#Cortázar ayer y hoy: entrevista con Noé Jitrik

* Entrevista al escritor y crítico Noé Jitrik para La Izquierda Diario:

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¿Vos qué impresión tenés sobre si se lo lee actualmente a Cortázar, y quiénes y cómo lo leen?

Bueno, sobre eso hay informaciones casi te diría estadísticas. Es decir, cuando estábamos en París [en marzo de 2014], también hablando de Cortázar, la gerente o editora de Alfaguara dijo que Rayuela se está reeditando a 50.000 ejemplares por año. De manera que hay lectores. Quiénes lo están leyendo… Ahí hay un problema que a mí me interesó –hace rato– destacar, y es lo siguiente: cuando aparece la obra de Cortázar hay momentos, hay distintas temperaturas. Una cosa es cuando apareció Bestiario, que es una zona de silencio en torno al libro; es un pequeño hecho editorial aunque los textos son excelentes.

Pero es un pequeño hecho editorial más bien vinculado a la revista Sur, editorial Sudamericana y ese tipo de situaciones. Pero después que empieza a escribir novelas, que publica Los premios en Buenos Aires, ya empieza a ser visto de otro modo. Ya empieza a ser visto con una curiosidad mayor y la editorial se esfuerza por presentarlo con un aspecto novedoso.

Cuando aparece Rayuela es una explosión. Es decir, la gente se identifica mucho… los lectores corrientes… digamos de esta capa de clase, de esa burguesía ilustrada de Buenos Aires, se entusiasma mucho con Rayuela no necesariamente en virtud de un espíritu crítico muy refinado sino porque toca varias cuerdas Cortázar que son muy sensibles para esa clase media ilustrada, para ese grupo ilustrado de Buenos Aires, que es la relación con París, siempre inquietante: hay que ir a París; todo viene de París; qué pasa en París; qué les pasa a los argentinos en París. Desde el coronel Mansilla en adelante siempre se habla en la Argentina de París. Si alguien presenta la relación Buenos Aires-París, y hace la ligazón, eso impactó. Eso por un lado.

Por otro lado la representación de la vagancia: el tipo que anda suelto y que ve cosas, y le pasan cosas –tanto en París como en Buenos Aires–; eso también era como muy atractivo. Más ciertas idealizaciones: las mujeres… Todo ese conjunto hace un impacto en esa clase media, que hace después el fenómeno más fuerte de la recepción literaria, que es el “boca a boca”. Cuando salió Rayuela se hablaba de Rayuela todo el tiempo; lo mismo que cuando salió, algunos años después, Cien años de soledad de García Márquez. Eso cambió el estatuto de lectura. Es otro momento de Cortázar.
Instalado en esta situación, Cortázar, con cada cosa que va publicando, es objeto de interés.

Muy bien, hasta ahí está todo perfecto: así fue leído: con pasión, con entrega, con mucho interés.

Pero pasaron treinta y cuarenta años. En esos treinta y cuarenta años pasaron muchas cosas –en todo el mundo, numerosos cambios en todos los órdenes–; y también en el pensamiento. En esos años termina, fallece, el existencialismo. Nace y muere el estructuralismo. Hay una recuperación del marxismo. El psicoanálisis sienta plaza. La lingüística hace un aporte fundamental y aparece la mirada semiótica. Y esas corrientes, aunque los lectores ilustrados –siempre hablo de lectores ilustrados– no conozcan todo eso, ni se hayan comprometido con ninguno de esos movimientos… esos movimientos son maneras de ver que penetran en la capacidad, en el modo de la lectura.

* 1ra. parte de la entrevista acá.

 

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Ligado al tema del “boom”, y quedándonos en las obras literarias, hay que señalar que también se lo filió a Cortázar al “realismo mágico” (o a “lo real maravilloso”, en palabras de Carpentier).

A mí mucho no me gustan esas etiquetas. A mí me parece que es literatura lisa y llana. Para dar un ejemplo extremo: hay un fenómeno, una cosa que para mí hay que considerar en una crítica sistemática a Cortázar que es el fenómeno de “recontextualización”. Las imágenes cambian el carácter y la función según el lugar donde se pongan. Entonces cualquier imagen, trivial, “la moto estaba estacionada en un lugar prohibido”, si la tomás así es una frase municipal, no tiene importancia. Pero si la ponés cerca de la descripción de un personaje que está a punto de cometer un robo o algo así, cambia de carácter.

Uno podría recontextualizar la guía del teléfono, y convertirla en relato; si no en su totalidad –ocuparía mucho espacio– en parte, con esa idea… Desde ya como un extremo, como un ejemplo grotesco de esto. Pero ese fenómeno de recontextualización es como si se produjera sobre algo que en otro lugar no tiene alcance literario, no tiene resplandor literario.

A mí lo que me interesa es el fenómeno de la recontextualización; yo puedo leer algo de la llamada “literatura realista”, o “fantástica” o “mágica” o lo que sea, de la misma manera siempre. Es decir: en tanto me diga algo. Me ilumine alguna cosa.
Yo no pienso “qué inteligente el tipo, que hizo que el príncipe se convirtiera en sapo, y el sapo en príncipe; me parece una maravilla”… ¿Lo tengo que llamar fantástico a eso? Eso es literatura. La literatura es eso. Como que todas esas etiquetas son tentativas para empezar a hablar de algo de lo cual es difícil hablar.

* 2da. parte de la entrevista acá.



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