente Anaya (1947-2020), Eduardo Hidalgo nos da a conocer una entrevista inédita hasta ahora. Eduardo Hidalgo también es traductor y nos descubre en este diálogo las ideas que tuvo Anaya sobre la traducción.

 

Conocí a José Vicente Anaya (1947-2020) en enero de 2011. En aquel entonces, yo cursaba la Licenciatura en Idiomas con especialidad en traducción y escribía una tesis sobre la traducción de poesía. A través de un amigo en común, solicité a Vicente una entrevista y amablemente accedió. Nos reunimos en la Gandhi de Miguel Ángel de Quevedo, en la cafetería de la planta alta para ser precisos, a donde Vicente acudía regularmente a beber café, a leer solo o a reunirse con sus amigos. En esa nuestra primera reunión de muchas que tuvimos a lo largo de la década, Vicente, además de su generoso tiempo, me obsequió un par de libros: Peregrino y Versus: otras miradas a la obra de Octavio Paz. El primero es un poema de largo aliento en la misma línea que su conocido poema «Híkuri»; el segundo, una serie de ensayos críticos en torno a la obra del nobel mexicano que el propio Vicente compiló y editó; y una muestra de su postura crítica ante el statu quo de la poesía mexicana. Ya desde aquella primera reunión, supe de la generosidad de Vicente.

           Eduardo Hidalgo

 

 

 

José Vicente Anaya, traductor.

 

Eduardo Hidalgo: ¿Considera que en la traducción de poesía hay que ser fiel necesariamente?

José Vicente Anaya: Ese es un concepto muy importante y muy interesante dentro del trabajo de la traducción. Fidelidad se puede tomar de muchas maneras. Por supuesto que la fidelidad entendida como que la palabra del inglés debe ser la misma que pase al español es muy relativa para empezar. Porque aparte de esa palabra pueden existir más de cinco acepciones o sinónimos. Entonces uno se pregunta: ¿hasta dónde fuimos fieles? Por otro lado, en el caso de la poesía, yo diría que hay que trabajar de manera más intensa y más dedicada, a ser fiel a la poesía, a lo poético, y en ese sentido, como razón de esta respuesta, yo estoy convencido de que las mejores traducciones de la poesía las hacen los poetas. A propósito de las maneras de traducir y de las muchas versiones, creo que fui un obsesivo desde hace ya muchísimos años y te voy a decir por qué. Por ejemplo, de Las flores del mal de Baudelaire tengo como unas ocho traducciones diferentes entre sí. Tal vez fue donde aprendí. Tengo una traducción que es muy apegada a la literalidad, incluso la persona que traduce defiende esa teoría de que se debe ser completamente fiel, completamente literal y la defiende como la mejor manera de traducir. Aclaro que no es poeta, es una mujer que es traductora de oficio y lingüista o una cosa así. Pero a mí me parece la peor traducción de Las flores del mal porque no tiene nada poético. Y tengo otra traducción de un mexicano desconocido, de una editorial desconocida, donde hace el esfuerzo incluso por darle la calidad del ritmo y de la rima, que es un esfuerzo muy grande también. Y para mí esa es una de las mejores traducciones de las que tengo de Las flores del mal. Hay otras intermedias.

A final de cuentas, volviendo a la idea de que se debe ser fiel a la poesía y mi aclaración de que creo que los poetas son los que hacen las mejores traducciones de los poetas, hay un esfuerzo por dar una correspondencia a lo poético en el idioma que se está traduciendo. Dicho de otra manera, yo creo que se descubre que una traducción es muy buena al español cuando parece que fue escrito en español, en el mismo idioma, y no se notan tropiezos; no se notan desaciertos; no se rompen los ritmos de manera antipoética digamos. Dicho o aclarado, las ripias serían lo antipoético por ejemplo, no así las aliteraciones, que son sonidos gratos al oído, musicales, etcétera. Todos estos detalles son los que creo que llevarían a hacer una buena traducción de la poesía al español. Creo en otra cosa, a propósito también de esta versión de traducir lo poético. Creo que también este buen traductor de poesía debe jugar mucho entre respetar lo que dice el autor, no tanto ser fiel literalmente, sino respetar lo que dice, y a la vez combinarlo con encontrarle una correspondencia poética al idioma al que está traduciendo. Es decir manejar como un yin y un yang o una balanza que logre una armonía entre lo literal y lo que se dice.

 

EH: Octavio Paz dice que la poesía sí se puede traducir, pero que no es una traducción sino una transmutación o una resurrección ¿qué opina sobre esto?

JVA: Bueno, otros poetas dicen que hay que llamarle versión. Creo que las tres palabras tratan de interpretar, creo yo, lo que acabamos de decir de las características de traducir la poesía. Benedetto Croce, que es un gran pensador, un filósofo italiano, dice algo que yo cito cuando tuve la polémica con (Luis Humberto) Crosthwaite, refiriéndose a poesía. Sostiene en su concepción de la vida, en su filosofía que él enarbola, en una explicación que se puede llamar metafísica de la traducción, que en la metafísica si pasas una cosa a otro ambiente o a otra atmósfera, ya no es la misma. Entonces él sostiene eso, la palabra que pasa de un idioma a otro ya no es lo mismo. Además ya no se dice igual, ya no suena igual. Ciertamente ya no es la misma, ya es otra. Él también sostiene, en ese sentido, que es imposible ser fiel precisamente y que, por cierto, yo insisto mucho en que es más apropiado, porque en español, traducir encuentra su raíz en traicionar. Porque realmente se está traicionando una palabra.

Esa idea metafísica que digo de Croce de que la palabra ya es otra, para empezar como digo ya suena diferente, tiene otras palabras, etcétera; y muchas veces, además hay que agregar a esto que el significado de una palabra, en este caso del inglés al español ya tiene variantes también. Además después Croce, refiriéndose a la poesía, hace una broma, hace un juego, y dice: «son preferibles las bellas infieles que las feas fieles». Lo dice en broma hablando de una mujer, pero es la poesía. Son preferibles las poesías bellas infieles, que transmiten precisamente la belleza, la belleza dicho de antemano con todas sus acepciones, porque belleza no es sinónimo de bonito o hermoso, sino de una sensibilidad. Entonces son preferibles las bellas infieles que las feas fieles. Y hablando de poesías feas fieles, precisamente estaría en ese caso esta versión de Las flores del mal, que yo considero que es la peor que he leído de Baudelaire.

 

EH: ¿Podríamos considerar que el poema original es sólo un punto de partida para otro poema diferente, es decir la traducción?

JVA: Sí. Es más, esto que tú acabas de decir también se puede interpretar como que el poema se vuelve a escribir, se vuelve a crear, se recrea. Claro, ya existe la base del original en el idioma original, pero el que es traducido ya es otro poema también. Y en ese sentido, otra vez insistiendo nuevamente en que las mejores traducciones de poesía las hacen los poetas, ahí entra la calidad del poeta que traduce, de su calidad y su capacidad de darle las cualidades poéticas a la versión que ha traducido a su idioma.

 

EH: ¿Cree entonces que traducir poesía es como escribir poesía? Es decir ¿es un ejercicio de la escritura creativa?

JVA: Claro que sí. Literalmente. Es lo que se concluye de la idea anterior. Es volver a hacer otro poema. Aunque se parece al original por diferentes razones. Por eso, como dije hace rato, a veces mucha gente prefiere llamarle versiones a las mismas traducciones. No está mal que se llame de cualquier otro nombre. Sigue siendo una traducción. Sigue siendo una traición, volviendo a tomar esa acepción de la palabra en español. Y las otras ideas de las palabras que se le aplican pues son ciertas. Pero lo que permanece es esto último que decíamos. Se vuelve a crear, se vuelve a hacer otro poema.

 

EH: Usted tuvo la oportunidad de conocer a Allen Ginsberg, cuyo poema Aullido tradujo. ¿En qué beneficia conocer al autor original?; ¿proporciona ciertas ventajas o al contrario? ¿podría pensarse que coarta la libertad del traductor?

JVA: Yo creo que si se conoce al autor antes de traducir y se le trata, y luego se trabaja la traducción de manera mutua, sí debe ser muy enriquecedor. Porque aunque tengamos el conocimiento de los significados, de las palabras, y sobre ellos tomemos las decisiones, a veces hay cosas que se nos escapan y que el autor original sí las tiene en mente. No olvidemos, a propósito de esto, que existen también los juegos de palabras, en cada verso muchas veces, o en la mayoría de los versos. En todos los idiomas generalmente juegan con las palabras. Y al jugar con palabras, al poner una palabra junto a otra muchas veces se insinúan otras versiones u otras acepciones u otras ideas. Todo esto a veces no es fácil descubrirlo. Es más, no es fácil descubrirlo incluso cuando un lector en español lee los poemas en español, menos cuando es un idioma ajeno, o más difícil cuando es un idioma ajeno. Todo eso hace que también pueda ser muy rico si se discute la traducción con el autor.

Ahora, en el caso de mi traducción de Aullido, yo conocí a Ginsberg cuando ya estaba la traducción hecha. Lo conocí en San Francisco, asistí a una de sus lecturas, platiqué con él ahí y le entregué una copia de mis traducciones, y fue a partir de entonces que él conoció estas versiones. Años posteriores, él me manda un recado dando las gracias por la traducción y avalándola de alguna manera. Cuando me manda el recado verbalmente, con el amigo que me lo manda fue más explícito. El recado es un saludo y unas gracias que me da desde China, y eso es curioso, que de tan lejos haya mandado el recado, y que significa que sí leyó, sí se interesó en mis versiones. Y fue como un palomazo que le dio a ese trabajo mío, el cual me honra mucho. Me parece un punto a favor hecho por el mismo autor. A propósito, mucha gente se pregunta ¿sabía español Ginsberg? Sí sabía. Tal vez no un español llevado a sus extremos o a la perfección. La perfección no existe además por otro lado. Pero por los tiempos largos en que vivió en México, sí se daba a entender y creo que también tuvo sus lecturas en español. Entonces no estaba lejos, no estaba alejado de conocer también nuestro idioma.

 

EH: Cada poema es diferente, podría decirse que tal vez es un mundo con diferentes características. Pero a la hora de traducir, ¿cree que exista un elemento general en la poesía al que deba dársele más peso cuando se traduce?

JVA: Yo creo que sí. Pero sería o estaría muy en el orden de la subjetividad poética, llamémosle así. En este caso tanto del autor original como del autor de la traducción. Se deben confrontar estas dos subjetividades para darle traducción a lo que está por encima de las palabras. A final de cuentas si la palabra es la transmisión del poema, la palabra no es el poema. El poema está como por debajo, en lo profundo de las palabras o en lo profundo de sus significados. En poesía hay una sensibilidad no concreta, no material, no objetiva del poema. Y eso es lo que yo insisto que le corresponde captar y poder buscarle como transmitir al poeta que traduce poesía.

Sigue la entrevista, completa en Círculo de poesía.



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