Poesía ayer y hoy: entrevista a Augusto de Campos

Entrevisté para La Izquierda Diario a un histórico de la “poesía concreta” del Brasil: Augusto de Campos.

En esta larga conversa (realizada vía e-mail), el poeta, traductor y ensayista habla de la poesía y la literatura contemporáneas de su país, de muchos aspectos de su trayectoria, de poesía y literatura argentinas y varios temas más.

A continuación un fragmento:

Sus producciones artísticas, vistas de conjunto (si eso es posible, por ser la suya una obra enorme y muy variada), se han visto publicadas no sólo en libros, sino también ocupando paredes (interiores: en exposiciones y galerías de arte, por ejemplo; y exteriores: ciudades, plazas, etc.). ¿Así buscó usted responder a la necesidad de mostrar la vigencia, la versatilidad o articulación de la palabra en otros “soportes” que no sean el tradicional del papel y el libro? ¿Esto permite socializar y ampliar las posibilidades de expresión y lectura?

El conocido psicólogo gestaltista Rudolph Arnheim afirma, en su estudio “Linguagem, Imagem e Poesia Concreta” (1986), que “el tipo de escenario más propicio al poema concreto está fuera del libro, en algún lugar del ambiente cotidiano”. Y en un estudio anterior, sobre el mismo tema (en 1976): “El creador de poesía concreta se une a sus colegas artistas en el deseo de huir del aislamiento social que ensombreció a las artes desde que ellas se libraron de las amarras del Renacimiento, y sueña con ver su obra como un signo o un cartel o un ícono en el tráfico o el mercado cotidiano”. Fue lo que ocurrió con nuestros poemas, cuando fueron presentados, por primera vez, en 1955, en proyecciones sobre tela, en el Teatro de Arena; y en 1956, en la Exposición Nacional de Arte Concreto, del Museo de Arte Moderno de San Pablo, y, desde entonces, en numerosas muestras nacionales e internacionales, y al seguir infiltrándolos en el paisaje urbano, en carteles y paneles luminosos. Por último, gracias a los avances de la tecnología digital, se los puede insertar, “sin esfuerzo”, en la exposición global de internet. Esto no significa desprecio al libro, que, como ya dije tantas veces, es un vehículo imbatible, pero todavía más para los “guetos” y “guerrillas” en que se acorraló la poesía; no debe antagonizar, sino más bien asimilar y sumar como su complemento digital. Pero, esa exposición, fuera del libro, permite, como usted bien señala, socializar y ampliar la recepción de la poesía, además de suscitar una atención concentrada sobre la materialidad de la palabra poética, uno de los principios de mi trabajo y de mis compañeros de viaje. Por otro lado, considerando ya las transformaciones drásticas que ocurrieron en el mundo de la comunicación digital, conviene recordar que Walter Benjamin, en su estudio Calle de dirección única, inspirado directamente en el poema visual de entre-siglos “Un Coup de Dés” (1897-1914), de Mallarmé, advertía, en 1926: “En el futuro, antes de que alguien abra un libro se abatirá sobre sus ojos un denso torbellino de letras moviéndose, coloridas, en conflicto — nubes de langostas de la escritura. Las chances del mundo del libro serán reducidas a un mínimo. Y los poetas tendrán que volverse especialistas en grafías y diagramas para enfrentar el desafío de las nuevas tecnologías”.

Lo “concreto” de su obra poética: revalorizarla en su significado (a veces “descomponiéndola”, aislando sus partes, recombinando, buscando nuevas “sonoridades”, etc.) y también en su “peso específico”, ocupando el espacio ¿también puede verse como una reacción a los avances o al creciente peso de la imagen en el mundo contemporáneo? Los clip-poemas (o poemas “animados”), por ejemplo, ¿responden de alguna manera a la persistencia de la creación poética, desde las letras y las palabras, en este “mundo de la imagen (y el sonido)” que se ha ido estableciendo?

Opté desde muy temprano –desde principios de los años 50– por una poesía “entre”, con una meta de interdisciplinariedad, explorando las zonas de confluencia con artes afines, convencido, como Ezra Pound, que la poesía está más próxima a las artes plásticas y a la música que a la literatura. Valéry decía que era incapaz de escribir “La marquesa salió a las cinco…”. Hay por supuesto poetas más verbales, cuya obra se aproxima mucho más a la prosa y el discurso frásico, esto es, frases alineadas por subordinación gramatical, atravesadas aquí y allá con metáforas poetizadoras. En cuanto a mí, soy, por temperamento, próximo al silencio, como los grandes minimalistas que tanto admiro: Mallarmé, Maliévich, Mondrian, Webern, Cage, Cummings, Sousândrade (y el Infierno de Wall Street), Oswald de Andrade. Me inclino hacia lo a-sintáctico y a la brevedad de la poesía china o japonesa (aunque deteste los haikus producidos en occidente, notables por su facilidad y superficialidad). Ese tipo de poética, anunciado por Mallarmé, y preanunciado, a la luz de su poema, por Walter Benjamin, explotó con la revolución secular que el lenguaje de las computadoras realizó en poco más de dos décadas y que continúa expandiéndose. Mis clips-poemas se encuadran dentro de las experiencias que buscan responder a la expectativa de las nuevas producciones de la modernidad, con apoyo en la utilización de programas y herramientas digitales que favorecen la aproximación de lo verbal y lo no-verbal, en perspectiva de reanudar la afinidad de la poesía con las artes visuales y la música. Es la poesía “verbivocovisual” que los “concretos” anunciaron ya hace medio siglo.

¿Qué puede comentar de la experiencia con su hijo Cid Campos, entre los ‘80 y ‘90, que resultó en el disco Poesía é risco? El “riesgo”, ¿dónde lo ubicaría usted: en el hacer poesía o en “fusionar” sus poemas (o hacerlos “funcionar”, recrearlos) con música y programaciones de computadora? ¿O en ambas? ¿Hay alguna continuidad (pienso en Arto Lindsay y en los más jóvenes Moreno Veloso, Domenico Lancellotti y Kassin) en este “terreno musical” actualmente?

Los primeros que adoptaron los textos de la poesía concreta fueron los compositores eruditos experimentales del manifiesto Música nueva, publicado en nuestra revista “Invención”, a inicios de los años ’60: Rogério Duprat, Gilberto Mendes, Willy Correa de Oliveira. Después vino la experiencia de Caetano Veloso, con mis poemas “Dias Dias Dias” y “Pulsar”, en los años ‘70, y, más recientemente con “Ão” (composición de Aldo Brizzi). Quien más se aproximó a la poesía concreta, dividiendo su experimentalismo con “Araçá Azul” de Caetano, en aquellos años, fue Walter Franco, con su disco “Ou Não”, del mismo año, y poemas minimalistas como “Cabeça”, “Me Deixe Mudo” y “E(terna)mente”. En el plano propiamente musical, es por cierto Arrigo Barnabè “el nombre” de los años ‘80. Y mucho más joven que él, Cid me tomó por sorpresa, porque venía del rock y no de la música erudita. Pero encontró una facilidad enorme para articular su música con los textos de la poesía concreta y las poéticas experimentales, y con absoluta naturalidad se puso a “transcrear” en un lenguaje autónomo, ora cancionista ora tecnológico, poemas que no parecían susceptibles de musicalización, desde mi poema “tensão”, canto-hablado, al soneto monosilábico del poeta barroco alemán Quirinus Kuhlmann. Con él pude dar un curso más sistemático a las antiguas propuestas de inserción “verbivocovisual”, que, sin su colaboración, no me sería posible desvelar y desarrollar. Nuestros trabajos fueron reunidos a comienzos de los ‘90, en el CD Poesia é Risco [Poesía es riesgo], y posteriormente en sus discos autorales, y también proyectados en espectáculos intermediáticos o multimediáticos, con la colaboración del videopoeta Walter Silveira. En una situación en la que la música erudita contemporánea brasilera está prácticamente obstruida, y la música popular se masificó y diluyó, esa hibridación de poesía de alto repertorio, como se podría llamar la música experimental popular, inaugurada por Caetano, es una vertiente viable, aunque hoy relegada a un marco restringido de actuaciones y grabaciones independientes y alternativas.
Inquieta e inteligente, la cantante Adriana Calcanhotto se juntó con nosotros en algunos espectáculos recientes, como en la presentación “Poemúsica-Showversa”, que hicimos junto a Cid en el Instituto Moreira Salles, en Rio de Janeiro, y al que se puede acceder en el sitio de esa institución o en YouTube. Pero casi no hay espacio para expresiones de esa especie en nuestro medio. Moreno y Arto son excelentes músicos, pero no están metidos directamente en la cuestión “música/poesía” y no tengo contacto con ellos.

La entrevista completa puede leerse acá.



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