Fausto(s)

El sábado pasado cubrí, para La Izquierda Diario, la presentación del libro Fausto, publicado por la editorial Caterva, con dos versiones: el clásico criollo de Estanislao del Campo, publicado en el siglo XIX, y un Fausto sudaca, escrita ahora, en el siglo XXI, por el chileno Omar Saavedra Santis. (Este tema clásico, incluso, tiene su versión fílmica -criolla-, realizada en 1979.) A continuación, algunos fragmentos de la nota.

Noé Jitrik, agradecido por la invitación, y tras bromear sobre “lo fáustico de su situación” con su edad, y ante la “gente joven” que veía a su alrededor, dijo que recuperaría durante la charla “lo que está en mi memoria, lo que está en mi imaginario sobre la cuestión del Fausto propiamente dicho”.
Tras comentar que el Fausto, proveniente de una leyenda a través de los siglos, se ha transformado en mito, y compararlo con el de Ulises tapándose los oídos “para no ceder a las tentaciones de las sirenas”, Jitrik explicó que “la perduración del mito es porque toca algunas zonas que parecen inherentes al ser humano y a las relaciones que este entabla con la naturaleza, con el tiempo, con la muerte y con la vida. Es una especie de coagulado de todas esas cosas, y eso garantiza esa transmisibilidad, esa perduración. El mito de Fausto atravesó los siglos y lo interesante es que además se liga –no sé si conscientemente, en el caso de Goethe es más evidente, y en el caso de Marlowe, que es el antecedente del drama de Goethe– con el mito de la juventud, y con la Fuente de la Eterna Juventud. Eso que funcionó mucho durante la Conquista y que dio lugar a esa empresa, totalmente utópica, de Ponce de León buscando la fuente de la Eterna Juventud en la Florida, y perdiendo la vida buscando la fuente de la Eterna Juventud”. Y otro chiste: “La verdad es que, buscando la Fuente de la Eterna Juventud, uno se hace viejo. Se convierte en viejo. No hay modo de escapar de esta cuestión. Pero ahí está: la juventud. Y lo que implica, las características o los atributos tan atractivos de la juventud”.

Luego Jitrik recordó distintas versiones de Fausto: desde la ópera de Gounod –que es la que utiliza Del Campo como motivo o “disparador” para su propia versión– al extraordinario Doktor Faustus, de Thomas Mann. Y el enfrentamiento de “principios” que hay: “la lucha, una ancestral lucha que tiene dos principios, que tiene curso incluso hasta nuestros días: la oposición entre pensamiento y acción. Pensamiento o ‘ciencia’, y fe como ‘vida’, como atractivo vital. Eso está gobernando lo que hay en el drama de Goethe”. Y otra cosa: “la aparición encubierta del romanticismo. Goethe está a caballo del racionalismo clásico, y del romanticismo que está despuntando”.

Yendo al poema de Estanislao del Campo, donde centró su charla, Jitrik recordó la época en que se publicó, y la situación a la que se alude al comienzo del mismo poema paródico: una larga fila de autos, y mucha gente amontonada, en la puerta del “tiatro de Colón”. Algo que plantea “no en materia de mercancías sino en términos de cultura, las tradicionales relaciones entre la cultura local y la cultura exterior. En otro términos, entre los ‘modelos foráneos’ –por decirlo de alguna manera- y la capacidad propia de elaboración”. “Está en ciernes un estado de ánimo de lo que después, posteriormente, se pudo haber llamado “la oligarquía”, o que podríamos llamar, más bien, la aristocracia argentina, con nuevas fortunas, con la ganadería, que ya empieza a proyectarse… en fin: con la acumulación de riqueza a la que el poema de Estanislao del Campo alude. Como cuando se menciona a ‘Anchorena’. Es 1866. Ya Anchorena es un punto de referencia en cuanto a la riqueza. O cuando habla de Lezama. Cuando menciona al pasar a Lezama. Y esto marca una diferencia con el Fausto sudaca. Estanislao del Campo maneja estas alusiones con una delicadeza extraordinaria, como para que las podamos entender; mientras que el chileno pega golpes; no hace alusiones, sino declaraciones muy estrepitosas”.

 

La nota completa en La Izquierda Diario.



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