“El señor [dios] enloquece a las personas” (José Saramago)

“[…] El lector ha leído bien, el señor ordenó a Abraham que le sacrificase al propio hijo, como quien pide un vaso de agua cuando se tiene sed, lo que significa que era costumbre suya, y muy arraigada. Lo lógico, lo natural, lo simplemente humano hubiera sido que Abraham mandara al señor a la mierda, pero no fue así. A la mañana siguiente, el desnaturalizado padre se levantó temprano para poner los arreos en el burro, preparó la leña para el fuego del sacrificio y se puso en camino hacia el lugar que el señor le había indicado, llevando consigo dos criados y a su hijo Isaac. Al tercer día de viaje Abraham vio de lejos el sitio señalado. Les dijo entonces a los criados, Quedaos aquí con el burro que yo voy hasta más arriba con el niño para adorar al señor y después regresaremos hasta donde estáis. Es decir, además de ser tan hijo de puta como el señor, Abraham era un refinado mentiroso, dispuesto a engañar a cualquiera con su lengua bífida, que, en este caso, según el diccionario privado del narrador de esta historia, significa traicionera, pérfida, alevosa, desleal y otras lindezas semejantes. Llegando así al lugar que el señor le había hablado, Abraham construyó un altar y acomodó la leña encima. Después ató al hijo y lo colocó en el altar, sobre la leña. Acto seguido levantó el cuchillo para sacrificar al pobre muchacho y ya se disponía a cortarle el cuello cuando sintió que alguien le sujetaba el brazo, al mismo tiempo que una voz gritaba, Qué va a hacer, viejo malvado, matar a su propio hijo, quemarlo, otra vez la misma historia, se comienza por un cordero y se acaba asesinando a quien más se debería amar, Ha sido el señor quien me lo ha ordenado, se debatía Abraham, Cállese, o quien mate aquí seré yo, desate ya al niño, arrodíllese y pídale perdón, Quién es usted, Soy caín, soy el ángel que le ha salvado la vida a Isaac. No, no era cierto, caín no es ningún ángel, ángel es este que acaba de posarse con un gran ruido de alas y que comienza a declamar como un actor al que le acaban de dar el pie, No levantes la mano contra el niño, no le hagas ningún daño, pues ya veo que eres obediente al señor, dispuesto, por su amor, a sacrificar a tu único hijo, Llegas tarde, dijo caín, si Isaac no está muerto es porque yo lo he impedido. El ángel puso cara de contrición, Siento mucho haber llegado tarde, pero no ha sido culpa mía, cuando venía hacia aquí me surgió un problema, mecánico en el ala derecha, no sincronizaba con la izquierda, lo que ha dado como resultado continuos cambios de rumbo que me han desorientado, en verdad me las he visto y me las he deseado para llegar aquí, para colmo no me habían explicado bien cuál de estos montes era el del sacrificio, si he llegado ha sido por un milagro del señor, Tarde, dijo caín, Vale más tarde que nunca, respondió el ángel con fatuidad, como si acabara de enunciar una verdad primera, Te equivocas, nunca no es lo contrario de tarde, lo contrario de tarde es demasiado tarde, le respondió caín. El ángel murmuró, Eres un racionalista, y, como todavía no había terminado la misión que le había sido asignada, soltó el resto del recado, He aquí lo que me mandó decir el señor, Ya que has sido capaz de hacer esto y no dudaste en matar a tu propio hijo, juro por mi buen nombre que he de bendecirte y he de darte una descendencia tan numerosa como las estrellas del cielo o como las arenas de la playa y ella tomará posesión de las ciudades de sus enemigos, y más, a través de tus descendientes se han de sentir bendecidos todos los pueblos del mundo, porque tú obedeciste mi orden, palabra del señor. Así son, para quien no lo sepa o finja ignorarlo, las cuentas dobles del señor, dijo caín, si en una hay ganancia, en la otra no pierde, en cualquier caso no entiendo cómo van a ser bendecidos todos los pueblos del mundo sólo porque Abraham obedeciera una orden estúpida, A eso lo llamamos nosotros en el cielo obediencia debida, dijo el ángel. Cojeando del ala derecha, con el mal sabor de boca por el fracaso de su misión, la celestial criatura ase fue, Abraham y el hijo también van ya de camino al lugar donde los esperan los criados, y ahora, mientras caín coloca las aguaderas en el lomo del jumento, imaginemos un diálogo entre el frustrado verdugo y la víctima salvada in extremis. Preguntó Isaac, Padre, qué mal te he hecho para que quisieras matarme, a mí que soy tu único hijo, Mal no me has hecho, Isaac, Entonces por qué quisiste cortarme el cuello como si fuese un borrego, preguntó el chiquillo, si no hubiera aparecido ese hombre, a quien el señor cubra de bendiciones, para sujetarte el brazo, estarías ahora llevando un cadáver a casa, La idea fue del señor, que quería la prueba, La prueba de qué, De mi fe, de mi obediencia. Y qué señor es ese que ordena a un padre que mate a su propio hijo, Es el señor que tenemos, el señor de nuestros antepasados, el señor que estaba aquí cuando nacimos, Y si ese señor tuviera un hijo, también lo mandaría matar, preguntó Isaac, El futuro lo dirá, Entonces el señor es capaz de todo, de lo bueno, de lo malo y de lo peor, Así es, Si tú hubieras desobedecido la orden, qué habría sucedido, Lo que el señor suele hacer es mandar la ruina o una enfermedad a quien le falla, Entonces el señor es rencoroso, Creo que sí, respondió Abraham en voz baja, como si temiese ser oído, para el señor nada es imposible, Ni un error, ni un crimen, preguntó Isaac, Los errores y los crímenes sobre todo, Padre, no me entiendo con esta religión, Haz por entenderte, hijo mío, no tendrás otro remedio, ahora voy a hacerte una petición, una humilde petición, Cuál, Que olvidemos lo que ha pasado, No sé si seré capaz, padre, todavía me veo sobre la leña, atado, y tu brazo levantado, con el cuchillo reluciente, El que estaba ahí no era yo, en mi perfecto juicio nunca lo haría, Quieres decir que el señor enloquece a las personas, preguntó Isaac, Sí, muchas veces, casi siempre, […]”

 

Cain-Saramago-lusofonias* José Saramago, Caín, Bs. As., Alfaguara, 2010 (ed. original 2009), pp. 89-94.

 

 

* Esta versión de Caín (uno “bueno”, que discute y discrepa con Dios, y que muestra que su destrucción es muchísimo mayor comparado con el asesinato de un sólo ser humano -su hermano Abel-) la recordé a propósito del reciente estreno de la obra teatral Terrenal (Pequeño misterio ácrata), de Mauricio Kartun, donde están como protagonistas los dos hermanos de la historia bíblica; obra de la cual hice una reseña que salió hoy en La Izquierda Diario.


One Comment on ““El señor [dios] enloquece a las personas” (José Saramago)”

  1. Reblogueó esto en Acuarela de palabrasy comentado:
    Leyendo textos en el Reader de Worpress, me gustó este fragmento de Saramago reproducido en Artemuros que me recordó otro texto del gran escritor, “El factor Dios”:

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