Salvador Elizondo “leyó y escribió hasta tres días antes de su deceso”

Rinden homenaje al multifacético creador en su décimo aniversario luctuoso

Presentan Diarios 1945-1985, libro con sus textos íntimos, coordinado por Paulina Lavista

Foto

A 10 años de su fallecimiento Salvador Elizondo es conmemorado con la publicación de sus diarios por el FCE y la apertura de una muestra sobre el autor de Farabeuf en la librería Rosario Castellanos (Tamaulipas 202, esquina Benjamín Hill, colonia Hipódromo Condesa)
Foto Paulina Lavista
Mónica Mateos-Vega

Para rendir un homenaje al escritor Salvador Elizondo (1932-2006), a 10 años de su fallecimiento (que se cumplen el 29 de marzo), el Fondo de Cultura Económica (FCE) presentó la noche del martes el libro Diarios 1945-1985.

Se trata de una selección de los textos íntimos y personales que el autor plasmó en más de cien cuadernos.

Además se inauguró en la librería Rosario Castellanos de la colonia Condesa una exposición dedicada a quien se consideraba un artesano del lenguaje.

Su máquina de escribir Olivetti; el último de sus diarios, donde hay una anotación realizada tres días antes de morir, fotografías, así como acuarelas y dibujos creados por Elizondo, forman la muestra que abarca desde la infancia hasta la madurez del autor de El grafógrafo.

Sus diarios, una constante

La viuda del escritor, la fotógrafa Paulina Lavista, tuvo a su cargo la coordinación del libro, así como la selección del material que lo integra. Durante la presentación recordó que vivió con Salvador Elizondo 37 años y “con admiración lo vi escribir día a día en unas libretas grandes que él mismo diseñó, al tamaño de su caligrafía.

Aunque paradójicamente muchos críticos lo tildaron de ser un escritor poco prolífico, hoy me permito desmentirlos radicalmente, considerando su legado literario y artístico. Mi misión es salvaguardar y difundir su obra.

El escritor comenzó sus diarios a la edad de 11 años, “cuando fue enviado a un internado militar en California, a causa de un complicado divorcio de su padres, experiencia que narrará en su libro Elsinore. Sin saber una jota de inglés, pero sí de alemán, pues su destino desde los tres años de edad fue vivir cambios de vida muy contrastantes entre Europa, Canadá, Perú y un México que le fue siempre entrañable. Pasó casi cuatro años en la escuela militar, de donde salió con el grado de teniente.

“Salvador tuvo muchas vocaciones hasta estacionarse en la escritura, pero hubo una constante, sus diarios. Me parece que en Elsinore, cuando cursaba el quinto año de primaria, en la soledad del súbito destierro, encontró en el cuaderno a su interlocutor. Con los diarios dialoga, le platica todo, se ríe con él, le confiesa sus defectos y pecados, sus penurias, su vida literaria y muchas veces, en ese diálogo con el cuaderno, se le ocurre el germen de sus textos.

“Sin embargo, no son los únicos cuadernos que lleva. Salvador era muy ordenado y tenía otro cuadernos que en inglés denominaba literary writings, donde escribía con precisión y sin titubeos, de un plumazo, casi sin tachaduras, limpiamente, alla prima, toda clase de textos, de ficción, ensayos, artículos para el periódico, etcétera; siempre manuscritos.

“Además tenía otros pequeños cuadernos que tituló Noctuarios,porque decía que de día se pensaba de otra manera que de noche. Además de pasarse buena parte del día escribiendo en sus cuadernos o pasando a máquina sus textos, leía durante horas con gran concentración. Me decía: ‘ya acabé por hoy de escribir, ahora ansío ponerme a leer’.

“A veces acabábamos en el oculista porque le salían tremendas perrillas. ‘Son de tanto leer, debe descansar la vista, señor Elizondo’, recomendaba el médico, pero jamás lo hizo; leyó y escribió hasta tres días antes de su deceso. Murió muy plácidamente, oyendo el Requiem de Fauré, pasó del sueño a la muerte sin ningún estertor. Falleció como el gentleman que siempre fue”, concluyó Lavista.

Autor imprescindible

Diarios 1945-1985 es un libro impreso a dos tintas, ordenado cronológicamente en 12 capítulos, en el que se descubre, principalmente, a un gran lector, a un incipiente escritor, a un gran filósofo.

La edición y curaduría de esa obra (que recibió el premio al Arte Editorial 2015, que otorga la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana) estuvo a cargo de Gerardo Villadelángel, quien participó en la presentación, en compañía del poeta Armando González Torres y el director del FCE, José Carreño Carlón.

Este último puntualizó que Salvador Elizondo es un autor imprescindible, quien dedicó gran parte de su juventud a las artes plásticas. Ha sido considerado el ejemplar único de una especie inclasificable en el universo de nuestra cultura, gracias a su singular obra y su manera tan personal de concebir la escritura.



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