#Entrevista con Leonardo Padura: “Percibir la realidad cubana a través de la literatura”

lo prometido es deuda…

LITERATURA // ENTREVISTA

Leonardo Padura: “Percibir la realidad cubana a través de la literatura”

De paso por la Argentina unos pocos días para participar de la entrega de un premio literario, conversamos con el escritor cubano Leonardo Padura. Su último libro publicado, la novela que está escribiendo actualmente y su trabajo en el cine son algunos de los temas tratados.

Demian Paredes
@demian_paredes

 

Fotografía: Lucía Feijoo

 

La primera pregunta que quiero hacerte es sobre tu último libro publicado aquí este año, Aquello estaba deseando ocurrir. ¿Cómo y cuándo surgió la intención de publicarlo? Abarca nada menos que ¡veinticuatro años! El cuento más antiguo data de 1985, y el último de 2009.

Este es un libro que tiene una historia larga. Es realmente una especie de antología personal de mis cuentos. Desde hace 10, 12 años, estamos con el plan de publicarlo por Tusquets –mi editorial habitual–. Pero como iban saliendo novelas, siempre se posponía la salida del libro de cuentos. Y en ese período, escribí dos, tres cuentos más, porque últimamente me cuesta mucho escribir cuentos: las historias que se me ocurren son historias de cuatrocientas páginas; y entonces, finalmente, cuando publicamos Herejes, sabíamos que íbamos a tener un espacio de tiempo sin que saliera ninguna novela –como de hecho ha ocurrido–, porque estoy, apenas, en el principio de una nueva novela. Estuve trabajando mucho en los guiones de cine –una serie de cuatro películas con el personaje de Mario Conde–, y, finalmente, vimos que era un momento adecuado para sacar el libro. Y creo que toda esa demora actuó a favor del libro…, porque si lo hubiéramos publicado hace 10, 12 años, yo todavía no era el autor de El hombre que amaba a los perros. Y salió siendo yo el autor de El hombre que amaba a los perros y, por ejemplo, en España, donde vender cuentos es tan difícil, en un mes se vendieron tres ediciones. Ha circulado aquí en Argentina bien, ya la traducción al francés está lista –sale a principios del año próximo–, va a salir en alemán también –por mi editorial también habitual en Alemania–, y ha tenido muy buena suerte el libro. Así que me parece que, lo que a veces a uno le desespera un poco que ocurra, “estaba deseando ocurrir” en el momento determinado.

En este libro se nota cierta “trasposición” de las cuestiones sociales e históricas de Cuba en la amplia mayoría de los cuentos…

Es que eso siempre está en mi literatura, Demian. No podemos ver los cuentos desligados de mi otro trabajo literario. Son una parte, que se resuelve en muchas menos páginas. Pero las preocupaciones sociales, literarias, humanas, el carácter de los personajes… hay muchos personajes aquí que perfectamente podrían estar en algunas de mis novelas, y es parte de la totalidad, del conjunto de mi percepción de la realidad cubana a través de la literatura.

Y sobre esta nueva novela que estás escribiendo, ¿de qué va la cosa?

Estoy muy al principio. Muy al principio… A ver: se me va creando una especie de sentimiento de ansiedad cuando pasa un tiempo y todavía no he empezado una novela nueva. Porque creo que todos los novelistas nos hacemos la misma pregunta: Terminé esta novela, ¿seré capaz de escribir otra?, y si la última novela que has escrito ha sido una novela que ha funcionado bien, entonces te haces dos preguntas: ¿Seré capaz de escribir otra novela?, y ¿Seré capaz de escribirla mejor que la anterior? Porque yo siempre trato de retarme; trato de retarme en cada caso. Y en un momento en que hubo un espacio de tiempo, de dos o tres meses, en el tiempo de escritura que me llevaron estos guiones (que me llevaron bastante tiempo: los escribí con mi esposa, Lucía López Coll), pues tenía una vieja idea y dije: “Dejá probar, a ver si funciona”. Y bueno: tengo escritas setenta, ochenta páginas de lo que es el primer borrador del principio de la novela. Justamente eso es lo que me da la certeza de que puedo escribir la novela. Y es una novela en la que regreso con el personaje de Mario Conde –porque lo tenía muy manoseado en este trabajo de escritura de los guiones–, y es una novela mucho más social que las anteriores, creo que estoy viviendo un proceso en el que cada vez más lo policial interior; es interior el enigma… la búsqueda de la verdad es una esencia de historia –y no “parte” de la estructura–; y como te digo es muy social, porque me muevo por La Habana: de La Habana que se ha ido enriqueciendo en estos últimos años, a La Habana que se ha ido empobreciendo –en estos años– a niveles de pobreza realmente sorprendentes para Cuba. Niveles de pobreza que durante cuarenta años yo no vi en Cuba.

Y en medio de eso hay un objeto: a mí me encantan los objetos perdidos (un cuadro de Rembrandt, una pintura de Matisse, un Buda chino… en fin); y, en este caso, es una virgen negra catalana. De las originales. Que son muy pocas. Y que llegó a Cuba por una historia que no te voy a contar ahora –porque si no estaría revelando una parte importante de la novela–. Y Conde va a buscar esa virgen negra que se la han robado a un viejo amigo de él, pensando que está buscando una Virgen de Regla: una estatua muy común en Cuba, porque es una virgen negra, que viene de Andalucía –la Virgen de Regla es andaluza–, y que tiene muchos fieles en Cuba.
Y buscando esa virgen, que tiene un valor especial, para ese amigo suyo, realmente lo que está buscando es una virgen medieval, con un valor material altísimo, y con un valor cultural incalculable porque de esas vírgenes quedan realmente muy pocas en el mundo.

¿Esta historia sigue la línea temporal de Herejes, de alguna manera? ¿Mario Conde sigue vendiendo libros usados?

Avanza en el tiempo. Posiblemente la historia se cierre en el 2014, justo antes de que comiencen las conversaciones entre Cuba y los Estados Unidos. Porque creo que a partir del 17 de diciembre de 2014 empieza un proceso histórico diferente en Cuba; del cual no me atrevo a escribir porque siento que estamos como que poniendo las bases de ese proceso y que todavía no se ha desarrollado. Y sería muy desatinado escribir sobre algo que todavía está ocurriendo.

Me interesa ahora charlar un poco sobre vos y el cine. ¿Te considerás cinéfilo (de alguna especie)?

Cinéfilo sí, seguro. Absoluto.

Soy un gran consumidor de cine que está viviendo en estos momentos una crisis de identidad, porque estoy prefiriendo las series. Hay series que son realmente muy buenas. Series danesas, norteamericanas, suecas, que me están centrando la atención últimamente y es lo que más estoy consumiendo. Pero soy un consumidor diario –diario– de cine. Leer y ver películas, para mí, son mis dos complementos culturales básicos. Yo puedo pasarme tiempo sin ir a un museo, sin ir a un concierto; pero no puedo pasarme sin leer y sin ver cine.

Y durante años yo he tratado de escribir guiones; he escrito guiones para algunos documentales en Cuba, que se han hecho –algunos con bastante éxito–, pero en los últimos tiempos he tenido dos experiencias (o tres) muy importantes. Una fue coordinar y escribir con mi esposa Lucía López Coll algunos guiones para la película coral que se llama 7 días en La Habana. Son pequeñas historias para las cuales escribimos nosotros varios argumentos, y tres de los guiones, de los siete que tiene la película.

Después y a partir de eso, escribí para Laurent Cantet el guión de una película que se llama Regreso a Ítaca. Esa película ganó un premio importante en Venecia, ganó el premio del Festival de Biarritz, ha sido una película muy polémica porque en Cuba fue sacada de la programación del Festival de Nuevo Cine Latinoamericano –se exhibió, finalmente, en la Semana de Cine Francés–, y es una película muy dura, muy visceral… Muy dura por los conceptos. A nivel de imagen la forma es muy tradicional, en el sentido de que es una reunión de amigos en una azotea de La Habana, y lo importante son los personajes, no la forma en que está hecha la película. Creo que quedó muy bien, Cantet es un gran director, con una gran capacidad de trabajo con los actores.

Y después hemos escrito –Lucía y yo– cuatro guiones para una serie de cuatro películas con mis primeras novelas: Pasado perfecto, Vientos de Cuaresma, Máscaras y Paisaje de otoño. Ya vimos el primer corte de una película, la de Vientos de Cuaresma, y realmente estamos muy satisfechos con lo que vimos.

Y esta es una serie española. Según leí, hay otro proyecto de serie también, producido por Estados Unidos y Canadá.

Esa serie está muy en su principio. Tan en su principio que todavía no está escrito el guión del primer capítulo de la primera temporada. Es una serie que se está pensando con gran ambición de llegar incluso a cinco temporadas –si fuera posible–, de diez capítulos cada una, el productor ejecutivo es Antonio Banderas –que hará el personaje de Mario Conde, además–, y está en proceso de creación. Va a ser un producto que va a partir de las novelas, para crear toda una serie de historias –a diferencia de la serie española, que está más basada en los libros (y más cerca de la realidad cubana, en la medida en que Lucía y yo fuimos quienes escribimos los guiones)–.

Respecto a Cantet –de quien supongo apreciás favorablemente su cine–, ¿él dirigió uno de los cortos de 7 días en La Habana; esa fue tu primera experiencia con él? Porque dirigió el corto “La fuente”…

No, ese corto él lo escribió. Él escribió el guión. Yo había escrito un guión para el corto que él iba a filmar, que terminó siendo el largo Regreso a Ítaca. Porque cuando él empezó a montarlo se dio cuenta de que no podía en 15 minutos resolver aquel conflicto y que necesitaba más tiempo.

La relación entre Cantet y yo ha sido muy hermosa. Muy hermosa. Porque partió de la admiración mutua que nos tenemos como artistas. Yo había visto su cine, y me encantaba su cine. Él había leído mis libros, y le encantaban mis libros. Y unos amigos comunes nos pusieron en contacto, y en ese contacto empezó una relación de amistad, y por eso es que cuando a él lo invitan a participar de 7 días en La Habana dice: “Pero con una sola condición”. “¿Cuál?”, le preguntan. “Trabajar con Leonardo Padura”. Y ha sido una relación muy respetuosa. Muy respetuosa: Cantet es un verdadero intelectual –en el sentido más amplio del término–, y es sobre todo una gran persona; y por eso hemos tenido peleas, que nos hemos puesto, y él dice: “Esto es así”, y yo le digo “Esto no puede ser así”, y hemos peleado, siempre desde el respeto, siempre desde el tratar de lograr que sea la mejor película. Y mí, que no me gusta mucho escribir para el cine, si Cantet me dijera “Vamos a trabajar otra vez”, trabajaría otra vez con él.

Y volviendo a la literatura ¿qué estás leyendo actualmente; hay algo que quieras destacar? ¿Y en qué otros proyectos estás trabajando?

Mira, trato de leer lo más que puedo. Justamente ahora estuve como jurado de un concurso del periódico Clarín, lo cual me llevó un tiempo de lectura. Me llegan con cierta frecuencia los libros de amigos que me piden que los lea –hago el esfuerzo, y en algunos casos los leo–, estoy investigando para la novela de la que te hablé que quiero escribir –porque todo ese fenómeno de esas vírgenes negras tiene un trasfondo histórico y místico muy importante–, y ahora trato de leer literatura. Literatura: toda la que puedo. A veces la más ligera que encuentro; a veces la más complicada –depende–.

He hecho algo que ha resultado para mí muy interesante. Y es que estoy preparando un curso, que debo dar el año próximo, en la Universidad de Puerto Rico y en la Universidad Menéndez Pelayo, en España, y es un estudio acerca de para qué se escribe una novela. Y lo hago con mi novela Herejes, y con otras dos novelas que son: La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera, y Asesinato en el Comité Central, de Vázquez Montalbán. Son dos novelas que tienen un contenido político evidente. Pero son dos grandes novelas. Y por eso quise analizar para qué fueron escritas esas novelas, y ha sido un ejercicio muy útil. Muy útil porque me ha develado estrategias literarias utilizadas por estos dos escritores, en las cuales, uno, como lector, no suele detenerse en ellas. Así que la literatura y el estudio forman una parte muy importante de mi trabajo.

Como una “clínica literaria”.

Se trata de desmontar. Voy a tratar de desmontar esas dos novelas, desde la estructura, hasta el narrador y los personajes, para llegar a la comprensión de la intencionalidad de las novelas. Kundera habla de “novelas que piensan”. Y Vázquez Montalbán habla de “novelas intencionadas”. Y un poco ahí está la esencia del curso.

 

Leonardo Padura sobre Trotsky: “Siguió creyendo en su ideología, en sus principios revolucionarios”

Fragmento de una entrevista inédita realizada en mayo de 2014, en el marco de la participación del escritor cubano Leonardo Padura en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

Demian Paredes
@demian_paredes

 

Te pregunto sobre tu novela El hombre que amaba a los perros: ¿por qué y para qué quisiste rescatar a la figura de Trotsky?

La quise rescatar porque yo necesitaba cumplir una necesidad que era conocer la historia de Trotsky. La historia de Trotsky en Cuba era totalmente desconocida y fue lo que motivó mi primera curiosidad por el personaje.

Después que fui conociendo, que supe que Mercader había vivido en Cuba –y que había muerto en Cuba–, pues ya comencé un proceso de investigación en el que fui clarificando las perspectivas de a dónde quería llegar. Y creo que más que una novela sobre Trotsky es una novela sobre el estalinismo y sobre las formas en que el estalinismo pervirtió la posible utopía igualitaria del siglo XX. Y ahí era a dónde quería llegar al final.

Además, no es la primera vez que se plantea desde tu literatura el problema del estalinismo. En tu libro Adiós, Hemingway hay una discusión, una pelea de John Dos Passos con Hemingway a propósito de la guerra civil española…

Sí. Eso ya venía persiguiéndome desde hacía muchos años.

¡Claro!, “cosa lógica”, ¿no?

Sí: viviendo en Cuba… (Risas.)

Quedándonos en este libro, pero yendo al famoso tema de la “representación en la literatura”, ¿cómo trabajaste esa tensión que surge entre los personajes históricos (ya consolidados, conocidos, presentados por la historia, las biografías y documentales, etc.) y tu propia imaginación y tu propia la necesidad de desarrollar la historia desde determinados ángulos necesarios?

Hay algo cuando uno trabaja con personajes históricos; es algo que complica mucho el trabajo del escritor. Y es que la vida no se rige por los códigos dramáticos con que se rige una obra literaria. Entonces muchas veces los momentos más importantes de la vida de un personaje pueden ser hasta anti-dramáticos. Y tienes entonces que empezar a hacer una construcción de esas vidas para que funcionen en el territorio de la novela que es donde tú los has ubicado.
En este libro había un problema fundamental: y es que tenía dos personajes históricos de carácter completamente diferente. No por ideología, sino por sus características en cuanto a personas, y por la propia lectura histórica que se puede hacer de ellos. De un lado está Trotsky, que es un hombre que está biografiado prácticamente cada día de su vida –incluso hasta el año 1929 existe su autobiografía, que la cierra en el momento del destierro en Alma Ata–, y del que existen numerosísimas biografías sobre él; y por otro lado está Ramón Mercader, que es un personaje que entra en la historia después de que mató a Trotsky; si no llegaba a matar a Trotsky, tal vez nunca habríamos sabido que Ramón Mercader hubiera existido. Habría pasado como una persona más.
Y este personaje hubo que reconstruirlo, a partir de unos pocos datos precisos, y el resto en función de lo que pudo haber sido la vida de Ramón Mercader, a partir de las investigaciones que fui realizando a lo largo de tres, cuatro años.
Entonces, son dos personajes que me exigieron tensiones creativas completamente diferentes. Y fue mucho más amable en el caso de Ramón Mercader, que al haber tantos vacíos, esos vacíos se llenan con ficción; y la ficción entonces me ayudaba a que tuviera un comportamiento mucho más dramático, que en el caso de Trotsky, a quien tuve que ir forzando y encontrando, cortando y modelando su vida en función dramática.

La cuestión es ser fiel ¿a qué?, ¿al personaje histórico o al personaje novelado?

Ser fiel a la verdad histórica. Cuando Trotsky piensa en un momento determinado sobre la relación –por ejemplo– de la filosofía marxista o el poder proletario con el arte, es porque existe un documento de Trotsky en el cual está tratado ese tema. Yo no invento nada para la cabeza de Trotsky. Puede ser que a lo mejor ese documento lo haya escrito seis meses antes o seis meses después; pero existe ese pensamiento en la cabeza de Trotsky y yo lo ubico dramáticamente en función de que es un personaje que está apareciendo en una novela.

Tengo una frase de tu intervención en Café Gijón del año pasado [2013] –cuando diste una charla con Paco Taibo II–, cuando dijiste que escribiste esta novela “por la ignorancia que había sobre Trotsky en Cuba”, como venimos charlando. Ahora que ya salió la novela –y se leyó y discutió, se analizó, y te han preguntado, obligándote a repensar muchas veces–, para vos ¿quién es Trotsky?

Ayer justo hablaba sobre este tema. ¿Trotsky era un “hereje” o un “creyente”? Porque alguien me dijo: “Bueno, porque en todas tus novelas tus personajes son herejes. Y en el caso de Trotsky, también es un hereje”… Y dije: no. Tengo que decir que creo que Trotsky es más un creyente que un hereje. Fue un hombre que hasta el final de su vida –y en los momentos más difíciles– siguió creyendo en su ideología, en sus principios revolucionarios, y si hay algún “hereje” en esa relación es Stalin, no Trotsky, porque Stalin es el que traiciona de una manera alevosa y criminal los principios de la revolución. Por lo tanto creo que Trotsky es un ejemplo de una persistencia en una idea y en una ideología llevada hasta las últimas consecuencias. Incluso cuando estaba más solo, cuando no tenía seguidores –o sus seguidores desaparecían– él seguía empeñado en su proyecto de la revolución, de la dictadura del proletariado, de la toma del poder por los humildes… en fin: mantuvo hasta el final sus convicciones.

¿En este caso sería un “ortodoxo” con el que vos simpatizarías?

Es un ortodoxo al que lo obligaron a ser un heterodoxo. Y simpatizo con él porque creo que alguien que cree tan firmemente en lo que piensa merece el respeto de los demás, aunque uno no esté esencialmente de acuerdo con determinadas ideas suyas.

 



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