“Qué extraña idea de lo justo parece tener el señor [dios]” (José Saramago)

“[…] Al contrario de lo que suele decirse, el futuro ya está escrito, aunque nosotros no sepamos cómo leer la página, dijo caín mientras se preguntaba de dónde habría sacado la revolucionaria idea, Y qué piensas del hecho de haber sido elegido para vivir esa experiencia, No sé si fui elegido, pero algo sé, algo sí he aprendido, Qué, Que nuestro dios, el creador del cielo y de la tierra, está rematadamente loco, Cómo te atreves a decir que el señor dios está loco, Porque sólo un loco sin conciencia de sus actos admitiría ser el culpable directo de la muerte de cientos de miles de personas y se comportaría luego como si nada hubiese sucedido, salvo que, y pudiera ser, no se tratara de locura, la involuntaria, la auténtica, sino de pura y simple maldad, Dios nunca podría ser malo, o no sería dios, para malo ya tenemos al demonio, No puede ser bueno un dios que le da a un padre la orden de que mate y queme en una hoguera a su propio hijo simplemente para poner a prueba su fe, eso no se le ocurriría ni al más maligno de los demonios, No te reconozco, no eres el mismo hombre que dormía antes en esta cama, dijo lilith, Ni tú serías la misma mujer si hubieras visto lo que yo he visto, los niños de Sodoma carbonizados por el fuego del cielo, Qué Sodoma era ésa, preguntó lilith, La ciudad donde los hombres preferían a los hombres en vez de a las mujeres, Y murieron todos sus habitantes por eso, Todos, no escapó ni un alma, no hubo supervivientes, Hasta las mujeres que esos hombres despreciaban, volvió a preguntar lilith, Sí, Como siempre, a las mujeres, si por un lado les llueve, por otro les viene viento, En cualquier caso, los inocentes ya están acostumbrados a pagar por los pecadores, Qué extraña idea de lo justo parece tener el señor, La idea de quien no tiene la menor noción de lo que podría ser una justicia humana, Y tú, la tienes, preguntó lilith, Yo no soy nada más que caín, el que mató a su hermano y por ese crimen fue juzgado, Con bastante benignidad, dígase de paso, observó lilith, Tienes razón, sería el último en negarlo, pero la responsabilidad principal la tuvo dios, ese al que llamamos señor […]”
José Saramago, Caín, Bs. As., Alfaguara, 2010 (ed. original 2009), pp. 146-147.


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