“La fábrica recuperada [Zanon] y el museo” (Hebe Uhart)

La fábrica recuperada y el museo

Me propongo ir a la fábrica Zanon recuperada por los obreros. Para tomar un colectivo debo atravesar una zona de grandes parques verdes donde está el museo arqueológico absolutamente escondido. Ningún transeúnte sabe de su existencia y cuesta llegar. Una vez dentro, el clima es desalentador; muy buenas inscripciones, pero la guía que no ofició como tal, está deseando que me vaya, debo interrumpirle algún reposo del personal. Pocas piezas, y en una zona destinada a exhibiciones de cuadros, fotos, etc., unas fotografías caseras de perros, nenes o lo que venga que puso alguien sin permiso de nadie. ¿Por qué ese museo está tan dejado de la mano de Dios? Me explicaron después, que al ser la población de Neuquén tan nueva y todos migrantes de distintos lugares del país y toda gente que ha venido a trabajar y forjarse un futuro, no hay interés por el pasado, no tiene Neuquén una identidad fuerte. Si el pasado no importa, voy a ver el presente, que es la fábrica recuperada. Queda como a ocho kilómetros del centro y debo tomar un colectivo pasando la zona del museo. La cuadra donde sale el colectivo es totalmente asoleada. Termina el centro de la ciudad y aparece un conurbano muy raro, aparecen unos cerros áridos y amarillos y cuando uno cree que va a la ruta, a otro lado, a otra ciudad, aparece un caserío tupido. Ahí está la fábrica y me recibe Zulma, operaria y delegada. Me dice: ‘La fábrica se recuperó en el 2009. En el 2001 la empresa anuncia que no paga sueldos, retira los servicios de transporte, enfermería, los obreros en asamblea montan carpas al borde de la ruta. En el 2002 los compañeros mapuches nos ofrecen canteras de arcilla para producir, también nos ayudó toda la comunidad, los presos de la cárcel nos dieron alimentos y después nos apoyó la universidad en la parte técnica’. Y orgullosamente: ‘La fábrica ahora da ganancias. Yo antes trabajé en una empaquetadora de fruta pero ahora es muy distinto porque acá hacemos todo en asamblea, que yo las vine a conocer en Zanon’. Le pregunto qué aprendió de esa experiencia. Dijo: ‘Se ve la diferencia de pensamiento de cada uno, se aprende el punto de vista de los otros, se aprende a luchar y a no quedarse con lo que el otro dice, me cambió la vida. [Luigi] Zanon nunca apareció, nunca dio la cara ningún directivo, yo el concepto que tengo de los directivos es que son personas pero no son humanos, te usan mientras les servís. Antes no podíamos llevar en la cartera ni tampones para el período, porque como tenían siempre sospecha del robo, nos requisaban todo. Ahora tenemos otros derechos’.

Me entrega un folleto donde se lee que frenaron cinco órdenes de desalojo, que los obreros fueron amenazados de muerte, y que los visitó León Gieco, Manu Chao y muchos otros. Adelante.

 

sl28fo10Hebe Uhart, Visto y oído. Nuevas crónicas de viaje, Bs. As., Adriana Hidalgo, 2012, pp. 102-104.

 



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