“Con dulzura de sangre terminó la fiesta” (Griselda Gambaro)

 

Él se desperezó arqueando el lomo, temblaron sus bigotes y con un rugido abrió la boca hacia la luna. Dio un paso. Caminamos un poco por el jardín como si fuéramos dos desconocidos en silencio, y el silencio del tigre era más silencioso que el mío. De otro mundo. Selvático. Inmortal.

 

Después emprendí el regreso a casa donde seguía la fiesta, la misma que había organizado sin convicción, por costumbre.

Mis invitados habían olvidado al tigre. Ocupadas las sillas y sillones, sentados al azar en las escaleras, en cualquier lugar disponible, conversaban con una copa en la mano. Yo pasaba entre ellos con el tigre detrás de mí. Se aparataron pero nadie reaccionó con susto ni sorpresa, no se quebraron las copas ni ninguna palabra se transformó en grito. Me di cuenta de que sólo veían a un gato, tal vez de un tamaño excepcional, pero tan doméstico que no los inquietaba. Únicamente yo veía el tigre y la belleza del tigre. Y el tigre existía, detrás de mí. Con su silencio. Y de pronto, mi silencio fue tan silencioso como el suyo. De otro mundo. Selvático. Inmortal.

 

Lancé un rugido.

Y por fin, con dulzura de sangre terminó la fiesta.

 

portada-animales-salvajes_grandeGriselda Gambaro, Los animales salvajes, Bs. As., Alfaguara, 2014 (ed. original 2006), p. 20.



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