“Quien no tiene algo de México no es de este mundo…” (Raúl Zurita)

* Entrevista publicada el día de ayer en el diario mexicano Excelsior.

México, parte de mi infancia: Raúl Zurita

El poeta chileno habla con Excélsior de su relación con Pablo Neruda, su concepto de poesía, los recuerdos de la dictadura pinochetista, su relación con el arte y el peso de México en su vida

26/07/2016 05:00  JUAN CARLOS TALAVERA

Foto: Cortesía FIL

CIUDAD DE MÉXICO.

La poesía es la esperanza de los que no tienen esperanza, la posibilidad de los que no tiene absolutamente alguna posibilidad, el amor de los que no tienen amor. Y en un mundo terrible como el que vivimos, donde lo que está mal… está demasiado mal, la poesía es esa variable desconocida sin la cual toda esperanza se extingue”, dice a Excélsior el poeta chileno Raúl Zurita (Santiago, 1950) que hace unos días recibió el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2016.

 Vía telefónica desde Chile, el autor de Anteparaíso (1982), El amor de Chile (1987), Zurita (2011) y Tu vida rompiéndose (2015), habla sobre su relación con Pablo Neruda, su concepto de poesía, los recuerdos de la dictadura pinochetista, su relación con el arte y el peso de México en su vida; y adelanta que en noviembre próximo viajará a México para participar en la 36 Feria Internacional del Libro de Oaxaca (FILO), donde presentará la nueva edición de Anteparaíso que publicará el sello
Almadía.

“Quien no tiene algo de México no es de este mundo o, por lo menos, no es americano. Sin México no nos podríamos entender. En mi caso crecí con música mexicana, las rancheras, que se cantaban por la mañana en los barrios chilenos. México es una parte profunda de mi infancia y juventud, es un país que amo profundamente con toda su grandeza y su tragedia, con todo su esplendor y su miseria”.

¿Qué lugar ocupa la poesía en un mundo que usted ha definido como egoísta y excluyente?, se le cuestiona al poeta. “Un lugar prácticamente invisible que si desapareciera… extinguirá todo sueño y nadie podría vivir cinco minutos. Si la poesía se extinguiera, implicaría que se ha acabado todo sueño y esperanza, y la humanidad sucumbiría en cinco minutos. La poesía es algo prácticamente invisible sin lo cual lo visible no existía.”

¿Es la poesía un Virgilio que nos guía dentro de un laberinto? “Ojalá tuviera esa apreciación y esa concepción de mí mismo. Soy alguien que hace y siente lo que tiene que hacer y no me robo ningún papel ¡y menos el de Virgilio!”

¿Se considera un poeta que abandonó las matemáticas para escribir? “Empecé a escribir a los 15 años porque me gustaba y entretenía, pero cuando entré a la universidad lo hice con pasión. Estudié ingeniería y cuando vino el golpe de Pinochet sentí desesperación; pero cuando estuve preso, junto a miles de personas, busqué sobrevivir mentalmente. Entonces aquellos largos y alucinados poemas me permitieron sobrevivir ante la situación desesperada. La poesía nació de la desesperación y fue la manera de no resignarme a lo que pasaba y de no enloquecer”.

¿Qué quedó de esos años de la dictadura? “Que en medio de esa noche de temor, pobreza y amenaza nació la solidaridad y el compañerismo. Eso ayudó a cruzar esa larga noche, un poco más protegidos, bajo el contacto de la amistad y el amor del otro. Eso es lo único que no se debiera olvidar”.

Poesía autista

Han pasado 37 años desde que Zurita y la narradora Diamela Eltit, los artistas Fernando Balcells, Juan Castillo y el sociólogo Lotty Rosenfeld formaron el Colectivo de Acciones de Arte (CADA) para crear performances y acciones directas que desembocaron en piezas como: Para no morir de hambre en el arte, No + y Ay Sudamérica.

De ese tiempo el poeta recuerda cómo este grupo se dedicó a hacer arte en las calles, en las barbas de la dictadura. “Esas acciones duraron cinco años y dejaron de tener sentido cuando la ciudadanía salió a las calles… Entonces habíamos hecho nuestra parte. Quizá la más importante acción fue No +, que la gente pintaba en las calles” para exigir el retiro de pistolas, metralletas, soldados, asesinatos… hasta convertirse en un vox populi.

¿Cómo enfrenta el poeta problemas actuales como la migración y los refugiados?, se le inquiere. “La poesía es una celebración, pero ha tenido que narrar demasiadas veces la desgracia. Pienso que la sociedad no puede medirse por lo bien que están los que están bien, sino por lo mal que están los que están mal. Y los que están mal… están demasiado mal.

“El estado del mundo es atroz y deplorable; yo me siento profundamente parte de ese dolor y de esa tragedia y eso lo he expresado en libro Zurita, donde brotan Hiroshima y los refugiados… como ser humano me siento profundamente tocado y conmovido por esa tragedia. La poesía no puede sino fijarse en el mundo”.

¿Qué hay de esa poesía que le causa indiferencia? “Desgraciadamente existe una poesía, casi mayoritaria, que es autista y ve sólo a sí misma; esa poesía me interesa muy poco”.

Tomar las armas

Para Raúl Zurita la poesía es un río inmemorial a la manera de Heráclito, donde todos los poetas confluyen y escriben al mismo tiempo. De eso tiene conciencia plena aunque para llegar a él no existe un camino peculiar.

“Llanamente trato de llegar a mi pasión y aunque ahora dudo realmente quién escribe o quién toma la palabra, pienso que se relaciona con ese río  inmemorial donde todos escribimos al mismo tiempo. Porque para escribir se tiene que suspender la vida y la muerte, es ese instante donde también convergen Shakespeare, Homero, Alberto Blanco, Octavio Paz, Pablo Neruda… todos escribimos al mismo tiempo”.

¿Es la poesía un acto solitario? “Es un acto solitario y al mismo tiempo el acto más colectivo que existe en el mundo”.

¿Qué relación guarda usted con Neruda? “Nunca lo conocí en persona. Pero Neruda es el más grande poeta en la historia de la lengua castellana. Él hablaba con absoluta certeza y seguridad como en Alturas de Macchu Picchu. Su poesía es la de alguien que confía y se entrega plenamente al lenguaje, incluso en sus poemas más angustiados hay esa certeza. Ahí radica su genio y su grandeza”.

¿Aunque usted escribe desde un lugar opuesto? “A mí me tocó escribir desde la incerteza y el quiebre del lenguaje, desde la rotura y el rompimiento. Así que mi relación con Neruda es de absoluta admiración”.

¿Qué opina de ese poema donde Neruda hace una oda al diccionario? “Me fascinan las enciclopedias, pero no soporto los diccionarios. Pienso que la lengua es absolutamente libre. En general no me agradan las odas de Neruda, pues no me agrada la poesía ilustrativa. Para mí su gran poesía es Canto General, Presencia en la tierra y Veinte poemas de amor y una canción desesperada, pero las odas elementales… me dejan indiferente”.

¿Qué es el tiempo para el poeta? “No sé bien. Quizá donde nos constituimos como seres humanos y donde nos perdemos como los dioses que éramos”.

¿Le molesta el divorcio entre poesía y oralidad? “Considero que una poesía que no resiste la oralidad es una poesía absolutamente trunca. Y el hecho de que la poesía haya perdido su relación con la música es una de las grandes pérdidas de la humanidad”.

¿Alguna vez quiso tomar un arma y matar? “Sí… yo creo que quien no es capaz de matar a un ser humano no sería jamás un poeta de verdad; pero aquel que lo hace es un bárbaro asesino. Porque la poesía tiene una reserva de luz que se contrapone a la violencia, el odio y la criminalidad. Para hacer poesía uno tiene que reconocer su propia monstruosidad”.



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