Ricardo Lísias y su divertido “loopeo” narrativo (y crítico)

tapa lordHoy en la sección Cultura de La Izquierda Diario se publicó mi reseña a El libro de los mandarines, recientemente publicado, del brasileño Ricardo Lísias:

Entre los numerosos autores del Brasil que han sido traducidos en nuestro país por diversas editoriales (y “sellos”) los últimos años (Corregidor, Beatriz Viterbo, El cuenco de plata, Emecé, Alfaguara, Edhasa, De la Flor, Manantial –que tradujo al vanguardista Hélio Oiticica; libro ya comentado en La Izquierda Diario– y Tinta Limón, entre otras) se encuentra el paulista Ricardo Lísias con su novela, publicada originalmente en 2009, El libro de los mandarines (Adriana Hidalgo, 2014). Allí, con una prosa que utiliza muy inteligentemente –entre otros recursos– algo así como la técnica musical del loop, repitiendo a lo largo de la narración fragmentos, frases, refranes, epítetos y sentencias, se da rienda suelta a una gran parodia del “mundo ejecutivo” de las finanzas a comienzos del siglo XXI.

La historia: Paulo, un joven “experto” de Banco (con sede central en Inglaterra), se postula en el “Área de desarrollo” en la que trabaja para viajar a China, donde se ha abierto la posibilidad de entablar nuevas relaciones (negocio$). En la feroz competencia –que él cree se ha desatado– aprende el idioma mandarín, hace quedarse media hora más tras el horario de salida a sus (fastidiados) subordinados para enseñarles palabras y frases en chino y comentarles la historia y la filosofía de ese país; y comienza a pergeñar –emulando a su ídolo, el ex presidente Fernando Enrique Cardoso– un libro para fomentar el “espíritu” entre sus pares, con reflexiones que mezclarán los lugares comunes de los manuales de “autoayuda”, más algunos clichés de la “filosofía oriental” y las “naturales” (“lógicas”, inevitables, siempre desmesuradas, insaciables) ambiciones de brokers y “operadores” por alcanzar “el éxito”: “Pau** piensa en lo que puede significar para su carrera la experiencia en China. Es un mercado grandioso, infinito, lleno de posibilidades y que está rediseñando el perfil de la economía mundial. Y él, como antes el ex presidente Fernando Enrique Cardoso, va a ser parte de esa transformación histórica en un lugar privilegiado” (p. 68). Todos los delirios del personaje harán que un reportaje lo perfile así: “Pau**, treinta y seis años, considerado uno de los mayores expertos en análisis de futuros y gestión de equipos, ama las palabras y llega incluso a coleccionarlas. Cada semana este ejecutivo ejemplar coloca como frase de firma para sus e-mails algún término inspirador. Así, sus empleados consiguen elaborar significados más productivos mientras trabajan. En una gran corporación, usar la palabra justa en el lugar adecuado es uno de los secretos del éxito” (p. 77).

Paulo ganará el puesto tras convertirse, progresivamente, en unos graciosos asteriscos en la lista de empleados-postulantes de Paulson (Paulo se transformará, despojado de cada una de las letras de su nombre, en *****), y viajará rumbo a la misión que ambiciona…

La nota completa acá.



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