“El dios Pan” (Fabio Morábito)

Al dios Pan se le atribuye la invención de la siesta y de la masturbación. Es significativo que estos inventos provengan de la misma divinidad. Ambas prácticas van en contra de la normalidad y de lo socialmente deseable, ya que la masturbación representa una pérdida de energía valiosa y la siesta es una pérdida de tiempo. De hecho, la masturbación es como la siesta del sexo, y la siesta, ese sopor profundo, un simulacro del sueño verdadero y reparador. En ambos casos lo principal cede el paso a lo que es secundario o derivado. En lugar de procrear eyaculamos a solas, sin ton ni son, y en lugar de dormir profundamente nos demoramos en la antesala del sueño a plena luz del día. La siesta es el sueño de los ladrones: duermen a deshoras para poder actuar en la noche cuando todos duermen. También la masturbación tiene que ver con el robo: derrocha un capital, el orgasmo, destinado a la conservación de la tribu, no sólo en lo que atañe a la concepción de nuevos individuos sino como el depósito de la fuerza nativa que cohesiona el grupo. Así, no es casual que Pan, el gran masturbador, sea el dios de los vagabundos, de los que ya no guardan obligaciones con nadie. La siesta es la noche del vagabundo: breve, anómala, se conforma con una penumbra y no cría verdaderos sueños porque el solitario no tiene a quien contarle lo que sueña. Se sueña dentro de la tribu, se sueña siempre en compañía de los otros y el vagabundo, dejado a solas con sus sueños, no distingue lo que sueña de lo que es real, como el artista. Hay en todo artista un marginado de la tribu y hay en todo arte, por su mixtura de realidad y ensueño, un halo de penumbra al mediodía, de siesta indebida, de negativa a procrear y de vicioso ensimismamiento. Hay en todo arte, pues, una reclusión culpable y una dosis de vergüenza o de soledad vergonzosa. Pan, con sus cuernos y sus pezuñas de cabra, es el retrato vivo de la vergüenza y de los prodigios que la vergüenza, que es madre de la introspección, es capaz de generar: la exhalación melancólica, la maravillosa flauta de Pan.
95_0Fabio Morábito, El idioma materno, Bs. As., Gog & Magog, 2014, pp. 117-118.


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